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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Gobierno de mayoría

septiembre 25, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rodolfo Fortunatti

Sociólogo DC

El sello político de dicho gobierno no puede ser sino el de una alianza de centroizquierda. Como lo demuestra la experiencia de hace cincuenta años, la configuración de una mayoría para cambiar la estrategia de desarrollo y radicalizar la democracia, depende crucialmente de la voluntad de las fuerzas políticas de centroizquierda. Porque no vendrá de los sectores que instituyeron la Constitución del 80 y el Código de Aguas.

Más de la mitad del tiempo que dura el gobierno de Sebastián Piñera habrá transcurrido, como en su primera administración, en medio de la inestabilidad y de una débil gobernabilidad democrática, sumadas ambas a la baja popularidad del presidente y del gabinete de ministros.

La razón de fondo no ha de buscarse más allá de la presencia de una alianza política minoritaria y desarticulada, como la constituida por los partidos de derecha, y la reprimida acumulación de demandas y expectativas insatisfechas esperando ser atendidas y, en lo posible, saldadas. La razón está precisamente aquí: la derecha nacida al amparo de la Constitución del 80, no puede gobernar porque no sabe cómo hacerlo. Han debido acudir en auxilio del gobierno y del restablecimiento de su aplomo institucional, dirigentes de partidos de oposición, incluso abandonando su domicilio político, y a un alto precio que, probablemente, sus propios electores les cobrarán en los comicios que se avecinan. Esta debilidad la advierte Joaquín Lavín cuando señala que estará disponible para asumir la sucesión presidencial en una alianza de convivencia nacional que, sin embargo, es rehuida por su sector.

Realismo sin renuncia

Es cierto que también la popularidad del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet marcó un bajo rating, y que su conglomerado mostró signos de desafección y pérdida de cohesión. Pero ello fue posible porque desde que asumió y hasta que dejó el Palacio de Gobierno, operó un bloqueo a ratos conspirativo —como la invención del caso Caval, su inminente abdicación o su inhabilitante estado de salud―, contra el programa de reformas que comprometió en las primarias de 2013.

El obispo de la iglesia Católica Alejandro Goic calificó las primeras iniciativas de frenesí legislativo. Soportó estoicamente el fuego amigo, eufemismo con el que suele nombrarse a la oposición interna no declarada, pero persistente y desembozada. Contaba acaso tres meses de gobierno cuando los liberales la notificaron que la Nueva Mayoría no era en verdad una coalición, como lo había sido la ex Concertación, sino algo menor, un acuerdo programático con fecha de vencimiento. Desde luego, una inconsistencia la suya, pues ninguno de ellos deseó que la ex Concertación fuera la alianza que llegó a ser y, menos aún, que pudiera durar veinte años y ofrecerle al país dos presidentes democratacristianos y dos socialistas.

Se hicieron concertacionistas en la medida que moderaron su anticomunismo. Resiliente como es… ¡incluso a la adversidad que halló en sus propios ministros!, introdujo en el diseño gubernamental el ajuste conocido como de realismo sin renuncia que le permitió llegar hasta el final de su mandato presidencial. Es claro que no pudo responder, como hubiera querido, a la contenida demanda ciudadana, y prueba de ello es que casi al momento de entregar el gobierno, despachó al Congreso el proyecto de cambio constitucional.

Fin del principio de subsidiariedad política

¿Dónde radica entonces la diferencia entre la gobernabilidad de Bachelet y la de Piñera? En dos hechos íntimamente conectados y metodológicamente demostrables. El primero es que la centroizquierda que volvió a levantar la candidatura de Michelle Bachelet fue mayoría en las primarias de 2013; luego, en la primera vuelta de noviembre, y en la segunda vuelta de diciembre del mismo año. Ello se reflejó asimismo en la composición del Parlamento del año 2014. La centroizquierda también marcó su impronta en la integración del Congreso de 2018, no obstante haber cedido el paso a Piñera en la competencia presidencial. Todo lo cual remacha la condición minoritaria de la derecha. Hace no más de algunas horas la oposición reafirmó su adhesión a la institucionalidad jurídica del Estado, al respaldar lo obrado por el Contralor en el ejercicio de sus facultades fiscalizadoras sobre las actuaciones de funcionarios de Carabineros durante el Estallido Social, amparadas sin embargo por el Gobierno.

El segundo hecho que distingue al actual gobierno del que le precedió, es que las principales realizaciones por las que será recordado y pasará a la historia, pertenecen a la oposición. Son iniciativas de la oposición, amén de otras igualmente trascendentales, la reforma que permite poner término a la Constitución de 1980, y el retiro del diez por ciento de los fondos de las AFPs. Por cierto, serán simbólicamente diluidas en el almíbar de los llamados consensos transversales para bien de toda la población y de los que nadie debería restarse. Por el contrario, ¿quién podría negar que son reformas propias del programa de Bachelet el fin del sistema electoral binominal, la creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, el fin del lucro, la selección y el copago en educación, la Ley Ricarte Soto por la cual se pueden financiar enfermedades de alto costo, la gratuidad en la educación superior, la ley que fortalece el carácter público y democrático de los partidos políticos y facilita su modernización, la ley que despenaliza el aborto en tres causales, y la ley de nueva educación pública?

Pero esta práctica, donde las mayorías van en auxilio de las minorías cuando éstas no pueden gobernar, debe terminar. Este régimen de subsidiariedad política que se activa en circunstancias de ingobernabilidad e inestabilidad, debe acabar, precisamente porque eterniza la vulnerabilidad del sistema democrático.

30 años, 32 dictaduras y una barrera sin sentido

Las lecciones de los gobiernos de Bachelet y Piñera enseñan que el actual trance histórico, que no es la emergente crisis sanitaria, social, económica, ambiental y política, sino el orden que causa la vulnerabilidad del país ante éstas, y, especialmente, la exposición al riesgo de las clases medias y populares, solo puede ser sobrellevado por un gobierno de mayoría con un fuerte apoyo parlamentario.

El sello político de dicho gobierno no puede ser sino el de una alianza de centroizquierda. Como lo demuestra la experiencia de hace cincuenta años, la configuración de una mayoría para cambiar la estrategia de desarrollo y radicalizar la democracia, depende crucialmente de la voluntad de las fuerzas políticas de centroizquierda. Porque no vendrá de los sectores que instituyeron la Constitución del 80 y el Código de Aguas.

Si no hay unidad de esas fuerzas y, por consiguiente, si no hay acuerdo sobre un programa común, no será posible avanzar. Presionar las condiciones sin ser mayoría y a cualquier precio para tornarlas objetivamente favorables a la reforma, solo conduce a la ruptura y a la confrontación civil y política. Bachelet era consciente de la lasitud que afectaba a todo el arco político de su coalición, y, por eso, pasó a la fase del realismo sin renuncia, es decir, a priorizar las acciones de gobierno y a darles viabilidad financiera, técnica y política.

Pero aquel diseño culminó en la derrota de Alejandro Guillier, y quedó totalmente desechado en el Estallido Social de 2019, que puso de manifiesto la necesidad de mayor profundidad y celeridad de los cambios. Resulta evidente que frente a este nuevo estado de madurez del país, hay comportamientos políticos que han pasado a la vanguardia, mientras que otros han permanecido en un rezago apático. Está fuera de la coyuntura condicionar la formación de este conglomerado mayoritario a la adhesión o condena de los países con menor grado de desarrollo democrático.

Hay 32 dictaduras firmes en el mundo, con varias de las cuales Chile mantiene relaciones diplomáticas y comerciales. Dictaduras comunistas, como China y Vietnam, donde nuestros exportadores de frutas gustan de tomarse fotografías. Dictaduras como Egipto, Qatar y Arabia Saudí. Si se propusiera romper con ellas antes de arribar a un pacto, la barrera sería tan difícil de sortear como la Gran Muralla.

Tampoco daría frutos condicionar el nacimiento de un nuevo y amplio conglomerado, a la crítica de los treinta años de políticas públicas de la Concertación. En tal caso el esfuerzo unitario quedaría reducido al mínimo, porque nada puede construirse hacia el futuro, sino sobre los progresos pasados, conquistados bajo una democracia, tutelada, semi-soberana y subsidiaria de los partidos y representantes de derecha. Herencia política que defenderán democratacristianos, socialistas, radicales, pepedés, liberales, izquierda-cristianos, mapucistas y comunistas. No tiene mucho sentido esta credencial de coherencia.

Como no lo tiene negarse a un mecanismo de selección del o la candidata presidencial y de los contenidos programáticos de una propuesta. Lo que queda claro, como el agua que corrió el 2017, es que separados a primera vuelta es una derrota segura para la centroizquierda, y sobre todo, para la gente que ha sufrido y que anhela la paz. //ELF

*PD: Columna publicada en LaVozDeLosQueSobran.cl

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Rodolfo Fortunatti

Medio ambiente desprotegido: Arrogancia de especie

septiembre 11, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Nuestro Estado, nuestra Constitución, nuestra legislación en general, no protegen el medio ambiente, no protegen nuestro entorno, ni la naturaleza, no le asignan valor en si mismo suficiente para ser considerado un sujeto de protección legal o Constitucional, este es el resultado de un proceso de mercantilización de nuestro Derecho y de la Política medioambiental, para ser justos, no solo en nuestro país, pero, siendo Chile la Corea del Norte del neoliberalismo, este fenómeno es particularmente grave en nuestro caso.

Vivimos en una versión surrealista de nuestro mundo, una en que la economía es una religión incuestionable y determina prácticamente toda la vida de los seres humanos, y, aunque suene increíble, la del medio ambiente también.

Los Derechos de los Trabajadores son “costos”, y los trabajadores son un “mercado”, nuestro Estado usa el concepto de rentabilidad para todo, incluso para los proyectos sociales, y, por tanto, en este contexto, no resulta extraño que, ya desde la conceptualización, el medio ambiente sea una rama mas de la economía de nuestro país, y así puede entenderse que, la naturaleza, nuestro entorno, al medio en el que vivimos, se le asigne valor, solo en tanto se trate de un “recurso” del que el hombre pueda disponer, el solo concepto delata nuestra mirada arrogante y antropocentrica de la materia, en que nuestro entorno está a nuestra disposición, y no tiene valor, sino solo en consideración a su utilidad para la humanidad, los “recursos naturales” son regulados en cuanto a su “explotación” no porque se valoren, sino para asegurar su disponibilidad hacia el futuro, se establecen sanciones para quien contamine, no porque afecte la biodiversidad o la naturaleza, sino porque pone en riesgo la salud de las personas, de hecho, se establecen rangos de tolerancia, que permiten la contaminación hasta un punto en que no afecten significativamente al ser humano, sin importar el daño que experimentan los demás seres vivos del planeta. Se consagran conceptos como bonos de carbono “transables”, como si fueran títulos bursátiles con los que algún inversionista pudiera especular y, en general, un sistema legal basado en multas a beneficio fiscal, lo que, en términos simples, significa, que el que tiene dinero puede contaminar…

Pero, si no protege el medio ambiente, ¿Qué protege nuestra legislación ambiental?

Nuestra feble institucionalidad ambiental, además de insuficiente, tiene su foco desproporcionadamente centrado en la protección del desarrollo económico, y, en segundo plano, la salud de las personas. Para todo el entramado legal y burocrático en la materia, el “cliente” mas importante es la empresa… su desarrollo “sustentable”, el fomento de la producción con “responsabilidad” ambiental, y, en general, el desarrollo del país, medido este ultimo con indicadores económicos por su puesto. No hay una protección al valor de la naturaleza en sí misma, y ningún instrumento legal o administrativo que la proteja.

En el momento histórico que vivimos, en el que, por vez primera, existe un camino institucional que puede desembocar en una Constitución generada democráticamente, resulta oportuno plantearse una reflexión profunda sobre el modo en que entendemos nuestra relación con nuestro entorno, con nuestro planeta y su biodiversidad, y el modo en que esa nueva relación, ese nuevo trato se debe expresar en una nueva Carta Fundamental.

Resulta imperioso plantearse la opción de abandonar el antropocentrismo trasnochado y transitar a un modelo mas cercano al biocentrismo, que privilegie el equilibrio de las especies y nuestro entorno, tal como la naturaleza lleva siglos tratando de enseñarnos.

El ser humano es apenas un parpadeo en la larga historia de nuestro planeta, otras especies dominaron el planeta por millones de años antes de perecer, extinguirse o verse forzados a evolucionar antes que el hombre siquiera fuera capaz de razonar y destacarse de entre los demás animales del planeta, y por tanto, su soberbia y miopía histórica es francamente incomprensible, pero, tenemos la oportunidad de dar un salto cualitativo inconmensurable hacia una nueva era, depende de nuestra generación superar nuestra arrogancia como especie.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, David Pellizzari Ossa

A cuarenta y siete años del Golpe Militar: ¿Nos olvidamos de los errores y horrores?

septiembre 11, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal

Camarada DC, abogado y exsenador

George Santayana, poeta nacido en España, educado en USA y fallecido en 1952 en la Roma eterna: nos legó una frase muy citada: “Aquéllos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”
El Golpe de Estado de 1973 se produjo por la incapacidad de construir un acuerdo político que valorara la democracia y la diversidad para seguir haciendo justicia social y, aún hoy tenemos diferencias sobre como actuaron los diferentes actores. Yo he escrito un libro y muchos artículos sobre ello y participado en distintos seminarios sobre el particular, tratando de persuadir y ser persuadido sobre las causas reales. ¿Es importante hacerlo? Por supuesto. Por algo he iniciado este artículo con la frase de Santayana.

Pero ese proceso es para aprender de los errores cometidos y valorar los aciertos. Uno muy importante fue hacer que las diferencias no impidieran acuerdos muy valiosos para alcanzar una vida más civilizada. Esas coincidencias permitieron un acuerdo político con quienes tenían un poder brutal. Manejaban las armas, la economía y los medios de comunicación. Si, tuvimos que aceptar a Pinochet en el ejército hasta 1998, pero no les dimos impunidad como la exigían. Algunos se burlan de “la justicia en la medida de lo posible” Al mismo tiempo, solidarizan y defienden a los sandinistas que llegaron al poder dándole amnistía total a los esbirros de Somoza. Hablé el tema con el Comandante Daniel Ortega el año 2000, que gobierna hoy con mano de hierro, ese país.

Él me señaló que tuvieron que aceptarlo porque era la única manera de parar la guerra civil que desangraba a su país. Otros le dan categoría de héroe a un juez español que activó juicios contra la dictadura chilena y no llevó ninguno en su país, dónde los 40 años de Franco estuvieron marcados por violaciones brutales a los derechos humanos. Hay admiradores de Nelson Mandela que son críticos de lo hecho en Chile. Yo también admiro a Mandela, porque él fue un hombre excepcional. Chile los asesoró para enfrentar la situación al comienzo de su gobierno. ¿Qué exigieron en Sud África? Acorde con su cultura y sus condiciones, exigieron que los culpables reconocieran sus crímenes y luego se fueron libres. ¿Cómo te perdono si no reconoces lo que hicisteis?

En Chile han transcurrido 30 años y asesinos y torturadores siguen siendo procesados o están cumpliendo condenas. No ha sido fácil, pero lo hemos hecho. Se dictaron normas básicas para beneficiar en lo posible a las víctimas, insuficientes para algunos, pero valiosas para una gran mayoría. ¿Cuál de estos críticos es capaz de hacer lo imposible? Los políticos comprometidos hacemos nuestra la tarea que es, EXTENDER LAS

Fronteras de lo posible

Otros critican que la transición se hizo entre 4 paredes y a espaldas del pueblo. ¿Las elecciones por internet que hacen algunos movimientos, con una participación tan pobre, se hacen al aire libre? Se puede hacer daño al pueblo en la calle, quemando estaciones del Metro o Buses o en reuniones cerradas bajo techo. En 1989, el 92% de los ciudadanos inscritos apoyo los acuerdos de 54 cambios a la Constitución logrados entre la oposición y la dictadura.

A mí me habría gustado incluir otras cosas, pero no se pudo y apoyé el gran avance y no me arrepiento. ¿A espaldas del pueblo? El líder de la transición, Patricio Aylwin, fue elegido Presidente de Chile por más del 50% de los votantes. Su sucesor, Eduardo Frei RT, obtuvo más votos, porque ya eran menos los chilenos que tenían miedo a la democracia. Las segundas vueltas se hicieron obligatorias con Lagos y Michelle Bachelet porque las promesas no se cumplían y el modelo neo liberal se fortalecía. Las críticas a estas políticas y conductas me parecen justificadas y necesarias.

Llevo 20 años fuera de cargos de poder, porque no he aceptado esas medidas, he reclamado, hecho las denuncias y presentado propuestas distintas. He pagado los costos de ser minoría y opositor al modelo, sin arrepentirme de ello, pero Nunca, Nunca, he actuado ni actuaré para favorecer a la derecha.

Estoy muy preocupado por la respuesta que puede producir la incapacidad política de ofrecer soluciones acordes con las exigencias de la pandemia sanitaria y los abusos de la pandemia neoliberal. Estoy convencido que la grave crisis actual, es muy diferente a la que vivimos en 1973, aunque los grupos de derecha perseveran en sus campañas odiosas destinadas a incrementar el miedo y buscar respuestas autoritarias para mantener una desigualdad pocas vistas en el país. Para variar, cuentan con la complicidad de minorías anarquistas o de ultra izquierda que promueven acciones violentas que sólo ayudan a los objetivos antidemocráticos de grupos empresariales y políticos. El lenguaje bélico del Presidente, el involucramiento de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico y como fuerza represiva a las movilizaciones pacíficas es muy dañino y peligroso.

La situación no es igual al 73, dónde hubo fuerzas importantes que creían en la violencia armada para obtener o mantener el poder, pero hay peligros nuevos. Las fuerzas centrífugas que apuntan a la división del país, la violencia de minorías irracionales y la falta de sensibilidad de los que tanto tienen, se seguirán expresando. Los acuerdos inaceptables que les otorgan impunidad a los políticos culpables de delitos o faltas a la ética, generan indignación en la ciudadanía y en los uniformados. Si podemos trabajar juntos, aunque no revueltos para el plebiscito, es un avance. Pero si no actuamos juntos en las elecciones, el país puede pasar a ser ingobernable. ¿Es legítimo perfilarse como fuerza política? Sí, en la medida que no pulverice la necesaria capacidad de acuerdos.

No son los temas del 73 los que nos dividen y, a pesar de su profundidad, pudimos darle a Chile una salida. Ahora se requiere esa madurez, reconocer con valentía que estamos orgullosos de muchos de los logros y que reconocemos los errores en AFP, ISAPRES, Educación, probidad y participación. Los nuevos políticos debieran aportar algo más que críticas y actitudes arrogantes. Tienen un muy buen componente humano y tienen la obligación de usarlos pare el Bien Común.

Entre tanto, los ciudadanos no creen en nadie, las encuestas y las votaciones muestran esta grave circunstancia. En la histórica Fech, no participan ni el 15% de los estudiantes, los sindicatos no resisten bien el embate del neoliberalismo y los personalismos. La estrategia del neo liberalismo para debilitar el mundo político y social ha tenido éxito, la democracia semisoberana construida, ha logrado mantener un modelo económico y social fracasado, fortalecida por la corrupción de muchos integrantes de las elites civiles, militares y religiosas. Que el 50% de los ciudadanos no vaya a votar en las últimas elecciones presidenciales, a pesar de tener opciones extremistas y de todos los sectores es una advertencia que no puede ser desoída.

El extremismo de izquierda tiene éxito en los medios de la derecha, al generar violencia que daña a los que dicen defender. Les responden grupos neonazis que salen a agredir, protegidos por la fuerza pública y que no tienen pudor para organizar seminarios sobre Hitler, como lo hizo en estos días el Banco Security. Los ricos no usan el Metro ni el Transantiago, tampoco los afectan las barricadas, porque no viven en esos barrios y si algunos incursionan en las comunas dónde viven, sólo los asustan más y aumentan las presiones para una respuesta represiva odiosa. Debemos destacar que algunos extremistas, así como funcionarios policiales que cometieron delitos, están siendo juzgados por los Tribunales, no sin superar, en estos casos, las trabas de altos mandos. La corrupción en los grados superiores uniformados ha provocado una baja de la moral interna y generalizado una rabia por la falta de respeto a la autoridad y los ataques que reciben todos sus integrantes. Estoy seguro que son más las mujeres y hombres honestos en los cuerpos armados, así como en los distintos sectores civiles y religiosos, pero el sentir ciudadano no lo diferencia.

No debemos generalizar

No todos los políticos, sacerdotes, pastores, jueces, uniformados, sindicalistas y empresarios son corruptos. Castigo ejemplar para los culpables y respeto para los inocentes. ¡Cómo no entienden nuestros uniformados que la tortura, el asesinato y la violencia excesiva “no es desempeño profesional”! Son los propios protocolos aplicables en las guerras los que dictan normas para el trato de los derrotados. Son normas aprobadas por los Altos Mandos los que indican que no se pueden disparar balines, bombas lacrimógenas y otros elementos represivos a la cabeza de los manifestantes. Si la vida de estos servidores está en riesgo, se aplica el derecho a defensa propia, derecho que existe para todos.

Pensar en una sociedad dónde no se respete a la autoridad, se atente impunemente contra la integridad física o la vida de los integrantes de las fuerzas de orden, es desconocer el indispensable papel que cumplen estas entidades. Conozco como actúan y los medios en que desarrollan su tarea, he estado en las calles muchas veces y he visto verdaderos profesionales y brutos abusivos. En muchas ocasiones, incluso en dictadura, nos despedimos hasta de mano, reconociendo nuestros distintos roles. Pero no pueden sentirse ofendidos cuando ellos mismos tienen conductas diferentes. He observado a carabineros que intentan controlar los excesos de algunos funcionarios, pero la excesiva debilidad del mando hace muy difícil esa tarea. Los entiendo, a mi pasa cuando nos acusan a todos los políticos de corruptos.
Sé lo difícil que es hacer cumplir esas normas cuando tú propia vida está en peligro o eres testigo de las heridas de tus colegas. ¿Es humano ese sentimiento? Claro que sí. Pero un profesional es aquella persona que se entrena para actuar como una persona preparada, no para improvisar ante las situaciones que les corresponde vivir.

Los discursos ambiguos en contra de la violencia extremista son tan dañinos como los de los que se hacen cómplices de la represión bruta. No son los extremistas los únicos que usan e lenguaje bélico. Ha sido este gobierno derechista el que nos ha tratado a todos los opositores como enemigos, marionetas de gobiernos extranjeros o de los grupos extremos que saben que no cuentan con nosotros.

La debilidad de los partidos, las federaciones de estudiantes y los sindicatos, se muestra también por nuestra incapacidad para controlar a los extremistas en las legítimas movilizaciones masivas que realizamos. En plena dictadura, fuimos capaces de controlar esos excesos, por persuasión previa o por acción en la calle. Por ello, nunca un uniformado fue asesinado, golpeado o torturado en nuestras protestas. La historia muestra que siempre las víctimas desarmadas fueron nuestras.

Me preocupa el clima de odiosidad que se ha ido imponiendo. Es cierto, yo mismo me indigno cuando los que gobiernan no escuchan, cuando veo la represión desatada, y, me duele mucho, que tengamos tantos compatriotas que sufren lesiones graves por acción criminal de los que nos deben cuidar. Para mí es evidente que la decisión del Presidente Piñera de cambiar 41 generales hasta llegar a uno que le diera confianza personal, ha dañado a la Institución y al país. Un error más grave que el del gobierno anterior, de no cambiar al General Director como responsable de los actos de corrupción grave en la Institución conocidos en esa época.

Creo que es vital cumplir con lo acordado en noviembre. Que el pueblo participe en un plebiscito de entrada y otro de salida, y que exista la posibilidad de crear una Convención Constituyente 100% elegida, que redacte un texto más acorde con nuestra realidad es un gran paso. Apoyo con toda convicción este acuerdo y advierto de los riesgos de no cumplirlos, pero no debemos olvidar que los problemas reales siguen, porque sólo hemos conocido medidas de parche. Y las diferencias no pueden impedir un acuerdo sobre cómo salir de la crisis.

¿No había diferencias, aún mayores, cuando Eduardo Frei Montalva emocionaba y unía a los asistentes al Teatro Caupolicán, antes de la farsa plebiscitaria de 1980? Si las había. Pero ese acto masivo, emocionante, organizado por un equipo amplio, que coordinó Belisario Velasco y en el que me tocó ser el animador, los adversarios de ayer empezamos a recorrer el largo camino de 9 años que nos llevó a la victoria. Antes del triunfo, tuvimos precios muy altos que pagar. Don Eduardo fue asesinado por Pinochet porque buscaba la unidad en la diversidad para recuperar la democracia.

Frei Montalva, Aylwin, Valdés, Almeyda, Aniceto Rodríguez, Carlos Briones, Enrique Silva, Ricardo Lagos, Armando Jaramillo, y tantos otros dejaron el pasado atrás y se comprometieron a defender la vida, promover la justicia social, recuperar la democracia para todos y actuar pacíficamente para construir una Patria para Todos. Para el plebiscito de 1988, superando las vacilaciones de otros partidos, fuimos juntos a derrotar al tirano y logramos acuerdos para apoyar al que se convirtió en el líder indispensable de la transición, Patricio Aylwin Azócar. La unidad esencial duró 20 años, suficientes para una transición necesaria y con grandes logros, aunque luego el abandono de los proyectos de cambio y la penetración de la ideología neo liberal en las fuerzas concertacionistas y de la Nueva Mayoría, nos hicieron perder la confianza popular dos veces.

Las diferencias actuales son grandes, pero el pueblo nos muestra el camino. No se puede seguir con las AFP, las ISAPRES, la Educación clasista, el lucro desenfrenado. El Estado, que es sólo una parte de la sociedad política, no puede ser sólo el guardián del desorden que favorece a los poderosos. Necesitamos un Estado promotor del Bien Común y de la Justicia Social, que nos dé participación a los otros actores de la sociedad, las personas, los gremios, las comunidades, las sociedades. Un Estado que proteja el medio ambiente y a la creación más valiosa de la humanidad, la persona humana.

La teoría democrática moderna exige un Estado fuerte y cuerpos intermedios muy activos, por lo que ante su debilidad se deben definir políticas que hagan que sus posibles integrantes les tengan confianza. Más control en las reglas y transparencia en la administración de los recursos de las organizaciones son indispensables. Ninguna sociedad puede partir de cero y los líderes actuales deben escuchar y nosotros aceptar lo que sea positivo. Chile necesita que cambien, que con seriedad y humildad busquen los caminos apropiados para disminuir el odio ambiente y el egoísmo desenfrenado. No necesitamos un nombre de candidato o candidata presidencial. Necesitamos propuestas y acciones que muestren que han entendido que Chile necesita una mayoría política, institucional y social.

En ese hermoso discurso de 1980, Don Eduardo Frei Montalva improvisó unas palabras que quiero repetir aquí: La Esperanza de Chile no tiene el nombre de una persona. La Esperanza de Chile, es el pueblo de Chile.

¿Se cree alguna o alguno de las figuras actuales que tienen más meritos que este gran líder asesinado?
Los méritos de cada una de las personas que quieren asumir el liderazgo en la oposición, son respetables, no tengo dudas de ello. Pero eso no basta. Tienen que probar su capacidad para construir propuestas sólidas y viables. Tienen que ser capaces de reunir una amplia mayoría que concuerde con un programa, además de la estrategia pacifica y electoral que Chile necesita, hoy, tanto como en 1970 y en 1990: Una mayoría política, institucional y social.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: 11 de septiembre, Abogado, columna, Columnas, Columnista, exsenador, Golpe Militar, Ricardo Hormazábal

¿Tropezar con la misma piedra?

agosto 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal

Camarada DC, exsenador, abogado y expresidente de la DC

Hay dirigentes políticos que repiten propuestas que reflejan que no han aprendido nada. Están preocupados de un nombre como candidato presidencial , cuando Chile está en una crisis integral.

La situación del país es muy grave y no se arregla con un nombre.

Cuando No tenemos confianza en las elites civiles, religiosas, militares, culturales, es el resultado de décadas en que la búsqueda de poder personal o grupal llevó a la descomposición de los partidos.

Chile necesita un proyecto cultural, político, social y económico que reemplace el paradigma neoliberal y descarte las opciones de los extremistas de ambos lados.

Es un desafío para todos los sectores y que tendrá una opción para concretarse si ganamos bien el Apruebo con 100% de Convencionales elegidos.

La DC, ya experimentó las derrotas más duras y debería ser vanguardia en propuestas nuevas y apropiadas, rechazando seguir la misma receta fracasada.

5% de los votos fue el respaldo logrado para una candidatura, con un programa impuesto por los neoliberales, sin debate en Junta Nacional y rompiendo el rol de liderazgo que por doctrina y testimonio nos ganamos.

Sus principales promotores se van del partido sin asumir sus responsabilidades políticas y un pequeño número de los que permanecen ,reiteran su visión equivocada, cooperando gustosos con las acciones del gobierno.

¿Cómo no aprender?

Yo no participaré en discusiones por el poder, pero si lo haré en materia de ideas, porque la DC tiene mucho que ofrecer a Chile.

Primero ideas, propuestas distintas a las ya fracasadas luego unidad sólida interna y concordancias con otras fuerzas que, pacíficamente , nos permitan derrotar a los explotadores y a los violentos.

Por favor, aprendamos de los errores.

Nombres para encabezar el proceso tenemos.

Que se muestren con ideas y acciones.

Hoy es tiempo de cambiar.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Sin categoría Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, DC, Democracia Cristiana, PDC, Ricardo Hormazábal

El ciudadano Piñera

agosto 24, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

El término anticipado del Gobierno de Sebastián Piñera, en noviembre de 2019, cuando, con millones de chilenos en las calles exigiendo dignidad, los partidos políticos llegaron a un acuerdo para un proceso constituyente, fue el intento de la elite, de una salida pactada a una profunda crisis social y política. Aunque cupular, el acuerdo permitió descomprimir, en cierta medida, la presión social y puso fin a un Gobierno que simplemente era incapaz de enfrentarla.

Ya, a partir del 18 de octubre, cuando el estallido social se hace evidente, todos sabíamos que el programa de gobierno había muerto y que la crisis requería una redefinición de objetivos que ese gobierno, sobreideologizado y dogmático, difícilmente sería capaz de abordar, sin embargo, tuvo oportunidades, no una, sino varias, de asumir, con humildad y responsabilidad, que la ciudadanía demandaba un golpe de timón significativo, un cambio de rumbo estructural para el país… y las desperdició.

El ex Presidente Piñera tuvo también la oportunidad de asumir, con grandeza, la responsabilidad histórica de liderar un proceso democrático y participativo que encausara la revolución de la dignidad que desbordaba las calles de Chile, con miras a concretar un nuevo trato social, político y económico, consagrado en una nueva Constitución, la primera de nuestra historia gestada en verdadera democracia… pero la desperdició.

Piñera y su gobierno, antes que militar en algún partido político, son miembros obsecuentes de la religión neoliberal y mas específicamente de la secta nacida en Chicago, por lo que, todos sus esfuerzos se concentraron en mantener las bases del modelo y su acervo cultural en la sociedad chilena, y, en ese contexto, pretender que iniciaran voluntariamente un proceso revolucionario que cambiara las bases de ese modelo era, por decirlo menos, ingenuo, pero la cándida oposición siguió creyendo por meses que el gobierno “no entendía” la magnitud de la crisis y ello explicaba sus propuestas timoratas e insuficientes, sin embargo, el tiempo, y los hechos, finalmente hicieron patente que simplemente no querían, ni quieren, cambios profundos y reales que alteren el modelo del que se han beneficiado por décadas, y esa, y no otra, es la causa del término de ese gobierno.

El ex Presidente Piñera pudo pasar a la historia, pudo no solo salvar un gobierno tambaleante, sino incluso transformar su legado en un hito de nuestra historia republicana, pudo y no lo hizo, algunos creen que le faltó visión, coraje y osadía política, una falta de liderazgo y estatura, pero la verdad es mas prosaica, mas mezquina, simplemente estaba atrapado en un dogma totalitario, su gobierno fracasó por su apego casi fanático a su credo neoliberal.

Sin embargo, el ciudadano Piñera sigue presente, como un atribulado personaje de alguna novela romántica o un drama shakesperiano, que vive en una fantasía trágica, en la que todos saben la verdad, pero el no se da por enterado, o, para los “milenials”, como el profesor de Historia de la Magia del colegio de hechicería Howarts en las novelas de Harry Potter, que llevaba siglos enseñando su asignatura y en algún momento murió, pero todos creían que ni siquiera se había dado cuenta, y siguió dictando su clase sin siquiera darse por enterado que ahora era un fantasma y que casi nadie lo escuchaba, el ex mandatario parece seguir actuando como si todavía fuera Presidente, como si la Constitución de 1980 no fuera solo un mero remedo formal y estuviera totalmente vigente, vive la fantasía de que sus palabras, sus discursos, pueden hacer alguna diferencia en el Chile post estallido social, y día a día hace pseudo cadenas nacionales a la hora del almuerzo, intervenciones que pasan desapercibidas para los chilenos, aunque el ciudadano Piñera, en su alienación fantasiosa, piense que está recuperando el control de la agenda pública.

Durante este intermedio forzado por las cuarentenas en el contexto del COVID 19, el país es administrado por un aparato estatal relativamente eficiente, que enfrenta esta pandemia feroz tan solo con funcionarios de tono menor, sin conducción política ni liderazgo, y aún así, esta administración interina ha sido capaz de llegar a acuerdos legislativos gracias a que tenemos también una oposición virtual o casi simbólica y, en general, mantiene una apariencia de normalidad. Cambios de gabinete y anuncios rimbombantes simplemente se suceden día a día, mientras el congreso controla la agenda política y los chilenos tratan de sobrevivir, para variar sin poder contar con el Estado, a una profunda crisis económica y social, mientras el ciudadano Piñera sigue gobernando un país que ya no existe, sigue predicando un sermón en la plaza pública, donde algunos todavía lo ven, pero ya nadie lo escucha.//ELF

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Los peligros de un Estado ausente

julio 20, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

¿Dónde está el Estado? La pregunta parece algo absurda, pero cuando miles de chilenos se sienten desamparados ante una pandemia implacable, la falta o ausencia del Estado se hace tan evidente como apremiante. Sin embargo, incluso sin pandemia o estallido social, el Estado chileno simplemente no existe para miles de compatriotas que terminan buscando en la solidaridad, la caridad, la organización social, pero también en el narcotráfico y la delincuencia, un sentido de pertenencia y protección.

¿Dónde estaba el Estado cuando se planificaron ciudades segregadas y desiguales?, ¿Dónde estaba el Estado cuando los chilenos se sentían estafados y abusados en casi cada área de la economía y la vida en sociedad?…¿Dónde?

En salud, quizás una de las mas sensibles áreas para la población, la incapacidad del Estado para responder a los requerimientos mínimos de los chilenos es dolorosamente patente en estos tiempos de calamidad sanitaria, y, es también, la oportunidad para el heroísmo de funcionarios y profesionales de la salud que hacen mucho mas de lo humanamente exigible, es la oportunidad de la solidaridad de un pueblo acostumbrado a hacer frente a la adversidad apoyándose mutuamente, pero, también es la zona gris en que se mueven quienes buscan sacar provecho personal de las carencias de los demás.

No faltan, ni faltaran, quienes ante la impotencia del Estado construyan una imagen de solidaridad como estrategia política, o peor, quienes se aprovechen de los mas necesitados para su provecho material.

La carencia de un Estado presente en la vida de los chilenos hace aparecer “viejos pascueros” de barrio, cumplidores de sueños infantiles, “doctores del pueblo” y un sin fin de figuras “alternativas” que buscan suplir precisamente esas falencias. A priori, no parece negativo, sin embargo, aunque se trate de iniciativas bien intencionadas, todo este sucedáneo de tejido social termina por empobrecer la organización real y subvencionar al verdadero responsable de satisfacer las necesidades de la población, o, al menos, generar las condiciones para ello: El Estado.

Cuando vemos en televisión a un médico, autodenominado “doctor del pueblo”, realizar atenciones aparentemente gratuitas, la nota periodística nos lo presenta como un desinteresado ejercicio de la profesión basado en la vocación, sin embargo, durante el “publireportaje” se distingue en la “clínica móvil” que el galeno promociona (un microbús acondicionado al efecto), una foto del profesional y su nombre con una tipografía propia de una campaña política, y descubrimos, desencantados, que se trata de un concejal de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, y, entonces, su actividad, y particularmente la publicidad de ésta, deja de parecer tan desinteresada.

El mismo personaje aparece luego, en otro reportaje televisivo, emitiendo órdenes para atenciones kinesiológicas, con profesionales que el propio concejal lleva a un centro comunitario al efecto, las que luego de atender efectivamente gratis a los vecinos, con sus datos compran centenares de bonos de atención en FONASA, en circunstancias que las atenciones no superan la decena, realizando así, a la luz del informe de la televisora estatal, y los testimonios de los afectados, un fraude por varios millones de pesos, lo que está siendo investigado por el Fondo Nacional de Salud.

En resumen, una carencia social y sanitaria de un Estado indolente y burocrático, termina siendo un peligroso vacío legal y ético que puede perjudicar doblemente a una ciudadanía ávida de soluciones y atención digna.

¿Es ético que un médico use su profesión y la necesidad de las personas como plataforma política?, ¿Es recomendable que la salud de las personas dependa de la caridad de personas bien o mal intencionadas?

El Estado deconstruído que nos legó la dictadura cívico militar parece ser solo una cáscara de autoridad y funcionalidad, en cada área que sea observada con detenimiento nos encontramos con falencias caricaturescas, fiscalizadores sin atribuciones o recursos para su labor, regulación de mercados centradas en que las empresas que prestan servicios tengan menos trabas, pero no en los ciudadanos que son abusados por éstas, y un larguísimo y patético etc. //ELF

 

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