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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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David Pellizzari Ossa

La Constitución en tu barrio

marzo 22, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Muchos creen que la discusión sobre una nueva Constitución para Chile es lejana a sus problemas cotidianos, que la elección municipal que se avecina, nada tiene que ver con eso, algunos incluso fomentan interesadamente esa idea, tratando de convencer a la ciudadanía que el rol del municipio, o de un alcalde nada tienen que ver con la Constitución. Pero no es así, y los chilenos lo sabemos.

Desafíos como los que hemos enfrentado como país y sociedad los últimos años han evidenciado los problemas de nuestra institucionalidad, la concepción y distribución del poder y las deficiencias de nuestra democracia.

Hemos sido testigos de como la autoridad central ha tomado decisiones en materias tan sensibles como la seguridad ciudadana o la salud de los chilenos, sin siquiera escuchar a los gobiernos locales, y casi desconfiando de su visión o aporte a la solución de los problemas que enfrentamos. Para ser justos no se trata de un problema solo de esta administración en particular, sino mas bien una grieta institucional, de un modo de entender el ejercicio del poder que francamente ya no resiste mas y que necesitamos urgentemente actualizar, y para ello, debemos construir una nueva carta fundamental que dé cuenta de las necesidades de un nuevo siglo e implique una verdadera revolución municipal.

Chile requiere una verdadera redefinición de su institucionalidad y una profundización de su democracia, y para ello proponemos una revolución municipal, una revolución que acerque a los ciudadanos las decisiones que afectan su vida, una revolución que revalorice la función de los municipios y los dote de los recursos y facultades necesarias para desempeñar su función como sus vecinos merecen, una revolución que descentralice el ejercicio del poder y le devuelva dignidad y autonomía a los territorios, en definitiva, una revolución ciudadana.

Soñamos con una Constitución que invierta la pirámide del poder en Chile y devuelva a los ciudadanos y sus representantes mas cercanos la oportunidad de decidir, sobre como se invierten los recursos, sobre las prioridades sociales, sobre el mejor modo de vivir en barrios mas seguros y mucho mas.

Pero, en este punto surgen preguntas importantes: Cómo hacemos eso? Cómo logramos concretar esos anhelos? Y la mas importante de todas… cómo afecta la calidad de vida de los ciudadanos un cambio tan profundo?

En primer término, debemos construir un nuevo pacto social y político, una nueva Constitución para un nuevo Chile, y ésta debe incluir un nuevo trato para con los gobiernos locales, que establezca un rol protagónico de éstos en el diseño e implementación de las políticas públicas, que ordene una distribución equitativa de los recursos entre ellos y los trate con dignidad. Este nuevo trato permitirá a los municipios desarrollar políticas públicas mas integrales y pertinentes, con los recursos y las atribuciones necesarios para ello. En este sentido, es necesario revisar el financiamiento y la lógica con que se focalizan los recursos del Estado que se destinan a los municipios y su labor, y muy especialmente, la lógica de receptores y meros ejecutores de políticas diseñadas y decididas desde Santiago o la capital Regional respectiva, para pasar a ser protagonistas de éstas junto a la comunidad.

Este cambio puede tener un profundo impacto en su vida, en su barrio, si las decisiones y los recursos necesarios para darles viabilidad están mas cerca de usted, tan cerca que incluso puede participar activamente en ellas, es dable esperar que esas decisiones sean mas pertinentes y coherentes con sus problemas reales… y eso se verá reflejado en su seguridad, en su salud, en la educación de sus hijos. Nuestra democracia requiere devolverle el protagonismo a sus ciudadanos y la mejor manera de lograrlo es acercar las definiciones importantes a ellos.

La revolución municipal demostrará que una nueva Constitución puede cambiar al país, incluso en su barrio.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa

La deuda

marzo 2, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa 

Nuevamente, tal como ha ocurrido por décadas de hecho, se habla en el ambiente político de un “gran acuerdo” para la temática mapuche… se discute como “intervenir” la Araucanía… como dar una solución al “problema”… llenan los medios de comunicación grandilocuentes declaraciones de personeros políticos sobre el fracaso del Estado en la mantención del orden público, sobre la falta de desarrollo de la región, sobre “gestos” necesarios de reparación… de la deuda con el pueblo mapuche.

Ante este escenario desalentador cabe preguntarse si el “problema mapuche” es solo eso… o más bien es un síntoma más de una enfermedad mucho más grave y profunda en nuestra sociedad. 

Coincidentemente asistimos a un extraño espectáculo mediático en una pequeña comuna fronteriza de nuestro país, “invadida” por una migración irregular de desesperados ciudadanos mayoritariamente venezolanos, que atravesaron medio continente para llegar a Chile y hoy son rechazados y hasta expulsados de nuestro territorio. 

A la luz de estos hechos, la triste conclusión es que la sociedad que hemos construido simplemente no acepta la diversidad, no la entiende, no la respeta y mucho menos la valora. No reconoce sus raíces étnicas y reniega de su herencia cultural y, en ese contexto, no resulta extraño que se discrimine brutalmente al que es distinto, se menosprecie a quien no cumple los estándares resultantes de una sociedad centrada en el valor del dinero y la posesión de bienes, y, por tanto, un problema esencialmente moral, social y cultural, como el “conflicto” mapuche, tiene una respuesta “mercantil” y se use tan libremente la expresión “deuda”.

Es cierto que muchos entienden que la expresión resulta adecuada debido a las décadas de abandono, al negacionismo sistemático del Estado respecto al genocidio, eufemísticamente denominado “pacificación de la Araucanía”, que sufrió el pueblo mapuche, por lo que, Chile le “debería” a ese pueblo, desde una explicación, hasta una reparación.

Sin embargo, por qué hablar de deuda con el pueblo mapuche…? Acaso tienen un crédito por cobrar…? Se solucionan sus dificultades con una indemnización…? Necesitan una compensación? La dignidad no se puede «pagar» como se hace con las deudas, el respeto y reconocimiento no son avaluables… Nuestro Estado no le «debe» al pueblo mapuche… Debe asumir su responsabilidad y construir una relación distinta con ese y otros pueblos originarios de este Territorio, debe crear las condiciones para el desarrollo de una sociedad que valore la diversidad cultural… Y eso no se logra pagando deudas, cómo si con un acto se saldaran las cuentas pendientes, se logra con un profundo cambio estructural y cultural, de concienciación, y eso requiere un profundo compromiso estatal y, lamentablemente… tiempo.

Muchos hablan hoy de gestos y acuerdos, pero pocos entienden la profundidad cultural de la temática, que evidentemente exige de nuestra sociedad y nuestro Estado algo mas que gestos, pero que demanda algunos mínimos e inmediatos a efectos de avanzar en el proceso general.

El territorio mapuche está hoy “intervenido”, con una lógica militar, no porque el ejercito esté presente y activo en la zona, sino porque nuestra fuerza policial uniformada es esencialmente una institución militar, y eso influye grave y determinantemente en el modo en que enfrenta la temática agravándola desde todo punto de vista.

El fracaso de esa policía en el restablecimiento del orden público y el Estado de Derecho no es exclusiva de esa zona del país, pero si más evidente, y demuestra el enfoque obtuso del problema, buscando que la “intervención” de una fuerza que se despliega desde el exterior logre reprimir estallidos de violencia, sin entender siquiera un poco el contexto y la lógica del pueblo mapuche.

Tampoco tiene sentido alguno el reduccionismo pueril que habla de desarrollo económico tanto como causa y solución del problema, como si la cosmología mapuche, su relación con la tierra y sus ancestros simplemente puedan compensarse con recursos económicos, dinero, tierra, o cualquier otro bien avaluable en dinero.

El proceso constituyente que vivimos es la oportunidad histórica de reparar los errores que hemos cometido como sociedad las últimas décadas y sentar las bases de un significativo cambio cultural, una toma de conciencia colectiva e individual que dignifique nuestra historia y nuestra herencia cultural, y se extrañan propuestas en ese sentido.

Chile y el pueblo mapuche merecen algo mas que reducir el tema a la seguridad o al desarrollo económico. Merecen un enfoque integral que devuelva a la dignidad del ser humano al centro de cualquier plan o política pública en la materia, merecen respeto.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa

David Pellizzari Ossa, precandidato a constituyente En La Fontana: «La gente quiere rostros nuevos para “airear” la política, pero por sobre todo, a personas que sintonicen con sus necesidades»

octubre 31, 2020 by Gabriel Angulo González Deja un comentario

*En La Fontana conversamos con un precandidato a ser delegado constituyente, que aspira a participar de la Convención Constituyente. Grupo de personas que hasta hoy son 155 -pueden agregarse los 24 escaños reservados para pueblos originarios-quienes redactarán la nueva constitución para Chile.

Se trata de David Pellizzari Ossa (44). Independiente, que participará en primarias internas de la Democracia Cristiana (DC) para escoger al delegado constitucional del conglomerado, que estudió derecho en la Universidad de Chile. La secundaria la realizó en el Liceo Juan Gómez Millas (ex14) de El Bosque y en la escuela D593 de Lo Espejo, comuna en la que vive hasta hoy.

El sufragio del pasado domingo, se definió con un 78,27% de los votos para el Apruebo a una nueva carta fundamental, arrasando en el plebiscito. Asimismo, la Convención Constitucional obtuvo 78,99% de las preferencias. El 11 de abril del próximo año los ciudadanos definirán a los integrantes de este parlamento.

Como funcionario público, Pellizzari ha trabajado en el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis), el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) y la intendencia Metropolitana. Del mismo modo, realiza asesorías jurídicas de forma independiente. En la interna de la DC deberá competir para ser candidato oficial de la colectividad.

-¿En la DC con quiénes compite y qué lo diferencia?

-Entiendo que el ex diputado Rodolfo Seguel está interesado en postular por el distrito 13, que es mi “barrio” de siempre, y, aunque respeto profundamente su trayectoria política y su estatura moral, me parece que el mensaje del domingo es muy claro: Debemos renovar la política… yo no he ejercido cargos importantes ni he estado en la primera línea; soy un ciudadano de a pie… que sabe lo que es andar en micro y metro todos los días, que conoce los consultorios y hospitales del distrito. No porque los inauguré, cortando cintas, sino porque soy usuario del sistema público desde siempre. Crecí en Lo Espejo (cuando todavía era La Cisterna) y estudié en El Bosque; conozco a su gente y sus necesidades, y creo que puedo ser un real aporte al proceso constituyente.

-¿Es perjudicial que partidos lleven a rostros ya conocidos?

-El mensaje de la ciudadanía fue contundente. Cuando se le preguntó por el tipo de órgano que debía construir la nueva constitución, casi el 80% eligió la opción que le permitía elegir el 100% de la convención. La gente quiere renovación, quiere rostros nuevos, quiere “airear” la política, pero por sobre todo, la gente quiere personas capaces de sintonizar con sus necesidades, con sus esperanzas, y eso es difícil que lo logre alguien que ha vivido en la burbuja de la elite política las últimas décadas… Más que pensar en lo perjudicial o no de llevar candidatos ya conocidos, el desafío de los partidos es ser capaces de recuperar la confianza de los chilenos, de volver a proponerles un sueño.

-¿Las colectividades no han entendido nada tras triunfo del Apruebo?

-Cuando uno escucha los posibles candidatos y lo que están discutiendo las cúpulas partidista pareciera que no. La crisis política y social que vivimos logró ser encausada por el sistema político; los partidos fueron capaces de proponer un camino a la ciudadanía, camino que permitió el plebiscito del domingo y la próxima elección de abril, pero no basta con eso, el desafío que enfrentan los partidos es mucho mas profundo. Eso tiene que ver con redefinir la democracia representativa que tenemos, redefinir su relación con la ciudadanía en los tiempos de la digitalización que vivimos, y por sobre todo, salir del aislamiento en el que se autorecluyeron. Chile necesita partidos políticos valientes y dispuestos a evolucionar, y no cobardes que se aferran a cuotas de poder.

Contenido constitucional

«Necesitamos otro sistema de gobierno, nuestro presidencialismo extremo más parece una monarquía electa; necesitamos un proceso de descentralización real. Más allá incluso de las actuales regiones, los ciudadanos demandan que las decisiones importantes estén lo más cerca posible de ellos», dice En La Fontana.

-¿Qué propone como contenido constitucional?

-Chile necesita una constitución profundamente humanista, que le devuelva la dignidad al ser humano de ser el centro de la acción del Estado. Antes que los dogmas ideológicos o económicos está el ser humano y su dignidad, y eso debe ser un punto central de nuestro nuevo pacto político y social. Ese carácter humanista no significa que deba ser antropocéntrica, y entender el medio ambiente solo como un recurso a disposición de la humanidad, necesitamos una constitución que proteja nuestra naturaleza por si misma, y se juegue por la sustentabilidad de nuestro modelo de desarrollo. La nueva constitución debe devolverle al Estado un rol en la sociedad, no podemos seguir adelante con un Estado que es espectador de la realidad social y económica del país… debemos pasar de un Estado que “atiende” a sus ciudadanos a uno que los “defienda”.

-¿El rol del estado se redefine completamente?

-Necesitamos una Constitución comprometida con la igualdad de género desde sus principios. Y, finalmente, debemos redistribuir el ejercicio del poder y la toma de decisiones… Necesitamos otro sistema de gobierno, nuestro presidencialismo extremo más parece una monarquía electa; necesitamos un proceso de descentralización real. Más allá incluso de las actuales regiones, los ciudadanos demandan que las decisiones importantes estén lo más cerca posible de ellos. Debemos, por tanto, horizontalizar nuestra democracia y reformar profundamente los gobiernos locales y su relación con la comunidad y el poder central.

-¿Hoja en blanco o se rescata cosas de la actual constitución?

-Solo alguien sin imaginación le puede tener miedo a una hoja en blanco. Creo que podemos y debemos ser capaces de construir una constitución pensando en las próximas cuatro décadas y no en las que ya pasaron,. Eso significa una renovación total de nuestra institucionalidad, lo que no significa que no se pueda rescatar aspectos positivos de nuestras anteriores cartas fundamentales.

-¿La regla de los 2/3 garantiza que sea una constitución que de verdad sea «La casa común de tod@s» y no de un solo sector?

-Los 2/3 nos obligan a buscar consensos amplios, a establecer normas que den garantías a todos y permite que lo aprobado en la próxima convención tenga legitimidad y estabilidad en el tiempo.

-¿Cómo una nueva constitución recoge valores y principios que no choquen con las minorías?

-El respeto irrestricto de los Derechos Humanos es un mínimo esencial que cualquier constitución debe cumplir. En ese sentido, debe garantizar el respeto de las minorías y sus derechos. Algunos creen que el resultado del domingo significa que quienes piensan distinto, quienes querían mantener la actual constitución deben ser “aplastados”, que debemos “cobrar las cuentas pendientes”. No veo el proceso constituyente como una revancha… lo siento como una oportunidad de construir un país en que la justicia y la dignidad sean más importantes que la competencia, y en que la comunidad sea, al menos, igual de importante que el individuo… y eso significa incluir, no excluir; convocar, no discriminar.

-¿La tesis de la asamblea constituyente que echaría abajo al actual congreso, como pide Marco Enríquez-Ominami (MEO), la comparte?

-No, esa es la caricatura que la derecha hizo por años del proceso constituyente. Es la fuente del miedo a la convención o asamblea. Y, en ese contexto, MEO parece estar siguiendo un guion escrito desde la UDI o el Partido Republicano.

Desde el punto de vista jurídico no tiene ningún sustento, pero más importante que eso, es una irresponsabilidad política que solo es funcional al discurso del miedo que la derecha ha usado y seguirá usando. La reforma constitucional que permitió el plebiscito y la próxima Convención Constitucional es muy clara, y no admite la interpretación voluntarista del exsocialista. Me quedo con la sabiduría de los chilenos, que saben que este es un proceso importante e histórico, y no están dispuestos a arriesgarlo para darse gustitos ideológicos.//ELF

Publicado en: Entrevista, Notas, Politica Etiquetado como: Convención Constituyente, David Pellizzari Ossa, DC, delegado constituyente, Entrevista

La Matrix del Oasis

octubre 31, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

“Chile es un oasis en Latinoamérica”… Esas fueron las palabras de Sebastián Piñera, entonces Presidente de nuestro país, a finales de Septiembre de 2019, hace poco mas de un año. Unos pocos días mas tarde, el país fue testigo de uno de los estallidos sociales mas importantes de nuestra historia, con millones de chilenos en las calles a lo largo y ancho del territorio nacional exigiendo algo tan elemental como dignidad…

El ex presidente (hoy solo se administra el gobierno hasta el término del mandato formal), pretendía comparar a nuestro país con su vecindario, contrastando su “estabilidad” y “éxito económico”, con el resto de américa, sumida en crisis económicas y sociales… éramos, según esta visión, un oasis de tranquilidad y estabilidad en un árido desierto de caos y pobreza.

Los números hablaban por sí solos, mejor ingreso per capita que nuestros vecinos, mayor producto interno bruto, una economía “sana”, con importantes y muy “valiosos” equilibrios macroeconómicos… en resumen, un ejemplo para el continente… un verdadero oasis.

Y, sin embargo, el país estalló.

Los números demostraron ser solo eso, números, fríos y lejanos de la realidad que enfrentan día a día los chilenos, la elite política y económica se autoconvenció de que éramos exitosos y se encerró en una burbuja, se dejó llevar por la autocomplacencia y se durmió, cayó en un sueño profundo e indolente mientras los chilenos normales debían sufrir horribles pesadillas, agobiados por bajos sueldos e inestabilidad laboral, la triste certeza de que le espera una vejez frágil y pobre debido a pensiones de miseria, una educación deficiente y costosa que los obliga a endeudarse para obtenerla, una salud que condena a quienes no tienen recursos a la enfermedad e incluso a la muerte, y finalmente la sensación, muy justificada, de sentirse desamparado frente a los abusos, que las empresas de servicios, el comercio, las financieras y u largo etcétera, abusan impunemente de los ciudadanos, mientras el Estado es un espectador pasivo que se limita a “atender” a los chilenos, como si fuera un mesón de atención al cliente de alguna Isapre… y reniega de su función básica y natural de “defenderlos”.

Chile no fue el que despertó en octubre de 2019… su elite si. El Oasis en el que creían vivir resultó ser solo un espejismo que decidieron aceptar como una realidad, para no hacer frente a su responsabilidad en las desigualdades que sufría el resto del país. La revolución de la dignidad despertó a los que no querían ver la realidad, porque el resto de los chilenos estamos despiertos hace mucho tiempo.

El oasis no era otra cosa que una suerte de realidad virtual, una “matrix” de libertad y desarrollo, cuyo sustento ideológico descansaba en una Constitución creada al efecto. Esa Carta Fundamental lejos de ser un pacto político y social, era la imposición de una dictadura, y un acto refundacional que buscaba instaurar un nuevo modelo de Estado y sociedad, uno confesional y militante del dogma del neoliberalismo.

Expuesto el engaño de la matrix, borrado el espejismo del oasis, los chilenos por fin hacen ver al mundo la realidad que sufrían, y, consecuentemente con eso, han sido capaces de terminar con la fuente formal de esas proyecciones irreales… la Constitución de 1980. En un acto de madurez y valentía, Chile ha decidido tener una nueva constitución, no reformar una existente, sino refundar nuestra institucionalidad, pero ahora en plena democracia, y con participación de la sociedad en su conjunto.

Los chilenos han hablado fuerte y claro, y han desafiado al sistema político a estar a la altura de la historia; quieren ser protagonistas del cambio; quieren que las decisiones importantes no se tomen a siderales distancias sociales, económicas y hasta físicas de ellos. Exigen ser parte de un nuevo pacto y solo espectadores de los acuerdos a los que lleguen los de siempre, y si el sistema político no entiende la profundidad de ese mensaje, simplemente será superado por la realidad y la historia.

Los que prefieren seguir viviendo en la matrix, los que creen que Sebastián Piñera sigue siendo Presidente, los que no despertaron con el estallido social, los que no despertaron con la crisis social provocada por la pandemia que enfrentamos, los que creen que el plebiscito destruirá el oasis en que viven… siempre serán bienvenidos a construir una nueva realidad a partir de los sueños y esperanzas, porque el nuevo Chile debe incluir y nunca excluir, y en el nuevo pacto social y político que construiremos, pueden y deben caber todos.//ELF

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La teoría del todo

octubre 15, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Ad portas de vivir un proceso constituyente, como no hay registros en nuestra historia republicana, resulta pertinente preguntarnos, qué esperamos de una nueva Constitución, qué expectativas tenemos puestas en ella, qué necesitamos que esta regule.

En este contexto, y en concordancia con nuestra surrealista pretensión de que la Ley, o la Constitución, puede y debe resolverlo todo, se acumulan a diario definiciones, temáticas, instituciones y un interminable listado de Derechos individuales y colectivos que, en opinión de algún personaje político, o grupo de interés, debe estar en la nueva carta Magna que construiremos en los próximos años.

Si bien es cierto, la neutralidad constitucional no existe mas allá de las discusiones académicas, la experiencia de las democracias estables demuestra que las Cartas Fundamentales mas exitosas son aquellas que fijan un marco institucional y valórico para el desarrollo de las corrientes políticas que inspiren sucesivos gobiernos que no necesiten refundar todo en cada elección, evitando así casarse con definiciones pétreas que traben el debate político y lo constitucionalicen innecesariamente.

La formalmente vigente Constitución de 1980 está en las antípodas de ese ideal, pues es un texto profundamente militante, y confesional, estrictamente apegado al dogma del credo neoliberal impuesto por la dictadura cívico militar y, además, fiel a la tradición nacional, intenta abordar la mayor cantidad de materias posible; regula las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, Organos autónomos y hasta el sistema electoral, en un coherente intento de consagrar en un texto constitucional, la refundación del país que impulsó el régimen dictatorial.

La reacción, casi natural, a esta realidad, es intentar construir una constitución que sea un opuesto completo a la actual, es decir, una Constitución también militante, pero de una ideología que sea un verdadero negativo de la actualmente impuesta, y que, consecuentemente, incorpore la mayor cantidad de materias posibles a objeto de refundar las bases de la institucionalidad completa y grabar a fuego un modelo de desarrollo específico… un error a mi juicio.

Chile lleva décadas entrampado en una eterna discusión constitucional que, crisis social mediante, desemboca finalmente en un proceso constituyente y, al margen del obvio cuestionamiento a la legitimidad de origen de la actual constitución, el debate político en nuestro país ha estado constitucionalizado precisamente porque nos rige, al menos en el papel ahora, una carta fundamental que intenta resolverlo todo y francamente no parece razonable que se cometa el mismo error para perpetuar la discusión constitucional por otras 4 décadas mas.

La tentación de querer regular y resolver todo en la Constitución es atractiva, permitiría aceptar las peticiones de un sinnúmero de grupos organizados, o no, que desean incluir sus definiciones en la Carta Fundamental, así, animalistas, ecologistas, agrupaciones de diversidad sexual, organizaciones civiles de múltiples áreas, además por cierto de los actores políticos tradicionales, esperan incluir en la nueva Constitución un interminable listado de definiciones y regular casi todo el ámbito de desarrollo humano y medioambiental, y considerando que nuestra política se ha limitado los últimos años a ser una especie de vocera de la calle, parece probable que se termine cediendo a esas presiones (legítimas por cierto), y acabemos con una Constitución llena de declaraciones de principios, Derechos consagrados y, en definitiva, un texto aspiracional y que terminará siendo la semilla de nuevas divisiones e inestabilidades institucionales.

¿Qué hacer entonces?

La opción alternativa es pensar en una Constitución que regule los aspectos esenciales de nuestra institucionalidad, nuestro sistema de gobierno y la organización del Estado, pero que no abarque mas allá de lo estrictamente indispensable, que no se case con un sistema o modelo económico en particular, que no intente agotar todas las discusiones y fijar por décadas un modelo determinado de desarrollo, sino que sea un marco institucional moderno y flexible que deje espacio para el desarrollo del proceso político natural de una democracia, que enriquezca esa democracia y la fortalezca, no con normas innumatables, sino con principios generales e inspiradores.

Chile necesita oxigenar su sistema político, y para ello debemos ser capaces de construir una estructura institucional acorde al siglo XXI y los desafíos de la democracia moderna, y para ello debemos evitar cometer los mismos errores del pasado y abandonar las falsas tradiciones que nos tienen atrapados en la teoría del todo… del todo o nada.//ELF

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Brujas, locas y tóxicas

septiembre 25, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Brujas, porque piensan y actúan por si mismas sin esperar la aprobación de nadie, por no aceptar ser agredidas o menospreciadas; por ser capaces de leer a los hombres como un libro abierto sin esfuerzo, porque se conectan con sus emociones. Locas, porque la racionalidad no está en sus quehaceres diarios, porque viven su sexualidad con libertad sin los prejuicios que la sociedad marca, porque no callan lo que sienten, porque son valientes y no se esconden en mascaras falsas de agresividad, porque no necesitan un hombre a su lado para completar la felicidad. Tóxicas, porque en el compromiso exigen reciprocidad, porque se defienden con todas sus armas sin importar el qué dirán, porque no temen a mostrarse fuertes y débiles, por actuar de acuerdo a su convicción, por explotar, por reír, por llorar….. Se les llaman brujas, locas y tóxicas, porque no son las mujeres que a los hombres les acomoda que sean, son ellas sacadas del vientre de sus madres y criadas salvajes, sin reglas para servir y conceder, son sólo ellas.

Desde hace siglos, las mujeres han sido moldeadas por una cultura patriarcal que delimita sus características, sus funciones sociales, sus límites conductuales, hasta sus gustos, de acuerdo a la conveniencia de los hombres, su mirada del mundo y los roles de los géneros. Quienes no se someten a esas reglas implícitas (y también bastante explícitas), han sido perseguidas, acusadas de brujas y quemadas en la hoguera, desacreditadas, condenadas por la historia como prostitutas, crueles o simplemente tildadas de locas, de tóxicas, en un modo brutal de mantener el modelo patriarcal a toda costa.

Nuestra cultura judeocristiana no es la excepción, ya desde el génesis del antiguo testamento y la supuesta culpabilidad de Eva en la expulsión de la primera pareja del edén, el rol de las mujeres en general en la Biblia y particularmente en la vida de Jesús, nos muestran una mirada profundamente machista y hasta misógina, que destila pavor… Sí, un profundo terror a lo que las mujeres pueden ser y hacer, si no son “debidamente controladas”. María de Magdala es tradicionalmente identificada con una prostituta a la que Cristo salva de ser lapidada por sus pecados, sin embargo, en ninguna parte de los evangelios se le identifica como tal… Por qué entonces es desacreditada así por la tradición cristiana?

Quizás la respuesta la podemos encontrar en los llamados “evangelios Apócrifos” un conjunto de escritos de muy antigua data que contienen evangelios no incluidos en la compilación que hoy conocemos como “la Biblia”, uno de los cuales es de autoría de María de Magdala, en el que nos muestra una versión muy distinta de la tradicionalmente aceptada de las enseñanzas de Cristo, tal vez demasiado distintas para el patriarcado dominante, tal vez peligrosamente diferentes, lo suficiente como para tergiversar la historia y los propios evangelios para restar credibilidad a su autora. El patriarcado continúa hasta hoy en una Iglesia en que las mujeres tienen un rol evidentemente secundario y una Religión que las define por su “rol natural” más que por su humanidad.

En nuestro país y nuestra historia los ejemplos de invisibilización de la mujer y su rol son muchísimos, quizás si uno poco usual es el de Catalina de los Ríos y Lisperguer… “La Quintrala”, a quien la historia oficial (influenciada mayormente por Vicuña Mackenna) ha definido como una mujer cruel, déspota, y a quién se le atribuye el uso de artes oscuras para conseguir sus objetivos, sin embargo, mas allá de la imaginería y los prejuicios, lo único documentado sobre ella es que era una mujer inusualmente independiente para su época, administraba sus bienes sin necesidad de un hombre a su lado, era decidida y ejercía la disciplina en sus tierras de un modo similar al que usaba cualquier terrateniente de su tiempo, en otras palabras, si Catalina hubiera sido hombre, no habría llamado la atención de nadie, ni se le hubiera creado tal leyenda negra, pero era mujer… y por tanto, la historia la marcó como bruja.

En la vida de hoy, las brujas son las mujeres que a ti como hombre te descubren, te educan, te hacen “Macabeo” y al mismo tiempo se desliga de ti porque no te necesita, más bien tú comienzas a necesitar de ella; La loca es aquella que simplemente no se comporta como tú necesitas que se comporte, que no te debe obediencia, que no se dedica a servirte ni a ti ni a tu casa porque ella tiene derecho a amarse primero. Y la tóxica es aquella que te molesta con sus “venenos” (que no es otra cosa que hablar con claridad y desnudar tus falencias como hombre), que ironiza con tu rol de protector, que te llama la atención por tu prédica y nula práctica, que te exige en todos los modos que la respetes como un igual, no se dejan manipular o abusar por sus parejas hombres, son las que usan su “aterradora” intuición.

El lenguaje construye realidad dice Maturana, y en ese entendido, muchos hombres carentes de la madurez y la seguridad mínimas para ser considerados adultos, se llenan la boca con estos epítetos, y otros como “feminazis”, construyendo un patético eco de burlas socarronas y vacías que intenta sostener un mundo que se cae a pedazos, creyendo que este lenguaje será suficiente para mantener el patriarcado vigente… pero no será así, ya no, la próxima vez que una mujer sea calificada de bruja, loca o tóxica, debe saber que ese insulto es un aterrado y desesperado intento de amedrentamiento, es muestra de los estertores de un modelo moribundo…

Pero, afortunadamente las mujeres ya saben eso, y saben también que muchos otros hombres endulzan su discurso con un lenguaje inclusivo, solo para conseguir que los cambios sean lo suficientemente graduales como para que demoren varias generaciones mas… ellas no necesitan que estas lineas las defiendan o reivindiquen, pero era de mínima justicia decirlo.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa, Mujeres

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