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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

La responsabilidad social y política perdida en una maratón de marca comercial

octubre 24, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Esteban Briones Aros

Bellas Artes AG

Con sorpresa como vecinos y comerciantes del barrio Bellas Artes nos enfrentamos pasado el mediodía del sábado 22 de octubre con la irrupción de equipos de una productora, tomándose veredas y espacio público para la instalación de escenarios, carpas y baños químicos frente a locales de comida, todos pequeños negocios y que a diario buscan sobrellevar su alicaída economía.

Por otro lado, están los vecinos residentes del barrio que no logran comprender lo que pasa y buscan información por intervenciones con personal del evento o en las cadenas de WhatsApp. Lo dramático y paradojal, es que nadie sabía nada, la única respuesta es que está autorizado por la Delegación Presidencial y que cuentan con autorización Municipal. Pareciera ser que en este caso que no se toma en serio el respeto hacia una comunidad y que el sentido común no alcanzo para un análisis mínimo de comportamiento ético.

“EN ESTA CARRERA TODOS GANAN”

Con este eslogan la marca comercial La Araucana, se instala sin cumplir el mínimo acercamiento a la comunidad para promoción de un maratón para sus afiliados. No existe duda de los beneficios actividad deportiva, muy por el contrario, la consideramos legitima y responde a un bien social cuando se fomenta el deporte, el punto es, cuando disfrazado de un evento deportivo, se posiciona la marca de un privado y este se toma espacios públicos, pasando por sobre las comunidades y organizaciones funcionales en donde se desarrolla el evento, entonces pareciera ser que el fin último responde más bien posicionar una actividad comercial, entonces la respuesta es que solo gana la marca.

La política que es la encardada de entregar las respuestas a las comunidades y dar los mínimos resguardos a la ciudadanía, hasta el día de hoy esta extraviada en un oficio que autoriza el evento, no está presente ni antes, ni en el desarrollo del evento, solo en un escrito con un técnico lenguaje y la firma que valida un
“hagan lo que quieran que a nosotros no nos importa”.

La imagen es brutal y vemos como vecinos y visitantes del barrio transitan entre los autos para poder despasarse el día sábado 22 de octubre puesto que las veredas fueron tomadas por escenarios, baños químicos y carpas que promocionan la marca comercial, estas instaladas frente a residencias y locales comerciales. El despertar de vecinos residentes con parlantes frente a sus casas un día domingo en la mañana tampoco fue grata y termino con uno de ellos agredido y en un carro policial, esto por buscar respuestas y exigir la presencia policial por los ruidos molestos que se producían y que alteraban su descanso y recuperación de una enfermedad.

La pregunta es: ¿Qué lecciones hemos aprendido y cuál es la respuesta a demandas por un mejor dialogo entre los actores que conformamos una comunidad? – ¿Qué aprendió la empresa privada cuando se cuestionan sus abusos, si no estamos acaso en presencia de una manera abusiva de instalar un negocio?
– ¿Dónde estuvieron los controles de nuestros gobernantes para evitar que un privado pasara por sobre las comunidades? La respuesta que entrega la empresa es que perece que nos equivocamos… tan cierta y recurrentes como los perdones de la política. //ELF

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La crisis de la Democracia Cristiana: ¿Qué nos dirían Frei, Leighton y Tomic?

octubre 19, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Luis Ruz Olivares

Licenciado en Ciencias Políticas, Administrador Público de la Universidad de Concepción

La Democracia Cristiana nació 1957 a la vida política como una fuerza transformadora que vino a romper la lógica tradicional de derecha e izquierda. Fue precedida por la ruptura de la Falange Nacional con el mundo conservador. Aquello demostró en un puñado de jóvenes una profunda convicción de cambio. Por ello, el presidente Eduardo Frei Montalva siempre pensó en un partido nacional y popular.

Esa impronta ha marcado el derrotero durante más de 60 años. Junto con otros grandes prohombres, como Leighton y Tomic, configuraron un partido que desde su nacimiento ha impulsado cambios sociales, pero siempre desde el principio de la libertad, el respeto a la persona y la promoción de la democracia.

Muy pocos partidos políticos pueden lucir un accionar tan fecundo. La historia del PDC tiene a su haber a tres grandes presidentes de la República, una destacada y variopinta lista de parlamentarios/as y Ministros/as de Estado, insignes dirigentes sindicales, estudiantiles e intelectuales, alcaldes y concejales de gran valer y numerosos hombres y mujeres líderes a lo largo del país. En distintos momentos de la historia republicana de las últimas décadas, el PDC ha sido un actor protagónico en importantes pasajes históricos para los chilenos. Ahí está la “Revolución en Libertad”, el testimonio por la recuperación de la democracia en plena dictadura y también la capacidad de conducir la transición política con eficacia, garantizando estabilidad social y también crecimiento y progreso económico. Es una historia prodigiosa en ideas, acciones y personas que está gravada en la historia grande de Chile.

Sin embargo, debemos reconocer que el presente del PDC es más bien la de un partido fatigado, con escasas ideas y pocos sueños de futuro. Es un presente donde parece primar más los proyectos políticos individuales, más que la fuerza movilizadora de una comunidad política que va más allá de un liderazgo específico. Por cierto, es una responsabilidad compartida que implica una autocrítica que nos debemos hacer todos.

Por esta y otras razones, hoy muchos sostienen que la hora de la Democracia Cristiana llegó a su fin. Que la validez de un partido que nació en una época dominada por la Guerra Fría y la lucha ideológica entre los proyectos capitalistas y marxistas hoy ya no tiene justificación y cabida. Que este partido tradicional de la política chilena ya cumplió su ciclo y que dejó de ser un proyecto de futuro. A esta mirada crítica, se suma una profunda crisis de convivencia interna.

¿Debe morir la Democracia Cristiana? ¿Sus múltiples crisis son insalvables? ¿Debe transformarse como Partido, para dar vida a uno nuevo? Son preguntas que todos nos hemos hecho en estos días de bruma. Pero como cristianos en política, miramos la vida desde la esperanza. En palabras de Charles Péguy, es “nuestra pequeña esperanza que se levanta todos los días”. Aquello nos impele a reflexionar y actuar desde la convicción que una comunidad que le ha dado prosperidad económica, estabilidad social y gobernabilidad política a Chile durante las últimas seis décadas, no puede desaparecer como cualquier instrumento funcional. Esa cultura de lo desechable no aplica a una tradición que se sostiene sobre el valor de la comunidad y la persona que trasciende hasta lo imperecedero.

Por lo dicho, pensamos que la Democracia Cristiana tiene una oportunidad si hace bien, a lo menos, dos cosas: la primera es escudriñar bien la actual composición social de Chile. Es fundamental conocer a este nuevo Chile que anhela cambios, pero en paz y progreso. La segunda es de orden interno. Esta significa revisar un conjunto de ámbitos de su estructura. Son cuestiones que van desde lo organizacional hasta los asuntos estratégicos. Pero existe una cuestión más importante que todas. Y esta tiene que ver con la convivencia y la capacidad de volver a ser comunidad política. Se trata de encontrar la manera de resolver las diferencias desde la fraternidad y lograr actuar en unidad de propósitos. La Democracia Cristiana tiene que recordar que la política es, por sobre todo, una tarea comunitaria y nunca un ejercicio individual. Más aún en un partido que defiende la idea del valor de la comunidad. Como nos enseñó Hannah Arendt al definir que “la política trata del estar juntos y los unos con los otros…”

Si existe real voluntad de superar este momento, cabe la pregunta que todos los democratascristianos debemos ayudar a responder ¿Qué hacer para superar esta crisis y volver a poner a la Democracia Cristiana en el debate sobre el Chile de las próximas décadas? La respuesta es muy simple, pero compleja a la vez. Y tiene que ver con responder, con toda honestidad y convicción, si la Democracia Cristiana sigue siendo un partido necesario para servir a los sueños de los chilenos y chilenas de esta época.

Termino esta reflexión realizada en medio de la tempestad que azota al PDC acudiendo a las raíces, particularmente de aquellos que dieron forma a este movimiento político hace varias décadas. Son tres lecciones que vale la pena recordar.

Primero, Tomic y el valor de la sencillez de los militantes y hombres de Estado. En 1969 Tomic, hizo la siguiente reflexión: “Por lo que toca a mí, declaro con sencillez que todo lo que he sido en la vida pública – diputado, senador, embajador, presidente del partido – se lo debo a mi condición de democratacristiano”.

Segundo, Frei y el valor de la lealtad partidaria frente a las tareas comunes. En 1970 Frei Montalva, al despedirse del gobierno, refiriéndose a sus camaradas parlamentarios, señaló: “Quiero expresar también mi gratitud al Partido Demócrata Cristiano, sin cuyo apoyo no habría podido gobernar. Como entidad política joven ha sufrido el duro choque de la responsabilidad del Poder; y muchas veces el país ha visto más sus fallas que sus virtudes. En los hechos ha demostrado mayor disciplina y unidad para asumir las responsabilidades que muchos de los que lo critican; y, en definitiva, ha sido siempre leal al país, al pueblo y a su gobierno”.

Tercero, Leighton y el valor del esfuerzo y la construcción comunitaria. En 1971 Don Bernardo Leigthon, cuando algunos se retiraron del partido, señaló que: “… Cuando los que se fueron sostienen que el Partido es un instrumento que no sirve, no saben, parece, lo que ha costado formar este instrumento. Años y años; miles y miles de hombres y mujeres; viejos y jóvenes sacrificándolo todo, desde el tiempo restado a sus labores o a su hogar, a su mujer o a sus hijos, a sus padres, hasta bienes materiales que se perdían, sentimientos que se callaban, esfuerzos que se aunaban. Para formar un partido de esta magnitud, amigos míos, ha habido mucho esfuerzo humano acumulado…”

Tomic, Frei y Leighton vuelven a resonar con notable vigencia en medio de la crisis del partido que ayudaron a construir. Ojalá los democratascristianos volvamos a escuchar sus voces para enmendar el rumbo. Aún estamos a tiempo. //ELF

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Los cuestionamientos a la democracia representativa de la Democracia Cristiana

septiembre 13, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Javier Igor Ascencio

En una democracia representativa como la que tenemos, nuestra participación en la toma de decisiones es indirecta. Se limita a elegir a alguien para que nos represente en las instancias de poder. Y cada cierto periodo, podemos renovar o revocar a ese representante. Pero nunca participamos directamente en la toma de decisiones. En él otro extremo tenemos una democracia directa, donde todos participamos siempre en todas las decisiones. Parece una democracia ideal, pero es poco práctico. Y tenemos la democracia participativa, que es la democracia en la que los ciudadanos tienen mayor participación en la toma de las decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa.

En estos tiempos la democracia representativa está quedando obsoleta, solo pongamos por ejemplo la decisión tomada por la última junta nacional, en relación al apruebo o al rechazo, donde la decisión tomada por nuestro órgano representativo, la junta nacional, fue fuertemente cuestionada. De fondo y de forma se cuestionó que hubiese sido una decisión representativa y no una participativa.

La junta nacional lo integraban 405 camaradas, si consideramos que en la segunda vuelta de la mesa nacional votaron 11.539 militantes, la junta nacional representa el 3.5% de los militantes activos.
Por otro lado el consejo nacional está integrado en total por 51 camaradas, o sea representan el 0,4% de los militantes activos. Entre estos miembros, la junta elige a 18 consejeros (as) nacionales de libre elección, que son electos por la junta nacional, que se transforman en la práctica en representantes de los representantes. Además el 81,2% de estos consejeros (as) son de la Región Metropolitana.

La democracia representativa del PDC va en directa relación con los bolsones de votantes, por ejemplo la región metropolitana tiene el 25% de los integrantes de la junta nacional y diez regiones suman entre todas los mismos 25% de representantes en la junta nacional. (Arica y Parinacota 1,75%; Antofagasta 1,75%; Magallanes 1,75%; Aysén 2,00; Atacama 2,75%; Tarapacá 3,25%; Los Ríos 3,25%; O’Higgins 4,0%;
Ñuble 4,5% y Coquimbo 5,0%)

La Ley Orgánica de Partidos Políticos, exige que exista un órgano ejecutivo, que en nuestro caso es la directiva nacional, un órgano intermedio, que en nuestro caso es la junta nacional. La figura del consejo nacional es solo una definición nuestra.

En resumen creo debemos al menos reflexionar sobre nuestra democracia representativa principalmente nuestras estructuras partidaria, composición y elección de nuestros órganos representativos.
Y definir con claridad los temas donde participara directamente la militancia.

Los tiempos han cambiado, somos pocos los militantes activos y la tecnología vigente permite una participación real y efectiva. No insistamos en la democracia representativa, sino los militantes seguirán exigiendo libertar de conciencia y acción. //ELF

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Recuperación ambiental y social

septiembre 12, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Canals

Exsubsecretario del Medio Ambiente

Entre las primeras reacciones a los resultados del plebiscito del 4 de septiembre, llama la atención el debate en torno al 56,11% de votos que obtuvo la opción Rechazo en la comuna de Petorca. Una paradoja para un sector de nuestro país que ha padecido la escasez hídrica por años y que, supuestamente, el pasado domingo perdió una gran oportunidad, ya que el nuevo texto constitucional garantizaba el derecho de acceso al agua de todos los habitantes del país, y un nuevo estatuto constitucional que priorizaba el consumo humano por sobre los usos productivos. Una comuna símbolo de aquello que una nueva Constitución podía cambiar.

Probablemente las razones del resultado sean múltiples. Algunos hablan de miedo, falta de información, o derechamente de un intento consciente de difusión de fake news. Más allá de las estimaciones de los expertos electorales, es indudable que, desde el prisma medioambiental, las temáticas relativas al cuidado de los elementos de la naturaleza (de “recursos naturales”, en un lenguaje más convencional) exigen, más que nunca, una mirada multidimensional, que aliente una discusión intelectualmente honesta por parte de todos los actores involucrados. Esa discusión debe ser ahora.

Este necesario espíritu cobra aún mayor relevancia en el contexto posplebiscitario y el reciente ajuste ministerial. Si en semanas previas vimos al Presidente Boric y al ministro de Hacienda con una nutrida agenda pro inversiones, los esfuerzos ahora deben redoblarse con foco en la reactivación de nuestra economía, en un contexto internacional y local adverso. Si hasta hace unos meses las definiciones sobre proyectos medioambientales en evaluación podían esperar, hoy no parece adecuado dilatar esas decisiones.

Hace unos días, se esperaba la sesión del comité de ministros para abordar dos proyectos: el de saneamiento ambiental de un paño en Las Salinas, Viña del Mar, y una central hidroeléctrica de pasada en La Araucanía. La coyuntura del cambio de gabinete, que incluyó dos nuevos ministros integrantes de dicho comité, obligó a su postergación. En adelante, el comité tiene otros proyectos por abordar y, si bien se espera de las autoridades un alto nivel técnico en sus definiciones, también se les pide oportunidad y sentido político en su accionar. Cual sea su pronunciamiento de las iniciativas que deba evaluar, el país, las comunidades, los especialistas y académicos, los inversionistas y titulares, esperan señales concretas, que junto con la aplicación de estándares ambientales, permitan despejar las dudas e incertezas instaladas en estos primeros meses. Ello exige claridad de los actores, honestidad en su legítima defensa de los intereses de sus representados y derribar los mitos instalados, para, a partir de los antecedentes científicos y técnicos, avanzar a una nueva y mejor institucionalidad de evaluación ambiental de proyectos.

En el caso de Las Salinas, por ejemplo, se cuestiona la decisión de la institucionalidad ambiental que aprobó la aplicación de un método de biorremediación seguro, validado por científicos regionales y la experiencia internacional de más de 40 años, por una controversia asociada más bien por el destino del terreno luego de su limpieza. Con la evidencia que se encuentra en el propio expediente de tramitación ambiental, no hace sentido mantener un terreno contaminado cuando la solución para su saneamiento puede comenzar ahora.

Esta necesidad de poder avanzar debería ser el propósito de la institucionalidad, frente a la eterna pausa en que se encuentran muchas zonas de sacrificio o comunidades injustamente expuestas a los riesgos ambientales, donde el tironeo sostenido entre algunos activismos y empresas redunda en seguir desperdiciando territorios que podemos y debemos recuperar ambiental y socialmente.

Podemos seguir avanzando en estos desafíos robusteciendo nuestra institucionalidad ambiental, profundizando la participación ciudadana al alero del Acuerdo de Escazú, para transitar hacia un desarrollo sustentable, con participación de la comunidad con transparencia y visión crítica. En definitiva, que no minimice ni olvide los dolores y miedos de la gente de Petorca y de tantos otros en Chile. //ELF

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¿Y después qué? Escenarios posplebiscito

septiembre 2, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Christian Torres Castro

Director de la Corporación de Promoción Universitaria

El Gobierno debe transformarse con rapidez en el articulador de la continuidad del proceso constituyente, con Rechazo o con Apruebo. De ser el Rechazo, debe articular una nueva fórmula que dé cauce a la construcción de una nueva propuesta constitucional. De ser el Apruebo deberá conducir, primero, las reformas a la nueva Constitución y, en paralelo y después, la legislación de bajada.

Nada de esto es posible sin un gabinete empoderado y capaz de actuar ordenadamente. Se ven tareas difíciles, más aún para un Gobierno que no ha demostrado particular destreza política ni de gestión.

Conforme se acerca el 4 de septiembre, se afianza la idea de que el resultado del plebiscito será estrecho, sin que todavía sea posible prefigurar con plena certeza ese resultado.

Aun así, es posible proyectar algunos escenarios posplebiscito:

De triunfar la opción del Rechazo, una alternativa es avanzar en reformas a la Constitución del 80. Esta idea, sin duda favorita en amplios sectores de la derecha, es lo más parecido al aquí no ha pasado nada. Pareció instalarse con la propuesta de Rincón-Walker de modificar el quórum de reformas a 4/7, pero el peso de la realidad la va enterrando cada día más. Esta opción ya no parece viable, pues generaría un alto nivel de conflicto político y social difícil de canalizar institucionalmente.

Una segunda alternativa es que el Presidente Boric convoque a una nueva elección de convencionales y defina un calendario constitucional sobre la base de la reforma que dio origen al actual proceso. Esta alternativa acotaría los tiempos. Sin embargo, más allá de los deseos del Mandatario, también parece inviable, pues sería fuertemente cuestionada, probablemente objeto de recursos ante el TC y con un Gobierno tratando de imponerla desde una posición de derrota.

La tercera alternativa, que parece la más realista, es que el Gobierno convoque a un plebiscito para resolver el mecanismo de elaboración de una nueva propuesta. Asumiendo que se da por hecho que la decisión de una nueva Constitución es caso cerrado.

Sin embargo, vale consignar que esta alternativa significa embarcarnos en un nuevo proceso desde cero y que implica al menos: plebiscito inicial, 3 a 6 meses; elección de constituyentes, 3 a 6 meses; construcción del nuevo texto, 12 a 18 meses; plebiscito de salida, 2 meses. Para los que han hecho de la incertidumbre el principal fantasma del país, este camino implica al menos casi dos años más de incertidumbre hasta contar con un nuevo texto.

De imponerse el Rechazo, veremos con rapidez cómo desaparece el egótico protagonismo de algunos expersoneros de centro y centroizquierda, utilitariamente cedido por la derecha y que ingenuamente ven en ese resultado la posibilidad de capitalizar el triunfo y de conducir un nuevo proceso político. Nadie más que la derecha capitalizará un eventual triunfo del Rechazo.

De imponerse el Apruebo, creemos que se abren las siguientes alternativas. La primera, consiste en no realizar reformas al nuevo texto y comenzar inmediatamente su implementación y legislación de bajada. Esta alternativa, aunque deseada por algunos enamorados del texto, no parece tener ninguna viabilidad, dados los públicos y transversales compromisos de reforma a la propuesta.

Un segundo escenario es que se inicie un proceso desordenado de intentos de reformas a partir de iniciativas parlamentarias. Esto solo trabaría la posibilidad de hacer las reformas necesarias de manera ordenada y con acuerdos más amplios. Sin embargo, es probable que el protagonismo que algunos parlamentarios puedan buscar, los haga optar por esta alternativa.

Finalmente, la alternativa sensata consiste en que se concuerde una primera etapa de construcción de acuerdos de carácter prelegislativo que permita presentar una batería de proyectos desde el Ejecutivo o desde los propios parlamentarios (pero concordados en lo sustancial), para realizar las reformas tanto al texto permanente como transitorio.

 

Esta alternativa probablemente tenga, como consecuencias, posibles quiebres en la coalición de gobierno y división en la derecha. Por lo mismo, será una oportunidad para ver el liderazgo y la decisión del Presidente para definir finalmente la “hegemonía política” al interior del Gobierno; y al mismo tiempo la vocación que dominará en la derecha en los próximos años.

Un escenario adicional, que esperemos no se dé, es aquel en que cualquiera de las dos opciones se impusiera por un margen amplio, de más de 10 o 15 puntos. En este caso, nos encontraremos con el fortalecimiento de la tendencia más radical dentro de la opción que triunfe.

De ser el Rechazo, aquellos que no quieren un nuevo proceso ni nueva Constitución, sino solo reformas a la actual, intentarán imponer esta postura. Por el contrario, en el caso del Apruebo, serán los puritanos del nuevo texto quienes se verán fortalecidos. Ambas posibilidades apuntan a mayor polarización y conflicto.

En cualquiera de los escenarios probables de Apruebo o Rechazo, este tendrá efectos sobre el Gobierno, que probablemente deberá hacer ajustes a los pocos días del plebiscito.

Lo primero será ordenar la base de apoyo. La o las coaliciones deben concordar un diseño común, de lo contrario, desaprovecharán rápidamente el aire de un triunfo del Apruebo, o se hundirán con mayor profundidad y rapidez que el efecto propio de un triunfo del Rechazo.

En segundo lugar, deberá realizar un cambio en el gabinete, fundamentalmente en el equipo político, además de otros sectoriales evidentemente débiles. Postergar el cambio de gabinete tendrá el mismo resultado que señalamos en el punto anterior.

Finalmente, el Gobierno debe transformarse con rapidez en el articulador de la continuidad del proceso constituyente, con Rechazo o con Apruebo. De ser el Rechazo, debe articular una nueva fórmula que dé cauce a la construcción de una nueva propuesta constitucional. De ser el Apruebo, deberá conducir, primero, las reformas a la nueva Constitución y, en paralelo y después, la legislación de bajada.

Nada de esto es posible sin un gabinete empoderado y capaz de actuar ordenadamente. Se ven tareas difíciles, más aún para un Gobierno que no ha demostrado particular destreza política ni de gestión. //ELF

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El 5 de septiembre

agosto 30, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC

Como se ha escuchado y leído, algunos actores, de lado y lado, han puesto sus ojos en cambiar las normas relativas a los independientes y a los escaños reservados. Creo que esto no solo sería un grave error político, sino que demostraría que los partidos no han sacado las lecciones del proceso que se fue gestando, lenta y subterráneamente, hasta emerger con violencia el 18 de octubre y que tiene, como una de sus causas, el desprestigio total del Congreso y del sistema de representación.

¿Habrá recuperado este sector su prestigio, como para convencer a la opinión pública de que ahora sí son dignos de confianza, y que con un acuerdo cupular entre cuatro paredes pueden dejar fuera a los independientes, o colocarles trabas y/o exigencias de tal naturaleza que en el hecho se anule o minimice su participación? Todo ello se haría, además, sin comprender que una de las razones para el éxito de los independientes no solo fue su mecanismo electoral, sino que un voto de castigo de la gente a los desprestigiados partidos políticos.

El día 5 de septiembre tendremos un nuevo escenario político. Si gana el Apruebo, independientemente de los gustos personales, tendremos certeza en las nuevas reglas del juego, y la política podrá desarrollarse en toda su amplitud. Si gana el Rechazo, las reglas serán las de la vieja Constitución del 80, y la política tendrá que exigirse al máximo, para ver cómo continuamos.

En el primer caso, tendremos certezas. En el segundo, incertidumbre.

La primera incertidumbre será resolver –interpretar– cuál es el alcance del art. 142, inciso final, de la actual Constitución. Este artículo está dentro de las normas permanentes, en el epígrafe “Del procedimiento para elaborar una Nueva Constitución” en el capítulo XV; o sea, dentro de las normas que, según el inciso final del citado artículo, continúan vigentes, de ganar el Rechazo.

Este es el primer problema que tendrá que resolver la política; pero es evidente que, más allá de toda interpretación posible, el sentido del epígrafe ya referido fue establecer, como norma permanente, un “procedimiento para elaborar una nueva Constitución”. Es decir, el procedimiento está ya establecido. Pero, como ese procedimiento ya se realizó y se agotó, en este escenario hipotético del Rechazo, la pregunta es qué queda vigente en la repetición de ese procedimiento, y cómo se materializa esta segunda oportunidad constituyente.

Las que se agotaron, parece obvio, son las normas contingentes –como las fechas y los plazos–, pero las que permanecen son aquellas que confieren legitimidad al proceso que regula el epígrafe, tales como el pronunciamiento del plebiscito de entrada, en virtud del cual se optó por una Convención, íntegramente elegida como el órgano que debe elaborar la nueva Carta Fundamental. Su composición, por otra parte, igualmente está en las normas transitorias –que forman parte de la Constitución– y también forman parte del principio de legitimidad: la paridad de género, los escaños reservados y la participación de los independientes y los discapacitados.

Aquí se abren varias alternativas que son factibles desde el punto de vista jurídico, pero que deberán procesarse y ponderarse políticamente por los distintos actores, tanto del Gobierno, de la oposición y del resto, que están en posiciones distintas.

Una primera posibilidad –a título de enunciación, no de prioridades– es que a sectores del Parlamento “se les ocurra” presentar reformas parciales a la Constitución –bajo el amparo del nuevo quórum de los 4/7, establecido por la Ley 21.481 del 23 de agosto del 2022, que modificó el art. 127– e irse por ese camino, soslayando de esa manera “el procedimiento para elaborar una nueva Constitución”. La modificación y posterior aprobación de ese quórum de los 4/7 fue presentada por sus autores como una forma de facilitar los acuerdos, en caso de que ganara el Rechazo; me opuse solitariamente a ese proyecto porque estimaba que era una estrategia encubierta a favor del Rechazo, pero, además, porque puestos en ese escenario, el único sector que puede actualmente juntar ese quórum de los 4/7 es la derecha y sus actuales aliados, no necesitando a los sectores de Apruebo Dignidad ni del Socialismo Democrático.

En otras palabras, ese quórum puede ser una tentación para la derecha y sus aliados que, baipaseándose a la izquierda, tendrán los votos necesarios en el Senado –los tienen– y en la actual Cámara de Diputados –seguramente también los tendrán– para hacer reformas parciales, presentándolas a la opinión pública como justas, necesarias y que cumplan el objetivo de reformar la Constitución. El problema que tendrían esas reformas parciales es si eventualmente logran tener legitimidad frente a la opinión pública, en lugar de ser vistas como una maniobra cupular no solo para eludir la soberanía popular; y el peor escenario sería, además, que el propio contenido de las mismas fuera rechazado.

El mismo peligro podría ocurrir si la vía de usar reformas parciales fuera concordada por el conjunto de los actores políticos del Gobierno y del Parlamento; a menos que fueran de tal entidad que la opinión pública las aceptara como suficientes en su contenido, cuestión, a mi juicio, no de fácil despacho.

Otra alternativa es que se acepte la Convención como el órgano válido para redactar la nueva Constitución, en su segunda oportunidad; y que en dicha instancia sectores de la derecha, ya sea ella misma y sus aliados, o con la concurrencia de la centroizquierda, quieran alterar su composición, ya sea en todos, o en alguno de sus componentes –probablemente los escaños reservados y la participación de los independientes–. Claramente aquí tendríamos un cuestionamiento de legitimidad, por parte de los sectores afectados, con efectos políticos que afectarían al conjunto del proceso; dejando además una puerta abierta a la protesta social, con dimensiones difíciles de prever.

Una tercera alternativa es que se quiera iniciar un nuevo proceso desde cero, donde la derecha y sus aliados, o con la concurrencia de toda o parte de la centroizquierda, traten de revivir las alternativas a la Convención –como podría ser el actual Congreso, un grupo de expertos, o alguna fórmula mixta; y, por supuesto, una nueva composición, si tuviera lugar alguno de los casos–.

En resumen, el triunfo del Rechazo significará un escenario de incertidumbre jurídica y política, donde la derecha no solo recupera su poder de veto, sino que ahora lo hace con el plus de que también recupera la iniciativa, puesto que, con la rebaja del quórum a los 4/7, es el único sector, más sus aliados, que pueden cambiar no solo las reglas del juego del procedimiento constitucional, sino el contenido mismo por sí solos, sin necesitar los votos de la centroizquierda. ¿Usarán este camino la derecha y sus aliados? Es una pregunta sin respuesta. Pura incertidumbre.

Los actores políticos de gobierno, y de la oposición, deben entender que el proceso político y social que el país comenzó a vivir a partir del mismo 18 de octubre del 2019, en caso de triunfar el Rechazo, quedará abierto; sin cerrar las heridas que allí se produjeron; sin dar respuesta a las expectativas, demandas y esperanzas que se generaron y, por lo tanto, con un escenario de incertidumbres acerca de cuál será la respuesta de los diversos actores que gatillaron uno de los conflictos sociales más intensos y graves que ha tenido el país.

Como se ha escuchado y leído, algunos actores, de lado y lado, han puesto sus ojos en cambiar las normas relativas a los independientes y a los escaños reservados. Creo que esto no solo sería un grave error político, sino que demostraría que los partidos no han sacado las lecciones del proceso que se fue gestando, lenta y subterráneamente, hasta emerger con violencia el 18 de octubre y que tiene, como una de sus causas, el desprestigio total del Congreso y del sistema de representación. ¿Habrá recuperado este sector su prestigio, como para convencer a la opinión pública de que ahora sí son dignos de confianza, y que con un acuerdo cupular entre cuatro paredes pueden dejar fuera a los independientes, o colocarles trabas y/o exigencias de tal naturaleza que en el hecho se anule o minimice su participación? Todo ello se haría, además, sin comprender que una de las razones para el éxito de los independientes no solo fue su mecanismo electoral, sino que un voto de castigo de la gente a los desprestigiados partidos políticos.

Respecto de los escaños reservados, también se ha escuchado y leído que algunos, de lado y lado, están propugnando la idea de dejarlos fuera del proceso, o de elegirlos de acuerdo con el número de electores que concurran a votar. Este planteamiento es de dudosa constitucionalidad –de acuerdo con las normas de la vieja Constitución, respecto del principio de igualdad–: ¿por qué a ese sector se le aplicaría dicha norma, mientras los partidos políticos elegirían sus candidatos sin importar los votos emitidos?

Estos sectores olvidan, y/o ignoran, la naturaleza del conflicto que tiene el Estado en el sur del país, donde se juegan distintas estrategias en el mundo mapuche, entre la violencia política y la vía institucional; empujando a estos últimos, en caso de dejarlos fuera o reducir su participación, a perder la poca credibilidad que todavía tienen en el valor de las reglas políticas de la democracia, con lo cual aquel conflicto se potencia. Todo, por la falta de visión de Estado de los sectores que propugnan estas alternativas.

La derecha, y los grandes empresarios, tienen una enorme responsabilidad en este escenario, no solo por la incertidumbre que se generaría con el triunfo del Rechazo, sino por haber contribuido al financiamiento de la campaña, y al desprestigio y las mentiras que se han instalado respecto del texto constitucional propuesto. Lo han hecho sin dar la cara en lo que representan, utilizando con mano mora a otros sectores, descolgados de la centroizquierda que se prestaron, ingenua o sibilinamente, para hacer el trabajo sucio. Ahora, tendrían una nueva oportunidad para entender que un Estado democrático y social de derecho, que recoja nuestra realidad sociológica y con descentralización del poder, no se opone para nada a los pilares fundamentales de una sana convivencia, en democracia y con una economía social y ecológica de mercado.

Si gana el Rechazo, tendremos un escenario de incertidumbres en las reglas del juego, y en la forma como el mundo político, empresarial y social moverán sus cartas y se movilizarán. Nada será fácil.

Pero si gana el Apruebo tendremos certezas en las reglas del juego. Corresponderá a la política la implementación de las mismas, y el Presidente de la República tendrá un rol fundamental para conducir este proceso, cuyo norte deberá ser que tales reglas del juego adquieran plena legitimidad y nos guíen, como país, por muchos años, para construir una sociedad democrática con justicia y dignidad para todos y todas.// ELF

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