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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Francisco Huenchumilla

Esteban Vega (DC) En La Fontana y experiencia de conversatorios online: «Fortalece nuestra convicción en torno a construir puentes de entendimiento, a nivel de nuestra generación (G-35) en la oposición y la DC»

agosto 12, 2020 by En La Fontana Deja un comentario

Esteban Vega Toro es locutor de radio Ritoque FM 107,9 de Valparaíso y camarada del PDC. Pertenece a la llamada Generación 35 (G-35), con una mirada de ver la política y la sociedad que valora el legado del ex Presidente, Eduardo Frei Montalva. 

Hoy, se dedica a la radio, pero también a liderar conversatorios, entrevistas y foros online, a través de plataformas en redes sociales.

En La Fontana lo entrevistamos para conocer esta experiencia de interacción ciudadana en vivo, con actores sociales y de las expectativas que tiene para la Democracia Cristiana (DC).

-¿En qué está la G-35 en estos tiempos de pandemia?

-Hemos intentado mantenernos en contacto y diálogo en este tiempo de pandemia, aprovechando las plataformas digitales. Hemos realizado conversatorios y diálogos, intentando mantener nuestra red activa y comunicada. Estamos trabajando en una plataforma de apoyo y asesoría a nuestros candidatos a concejales, alcaldes y constituyentes, y debatiendo muy activamente en torno a los temas que están en el debate público, tanto con camaradas de nuestro partido, como en un diálogo amplio con todo el arco de la oposición.

-¿Cuál ha sido la experiencia de los encuentros virtuales con MEO y el senador Francisco Huenchumilla?

-Ha sido una muy positiva experiencia. Ambos encuentros con estas destacadas figuras de la centroizquierda fortalecen nuestra convicción en torno a construir puentes de entendimiento, a nivel de nuestra generación en el arco de la oposición, y hacia nuestro partido. Estas instancias mantienen vivo nuestro espacio de coordinación, y representan un mensaje hacia nuestro Partido y para toda la oposición, en el que hemos sido sistemáticos desde que formamos la G35: la necesidad de propiciar un entendimiento de todas las fuerzas políticas transformadoras y de vanguardia.

-¿Qué fue lo más importante del diálogo en vivo con Marco Enríquez-Ominami?

-En primer lugar, nos permitió conocer a un MEO distinto al que todos conocimos hace años. En un tono muy reflexivo, muy dialogante y de muchísimo respeto. Una figura pública que está por la unidad de la oposición, y que nos invita, con ánimo propositivo, a ser parte de ese debate. Y, en segundo lugar, creo que nos permite ir derribando mitos. Los tiempos que vivimos en nuestro país requieren de mucho oído, de un diálogo profundo y permanente, y sin exclusiones. Frente a esa convicción invitamos a Marco Enríquez Ominami a conversar con nosotros, y pensamos que fue un debate positivo, pues ha contribuido a abrir una discusión al interior de la DC. No es casual que, después de nuestro conversatorio, Fuad Chahin, Francisco Huenchumilla y Ximena Rincón establecieran diálogos públicos con MEO, como nunca antes había sucedido en la Democracia Cristiana después de la elección presidencial de 2009.

-¿Y qué fue lo más relevante que dijo Huenchumilla?

-Francisco Huenchumilla es un gran senador y un gran camarada, por el cual nuestra generación siente el mayor de los respetos. Nuestro camarada ha sido sistemático en torno a la necesidad de alcanzar un entendimiento fecundo en la Araucanía, y comprende que ese entendimiento comienza por reconocer que nuestro Estado ha fallado en el reconocimiento constitucional a los pueblos indígenas, y en especial, al pueblo mapuche. Esa es una deuda de muchos años, y que debe ser saldada. Personalmente, considero que el conflicto mapuche es un asunto de primera prioridad, y el Senador Huenchumilla nos invita a reflexionar en torno a la importancia de la gestión integral de este conflicto para avanzar hacia una sociedad más fraterna.

-¿Qué va a hacer la G 35 en la próxima elección interna del PDC?

-No es un asunto que está todavía en nuestro debate interno, lo cual no significa que nos resulte indiferente. Desde su creación, la G35 siempre ha impulsado el recambio generacional en nuestro Partido, y producto de ello todas las listas que han competido en las elecciones internas de la Democracia Cristiana desde 2016 en adelante han contemplado, en sus integrantes, a representantes de nuestra generación. Sin embargo, el recambio es mucho más profundo que solo generacional: nos interesa impulsar una reflexión y debate de futuro en la Democracia Cristiana. No estamos de acuerdo con que la discusión de los próximos 30 años de la DC sea un debate liderado por quienes la han dirigido en los últimos 30 o 40 años. La Democracia Cristiana se ha caracterizado siempre por su diversidad disciplinar, social y territorial. Estamos convencidos que esa diversidad es un valor que debemos resguardar, y que se manifiesta en nuevos liderazgos que deben surgir, y que el Partido debe promover, para que la DC le hable a Chile desde distintas plataformas y a sus diversos grupos.

-¿Van a levantar un candidato a Presidente?

-No lo hemos debatido aún, y creo que no es momento para ese debate. Estamos por una conducción partidaria que sea respetuosa de la historia de nuestro Partido: una Democracia Cristiana dialogante, de vanguardia, y que impulsa políticas públicas transformadoras. Queremos estar en ese debate junto a quienes, al interior de nuestro Partido, compartan esa mirada.

-¿Cuál es su evaluación de la actual directiva del PDC, que encabeza Fuad Chahin?

-La actual directiva de nuestro Partido ha hecho un esfuerzo por reposicionar a la Democracia Cristiana en el espacio político. Hemos logrado incidir en el debate público a partir de una estrategia de diferenciación con el resto de la oposición, intentando construir canales de diálogo. Con aciertos y errores, la directiva ha hecho un esfuerzo que es importante destacar, en especial después del peor resultado electoral de nuestro Partido en los últimos 50 años. Sin embargo, creo que este camino sinuoso ha contribuido a instalar una imagen desdibujada de la DC en la opinión pública. Soy de aquellos que consideran que la Democracia Cristiana es más fuerte cuando construye en compañía de otros con quienes compartimos historia y unidad de propósito. No estamos en tiempos de búsqueda de identidad, y creo que hemos perdido tiempo valioso en una búsqueda que es más sustantiva: la búsqueda de proyecto, que no es otra cosa que definir nuestra propuesta país. Nos hemos enfocado más en definir con quien no queremos construir, que lo que queremos construir. Cuando definamos lo que queremos decirle al país, discutiremos si existen, en el arco político, otros partidos o movimientos disponibles que se sientan interpretados por nuestro mensaje, y que estén disponibles a acompañarnos en esta tarea.

-¿Cuáles son las tareas para el plebiscito?

-El plebiscito en el primer hito de un camino que será histórico para nuestro país: elaborar un nuevo documento constitucional en Democracia. Ese proceso requiere de la más amplia participación, y debe comenzar con un triunfo inobjetable del Apruebo el próximo 25 de octubre, para que nuestra nueva Constitución sea redactada por una Convención Constituyente. La Democracia Cristiana debe poner a disposición del plebiscito toda su fuerza electoral y organizativa para alcanzar un resultado histórico, y formar parte del debate constitucional con su mejor elenco. Respaldamos el trabajo que está desarrollando nuestra camarada Carmen Frei, junto al Presidente Nacional de la JDC en esta materia.

-¿Ve unidad en la centroizquierda para que gane el Apruebo en el plebiscito?

-Veo en la centroizquierda un ánimo muy constructivo, y veo disposición de nuestro Partido a formar parte de ese entendimiento. Creo que hoy la oposición entiende lo que está en juego. La oportunidad histórica de elaborar un nuevo documento constitucional no se puede desperdiciar. Los quórums definidos exigen el más amplio entendimiento. Ayuda a esa unidad el desempeño del Gobierno, que ha sido desastroso. Esta Derecha es un mal para Chile. No podemos, los demócratas cristianos, negarnos a un debate con las fuerzas de oposición para encontrar caminos de unidad. Chile exige de nosotros grandeza en estos tiempos tan complejos.//ELF

Publicado en: Entrevista, Notas, Politica Etiquetado como: Entrevista, Esteban Vega, Facebook live, Francisco Huenchumilla, MEO

Senador Huenchumilla y situación en La Araucanía: «No tenemos conocimiento de un plan del Gobierno»

agosto 5, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

El senador por La Araucanía, Franscisco Huenchumilla, se refirió este martes al tenso ambiente que se vive en la zona en el último tiempo.

En Radio Bío Bío de Temuco, Huenchumilla se refirió a la convocatoria efectuada por Víctor Manoli a todos los exintendentes de la región para buscar una solución política, acotando que “tengo una mirada de comprensión de los Intendentes de La Araucanía, porque sé que es un cargo muy difícil, muy complicado. Esa es mi primera impresión”.

“Yo estuve en el mismo cargo y sé que es uno de los cargos más difíciles y complejos que puede existir en el aparato público chileno. Dicho eso, entiendo que es muy poco el poder de maniobra que tienen los Intendentes para resolver el problema que tenemos en La Araucanía”, expuso el Senador, añadiendo que durante el día responderá a la convocatoria de Manoli, con quien habló la noche de este lunes.

A su vez, el parlamentario afirmó que “mientras no haya una decisión del poder central es muy difícil avanzar en una solución, porque los gobiernos de distintos signos nunca han tenido esa voluntad política de avanzar en los sustantivo del conflicto que aquí tenemos”.

“Hoy día estamos en foja cero en realidad. No tenemos conocimiento de un plan del Gobierno respecto de La Araucanía”, acotó Huenchumilla, refiriéndose también a la figura del ministro del Interior, Víctor Pérez.

Si bien Francisco Huenchumilla reconoció tener buena relación con el secretario de Estado, señaló que “Víctor pertenece al sector más duro de la UDI, y ellos tienen un propósito hoy en día que es recomponer la coalición oficialista (…) Uno sabe que están en una línea distinta a la que pudo haber tenido Blumel y anteriormente el ministro Chadwick”, agregando que “yo soy bastante escéptico de lo que pueda hacer el Gobierno de aquí para adelante”.

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: conflicto mapuche, Francisco Huenchumilla, Región de La Araucanía, Senador, Violencia desatada

Lea la propuesta del senador Francisco Huenchumilla (DC) para el conflicto en la Región de La Araucanía

agosto 3, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

*En La Fontana publicamos propuesta del senador por la región de La Araucanía, Francisco Huenchumilla, de la Democracia Cristiana. Completo informe donde plantea estrategias, pasos, políticas públicas y medidas concretas para destrabar de una vez por todas el conflicto mapuche-Estado chileno, que se arrastra por décadas. 

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Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Francisco Huenchumilla, parlamentario, Región de La Araucanía, Senador

DC Región de La Araucanía rechaza hechos de violencia y crítica al Gobierno por su incapacidad en resolver este conflicto

agosto 2, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

*En La Fontana publicamos declaración pública de la Directiva Regional del Partido Demócrata Cristiano (PDC) de la región de La Araucanía, frente a los últimos hechos de violencia ocurridos en nuestra región, particularmente en algunas comunas y municipios de la Provincia de Malleco.

Al respecto, esta directiva manifiesta a la opinión pública lo siguiente:

«1.- La Araucanía por décadas vive inmersa en un conflicto histórico – político, innegable y con particulares características, qué sumadas a condiciones sociales y económicas de carencia, nos tienen a todos/as sin exclusión, envueltos en la incertidumbre.  

2.- Este conflicto entre el Pueblo Mapuche y el Estado, demanda la búsqueda de una salida política, que los distintos Gobiernos han sido incapaces de generar, por falta de conocimiento, diagnostico errado y una mirada sesgada, que ha facilitado la equivocación y por ende contribuye a la desesperanza y desconfianza.

3.- La credibilidad del Gobierno y del Estado, está cuestionada. Por décadas, la solución impuesta en este territorio ha sido policial, judicial y paliativa, dejando de lado el tema de fondo y desconsiderando la solución política y dialogada. 

4.- Expresamos nuestro rechazo total a todo hecho de violencia, particularmente a los ocurridos en las últimas horas. La convivencia democrática no acepta la violencia como método de resolución de conflictos y por ende, no es parte del orden social, comunitario y menos del estado de derecho. Igualmente condenamos la instigación a la misma, su fomento o motivación debe ser sancionado con todo el peso de la ley, y el sistema democrático debe establecer una dura pena a hechos de este tipo. 

5.- Hace solo 48 horas, nuestro Senador por La Araucanía, Francisco Huenchumilla Jaramillo, se reunió con el nuevo Ministro del Interior don Víctor Pérez, a quien describió en detalle la situación histórica, política, social y económica que por años vive nuestra región, de la misma manera y a solicitud del Sr Alcalde de la comuna de Victoria, don Javier Jaramillo, se comunicó el Jueves 30 de Julio recién pasado, con el Subsecretario de Interior, con el objeto, que el Gobierno buscará un solución a la situación que se estaba viviendo en distintos municipio de Malleco.

6.- Es el Gobierno de Chile quién tiene la principal responsabilidad política en la situación vivida en Araucanía, no puede eludir su responsabilidad. Como Democracia Cristiana, hacemos propia la causa de la justicia y por ende creemos firmemente que Chile debe buscar una salida política a este conflicto histórico, sustentada en el respeto, participación, aceptación y por sobre todo con una mirada humanista.

7.- La incapacidad política evidenciada por el Estado en estas décadas y acrecentada en estos últimos años por un gobierno errático, sirve como justificación ideal para aquellos que confunden causas justas con procedimientos violentos, fomenta el racismo, contribuye al clasismo, en definitiva, atiza la segregación social en la región más conflictuada y pobre de Chile. La Araucanía y su gente no merece continuar en el abandono y bajo la conducción incapaz de quienes no han logrado comprender lo profundo del problema que vivimos – esencialmente político».

Atte. 

Directiva Regional

Partido Demócrata Cristiano

Región de La Araucanía

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: conflicto mapuche, diseñador gráfico, Francisco Huenchumilla, Mapuches, Racismo, Región de La Araucanía, Violencia desatada

Carta de Huenchumilla a la DC: «Creemos en una economía social y ecológica de mercado basada en una sociedad solidaria y colaborativa»

julio 31, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

*En La Fontana publicamos carta del senador por La Araucanía, Francisco Huenchunilla (DC), dirigida a sus camaradas de la Democracia Cristiana, en el marco de la celebración de los 63 años de existencia del partido, que se fundó el 28 de julio de 1957.

«Carta a mis camaradas de la Democracia Cristiana

Estimados camaradas:

Al cumplirse un nuevo aniversario de la fundación de nuestro partido, he querido dirigirme a Uds. para compartir algunas reflexiones y propuestas sobre el presente y el futuro.

La Democracia Cristiana ha sido uno de los partidos más grandes en la historia política del país. Después de transitar por el desierto a partir de la semilla de 1935, vivió su época de esplendor durante los años que van desde la década de los 50 hasta los 2000. La década de los 50 fue testigo del inicio de un crecimiento sostenido, a partir de su fundación el año 1957, y la primera y carismática candidatura presidencial de Eduardo Frei Montalva que lo transformó en un actor clave en la política nacional.

La década de los 60 lo llevó a ser el partido más grande de Chile, alcanzando la presidencia de la República ejerciendo un gobierno que transformó las estructuras sociales, con una profunda penetración en todos los sectores del país y con un amplio respaldo electoral. Se convirtió en factor clave de la política nacional. Esto significó que fue un actor determinante de los sucesos políticos que remecieron al país en el gobierno de la unidad popular y la dictadura que lo derrocó, y que culminó encabezando los dos primeros gobiernos democráticos desde 1990 hasta el 2000. Cincuenta años de primera línea.

De ahí vino un periodo de sostenido −con altibajos−, deterioro electoral que culminó el año 2017 con un porcentaje del 9,95% en la elección de diputados y un 5.88% en la solitaria elección presidencial.
Hoy, un rumor soterrado recorre, hace un tiempo, de norte a sur, a la pluriclasista y comprometida militancia democratacristiana, preguntándose cuál será el destino del partido, asumiendo con muchas interrogantes, que los tiempos mejores pasaron y que ahora estamos en tiempos inciertos.

¿Será que el paso de los años en que se colocó la primera semilla −85 años exactamente, o 63, como Uds. quieran−, produjo el natural deterioro que conlleva la adultez y la consiguiente vejez, o será que el mundo cambió tanto que no supimos, o no pudimos adaptarnos a los nuevos escenarios abiertos en las sociedades humanas del siglo 21?
¿Nos quedamos atrás en nuestra organización y en la forma de resolver y tomar decisiones entre nosotros, y no supimos adaptar nuestro ideario a los nuevos tiempos?

Probablemente, la respuesta es que es eso, y seguramente algo más.
¿Es posible revertir este proceso, a lo menos en parte, y tomar un nuevo aire para evitar el colapso total?
A mi juicio, de mantenerse las actuales circunstancias organizativas, de democracia interna debilitada o solo formal, y sin un relato claro de lo que somos y lo que proponemos (con una visión de sociedad colaborativa, ajena al individualismo); con un relacionamiento errático en las relaciones con el resto de la oposición, y una estrategia equívoca con la derecha y su gobierno, será muy difícil enfrentar los próximos eventos electorales y, en definitiva, el futuro del partido. Se requiere un cambio.

En esa dirección, vengo en proponer una minuta con algunas decisiones que, a mi juicio, habría que tomar en las actuales circunstancias, con el objeto de que, restableciendo la unidad, reposicionemos al partido, con un relato y una identidad que nos permita volver a reconcursar ante el país con la credibilidad necesaria para tener un nuevo aire en la política nacional.

I. Reorganización en la dirección del partido

Con ello me refiero a cómo, a partir de la situación en que hoy nos encontramos , toda vez que la actual dirección se encuentra con su plazo de vigencia vencido, pudiera la DC salir fortalecida en su unidad, y en su eficiencia y eficacia para enfrentar los desafíos del 2020 y del 2021. Por lo tanto no es echar a nadie, sino una solución política para superar los déficits y diferencias internas, pero, al mismo tiempo, se tenga claro que una permanencia de facto en la dirección partidaria solo ahonda nuestras distancias y plantea a la larga un problema de legitimidad en su representatividad.

Una forma de concretar este planteamiento es que, a partir de la situación descrita, su pueda conformar una Mesa de Unidad que integre y represente a los distintos sectores, de tal manera que todos nos sintamos reflejados y contestes en sus decisiones, formando parte de un colectivo que tiene propósitos comunes, superando las desconfianzas presentes basadas en que las motivaciones de algunos tienden más bien a un proceso de acumulación de poder interno partidario, desmejorando la democracia interna, que a una conducción con sentido estratégico.

Creo que, pretender resolver nuestras diferencias mediante elecciones podrá ser un acto formalmente válido, pero sustantivamente dejará intactas nuestras discrepancias. En esas elecciones podrá ganar cualquiera, aunque lo más probable es que, una vez más, triunfe aquel que tiene un mayor control interno y no la tesis más adecuada y conveniente para salir del pozo en que nos encontramos.

Porque la realidad, que parece que algunos no quieren ver, es que nuestro partido se encuentra en una situación límite. Mi proposición entonces es clara y directa: sentarse a la mesa los distintos sectores y tomar la decisión de salvar al partido y conformar una dirección de unidad cuyo objetivo sea sacar a la DC de la situación en que se encuentra y dar un salto adelante.

Una elección en estas circunstancias, esconde los problemas debajo de la alfombra. Si alguien cree que estoy exagerando, bueno: simplemente le recuerdo que estamos en el 5.88% y si ahora replica que soy muy pesimista, le concedo el punto, y acepto que estamos en el 9,95% (que no me da para revertir mi pesimismo); (¿cómo estaremos el 2021? Pronóstico reservado).

Por ello digo, que insistir en la actual conducción, sin acuerdos internos, nos conducirá a una derrota segura, deteriorando, aún más, el “animus societatis” que ha corrido en paralelo al lento, pero sostenido declive electoral.
Creo que la actual organización centralista del partido atenta en contra de todos los procesos descentralizadores que vive Chile y el mundo donde, por una parte, tenemos un discurso público a favor de la descentralización y hablamos de la elección de los Gobernadores, de los municipios y de otorgarles mayores atribuciones, y al interior del partido, toda decisión pasa por una aduana final cuya operatoria todos conocemos. Por ello hablo, que eso debilita la democracia interna y afecta nuestro ánimo societario.

Por ello propongo que se inicie un proceso de descentralización, y para eso, creo que es necesario incorporar a un nuevo actor en la estructura de la toma de decisiones, creando el Consejo de Presidentes Regionales, para que trabaje ejecutivamente con la Mesa Nacional, considerando que el 2021 entrarán en escena los Gobernadores Regionales elegidos por voto directo que se constituirán en potentes y nuevos actores, legitimados por la soberanía popular, sin perjuicio de las atribuciones políticas del Consejo Nacional.

De esta manera, iniciamos un proceso paralelo e inevitable, que tendrá el Estado (y que de todas maneras quedará plasmado en la nueva Constitución) de ser democrático y descentralizado, entre otros atributos; y con visión de futuro, modernizamos al partido.

II. Un partido de oposición

La estrategia seguida por el partido en estos dos últimos años se presenta como equívoca; es decir, que su conducta puede entenderse o interpretarse de diversas maneras, lo que significó que la opinión pública no logró formarse un perfil claro o una identidad nítida de lo que somos como partido político en el Chile de hoy. La manera como nos relacionamos, sobre todo antes del estallido social del 18 de octubre, con el gobierno derechista de Sebastián Piñera, nos dejó lamentablemente con ese lastre de ser un actor de bisagra acomodaticia, sin que quedara claro qué era lo que realmente buscábamos o pretendíamos. Un partido que simplemente se acomoda al poder sin ideas estratégicas de lo que queremos para el país, pierde credibilidad ante la gente.

Por eso creo que se hace necesario que, junto con el cumplimiento de lo propuesto en el número 1°, seamos claros ante el país, que en este nuevo ciclo somos definitivamente un partido de oposición al gobierno de derecha de Sebastián Piñera.

Ser un partido de oposición significa que no compartimos la ideología central individualista que lo anima, ni su proyección estratégica para el país; por ello estamos en la vereda del frente. Lo cual no significa “negar la sal y el agua” como vieja práctica ciega e inconducente. Significa siempre dialogar desde lo que somos y estar abiertos a escuchar; y ello procesarlo en las instancias formales, unitariamente, de buena fe, buscando compatibilizar lo que somos y pensamos con los requerimientos concretos que el país necesita.

Y así, nos presentamos frente al país como un partido serio, unidos el mundo parlamentario con las instancias partidarias formales y “remando todos para un mismo lado”.

III. Un partido de convergencia que busca la unidad y descarta la soledad

Sólo en el gobierno del Presidente Frei Montalva estuvimos en el camino propio, por el escenario político que Chile y el mundo vivía. Nuestra historia general es que hemos tenido convergencia con los sectores de centro izquierda, formando incluso coaliciones de gobierno como fue el periodo post dictadura. Históricamente somos un partido que apuesta por los cambios que viven las sociedades por razones sociales, económicas, tecnológicas y culturales; no somos, en consecuencia, un partido conservador que se queda pegado en el pasado, rumiando las tradiciones. Por ello decimos que somos un partido de vanguardia, o sea que avanza con los tiempos y encabeza los cambios. Por esa razón los partidos aspiran a conducir el Estado: para encabezar los nuevos tiempos y los cambios consecuentes para el bien de la comunidad.

Pero, la porfiada realidad nos baja a tierra, y solo ahí nos damos cuenta que la soledad fue una mala decisión. A veces la soledad es una buena compañera, como en 1958; pero para eso, no hay que equivocarse en el momento y en las circunstancias. El 2017 nos equivocamos.

Por ello, nuestros socios naturales son los partidos del arco de la centroizquierda. El qué, cómo, cuándo y con quién forma parte del difícil arte de la política, que un partido unido con claridad estratégica sabrá sortear con habilidad e inteligencia.

Cada partido tiene su identidad, basada en su historia y en sus ideas; por lo tanto, somos diferentes, pero eso, lejos de ser una dificultad puede ser una ventaja, si con ello ampliamos el arco de nuestra representación social.

Lo importante es que tengamos un basamento común y que, no obstante nuestras características propias, logremos tener un mínimo común denominador, que nos permita tener un proyecto histórico que responda a los requerimientos y necesidades de la sociedad en la hora presente.

También, que tengamos una plataforma estratégica y táctica construida con lealtad, que sea creíble para las chilenas y chilenos, y que nos otorgue el respaldo para acceder a la conducción del estado; una coalición de vanguardia progresista, que encabeza los cambios que toda sociedad va experimentando por la dinámica de la ciencia, la tecnología, lo social, lo económico y lo cultural.

Un partido en solitario, nos reducirá a la intrascendencia y a la tentación dirimente, pariente mediato del comercio detallista, sin sentido estratégico y sin visión de país, llevando a nuestros padres fundadores a darse vuelta en el descanso eterno en que se encuentran.

Hoy día están dadas todas las condiciones para recuperar la conducción del Estado porque la derecha, en la situación crítica que vive y ha vivido el país, se desnudó completamente, quedando al descubierto sus verdaderos intereses prioritarios: el dinero, los negocios, el mercado y los grupos económicos. Nosotros decimos, primero la gente. Por ello, tenemos una tremenda responsabilidad en la tarea de un proceso de doble faz: una rearticulación interna primero, logrando una potente unidad, y después la rearticulación del resto de la oposición, para enfrentar juntos los procesos del 2020 y 2021.

IV. Una adecuada lectura de la crisis social y sanitaria

Para poder avanzar y reposicionarnos, no debemos equivocarnos en la interpretación de lo que hubo y hay detrás del estallido social del 18 de octubre, y de la crisis sanitaria mundial que nos aqueja como generación.
Éste es un fenómeno social latente, que un partido que pretende ser de vanguardia, debe procesar adecuadamente para no equivocarse en los pasos a seguir.

Es evidente que el estallido social fue la culminación de un malestar soterrado que por años se incubó en nuestro país por el modelo de sociedad que habíamos construido; donde, tras el acceso masivo a bienes de consumo y un aparente bienestar, había profundas desigualdades, abusos, gente sobreendeudada, viejos al garete y servicios sociales clasistas, como la salud, la educación y la vivienda.

La crisis sanitaria mundial vino a desnudar completamente el tipo de estado que se había construido bajo la lógica del neoliberalismo individualista, donde queda claro que en este cuadro nadie se salva en solitario; solo una sociedad comunitaria y de cooperación puede salvar a la humanidad de este enemigo invisible que muchos gurúes de la escritura daban por superado.

Por eso afirmaban que la guerra, el hambre y la peste habían quedado en el pasado. Dramáticamente nos dimos cuenta que nuestra soberbia y vanidad nos había jugado una mala pasada. Pero al mismo tiempo, nos damos cuenta que la ciencia y la tecnología tendrán un lugar de privilegio en el nuevo mundo que vendrá.
¿Tendremos que redefinir el rol del Estado? Así será. Habrá que construir una nueva estructura para los derechos sociales, para el medio ambiente y la naturaleza, y una sociedad basada en la colaboración, para caminar hacia una nueva economía circular 4.0.

Mi punto, es que el partido debe estudiar con atención este nuevo escenario, para tomar adecuadas decisiones políticas para el Chile que asoma, cuando volvamos a la “normalidad”; y sepamos si ese estallido social sigue latente o se torna nuevamente manifiesto. En esto no podemos equivocarnos.

V. El plebiscito y el cambio constitucional

El estallido social provocó un hecho inédito en la historia de Chile: por primera vez, todos los sectores políticos estuvieron de acuerdo en que nos diéramos una nueva Constitución; pero que esta vez, contrariando el pasado, fuera hecha mediante el ejercicio de la soberanía popular. Este es un hecho de la máxima importancia, que representa al mismo tiempo todo un desafío para todos los partidos políticos puesto  que, colocados en la parte alta del desprestigio y en la parte baja del respaldo popular, se verán enfrentados a la posibilidad cierta de que una participación masiva de electores pudiera dejarlos, eventualmente, de tener un proceso, como todos esperamos, que culmine en una Convención Constituyente, con una representación diferente y a la baja de la que actualmente tienen.

Por ello, el partido debe prepararse con tiempo para ese evento, buscando con una mente abierta y tolerante a los hombres y mujeres que presentaremos para ser constituyentes, y teniendo clara cuál será nuestra portada de presentación con un relato que nos identifique como un partido que marcha con los cambios, y que aspira a conducirlos.

Junto con ello, el partido debería declararse en estado de “constituyente”, para lo cual cuenta con un sólido grupo de camaradas expertos en materias constitucionales, y colocarnos en situación de entrar sustantivamente al estudio de cuáles serán nuestras propuestas, que levantaremos para estas nuevas reglas del juego que el país se dará mediante el ejercicio de la soberanía popular. Ello será nuestro relato constitucional.
No nos equivoquemos, la improvisación nos llevará a una derrota segura.

VI. El país que queremos

En el mundo tenemos distintos modelos de capitalismo. No es lo mismo EEUU que los países escandinavos, o Alemania, o algunos países asiáticos, o China. Chile es el país del capitalismo más extremo, con versión neoliberal.
Esto significa que el individualismo es el motor de su ideología. Como dijo alguna vez la Sra. Thatcher, “la sociedad no existe, sólo existen los individuos y sus familias”. Por ello, todo se privatiza y se transa en el mercado; todo es mercadería o bien de consumo y la elección de los individuos (los consumidores) es por el sistema de precios. ¿Le suena?

Por eso, en dictadura se privatizó la salud, la educación, la previsión, el agua básicamente; o sea, se privatizaron bienes sociales indispensables y necesarios para todos; los grupos económicos hicieron buenos negocios para ellos, y Chile se transformó en uno de los países más desiguales del planeta. El país prosperó y los frutos de ese esfuerzo se concentraron en unos pocos, a costa de crear una sociedad de mercado y del lucro, donde todo vale y por todo hay que pagar.

Como ya lo dije, tras el masivo acceso al consumo se produjo un aparente y seductor mayor bienestar, pero en forma soterrada se incubaba una sociedad abusiva, desigual, mucha rabia acumulada que finalmente explotó el 18 de octubre, con consecuencias todavía en proceso de manifestación definitiva, y sobre lo cual tenemos la obligación de hacer una lectura adecuada y correcta.

Yo estoy convencido que el país necesita cambiar su modelo de desarrollo. Ese es el desafío que tenemos por delante.
No soy de los que reniegan de lo que hicimos como Concertación. Encabezamos la transición y sacamos al país de la dictadura; redujimos ostensiblemente la pobreza y supimos la verdad de las violaciones de los derechos humanos. Manejamos responsablemente la economía y el país creció. Pero construimos un país desigual con las carencias que ya he señalado, y consciente o inconscientemente (cada cual asumirá sus responsabilidades), por acción o por omisión, caímos en los amarres constitucionales de la dictadura, que obligaba a una negociación que en definitiva consolidó el modelo neoliberal, y que definitivamente explotó el 18 de octubre.

Nosotros no queremos echar la estantería abajo o tirar el mantel. Creemos en la democracia como sistema de convivencia entre los seres humanos y como un sistema para tomar nuestras decisiones que nos afectan y que son obligatorias para todos; pero no somos partidarios de una economía de mercado a secas, donde el bolsillo de cada cual, sea la vara con que nos medimos y que degenera en una sociedad desigual, injusta, individualista como la que hemos construido en estos últimos cuarenta años, y que nos tiene profundamente divididos a los chilenos, sumidos en una crisis de la que no sabemos cuál será su desarrollo y su devenir.

Creemos en una economía social y ecológica de mercado basada en una sociedad solidaria y colaborativa, donde las personas sean tratadas como tales y aspiran a vivir con dignidad; a desarrollar políticas industriales que nos saquen del mero extractivismo; creemos en la igualdad de los seres humanos en origen y en destino; creemos que en Chile hay que hacer cambios profundos en aquellos bienes que no son mercaderías sino personales como la salud, la educación, la seguridad social y la previsión, la vivienda, el urbanismo, los espacios públicos y el transporte.

Tenemos que reencontrarnos con la naturaleza y el cambio climático, las energías limpias, el desarrollo sustentable, las aguas y los bosques, construyendo “un espacio seguro y justo para la humanidad”. Modernizar nuestro Estado, haciéndolo más democrático, participativo, descentralizado y multicultural.
Tenemos que caminar con el desarrollo de la humanidad, estando atentos a los cambios científicos y tecnológicos, especialmente a la inteligencia artificial y cuarta revolución industrial, abiertos a los cambios culturales.

Estimados camaradas: termino esta carta con dos breves reflexiones, una de principios y otra estratégica:
No existe la Política separada de la Ética. Ésta, para nosotros, basada en el cristianismo, nos ilumina para distinguir claramente aquello que es de lo que debe ser, para que, con nuestra libertad y creatividad, encontremos la forma correcta de vivir con nuestros semejantes, construyendo una sociedad justa y solidaria.

Y lo segundo, tal vez debamos buscar un paradigma en nuestras propuestas estratégicas, en este mundo globalizado e interdependiente; y estudiar con mayor detenimiento lo que han construido nuestros camaradas de Alemania, con todas las diferencias históricas, culturales y políticas que tenemos, pero siempre hay una matriz y una forma de gestionar la política y el estado, que nos podrían ayudar, sobre todo en este nuevo mundo que se avizora, tras la crisis mundial.

En unidad, creo que es posible que tengamos una nueva oportunidad.

Les saluda con todo afecto,

Atte.,

Francisco Huenchumilla Jaramillo Senador

Julio del 2020

*Ver carta📎:

Senador Francisco Huenchumilla – Carta a mis camaradas de la DC

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Los grandes empresarios y el 10%

julio 15, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC por la Región de La Araucanía

Los empresarios igual que el Gobierno, en vez que con la necesaria cuota de realismo que es necesario tener en la vida acepten que este es un problema político, buscan argumentos simples que solo rasguñan la superficie sin entrar al fondo de la crisis que, a partir del estallido social del 18 de octubre y cual sombra fantasmal latente, espera a la vuelta de la esquina el retorno a la “normalidad” para volver a la escena.

El sistema de AFP cumplió su ciclo y fue impuesto a la fuerza, sin legitimidad social. Hoy nadie cree en él, por lo menos aquellos que alguna vez tuvieron esperanza y que, con el paso de los años, comprueban personal y dramáticamente que hoy, 40 años después, el sueño de las promesas se derrumbó, se encuentran en la vejez y en su soledad, sumidos en la pobreza.

Han hablado los máximos dirigentes de los empresarios de nuestro país, a propósito del retiro del 10%. Los dirigentes no logran entender, igual que el Gobierno, cuál es el problema. Por cierto, no es qué solución es mejor para ayudar a la gente, si el préstamo o este retiro, no son los efectos financieros o fiscales que puedan producirse ni tampoco es un problema jurídico sobre aspectos constitucionales.

El proyecto de retiro del 10% es una cuestión política. Es el reflejo de que en Chile tenemos un problema: no tenemos acuerdo sobre las AFP como sistema previsional basado en el ahorro forzoso de capitalización individual. Después de cuarenta años de promesas incumplidas, la gente no cree. Perdió –frente a la cruda realidad de las pensiones– la credibilidad que alguna vez tuvo.

Frente a eso, los empresarios igual que el Gobierno, en vez que con la necesaria cuota de realismo que es necesario tener en la vida acepten que este es un problema político, buscan argumentos simples que solo rasguñan la superficie sin entrar al fondo de la crisis que, a partir del estallido social del 18 de octubre y cual sombra fantasmal latente, espera a la vuelta de la esquina el retorno a la “normalidad” para volver a la escena.

Lo cuarto es que los empresarios deberían entender que en el mundo existen varios modelos de capitalismo, el nuestro está haciendo agua y necesita un cambio. Bien harían en mirar otros modelos. El nuestro es anómalo, no puedes imponer un modelo de estructura social y económico por la fuerza, tarde o temprano te pasa la cuenta. Hay otras formas de vivir. No le echemos la culpa al empedrado. El problema no es el 10%. El problema es el modelo previsional. El problema es político.

Cuando se es dirigente empresarial, de alto vuelo patrimonial, como en este caso, o dirigente político del Estado, no puede darse el lujo de “pasarse películas” respecto de la realidad, creyendo, ingenuamente, que no existe lo que ve y que la función pronto terminará. Así, en el pasado, a muchos les costó entender que la dictadura había terminado, a otros, después de 15 años, que el tiempo de los senadores designados había concluido o, hace poco, que la Constitución del 80 no había logrado nunca legitimarse.

El sistema de AFP cumplió su ciclo y fue impuesto a la fuerza, sin legitimidad social. Hoy nadie cree en él, por lo menos aquellos que alguna vez tuvieron esperanza y que, con el paso de los años, comprueban personal y dramáticamente que hoy, 40 años después, el sueño de las promesas se derrumbó, se encuentran en la vejez y en su soledad, sumidos en la pobreza.

Pero hay otros que siguen creyendo en el sistema: son aquellos que se beneficiaron del inmenso mercado de capitales que se formó con el ahorro forzoso de los trabajadores y trabajadoras chilenas, que hoy acumula una cifra superior a los 200 mil millones de dólares, que funcionó como si fuera un banco prestador de dinero y que después, con los años, se devuelve en cómodas cuotas mensuales de $ 150.000 o cifras parecidas.

Esa cuota de realismo debería llevar a los empresarios a ver las cosas con una mirada más larga de cómo funcionan las cosas en las sociedades, porque los cambios son inevitables. Es probable que ello haya significado inversión y empleo, como les gusta decir, pero la firme –como dicen otros– es que no cumplió los propósitos que según sus creadores debía tener y esos posibles efectos benéficos nada significan para los miles de jubilados, para los cuales no hay explicación posible que los aparte de su cruda realidad.

¿Qué hacer en estas circunstancias?

Lo primero es aceptar la realidad que, como país, tenemos un problema y que este es de naturaleza política en cuanto nos obliga a tomar decisiones como Estado.

Lo segundo es la disposición a encarar el problema y no a “eludir el bulto”.

Lo tercero es que la gente está primero. Queremos buscar la mejor solución posible pensando en la gente y no en los negocios, sabiendo que el problema no es sencillo y, que yo sepa, nadie está por “echar la estantería abajo”.

Lo cuarto es que los empresarios deberían entender que en el mundo existen varios modelos de capitalismo, el nuestro está haciendo agua y necesita un cambio. Bien harían en mirar otros modelos. El nuestro es anómalo, no puedes imponer un modelo de estructura social y económico por la fuerza, tarde o temprano te pasa la cuenta. Hay otras formas de vivir. No le echemos la culpa al empedrado. El problema no es el 10%. El problema es el modelo previsional. El problema es político.//ELF

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