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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Por mi derecho a réplica

marzo 31, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

El domingo 28 de marzo, El Mercurio de Valparaíso publicó en su editorial una opinión respecto de audio filtrado desde WhatsApp, con opinión de militantes mujeres de la falange de Valparaíso, algo que atenta en contra de la privacidad y corrompe libertad de expresión de quienes plantean sus inquietudes. 

Al respecto En La Fontana republicamos columna aparecida en Enlacediario.cl sobre el tema.

Por Priscila Corsi Cáceres

Militante DC de Valparaíso

Cuando nos preguntamos cuáles son las barreras de género que a menudo protagonizamos las mujeres en política, pregúntenle a un director de medio de comunicación regional que quiere ser de un mundo imaginario al parecer, que parafrasea y realiza una mala analogía de la obra del gran Nicanor Parra, donde en su relato prevalece la discriminación y la misoginia.

Dedicar dos días columnas en la sección cahuines y editorial del domingo, ambas en anonimato y basada en soplos, citando solo opiniones de mujeres en grupos de WhatsApp de una organización política, supuestamente privada y de confianza, sin ir a la primera fuente; reafirma la decadencia del periodismo en Chile y la banalidad de defender los intereses económicos de los grandes Holding sobre los derechos de las personas y el respeto a mujeres en política.

Esto también, es no leer que Chile cambió y por tanto El Mercurio de Valparaíso se quedó tristemente en el pasado y como siempre “miente”. Ante este hecho, me pregunto si “el agente soplón” no envío fotos de las opiniones de los hombres en dichos grupos, ¿O es que ellos no son objeto de denigración en un medio de comunicación? Porque me consta que realizaron opiniones más fuertes incluso, pero que por respeto y porque tampoco no es mi estilo, no delataré.

Quiero dejar en claro, que NO estoy para prestarme como objeto de un ensayo periodístico de nadie, que carece de contexto, falta el respeto y denigra por dar una opinión, trasgrediendo la libertad de pensar y expresar en los espacios creados para aquello. Una opinión que di, no avalando una acción, si no más bien en primer término lamentando la falta de fraternidad partidaria y reflexionando sobre la cuestión desde otro punto de vista. Me gustaría que mostrara el mensaje completo, es más lo autorizo, para que se dé a conocer el contexto del texto que escribí y que nunca imaginé que se diera a conocer partes en un medio local.

Parece que efectivamente “el comunicador” tiene un mundo, una moral y ¡Una verdad imaginaria! El relativismo solo existe en su ideario imaginario.//ELF

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Lo más grave está por venir: Licencias médicas

marzo 29, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Dr. César R. Olivares Formas

No cabe duda alguna que el derecho a una licencia médica es un derecho irrenunciable del cual no pueden disponer ni los empleadores ni los trabajadores, las normativas son muy claras y específicas al respecto.

La licencia médica es el derecho que tienen los/las trabajadores/as para ausentarse o reducir su jornada laboral durante un tiempo determinado, con el propósito de recuperar la salud y su capacidad de ganancia, en cumplimiento de una indicación profesional certificada por un médico-cirujano, cirujano-dentista o matrona, no dando lugar a interpretación posible al respecto.

Por tanto, las licencias médicas constituyen un derecho vinculado a la protección de la salud, cautelado por la Constitución, las Leyes y el Derecho en general.

El reciente Ordinario emitido por la Subsecretaria de Salud Pública que condiciona el acceso a una licencia médica en los casos en que el trabajador acuerde con su empleador la modalidad de teletrabajo es sencillamente inentendible, ilegal y constituye una vulneración de los principios de la Seguridad Social.

A raíz del rechazo generalizado que provocó esta decisión administrativa y política, probablemente basada en cálculos ingenieriles –que hoy parecen aplicables a cualquier esfera de la vida- el Secretario General de la Presidencia afirmó que se “enmendará” la polémica instrucción del Ministerio de Salud y éste a su vez procedió a “aclarar” (no “enmendó”) su contenido y objetivos, reiterando la violación al Derecho, en primer lugar porque es de una informalidad jurídica enorme y en segundo lugar porque de acuerdo a lo dispuesto en el propio Reglamento de Licencias Médicas se prescribe que los únicos que pueden indicar si una persona requiere o no licencia, son los profesionales de la salud autorizados para tal efecto y se mantiene una interpretación amañada de los derechos laborales.

Lo más grave aún está por venir; en este Ordinario y en su “aclaración”, se sientan las bases para relativizar las enfermedades, incluso las laborales protegidas por las ley 16.744 que establece normas sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales. No se puede delegar la responsabilidad al trabajador sobre la protección de su salud, más aun cuando queda claro que hay una mirada de control del gasto y del número de licencias que se emiten.

Diversas asociaciones gremiales, sindicatos y ciudadanos han manifestado su rechazo a tal medida por lo que será necesario que la Contraloría General de la República se pronuncie ante este hecho conculcatorio y basado en mendaces argumentos.

Debe procederse a dejar sin efecto esta instrucción, dando tranquilidad y calma a la ciudadanía, cesando estos actos de hostigamiento en estos graves momentos en que enfrentamos la peor crisis sanitaria como nación.//ELF

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Trabajo decente: Pilar de la nueva constitución

marzo 26, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Juan Somavia

ExDirector General de la OIT Preside el Consejo Asesor Constitucional de la CUT

La franja oficial, debates televisivos y programas de radio, han permitido conocer las opiniones de las y los candidatos a la Convención Constituyente. Mas de alguien resaltó que la promoción de la dignidad del ser humano en el trabajo y su expresión concreta en el derecho al Trabajo Decente, debe tener rango constitucional.

Por cierto, el reconocimiento y la garantía de la dignidad a partir del trabajo, se origina en un constitucionalismo social contenido en los Convenios y Recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (creada en 1919), la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), los Pactos Internacionales sobre derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales (1968), los valores del Estado de bienestar y, desde luego, en las sostenidas luchas sociales y políticas en todos los países que, con sus duelos, tragedias y éxitos, durante este largo proceso histórico, han logrado avanzar progresivamente en el reconocimiento de los derechos laborales y sindicales. Camino sobre el cual queda mucho por recorrer.

Chile llevaba años encaminándose en esta dirección. Sin embargo, la dictadura y su Constitución cortaron ese curso en seco, imponiendo un retroceso del que aun no nos recuperamos plenamente. Su visión neoliberal sobrevaloró el papel del mercado, ignoró su incapacidad para autorregularse y comercializó los derechos sociales; Junto a ello, subvaloró el papel del Estado y sus sistemas regulatorios y devaluó el valor del trabajo y las políticas públicas en materia social. Aumentó aun más el desequilibrio de poder entre capital y trabajo.

Los y las constituyentes tendrán la tarea de reconocer el enorme valor que tiene el trabajo decente, concepto propuesto por la OIT en 1999, en la construcción de una sociedad armónica, con cohesión social y sana convivencia democrática. Porque, finalmente, la vida nos ha demostrado que la calidad del trabajo define de tantas maneras la calidad de una sociedad. Y hay una gigantesca labor por delante en Chile y en el mundo, particularmente después de los retrocesos sociales producidos por la Pandemia y las transformaciones en el trabajo ligadas a la revolución digital y el tránsito hacia un desarrollo sostenible.

Lo bueno es que no partiremos de cero. Existe un consenso mundial en torno a la necesidad del trabajo decente, gestado progresivamente en las últimas decadas, cuyo más reciente eslabón es la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, aprobada en 2015 por unanimidad de todos los países al más alto nivel político en Naciones Unidas. Su objetivo 8 nos indica la decisión colectiva de “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos”.

Hoy, se trata de avanzar desde esa potente aspiración política y social global a la realidad nacional y local. Debemos valorar el enorme significado que tiene para todos y todas el trabajo en nuestra sociedad, lo que implica poner este reconocimiento en el corazón de la Nueva Constitución e incorporar el derecho al Trabajo Decente como principio fundacional de la misma.

En Chile, para avanzar en esta dirección tenemos que reconocer donde estamos; y lo concreto es que no estamos bien, ni en la realidad, ni en los conceptos. La actual Constitución Política considera el trabajo del ser humano básicamente como un costo de producción. Igual que las materias primas, los intereses bancarios, el transporte, la publicidad y otros.

Sin embargo, en la vida real, para las personas, las familias y las comunidades, el trabajo decente es tanto más que eso, tiene un valor social, no es sólo un precio:

Es fuente de dignidad personal y valoración de si mismo. Nos probamos en el trabajo. Hay satisfacción o descontento en función de su calidad. El trato recibido, bueno y malo, tiene un enorme impacto subjetivo.

Es fuente de estabilidad de las familias, tantas de ellas monoparentales, o como la gente decida vivir juntos. Cuando hay uno o más buenos trabajos en casa, sabemos que hay menos violencia intrafamiliar, mas distensión, genera un sentido de progreso, hay más confianza en el futuro. Es fuente de mayor paz en la comunidad y sensación de seguridad cuando el trabajo de calidad se ha extendido en el entorno en que vivimos.

Además, el ser humano que trabaja es también un ciudadano y saca conclusiones de su vida laboral. Es difícil pensar que la enorme manifestación pacífica del 25 de octubre 2019 que congregó cerca de dos millones de chilenas y chilenos en todo el país, no tuviera una relación muy directa con la mala calidad del trabajo en Chile.

Por cierto, hoy ninguna de estas dimensiones se expresa plenamente en la mayoría de los trabajos en nuestro país. Los datos confirman lo dicho: El 50% de los chilenos y chilenas tiene un sueldo igual o inferior a $400.000 mil pesos (Fundación Sol, 2019) y el 40,5% de los trabajadores y trabajadoras vive en la informalidad, con toda la inseguridad y precariedad que ello conlleva (OIT, 2019). El monto promedio de las pensiones autofinanciadas recibidas por los jubilados asciende a 159.000 y el 80% de ellas está por debajo del ingreso mínimo (Superintendencia de Pensiones, 2021), el trabajo infantil es un flagelo para 220.000 mil niños, niñas y adolecentes que se ven forzados a trabajar (UNICEF, 2020).

Las múltiples formas de discriminación y desigualdad de género hacia las trabajadoras dramatiza aun más las cifras en materia de empleo. La brecha salarial en trabajos formales asciende en promedio a un 28% menos que las remuneraciones de los hombres, lo que nos posiciona como el 5º país más desigual en materia de género (OCDE, 2020), y el 47% de ellas gana menos que el sueldo mínimo (Universidad de Playa Ancha, 2020). Del total de trabajadores informales, un 57% corresponde a mujeres, en donde el 68,3% gana menos del sueldo mínimo. Lo anterior, se agrava, si observamos que en el 73% de los hogares chilenos son ellas el único sostén económico (Universidad de Playa Ancha, 2020). A ello se agrega la total falta de reconocimiento social, cultural y legislativo del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y su contribución al bienestar social y a la economía (comunidad mujer 2019).

Por otro lado, existe un evidente déficit en el ámbito del reconocimiento y protección de los derechos colectivos laborales, marcado por una diversidad de limitaciones que los cambios a la legislación y Constitución no han eliminado. Solo el 6,3% de las empresas nacionales tiene organizaciones sindicales y solo un 6% de trabajadores y trabajadoras están cubierto por algún tipo de instrumento colectivo (Encuesta Laboral, ENCLA 2019).

Esta realidad es el fundamento del gran desafío constitucional: reconocer el derecho al Trabajo Decente, individual y colectivo, como un principio fundacional de la Nueva Constitución, acompañado de reglas que garanticen su ejercicio real. Ambas dimensiones deben estar en la Constitución.

Ello nos lleva a la próxima etapa. Las condiciones de ejercicio del trabajo decente se construyen sobre la base del respeto a los derechos fundamentales en el trabajo que postula la OIT: un contrato con salario para progresar no para subsistir, libertad sindical con negociación colectiva a todos los niveles y derecho a huelga multipropósito, fin al trabajo infantil y al trabajo forzoso, no discriminación, igualdad de género en todas las dimensiones del mundo de trabajo y todos los derechos humanos consagrados en los acuerdos internacionales. Incluyendo un sistema de seguridad social con pensiones dignas.

Lo anterior se inserta en el reconocimiento del conjunto de derechos sociales que son parte integral del constitucionalismo social: educación, salud, vivienda, medio ambiente sano y tantos otros. El trabajo decente debe ir acompañado de un piso de protección social que asegure mínimos civilizatorios por debajo del cual ninguna chilena o chileno se debe ver forzado a vivir. Es el momento que la Nueva Constitución reconozca tanto la ciudadanía política como la ciudadanía social.

Este postulado se sitúa en la perspectiva, y la necesidad, de que Chile logre construir una verdadera Estrategia Nacional de Desarrollo Justo y Sostenible con la más amplia convergencia de visiones en torno a la promoción de la dignidad del ser humano y el respeto a la integridad de la tierra. Ello requiere un crecimiento inclusivo, equitativo y eficaz, con cambios profundos en nuestra matriz productiva e inserción internacional, fundado en inversión y consumo sostenibles. Desde ese objetivo situarse en el mundo que viene, pues la velocidad de los cambios tecnológicos, la evolución de los sistemas productivos, la naturaleza de los mercados globales y las tensiones geopolíticas ya nos están planteando enormes desafíos de país que debemos tener la capacidad de enfrentar como nación.

En ese marco, tenemos que profundizar el análisis del significado de esos cambios en los diversos sectores productivos existentes y por crear. Esto, unido a una visión del impacto actual y prospectivo sobre el mundo del trabajo y la estructura del empleo junto a las nuevas necesidades de formacion y capacitacion que ya estan surgiendo. Sabemos que los cambios tecnológicos, la inteligencia artificial, la economía digital, el trabajo a distancia que se va a generalizar y la automatización, entre otros aspectos, ya están aquí. Analizar el futuro del trabajo post pandemia y en camino al desarrollo sostenible es esencial. En una perspectiva constitucional, debemos saber armonizar la dimensión económica, social y medioambiental del desarrollo sostenible.

Por estas razones, junto a un grupo de mujeres y hombres hemos aceptado la invitación efectuada por la Central Unitaria de Trabajadores de Chile, para discutir y profundizar las ideas y propuestas del mundo sindical que aspiran a poner en el centro de la Nueva Constitución el reconocimiento al valor del trabajo.

Si el trabajo decente contribuye a la cohesión social, es fuente de dignidad personal, estabilidad de las familias, paz en la comunidad, conciencia ciudadana y de “un crecimiento sostenido, inclusivo y sostenible”, sin duda debemos colocar la valoración del trabajo del ser humano en el corazón de la Nueva Constitución. Todo ello nos debe conducir a reflexionar sobre la importancia y la contribución del trabajo de chilenas y chilenos, en la construcción de nuestra sociedad.

Nada de lo propuesto son aspiraciones nuevas. Los chilenos y chilenas sabemos que lo dicho es una realidad que refleja la vida de muchos millones de compatriotas. Sin embargo, no hemos sido capaces de asumirlas como una tarea nacional que fortalece la convivencia democratica. Para finalizar, debo señalar que todo lo propuesto tiene precedentes en otras constituciones y acuerdos internacionales de los que Chile es parte.

Las y los constituyentes, en su gran responsabilidad, van a tener que encontrar una convergencia de voluntades, quizás inédita. Su tarea es difícil, en este y otros temas similares, pero también potencialmente creativa y hermosa. Tendrán que saber abordar con sensibilidad problemas profundamente íntimos, en que detrás de los conceptos, las cifras y la confrontación de intereses, hay seres humanos de carne y hueso. Y ellos nos dijeron en el plebiscito del Apruebo que tenían esperanzas en esta Nueva Constitución. //ELF

*Ver columna en PDF👇

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Estado de sitio en Wallmapu

febrero 28, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Pedro Cayuqueo

Periodista y escritor

La idea de aplicar el estado de sitio en el país mapuche marcó nuestra semana. Lo exigieron a La Moneda, “pantalonazo” incluido, diversos gremios que añoran en la intervención del Ejército una especie de segunda “Pacificación de la Araucanía”. La idea, por absurda que sea, copó los medios y nuevamente puso el conflicto en el tope de la agenda del gobierno. Al menos por un rato, como sabemos suele suceder.

Lo del estado de sitio es una idea apoyada por Evópoli. Su mandamás, Andrés Molina, ex intendente regional, llegó a advertir del peligro inminente de una “guerra civil”. Curiosos debieron resultar sus dichos para los miles de turistas que de mar a cordillera estaban recorriendo la región. No eran pocos. Sucede que la habitual afluencia de visitantes no se ha perdido, pese a la pandemia y la posible guerra civil.

Lo de Molina fue un exabrupto peligroso

De un político profesional, autoridad electa y timonel de un partido de gobierno uno esperaría más bien responsabilidad, mesura, templanza. Nada de ello tuvimos de su parte. Habló desde la rabia y la desesperación de su grupo familiar. Su cuñada es la dueña de la casa patronal incendiada en Lautaro a comienzos de semana. Y su suegro, el empresario Mario García, el posible blanco político de dicho ataque.

Pero gobernar un país, diputado Andrés Molina, no debería tratar de asuntos familiares, menos en el Chile de hoy. Por lo demás lo suyo, se lo digo respetuosamente en esta tribuna, es un grosero conflicto de interés, uno que debieran transparentar todos los políticos –tanto de oficialismo como de oposición– que pretendan muy sueltos de cuerpo dictar cátedra sobre el conflicto y sus posibles soluciones.

¿Cuántos de ellos tienen intereses creados en el conflicto? ¿Cuántos son propietarios de tierras reclamadas por comunidades mapuche o accionistas de empresas madereras, inmobiliarias o de energía que hoy lucran con el despojo a las grandes jefaturas mapuche de antaño? Me temo que la lista es larga.

Por suerte hay personas mucho más sensatas que Molina y los dirigentes gremiales de la Araucanía. Uno de ellos es el general (R) Eduardo Aldunate Herman, boina negra y ex Director de la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales del Ejército, además de ex vicecomandante de la Fuerza Multilateral de Naciones Unidas en Haití.

En sus regulares Cartas al Director de El Mercurio, Aldunate ha venido advirtiendo de lo errado de utilizar militares en labores de orden público, así como del “desatino” de querer ahogar con represión el conflicto no resuelto del Estado con el pueblo mapuche. La solución, ha subrayado el militar en todos los tonos, debe ser política y negociada, a la usanza de los Parlamentos.

Esta semana se sumó a su posición el oficial naval en retiro Richard Kouyoumdjian Inglis, analista y directivo de la Liga Marítima de Chile.

“Una solución militar requiere voluntad política y validación de la opinión pública, y no veo que una o la otra existan al día de hoy”, señaló lúcidamente, subrayando que “a nivel mundial ya no se practica el uso de la fuerza militar para pacificaciones o resolver conflictos sociales”. “Quizás es hora de hacer un esfuerzo y entender de qué se trata el problema y así comprender cómo se soluciona”, agregó.

El conflicto, créanme, tiene solución: es política y surgirá de un diálogo de alto nivel entre el Estado chileno y las distintas jefaturas mapuche, incluidas aquellas que defienden la violencia política o el “weichan” como estrategia de lucha. Un diálogo sin exclusiones ni vetos odiosos es el único camino capaz de conducirnos a una paz duradera y con justicia en Wallmapu. Y esa tarea es política, no militar.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: análisis, columna, Columnas, Pedro Cayuqueo, Walmapu

¿Salud o dinero?: Dilema de los accidentes del trabajo y las enfermedades profesionales

enero 20, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Dr. César Olivares Formas 

El Reglamento de Autorización de Licencias Médicas -que data de 1984- ha sido modificado y, a partir del 1 de enero han entrado en vigencia esos cambios. Considerando que el contexto de su aplicación es en la actualidad muy diferente a la época en que se originó, es muy positiva su actualización y modernización; no obstante, hay que observar con detenimiento, cuánto perjudica y/o favorece a los trabajadores.

Una trascendente modificación dice relación con que a las licencias médicas de los trabajadores que sufran un accidente de trabajo o una enfermedad profesional no se les aplicará el mencionado reglamento y será la Superintendencia de Seguridad Social, la que impartirá las instrucciones para su tramitación y autorización, entregando estas facultades, a los Administradores del Seguro de la ley Nº 16.744, entre ellos, al Instituto de Seguridad Laboral.

Este instituto, que vendría a ser la mutual del Estado de Chile, y cuya misión es “otorgar Seguridad y Salud Laboral a empleadores/as, adheridos/as y trabajadores protegidos”, cuenta con un Subdepartamento de Contraloría Médica que, según la información recabada, se encargará, a través de sus médicos contralores, del análisis, procesamiento y autorización de estas licencias, cuyo objetivo como contralores es “generar acciones tendentes a la focalización y control del gasto en prestaciones de salud asociados al tratamiento y licencias médicas de los afiliados al Instituto de Seguridad laboral”.

Esta modificación implica un cambio radical no sólo en el rol que desempeñaban las contralorías de las Compin e Isapres en materia de accidentes y enfermedades laborales, sino también en la concepción del reposo laboral en el país.

De: “ejercer el control técnico de las licencias médicas” y “fiscalizar el ejercicio legítimo del derecho a licencia médica” que es el rol fundamental de estas instituciones, pasamos ahora a la concepción de focalizar y controlar el gasto de las prestaciones y el subsidio por incapacidad laboral, función que cumplirán los médicos contralores del Instituto de Seguridad Laboral, lo que significa el aumento del rechazo de las licencias médicas y la disminución de los tratamientos médicos que corresponden, por derecho, a los trabajadores afectados, ya sea, como se ha planteado, por accidentes del trabajo y/o enfermedad profesional.

Las experiencias en materia de rechazo de licencias han sido nefastas y dolorosas para los trabajadores, justo en el momento que requieren de una situación económica estable que les permita afrontar con éxito la recuperabilidad laboral.

Por otra parte, los contralores médicos de las Isapre y de Compin, cuando rechazan o modifican una licencia médica sin justificación que respalde su resolución, con o sin expresión de causa, pueden ser denunciados por el afiliado afectado a la Superintendencia de Seguridad Social y, de resultar comprobados los hechos, se les aplicarán sanciones que en el caso de los contralores de las Compin, son sometidos a sumario administrativo, pudiendo, inclusive, ser destituidos de su cargo de acuerdo a lo señalado en la ley Nº 20.585.

Cabe preguntar: ¿Qué medidas de control le serían aplicables a los contralores de los organismos administradores del Seguro de la ley 16.744 cuando incurran en conductas como la descrita?

¿Quién garantiza la protección de la salud de los trabajadores cuando sean rechazadas las licencias para disminuir el gasto en este subsidio?

¿Habrá contralores de distintos tipos y cómo responderán ante la ley?

No cabe duda que, de esta manera, se intenta legalizar una aspiración de quienes creen que se gasta demasiado en la salud de los trabajadores.

Así es muy difícil construir un país moderno, civilizado y democrático.

Es insoslayable que la nueva Carta Magna considere los derechos de los trabajadores por lo que el Reposo Laboral deberá ser un derecho garantizado constitucionalmente.//ELF

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La derecha y los Derechos Humanos: Más claro imposible

enero 5, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

No ha habido caso que la derecha evolucione en lo fundamental en materia de Derechos Humanos: se niega a respetarlos y promoverlos en Chile, aunque los reclame en Cuba y Venezuela con estridencia y guarde un económico silencio respecto de China.

Hoy, ha votado en contra de que se cree una asignatura de Memoria y Derechos Humanos en las escuelas.

La derecha se niega a que las nuevas generaciones puedan conocer a través de un programa educacional hechos que por su horror y brutalidad nunca más deberán repetirse, para lo cual no debe olvidarse que ocurrieron. Estos hechos son que durante una dictadura que la derecha promovió y apoyó se produjo una brutal represión que costó la vida a miles de chilenos y chilenas.

Esa violación del derecho a la integridad y a la vida partió el día del golpe de Estado de 1973 con múltiples torturas y fusilamientos de personas desarmadas y siguió con la formación de un escuadrón de la muerte a partir de la caravana del mismo nombre, que luego conformó la DINA y más tarde la CNI. Este escuadrón de la muerte torturaba, violentaba, asesinaba y hacía desaparecer cuerpos contando con todos los recursos del Estado. Respondía directamente al dictador Pinochet y operó día a día durante 16 años, hasta el 4 de septiembre de 1989, cuando fue asesinado Jécar Neghme a solo meses del fin de la dictadura.

Esto es lo que la derecha no quiere que las nuevas generaciones sepan. Lo que es, en todo caso, un deseo fútil, pues la transmisión de estos hechos seguirá de generación en generación. Pese a quien le pese. //ELF

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