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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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neoliberalismo

Dogma de fe

junio 23, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Hace algunos años, durante el segundo mandato de la Presidenta, Michelle Bachelet, no fueron pocos los que acusaron a ese gobierno de sobreideologizado… incluso de dogmático, de anteponer su agenda militante a los intereses del país y de intransigencia a la hora de establecer diálogos con la entonces oposición. Pues bien, en comparación a la actual administración, ese gobierno resulta ser el vivo ejemplo del pragmatismo político.

En décadas pasadas se utilizaba el concepto de “confesional” para referirse a algunas fuerzas políticas que apegaban su discurso y acción a una determinada confesión religiosa; en nuestro país la Católica. Hoy vemos un sector político que, en la práctica, reemplazó la religión espiritual por un nuevo credo al que se ciñe con verdadero fanatismo dogmática: el neoliberalismo.

La nueva deidad a la que se rinde obediencia absoluta es a la economía de mercado, y mas específicamente a la secta formada bajo el alero de la Universidad de Chicago. Sus enseñanzas y mandamientos permearon tanto a la dictadura cívico militar como a sus sostenedores políticos, y tristemente, a la sociedad chilena en general… Hoy vivimos en un país individualista, donde la solidaridad se disfrazó de caridad; la focalización es la única manera de enfrentar la pobreza y la competencia es la nueva Ley natural.

La economía y el modelo neoliberal imperante son el becerro de oro adorado sin el menor pudor por un gobierno dispuesto a todo por mantenerlo intacto. No importa si éste atenta contra la igualdad y la dignidad de las personas, no importa si garantiza la impunidad para los que abusan, o peor, si se basa en esos abusos… Son verdades reveladas recibidas en un autoritario Sinaí, y plasmadas en unas espurias tablas de la Ley impuestas en dictadura, allá por el año 1980.

En este contexto y mientras el país enfrenta la mayor crisis social y política en décadas, y debe además asumir el portentoso desafío de la peor pandemia del último siglo, las respuestas del Ejecutivo y sus partidarios son sensiblemente pobres, pero por sobre todo, estrictamente limitadas dentro de los estrechos márgenes ideológicos de su fe.

Hemos escuchado por meses a analistas y políticos de todos los sectores decir “este gobierno no comprende la magnitud de la crisis”… ¿De verdad alguien puede creer que personas preparadas e inteligentes no entienden la profundidad de la crisis que vive nuestro país? La triste verdad es que el gobierno de Sebastián Piñera entiende perfectamente tanto las causas como las consecuencias del estallido social que vivimos, y entiende también la compleja crisis social que se derivará de la pandemia que enfrentamos, pero no puede salirse ni un milímetro del libreto grabado a fuego por la dictadura y el modelo que impuso en nuestro país.

En cada área y momento del gobierno que analicemos, podemos encontrar evidencias patentes del apego casi fanático a un modelo económico y social especifico. Si se habla de salud, como solución a las coberturas de enfermedades complejas se propone un seguro, es decir, profundizar el modelo de una salud eminentemente privada y vista como un negocio. Si lo que se discute es apoyar a las personas en la pandemia y cuarentena que enfrentamos, el gobierno insiste en hablar de focalización, de nueva realidad, de préstamos a los trabajadores independientes. Si hablamos del drama de las pensiones, el gobierno plantea solo cambios en la misma lógica y marco conceptual y legal del actual sistema de capitalización individual.

Pese a abrirse a un proceso constituyente, el gobierno mantiene una actitud de negación ante la verdadera nueva realidad que Chile enfrenta, el derrumbe del modelo patriarcal y sus ídolos de barro económicos, y en consecuencia, busca cualquier herramienta legal, política o comunicacional para asegurar que, aunque todo cambie, todo siga igual, en un tragicómico gatopardismo trasnochado.

En definitiva, enfrentamos un gobierno y un sector político atrincherado en un credo irrenunciable e intoxicado por un dogma de fe fracasado. Enfrentamos al gobierno más dogmático desde la Unidad Popular, que nos arrastra a un dualismo artificial y pernicioso que abre el camino al populismo. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, combate del coronavirus, Coronavirus, David Pellizzari Ossa, Dinero, dogma, neoliberalismo, pandemia

Chile, del neoliberalismo a la realidad del tercermundismo

junio 18, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Paul Walder

Columnista de ElClarin.cl

Primero el estallido social, hoy la pandemia. Pero el verdadero drama de Chile se llama neoliberalismo, concentración de los ingresos, de la riqueza y del poder, corrupción de los representantes políticos. Si la rebelión popular de octubre, que se extendió durante meses en las calles y los territorios, ha sido la expresión de este mal económico, la pandemia, que escala día a día, no solo se ceba con el pueblo sino que reitera, reproduce y amplifica aquellos dolores. Junto a los millares de contagiados, los miles de muertos, la pandemia se extiende en el frío del invierno por las carencias de un pueblo doblemente abusado.

Chile, país modelo, Chile, ejemplo para la región, Chile, miembro de la OCDE, Chile, oasis en Latinoamérica. Aun podemos oír como un enfermizo susurro aquellas mentiras lanzadas al aire de forma perversa e irresponsable durante las últimas décadas. El país de la OCDE, que logró ingresar por la ventana a este club de los ricos con falseados indicadores económicos o por sus cifras útiles para inversionistas y especuladores, ha sido y es el vagón de cola de los desarrollados, que hoy también exhiben, por cierto, su lastre de subdesarrollo.

Los casos de Chile, y México, el otro colado en esta sociedad, son para llorar. El virus ha hecho colapsar la economía mexicana, con pérdidas hasta el momento de unos dos millones de empleos formales y caídas brutales en la actividad. Todo ello en una escena que no detiene la violencia habitual, sino la reproduce y fortalece junto a la tragedia de las migraciones. Un guión distópico y apocalíptico en progresión, sin dirección ni final aún imaginado.

Chile ha alterado cifras desde la dictadura en adelante. Lo hizo durante la transición por varias décadas, sacando lustre a las estadísticas útiles para los mercados y metiendo bajo la alfombra todo lo demás. Bien conocidas son las cifras de desigualdad o las falencias en educación y salud pública. Para qué hablar de medio ambiente o trato a los pueblos originarios, ni mencionar las violaciones a los derechos humanos en una democracia, o su simulación. El vagón de cola de la OCDE, así como el tren que viaja sin parar en un planeta congelado en la serie Snowpiercer de Netflix, adaptación del filme del coreano Bong Joon-hu, que ganó este año el Oscar por Parásitos. La simbología de esta serie es evidente en la verticalidad (linealidad en este caso) social y en la latente, y permanente, lucha de clases. Vagones, sociedades o países, es lo mismo.

El vagón de cola es la jaula fría y sucia de los pobres, excluidos y eventual mano de obra barata o esclavizada. Es parte del tren, sin capacidad de movilidad y decisión y podría dejar de serlo en cualquier momento. Como Chile, que tras la rebelión y en la pandemia se desprende de aquella población que ahora no es útil para el consumo y el mercado. El covid-19 ha dejado caer todo el decorado neoliberal para regresarnos al fantasmagórico Tercer Mundo, una denominación sin embargo real de la que aborrecen nuestras aspiracionales elites que soñaban con las puertas de occidente.

En estos días, para ser serios, Chile ha regresado al lugar donde tal vez nunca salió la mayoría de su población: la pobreza, la precariedad, el miedo al futuro y hoy también el hambre. Tercer Mundo, subdesarrollo, dependencia, atraso, desindustrialización, monoproducción, todos calificativos que la globalización neoliberal intentó borronear pero que hoy reaparecen porque nunca se habían ido.

No solo dependencia y pobreza es propio del subdesarrollo. En realidad, el verdadero tercermundismo es político y cultural. Es también, o principalmente, corrupción y una casta política solo volcada a defender sus propios intereses de clase. Lo que tenemos hoy, en este país supuestamente certificado como emergente por la OCDE, es algo no muy diferente a la clase y orden político de hace cien años o más. Una casta política apernada de forma vitalicia que legisla para el gran capital. Una ralea que ha reproducido los más impúdicos y obscenos niveles de desigualdad en todas las áreas de la vida pública y social. Santiago, Chile, un campo de golf rodeado de mediaguas.

Hay imágenes que quedan en la memoria. No solo la represión brutal de los últimos meses. Una bestialidad con decenas de jóvenes asesinados por las fuerzas de orden, millares de heridos y otros miles en las cárceles por protestar. La entrega de cajas con alimentos que ha hecho el gobierno quedará como una representación perfecta, de la visión de clase del gobierno y sus políticos sobre sus propiedades, territorio nombrado como nación. En esta performance pudimos observar la soberbia de unos sobre humillación de otros en la entrega de los alimentos a las familias vulnerables y carenciadas, que reciben los insumos de las manos de unos políticos con sonrisas para los flashes y cámaras. Pero hay algo aún peor, que es la utilización mezquina por parte de esta clase del hambre como campaña bien organizada de propaganda política. Es solo un detalle en otros cientos, pero reproduce una mirada sobre un país que no ha variado en más de un siglo. Cohecho, acarreo, compra de votos por una caja de alimentos. Es lo mismo.

La denominación de Tercer Mundo la acuñó a mediados del siglo pasado el economista francés Alfred Sauvy. Africa, Asia y América Latina, los condenados de la tierra, en medio de la guerra fría y los grandes bloques geopolíticos. Una estructura que olvidamos con la publicidad y el marketing neoliberal que hoy sin duda regresa. Tras el desmontaje de ese orden en medio de la pandemia y el colapso neoliberal, que representa en nuestras latitudes el retiro masivo de capitales y la caída de las exportaciones, entre otras alteraciones, regresamos a la desnudez, a los despojos históricos y a nuestras endémicas y enfermizas estructuras, económicas, de clase, culturales. Chile nunca superó su subdesarrollo cultural y social.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnas, Coronavirus, ElClarin.cl, globalización, neoliberalismo, ollas comunes, pobreza, tercermundismo

El neoliberalismo avasallador: Rememorando el cuento de «Los Viajes de Gulliver»

abril 3, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Lindemann S.
Profesor de Estado
Militante DC

Dentro de mi cuarentena y rescatando el legítimo un derecho al ocio le he dado vuelta al cuento de «Los viajes de Gulliver», historia de un médico viajero que naufraga (primera sutileza del autor), y sobrevive a orillas de una isla, esto me ayuda a pensar un poquito.

Para no dar mucha lata quiero detenerme en una parte del cuento, en el momento en que el gigante (que en ese contexto de realidad lo era sin serlo, segunda sutileza del autor) despertó de un agotador esfuerzo atado de fuertes cuerdas, por unos seres diminutos y frágiles, en la isla de los liliputienses (llamados hombrecillos por el autor, tercera sutileza). Recuerden, los que están al tanto del cuento, que este pueblo tenía como preocupación existencial su guerra permanente con un enemigo común de otra isla, cuyo motivo de la histórica disputa era que para los liliputienses esos eran un pueblo muy malo (textual), pues se comían los huevos pasados por agua haciéndole un hoyo por el lado redondo de este y no por la punta como ellos, esto lo encontraban un asco, siendo que su pueblo lo hacía a la inversa, cuestión que gigante Gulliver encontraba una ridiculez y absurdo. Bueno, este astutamente se transforma en aliado de esta intrascendente causa para él, pero muy relevante para ese pueblo, esto hace que dejen de temerle y cultiva empatía, genera certezas, proyectándose para ser su gran protector y a la vez ser protegido por el emperador (cuarta sutileza del autor); y aquí me detengo; pues deseo hacer una analogía con nuestra propia historia que no es tan lejana a la fantasía de un cuento.

La llegada del neoliberalismo avasallador, gigante y temerario en los años 60`, fue contenido con ideologías fuertes, cuerdas, firmes, con un pueblo culto, (aunque de élites), con luchas nobles, que luego fueron debilitándose en las sombras, transformándose en escuálidos lazos con dosis de entreguismos y trueques blandos, por el dorado y los espejismos, soltando las amarras del gigante, que pronto se transforma en un generoso garantista del bien, constructor de magias y sueños, superior al bien y el mal, dueño de todos los eros. El cuento relata que solicita al emperador del pueblo barras metálicas con las cuales construye anzuelos, con los que le ayudará combatir a esos enemigos que pensaban distinto y arrebatarles sus poderes de guerra (quinta sutileza del autor). Camina de villano a héroe, al poder sobre la corte real, sus mentes y planes, de su presente y futuro.

Todos sabemos el significado literario y mítico de los metales y anzuelos, son armas, símbolos de milicia para el poder, espadas para conquistarlo, dominarlo o arrebatarlo.
Así, entonces, este gigante arrastra 50 barcos de guerra para gloria del emperador (sexta sutileza del autor), empoderándose en este reino de nuestro cuento y de la realidad.

Ahora bien, ¿Qué habría ocurrido si en el cuento se hubiesen incorporado otros elementos y personajes? ¿Si un grupo de jóvenes liliputienses (hombrecillos), vestidos de estudiantes se hubiesen revelado frente al poderoso gigante y desnudado su omnímodo poder?, ¿si este acto se hubiese transformado en un despertar del imaginario de los liliputienses?, ¿Qué este despabilamiento hubiese significado el darse cuenta de estar divididos por un huevo y sometidos a un poderoso aparentemente indestructible?, ¿Qué dormían distraídos por la presencia de un gigante real y endiosado por el imaginario colectivo, además de una corte real obsecuente, dependiente y cohabitada?.

Si hubiese mutado así el cuento, ¿Cuál hubiese sido el epílogo de este?, ¿Qué hacer con este personaje de Gulliver? ¡¡¡¡Esa es la cuestión!!!!, …gran problema…

Pues era tan potente e incuestionada su presencia, el temor por sus garras y poder ya arraigado y legitimado, su doctrina penetrada en todas las raíces de un pueblo, su organización y estructura dominante que llenaría de incertidumbre el desenlace de este cuento.

Un final que se esperaba que nos liberara de un invasor con tanto poder y maquiavélico encanto, era un sueño.

Pero en todo cuento siempre aparece una inesperada salida a un desenlace encantado. Agreguémosle un factor, que cuando Jonathan Seift lo escribió a comienzos del S.XVIII, en ese tiempo no estaba en su pluma el incluir en su relato una plaga mortal, invisible, cruel y despiadada, que amenazaba toda la historia presente y futura, que destruye toda la cordura de realidad, que viene a poner todo este relato en la crisis más inesperada e inimaginable de todo el cuento. Un fin que desarmaría juicios y paradigmas, debilitaría todos los poderes, cuestionaría los saberes, esfumaría la autoridad, pulverizaría la soberbia, los gigantes se transformarían en enanos, los enemigos dejarían de serlo, los superlativos arrogantes, clasistas y discriminadores sucumbirían frente a la fragilidad de la existencia.

El cuento original termina cuando Gulliver huye al ser acusado de traicionero. Le perdonaron la vida porque les era útil, solo le arrancarían los ojos (importante séptima sutileza del autor), se lanza al mar adentro de un vetusto bergantín del emperador (octava sutileza), es encontrado flotando en este galeón robado, que para su tamaño parecía que estaba dentro un barril.

Bueno, concluyo, que esto ya sucedió en mi imaginación y reescribiría el cuento.

La naturaleza, aunque a veces cruel y despiadada siempre rescata la esencia pura de la vida, lo más profundo de cada ser. Se burla de lo humano, satiriza lo absoluto y rescate cósmico del universo. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Contingencia, Coronavirus, Jorge Lindemann, Los Viajes de Gulliver, neoliberalismo

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