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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

Domingo final

julio 4, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

 

Por Don Délano

Estaba todo listo para el domingo. El Líder de la esquina estaría abierto, porque se había suspendido la huelga. 

Ya había pedido ampliar el cupo de la tarjeta de crédito y postergar la cuota 5 del auto, cuando quedan por pagar todavía 55 más, daba lo mismo.

Un asado como Dios manda, yo invito. Invito a los vecinos que nos desprecian, porque nunca hemos viajado a Miami. Invito a algunos compañeros de trabajo con los cuales el pacto de silencio de putas y cafés con piernas era a fuego y acero.

Invito a mis suegros que me odian, que su hija se vino a convivir con un pelafustán de media monta, cuando Andrés, el abogado, prometía un futuro que sí valía la pena. Invito a mi hermana, Magdalena, que nunca me perdonó que guardara silencio frente a la violencia de mi padre.

Invito a mi mujer y mis hijos, esa familia que no veo nunca, porque tengo que trabajar mucho, porque no tengo ganas de llegar a casa a ver nuestra mediocridad, nuestras peleas, nuestras miserias, nuestros silencios, el estar todo el día y la noche conectados al celular, al Facebook, al WhatsApp y al Instagram.

-¡¡¡¡Que perdimos!!!!

-Me están weveando

-Que nos ganaron esos peruanos cochinos, que dejan lleno de pichi nuestra Plaza de Armas. Sí pues, porque esa Plaza de Armas es chilena, de los chilenos.

-¡¡¡Que perdimos!!! Con ese pueblo de mierda que derrotamos en la guerra del Pacífico a punta de sables, violando mujeres, empalando peruanos cochinos, quitando tierras con nuestro ejército que nunca y jamás será vencido.

-Sí. Perdimos.

-Jugaron mejor. Punto

Y yo me quedo aquí sentado en este sofá que todavía no se termina de pagar.

Me quedo callado, inmutable, petrificado. Me quedo amarrado al deseo no cumplido.

Y asumo que tengo que volver a la realidad, a los tiempos mejores, al paro de los profesores, a la cesantía que va en aumento, a la parafina que sube y sube, a la triste claridad del asado del domingo no será.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Asado, columna, Columnista

El informe de los que sobran

julio 4, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

Por Jaime Abedrapo

Dr. en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales. Académico de la Universidad San Sebastián.

Hemos visto como los medios de comunicación han recogido de autoridades acusaciones cruzadas respecto de quien ha ocultado el Informe de la PDI, en el cual entrega los resultados de una investigación realizada en el SENAME durante el 2017.

El informe al que hemos podido acceder gracias a que CIPER lo ha publicado íntegramente, viene nuevamente a revelar lo que antes había señalado el informe del INDH y una investigación realizada por la UNICEF, que sostuvo que en Chile se han violado sistemáticamente los derechos humanos de los niños vulnerables que están bajo la protección del Estado.

Los funcionarios de la PDI nos señalan que el 88% de las residencias registran abuso físico, maltrato y abuso sexual, es decir, entrega antecedentes contundentes para insistir que en Chile se viola no sólo la Convención de los Niños de 1989, sino que la misma Declaración de los Derechos del Niño de 1959, situación que de golpe nos derriba la narrativa de “país en el umbral del desarrollo”. En efecto, hay quienes mantienen tozudamente la tesis de que ello se mide por el per cápita de los países, sin embargo, es tiempo de reconocer y aceptar que el crecimiento per sé no nos convierte en una mejor nación.

El crecimiento de algunos en la sociedad o la mayor libertad de oportunidades para una parte de la sociedad, no es sinónimo de desarrollo, sino que precisamente puede ser la condicionante para establecer conflictos sociales, aumento de delitos o corrupción. Difícilmente la probidad, el acato a la ley y el compromiso con bien común sean hijos de la falta de interés por la comunidad, sino que, por el contrario, la injusticia social genera desconfianza e ilegitimidad de las instituciones de la República, rebaja la moral de sus ciudadanos y fomenta la crispación social. ¿No se parece en algo a la realidad chilena actual?

Esta columna no pretende levantar una bandera anti crecimiento, sino una de crecimiento con sentido político y social ante la comunidad (toda). La situación que nos reveló el informe de la PDI nos advierte que Chile no resguarda algunos principios fundamentales de los derechos que emanan de la propia dignidad de los niños, niñas y adolescentes, como lo es el “derecho a recibir cariño, afecto y compresión”, que por cierto Chile se comprometió a respetar desde 1959. A la luz de los nuevos antecedentes podríamos afirmar que ello fue un acuerdo internacional suscrito, entre muchos otros, que no se acompañó de los recursos y las políticas públicas requeridas para su cumplimiento. La pregunta que debiéramos hacernos entonces ¿ello sucedió por ineficacia o desinterés?

Para los que entienden que el progreso es lineal y que sin duda vamos en camino hacia él, les resulta complejo comprender que a pesar de que nuestro país en los últimos 30 años haya prácticamente triplicado su Producto Interno Bruto, estos temas sigan siendo acuciante. Posiblemente se deba a que su perspectiva material de desarrollo no entregue elementos de juicio que le permitan comprender que el tejido social no se regenera automáticamente, y que el individualismo no es la estrategia más eficaz para ello.

En los hechos la situación de los niños del SENAME viola prácticamente los diez principios que se comprometieron por Chile a mediados del siglo XX, sin embargo, el más notoriamente incumplido ha sido el derecho que tienen los NNA de protección contra malos tratos.

Recientemente en el país se ha creado una nueva institucionalidad para la niñez, la cual posiblemente no podrá sola superar la situación actual del ex SENAME, por lo que se requerirá nuevos esfuerzos de todos los actores políticos y sociales para abordar gradualmente la situación de nuestros niños. En definitiva, avanzar de manera decidida hacia las casas de acogida, intentando evitar más íntegramente que los NNA lleguen a instituciones despersonalizadas y carentes de afecto.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Académico, columna, Columnista, Jaime Abedrapo

¿Cuándo se jodió Chile?

abril 22, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

 

Por Daniel Matamala

Medio siglo cumple este año la novela de Mario Vargas Llosa “Conversación en la Catedral”, y con ella, su célebre pregunta: “¿En qué momento se había jodido el Perú?” Una frase que estos días se repite: preso Fujimori, prófugo Toledo, procesado Humala, arrestado Kuczynski, muerto Alan García, todos los presidentes democráticamente electos de Perú están manchados por la corrupción.

El contraste, argumentan políticos y líderes de opinión en Chile, es claro: no hay evidencia de que el pulpo de Odebrecht haya extendido sus tentáculos corruptos hasta acá.

Eso habla bien de nuestro país, por cierto. Pero ese análisis autocomplaciente se queda corto. Porque hay solo algo más preocupante que tener a muchos políticos presos: no tener a ninguno.

Lo primero es señal de corrupción, pero también de instituciones judiciales que pueden perseguirla. Lo segundo, excepto que creamos tener la clase política más honesta del planeta, nos dice que el poder compra impunidad.

En Chile tuvimos nuestro propio Odebrecht. Aquí se llamó Penta-SQM y fue blanqueado bajo un eufemismo. “El financiamiento irregular de la política no es corrupción”, dictaminó el lobista en jefe Enrique Correa. El Tribunal Supremo de la UDI resolvió que “no le cabe formular reproches a sus dirigentes o militantes que, para financiar la actividad política, se limitaron a actuar de esa forma que, hasta ahora, fue práctica generalizada, conocida y aceptada”.

Esa muy chilena distinción entre corruptos que se compran un auto último modelo con su botín, versus políticos honestos que apenas se pagan las campañas con esa misma plata sucia, es ridícula. Ganar una elección senatorial supone asegurar, solo en dietas, $897.585.696 para el bolsillo del beneficiado, sin contar millones de dólares en supuestas “asesorías”, y un poder que vale muchísimo para quien lo quiera poner en subasta, como ocurrió en la ley de pesca.

Eso, además de la podredumbre que supone violar las leyes electorales para ganar una elección con trampa, siendo cómplice en un delito de poderes económicos sobre los cuales se legislará.

La diferencia con Perú no es ese sofismo. Es que, cuando se abrió la caja de pandora, la clase política chilena actuó como un solo cuerpo para sabotear la investigación.

No se trata de un asunto moral, sino de equilibrios de poder. Por supuesto que los políticos peruanos también intentaron quedar impunes, pero no lo lograron. ¿Por qué? Perú no tiene partidos políticos estables y la rotación es constante: gobernadores y alcaldes no pueden reelegirse, y tampoco podrán desde la próxima elección los parlamentarios, cuyas tasas de reelección ya eran bajísimas (no más del 25%).

No existe, por lo tanto, una clase política homogénea, permanente y cohesionada. Los presidentes dejan el poder sin redes de protección. Esto provoca muchos problemas, por cierto, pero también dificulta la defensa corporativa.

Chile, con una elite uniforme, estable y de fuertes lazos personales, es otra historia. Cuando compañeros de colegio y de iglesia, primos y cuñados, correligionarios y amigos, copan puestos de poder, y cuando izquierda y derecha comparten lobistas, abogados y asesores comunicacionales, la coordinación es mucho más efectiva.

Izquierda y derecha, unidas, jamás serán perseguidas.

Otro factor es la sociedad civil. La tarde del 31 de diciembre pasado, el Fiscal Nacional de Perú destituyó a los persecutores Pérez y Vela, a cargo del caso Odebrecht. Entonces, los peruanos se olvidaron del cotillón y los fuegos artificiales, y esa noche de Año Nuevo se volcaron a las calles a protestar.

El Presidente Martín Vizcarra regresó de emergencia de una visita a Brasil, antes de 48 horas el Fiscal Nacional debió renunciar, y Pérez y Vela volvieron fortalecidos al caso. Desde entonces, han pedido los arrestos de Pedro Pablo Kuczynski, Keiko Fujimori y, esta semana, Alan García. Sin esa reacción popular, probablemente la policía jamás hubiera llegado a golpear la puerta del expresidente.

En Chile, sacar a fiscales cuando sus indagaciones apuntan demasiado alto ya es parte del paisaje. ¿Reacción social? A lo más, algunos tuits indignados. Nuestra sociedad civil es un perro que ladra pero no muerde.

La clase política chilena tiene un prontuario más limpio que el de algunos vecinos, y es justo destacarlo. Pero las alertas son públicas y evidentes. Tal vez, en algún momento del futuro, alguien se haga la pregunta de cuándo se jodió Chile. Y la respuesta sea que fue en la segunda década del siglo 21, cuando dejamos que los corruptos se salieran con la suya.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Daniel Matamala

Las leyes de Murphy o como las cosas son

abril 17, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

-La famosa ley de Murphy es un enunciado basado en un principio empírico que trata de explicar hechos acontecidos en todo tipo de ámbitos.​ A grandes rasgos, se basa en el adagio siguiente: «Si algo malo puede pasar, pasará».​ Acá una aplicación a la realidad política de Chile y la DC.

 

 

 

 

Por Don Délano

1. Si algo puede salir mal, saldrá mal

Que esperaba usted después de un año de nada de nada, de intentonas a medio morir saltando, de egos desatados, de niños revolucionarios que creen que la historia comienza con ellos y de partidos que buscan identidad a costa de separarse de con quienes han caminado por mas de 30 años. Salió mal y muy mal. No había otra posibilidad. Porque, a decir verdad, las cosas ya venían bastante podridas y jodidas.

2. La tostada siempre cae en el lado de la mantequilla

Las cosas son lo que son y caen donde tienen que caer. Así debería ser siempre, pero pretender un día ser oposición y al otro día querer actuar con independencia de lo que uno es y ha sido, apareciendo como paladín de los acuerdos y consensos puede hacer pensar al resto que uno finalmente “no es chicha ni limoná”.

3. La información más importante de cualquier mapa está en el doblez o en el borde

Esto de la letra chica viene como anillo al dedo. No importa tanto los lenguajes rimbombantes ni las laminas de PPT que nos muestren. Donde tenemos que colocar la atención es en aquellos pequeños detalles que están fuera del mapa o del espacio que vemos y que determinan y pesan en la realidad, más si uno se mueve por el borde izquierdo y derecho al mismo tiempo e intenta que a lo menos uno de los dos lados no sea visible para quienes buscan establecer la ruta del recorrido o la cartografía existente.

4. Los pares de calcetines siempre van de dos en dos antes de entrar a la lavadora y de uno en uno al salir de ella.

A veces, uno cree que tiene todo bajo control, los mecanismos autoritarios tienden a esa lógica de acción. Mira el espacio y cree ser capaz de observar todos y cada uno de los actores y fuerzas que actúan, pero la verdad no siempre es así. O, mejor dicho, la gran mayoría de las veces no es así. Y entonces, emulando a ese gran pensador de la policía uniformada, “el choclo se empieza a desgranar”. No todos los diputados están en esta, los senadores juegan a no hacer caso, la reforma de estatutos se cae y aunque en el espacio de formalidad de poder se instala la lógica del triunfo, este queda a media tinta, un poco ensombrecido, cuestionado.

5. No importa cuántas veces se demuestre una mentira, siempre quedará un porcentaje de personas que creerá que es verdad

Verdad inmutable desde que el tiempo es tiempo. Más aun todavía en tiempos de post verdad y tanta palabra en inglés que busca describir estos días que nos consumen las redes sociales. La verdad no es, solo depende de quien la diga, de como la comunique y de donde la comunique. Y eso es lo que ha ocurrido, se instala una sola verdad, una sola dimensión de las cosas, sin permitir que las otras verdades afloren y movilicen reflexión y crítica. Y así nadie puede.

Que alguien le diga por favor que las leyes de Murphi si funcionan.

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El eterno dilema falangista: ¿Qué hacer con la Democracia Cristiana?

marzo 29, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

A estas alturas de la vida, es una pregunta compleja que solo sirve para descargar malestares existentes. La idea es tratar de ser un aporte para entender el grado de masoquismo que hoy tienen muchos militantes de mi partido. Lo que pasa es que las ramas de la política contingente no dejan ver el bosque de los problemas globales de la DC. 

 

Por Patricio Gilbert

Académico de la USACH

Camarada DC

Partiremos definiendo qué es la Democracia Cristiana (DC), y para mí, en específico, qué entiendo por DC. Creo que mi partido es un reflejo de la sociedad chilena desde siempre y existen argumentos de sobra para esto. Por ejemplo, las grandes trasformaciones en la sociedad chilena, esas que lograron cambiar el eje de las personas fueron realizadas en el gobierno de Frei Montalva, esas donde la sociedad civil se organiza para enfrentar a las élites de siempre, y para eso debíamos instruirla mejor (ley que hace obligatoria la educación básica), que se ampliara el conocimiento permitiendo el desarrollo de este en el país (plan Chile California), que las personas pudieran ser dueños de la tierra que trabajaban (ley de reforma agraria) y permitir que la sociedad se organizara para que fuera un contrapeso de los “poderosos de siempre”. Eso por el año 1960.

Así, podríamos seguir y hablar del lado oscuro de la DC en el 73` y el lado más heroico en los años 80`, terminando con el retorno a la democracia, donde la DC jugó un papel preponderante en lograr que la vía pacífica y la unidad de la centro izquierda, fueran los ejes de esta recuperación.

Pero eso es ya pasado y hoy, a 30 años de haber dejado atrás la dictadura, son solo bonitos recuerdos que nos sirven para saber, qué hicimos bien, pero más fundamental, que hicimos mal para estar como estamos hoy.

El individualismo caló hondo en la DC. Igual que en la sociedad chilena, los proyectos personales son más importantes que los colectivos (ya ni recuerdo el momento en el cual la “maquina” cambió de ser el medio a transformarse en el fin), la tolerancia a la frustración solo quedó relegada para aquellos sectores que siempre pierden y se mantiene (masoquistas) dentro del partido.

Ya un amplio sector del partido, quiere la ganancia rápida, fácil y a cualquier costo; igual que la “chispeza” del chileno, ese “vivo” que se salta la fila, adelanta por la berma, no paga en la micro o se come el chocolate en el supermercado justificándose “porque estos me roban”.

Ese reflejo de la sociedad, es la DC, esa misma sociedad que se jactaba de no ser corrupta. Sin embargo, cada vez que puede, no paga impuesto, no devuelve la plata extra que le dan, que le saca el saco de cemento a la construcción o saca las cosas más inverosímiles bajo el pretexto de que “me explotan”. Parece más fácil ser así, que organizarse para lograr que el país cambie.

En eso cayó la DC, se conformó con su historia y no miró al futuro (como el país), viendo en su horizonte solo el hecho de administrar el poder que las élites le entreguen y no el poder que le puede entregar la gente.
Es cierto que este camino es mucho más largo, se requiere constancia y perseverancia y lo que es más difícil hoy, ser generoso para que los frutos de lo sembrado, lo disfruten otros.

¿Se imaginan a Frei Montalva diciendo, “para que me muestran ese plano si nos vamos a demorar décadas en construir eso del metro?” lo más seguro es que hoy día esas ideas “revolucionarias” (en el amplio sentido de la palabra) nadie las impulsaría.

Eso es lo que le falta a este país y a la DC, volver a soñar, eliminar los paradigmas y las soluciones cortas, poniendo de prioridad lo que queremos en el futuro. ¿Podemos tener salud igual para todos? Sí, ¿podemos tener pensiones justas para todos? Sí, lo que pasa es que las ramas de la política contingente, donde la élite se encarga de establecer sus paradigmas, sus dogmas de fe, como tablas de la ley; pero todo se puede cambiar y no es necesaria una revolución (para que algunos amigos no se pongan nervioso, saludos Sergio y Jaime), sino que se necesita una política que a través de hitos, pueda ir mostrando los frutos que este avance inexorable les traerá a cada uno de los ciudadanos.

Eso es lo que debe hacer la DC, olvidarse de la pelea chica, resultado inmediato y personalismo y pensar en el futuro, algo que hace tiempo, dejo de hacer; seguramente impulsado por esa élite interna que vio en el pensamiento un fusil que destruiría su “zona de confort”.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Patricio Gilbert

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