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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Reforma solidaria

noviembre 22, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reveco

Consejero Nacional del PDC

Hace una semana, nuestra Junta Nacional renovó el compromiso con la Solidaridad y el Bien Común como principios fundacionales del partido, esto no es baladí especialmente cuando estamos en crisis, estos son momentos de reconocernos nuevamente en estos principios permanentes como nos planteó Maritain, que junto a valores como el amor al prójimo, la libertad, la democracia y la fraternidad, se mantienen inalterables con el paso del tiempo (https://diarioenlafontana.cl/vigencia-del-bien-comun/).

El segundo pilar doctrinario que nos plantea son las circunstancias históricas que puede interpretarse de diversas maneras y cambiar con el tiempo. Hoy estas circunstancias históricas se ven reflejadas en una Reforma Previsional planteada por el gobierno del presidente Boric como una oportunidad histórica de concretar nuestra doctrina para construir solidaridad a través de la redistribución de recursos para lograr equidad en las pensiones que hoy y en el futuro recibiremos las y los chilenos.

¿De qué se trata esta reforma?

Se propone la profundización del sistema mixto, esto significa que el sistema recibirá el actual aporte del 10% que realizamos los trabajadores todos los meses al cual se sumará un aporte del 6% por parte de los empleadores y un tercer aporte del Estado vía reforma tributaria. Con lo cual pasaremos a estar cerca de la media de cotizaciones de la OCDE, que es del 18%. Este modelo siempre ha sido planteado por el PDC, un sistema con aportes de los empresarios, trabajadores y del Estado.

Hoy tenemos una base en capitalización individual y la Pensión Garantizada Universal, PGU que dicho de paso nació en como iniciativa de los equipos (Ayllú) que prepararon la propuesta de nuestra candidata presidencial Yasna Provoste. Con la reforma se mantendrá ambas bases y se incorporará un pilar de seguridad social que aportará 0,1 UF por cada año de cotizado y una compensación por diferencia de cotización de género, estos cuatro pilares más el aumento de la Pensión Garantizada Universal de $193.917 a $250.000 permitirán mejorar substancialmente las pensiones.

Ver columna anterior del autor: Aquí nadie se rinde

El 6% tiene un fuerte componente solidario y redistributivo que configura una estructura de de seguridad social que en primer lugar va a cubrir las diferencias de cotizaciones producto del género, en segundo lugar se va a compensar a quienes han dedicado su vida al cuidado de familiares enfermos y tercero mejora de pensiones con 0,1 UF por cada año cotizado. Para lograr esto un 4,2% va a cuentas nocionales o cuenta personal del 6%, cuenta que es distinta a la cuenta de capitalización individual y el restante 1,8% va a un fondo común para luego distribuirlo equitativamente.
Por otro lado, se propone separar la administración de cuentas de la administración de fondos. ¿Qué significa esto?

Hoy existe integración vertical, o sea las AFP se encargan de recaudar las cotizaciones, realizar la cobranza, registrar en las cuentas de capitalización individual, emitir las cartolas, responder a las consultas de los afiliados, calcular las pensiones , pagar beneficios si se opta por la modalidad de retiro programado y realizar marketing y licitaciones de captura de nuevos afiliados, funciones que son clasificadas como administración de cuentas individuales, además de estas funciones también realiza las tareas de administración de los fondos que significa invertir/desinvertir y mover los dineros en mesas de dinero con el objetivo de rentabilizar los ahorros previsionales de cada uno/a de nosotros/as.

La reforma plantea separar estos dos roles, dejando la administración de cuentas en manos de una entidad pública denominada Administradoras de Pensiones Autónomas (APA) y la administración de los fondos en manos de inversor público o privados. Las AFP tal como las conocemos hoy dejaran de existir.

El APA se propone como una entidad pública autónoma que tendrá un funcionamiento semejante al Banco Central, que no podrá tocar las platas y realizará el rol de administrar las cuentas reduciendo significativamente los costos de las comisiones que hoy nos cobran las AFP. Los inversores privados/público realizaran la administración financiera de los fondos de pensiones o sea invertir los dineros y lograr rentabilidad la cual debería beneficiar a los afiliados traspasándole la ventaja de administrar un mayor volumen de recursos

La base estructural de esta reforma es un avance significativo en dignidad y justicia para quienes hoy están jubilados y para quienes lo harán en el futuro, es una reforma estructural que avanza en retomar el camino de la Seguridad Social que Chile tenían hasta las reformas de la Dictadura que introdujo a las AFP, pero por sobre todo, generando instancias de participación y pedagogía política que permita lograr sustento y legitimidad a la nueva organización de la seguridad social en Chile

Creo que es un paso en el sentido correcto y por lo mismo sería una buena iniciativa que la directiva del PDC tomara los puntos antes planteados y abriera el espacio de discusión y propuestas conformando una comisión político-técnica, que permita apoyar y guiar el trabajo parlamentario con el objetivo de sacar adelante este tercer intento de reforma previsional siendo protagonistas de este nuevo Chile solidario trabajando por el Bien Común y mejorando la calidad de vida de todas y todos sus hijas e hijos. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, Consejero Nacional, DC, Democracia Cristiana, Eduardo Reveco, Partido Demócrata Cristiano, PDC

El caminar de la DC

noviembre 20, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma

Economista y militante de la Democracia Cristiana (DC) 

Patricio Escobar ha publicado un artículo en La Mirada Semanal con el título: “El ocaso de la DC”.

Su análisis intenta ser una mirada desde la estratificación social, poniendo énfasis en el rol que la democracia cristiana jugó para interpretar a la clase media. Todas las visiones nos aportan elementos para entender la crisis de nuestro partido y de la política y las instituciones.

Creo que ninguna sola, por sí misma, es completa o real. Así, entiendo la visión de Escobar cómo lo que es, no más que ello, una reflexión más sobre la crisis, pero que supera la interpretación de ella como el resultado casi exclusivo de la pérdida de la fraternidad o los conflictos de poder. Sostiene Escobar que en su etapa de crecimiento, y antes de llegar al gobierno, “la DC leía adecuadamente su segmento social de referencia” (la clase media o las clases medias).

Afirma que la irrupción de la democracia cristiana en la vida política chilena “fue obra de una generación que supo leer el espíritu de su época y forjar una identidad alrededor de ese sector social de dinamismo ascendente”, para luego, cuando ”la clase media comenzó a percibir el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones… adhirió con fuerza al ideario reformador de Frei Montalva”.

Sin embargo, afirma Escobar, las clases medias son volubles y, así como apoyaron a Frei Montalva, luego se volcaron hacia Allende y más tarde a Pinochet, hasta “cuando los horrores de la represión la incomodaron y la crisis de inicio de los años 80 la empobreció de manera importante”.

Este comportamiento líquido continuó durante la transición y hasta ahora, determinando que “el derrotero seguido por la DC es el resultado de la transformación social que ha experimentado su sector social de referencia”, solo que ahora es la DC “una organización incapaz de leer el espíritu de su época y los anhelos y temores de su grupo de referencia, aquel que le da sentido y razón de ser”.

Doy por sentado que es efectivo que la DC ha sido incapaz de leer el espíritu de la época, lo que se refleja en la pérdida de apoyo electoral, especialmente en los grandes centros urbanos, y en su virtual desaparición en los espacios de las organizaciones de jóvenes, profesionales y trabajadores, en los que basaba su fuerza y su capacidad de renovación. Adicionalmente destaco algo que está ausente en el análisis de Escobar la importancia que tuvo el campesinado en la fuerza política de la DC, principalmente como resultado de los procesos de reforma agraria y de sindicalización y regulación de la jornada de trabajo en el sector agrícola. Los cambios en la forma de vida y de producción del sector rural, y la acelerada urbanización de la sociedad han provocado una virtual desaparición del campesinado, con impacto evidente en el principal partido que los representó.

No obstante, el peso del mundo rural en la DC se refleja aún en su presencia electoral: los alcaldes DC son principalmente de localidades rurales, y la DC está casi ausente en el Norte Grande, donde solo tiene un parlamentario y -además- un número exiguo de Consejeros Regionales. Algo similar ocurre con la presencia del mundo popular poblacional en la fuerza electoral y política de la DC, que si bien Escobar lo menciona como parte de la obra del gobierno de Frei Montalva no le atribuye la importancia que tuvo. Como efectos de la Promoción Popular se generó un movimiento social que sobrevivió a la dictadura, muchas veces con el amparo de la Iglesia católica, y fue parte del activo movilizador de la política en la recuperación de la democracia.

La presencia DC en ese mundo fue muy relevante, como quedó demostrado en las elecciones nacionales y locales de inicios de la transición. Sin embargo, en parte por las exitosas políticas de la Concertación, pero también por la transformación cultural vivida por el conjunto de la sociedad y por la penetración del narcotráfico, ese movimiento y esa fuerza se diluyeron, con un costo en calidad de vida que hoy sufre el país, y pérdida de representación de la DC en dicho mundo, cuya evidencia mayor se da en la Región de Santiago. No obstante, el tema del análisis en base a clases, y enfatizando lo que ha ocurrido con los sectores medios en nuestra sociedad, no parece baladí. Es un tema que está siendo analizado por muchos autores y autoras, especialmente dado el hecho que muchos no vieron venir el estallido de octubre.

Efectivamente, quienes participamos en las multitudinarias manifestaciones pudimos constatar que eran principalmente sectores medios los que ahí estábamos, independiente de que luego, en la medida que grupos violentos y radicalizados fueron apropiándose de los espacios, las clases medias abandonaron las manifestaciones. Esos sectores, desde comienzos de siglo han venido tomando distancia de los partidos políticos e identificándose con la categoría «no expresa posición» en las encuestas.

Esto también se ha expresado en las elecciones: Parisi, el candidato anti-política y anti-partidos ha resultado tercero en la última elección y en las dos que se ha presentado ha superado a la opción de centro (DC) por casi tres veces. Es necesario estar abiertos a entender lo que ocurre en la sociedad para poder realizar propuestas que conduzcan el cambio. De lo contrario ocurrirá que el cambio lo conducirán otros o, lo que es más peligroso aún, caeremos en el populismo de repetir lo que digan las encuestas para hacerse del poder. Para eso está el PDG. Es un hecho también que la DC enfrenta un momento de ruptura, y para muchos de los que se van y de los que se quedan, la DC estaría recorriendo el camino de quienes se fueron al MAPU. Política y socialmente no hay similitud entre el momento que vive Chile hoy con el que vivió a fines de los años 60 y comienzo de los 70 del siglo pasado, y tampoco lo es en el interior de la DC.

Los que hoy rompen (o se declaran en estado de reflexión) acusando una izquierdización del partido dan pasos hacia la derecha. Parece una izquierdización, pero no lo es. Primero porque, si mantenemos la lógica de izquierdas y derechas sin otorgarle mayor contenido, ocurre que la derecha chilena es tan extrema que cualquier propuesta de cambio le parece izquierdista.

Segundo, porque si analizamos los contenidos que fundamentarían esa acusación, sería ser de izquierda levantar propuestas contenidas desde años en los programas de la DC, como las reformas tributarias, de pensiones y otras, o la Revolución de la Dignidad que proponía el último programa partidario. Por eso duele la ingenuidad con que, con el argumento centrista, algunos camaradas y ex camaradas dan pasos a la derecha. Pero esa discusión lleva a reflexionar sobre el Centro, y si la DC es un partido de Centro. Un partido que se define “de centro” es un partido que carece de doctrina o que, si la tiene, la administra en función del acceso al poder.

Desde la Falange Nacional y la fundación de la Democracia Cristiana, sin definirse como confesional, la DC ha declarado que su inspiración fundamental se encuentra en la Doctrina Social de la Iglesia.

Es el discernimiento en base a esos principios lo que la ha llevado a tomar posición y a construir propuestas para el país, las que no siempre han sido acogidas como ocurrió para el plebiscito del 4 de septiembre pasado. La incapacidad de hacer un proceso de renovación del pensamiento, que debiera estar basado en las últimas encíclicas papales como Laudato Si y Fratelli Tutti, entre otras, ha permitido que las corrientes centristas dominen la conducción del movimiento en una lucha más por el poder que por diferencias ideológicas. También ha influido la crisis de la Iglesia Católica chilena, que prácticamente ha abandonado la formación y reflexión sobre la “cuestión social”, que tanta falta hace, frente al individualismo predominante.

En el libro «Ignacio Palma Vicuña: Apasionado de Libertad», citando al creador de la Flecha Roja para explicar su sentido, dice que esta busca «representar el gran destino de nuestra patria… cruzada por barras que representan los obstáculos a vencer, obstáculos que son internos y externos», y más adelante se señala «la flecha que cruza las barreras de la izquierda y de la derecha se lee cómo un signo convencional para señalar lo distinto, para no identificarse en el espectro político ni de derecha ni de izquierda, superando las barreras de la pobreza y la injusticia» (pág. 68).

Si no nos identificamos con ese espectro, tampoco podemos ser de centro. Por ello don Jaime Castillo, nuestro principal ideólogo definió que la democracia cristiana no era un partido de centro sino uno “de vanguardia”, que no estaba por el equilibrio del actual orden social, sino por cambios profundos realizados en democracia El mismo libro, al analizar la ruptura de la Falange con el partido Conservador, agrega: «La principal diferencia con los conservadores radicaba en que la Falange apelaba a la tradición, … pero no abogaban por la preservación de la sociedad, sino por su cambio. Era por tanto un movimiento de izquierda dentro del tronco conservador y católico, pues buscaba la transformación de la sociedad, en un sentido incluso revolucionario» (pág. 86).

Consecuentemente, más adelante, Frei Montalva encabezaría un proceso revolucionario democratizador y progresista: la Revolución en Libertad. Ser de centro equivale a renunciar a las transformaciones y pasar a administrar el orden establecido o, lo que es peor, actuar como bisagra para tener poder, pero nunca conducir.

En enero de 1991, Radomiro Tomic en una carta enviada con motivo de un debate similar escribió: «Pienso que debería ser absolutamente claro para todo demócrata-cristiano … que la DC habrá perdido lo esencial de su razón de ser el día en que se sienta y se ofrezca como un mejor administrador del capitalismo. … No se trata … de declararse partidario de corregir «los excesos del capitalismo», pero no su racionalidad y estructura.»

«Aunque sea por un lapso de algunos años denunciar por todos los medios la herencia mutiladora y enfermiza que nos legara la Revolución francesa … que los chilenos están divididos y deben seguir estando divididos en Derecha, Izquierda y Centro; «facilismo» estúpido que consagra y legitima los antagonismos destructores de la unidad esencial que nace para todos de la condición de haber nacido chilenos.»

El estar más allá de esa herencia mutiladora y enfermiza es lo que permitió que la DC fuera una fuerza revolucionaria nacional y popular. Cuando se transformó en un partido de centro comenzó su decadencia, cuando cundió el temor a la justicia y se optó por el orden del modelo, porque eso era el centro. No fue de centro el gobierno de Frei Montalva, y tampoco el de Patricio Aylwin. Fueron gobiernos de transformación social, política y económica que dieron respuesta a las demandas de los sectores medios y populares. La fuerza de la Democracia Cristiana no radicaba en ser de centro, sino en convocar a grandes transformaciones en democracia.

Fue la pérdida de ese sentido transformador, sustituido por quienes, desde la conducción y con distintos matices, quisieron y lograron transformar a la DC en un partido de centro, lo que ha llevado a la que fuera principal fuerza política del país sea incapaz de representar a los sectores que desean otro orden social, igual y más profundamente democrático.

En plena dictadura El Mercurio dedicó una editorial acusándome de no ser de centro, de no “guardar el medio entre los extremos». Le respondí: «Los extremos en este país se sitúan en la Democracia y la dictadura; la paz y la violencia; el respeto a los derechos humanos y su conculcación; la verdad y la mentira; la justicia y la injusticia; la libertad y la opresión. Ante cualquiera de estas alternativas me resisto enérgicamente a ser moderado, a guardar el medio entre estos extremos …».

Y recordaba lo que en el Apocalipsis (3,15-16) se escribe a la iglesia de Laidicea: «Conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres ni frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca». Conocen nuestras obras y nos están escupiendo de las urnas. Hay que dejar la tibieza. //ELF

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Individualismo vs colaboración

noviembre 19, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Marcelo Trivelli

Exintendente Metropolitano y coodinador Fundación Semilla

Las sociedades completamente individualistas no funcionan, como tampoco funcionan aquellas totalmente colectivas. Una persona por sí sola no es capaz de sobrevivir y aquella que carece de identidad, porque está mimetizada en la masa, se convierte en un engranaje sin vida propia.

Enfrentamos hoy el desafío de buscar un equilibrio entre individualismo y colaboración. En otras palabras, ¿cuánto creemos que la vida depende del esfuerzo personal y cuánto de la colaboración con los demás?

A nivel planetario tenemos el desafío de revertir la crisis climática y la COP 27 reafirma la convicción: que nadie, ni persona ni país, pueden lograr éxito de manera individual. “Nuestro planeta se acerca rápidamente a un punto de inflexión que hará irreversible el caos climático”, advirtió Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, al tiempo que advirtió: “la humanidad tiene una opción: cooperar o perecer”.

La colaboración no sólo nos propone un camino de salvación, sino que además nos abre las posibilidades de un mayor bienestar individual.

El individualismo es hoy la cultura hegemónica que domina las relaciones entre países y entre personas. Cada día más, el mundo avanza en un proceso de individualización que tiene impactos negativos en el bienestar de las personas aún cuando no hay plena conciencia de ello. No nos damos cuenta como el individualismo exacerbado está deteriorando nuestra salud mental y nuestras relaciones, aumentando las brechas económicas, sociales, culturales y ambientales.

El individualismo va aislando a las personas que dejan de confiar en sus semejantes y centran toda su atención en el esfuerzo individual. Hago lo que quiero o me las arreglo como puedo y quiero parecen ser las consignas de nuestros tiempos.

Según un estudio de Global Advisor – IPSOS (2022) realizado en treinta países muestra a Chile entre el tercio de menor confianza interpersonal. Solo un 20% de la población dice confiar en la mayoría de las personas; siendo aún menor entre mujeres (16%) y un poco más alto en hombres (24%).

La producción y liberación hormonal juegan un rol importante en cómo se sienten las personas. La colaboración mejora la confianza generando oxitocina, la principal hormona de la felicidad y el bienestar.

La conducta de la colaboración se adquiere en el ejercicio de la relación con otras personas y por ello la escuela es determinante en la socialización de niñas, niños y jóvenes. La suspensión de clases presenciales debido a la pandemia de COVID-19 y los problemas que enfrentaron los y las estudiantes, y también el mundo adulto, al regresar a clases presenciales, demostró empíricamente los beneficios de la colaboración v/s el individualismo.

Por desgracia, muy rápidamente nos estamos olvidando de estos aprendizajes relegando a un segundo plano el fomento de las relaciones sociales y la educación socioemocional en el sistema educativo.

 

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Aquí nadie se rinde

noviembre 9, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reveco

y Carmen María del Picó

Somos quienes nos quedamos, aquellos y aquellas que no renunciamos y que seguimos creyendo en la alternativa del humanismo cristiano para alcanzar el bien común. Ese bien común que nos habla de solidaridad, de colaboración, de ecología, de comunidad. Somos, por tanto, quienes, siguiendo el ejemplo, la huella y compromiso de nuestros padres fundadores, creemos en la palabra dignidad: dignidad de empleos y no sacrificios; dignidad de salarios y no miserias; dignidad de pensiones y no mendrugos; dignidad de salud y no bingos; dignidad de educación y no deudas, por lo tanto, creemos en un Estado social y democrático de derechos, continuando la senda del ideal cristiano.

Somos también quienes, en medio de una las crisis más profundas que ha tenido nuestro partido a lo largo de su historia, seguimos apostando por él y su vigencia. Seguimos creyendo en que solo la unidad, nos hará salir de este momento de cambios, con la mirada puesta en el fortalecimiento de los lazos y el cariño con quienes se han quedado y no en quienes decidieron partir.

Promovemos generar el máximo de acuerdos, posponiendo incluso legítimos intereses, a objeto de respetar y fortalecer nuestra institucionalidad y una conducción que nos proponga, no sólo sanar éticamente nuestro partido, sino también la práctica democrática a través de la renovación de todas nuestras estructuras orgánicas.

En el mismo sentido, es imperativo llevar a cabo el VI Congreso ideológico y prepararnos para la futura convención constituyente, donde no solo importarán los nombres propuestos, sino que también la plataforma a discutir.

Lea columna anterior de autor Eduardo Reveco: Mario, semilla de libertad

Para tales efectos, tenemos los mejores cuadros de constitucionalistas que sabrán entregar los contenidos de manera rigurosa y pertinente.

Estar por el partido significa también aclarar y transparentar los gastos incurridos por las directivas anteriores, incluidas las llamadas “ventas opacas” de parte de nuestra infraestructura material. Queremos, por tanto, sanear y ordenar nuestra casa para desde esta nueva cara, salir a recuperar las confianzas de muchos que se han quedado en sus hogares ante tanto desorden e incertidumbre. Solo de esta manera haremos frente a la situación de aislamiento del cariño y respeto de nuestros hermanos y hermanas.

Somos quienes buscamos liderazgos distintos a aquellos narcisistas, mesiánicos y cargados de egocentrismo, donde la humildad, la amistad cívica, la fraternidad y el respeto hacia el otro y sus cosmovisiones, han quedado olvidadas. Lo nuestro no son los proyectos personales, ni las imposiciones de caudillos. Somos un equipo que ofrece lealtad, manos limpias, humildad, transparencia y prácticas de construcción de partido con todos y todas, de manera horizontal e inclusiva. Queremos reponer estas prácticas que enaltecieron a la Democracia Cristiana.

Camaradas: En estas horas de crisis, debemos estar presentes. Invitamos a nuestros y nuestras camaradas a hacerse parte de este esfuerzo de reconstrucción partidaria. Ya el plebiscito quedó atrás y lo único que nos motiva, sobre todo a quienes votamos apruebo, es recuperar las confianzas y la fraternidad de aquellos camaradas que, en la soledad de la urna, lo hicieron por otra alternativa.

Queremos decirles que continuamos acá, que no renunciaremos y que seguiremos trabajando por nuestros sueños compartidos.

A este esfuerzo, noble y fraterno de reencuentro con nuestra alma profunda queremos invitarlos e invitarlas. //ELF

“Porque nadie es más grande que el Partido”

          Somos más DC que nunca

 

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Crisis y Modernización de la DC: Bases para un acuerdo

octubre 29, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Alberto Undurraga 

Diputado DC, distrito 8

El PDC enfrenta una grave crisis, que tiene varias dimensiones que están interrelacionadas. Una crisis de identidad, toda vez que el PDC dejó de tener un mensaje nítido y distintivo.

Lo primero por desacuerdos al interior de la colectividad, y no procesar las diferencias entre las distintas visiones del partido, visiones distintas que para muchos constituía una fortaleza del PDC, por cuanto una adecuada síntesis ha permitido en el pasado avanzar en transformaciones sociales.

Lo segundo se produce aun cuando superemos lo anterior, por el cambio de contexto de la sociedad. Partidos con inspiraciones distintas tienen la misma oferta política que nosotros, que hace que nuestro mensaje sea muy similar, y por lo tanto poco diferenciador. A ello se suma la caída de la Iglesia Católica en la sociedad, lo que afecta el arraigo cultural del PDC, que aunque no es un partido confesional, ha estado ligado desde los principios a la Doctrina Social de la Iglesia Católica en Chile.

Una crisis de convivencia, toda vez que las diferencias de visiones y/o espacios de poder y representación han derivado en peleas irreconciliables, así como descalificaciones en público y en privado. Todo lo anterior deriva en una crisis de confianza y en la pérdida del “afecto societatis”. Un ejemplo de lo anterior es que la Bancada de Senadores, que no se reúne ni trabaja en conjunto.

Una crisis administrativa, en parte por la disminución de ingresos producto de la baja electoral y en parte por observaciones del SERVEL, y sus efectos jurídicos y políticos, respecto al manejo administrativo de recursos y bienes del Partido.

Una crisis política, a partir de los resultados del plebiscito y las tensiones a partir de los roles jugados por diferentes camaradas.

Si bien el PDC definió legítimamente y conforme a sus estatutos y organización interna una posición para el plebiscito, quienes se rebelaron de esta decisión estuvieron más conectadas con el pueblo de Chile, y con toda seguridad con nuestro electorado.

El problema se genera por un lado porque entre quienes supieron conectar mejor con el pueblo de Chile pasaron a llevar los acuerdos y han sido pasados al Tribunal de Disciplina – no todos los pasados al TS pasaron a llevar los acuerdos, que incluían libertad de conciencia – y porque, por otro lado, quienes estuvieron por la opción ganadora quieren cambiar la directiva actual, la que se niega argumentando que fue electa legítimamente por los militantes, y tiene razón en ello.

El conjunto de estas crisis hacen que muchos militantes hayan renunciado al partido, agravando con ello la crisis, lo que tiene mayor efecto cuando se trata de militantes reconocidos y con representación ciudadana, como es la reciente renuncia del Gobernador Claudio Orrego.

Asimismo, el no abordar la crisis sólo la acrecentará, por lo que es imperativo hacer una propuesta de solución integral, la que debe tener un horizonte conocido, de manera de señalarle a los militantes vigentes y a quienes desde fuera del PDC esperan una solución, que estamos trabajando en ella y con plazos acotados.

Las propuestas que no son solución

En diversos ambientes partidarios se han planteado diversas propuestas de solución a la crisis que en realidad no son la solución:

El llamado “divorcio pactado”, que consiste en separar el partido en dos, en función de visiones distintas que existirían. Esto no es solución, porque muchos valoramos las co- existencia de visiones diferentes al interior del humanismo cristiano y en el PDC, y por tanto el desafío es procesar bien dichas diferencias, para con ello enriquecer el mensaje y ampliar el alcance de éste.

Adicionalmente, muchos en algunos aspectos tenemos una mirada coincidente con un sector, y en otros aspectos con el otro sector, y si este fuera el camino, nuestro camino no estaría en ninguna de esas alternativas.

La expulsión de quienes participaron en la franja del rechazo contraviniendo los acuerdos partidarios. Ello no es solución y sólo agravaría a crisis, toda vez que los problemas políticos no se deben resolver de forma administrativa.

El choque de posiciones en la junta nacional próxima. Ello puede derivar en la caída de la Mesa actual, o bien en la renuncia importante de un sector de los militantes y dirigentes. No es claro qué sector tenga más apoyo, toda vez que hay un amplio espectro que quiere una solución de acuerdo.

Negarse a las discusiones de fondo, resolviendo sólo el corto plazo. Entre los nudos importantes a discutir y por ningún motivo evitar, están los aspectos doctrinarios e ideológicos a resolver, así como la discusión respecto del instrumento partidario, ya sea su modernización, cambio de nombre y/o superación positiva del instrumento partidario, similar al tránsito que se hizo desde Falange a Democracia Cristiana, sumando actores nuevos en el proceso.

No hacer nada. Esto es esperar que sólo el tiempo tempere las cosas, lo que es un error, porque la inacción de algunos no significa la inacción de otros, que siguen algunas de las salidas señaladas arriba. Asimismo, la inacción acrecienta el riesgo de nuevas renuncias.

Criterios para salir de la crisis

Es importante reflexionar acerca de cuáles son los criterios necesarios para salir de la crisis, se proponen los siguientes:

Un criterio básico es que de la crisis del PDC se sale con acuerdos. Ello implica reconocer que el partido no le pertenece a ningún militante en particular, ni a ningún grupo, sino que a todos por igual. Asimismo, el implícito en ello es que es deseable que existan visiones diferentes en el partido, en la medida que ellas se procesan de buena forma, y de esta forma se enriquece el mensaje y se amplía el alcance.

Un segundo criterio importante es acordar un proceso de resolución de los nudos centrales del PDC en un horizonte relativamente corto. Ello es necesario por varias razones: es necesario hacerse cargo de los nudos centrales para salir de la crisis; es importante abordarlo a través de un proceso que garantice una reflexión amplia, y; el horizonte relativamente corto permite contener algunas de las renuncias de militantes que no ven cambios en el PDC.

Un tercer criterio es respetar la institucionalidad del PDC en la búsqueda de soluciones. En ese sentido, las soluciones deben considerar las instancias formales del partido. La Junta Nacional, el Consejo Nacional, la Mesa Nacional, y las estructuras regionales y comunales son importantes, y cada una tiene la validez que le dan los estatutos. Esto significa que los acuerdos antes señalados deben darse en esos espacios, y las modificaciones que se requieran o acuerden deben ser validadas por las instancias partidarias.

Un cuarto criterio es enfrentar las distintas dimensiones de la crisis de manera institucional, todas. La dimensión de identidad (falta de nitidez y de diferenciación en el mensaje), la crisis de convivencia, la crisis administrativa y la crisis política derivada de las distintas posiciones en el plebiscito.

Un quinto criterio, de carácter político, es que el PDC no es un partido de gobierno, ni pretende serlo. Ello es relevante porque nos da la autonomía para apoyar aquellas materias que son positivas para Chile, y oponernos y criticar en aquellos aspectos que consideramos que el Gobierno no lo hace bien, hoy seguridad pública y manejo económico, por ejemplo.

Algunas expresiones prácticas de un acuerdo para salir de la crisis.

Si se comparten los criterios, es tarea compartida el acordar una hoja de ruta, para lo cual se proponen algunas materias:

Integración de la mesa actual, conforme a los estatutos. En ello, es importante incorporar a los jefes de bancada de forma permanente y considerar otras incorporaciones que generen acuerdo.

Acordar hacer la reflexión partidaria acerca del instrumento partidario y los contenidos doctrinarios e ideológicos institucionalmente y en un plazo acotado, comprometiendo tener en marzo el proceso terminado. Esto es posible porque hay un trabajo del anterior Congreso Ideológico y ya está constituida y funcionando la nueva comisión Congreso, y a la vez es necesario porque compromete soluciones en nudos importantes en un horizonte relativamente corto, lo que permite que muchos y muchas militantes puedan recuperar la esperanza en la solución y nueva épica en el humanismo cristiano.

Fortalecimiento – en el caso que existan – o creación – en caso que no existan – de instancias partidarias ad hoc para abordar la necesaria modernización en la gestión política y comunicacional, así como para abordar la crisis administrativa y ajustar el PDC a su realidad económica. //ELF

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Después del plebiscito: ¿Ahora qué en salud?

octubre 27, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Osvaldo Artaza

Exministro de Salud

La propuesta de nueva Constitución en el ámbito del derecho a la salud tenía la gran virtud (y por ella la promoví y defendí en diversos foros) de romper un empate político, que nos tiene por décadas imposibilitados de superar la actual ineficiente e inequitativa fragmentación y segmentación de nuestro sistema de salud. De haberse aprobado la propuesta, estaríamos de alguna manera forzados a negociar sobre la estructura y forma de funcionamiento de un órgano público encargado de mancomunar los fondos vía impuestos generales y cotizaciones, junto a democráticamente debatir y resolver la forma en que participaría el sector privado a nivel del aseguramiento y de la prestación. La cancha y sus reglas serían distintas y el debate tendría que ceñirse a cómo los diversos actores se acomodan a un sistema universal, con un modelo de atención común y con clara rectoría del Estado.

Eso ya no fue, la propuesta fue rechazada y estamos donde mismo. Lo triste es que tenemos ya a 2 millones de compatriotas esperando un promedio de 2 años por una consulta de especialidad y a varios centenares de miles por una cirugía. En el sector privado, los problemas no son menores, las isapres, además de seguir discriminando y dando insuficiente protección financiera, están quejándose de problemas de sostenibilidad y los tribunales de justicia en la práctica están supliendo la incapacidad de los legisladores de resolver los problemas del sector.

A su vez, los prestadores privados no tienen ningún incentivo a controlar el gasto, ya que transfieren todo el riesgo al usuario y los prestadores públicos hospitalarios, ningún incentivo a aumentar la producción y satisfacción usuaria, pues igual les transfieren más y más recursos, hagan o no hagan.

Lo curioso es que en el diagnóstico prácticamente todos están de acuerdo, pero no hemos logrado consensos básicos en el tratamiento, por lo que probablemente el enfermo seguirá agravándose. ¿Cuáles son los nudos para viabilizar transformaciones?

El primer nudo, es que a todos nos gustaría mancomunar fondos por razones de eficiencia, pero se paraliza la posibilidad de avanzar, sea ante la disyuntiva de que exista un solo seguro público o que los seguros privados, sobre todo lucrativos, puedan participar de un sistema de seguridad social en salud. Dado lo anterior, uno podría entonces plantearse solo mejorar lo que hay: hacer cambios legislativos para que el Ministerio de Salud defina un plan universal en salud basado en las recomendaciones de una sólida institución de evaluación de tecnologías (ETESA), donde el Fonasa tenga más autonomía y mejores capacidades para responsabilizarse de dicho plan y resolviendo los gruesos fallos de las isapres, de modo que estas otorguen el plan de salud universal, idealmente con el mismo modelo de atención (redes basadas en atención primaria), sin preexistencias, ni discriminación por sexo, edad o riesgo (tarifa plana) y relacionándose con los prestadores a través de mecanismos de pago que contengan costo e incentiven eficiencia e impacto sanitario. Pero tampoco hay disposición a mejorar lo que hay, ya que o se hace la “verdadera gran reforma” (la que yo quiero) o, si no, prefiero que todo siga igual.

El segundo nudo, guarda relación con la prestación pública. Hay ya varios informes independientes sobre los problemas de eficiencia del sector, guardados en los cajones del Parlamento o de la academia. Resolverlos implicaría sacar el gobierno de los hospitales del Ministerio de Salud y dar una gobernanza a las redes públicas diferente a la actual; hacer modificaciones legales que faciliten una mejor gestión y generar una relación salarial con los médicos que apunte a resultados e impacto (hoy se les paga por tiempo, independientemente de lo que hagan); aumentar de manera significativa el financiamiento y el rol de la atención primaria; y asumir que los usuarios y sus comunidades deben ejercer protagonismo y responsabilidad real. En la teoría parece haber acuerdos, pero a la hora de decidir e implementar, todos temen tocar los enormes intereses en juego y se escoge al cómodo statu quo.

El tercer nudo, no menos complejo, es el incentivo permanente que los prestadores privados tienen a inducir más prestaciones y de mayor costo, junto al nulo incentivo para evitar que las personas enfermen. En el discurso todos declaran la importancia de la prevención y el fomento de la salud, pero en la práctica el negocio está en la enfermedad.

Entonces, ¿Qué hacer? Luego de la derrota del 4S, del actual balance de poder en el Parlamento y de que probablemente una eventual nueva Constitución sea bastante más neutra y ligera en el ámbito de la salud, pareciera que el escenario más cómodo es que no pase nada. Esto, sería de una gravedad sin nombre e implicaría no comprender que la ciudadanía espera mejoras desde el diálogo y el acuerdo.

Quizás la única alternativa, nada de fácil, es intentar concordar un itinerario, como política de Estado, desde pasos intermedios en lo que genera mayor consenso y más alto impacto y que en un futuro posibiliten resolver los nudos de mayor disenso. ¿Será posible? Espero una respuesta afirmativa, en la medida que la ciudadanía lo exija cada vez con mayor fuerza. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Osvaldo Artaza

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