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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Los trabajadores una vez más desprotegidos por el gobierno: Es la hora del parlamento

marzo 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

Economista y político

Ex militante PS

Académico de la Usach

El dictamen de la Dirección del Trabajo -que establece la continuidad del vínculo laboral pero no de las remuneraciones en caso de cuarentena y toque de queda- plantea de lleno el tema de la protección de los trabajadores en esta crisis. Los que prestan servicios a personas bajo cuarentena no podrán ir al trabajo y no recibirán remuneración, salvo que el empleador acceda a hacerlo. Solución: legislar a la brevedad la obligación del contratante de servicios personales de mantener la remuneración mientras dure una cuarentena que impida asistir al trabajo.

En el caso de las empresas que han disminuido total o parcialmente su actividad y sus ventas, insisto en que el parlamento legisle y lleve al gobierno a aprobar mantener el pago de salarios financiado en la proporción de la disminución de las ventas por el fondo solidario del seguro de cesantía por tres meses, sin disminución de las remuneraciones. Ejemplo: si las ventas caen a la mitad, se debiera pagar la mitad del salario por el fondo solidario de cesantía y la otra mitad por la empresa. Y que cabe subsidiar aquellos costos fijos empresariales que ayuden a evitar las quiebras y la explosión del desempleo.

En el caso de los trabajadores por cuenta propia y los sin contrato, cabe un subsidio por tres meses equivalente al ingreso mínimo y no los 50 mil pesos por una vez que plantea el gobierno. Esto cuesta mucho menos que la suspensión del pago del PPM a las grandes empresas que no están siendo afectadas (supermercados y sectores exportadores, por ejemplo). Es un tema de justicia social y también de buena gestión macroeconómica.

Es hora que la oposición en el parlamento haga su trabajo y no acepte las medidas del gobierno que protegen a la gran empresa no afectada y oriente los recursos hacia la mantencion de las remuneraciones y asegurar la continuidad del funcionamiento económico y del empleo. Chile puede hacer otra cosa que lo de siempre: favorecer a la gran empresa a costa de los trabajadores y precipitar crisis económicas y explosiones de cesantía por incompetencia y dogmatismo de las autoridades económicas. Ah, y los que se niegan a tomar medidas como las mencionadas por favor que después no se quejen sorprendidos por las rebeliones sociales que se produzcan por la inacción pública y/o por gobernar para los privilegiados y dejar en el abandono a la mayoría social. Es lo menos que se les puede pedir.

Publicado en: Columnas, Politica Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Gonzalo Martner

Navidad, Navidad… a esconder la realidad.

diciembre 26, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

El vicepresidente de RR.EE. de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) «Navidad, Navidad… a esconder la realidad», dice la letra Eduardo Peralta.

Así cantabamos en los negros años de la dictadura.

Hoy no debemos ocultar la crisis que vivimos con villancicos y regalos (siempre bienvenidos como muestra de cariño) y debemos asumir nuestra condición de una patria dividida y desigual, donde un pequeño numero de personas mantiene sus privilegios sobre la marginación y abuso de las grandes mayorías .

El verdadero espíritu navideño del.que nació en Belén para transformar el.mundo, para enseñar con sus obras que el amor es mas fuerte, pero que también expulsó del templo a quienes comerciaban con la fe, nos interpela para cambiar, ser mejores, empezando por nosotros mismos, para luego continuar nuestra lucha para cambiar y transformar nuestra sociedad y avanzar para que Chile sea una Patria Para Todos y Todas.

Feliz Navidad junto a tu familia y seres queridos.

Un abrazo

JORGE CONSALES Carvajal (DC)

Vicepresidente de Relaciones Internacionales de la Anef

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Columnas, Jorge Consales, Navidad

Estamos en un momento constituyente

octubre 28, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Leonel Sánchez Jorquera

Ya se inició el proceso constituyente en Chile, basta ver las diversas expresiones de una ciudadanía movilizada para comprender que esta crisis tiene un sustrato de fondo, que ya no se puede sostener en un ordenamiento jurídico constitucional deslegitimado.

La actual crisis no obedece solamente a un conjunto de demandas sociales que no fueron satisfechas.

Estamos en la presencia de una crisis del sistema político, de un agotamiento del modelo de desarrollo, de un cuestionamiento de las formas en que nos organizamos como sociedad, principalmente con una profunda crítica y rabia a la fuerte asimetría del poder en todos los ámbitos.

Es conveniente tener claro que el poder constituyente, esta soberanía originaria que manifiesta una voluntad política de crear un estado de cosas, parte de un poder originario cuyo titular es el pueblo o comunidad.

Las manifestaciones y protestas desarrolladas en Chile dicen relación con el ejercicio del poder constituyente originario. Debemos comprender que las personas no protestamos contra un alza de pasajes, ni exigimos un cambio de gabinete.

Estamos protestando contra un sistema que abusa y explota, y lo hace de forma institucionalizada. Por tal sentido, este estallido social tiene características de desobediencia civil que pretende atacar a un sistema del cual se perdió toda fidelidad y lazo afectivo.

La desobediencia civil surge, entre otras razones, cuando un significativo número de ciudadanos y ciudadanas ha llegado a convencerse de que ya no funcionan los canales normales de cambio y, por lo tanto, sus quejas no serán oídas. (Arendt, 2013).

En otras palabras, el pacto social se rompe porque una de las partes no lo cumplió, al establecer un sistema injusto y abusivo, que en palabras de otros autores “de ningún modo puede justificarse la sumisión del 99% de la humanidad al 1% restante compuesto por los individuos y empresas que dominan el poder político-económico” (Costa Matos y de Sá Souza, 2017: 18).

Es deber de las diversas instituciones de la República tomar nota de este movimiento constituyente y lograr que tenga un cauce institucional en un sistema democrático.

Debemos tener siempre presente que el lenguaje constitucional es de los ciudadanos y ciudadanas y no de expertos o juristas (Atria, 2013), es así como el debate de las instituciones de la República no debe centrarse en los aspectos técnicos sino políticos del momento constituyente que estamos viviendo.

De lo contrario el movimiento del poder constituyente originario seguirá su curso, cual río que se abre paso en el devenir histórico, y más temprano que tarde llegará al mar, para transformarse en un nuevo ordenamiento jurídico que regula la vida de la nación.

En tal sentido, una de las propuestas pacíficas, democráticas, institucionales y ordenadas de salida de la actual crisis es una Asamblea Constituyente que redacte y defina una Nueva Constitución, que tiene que ser posteriormente plebiscitada por toda la ciudadanía.

Por lo tanto, el debate debe centrarse en cómo y cuándo organizamos la Asamblea Constituyente, cómo recoge el sentido paritario en la igualdad de género, la incorporación de los pueblos originarios, las diversas minorías que conforman la mayoría del país, la cantidad de miembros, cómo se escucha e incorporan las propuestas de los que no estén sentados en dicha Asamblea… En fin, cómo le damos cauce institucional.

Los distintos actores políticos, o por lo menos una gran mayoría, deben tomar una decisión histórica: asumen la oportunidad en estos momentos o serán sobrepasados por el proceso histórico.

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Hacia donde debe transitar la DC: El neocomunitarismo del siglo XXI

septiembre 24, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Nicolás Hauri 

Presidente regional PDC Región del BíoBío 

Nuestro partido se declara comunitarista, esencialmente, por la recepción que sus fundadores hicieron de la obra de Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, quienes desarrollaron esta línea de pensamiento, la que en síntesis destaca, al mismo tiempo, el valor de lo individual y lo social, armonizando los derechos del individuo frente a la sociedad, con los derechos de la sociedad frente al individuo.

Sin embargo, resulta evidente que hoy son otros tiempos, otra sociedad y también otro país. La vida comunitaria dio paso a un individualismo que a muchos acomoda y, por ende, defienden. La postmodernidad, paradojalmente, se presenta como un salto a la liberación de los vínculos de dependencia personal, de las jerarquías y de los poderes absolutos, a través de la autodeterminación de los individuos y el reconocimiento pleno a sus derechos. Pero la mercantilización generalizada de las relaciones humanas ha dado paso a la apatía, a la indiferencia, al extrañamiento frente al otro, destruyendo a la comunidad y los lazos comunitarios.

Es por lo anterior que creemos que resulta necesario intentar dar respuesta a lo siguiente: ¿En qué está hoy el comunitarismo? O bien ¿En qué consiste el llamado Neocomunitarismo que han propuesto autores tales como Charles Taylor, Alasdair MacIntyre, Michael Sandel y Amitai Etzioni entre otros?

El neocomunitarismo surge hacia fines de la década de los 70, a partir de las reacciones críticas a la obra del filósofo liberal estadounidense John Rawls denominada “Teoría de la Justicia” donde, muy en general, plantea que cada persona tiene una inviolabilidad fundada en la justicia, que ni siquiera el bienestar de la sociedad como un todo puede trasgredir, postulando además que el Estado moderno está justificado por el aseguramiento de los planes de vida individuales, en que la noción de Bien Común estaría configurada sólo por estos planes de cada uno de los miembros de la sociedad, y el rol del Estado debería ser permitir a todos su realización particular.

Ante ello, los neocomunitaristas plantean como crítica, en palabras de Charles Taylor lo siguiente “¿No necesitamos, acaso, en nuestra sociedad un concepto más rico de bien común que el propuesto por la teoría rawlsiana? ¿Un concepto más rico que trascienda la simple facilitación y defensa del bien de los individuos?”.

En ese sentido el Neocomunitarismo se preocupa del balance entre la comunidad y la autonomía, entre el bien común y la libertad, entre los derechos individuales y las responsabilidades para con la sociedad, dando relevancia a la construcción de una determinada concepción de bien, la importancia de pensar sobre qué es una buena sociedad de corte aristotélico y cómo se llega a ella más allá del subjetivismo individualista. El neocomunitarismo plantea que la buena sociedad está más allá del mercado y del Estado, ni el libre mercado ni la administración pública encuentran soluciones adecuadas a los problemas actuales si éstos desconocen las voces y el aporte de la sociedad civil y sus múltiples organizaciones.

En cuanto a la concepción de la persona, el neocomunitarismo considera como característica fundamental de ella su vocación comunitaria y su naturaleza social, la cual se manifiesta en forma nítida al momento en que estas personas confluyen en su vida de relación cooperando, construyendo y aunando esfuerzos en tareas en pos de la comunidad. Es por ello que es determinante la existencia del principio de responsabilidad para con la comunidad en contrapunto de la excesiva libertad individual del liberalismo, que puede ir incluso en contra de la comunidad. Por ello rechazan la idea de un Estado neutro propuesta por el liberalismo, dado que el Estado debe asegurar una mirada en todo momento en pos del Bien Común, lo que en ocasiones, no resultará compatible con ciertos y determinados proyectos o ideas individuales.

Amitai Etzioni, pensador neocomunitarista, a comienzos de este siglo XXI, postula la necesaria preocupación por despertar la conciencia sobre los vínculos comunitarios de la sociedad a través de la revitalización de instituciones que fomenten los lazos comunitarios como lo es la familia, la escuela y los barrios, las cuales se fundan en 2 elementos: lazos de afectos y cultura moral compartida. Así las cosas, pueden formarse en torno a instituciones o profesiones, tener por base un grupo étnico disperso, personas que comparten una misma orientación sexual, intelectuales de la misma línea política o cultural e incluso constituirse en el ciberespacio. Con ello se enfrentarían con eficacia los desafíos de hoy que indica nos afectan como sociedad, que son el individualismo, desiquilibro entre derechos y responsabilidades y la desconfianza interpersonal e institucional.

El desafío entonces, para quienes desde el neocomunitarismo buscamos fundamentar la acción política en la sociedad del Siglo XXI, es avanzar en la construcción de una alternativa coherente con los postulados teóricos de esta corriente de pensamiento, encontrando el modo adecuado de transitar desde el individualismo hacia la mirada comunitaria, de demostrar que sin una idea de bien común que vaya más allá de la suma de planes individuales, con derechos pero también con deberes y responsabilidades exigibles, los fenómenos del cambio climático y de la robotización, no podrán ser revertidos o abordados adecuadamente, con graves consecuencias para todos.

Creemos que los grandes problemas, distorsiones y dificultades de estos días obedecen a que todo está construido en clave individualista, donde lo relevante es “salvarme” y no “salvarnos”. Y en ello el neocomunitarismo tiene mucho que aportar desde lo filosófico hasta lo programático, proponiendo ciertos mínimos que rijan la convivencia social y proyecten un futuro en comunidad, planteando primero justicia antes que libertad, equidad antes que igualdad, hermandad antes que fraternidad y solidaridad con el medio ambiente antes que productividad.

En esta tarea debiésemos volcar nuestros esfuerzos de diálogo y reflexión. Superar paradigmas antiguos, avanzar en más y mejor comunidad, revitalizar los espacios de encuentro, tal vez no del mismo modo que en tiempos pasados, pero si apelando a la comunicación e interacción con los demásEn esta tarea debiésemos volcar nuestros esfuerzos de diálogo y reflexión. Superar paradigmas antiguos, avanzar en más y mejor comunidad, revitalizar los espacios de encuentro, tal vez no del mismo modo que en tiempos pasados, pero si apelando a la comunicación e interacción con los demás, revalorizando conceptos como la solidaridad y la empatía en todos los ámbitos de nuestras vidas. Es hora de ocuparnos de la construcción comunitaria en tiempos de la globalización, de la era digital y del acceso ilimitado a la información.

Hagamos como lo indica Amitai Etzioni al señalar “Haz por tu comunidad lo que a ella le pides que haga por ti”.// ELF

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Bío Bío, Columnas, Columnista, Nicolás Hauri

El recuerdo del «11»: La era septiembre

septiembre 10, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Mario Peñailillo

Era septiembre, éramos niñas y niños jugando la pichanga o saltando la cuerda. Éramos familia y comunidad, familias que se reunían en fines de semanas lentos y apacibles; comunidades que se encontraban en la cancha de fútbol, la junta de vecinos o el centro de madres; en torno a la pavimentación del pasaje o la fiesta de navidad.

Así era Chile.

Sencillo, modesto, con problemas y dificultades de país subdesarrollado, con pobreza y miseria, con desigualdades e injusticias; pero con sueños y deseos que se expresaban en los Gobiernos del presidente Frei Montalva y del presidente Allende. Una sociedad que en su gran mayoría aspiraba a una patria mas digna y mas humana, donde los derechos de unos pocos fueran los derechos sociales de miles y miles de chilenos y chilenas.

Hasta que llegaron los Hawker Hunter rompiendo el cielo, los tanques recorriendo las calles, los militares ocupando las poblaciones, las empresas, las universidades.

Y vino la noche.

Y los juegos ya no pudieron ser porque el toque de queda lo prohibía.

Y las familias se partieron en viajes al exilio, en detenidos en los campos de concentración, en quienes vieron desaparecer para siempre a sus seres queridos.

Y las comunidades se quebraron por entero y las juntas de vecinos fueron intervenidas, los sindicatos eliminados y la política llevada a su exterminio.

Y los niños y niñas de ese entonces comenzamos a ver como otros niños y niñas sufrieron la aniquilación de sus hogares, como las maletas de lo urgente los llevaban fuera del país, como se quedaban sin padres ni madres que los cobijaran y los amaran. Así fue.

Y nos quedamos en silencio. Mientras las murallas eran pintadas de blanco, la incipiente televisión y la radio se volvía monotemática y la noche llegaba con los hombres de lentes oscuros y el puño de la muerte.

Y nos quedamos viendo como nuestros padres y madres fueron pasando del miedo y el silencio a la rabia y la acción. Sus ojos volvían a brillar, esta vez por el dolor y la desgracia de la patria. Dolor y desgracia que los llevarían a volver al movimiento escondido y rebelde que nos permitió volver a mirarnos a la cara y reconocernos.

Pero ese 11 de septiembre de 1973 es imborrable.

Es nuestra fractura.

Es nuestro dolor.

Son nuestros hermanos y hermanas desaparecidos, asesinados y exterminados.

Ese 11 de septiembre es nuestro y aunque pasen mil años nadie ni nada nos los podrá arrebatar.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: 11 de septiembre, Columnas, Conmemoración, Fiestas Patrias

COLUMNA: La esperanza de Palestina está en su diáspora

febrero 7, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

La comunidad palestina en Chile, la más grande del mundo fuera de los países árabes, no puede seguir siendo un espectador del fallido proceso de negociaciones.

Por Jaime Abedrapo
Doctor en Derecho Internacional y director de la Comunidad Palestina de Chile.

La comunidad palestina de Chile, la más grande del mundo fuera de los países árabes, ha comprendido que no puede seguir siendo un espectador del fallido proceso de negociaciones y del irrespeto sistemático al derecho internacional por parte de Israel. No podemos mirar con indiferencia cómo un Estado ignora con total impunidad las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tales como —242, 338, 446, 478, 2334— que buscan el término de la ocupación en Palestina y generar las condiciones para la paz. En vista de ello, y a diferencia de lo que algunos han intentado desvirtuar con ánimo de desacreditar la legitimidad de nuestro quehacer en Chile y Latinoamérica, nuestra tarea seguirá siendo promover el valor de las personas y el derecho que tienen todos los pueblos a la libertad.

Nuestros antepasados palestinos, que llegaron a tierras lejanas como las de América del Sur, nos enseñaron el apego a nuestras raíces culturales y nos dieron una identidad amable, emprendedora y con capacidad de inserción social. Ellos, nuestros padres y abuelos, nos transmitieron el amor por Palestina y nos enseñaron a amar la tierra que nos recibió con generosidad. Por ello, las comunidades de origen palestino han sido un aporte importante al desarrollo de los distintos países en que se han insertado, aportando en todas las actividades de la sociedad desde la política hasta el mundo académico, pasando por las finanzas y las artes, pero ello no ha significado la pérdida de nuestra memoria y origen. En los hechos, el dolor que a diario viven los palestinos nos ha motivado a romper el silencio y a entender nuestro papel ante la Comunidad Internacional.

En este sentido nuestro trabajo, así como el de otras importantes comunidades palestinas de Latinoamérica, ha consistido en convocar la sociedad civil internacional, ya que hemos comprendido que cuando el camino de la diplomacia fracasa incluso en situaciones que están respaldadas por el régimen internacional de los Derechos Humanos y la propia Carta de las Naciones Unidas, no es una alternativa el guardar silencio. La situación actual nos obliga a buscar otros caminos para materializar el anhelo de libertad de un pueblo que por más de 70 años no ha conseguido que se respete su derecho de autodeterminación sobre la tierra en la que ha vivido desde siempre. La libertad es un anhelo compartido por todas las sociedades.

Sabemos que hay pueblos que han sucumbido de distintas maneras a la opresión, algunos esclavizados, colonizados (ocupados), y otros desterrados. Han sido esos pasajes de la historia los que nos han enseñado el valor de la libertad, puesto que ha sido el dominio de tiranías o imperios cuando reconocemos que siempre nuestros espíritus son libres, indomables, sin importar el nivel de la represión. De hecho, no hubo manera de doblegar a libertarios como Nelson Mandela o Mahatma Gandhi quienes justamente alientan la resistencia pacífica en contra del opresor. Son estos los testimonios que nos inspiran en nuestra esperanza por una Palestina libre, y es ese anhelo el que nos moviliza en Latinoamérica.

Las comunidades palestinas situadas en la diáspora nos conmovemos con el coraje de mujeres y hombres que resisten día a día por mantener su identidad, su memoria y su tierra. Es ahí cuando  Palestina adquiere especial sentido y compromiso, ya que han cargado una cruz con todo tipo de humillaciones; limpieza étnica y un sistema de apartheid que se va consolidando en Israel con leyes que, por ejemplo, imponen una lengua oficial –el hebreo– y descartan el árabe, entre muchas otras acciones que excluyen y diferencian entre ciudadanos según su religión y etnia, sumado a la conculcación de un Estado de derecho en Cisjordania y la Franja de Gaza, territorios en donde se infringen sistemáticamente los Derechos Humanos.

Al día de hoy, la situación en Palestina evidencia un fracaso del régimen internacional, y además se está trasformando en la evidencia del proceso de descomposición de los consensos mundiales alcanzados en 1945, ya que hay potencias como Israel que se arrogan el derecho a no limitarse en su actuar ante ninguna norma internacional, incluida la del ius cogens. En efecto, en Palestina se ha permitido que las evidencias de crímenes realizados por Israel queden sin ser investigadas, evitando así cualquier represalia o sanción a su conducta. Crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos se han permitido debido a la geopolítica contemporánea, al sistema de alianzas y amistades por parte de actores centrales en Medio Oriente, dejando a los palestinos en una orfandad.

Ante ello, la sociedad civil adquiere especial relevancia, porque no está condicionada a dichos intereses mezquinos que son capaces de vivir ajenos al dolor del prójimo. En los hechos, muchas diplomacias se complacen sólo con comunicados exhortando a Israel a frenar los ataques en contra de población civil, o lo conminan a que se respete el derecho internacional en vista a una paz justa y duradera, muletilla utilizada por los mandatarios en cada cumbre o encuentro para la búsqueda del fin de la ocupación en Palestina. Pero la realidad es que el drama se perpetúa y el Estado de Israel continúa su proceso de expansión territorial expresado en más confiscaciones de tierras y en el aumento del número de colonos (actualmente superan los 600.000).

Creemos que es tiempo de que cada ciudadano informado y con sentido de humanidad se manifieste y adhiera a la campaña pacífica del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), tal como sucedió exitosamente en la Sudáfrica del Apartheid. Esta acción de la sociedad civil se debe seguir difundiendo e impulsando hasta que Israel modifique su conducta respecto a las detenciones arbitrarias (inexistencia de un debido proceso); leyes discriminatorias en uso de carreteras; transporte público segregado; controles a diario para palestinos (Checkpoints); existencia de un muro que anexa de facto territorio palestino; confiscaciones de tierra; prisión para niños y presos políticos; sufrimiento a través de castigos colectivos en Franja de Gaza; entre otras muchas violaciones a los Derechos Humanos.

La esperanza de Palestina está en la organización de su diáspora, en esos más de cinco millones de palestinos repartidos en todo el mundo que tienen un mismo anhelo y que han comprendido la importancia de su rol. En Chile, así como en toda Latinoamérica, no dejaremos de visibilizar ante la opinión pública la injusta vida que soportan los palestinos, promoviendo acciones pacíficas destinadas a crear las condiciones para que se les otorgue igualdad de derechos y se ponga fin a la ocupación. Sabemos que será un camino largo y difícil, pero mientras existan personas que se reconozcan a sí mismas como humanistas habrá esperanza en la libertad de los palestinos.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Columnas, Jaime Abedrapo, Medio Oriente, Opinión

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