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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Nosotros, los otros y el laberinto de la soledad

enero 3, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rodolfo Fortunatti

Sociólogo y demócrata cristiano

El escorpión sacrificará a la rana, así el acto comprometa su propia supervivencia. Está en su naturaleza. Porque es obvio que la Democracia Cristiana no puede impedir que el polo progresista se entienda con el resto de la oposición. Y, en cambio, ¿cuál sería el destino de la Democracia Cristiana si se alejara de la izquierda? El laberinto de la soledad. El mismo que ensayó con el mismo elenco de actores el año 2017, cuando su candidatura presidencial apenas consiguió el 5 por ciento de respaldo, y su bancada de diputados el 8 por ciento que actualmente representa en el Congreso.

Como una forma de desentrañar la identidad profunda de México, Octavio Paz escribió en 1950 el ensayo El laberinto de la soledad. ¿Por qué el laberinto? Porque se trataría de un asunto que nunca ha sido resuelto y que debería ser desentrañado e interpretado. ¿Y por qué de la soledad? Porque, en último término, éste sería el destino histórico del ser mexicano: la cualidad de estar sin nadie, sin compañía, solo en su persistente peregrinar.

El dilema que Paz veía en la identidad antropológica de México, podría, sin embargo, hallar su correlato en la disyuntiva ideológico-programática que alimenta el debate actual de la Democracia Cristiana con sus aliados y adversarios. Esto es, reivindicar la soledad política como sello de identidad del partido, aún a riesgo de tomar distancia de la voluntad pluralista, democrática y unitaria expresada en las urnas por la ciudadanía el pasado 25 de octubre.

Lo esencial es muy visible a los ojos

«La mesa nacional de la DC —afirma la vicepresidenta Joanna Pérez— se comprometió a devolver la identidad de nuestro partido, a trabajar en el respeto al partido y principalmente, a que si teníamos un pacto fuera solo electoral o táctico con el PC. Sin perjuicio de esto, por la unidad opositora hemos hecho muchas cosas y hemos estado disponibles a trabajar con el PC. Pero también tenemos mandatos: siempre con la identidad de la DC».

En aras de ese compromiso, Fuad Chahin, presidente de la colectividad, ha notificado a todo el mundo que la unidad opositora es imposible, porque no caben todos en una lista, y porque no queda tiempo para que quepan todos en una lista. Si se lee bien el mensaje se comprobará que el problema es estadístico, o sea, de cuántos cupos le tocan a cada quien; no de cuidar la identidad en los contenidos mínimos de la futura Constitución. En todo caso, si fuera un asunto de identidad, sería uno de identidad electoral. Chahín ha declarado concluyente que enfrentar a la derecha con una sola nómina de candidatos «no es posible, toda vez que con dieciocho partidos y fuerzas políticas de oposición más los independientes en una sola lista, no hay posibilidades físicas de que podamos concretarla, tanto así que estamos a dos semanas de la inscripción y todavía no se ha dado ningún paso.»

¿Se dará algún paso antes de la inscripción? ¿Quiénes podrían dar el primer paso? Hace algunas semanas, Convergencia Progresista, una alianza de los partidos Socialista, Por la Democracia y Radical, formada en 2018, dio a conocer su manifiesto constitucional y reafirmó su voluntad de concurrir a una lista unitaria. Con posterioridad, para concretar dicho acuerdo, las tres organizaciones de izquierda han mantenido conversaciones con el Frente Amplio y, evidentemente, con el Partido Comunista. Y, últimamente, han creado el nuevo polo socialdemócrata con el Pro, el Partido Liberal y exmilitantes del Frente Amplio, lo que ha recibido críticas desde la Democracia Cristiana, coaligada con ellos en Unidad Constituyente. Chahín les ha advertido que podría poner fin a la participación de la DC en el bloque, «si ese polo lo que busca básicamente es tratar de generar una táctica electoral de una duda lógica de todos contra uno».

Pero el escorpión sacrificará a la rana, así el acto comprometa su propia supervivencia. Está en su naturaleza. Porque es obvio que la Democracia Cristiana no puede impedir que el polo progresista se entienda con el resto de la oposición. Y, en cambio, ¿cuál sería el destino de la Democracia Cristiana si se alejara de la izquierda? El laberinto de la soledad. El mismo que ensayó con el mismo elenco de actores el año 2017, cuando su candidatura presidencial apenas consiguió el 5 por ciento de respaldo, y su bancada de diputados el 8 por ciento que actualmente representa en el Congreso.

Desde luego, cambiar de discurso a mitad de la escena, tampoco tiene efectos prácticos. Volver a poner la Guerra Fría en el lugar del Estallido Social y del Acuerdo por la Paz, como lo hace Chahín con el propósito de desalentar la búsqueda de acuerdo, acabaría nada más que en un juego de tronos. Pues, tan ficticio e inoficioso es sostener que tras su XXVI Congreso el Partido Comunista se volvió menos democrático y menos institucionalista, como afirmar que tras los vergonzantes reconocimientos y apoyos de personeros democratacristianos a las operaciones desestabilizadoras de los venezolanos Juan Guaidó y Guarequena Gutiérrez, la Democracia Cristiana se volvió menos respetuosa del derecho internacional y de la soberanía de los pueblos. Una golondrina no hace verano. Esta novelesca lucha de consignas no podría subordinar jamás la promesa de la centroizquierda de darle a Chile una nueva Constitución, una nueva estrategia de desarrollo y una nueva sociedad de derechos garantizados, que son los fines últimos perseguidos con una sola lista de convencionales.

Por cierto, hay testimonios éticos y políticos que avalan los caminos unitarios. Tiene valor que dos vicepresidentes de la Democracia Cristiana, Carmen Frei Ruiz-Tagle, hija del asesinado Presidente de la República, y Humberto Burotto, expresidente de la FECH, hayan participado del amplio abanico de voluntades que se dio cita en el Congreso.

Tiene valor que la diputada Maya Fernández, nieta del Presidente Allende, hubiera hablado con tanta profundidad y elocuencia del crucial trance en que nos encontramos.

Tiene valor que la senadora Adriana Muñoz, presidenta del Senado, hubiera recordado a las víctimas de la represión política, el precio que el país ha debido pagar por la libertad, la justicia y la dignidad. Como tiene valor el mensaje humanista, sólido y consecuente con todo lo que sido su vida política, de Luis Maira. //ELF

 

 

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Negocio redondo

diciembre 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile y columnista de La Tercera

“La dilatada trayectoria política del exsenador Jaime Orpis, reconocida por sus pares en el Congreso, y su incansable labor social por rehabilitar a jóvenes de la adicción a las drogas”.

Así parte el editorial de ayer de El Mercurio, que también destaca que “en un hecho poco habitual, el mismo parlamentario, en un gesto valioso, reconoció conductas ilícitas -si bien negando la acusación de cohecho-, ofreció disculpas y señaló, en una emotiva declaración, que después de este proceso ya no sería un hombre digno de confianza”.

Leyendo ese encendido homenaje cuesta entender que el editorial habla de la condena a dos políticos corruptos -el exsenador Orpis y la exdiputada Isasi- que recibieron dinero de un gran grupo económico a cambio de seguir instrucciones para favorecer los intereses de esos millonarios financistas.

Es un doble estándar habitual en Chile. A quien comete un lanzazo o hurta una gallina se le llama, sin ningún eufemismo, “delincuente”. Pero cuando es un miembro de la élite quien delinque, lo relevante es su historia de vida, su “gesto valioso”, su “emotiva declaración”, o como tituló esta semana La Segunda: su supuesta condición de “político ejemplar”.

Incluso el ministro de Justicia, Hernán Larraín, declaró su “plena confianza en Jaime Orpis”, quien ya estaba confeso de fraude al fisco, y se ofreció “con todo gusto” a declarar en su favor en el juicio (ofrecimiento que retiró tras las críticas).

¿Cuántos minutos duraría en su cargo un ministro de Justicia que apoyara así al autor de un portonazo o un robo? ¿Y por qué, en cambio, se acepta que lo haga cuando el culpable de un grave delito es miembro de su mismo grupo social?

Los ejemplos sobran. Hablando de delincuencia común, Libertad y Desarrollo (LyD) critica duramente el “garantismo” de los jueces que “con tal de no decretar prisión preventiva”, llegan a “límites propios del realismo mágico”. Pero cuando los acusados son los dueños de Penta, LyD advierte que la prisión preventiva contra ellos “pisotea garantías básicas” y constituye “una dinámica de caza de brujas” (Penta era uno de los financistas de LyD).

Lavín y Délano libraron con clases de ética. Aún no sabemos si Orpis purgará su condena en la cárcel o quedará, también, libre. Sí sabemos que el corruptor en este caso, el exgerente general de Corpesca Francisco Mujica, fue indemnizado con más de $300 millones y reubicado en puestos gerenciales por el mismo grupo Angelini. Luego negoció con la Fiscalía una pena de multa y firma mensual.

También sabemos que la empresa fue condenada como persona jurídica por los sobornos. La Fiscalía pide una multa de U$1.370.000 y la inhabilitación por cuatro años para celebrar contratos con el Fisco.

¿Será cierto, entonces, que la corrupción es un mal negocio?

 

Veamos la evidencia. La Ley de Pesca entregó, según cálculos de su propio impulsor, Pablo Longueira, cuotas anuales estimadas en US$743 millones a las grandes empresas. Un solo día de estas cuotas vale más que la multa que se está pidiendo para la empresa corruptora. El gobierno ya advirtió que bloqueará en el Tribunal Constitucional la anulación de la ley, por lo que las rentas regaladas a Corpesca y otras empresas no corren peligro.

 

Otro ejemplo: en el caso Cascadas, se acreditó que Julio Ponce obtuvo utilidades fraudulentas por US$128 millones. Ahora se está discutiendo si deberá pagar una multa de US$3 millones o U$6 millones. Ponce deberá devolver una fracción mínima de lo que ilícitamente se embolsó.

 

La sanción social tampoco opera. Basta recordar el caso de Pedro Velásquez, destituido como alcalde y condenado por fraude al Fisco en 2007. Tras cumplir 300 días de pena remitida, Velásquez fue elegido diputado en 2009, y nuevamente en 2017. Su regreso ha sido gentilmente auspiciado por la clase política en pleno: ex DC, fue candidato por el PRI y los regionalistas, elegido segundo vicepresidente de la Cámara con el voto de RN y la UDI, y ahora es parte del FRVS, formando bancada con los humanistas y acuerdo electoral con el Partido Comunista.

 

¿Y del lado empresarial? Tras conocerse la condena contra una de sus empresas miembro por corrupción, la Sofofa declaró que “condena con fuerza” los hechos. ¿Cuál es, en la práctica, esa condena? “Citar” a Corpesca “para contrastar la información entregada por la empresa” y “verificar no sólo que mantenga vigentes las recomendaciones formuladas, sino también su fortalecimiento”.

La Sofofa confirma así su política de tolerancia infinita a la corrupción empresarial. Cuando la Papelera se coludió, Sofofa la liberó de toda sanción juzgando que “la empresa afectada (sí: ¡afectada!) procedió a implementar un conjunto de medidas” para reparar el daño causado. Poco después, eligió como presidente a uno de sus directores durante la colusión, Bernardo Larraín Matte.

El código de ética de la Sofofa obliga a sus miembros a “resguardar los intereses del consumidor” y “respetar las leyes y sus reglamentos”. Pero violar esas normas, coludiéndose o sobornando a parlamentarios, no conlleva sanción alguna. Vaya concepto de la ética.

Y estos son los casos en que sí hay fallos. Porque las pesqueras no sólo pagaron a Orpis e Isasi. A través de distintas vías, desde aportes reservados hasta supuestas asesorías, han financiado campañas o bolsillos personales de presidentes, senadores, diputados, alcaldes y concejales, tanto oficialistas como opositores.

La condena a Orpis, Isasi y Corpesca es una bienvenida luz de esperanza. Pero también es la excepción que confirma la regla: en Chile, cuando es cometido por ciertas personas y dentro de ciertos círculos, el crimen es un negocio redondo.

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La Matrix del Oasis

octubre 31, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

“Chile es un oasis en Latinoamérica”… Esas fueron las palabras de Sebastián Piñera, entonces Presidente de nuestro país, a finales de Septiembre de 2019, hace poco mas de un año. Unos pocos días mas tarde, el país fue testigo de uno de los estallidos sociales mas importantes de nuestra historia, con millones de chilenos en las calles a lo largo y ancho del territorio nacional exigiendo algo tan elemental como dignidad…

El ex presidente (hoy solo se administra el gobierno hasta el término del mandato formal), pretendía comparar a nuestro país con su vecindario, contrastando su “estabilidad” y “éxito económico”, con el resto de américa, sumida en crisis económicas y sociales… éramos, según esta visión, un oasis de tranquilidad y estabilidad en un árido desierto de caos y pobreza.

Los números hablaban por sí solos, mejor ingreso per capita que nuestros vecinos, mayor producto interno bruto, una economía “sana”, con importantes y muy “valiosos” equilibrios macroeconómicos… en resumen, un ejemplo para el continente… un verdadero oasis.

Y, sin embargo, el país estalló.

Los números demostraron ser solo eso, números, fríos y lejanos de la realidad que enfrentan día a día los chilenos, la elite política y económica se autoconvenció de que éramos exitosos y se encerró en una burbuja, se dejó llevar por la autocomplacencia y se durmió, cayó en un sueño profundo e indolente mientras los chilenos normales debían sufrir horribles pesadillas, agobiados por bajos sueldos e inestabilidad laboral, la triste certeza de que le espera una vejez frágil y pobre debido a pensiones de miseria, una educación deficiente y costosa que los obliga a endeudarse para obtenerla, una salud que condena a quienes no tienen recursos a la enfermedad e incluso a la muerte, y finalmente la sensación, muy justificada, de sentirse desamparado frente a los abusos, que las empresas de servicios, el comercio, las financieras y u largo etcétera, abusan impunemente de los ciudadanos, mientras el Estado es un espectador pasivo que se limita a “atender” a los chilenos, como si fuera un mesón de atención al cliente de alguna Isapre… y reniega de su función básica y natural de “defenderlos”.

Chile no fue el que despertó en octubre de 2019… su elite si. El Oasis en el que creían vivir resultó ser solo un espejismo que decidieron aceptar como una realidad, para no hacer frente a su responsabilidad en las desigualdades que sufría el resto del país. La revolución de la dignidad despertó a los que no querían ver la realidad, porque el resto de los chilenos estamos despiertos hace mucho tiempo.

El oasis no era otra cosa que una suerte de realidad virtual, una “matrix” de libertad y desarrollo, cuyo sustento ideológico descansaba en una Constitución creada al efecto. Esa Carta Fundamental lejos de ser un pacto político y social, era la imposición de una dictadura, y un acto refundacional que buscaba instaurar un nuevo modelo de Estado y sociedad, uno confesional y militante del dogma del neoliberalismo.

Expuesto el engaño de la matrix, borrado el espejismo del oasis, los chilenos por fin hacen ver al mundo la realidad que sufrían, y, consecuentemente con eso, han sido capaces de terminar con la fuente formal de esas proyecciones irreales… la Constitución de 1980. En un acto de madurez y valentía, Chile ha decidido tener una nueva constitución, no reformar una existente, sino refundar nuestra institucionalidad, pero ahora en plena democracia, y con participación de la sociedad en su conjunto.

Los chilenos han hablado fuerte y claro, y han desafiado al sistema político a estar a la altura de la historia; quieren ser protagonistas del cambio; quieren que las decisiones importantes no se tomen a siderales distancias sociales, económicas y hasta físicas de ellos. Exigen ser parte de un nuevo pacto y solo espectadores de los acuerdos a los que lleguen los de siempre, y si el sistema político no entiende la profundidad de ese mensaje, simplemente será superado por la realidad y la historia.

Los que prefieren seguir viviendo en la matrix, los que creen que Sebastián Piñera sigue siendo Presidente, los que no despertaron con el estallido social, los que no despertaron con la crisis social provocada por la pandemia que enfrentamos, los que creen que el plebiscito destruirá el oasis en que viven… siempre serán bienvenidos a construir una nueva realidad a partir de los sueños y esperanzas, porque el nuevo Chile debe incluir y nunca excluir, y en el nuevo pacto social y político que construiremos, pueden y deben caber todos.//ELF

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Monos porfiados

octubre 18, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile y columnista de La Tercera 

“Aun año del estallido, Chile ha recuperado su normalidad”, se felicita un documento firmado por el canciller, remitido a las 87 legaciones diplomáticas de Chile en el mundo, y apoyado por un video del ministro y coloridas diapositivas subidas a la web.

Hace un año, el 17 de octubre de 2019, el Presidente celebraba a Chile en el Financial Times como “el oasis de América Latina”, una frase que había repetido como mantra en los días previos. Los ministros mandaban a los ciudadanos a madrugar y comprar flores, y el expresidente del Metro sentenciaba que “la gente está en otra” y les decía a los “cabros” que “esto no prendió”.

Un año después, en la clase dirigente poco ha cambiado. Las voces que escuchan son las mismas que tan groseramente se equivocaron. Muchos dogmas permanecen incólumes. Como monos porfiados, aunque sean golpeados una y otra vez por la realidad, aunque la fuerza de los hechos los haga inclinarse y rebotar, siempre tratan de volver a su posición original.

Imperturbables. Porque entienden que, más allá del oleaje inquieto, ese mar de fondo que es la pesada historia de Chile no cambia.

Parte del problema sigue siendo una radical ignorancia sobre el país en que viven. Un estudio encargado a Unholster por el Círculo de Directores, con apoyo de la Universidad de los Andes, pone ese abismo en números. Doscientos 39 líderes de opinión, teóricamente las personas mejor informadas del país, 70% de ellos del mundo empresarial, contestaron cómo creen que es Chile.

Para ellos, sólo el 25% de los chilenos vive con menos de $ 160.000 per cápita. En realidad, el 77% de sus compatriotas está en ese tramo de ingreso. También calculan que el 18% de las personas recibe más de $ 800.000 al mes. En verdad ese grupo es apenas el 3%.

La élite estima que las viviendas de comunas de estratos populares valen 1/8 del precio de aquellas de comunas acomodadas. La verdadera diferencia es muchísimo mayor: 1 a 30. También calcula que el 39% de la clase media y el 18% de la clase baja están afiliados a isapres. Las respuestas correctas son 8% y 0%, respectivamente.

Ven un Chile imaginado. Un país que nunca existió.

Al menos algunos discursos han cambiado. El presidente del Círculo de Directores, Alfredo Enrione, admite que “nuestros prejuicios y percepciones son poco precisos. Nuestra clase media es mucho más pobre y frágil que la que percibimos desde la élite”. “No podemos seguir engañándonos”, complementa el gerente general de Unholster, Antonio Díaz-Araujo. Falta “empatía, oír más”, reconoce el presidente de la Cámara Nacional de Comercio. “Debemos hacer un mea culpa. No conocemos el sentir de nuestra gente”, coincide el timonel de la Sociedad Nacional de Agricultura. También hay señales esperanzadoras, como la iniciativa de Friosur de compartir el 20% de la propiedad con sus trabajadores.

Pero cuando se entra al área chica, esa apertura a “compartir nuestros privilegios”, como advertía hace un año en aquel inolvidable audio Cecilia Morel, comienza a diluirse.

Ocurre con la corrupción político-empresarial. Un caso grosero es el de Julio Ponce, condenado a pagar US$ 3 millones tras acreditarse que se había embolsado US$ 128 millones con el esquema de las Cascadas. El silencio ante este escándalo se ha vuelto ensordecedor. Ni comisiones investigadoras, ni acusaciones constitucionales, ni reformas legales: el “portonazo” de Ponce, como lo llamó el exfiscal Carlos Gajardo, ha sido ignorado por la clase política, beneficiada por los generosos donativos ilegales de SQM. Tampoco la clase empresarial ha sacado la voz ante este atentado contra los mercados y pequeños accionistas que tanto dicen defender.

También ocurre con los impuestos. Esta semana, el Fondo Monetario Internacional recomendó “aumentar los impuestos progresivos sobre los ciudadanos más ricos”, incluyendo “aumentos de tasas para los de mayores ingresos, a las propiedades más caras, a las ganancias de capital, y a la riqueza”, para financiar el costo social de la pandemia.

Pero ni siquiera esta advertencia del FMI mueve el debate en Chile. Los lobbistas del poder económico descartan impuestos a la concentración económica y, en cambio, piden aumentar el IVA.

Y agregan otra joya: el problema de Chile, concluye Libertad y Desarrollo, es que “el tramo exento de impuesto a la renta es muy amplio”: el 77% no paga. Claro, pero ese 77% es gente que gana $ 650.000 o menos. ¿La forma de hacer más justo nuestro sistema tributario es cobrarles a ellos más impuestos?

No sólo es defender medidas opuestas a las que propone el FMI, el guardián de la ortodoxia capitalista. Además, es no entender nada de la crisis actual. ¿En verdad creen que, un año después de un estallido gatillado por 30 pesos de alza en el transporte, es una idea brillante subir los impuestos al pan, la leche y los remedios?

Chile necesita reformas estructurales para desconcentrar el poder, pero también que la élite aprenda a perder y conceda algunos triunfos simbólicos. Los dos mejores ejemplos son el acuerdo para el plebiscito constitucional y el retiro del 10%. Ambos momentos fueron celebrados por buena parte de la ciudadanía, y ayudaron a bajar la presión que viene explotando desde octubre.

Son esas medidas -simbólicas y de fondo- las que se necesitan para permitir a la ciudadanía comprobar que el equilibrio de poder está cambiando. Mientras la clase dirigente no lo entienda, esta diatriba sobre un Chile que “ha recuperado su normalidad” no será más que el autoengaño de un mono porfiado.

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La oposición eres tú

octubre 7, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Albornoz, representante Asamblea por el Pacto Social.

Muchas y muchos de nosotros hemos visto con una mezcla de asombro, rabia y tristeza la mala negociación que llevaron adelante los partidos políticos en estas semanas, culminando en un lamentable espectáculo de recriminaciones tanto en la prensa como por redes sociales.

En este contexto, es bueno aclarar algunos puntos.

Las primarias que se acaban de inscribir eran para las elecciones municipales y de gobernaciones, y no estaban directamente vinculadas con la Convención Constitucional.

Este fracaso de los partidos nos impacta, pero no debería sorprendernos. La crisis del sistema político es parte de lo que provocó el Proceso Constituyente iniciado el 18 de octubre pasado. Esta demostración de incapacidad es sólo un síntoma de su estado actual.

Este escenario nos muestra que es el tiempo de que los territorios y las organizaciones sociales den un paso al frente y tomen la palabra. En diferentes espacios hemos encontrado una posición clara y generosa: estamos en contra de un discurso “anti partidos” vacío y demagógico, y creemos en el fortalecimiento del tejido social para construir la nueva política que Chile necesita. Al mismo tiempo, lamentablemente, los partidos actuales están en deuda desde hace décadas en su compromiso con la construcción de una sana vida democrática.

Mucho se ha criticado la ausencia de una verdadera oposición en estos años. Y mucho se ha criticado la falta de unidad y de altura de miras a esa misma oposición extraviada.

Esas críticas están perfectamente justificadas. Pero hoy quisiera invitarte a darle una vuelta al tema… Porque si estás leyendo este mensaje, entonces: la oposición eres tú.

LA OPOSICIÓN ERES TÚ

Si estás leyendo esta columna en un diario electrónico cuyo título nos recuerda la gran lucha por la democracia en Chile, la oposición eres tú. Si te preocupan los mensajes erráticos de la política profesional y se te ocurren ideas mejores, la oposición eres tú.

Si estás en un chat donde las personas se organizan y trabajan por cambiar Chile, la oposición eres tú. Si esta semana has conversado sobre el proceso constituyente, si le has aclarado una duda a alguien, la oposición eres tú. Si la palabra DIGNIDAD te emociona y te da fuerzas para seguir, la oposición eres tú.

Y ahora tienes la gran oportunidad de tomar en serio esa responsabilidad. Sin miedo. Sin pedir permiso. Porque yo no vi a “Heraldo” saltar un torniquete, ¿cierto? Ni vi a ningún “Elizalde” en Plaza Dignidad, ¿cierto? No he visto a “Fuad” en mi esquina, ni en la tuya, ¿o sí?

La oposición eres tú. Y yo.

En unidad. Desde hoy mismo.

Quedan menos cuatro semanas para el plebiscito. No perdamos ni un minuto en dividirnos, y aprovechemos cada segundo en contagiar la esperanza del Chile que soñamos. Si estás leyendo estas líneas, si te llegó este mensaje, la oposición eres tú. Y en ti confiamos. Todas nuestras manos están aquí para acompañarte.

No nos cansemos. No abandonemos la calle, las redes ni los espacios de diálogo.

Seamos capaces de traer de vuelta a la comunidad, al pueblo, para volver a ocupar el espacio central que nunca debió abandonar.

Las alamedas que Allende nos mostró están ahí, esperándonos. La historia es nuestra.

El 25 de octubre será un día hermoso.

Gracias por ese regalo al futuro que ya estás empezando a construir.

Venceremos. Y será hermoso.//ELF

Columna de www.fortinmapocho.cl

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El otro protagonista del proceso constituyente

octubre 1, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ernesto Moreno

Sociólogo DC

A menos de treinta días del plebiscito, primer hito fundamental del proceso constituyente, el debate se intensifica y las posiciones comienzan a develarse, con algunas sorpresas gratas en favor del apruebo y otras definitivamente oportunistas que responden a una estrategia con cierto perfume maquiavélico (el fin justifica los medios).
En la génesis de este proceso, como ya ha sido debidamente analizado, se encuentra la crisis del sistema político (legitimidad) y una estructura del poder concentradora y abusiva.

Las implicancias de esto y sus ramificaciones derivaron en el movimiento social que en los próximos días cumplirá un año, el cual fue precedido por diferentes movilizaciones en la década anterior (Pingüinos el 2006; Movimiento Estudiantil por la Gratuidad el 2011; No Más AFP el 2016; Movimiento Feminista Universitario el 2018).

Se trata de una tensión social acumulada que alcanza su clímax en un gran movimiento contestatario que reivindica aspiraciones y derechos de la inmensa mayoría de los chilenos. Es la ciudadanía (el pueblo) que se instala como protagonista y principal “propietario” del proceso constituyente.

De este movimiento surge un mandato, con plena legitimidad democrática y popular, para transformar nuestra sociedad en diferentes ámbitos y dotar a los chilenos de plena dignidad.

Sin embargo, hay un componente del actual proceso constituyente, el que denominamos “el otro protagonista”, que es imprescindible abordar y que adquiere un carácter omnicomprensivo y de orientación central en las propuestas para el nuevo texto constitucional.

Se trata del marco valórico-cultural que debe iluminar e impregnar todo el armazón y estructura de la nueva constitución. Es el ethos que forma parte de la esencia del relato constituyente y que permite dilucidar el por qué y a partir de qué queremos relacionarnos entre nosotros y con la sociedad y cuáles son los elementos que definen el núcleo de nuestro destino vital que nos hace parte de una misma comunidad.

Su núcleo está compuesto por un conjunto de valores y/o principios, los que no solo son inherentes al espíritu de una democracia, sino que también participan de ellos los más variados humanismos.

Ellos son la Dignidad de las Personas, la Justicia Social, la Inclusión, el Bien Común, la Comunidad Reflexiva y Participativa y un Medio Ambiente Saludable y Protegido.

En consideración a esta matriz fundamental, cabe entonces preguntarse, ¿quiénes estamos por una nueva constitución redactada por los ciudadanos, ¿lo hacemos porque el gobierno del presidente Piñera ha fracasado rotundamente?, claramente no (aunque sin duda ha fracasado); ¿lo hacemos porque tenemos con la derecha diferencias ideológicas insalvables?, tampoco (aunque dichas diferencias existen); ¿lo hacemos porque creemos que una nueva constitución solucionará automáticamente los problemas, como nos reprochan algunos majaderos?, ciertamente no, en fin, ¿lo hacemos porque queremos aprovechar una eventual mayoría para “aplastar a una minoría?, evidentemente que no. Lo hacemos por mucho más que eso.

Lo hacemos porque la Dignidad de las Personas, nos mandata para asegurar que todos los chilenos alcancen en el curso de su vida umbrales necesarios para una vida plenamente humana en alimentación, salud, educación y recreación.

Lo hacemos porque la Justicia Social es el fundamento de un Estado social de derechos y nos mandata a que las relaciones capital-trabajo sean equilibradas, con negociaciones colectivas por rama y actividad, con un derecho a la huelga real y sin restricciones, con participación de los trabajadores en las empresas y cumpliendo, en los hechos, con el concepto de trabajo decente establecido por la OIT (donde un compatriota, Juan Somavía, fue uno de sus autores).

Lo hacemos porque la Inclusión nos mandata a consagrar un Estado plurinacional y pluricultural, en que todos tengan cabida y se ponga término a todo tipo de discriminación.

Lo hacemos porque el Bien Común nos mandata a que se reivindique la propiedad pública y el Estado pueda asumir el control total y/o una participación significativa de aquellas empresas que manejan los recursos naturales (agua, cobre y litio). El bien común de la sociedad política es el fin supremo del Estado, de donde los bienes económicos que produce la sociedad no pueden concentrarse en manos de unos pocos por lo que dicho Estado debe jugar un rol activo regulando el proceso económico que permita hablar de una sociedad político-céntrica y no económico-céntrica.

Lo hacemos porque el querer construir una Comunidad Participativa y Reflexiva nos mandata a establecer espacios e instancias participativas vinculantes a nivel comunal, regional y nacional, que ayuden a una reorganización del poder en la sociedad y que permitan encauzar las demandas y aportes de la ciudadanía en general y de los grupos de más baja productividad en particular.

Lo hacemos porque un Medio Ambiente Saludable y protegido nos mandata no solo a esperar la buena voluntad de las personas, sino a consagrar en el texto constitucional normas inequívocas que garanticen que las empresas, las más variadas industrias y tecnologías y los ciudadanos, respeten y cuiden el eco-sistema. La premisa capitalista de que hay que crecer, crecer y crecer, porque detrás se encuentra la felicidad humana, no solo ha resultado errada, sino que ha llevado a un extractivismo ilimitado y amoral, sin ninguna consideración con los costos ambientales de su funcionamiento, los que deben ser asumidos con gran impotencia por las respectivas localidades y sus habitantes.
Son estas convicciones y dicho marco valórico los que juegan un rol fundamental en nuestra opción por el Apruebo y le dan sentido a nuestra causa; son estas fuentes las que impulsan los anhelos de quienes aspiramos a una democracia integral, en su forma y en su espíritu.

Después de un par de décadas de logros importantes, pero en que lo más significativo estaba por hacerse, nuestro país y democracia se fue aletargando y pareció que nuestro espíritu y sentido de vida se asentó en supuestas bases seguras e incuestionables, sin dirigir la mirada hacia nuestras voces interiores y las de nuestra gente, entonces, y no podría ser de otra forma, vino la tempestad.

A solo días de este gran e inédito momento en la historia del país y en medio de esta latente y siempre amenazante tempestad, habrá que decir con Platón que, precisamente, “todo lo grande está en medio de la tempestad”.
Y lo grande, lo grandioso de este momento es, ni más ni menos, que ser coherentes con lo que el siempre vigente Maritain aseveraba: “la democracia es el régimen en el cual el Pueblo goza de su mayoría social y política, y la ejerce para decidir su destino”. //ELF

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