• Saltar al contenido principal
  • Skip to secondary navigation

En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

  • Noticias
  • Política
    • Congreso
    • Ejecutivo
    • Municipio
    • Otros
  • Entrevistas
  • Opinión
    • Editorial
    • Columnas
  • Clipping Noticioso
  • Archivos con Historia
  • En La Fontana TV
  • Quienes Somos
  • Noticias
  • Política
    • Congreso
    • Ejecutivo
    • Municipio
    • Otros
  • Entrevistas
  • Opinión
    • Editorial
    • Columnas
  • Clipping Noticioso
  • Archivos con Historia
  • En La Fontana TV
  • Quienes Somos

Columnas

El precio de la incapacidad de gobernar

julio 20, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Reinaldo Sapag

Presidente de la Corporación Cardenal del Pueblo

Cuando recién se empezó a discutir la posibilidad de que un 10% del ahorro previsional se pudiese retirar de las AFP, me pareció una mala idea.

Había que pensar en el futuro sobre la base de la lógica que se nos enseñaba en la Escuela de Economía de la Universidad de Chile: Ahorro presente para el bienestar futuro.

Sin embargo, a medida que fueron pasando los días y al constatar los estragos que la pandemia ha generado en la clase media y en los estratos más vulnerables de la población, ha quedado claramente de manifiesto la incapacidad política del gobierno de liderar con eficacia su deber de gobernar, he cambiado de opinión. Tal como se han dado los hechos de angustia y terrible necesidad de millones de chilenos se cumplen a cabalidad las enseñanzas del querido y recordado Cardenal Silva cuando nos predicaba que «los pobres no pueden esperar».

El gobierno no fue capaz de generar condiciones humanas y sociales de resolver con eficacia y en la oportunidad requerida el drama de los más pobres. Era más importante mantener el dogmatismo de un modelo de pensiones fracasado que la miseria en que se debaten tantos chilenos desamparados. Si, efectivamente, como nos enseñaba el Cardenal Silva, los pobres no pueden esperar.

Cuando en un hogar se producen situaciones de emergencia, toda la familia se une solidariamente y utiliza todos los recursos a que pueda echar mano para enfrentar la emergencia . No hacerlo significa traicionar y dar la espalda a quien está sufriendo las consecuencias de una desgracia.

Es seguro que los más ricos y que los propios parlamentarios no retiren sus recursos ahorrados. Ellos no están pasando hambre ni frío y el bienestar que han logrado se debe precisamente por el esfuerzo de aquellos que hoy sufren una situación que hiere el alma.

Los chilenos más pobres destinarán esos recursos ahorrados a aminorar los efectos catastróficos de una pandemia que a la clase política no los perjudica. Cuando destinen esos recursos a la adquisición de bienes necesarios para vivir, le estarán al mismo tiempo pagando al Estado el 19% de esos recursos por concepto de IVA, el que en parte se usará en pagar los altos sueldos de la clase política quienes han demostrado que han sido incapaces de encontrar y liderar una solución a un drama humano imposible de soslayar..

El desprestigio de la clase gobernante es una consecuencia de que tanto el ejecutivo como el parlamento han demostrado su ineficacia y su absoluta falta de capacidad para compenetrarse con las necesidades de un pueblo que requiere líderes capaces de interpretar al alma nacional.

El dilema de aprobar o rechazar el 10% por parte del Senado, con la amenaza de un nuevo estallido social, no es un chantaje. El caos, el vandalismo, los saqueos, el pillaje y la destrucción será el precio que pagaremos todos los chilenos como consecuencia de haber elegido un gobierno que ha demostrado su incapacidad de gobernar y sin solucionar el problema que aqueja hoy a los más pobres y desamparados

Tanto por razones morales, éticas, como también políticas y de solidaridad humana los senadores tienen en sus manos el poder mitigar las necesidades impostergables de miles de chilenos. Dios quiera que ellos no sucumban ante el dogmatismo de intentar mantener un sistema fracasado y así no seguir privilegiando a los más ricos.

Superada la crisis ya encontraremos mecanismos justos y razonables para que preocupándonos de los más necesitados seamos capaces de generar un sistema de pensiones que permita a los chilenos mirar el futuro con fe y optimismo.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Reinaldo Sapag

¿De quién es el agua de Maipú?

julio 2, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Hace solo unos días, muchos se alegraron al leer o escuchar que SMAPA, la empresa sanitaria que provee de agua potable a la comuna de Maipú y otras cercanas, anunciaba que se congelarían sus tarifas por cinco años.

Si bien resulta difícil estar en contra de una medida que, al menos en teoría, beneficia directamente a miles de vecinos, no podemos evitar preguntarnos cuáles serán las consecuencias a mediano y largo plazo de esta decisión, y a quién beneficiará y afectará en definitiva.

SMAPA es una empresa municipal, y mas allá de sus orígenes y particularidades legales, en términos prácticos, es de los vecinos de Maipú, o al menos así debiera ser.

Entonces, ¿quién pierde si esa empresa resulta ser inviable en su actual estructura o condición legal?

El año 2019 la Contraloría General de la República emitió un lapidario informe acerca de la administración financiera de SMAPA que terminó incluso con una denuncia al Ministerio Público que aún no arroja resultados definitivos. El mismo año recién pasado fueron múltiples los problemas de gestión de la empresa que afectaron incluso la atención de sus clientes, y en ese contexto, no fueron pocas las voces que hablaron de una venta o eventual privatización de la sanitaria municipal.

SMAPA no ha realizado las inversiones necesarias para garantizar su operación eficiente en los próximos años, su facturación y el cobro de las cuentas tiene un desorden administrativo que escapa de lo que se pudiera calificar de negligencia y mas parece producto de una decisión consciente, sus funcionarios no tienen las condiciones mínimas para desarrollar adecuadamente su labor, y sus clientes están empezando a notar estos problemas a diario.

Resulta, por decirlo menos curioso, que con esos antecedentes, se considere apropiado o prudente que las tarifas se congelen por un periodo no menor de tiempo, y, por tanto, cabe preguntarse, con qué recursos se harán las inversiones largamente postergadas o cómo se cubrirán los déficit financieros por el desorden en la facturación y cobranza. A menos claro, que la idea sea precisamente que la empresa toque fondo y llegue a un estado tal en que sea inviable mantenerla en su condición de municipal, y surja como gran solución: su venta.

¿Es posible que una empresa pública sea deficitaria?

la respuesta es claramente afirmativa, en todo el mundo podemos encontrar servicios públicos que operan con pérdidas, transporte público y sanitarias suelen ser los ejemplos paradigmáticos, pero en la mayoría de esos ejemplos existe una decisión política, una definición de Estado, que implica asumir que, en aras de brindar un servicio de calidad y de carácter universal a los ciudadanos, bien vale la pena mantener una empresa de carácter público aunque no sea capaz siquiera de cubrir sus costos de operación.

Pero, en nuestro país no existe ese modelo de Estado, ni política ni institucionalmente es posible sostener esa estrategia, por lo que una empresa pública que no sea económicamente viable, tiene un futuro muy claro; la privatización y la pregunta es ¿quieren los vecinos de Maipú y las otras comunas abastecidas por SMAPA que ésta sea privada?

*Esta columna apreció en LaVozdeMaipú.cl y En La Fontana la republicamos con autorización del autor. 

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: aguas, columna, Columnas, Columnista, David Pellizzari Ossa, Maipú, SMAPA

La buena idea de devolver parte del fondo de pensiones a sus propietarios

junio 30, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Manuel Riesco

Economista de Cenda

Autorizar el retiro de ahorros AFP es una buena idea. Merma el abusivo e irracional ahorro forzoso y abre paso a acabarlo, lo que sucederá pronto. Ello permitirá duplicar las pensiones actuales y reducir considerablemente el déficit fiscal, con beneficio para la economía y los empresarios. Esta buena idea ha tenido una amplia acogida, también en políticos de derecha personificados por el H.D. Don Mario Desbordes, quien nuevamente asume responsablemente la imperiosa necesidad de superar la crisis política nacional.

El fondo de ahorro forzoso AFP es el abuso. Es una inmensa masa de instrumentos financieros diseñada para crecer indefinidamente, desde luego a través de oscilaciones sucesivas, a veces violentas como sucede en estos días. Ha sido acumulado a lo largo de cuatro décadas de recortes forzosos a los salarios de millones de trabajadores y trabajadoras, escamoteados a sus padres y abuelas a quienes estaban destinados y podrían haber asegurado pensiones dignas. Los únicos beneficiarios de este fondo son sus gestores y un reducido grupo de grandes empresarios que se han apropiado del dinero allí registrado. Principalmente, cuatro conocidos grupos nacionales que controlan el negocio de seguros relacionados, quienes se han embolsado la mayor parte del dinero. Sus propietarios están ligados estrechamente al Presidente de la República.

Autorizar el retiro significa que los magnates que se lo han apropiado, lo devuelven en parte a sus propietarios, que harto lo necesitan en las actuales circunstancias. Muy buena idea.

El fondo mal llamado «de pensiones» bien poco tiene que ver con éstas. Desde luego no financia pensiones, sino inversiones empresariales y cobros de sus gestores. El más grueso de estos últimos son las primas netas de las compañías de compañías de seguros, con las cuales se subcontrata el pago de la mayor parte de las pensiones y para lo cual se les transfieren mensualmente el equivalente a cerca de la mitad de las cotizaciones.

El fisco financia tres cuartas partes de las pensiones que se pagan en Chile. Incluidas una mitad que paga directamente y 1/3 de la otra mitad que pagan las AFP. El fisco destina a ello un quinto de su presupuesto, el que financia con deuda e impuestos corrientes, principalmente el IVA. Las AFP financian el cuarto restante del gasto nacional en pensiones, con el equivalente a 1/3 de las cotizaciones corrientes. Es decir, el gasto nacional en pensiones lo financian principalmente los trabajadores con pago de IVA y parte de las cotizaciones corrientes.

El fondo de pensiones en los hechos no interviene en el pago de pensiones, excepto para calcular el modesto aporte “autofinanciado” por las AFP, cuyo monto promedio no alcanza a un quinto de las remuneraciones imponibles. Se trata de un método pésimo, porque hace depender el monto de las pensiones del fondo acumulado al momento de jubilar, calculado con los rendimientos de los mercados financieros internacionales, los que varían constantemente. Para este cálculo no se necesita tener el fondo. Bastaría con llevar la cuenta de las cotizaciones efectuadas a lo largo de la vida, como hacen las denominadas “cuentas nacionales”, a las que se asigna una tasa de interés fija. Usadas de modo exclusivo, sin embargo, estas últimas tienen el grave inconveniente que desincentivan el cotizar en los últimos años cuando los sueldos son mayores.

Pero calcular las pensiones exclusivamente en base a un fondo acumulado al jubilar, como sea que se calcule su valor, termina siendo un método inaceptable, puesto que fija su monto en UF al momento de jubilar y no las reajusta según los salarios, por lo cual su tasa de reemplazo, que actualmente es poco más de un cuarto de las remuneraciones imponibles, disminuye año a año al subir éstos, tal como ocurre en la actualidad en Chile.

Sea como fuere, para calcular de esta forma las pensiones, no se necesita acumular un fondo que hoy alcanza a 80 por ciento del PIB y equivale a veinte años de cotizaciones diez veces más de lo que mantienen las reservas técnicas de los sistemas de seguridad social para solventarse en períodos de recesión.

Mantener un fondo de ahorro forzoso de esta magnitud no sirve a los pensionados, sólo beneficia a los empresarios que lo usan para financiar sus inversiones. Devolverlo en parte a sus propietarios es una muy buena idea.

En tiempos difíciles se recurre a los ahorros, para eso son. Chile, en cambio, mantiene la irracionalidad de continuar «ahorrando» forzosamente US$10.000 millones anuales de cotizaciones. Este dinero debe y puede financiar buenas pensiones hoy, aliviando de paso al fisco los enormes subsidios en dinero que hoy aporta al sistema AFP.

Para ello es necesario derogar el DL 3.500, como propone el proyecto de cinco senadoras y senadores, acabar el ahorro forzoso y recuperar el Estado la gestión de la seguridad social, incluido el esquema de rentas vitalicias. Ello permite duplicar las pensiones actuales, y además mejorar las cuentas fiscales en el equivalente a 1/5 del presupuesto, disminuyendo el endeudamiento y mejorando la calificación de riesgo país. Por este preciso motivo lo suspendieron o acabaron en Europa. Muy buena idea.

Una verdadera jauría de economistas de los sectores políticos más insospechados, han reaccionado en contra de la propuesta cuál fieles escuderos del ahorro forzoso. Muy mala idea. Auguran catástrofes de todo tipo si se retiran los fondos, pero no dicen que éstas no ocurrieron en los países que recientemente suspendieron o acabaron con el ahorro forzoso, tras la crisis del año 2008. Allí sucedió lo contrario. Mejoraron las pensiones. También la calificación de riesgo al reducir el déficit y endeudamiento fiscal. Ello benefició a todos los empresarios porque mejoró las condiciones crediticias.

Resulta alentador que el sistema político chileno haya venido despertando a la demanda de acabar con el ahorro forzoso. Hace algunos meses, casi la mitad de la cámara rechazó legislar un proyecto gubernamental que lo aumentaba, y solo la defección de un puñado de opositores permitió que continuara su trámite, hasta ahora empantanado en el Senado. Se han presentado una variedad de proyectos de reforma. El más significativo es el antes mencionado que deroga el DL 3.500, presentado por cinco senadoras y senadores, que recibió el respaldo de 47 diputadas y diputados.

Ahora, la buena idea de retirar los fondos ha recibido una acogida amplia que augura la posibilidad de aprobarse. El poder judicial está avanzando paralelamente en la materia, al acoger demandas de afiliadas que quieren retirar sus fondos.

Es interesante el papel que está jugando al respecto el H.D. Don Mario Desbordes, Presidente de Renovación Nacional. Ha dado muestras de ser un político responsable, que asume la magnitud de la crisis política en curso y ha ayudado a abrir caminos para encauzarla democráticamente. Al parecer, comprende que acabar con el abusivo e irracional ahorro forzoso ayudará a superarla. Ahora se ha manifestado a favor de devolver parte de los fondos. No sería primera vez que gobiernos y partidos de derecha acaban con el ahorro forzoso. Así sucedió en varios países de Europa que lo acabaron recientemente. Bienvenidos si lo hacen ellos o ayudan a hacerlo. Ojalá que la centro izquierda que lo implementó allí y lo ha mantenido y agravado en Chile, espabile en esta ocasión.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Coronavirus, economista, Manuel Riesco, No más AFP, retiro de fondos

A propósito de los dichos del Presidente Piñera e inadmisibilidad de proyectos de ley

junio 23, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC

El Presidente de la República una vez más, dando cuenta de la incontinencia verbal que le caracteriza, sale a la palestra nuevamente, esta vez para denunciar a los parlamentarios que presentan proyectos de ley inconstitucionales invadiendo la esfera de competencia privativa del Ejecutivo, trayendo a colación conceptos jurídicos respecto del estado de derecho ( sobre el cual hay un amplio consenso a lo largo de nuestra historia republicana), y como colofón, señala que en los próximos días convocará a una serie de personajes, probablemente de su círculo social, con el objeto de perfeccionar los procedimientos en virtud del cual el Congreso determina la admisibilidad o inadmisibilidad de las mociones de diputados o senadores.

Es decir, el Presidente y su círculo de asesores detecta un problema, con las mociones supuestamente inadmisibles por inconstitucionales, y de ahí deriva que tiene con el Congreso un problema de naturaleza jurídica y eso explica la conformación de un grupo de abogados para resolver el problema. Si hay una materia que está ampliamente regulada en nuestro ordenamiento es precisamente ésta, como que hay normas al respecto en la Constitución, en la Lay Orgánica del Congreso y en los Reglamentos de las respectivas Corporaciones; y además por vicios en la tramitación de las leyes puede recurrir en ultima instancia al Tribunal Constitucional (instancia de singular simpatía para un gobierno de derecha).

Se equivoca una vez más el Presidente. El problema que tiene con el Congreso, a propósito de estas mociones supuestamente inadmisibles, es de naturaleza política y no jurídica, como lo plantea en su intervención.
¿Se ha preguntado el Presidente y sus asesores por qué en este escenario de crisis han proliferado distintas mociones parlamentarias, algunas de las cuales pudieran ser discutibles desde el punto de vista de quién tiene la iniciativa de ley? Esta es la pregunta que debería responderse y no presumir equivocadamente que de un tiempo a esta parte los parlamentarios se olvidaron que existe una Constitución.

Esto sucedió porque los parlamentarios vinieron a llenar un vació que el Gobierno no vio o no quiso ver respecto de las necesidades de la gente mas vulnerable; el gobierno falló en el diagnostico de aquello que era necesario hacer y cuando los parlamentarios llenaron ese vacío no halló nada mejor respuesta que atrincherarse en cuestiones formales señalando que aquellos no tenían facultades para inmiscuirse en esas materias, en vez de que, de buena fe, lo hubiera visto como una oportunidad política para buscar los acuerdos que después, tardíamente, tuvo que aceptar, y no haberse enfrascado en una política del goteo que tuvo que abandonar por ineficiente, dándose cuenta, después de estos tropiezos, que el mejor camino posible, sobre todo en situación de crisis, es el dialogo, es la política en su mejor acepción.

Y lo más lamentable que esto ocurre, a poco mas de una semana de haberse firmado un Acuerdo para enfrentar la emergencia, por lo cual uno pudiera haber esperado que esa metodología virtuosa hubiera sido el inicio de una manera diferente de relacionarse del Gobierno con la oposición, dejando atrás la estrategia del “goteo” y del “pirquineo” que le podrán dar rédito en el corto plazo y en el área chica, pero que no sirven para una política de Estado sobre todo en la crítica situación que como país estamos viviendo.

Con grandeza, el Presidente de la República, en vez de convocar a sus amigos, debería instruir a sus Ministros de hacer Política, así con mayúscula, y sentarse a dialogar con los parlamentarios y sus mociones, y buscar los acuerdos para superar los problemas formales y dar una respuesta a las necesidades de la gente que es, en definitiva, lo único que importa. Los parlamentarios saben de razones pero para ello el gobierno tiene que hacer su trabajo. Esto requiere generosidad, buena fe, sentido de estado, y por supuesto, gestión política.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Bancada DC, columna, Columnas, Columnista, combate del coronavirus, Comentario, congresista, Coronavirus, Francisco Huenchumilla, legislador, Opinión, parlamentario, Senador

Chile, del neoliberalismo a la realidad del tercermundismo

junio 18, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Paul Walder

Columnista de ElClarin.cl

Primero el estallido social, hoy la pandemia. Pero el verdadero drama de Chile se llama neoliberalismo, concentración de los ingresos, de la riqueza y del poder, corrupción de los representantes políticos. Si la rebelión popular de octubre, que se extendió durante meses en las calles y los territorios, ha sido la expresión de este mal económico, la pandemia, que escala día a día, no solo se ceba con el pueblo sino que reitera, reproduce y amplifica aquellos dolores. Junto a los millares de contagiados, los miles de muertos, la pandemia se extiende en el frío del invierno por las carencias de un pueblo doblemente abusado.

Chile, país modelo, Chile, ejemplo para la región, Chile, miembro de la OCDE, Chile, oasis en Latinoamérica. Aun podemos oír como un enfermizo susurro aquellas mentiras lanzadas al aire de forma perversa e irresponsable durante las últimas décadas. El país de la OCDE, que logró ingresar por la ventana a este club de los ricos con falseados indicadores económicos o por sus cifras útiles para inversionistas y especuladores, ha sido y es el vagón de cola de los desarrollados, que hoy también exhiben, por cierto, su lastre de subdesarrollo.

Los casos de Chile, y México, el otro colado en esta sociedad, son para llorar. El virus ha hecho colapsar la economía mexicana, con pérdidas hasta el momento de unos dos millones de empleos formales y caídas brutales en la actividad. Todo ello en una escena que no detiene la violencia habitual, sino la reproduce y fortalece junto a la tragedia de las migraciones. Un guión distópico y apocalíptico en progresión, sin dirección ni final aún imaginado.

Chile ha alterado cifras desde la dictadura en adelante. Lo hizo durante la transición por varias décadas, sacando lustre a las estadísticas útiles para los mercados y metiendo bajo la alfombra todo lo demás. Bien conocidas son las cifras de desigualdad o las falencias en educación y salud pública. Para qué hablar de medio ambiente o trato a los pueblos originarios, ni mencionar las violaciones a los derechos humanos en una democracia, o su simulación. El vagón de cola de la OCDE, así como el tren que viaja sin parar en un planeta congelado en la serie Snowpiercer de Netflix, adaptación del filme del coreano Bong Joon-hu, que ganó este año el Oscar por Parásitos. La simbología de esta serie es evidente en la verticalidad (linealidad en este caso) social y en la latente, y permanente, lucha de clases. Vagones, sociedades o países, es lo mismo.

El vagón de cola es la jaula fría y sucia de los pobres, excluidos y eventual mano de obra barata o esclavizada. Es parte del tren, sin capacidad de movilidad y decisión y podría dejar de serlo en cualquier momento. Como Chile, que tras la rebelión y en la pandemia se desprende de aquella población que ahora no es útil para el consumo y el mercado. El covid-19 ha dejado caer todo el decorado neoliberal para regresarnos al fantasmagórico Tercer Mundo, una denominación sin embargo real de la que aborrecen nuestras aspiracionales elites que soñaban con las puertas de occidente.

En estos días, para ser serios, Chile ha regresado al lugar donde tal vez nunca salió la mayoría de su población: la pobreza, la precariedad, el miedo al futuro y hoy también el hambre. Tercer Mundo, subdesarrollo, dependencia, atraso, desindustrialización, monoproducción, todos calificativos que la globalización neoliberal intentó borronear pero que hoy reaparecen porque nunca se habían ido.

No solo dependencia y pobreza es propio del subdesarrollo. En realidad, el verdadero tercermundismo es político y cultural. Es también, o principalmente, corrupción y una casta política solo volcada a defender sus propios intereses de clase. Lo que tenemos hoy, en este país supuestamente certificado como emergente por la OCDE, es algo no muy diferente a la clase y orden político de hace cien años o más. Una casta política apernada de forma vitalicia que legisla para el gran capital. Una ralea que ha reproducido los más impúdicos y obscenos niveles de desigualdad en todas las áreas de la vida pública y social. Santiago, Chile, un campo de golf rodeado de mediaguas.

Hay imágenes que quedan en la memoria. No solo la represión brutal de los últimos meses. Una bestialidad con decenas de jóvenes asesinados por las fuerzas de orden, millares de heridos y otros miles en las cárceles por protestar. La entrega de cajas con alimentos que ha hecho el gobierno quedará como una representación perfecta, de la visión de clase del gobierno y sus políticos sobre sus propiedades, territorio nombrado como nación. En esta performance pudimos observar la soberbia de unos sobre humillación de otros en la entrega de los alimentos a las familias vulnerables y carenciadas, que reciben los insumos de las manos de unos políticos con sonrisas para los flashes y cámaras. Pero hay algo aún peor, que es la utilización mezquina por parte de esta clase del hambre como campaña bien organizada de propaganda política. Es solo un detalle en otros cientos, pero reproduce una mirada sobre un país que no ha variado en más de un siglo. Cohecho, acarreo, compra de votos por una caja de alimentos. Es lo mismo.

La denominación de Tercer Mundo la acuñó a mediados del siglo pasado el economista francés Alfred Sauvy. Africa, Asia y América Latina, los condenados de la tierra, en medio de la guerra fría y los grandes bloques geopolíticos. Una estructura que olvidamos con la publicidad y el marketing neoliberal que hoy sin duda regresa. Tras el desmontaje de ese orden en medio de la pandemia y el colapso neoliberal, que representa en nuestras latitudes el retiro masivo de capitales y la caída de las exportaciones, entre otras alteraciones, regresamos a la desnudez, a los despojos históricos y a nuestras endémicas y enfermizas estructuras, económicas, de clase, culturales. Chile nunca superó su subdesarrollo cultural y social.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnas, Coronavirus, ElClarin.cl, globalización, neoliberalismo, ollas comunes, pobreza, tercermundismo

Nueva Ley de reforma al Sename nacerá muerta

mayo 22, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Lindemann

Profesor de Estado y camarada DC

Durante 24 años estuve comprometido con una ONG colaboradora del Sename, se de tema, se de lo graves atropellos, vejaciones, maltrato y perversidad del Estado en contra de los «beneficiarios, usuarios o clientes» del Sename, se del negocio empresarial y conseciones políticas de los niños como mercadería económica subvencional.

Se de la ceguera inexplicable y cómplice de los gobiernos, agentes públicos y medios de comunicación. Se de la impresionante ignorancia y silencios de políticos y humanistas pensantes sobre derechos infanto-juveniles.

Ahora, si hoy, se está terminando de cocinar y ornamental una ley que deja todo igual, solo más maquillado y presentable. A ese Frankinstein que se armó a pedazos y parches desde la dictadura, ahora entra con un nuevo traje a la medida de esta sociedad neoliberal; pero es el mismo monstruo.

Los niños, niñas y adolescentes seguirán siendo una mercadería de transacciones políticas, religiosas y de control social. Seguirán siendo la escoria a la que hay que tapar, ignorar y contener.

Lamentable, mientras no tengamos un gobierno y un parlamento que entienda lo que es humanismo integral y justicia social como un digno derecho vital no hay nada más que hacer por hoy.
Chile es y seguirá siendo una vergüenza mundial en políticas de infancia.

Espero, como algunos dicen, que luego de esta pandemia cambiarán los paradigmas sociales, en que las cuarentenas nos harán pensar en el carnaval de mentiras en que vivíamos, pueda nacer una nueva ley de infancia y adolescencia, pero nacida desde una concepción inclusiva, de una infancia que es considerada persona y ciudadana, en una responsabilidad y no una carga. //ELF

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Coronavirus, Jorge Lindemann, Sename

  • « Ir a la página anterior
  • Página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Página 38
  • Página 39
  • Página 40
  • Página 41
  • Ir a la página siguiente »

Copyright © 2026 · Author Pro on Genesis Framework · WordPress · Acceder

Enviar WhatsApp