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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

¡Feliz 5 de octubre!

octubre 5, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma

Exministro y economista del Foro para el Desarrollo Justo y Sostenible

Hoy es 5 de octubre. Para los que tenemos más de 50 años es un día muy especial.  Hace 32 años tuvimos la oportunidad de comenzar a cambiar la historia de Chile, nuestra historia.

Lo hicimos con incertidumbre respecto de lo que vendría y cómo sería el después, pero con mucha fe y paz, sin violencia, sin odio, con unidad de propósito.

Recuerdo el día anterior, 4 de octubre, día de San Francisco de Asís. Era el cumpleaños de mi hermano mayor, que había fallecido un año y medio antes, y pasé a saludar a mi madre por recordar a mi hermano. Ella me preguntó si tenía la certeza de que triunfaríamos, y yo le dije que sí. Entonces me contó una historia. Se trataba de un tiempo de sequía y una comunidad había pedido que se celebrara una misa para invocar por lluvia. El cura en su prédica, ante el asombro de todos, habría dicho que la invocación no daría resultado … porque nadie llevó paraguas.

De inmediato fui a comprar champaña para celebrar.
El día 5 todos cumplimos, votamos y triunfó el inicio del cambio.
El 6 y el 7 todos celebramos en calles y plazas, en orden y con banderas de unidad. Nos abrazamos con conocidos y desconocidos, era la alegría de iniciar un camino. Era estar en marcha nuevamente como un país.

Han pasado 32 años. En la sociedad el recuerdo se diluye, y en ese diluir fuimos perdiendo cohesión, fuimos olvidando nuestra historia, fuimos negando los triunfos y las derrotas, y fuimos distanciándonos.
Hasta que vino otro octubre que nos encontró nuevamente en las calles y plazas pidiendo retomar la marcha para terminar ese camino y empezar uno nuevo.

El 25 de octubre debe ser inolvidable para los y las menores de 45 años.
Ojalá podamos, los y las mayores, transmitirles la confianza que tuvimos hace 32 años y retomemos los caminos de compromiso con avanzar democráticamente en la construcción de una mejor sociedad. Esa construcción democrática requiere acuerdos, y el primer gran acuerdo es tener una Constitución que convoque, que una, que permita construir un país más justo y un planeta en que podamos seguir viviendo.

En recuerdo de las que lucharon y de los que aportaron, de los que se entregaron y las que compartieron, de los que mostraron el camino y de las que nos lo anuncian, por un triunfo que nos vuelva a reunir el 25 como hace 32 años:
Feliz 5 de octubre.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: 5 de octubre, Andrés Palma, Columnista, digamos NO, Plebiscito constituyente, regreso a la democracia

El otro protagonista del proceso constituyente

octubre 1, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ernesto Moreno

Sociólogo DC

A menos de treinta días del plebiscito, primer hito fundamental del proceso constituyente, el debate se intensifica y las posiciones comienzan a develarse, con algunas sorpresas gratas en favor del apruebo y otras definitivamente oportunistas que responden a una estrategia con cierto perfume maquiavélico (el fin justifica los medios).
En la génesis de este proceso, como ya ha sido debidamente analizado, se encuentra la crisis del sistema político (legitimidad) y una estructura del poder concentradora y abusiva.

Las implicancias de esto y sus ramificaciones derivaron en el movimiento social que en los próximos días cumplirá un año, el cual fue precedido por diferentes movilizaciones en la década anterior (Pingüinos el 2006; Movimiento Estudiantil por la Gratuidad el 2011; No Más AFP el 2016; Movimiento Feminista Universitario el 2018).

Se trata de una tensión social acumulada que alcanza su clímax en un gran movimiento contestatario que reivindica aspiraciones y derechos de la inmensa mayoría de los chilenos. Es la ciudadanía (el pueblo) que se instala como protagonista y principal “propietario” del proceso constituyente.

De este movimiento surge un mandato, con plena legitimidad democrática y popular, para transformar nuestra sociedad en diferentes ámbitos y dotar a los chilenos de plena dignidad.

Sin embargo, hay un componente del actual proceso constituyente, el que denominamos “el otro protagonista”, que es imprescindible abordar y que adquiere un carácter omnicomprensivo y de orientación central en las propuestas para el nuevo texto constitucional.

Se trata del marco valórico-cultural que debe iluminar e impregnar todo el armazón y estructura de la nueva constitución. Es el ethos que forma parte de la esencia del relato constituyente y que permite dilucidar el por qué y a partir de qué queremos relacionarnos entre nosotros y con la sociedad y cuáles son los elementos que definen el núcleo de nuestro destino vital que nos hace parte de una misma comunidad.

Su núcleo está compuesto por un conjunto de valores y/o principios, los que no solo son inherentes al espíritu de una democracia, sino que también participan de ellos los más variados humanismos.

Ellos son la Dignidad de las Personas, la Justicia Social, la Inclusión, el Bien Común, la Comunidad Reflexiva y Participativa y un Medio Ambiente Saludable y Protegido.

En consideración a esta matriz fundamental, cabe entonces preguntarse, ¿quiénes estamos por una nueva constitución redactada por los ciudadanos, ¿lo hacemos porque el gobierno del presidente Piñera ha fracasado rotundamente?, claramente no (aunque sin duda ha fracasado); ¿lo hacemos porque tenemos con la derecha diferencias ideológicas insalvables?, tampoco (aunque dichas diferencias existen); ¿lo hacemos porque creemos que una nueva constitución solucionará automáticamente los problemas, como nos reprochan algunos majaderos?, ciertamente no, en fin, ¿lo hacemos porque queremos aprovechar una eventual mayoría para “aplastar a una minoría?, evidentemente que no. Lo hacemos por mucho más que eso.

Lo hacemos porque la Dignidad de las Personas, nos mandata para asegurar que todos los chilenos alcancen en el curso de su vida umbrales necesarios para una vida plenamente humana en alimentación, salud, educación y recreación.

Lo hacemos porque la Justicia Social es el fundamento de un Estado social de derechos y nos mandata a que las relaciones capital-trabajo sean equilibradas, con negociaciones colectivas por rama y actividad, con un derecho a la huelga real y sin restricciones, con participación de los trabajadores en las empresas y cumpliendo, en los hechos, con el concepto de trabajo decente establecido por la OIT (donde un compatriota, Juan Somavía, fue uno de sus autores).

Lo hacemos porque la Inclusión nos mandata a consagrar un Estado plurinacional y pluricultural, en que todos tengan cabida y se ponga término a todo tipo de discriminación.

Lo hacemos porque el Bien Común nos mandata a que se reivindique la propiedad pública y el Estado pueda asumir el control total y/o una participación significativa de aquellas empresas que manejan los recursos naturales (agua, cobre y litio). El bien común de la sociedad política es el fin supremo del Estado, de donde los bienes económicos que produce la sociedad no pueden concentrarse en manos de unos pocos por lo que dicho Estado debe jugar un rol activo regulando el proceso económico que permita hablar de una sociedad político-céntrica y no económico-céntrica.

Lo hacemos porque el querer construir una Comunidad Participativa y Reflexiva nos mandata a establecer espacios e instancias participativas vinculantes a nivel comunal, regional y nacional, que ayuden a una reorganización del poder en la sociedad y que permitan encauzar las demandas y aportes de la ciudadanía en general y de los grupos de más baja productividad en particular.

Lo hacemos porque un Medio Ambiente Saludable y protegido nos mandata no solo a esperar la buena voluntad de las personas, sino a consagrar en el texto constitucional normas inequívocas que garanticen que las empresas, las más variadas industrias y tecnologías y los ciudadanos, respeten y cuiden el eco-sistema. La premisa capitalista de que hay que crecer, crecer y crecer, porque detrás se encuentra la felicidad humana, no solo ha resultado errada, sino que ha llevado a un extractivismo ilimitado y amoral, sin ninguna consideración con los costos ambientales de su funcionamiento, los que deben ser asumidos con gran impotencia por las respectivas localidades y sus habitantes.
Son estas convicciones y dicho marco valórico los que juegan un rol fundamental en nuestra opción por el Apruebo y le dan sentido a nuestra causa; son estas fuentes las que impulsan los anhelos de quienes aspiramos a una democracia integral, en su forma y en su espíritu.

Después de un par de décadas de logros importantes, pero en que lo más significativo estaba por hacerse, nuestro país y democracia se fue aletargando y pareció que nuestro espíritu y sentido de vida se asentó en supuestas bases seguras e incuestionables, sin dirigir la mirada hacia nuestras voces interiores y las de nuestra gente, entonces, y no podría ser de otra forma, vino la tempestad.

A solo días de este gran e inédito momento en la historia del país y en medio de esta latente y siempre amenazante tempestad, habrá que decir con Platón que, precisamente, “todo lo grande está en medio de la tempestad”.
Y lo grande, lo grandioso de este momento es, ni más ni menos, que ser coherentes con lo que el siempre vigente Maritain aseveraba: “la democracia es el régimen en el cual el Pueblo goza de su mayoría social y política, y la ejerce para decidir su destino”. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: #NuevaConstitucionParaChile, columna, Columnas, Columnista, Ernesto Moreno, sociólogo

Brujas, locas y tóxicas

septiembre 25, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Brujas, porque piensan y actúan por si mismas sin esperar la aprobación de nadie, por no aceptar ser agredidas o menospreciadas; por ser capaces de leer a los hombres como un libro abierto sin esfuerzo, porque se conectan con sus emociones. Locas, porque la racionalidad no está en sus quehaceres diarios, porque viven su sexualidad con libertad sin los prejuicios que la sociedad marca, porque no callan lo que sienten, porque son valientes y no se esconden en mascaras falsas de agresividad, porque no necesitan un hombre a su lado para completar la felicidad. Tóxicas, porque en el compromiso exigen reciprocidad, porque se defienden con todas sus armas sin importar el qué dirán, porque no temen a mostrarse fuertes y débiles, por actuar de acuerdo a su convicción, por explotar, por reír, por llorar….. Se les llaman brujas, locas y tóxicas, porque no son las mujeres que a los hombres les acomoda que sean, son ellas sacadas del vientre de sus madres y criadas salvajes, sin reglas para servir y conceder, son sólo ellas.

Desde hace siglos, las mujeres han sido moldeadas por una cultura patriarcal que delimita sus características, sus funciones sociales, sus límites conductuales, hasta sus gustos, de acuerdo a la conveniencia de los hombres, su mirada del mundo y los roles de los géneros. Quienes no se someten a esas reglas implícitas (y también bastante explícitas), han sido perseguidas, acusadas de brujas y quemadas en la hoguera, desacreditadas, condenadas por la historia como prostitutas, crueles o simplemente tildadas de locas, de tóxicas, en un modo brutal de mantener el modelo patriarcal a toda costa.

Nuestra cultura judeocristiana no es la excepción, ya desde el génesis del antiguo testamento y la supuesta culpabilidad de Eva en la expulsión de la primera pareja del edén, el rol de las mujeres en general en la Biblia y particularmente en la vida de Jesús, nos muestran una mirada profundamente machista y hasta misógina, que destila pavor… Sí, un profundo terror a lo que las mujeres pueden ser y hacer, si no son “debidamente controladas”. María de Magdala es tradicionalmente identificada con una prostituta a la que Cristo salva de ser lapidada por sus pecados, sin embargo, en ninguna parte de los evangelios se le identifica como tal… Por qué entonces es desacreditada así por la tradición cristiana?

Quizás la respuesta la podemos encontrar en los llamados “evangelios Apócrifos” un conjunto de escritos de muy antigua data que contienen evangelios no incluidos en la compilación que hoy conocemos como “la Biblia”, uno de los cuales es de autoría de María de Magdala, en el que nos muestra una versión muy distinta de la tradicionalmente aceptada de las enseñanzas de Cristo, tal vez demasiado distintas para el patriarcado dominante, tal vez peligrosamente diferentes, lo suficiente como para tergiversar la historia y los propios evangelios para restar credibilidad a su autora. El patriarcado continúa hasta hoy en una Iglesia en que las mujeres tienen un rol evidentemente secundario y una Religión que las define por su “rol natural” más que por su humanidad.

En nuestro país y nuestra historia los ejemplos de invisibilización de la mujer y su rol son muchísimos, quizás si uno poco usual es el de Catalina de los Ríos y Lisperguer… “La Quintrala”, a quien la historia oficial (influenciada mayormente por Vicuña Mackenna) ha definido como una mujer cruel, déspota, y a quién se le atribuye el uso de artes oscuras para conseguir sus objetivos, sin embargo, mas allá de la imaginería y los prejuicios, lo único documentado sobre ella es que era una mujer inusualmente independiente para su época, administraba sus bienes sin necesidad de un hombre a su lado, era decidida y ejercía la disciplina en sus tierras de un modo similar al que usaba cualquier terrateniente de su tiempo, en otras palabras, si Catalina hubiera sido hombre, no habría llamado la atención de nadie, ni se le hubiera creado tal leyenda negra, pero era mujer… y por tanto, la historia la marcó como bruja.

En la vida de hoy, las brujas son las mujeres que a ti como hombre te descubren, te educan, te hacen “Macabeo” y al mismo tiempo se desliga de ti porque no te necesita, más bien tú comienzas a necesitar de ella; La loca es aquella que simplemente no se comporta como tú necesitas que se comporte, que no te debe obediencia, que no se dedica a servirte ni a ti ni a tu casa porque ella tiene derecho a amarse primero. Y la tóxica es aquella que te molesta con sus “venenos” (que no es otra cosa que hablar con claridad y desnudar tus falencias como hombre), que ironiza con tu rol de protector, que te llama la atención por tu prédica y nula práctica, que te exige en todos los modos que la respetes como un igual, no se dejan manipular o abusar por sus parejas hombres, son las que usan su “aterradora” intuición.

El lenguaje construye realidad dice Maturana, y en ese entendido, muchos hombres carentes de la madurez y la seguridad mínimas para ser considerados adultos, se llenan la boca con estos epítetos, y otros como “feminazis”, construyendo un patético eco de burlas socarronas y vacías que intenta sostener un mundo que se cae a pedazos, creyendo que este lenguaje será suficiente para mantener el patriarcado vigente… pero no será así, ya no, la próxima vez que una mujer sea calificada de bruja, loca o tóxica, debe saber que ese insulto es un aterrado y desesperado intento de amedrentamiento, es muestra de los estertores de un modelo moribundo…

Pero, afortunadamente las mujeres ya saben eso, y saben también que muchos otros hombres endulzan su discurso con un lenguaje inclusivo, solo para conseguir que los cambios sean lo suficientemente graduales como para que demoren varias generaciones mas… ellas no necesitan que estas lineas las defiendan o reivindiquen, pero era de mínima justicia decirlo.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa, Mujeres

Gobierno de mayoría

septiembre 25, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rodolfo Fortunatti

Sociólogo DC

El sello político de dicho gobierno no puede ser sino el de una alianza de centroizquierda. Como lo demuestra la experiencia de hace cincuenta años, la configuración de una mayoría para cambiar la estrategia de desarrollo y radicalizar la democracia, depende crucialmente de la voluntad de las fuerzas políticas de centroizquierda. Porque no vendrá de los sectores que instituyeron la Constitución del 80 y el Código de Aguas.

Más de la mitad del tiempo que dura el gobierno de Sebastián Piñera habrá transcurrido, como en su primera administración, en medio de la inestabilidad y de una débil gobernabilidad democrática, sumadas ambas a la baja popularidad del presidente y del gabinete de ministros.

La razón de fondo no ha de buscarse más allá de la presencia de una alianza política minoritaria y desarticulada, como la constituida por los partidos de derecha, y la reprimida acumulación de demandas y expectativas insatisfechas esperando ser atendidas y, en lo posible, saldadas. La razón está precisamente aquí: la derecha nacida al amparo de la Constitución del 80, no puede gobernar porque no sabe cómo hacerlo. Han debido acudir en auxilio del gobierno y del restablecimiento de su aplomo institucional, dirigentes de partidos de oposición, incluso abandonando su domicilio político, y a un alto precio que, probablemente, sus propios electores les cobrarán en los comicios que se avecinan. Esta debilidad la advierte Joaquín Lavín cuando señala que estará disponible para asumir la sucesión presidencial en una alianza de convivencia nacional que, sin embargo, es rehuida por su sector.

Realismo sin renuncia

Es cierto que también la popularidad del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet marcó un bajo rating, y que su conglomerado mostró signos de desafección y pérdida de cohesión. Pero ello fue posible porque desde que asumió y hasta que dejó el Palacio de Gobierno, operó un bloqueo a ratos conspirativo —como la invención del caso Caval, su inminente abdicación o su inhabilitante estado de salud―, contra el programa de reformas que comprometió en las primarias de 2013.

El obispo de la iglesia Católica Alejandro Goic calificó las primeras iniciativas de frenesí legislativo. Soportó estoicamente el fuego amigo, eufemismo con el que suele nombrarse a la oposición interna no declarada, pero persistente y desembozada. Contaba acaso tres meses de gobierno cuando los liberales la notificaron que la Nueva Mayoría no era en verdad una coalición, como lo había sido la ex Concertación, sino algo menor, un acuerdo programático con fecha de vencimiento. Desde luego, una inconsistencia la suya, pues ninguno de ellos deseó que la ex Concertación fuera la alianza que llegó a ser y, menos aún, que pudiera durar veinte años y ofrecerle al país dos presidentes democratacristianos y dos socialistas.

Se hicieron concertacionistas en la medida que moderaron su anticomunismo. Resiliente como es… ¡incluso a la adversidad que halló en sus propios ministros!, introdujo en el diseño gubernamental el ajuste conocido como de realismo sin renuncia que le permitió llegar hasta el final de su mandato presidencial. Es claro que no pudo responder, como hubiera querido, a la contenida demanda ciudadana, y prueba de ello es que casi al momento de entregar el gobierno, despachó al Congreso el proyecto de cambio constitucional.

Fin del principio de subsidiariedad política

¿Dónde radica entonces la diferencia entre la gobernabilidad de Bachelet y la de Piñera? En dos hechos íntimamente conectados y metodológicamente demostrables. El primero es que la centroizquierda que volvió a levantar la candidatura de Michelle Bachelet fue mayoría en las primarias de 2013; luego, en la primera vuelta de noviembre, y en la segunda vuelta de diciembre del mismo año. Ello se reflejó asimismo en la composición del Parlamento del año 2014. La centroizquierda también marcó su impronta en la integración del Congreso de 2018, no obstante haber cedido el paso a Piñera en la competencia presidencial. Todo lo cual remacha la condición minoritaria de la derecha. Hace no más de algunas horas la oposición reafirmó su adhesión a la institucionalidad jurídica del Estado, al respaldar lo obrado por el Contralor en el ejercicio de sus facultades fiscalizadoras sobre las actuaciones de funcionarios de Carabineros durante el Estallido Social, amparadas sin embargo por el Gobierno.

El segundo hecho que distingue al actual gobierno del que le precedió, es que las principales realizaciones por las que será recordado y pasará a la historia, pertenecen a la oposición. Son iniciativas de la oposición, amén de otras igualmente trascendentales, la reforma que permite poner término a la Constitución de 1980, y el retiro del diez por ciento de los fondos de las AFPs. Por cierto, serán simbólicamente diluidas en el almíbar de los llamados consensos transversales para bien de toda la población y de los que nadie debería restarse. Por el contrario, ¿quién podría negar que son reformas propias del programa de Bachelet el fin del sistema electoral binominal, la creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, el fin del lucro, la selección y el copago en educación, la Ley Ricarte Soto por la cual se pueden financiar enfermedades de alto costo, la gratuidad en la educación superior, la ley que fortalece el carácter público y democrático de los partidos políticos y facilita su modernización, la ley que despenaliza el aborto en tres causales, y la ley de nueva educación pública?

Pero esta práctica, donde las mayorías van en auxilio de las minorías cuando éstas no pueden gobernar, debe terminar. Este régimen de subsidiariedad política que se activa en circunstancias de ingobernabilidad e inestabilidad, debe acabar, precisamente porque eterniza la vulnerabilidad del sistema democrático.

30 años, 32 dictaduras y una barrera sin sentido

Las lecciones de los gobiernos de Bachelet y Piñera enseñan que el actual trance histórico, que no es la emergente crisis sanitaria, social, económica, ambiental y política, sino el orden que causa la vulnerabilidad del país ante éstas, y, especialmente, la exposición al riesgo de las clases medias y populares, solo puede ser sobrellevado por un gobierno de mayoría con un fuerte apoyo parlamentario.

El sello político de dicho gobierno no puede ser sino el de una alianza de centroizquierda. Como lo demuestra la experiencia de hace cincuenta años, la configuración de una mayoría para cambiar la estrategia de desarrollo y radicalizar la democracia, depende crucialmente de la voluntad de las fuerzas políticas de centroizquierda. Porque no vendrá de los sectores que instituyeron la Constitución del 80 y el Código de Aguas.

Si no hay unidad de esas fuerzas y, por consiguiente, si no hay acuerdo sobre un programa común, no será posible avanzar. Presionar las condiciones sin ser mayoría y a cualquier precio para tornarlas objetivamente favorables a la reforma, solo conduce a la ruptura y a la confrontación civil y política. Bachelet era consciente de la lasitud que afectaba a todo el arco político de su coalición, y, por eso, pasó a la fase del realismo sin renuncia, es decir, a priorizar las acciones de gobierno y a darles viabilidad financiera, técnica y política.

Pero aquel diseño culminó en la derrota de Alejandro Guillier, y quedó totalmente desechado en el Estallido Social de 2019, que puso de manifiesto la necesidad de mayor profundidad y celeridad de los cambios. Resulta evidente que frente a este nuevo estado de madurez del país, hay comportamientos políticos que han pasado a la vanguardia, mientras que otros han permanecido en un rezago apático. Está fuera de la coyuntura condicionar la formación de este conglomerado mayoritario a la adhesión o condena de los países con menor grado de desarrollo democrático.

Hay 32 dictaduras firmes en el mundo, con varias de las cuales Chile mantiene relaciones diplomáticas y comerciales. Dictaduras comunistas, como China y Vietnam, donde nuestros exportadores de frutas gustan de tomarse fotografías. Dictaduras como Egipto, Qatar y Arabia Saudí. Si se propusiera romper con ellas antes de arribar a un pacto, la barrera sería tan difícil de sortear como la Gran Muralla.

Tampoco daría frutos condicionar el nacimiento de un nuevo y amplio conglomerado, a la crítica de los treinta años de políticas públicas de la Concertación. En tal caso el esfuerzo unitario quedaría reducido al mínimo, porque nada puede construirse hacia el futuro, sino sobre los progresos pasados, conquistados bajo una democracia, tutelada, semi-soberana y subsidiaria de los partidos y representantes de derecha. Herencia política que defenderán democratacristianos, socialistas, radicales, pepedés, liberales, izquierda-cristianos, mapucistas y comunistas. No tiene mucho sentido esta credencial de coherencia.

Como no lo tiene negarse a un mecanismo de selección del o la candidata presidencial y de los contenidos programáticos de una propuesta. Lo que queda claro, como el agua que corrió el 2017, es que separados a primera vuelta es una derrota segura para la centroizquierda, y sobre todo, para la gente que ha sufrido y que anhela la paz. //ELF

*PD: Columna publicada en LaVozDeLosQueSobran.cl

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Financiar las pensiones con el IVA es inaceptable

septiembre 23, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC y exIntendente de la Región de La Araucanía

El 18 de septiembre (¿aprovechando el feriado?) el gobierno filtró el anuncio que propone resolver la reforma del sistema de pensiones para evitar que el tema llegue a la Convención Constitucional y sea parte de la discusión sobre el país que queremos construir. Una vez más la derecha busca mecanismos que le permitan resolver temas que teme perder en una discusión más general.

La derecha parece aceptar que tener pensiones básicas universales tiene que ser parte de la solución. Incluso Horizontal, centro de estudios de Evópoli, ha planteado que se podría partir con una pensión básica universal (PBU) de doscientos mil pesos mensuales. Eso sacaría a los jubilados de menores ingresos por encima de la línea de pobreza y puede ser un punto de partida. También parecen aceptar que esto tiene que ser financiado con impuestos.

Las discrepancias parten en este punto. Hay que resolver qué impuestos.

Chile Vamos, la coalición política de la derecha, fiel a sus principios, quiere que los impuestos los paguen los pobres subiendo el IVA en un punto porcentual.

Como todos estamos de acuerdo en que el IVA es un impuesto regresivo, han buscado artimañas comunicacionales para hacerlo más aceptable hablando de un “impuesto al consumo”. En Chile ese impuesto se llama IVA. Elevar el IVA en un punto porcentual llevaría la tasa del impuesto a 20%, por encima de la tasa promedio de la OCDE, y se estima que generaría ingresos por unos US$1.300 millones.

Desde luego, hay una alternativa que no es regresiva. Elevar los impuestos a las rentas que pagan los más ricos. Esto tienen dos ventajas. La primera, es que pagan más los que más tienen, como es de toda y evidente justicia.

La segunda es que nos acercaríamos, aunque lentamente, a la participación que tienen en la OCDE los impuestos a la renta: 60% de la recaudación total versus sólo 40% en Chile. ¿Por qué habría que superar a la OCDE en IVA y no igualarla en impuestos a la renta de los más ricos? Seguramente formular una respuesta molesta a nuestros compatriotas de la derecha más acomodada.

La argumentación de la derecha va más allá de cómo se financia la PBU. Lo que busca, estratégicamente, es defender el negocio de las AFP, uno de los más rentables del país. Si el tema de los jubilados de menores ingresos queda resuelto por la vía que ellos mismos paguen por sus jubilaciones con sus compras de alimentos y medicinas, entonces el 6% de cotización adicional podría ir en su totalidad a las AFP, aumentando el tamaño del negocio.

Para que la oposición se allane a un acuerdo nos ofrecerán crear una AFP estatal que con el tiempo podría llegar a tener una pequeña parte del negocio. Como el negocio es enorme y se financia con los sueldos de todos los trabajadores, no les importa perder una parte menor de una gran y apetitosa torta de miles de millones de dólares.

Una vez más el gobierno de Piñera busca sacar las castañas del fuego con las manos de los pobres, como la ha hecho con buena parte de las medidas adoptadas para paliar los efectos de la pandemia que aqueja al país.

No pierdo la esperanza que la oposición esté unida para evitar este nuevo abuso y que nos demos el tiempo para establecer un verdadero sistema de seguridad social, que saque a los jubilados de la pobreza y que asegure que eso lo hagamos entre todos de acuerdo con nuestra capacidad de aportar y no a expensas de los pobres vía un impuesto al consumo.

Por último, inevitablemente el tema de las pensiones estará en el debate de la futura Constitución Política por la miopía de la derecha y de los grupos económicos que no entienden que este es uno de los pilares del modelo que nos divide como país y que requiere de un consenso de todos los sectores.

La vieja derecha no quiere aprender que se le acabaron los tiempos de las maniobras tácticas, el siglo 21 y el proceso constituyente requieren de visiones estratégicas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, congresista, Francisco Huenchumilla, Senador

Chile necesita urgentemente otra ciencia

septiembre 21, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Gibert

Ph.D. EICO Universidad de Valparaíso – Corporación un Nuevo Chile es Posible.

Los indicadores de producción científica en los últimos 10 años en Chile son espectaculares. Incluso más que los resultados de la década anterior. La producción de “papers” ha pasado de 6.500 trabajos (2010) a más de 13.400 (2019) por año.

Esto significa que uno o más científicos, un grupo de investigación, han sido capaces de publicar en revistas científicas especializadas un texto, de entre 5 y 25 páginas, sobre resultados de investigaciones originales en más de 200 áreas del saber.

Es un logro extraordinario, sobre todo tomando en consideración que la cantidad de científicos por millón de habitantes es bajo y el presupuesto que Chile dedica a la investigación científica es una cifra equivalente a las donaciones privadas que recibirá el Massachusetts Institute of Technology (MIT) para fundar su Facultad de Inteligencia Artificial. Sin embargo, ¿cuál es el impacto?, ¿cuál es la utilidad de esta capacidad? Hay varias maneras de medir el impacto. Una forma directa es a través de las citaciones asociadas a esta producción.

Cuando el autor de un paper científico cita, hace referencia a otro paper, esto significa que el contenido del paper citado es interesante, principalmente porque aporta un hallazgo o un punto de vista original que cabe reconocer. Si tomamos este indicador, las citaciones están cayendo sistemáticamente desde el año 2015. Esto significa que la relevancia de los trabajos publicados es menor que hace 5 o 10 años.

Con todo, parece no ser un problema local, sino generalizado. La utilidad es más esquiva, pero es posible relacionar de manera indirecta con otros indicadores como el PIB o la calidad del sistema de educación superior. Se usa el PIB porque existe evidencia estadística robusta que indica que a mayor producción científica, mayor crecimiento económico. Esta evidencia también aplica para los países en vías de desarrollo. Como el crecimiento económico chileno ha sido mediocre en los últimos 20 años, se podría suponer que la utilidad de la ciencia en la economía es baja. El otro indicador es la calidad del sistema de educación superior. ARWU 2020, un prestigioso ranking mundial de universidades, sostiene que Chile tiene, de un total de 60 universidades, 4 dentro del grupo de las 1.000 mejores.

Alemania, con algo más de 110 universidades, ubica a 49 de ellas en el selecto grupo; mientras Sudáfrica, con 26 universidades, posee 9 instituciones entre las mejores del mundo. Sin importar el ángulo, el diagnóstico indica que algo no funciona.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Ciencia en Chile, científicos, columna, Columnista, Jorge Gilbert, la política

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