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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

A un mes del estallido social: Por $30 explotamos 30 años acumulados

noviembre 18, 2019 by En La Fontana Deja un comentario

Por José Soto Sandoval 

Magister en Ciencias Sociales 

ILADES-Universidad Alberto Hurtado 

Hoy se cumplen 30 días de la explosión social más masiva y significativa de estos 30 años de re-construcción democrática. Fueron primeramente estudiantes secundarios y pobladores organizados de varias comunas de la Región Metropolitana, quienes decidieron “saltar los torniquetes” del Metro de Santiago para evadir el pago de ingreso que recientemente se incrementó en 30 pesos.

La represión brutal de carabineros a esta acción que comenzó como No-violencia activa (con la aparición masiva de un nuevo actor, “los milenials”), con la espiral represiva tomo aires de destrucción; se expandió rápidamente por todo Chile y con todos los temas. Era el grito contra los abusos reiterados en el sistema previsional (AFP), las colusiones empresariales, la mala calidad de los servicios de salud y de educación, el CAE, el sueldo mínimo que no alcanza para la sobrevivencia digna de cientos de miles de familias, los escándalos de corrupción política, el acceso al agua potable y decenas de temas que se agregaron desde la vida simple, urbana y rural.

Era el Despertar de Chile o la PRIMAVERA DE CHILE que se manifestaba en cada rincón. Era el malestar del modelo económico, social y político heredado de la dictadura cívico militar que no pudo ser cambiado- y para muchos no quiso ser cambiado- que se sintetizaba también en la camisa de fuerza que lo fortalecía dejando a millones en la exclusión y la pobreza: La Constitución política de 1980.

En efecto, la llamada “Carta de navegación” impuesta en un plebiscito ilegítimo en su origen, sin registros electorales, libertad de prensa y reunión, sin partidos políticos legalizados y un creciente movimiento social perseguido y reprimido, ponía como eje el rol subsidiario del Estado y entregaba a los privados grandes responsabilidades en materias económicas y sociales. La ola privatizadora de los 80 entregó a pocas familias el ahorro estatal de decenios concretizadas en el sector industrial (Empresas CORFO), servicios como la electricidad y el agua, gran parte de la actividad agrícola y forestal, riquezas básicas como las mineras, pesca, y algo fundamental en la vida cotidiana como la educación, salud y previsión social.

El “milagro chileno” que se nos impuso a sangre y fuego en esos años, se consolidó en estos 30 de Democracia y la ciudadanía lentamente ponía en jaque a las instituciones políticas y sus elites por su incapacidad de transformar esta realidad. La alta abstención electoral era una muestra.

Es cierto que el “chorreo” mejoró en parte la vida de muchos, pero excluyó de los bienes y la vida digna a millones. Chile que para algunos era el modelo más exitoso de América Latina, se transformó en uno de los países más desiguales del mundo, donde el 1% de la población es dueño de casi el 30% de la riqueza, una clase media que apenas sobrevive endeudada por el espejismo y la promesa de Tiempos mejores y una inmensa mayoría que simplemente no sobrevive.

Pero esta “Primavera” que explotó con la salida a las calles de millones que de-velaron las falsedades del éxito del modelo neo-liberal, tiene su origen en un malestar social acumulado, y se expresa a través de las redes comunitarias y organizaciones de base que han sobrevivido y fortalecido en un clima adverso, por que el modelito en lo cultural buscaba imponer el “sálvese quien pueda”, el individualismo exacerbado contra la corriente histórica del pueblo chileno en el último siglo, que ha sido la organización popular, la asociatividad y el comunitarismo.

Miles de organizaciones en la base de la sociedad, generaban un movimiento de resistencia al neo-liberalismo más extremo y construyen una propuesta cultural para un nuevo orden social y político, el sueño de la sociedad libre, justa, solidaria y democrática. Al parecer, las Utopías siguen vivas.

Cada día tiene su afán en estos primeros 30 de nuestra Primavera; Desde el día 2, la salida de los militares a la calle que dejará en la historia el recuerdo del fracaso del gobierno de Piñera por no entender lo que en su país-empresa sucedía. Cada día muertos, torturados, mutilados, violaciones, miles de detenidos; el día 7 la gran marcha y manifestación que solo en Santiago convocó a más de 1 millón doscientos mil personas en las grandes Alamedas y otros cientos de miles en todo Chile. Todos los días marchas, Cabildos y movilizaciones hasta en las comunas y pueblos más pequeños del país, millones intentando también controlar al lumpen que quería tomarse la agenda haciendo el juego a un gobierno acorralado: el día 23 el gran Paro Nacional convocado por Unidad Social, hasta llegar al día 25; un amplio acuerdo político impensado hace solo un mes. El Acuerdo por una Nueva Constitución, uno de los pilares del segundo gobierno de la presidenta Bachelet torpedeado por una derecha intransigente, y que ahora deberá ser asumido por el líder del modelo neo-liberal.

Cuando nos preparábamos para “salvar al planeta”, muy atentos y pro-activos en la realización de la COP25, donde los ojos del mundo estarían puestos en Chile por varios días a principios de diciembre, hemos tratado de “salvar Chile” de las garras de una economía inhumana, excluyente y depredadora que sumerge a la mayoría de su pueblo en la miseria y la desesperanza. Tal vez desde este rincón del planeta estamos construyendo también un mensaje al mundo de que los chilenos nos sumamos a las explosiones de los países árabes, de Francia, Cataluña, de varios pueblos latinoamericanos que buscan más justicia, más Democracia y un nuevo trato con el Medio Ambiente como nos señalan nuestros pueblos originarios.

Construir lo nuevo desde esta realidad nos obliga a ser cada día más responsables. Tenemos un piso para avanzar: Nueva Constitución y debemos ser vigilantes a la solución de los problemas más urgentes. Es la hora de volver a imponer la No-violencia activa, el método eficiente que nos hizo vencer a la dictadura, aislando la violencia pura de extremo a extremo, aquella que genera las injusticias y aquella que destruye los bienes públicos que sirven a los más humildes.

Parece que algo tenía de razón la primera dama en el día 1: “….amiga, esto es como un invasión alienígena…vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.

La hora del Nuevo Chile llegó, de mano de una nueva generación que se atrevió; los alienígenas nos tomamos las calles para exigir justicia y el derecho a vivir en Paz, y nos preparamos para construir por primera vez en la historia una Constitución surgida desde el pueblo.

 

Publicado en: Columnas, Notas, Politica

¿Cómo construimos una Asamblea Constituyente?

noviembre 18, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Parece que el consenso en torno a la necesidad de una nueva Constitución a través de una Asamblea Constituyente aumenta cada día entre los diversos actores políticos y sociales del país, así como de la ciudadanía en general.

Por Leonel Sánchez Jorquera 

Por tal motivo, se hace necesario profundizar respecto de lo que se entiende por Asamblea Constituyente y resolver participativamente una serie de dudas y mitos en torno a este procedimiento.

Un Asamblea Constituyente se puede definir como un órgano colegiado conformado por un grupo de personas electas por sufragio popular, para discutir y diseñar exclusivamente una nueva Constitución Política (PNUD, 2015).

Por lo tanto, el debate se puede centrar en algunas preguntas claves que tiene que resolver la propia ciudadanía, teniendo claro que no existe un modelo único ni una receta estandarizada de cómo proceder con una Asamblea Constituyente.

Algunos temas por debatir dicen relación con la forma de convocarla, elección de sus miembros, funcionamiento y formas de participación ciudadana incluyendo el tema de un plebiscito ratificatorio, para lo cual se seguirá en esta columna el estudio del PNUD (2015) denominado Mecanismos de cambio constitucional en el mundo.

El momento constituyente actual de Chile abre el debate sobre el capítulo XV de la Constitución Política y el estallido social acompañado de los cabildos.

De hecho, la llamada primera línea del Estado, es decir, las municipalidades se preparan para una consulta a la ciudadanía sobre el tema constitucional. Lo anterior debería concluir en un plebiscito vinculante que establezca la necesidad de una nueva constitución, como, asimismo, la definición del mecanismo.

En estos momentos contamos con un amplio consenso sobre la necesidad de una nueva Constitución, que va desde el Gobierno hasta la Oposición, lo cual no era posible antes del estallido del 18-O, demostrando el momento constituyente que estamos viviendo.

Estamos en aquellos casos en que la Asamblea Constituyente surge como consecuencia de la presión ejercida preponderantemente por la ciudadanía, es decir, una asamblea constituyente originada “desde abajo”, como los casos de Colombia e Islandia (PNUD, 2015).

En cuanto a los miembros de la Asamblea Constituyente son varios los desafíos a resolver. El número de miembros, en la experiencia internacional, es muy variado, desde 25 personas (Islandia) hasta 255 miembros (Bolivia), en algunos casos con algunas restricciones tales como no ser parlamentario en ejercicio, de las FFAA o miembro del ejecutivo.

Por regla general, son personas electas por votaciones populares directas, con los más variados sistemas electorales, y excepcionalmente se reservan escaños para determinados grupos (PNUD, 2015).

Es así como en Chile tenemos el desafío de construir una Asamblea Constituyente con equidad de género, lo cual implica definir una fórmula de cuotas de género ya establecida en otras elecciones nacionales.

También definir la representación de los pueblos originarios, tal vez respetando los porcentajes de respuesta del último Censo en relación con la consulta de pertenencia a algún pueblo indígena u originario.

Como también la correcta representación de regiones, de los sectores rurales y de sectores populares de las grandes urbes, de manera que sean representados por sus propios integrantes y no por una oligarquía que reside en tres o cuatro comunas del barrio alto de la capital. Todos estos son grandes desafíos del debate en la construcción de una Asamblea Constituyente.

En cuanto al funcionamiento, la función exclusiva y el mandato constituyente deberían ser el debate y redacción de una nueva Constitución, el cual debería establecerse en un tiempo limitado.

El estudio comparado del PNUD señala que el promedio de funcionamiento de las Asambleas Constituyentes ha sido un poco más de un año.

Su funcionamiento interno se puede configurar en torno a los grandes temas que se debatirán en su interior, sesionando en comités o comisiones y en pleno.

También se pueden generar paneles de expertos o asesorías externas, las cuales tienen que ser muy transparentes en su funcionamiento, recogiendo y previniendo la mala experiencia en Chile de un lobby informal o abiertamente corrupto del debate sobre alguna materia. En general, tiene que ser una Asamblea Constituyente con un debate público y muy transparente.

Un aspecto muy importante dice relación con la participación permanente de la comunidad toda, mientras sesiona la Asamblea Constituyente, la cual se ejerce a través de diversos mecanismos, incluyendo las TICs en general y las redes sociales en particular.

En el caso de Ecuador existía una Unidad de Participación Social que recogía, sistematizaba y hacía llegar a cada mesa temática las propuestas de la ciudadanía y, en el caso de Islandia, la ciudadanía era consultada permanentemente de los avances en la redacción de las normas constitucionales (PNUD, 2015).

La Nueva Constitución elaborada y aprobada por una Asamblea Constituyente debe ser sancionada en un plebiscito donde el pueblo de Chile se pronuncie finalmente y ratifique todo el proceso constituyente, dándole la legitimidad necesaria para la refundación de un nuevo Chile.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Leonel Sánchez Jorquera

Crisis social en Chile: Reflexiones dentro de la DC para superarla

noviembre 17, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Hace poco más de un mes, homenajeamos a un grupo de abogados DC, por su acción en defensa de los DDHH, en dictadura. Bonito y muy merecido homenaje. La pregunta es, ¿por qué en las actuales condiciones, mucho más benignas que las vividas entre el 73 y el 90, no actuó un grupo similar? Simplemente porque hemos cambiado. Los 30 años de “transición” cambiaron el sentido de la militancia y el compromiso. Ayer estuvimos dispuestos a dar la vida; hoy, nos cuesta entregar algo de tiempo.

Por Juan Claudio Reyes

Que hermoso hubiera sido ver una “brigada de camisas azules” recorriendo comisarías y fiscalías, reclamando por los derechos de hombres, ancianos, mujeres y niños, que han sido abusaos…pero no estuvimos.

Hoy se ha alcanzado un muy importante acuerdo para elaborar una nueva constitución, que reemplace a la impuesta el año 80. Muy importante esfuerzo, que debe ser valorado.

Pero, ¿alguien cree que esa es la razón por la cual nuestros compatriotas salieron a la calle?

Es evidente que ello no fue así.

Salieron por las condiciones humillantes en que viven. Por los salarios de hambre que reciben millones de ellos; por la decisión dramática de tantos viejos , que deben optar por comer o comprar sus remedios; por las condiciones de explotación, propias del siglo 19, que sufren cientos de miles de mujeres y hombres, en los “servicios externalizados” por las grandes empresas; por las deudas que acompañan a cientos de miles de familias, por creer en la promesa de que era fantástico “tener el primer estudiante universitario de la familia”, endeudando a todos, a favor de bancos que obtienen las más altas rentabilidades de su historia; por tener que mirar de lejos, remedios que necesitan y que son más caros que en los países más caros de Europa; por tener que mirar como los más ricos viven mejor que en Suecia, mientras ellos viven como en Africa, dentro de la misma región; por tener que destinar más del 70% de sus escuálidos ingresos a pagar créditos, no tomados para gasto superfluo, sino para comer; por tarifas de servicios básicos, entregados por el Estado a los privados, con rentabilidad asegurada del 10%, mientras los sueldos y salarios no suben ni la mitad de ello.

En fin, por condiciones de vida indigna, que algunos, entre nosotros, creen que ello no debe ser cuestionado, porque “han salido de la pobreza”, olvidando que la lucha histórica del Humanismo Cristiano es por la EQUIDAD; es decir, por condiciones de Justicia Social, que tal vez algunos nunca aprendieron, como concepto sustantivo.

¿Cuándo hablaremos de esto?

Tal vez nunca. Nuestra organización ya no se ocupa de estas cuestiones. Vive encerrada en los espacios de la institucionalidad. Por eso los DC que marchamos somos cada vez menos; con dolor, nos encontramos con casi nadie de los que andábamos las calles en dictadura y, en demasiados casos, los más jóvenes, especialmente profesionales que han hecho su vida en el aparato del Estado, se suman al coro de quienes, desde la derecha, entregan respuestas manidas, que están más cerca de la peor interpretación del neo liberalismo, adoptado como muletilla, para no tener que involucrarse en alternativas que requerirían más compromiso. ¿Para qué, si así estamos bien?, se le escucha a tantos profesionales del partido, que no logran ver más allá de su propio egoísmo.

¿Cuántas veces habrá que repetir que “Chile despertó”?

Podremos entender, colectivamente, ¿qué significa eso?

Estoy seguro que si se entiende. Lo que ocurre es que hay una negativa compulsiva a aceptarlo, en todo lo que ello implica.

Luego de chocar con el iceberg, los pasajeros del Titanic seguían bailando, al son de una orquesta que se hundía y que tocó hasta que la marea se llevó sus instrumentos. Pero ellos, como si nada.

Igual hacía Nerón, tocando la lira, mientras Roma ardía.

¿Lograremos reaccionar a tiempo?

No es fácil. Para ello se necesitan liderazgos que no aparecen, aún cuando entre nosotros hay camaradas muy capaces.

Tal vez si se dejara de lado una suerte de “hoguera de las vanidades”, en que se consumen unos a otros y, por un ratito, se volviera a la idea de “Bien Común”, elemento esencial que ayudó a construir nuestro partido.

Y hay una coyuntura especialmente propicia.

Si logramos interpretar la motivación primaria de quienes salieron a la calle, tal vez empezaríamos a encorar el camino por el cual conducirnos. Lo nuestro no es la respuesta típicamente reaccionaria. “no hay recursos para eso”. Nunca los habrá para satisfacer las demandas sociales básicas de la población, desde una respuesta neo liberal. El chorreo JAMAS permeará a los más necesitados y, lo esperable, es que se acostumbren como siempre, a través de la historia “a gozar las migajas del banquete”.

Se requiere entonces que los democratacristianos nos alejemos de las respuestas aprendidas en estos 30 años y arranquemos un poco de las respuestas taaaan responsables. ¿Ustedes creen que, desde mediados de la década del 50, cuando Moreno; Chonchol, Mery, Goic, Trivelli y otros recorrían campos y ciudades, diciendo “la tierra para el que la trabaja”, ¿sabían “exactamente” cuánto costaría hacer la Reforma Agraria? Sin embargo, la gente los seguía, porque apuntaban a un concepto de justicia elemental, que a todo el mundo le hacía sentido. ¿Qué mensajes similares enviamos nosotros hoy”?

De este tenor: NINGUNO

Entonces, los “guardianes del santo sepulcro” nos dirán “es que hay que ser responsables”.

Muy bien, pregunta: el país tiene hoy alrededor de 30 mil millones de dólares en fondos soberanos, rentando en el extranjero. Cuándo había acumulado 25.000, ¿el país estaba en riesgo? Evidentemente que no. Entonces, ¿porque no ocupar esos 5000 millones de diferencia para implementar políticas que no signifiquen gasto permanente?, como eliminación de las deudas del CAE, TAG, renegociación de créditos a través del BancoEstado, etc. y, subsidio a la mano de obra en pymes, durante 4 o 5 años, al incrementar el salario mínimo a 450 mil pesos, obligatoriamente pagado por las empresas de mayor tamaño?

Y, los que se convencieron del modelo, incluso más allá que algunos de derecha, nos volverán a decir que eso es ser irresponsables.

Me permito contestarles. Lo irresponsable es ver a ancianos morir en la miseria; a familias perder las viviendas por créditos CAE; a enfermos que mueren por no tener remedios por el alto costo, o a jóvenes que prefieren ser soldados del narcotráfico, porque es más rentable que trabajar por salarios miserables.

En fin, como siempre se suele decir “las crisis son también una oportunidad.

¿Sabrá la DC, con una humildad que le ha desaparecido, leer adecuadamente el mensaje profundo del levantamiento social en de desarrollo?

No tenemos muchas alternativas. Más allá de evaluaciones autocomplacientes, es evidente que nos alejamos, cada vez más, del cariño y el respeto de los chilenos. Ojalá que nuestros dirigentes sean capaces de convocar, con la apretura de la que hasta hoy carecen, a una reflexión colectiva, que permita elaborar una propuesta al país que vaya muuuuucho más allá de los temas institucionales.

¿O alguien cree que toda la movilización se resuelve con el estudio de la nueva constitución, que se empezará a discutir, recién, a principios del año 2021?

Camaradas, como en muchas otras coyunturas, en cada una de ellas se prueba la capacidad de los liderazgos.

Ojalá no tengamos que repetir, como en otras ocasiones, a través de la historia, que no pudimos hacer la tarea “porque los grandes hombres, o están muertos o no han nacido”.

Un abrazo fraterno a todos.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, DC, Democracia Cristiana, Juan Claudio Reyes

Salidas a la crisis: plebiscito o elecciones anticipadas

noviembre 14, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal 

Abogado y DC histórico 

La crisis de gobernabilidad se prolonga ya por casi por un mes. Se ha profundizado la sensación de inseguridad entre todos los habitantes, incluidos la abrumadora mayoría que apoyamos las diversas demandas ciudadanas. También constatamos la incapacidad de las elites políticas para canalizar estas peticiones con la urgencia necesaria. La injusticia social busca refugiarse, una vez más, en el orden, ese que la doctrina social de la Iglesia Católica define como la violencia institucionalizada o el desorden establecido.

No necesitamos emplazamientos para criticar la violencia. Tenemos una historia personal que lo demuestra, así como el ejemplo de millones de chilenos que les damos respuesta marchando y protestando pacíficamente, repudiando y enfrentando, cuando se puede, a los minúsculos grupos anarquistas y delincuentes comunes que se aprovechan de la conmoción.

El 26 de noviembre de 2013, el Papa Francisco publicó Evangelii Gaudium. En ese texto, expresó su rechazo a “una economía de la exclusión”, a “la nueva idolatría del dinero”, a “un dinero que gobierna en lugar de servir” y a “la inequidad que genera violencia”. “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata”, aseguró. El Santo Padre también atacó que todo entre en el juego de la competencia y de la ley del más fuerte, ya que esto ha llevado a que muchos sean excluidos. “Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del ‘descarte’ que, además, se promueve”.

El Mercurio del domingo 10.11.2019, publicó una entrevista a Paul Romer, Premio Nobel Economía 2018, algunas opiniones que cito: “Chile como muchos países que han adoptado la ideología neoliberal, no ha hecho el tipo de inversiones que se requieren para tener un gobierno efectivo.” En otro párrafo agrega: “Es un error pensar que en Chile la situación es sólo de ley y orden, y que con un gobierno que aplique mano dura basta”. Y algo destaca de su entrevista: “Se necesitan nuevos líderes”. Y, en mi opinión, lamentablemente, en el “mercado chileno”, esa es una mercadería muy escasa.

Los datos duros

Diversas encuestas ratifican que la ciudadanía no tiene confianza en el Presidente Piñera. Una empresa de encuestas muy cercana al propio Presidente le otorga sólo un 13 % de respaldo. Es cierto, también, que el desprestigio de los partidos viejos y nuevos es colosal. Menos del 4% de los encuestados confían en ellos, a pesar de las ahora diligentes propuestas para rebajar la dieta, reducir el número de parlamentarios y otras medidas que no atacan el fondo del modelo. Según una encuesta de Termómetro Social realizada entre el martes 29 y el 1 de noviembre, más del 70% sostiene que tanto el Presidente como el Congreso Nacional no están dispuestos a reconocer el conflicto real y contestar las demandas.

Tomic nos señalaba en los años sesenta lo que él llamaba la crisis de la democracia representativa, el alejamiento de los representantes respecto de los representados, cuestión que fue promovida expresamente por el neoliberalismo concertacionistas, que logró un rol decisivo en la DC, el PS, el PPD y el PR. El libro de Carlos Huneeus sobre la Democracia semisoberana en Chile es lectura obligada en este aspecto.

Cierto, hubo importantes avances sobre todo en la disminución de la pobreza dura, otros avances sociales importantes y, sobre todo, en la convivencia democrática. Pero también, se lograron acuerdos con la derecha para desmovilizar al mundo social, debilitar los partidos y fortalecer una cultura transversal de individualismo entre los chilenos. Las AFP, las ISAPRES, las privatizaciones de las empresas sanitarias, eléctricas, de comunicaciones y la cultura usuraria en las empresas financieras han tenido respaldo transversal, a pesar de sus fracasos brutales.

Nunca he olvidado a Mounier, que enseñaba que el espíritu burgués empapa todas las clases sociales. Eso pasa hoy en Chile, agravado por la falta de liderazgos morales y políticos. El individualismo y la corrupción coexisten siempre en la vida del ser humano, pero a mi generación en la DC la afectó menos, por el ejemplo de los líderes que tuvimos. Leighton, Frei Montalva, Tomic, entre otros. Con un Patricio Aylwin que superó las expectativas previas. Se equivocaban, cierto, pero tenían estatura moral y política para cambiar de actitud. En cambio, nosotros los de entonces, ya no somos los mismos.

Hoy, el dinero, el poder mezquino, las ambiciones descontroladas, el neoliberalismo en lo filosófico, y económico, creció descontroladamente, a lo que se sumó la crisis brutal del marxismo leninismo. Muchos promotores de esas doctrinas se hicieron fácilmente liberales por razones filosóficas, los menos, el materialismo común al Marxismo Leninismo, al Neo liberalismo y la corrupción un número mayor. Los partidos ya no tienen militantes, tienen clientela, verdaderos siervos de los señores feudales sean estos Alcaldes honestos o corruptos.

La presencia de agitadores extranjeros es una campaña de mentiras diseñada en USA. Trump está en eso, ayudado por Maduro y sus cómplices, que buscan el caos y vengarse de Piñera. Este hizo el torpe papel de protagonista en la frontera venezolana esperando un Golpe de ESTADO que fracasó. Ni Bolsonaro, ni Macri lo acompañaron en ese vergonzoso episodio. Estoy seguro que hay agentes de seguridad, venezolanos activos, pero para espiar a los cientos de miles inmigrantes que han huido del desastre de Maduro. Así lo hacen los dictadores.

Pero la violencia está creada por la cultura del oportunismo, de la corrupción y la exclusión. ¿Podrá sobrevivir Piñera con su “agenda social”? El Presidente está confuso, típico de la definición de desgobierno. Desconcierto, violencia, falta de disciplina. Provoca, incluso sin querer, cuando pretende usar las protestas a su favor. No es una persona con inteligencia emocional y sus excesos de narcisismo son malos asesores. Está cediendo hoy, pero puede retroceder mañana. La coalición de derecha se empieza a abrir, hay fisuras importantes, pero, creo que, si el miedo se incrementa, se unirán una vez más.

El odio recíproco entre los ciudadanos y la policía, va a ser un obstáculo gigante. 40 generales de carabineros expulsados del cuerpo en un año y medio, por corrupción, más debilidades formativas de varios años, acentúan la brecha. Las divisiones y malas artes al interior de esa institución la afecta duramente. Cuando una autoridad tiene el respeto de sus conciudadanos es muy valiosos, sino, el miedo es un sustituto frecuente. Hoy vemos creciendo el número de los que no los respetan ni les temen. Constatamos con sorpresa y molestia que carabineros no concurre con la prontitud necesaria para frenar excesos de pequeños grupos. Hoy vemos que se concentran más en la investigación posterior a los hechos, incumpliendo su deber preventivo. ¿Los drones no envían las imágenes necesarias? Pongan la TV. Horas y horas mostrando los mismos destrozos, con dirección incluida.

Que más de 45 generales en menos de dos años, hayan salido de carabineros por fraudes, corrupción y mentiras no es un tema menor. Es muy dañino. Las sociedades necesitan policías para preservar los valores humanos, pero que actúen profesionalmente, usen las armas y el entrenamiento entregado de una manera civilizada. Humanamente, entiendo la rabia de esos carabineros, recibiendo insultos y agresiones increíbles. En mi vida he estado muchas veces en las calles, en democracia o dictadura y nunca, nunca, agredí a un policía, siempre fui víctima. Y no por cobardía. Primero porque la violencia utilizada de manera injustificada, es cierto, pero nunca me dispararon balines a los ojos. Me rompieron lumas en la espalda, recibí chorros del guanaco, gases tóxicos, golpizas en los vehículos y en las comisarías. Sólo en dictadura sentí el cañón de una pistola en la boca o el de una metralleta con bala pasada en el estómago. Pero también conocí gestos humanos de otros policías, que atesoro por lo que valían en momentos complicados.

Por formación política, en nuestros cantos en dictadura decíamos: “Uniformado, entiende de una vez, la lucha no es contigo, es contra Pinochet”. Pero ver las escenas dónde policías disparan balines o golpean masivamente a manifestantes desarmados y no violentos se multiplican por los avances tecnológicos y me indignan. Si tienen que usar la violencia contra los violentos, se supone que están entrenados para ello y que usaran los medios apropiados que practican en su fase formativa.

Muchas veces defendí operativos policiales en el centro de Santiago contra lanzas que se victimizaban, y lo seguiré haciendo mientras pueda. Mi amigo Alejandro Goic, destacado actor chileno, protegió en una marcha a una carabinera en riesgo y fue brutalmente agredido por los propios carabineros. Pero la furia y ceguera es tal, que una carabinera que terminó su sacrificado servicio y vestía de civil, fue cobardemente golpeada por sus colegas, debiendo ser internada en el hospital institucional Necesitamos hacer un esfuerzo recíproco para poner fin a esta relación de odio creciente y tan malsana entre policías y ciudadanos. El primer escalón se construye comprometiéndonos a no apoyar impunidad para los que violan esas normas.

Creo que es muy difícil aceptar que sigan legislando y gobernando varias personas que han infringido la ética y han defendido un modelo tan injusto. Ya en el siglo XVII el Cardenal Jean-François Paul de Gondi (1613-1679) escribió: “Una nación no siente el extremo de la miseria hasta que sus gobernantes han perdido toda vergüenza, porque ese es el instante en que los súbditos se despojan de todo respeto”. Pero estoy dispuesto a tragarme el sapo, por el Bien Común. Por mis convicciones democráticas y el ejemplo de líderes que admiro, no apoyo ni apoyaré soluciones fuera del marco democrático, pero si estoy convencido que hay que presionar lícitamente a la clase política para que apruebe medidas que permitan que sea el ciudadano el que tenga la palabra final.

Para ello, creo que debemos concentrarnos ahora en las soluciones, porque el país tiene claro que los responsables se encuentran en todos los sectores, los que, de buena o mala fe, fueron apartando al soberano de las decisiones.

LAS ALTERNATIVAS

14 partidos de la oposición firmaron, este martes 14 de noviembre de 2019, una declaración en la que se declararon a favor de un plebiscito y una asamblea constituyente como las vías apropiadas para elaborar una nueva Constitución para Chile que buscaría establecer un nuevo modelo político, económico y social. Este documento es una respuesta a una propuesta del gobierno que se abrió a iniciar un proceso para un nuevo texto constitucional, pero usando como mecanismo un Congreso Constituyente, buscando claramente preservar el modelo.

Por otra parte, diversos parlamentarios han señalado que la única salida posible a la grave crisis que vivimos es adelantar las elecciones de Presidente y parlamentarios, propuesta que coincide con opiniones que he entregado en este medio. En estos días, el destacado académico chileno Carlos Huneeus ha publicado un artículo en el que se hace una pregunta, ¿Podrá terminar su período el Presidente Piñera? Luego, el autor citado enuncia antecedentes muy sólidos, aporta una conclusión y una propuesta.

La conclusión es terminante: “El Presidente Piñera no podrá terminar su mandato, ni debiera empeñarse en ello. El país requiere un liderazgo presidencial ahora, que asuma las funciones políticas de jefe de Gobierno y líder de la coalición gobernante, que se proponga restablecer el Estado de derecho, impulse políticas económicas (pensiones, salud, transporte público, etc.) siguiendo otro paradigma, distinto al de neoliberalismo radical con el cual se construyó “el modelo”, y dé los pasos necesarios para llegar a una Nueva Constitución. El Presidente Piñera no está en condiciones de asumir esa función por sus limitaciones de liderazgo y por su identificación con “el modelo

Comparto plenamente esta aseveración, aunque no me parece apropiado establecer un régimen semipresencial de hecho como sugiere Huneeus. Soy partidario de establecerlo en la nueva Constitución, pero de manera armónica y legitimado por la mayoría.

Quiero recordar que, en 1973, pocos días antes del Golpe, la DC propuso nuevas elecciones para los parlamentarios elegidos apenas 6 meses antes, yo era uno de ellos entonces, para facilitar la renuncia del Presidente Allende y dejar en manos del pueblo la decisión. El gobierno de esa época no se pronunció, la derecha calló y el Golpe de Estado destruyó la democracia por 17 años.

También me parece importante recordar que, en la primera semana de septiembre de 1973, el General en retiro Carlos Prats, hombre de confianza de Allende al igual que Pinochet, asesinado posteriormente por éste, le sugirió al Presidente Allende que no llamara a Plebiscito, sino que pidiera permiso constitucional al Congreso y saliera del país. Es evidente que el Presidente Allende no lo escuchó.

De manera muy clara no me cierro a ninguna solución que mantenga los cauces institucionales. Si el acuerdo más amplio se produce por una Asamblea Constituyente, elegida por los ciudadanos, con facultades para desatar los nudos gordianos e ideológicos de la Constitución vigente, en buena hora. Sigo pensando que tener dos órganos legislativos funcionando puede ir generando problemas adicionales y que la solución puede dilatarse excesivamente.

Si hay elecciones para Presidente y Congreso Nacional hay tiempo para que se preparen alternativas constitucionales, políticas concretas y alternativas de gobierno serias y estables. Esta opción permite construir el nuevo marco normativo y, adicionalmente, contaremos con legisladores legitimados expresamente por los ciudadanos para ir introduciendo las nuevas normas legales necesarias para implementar los valores que impregnen la nueva carta fundamental.

El rol de las actuales autoridades, sería dictar las normas que favorezcan la más amplia e informada decisión ciudadana, por ejemplo, como la manera más expedita del plebiscito que deberá pronunciarse sobre las alternativas que se elaboren, y, algo muy importante, adoptar las medidas indispensables para eliminar la violencia criminal desatada.

Es urgente apurar el despacho de normas para reducir las remuneraciones de los altos funcionarios de empresas del Estado, de los miembros del Gabinete y los Parlamentarios, así como corregir normas electorales que permiten a las cúpulas partidarias imponer candidatos, ampliar los cupos para que puedan participar personas nuevas, establecer filtros más eficientes en temas de probidad y representación.

Despejado el aumento del 20% a las Pensiones Básicas Solidarias es esencial avanzar en soluciones concretas y para ahora a la clase medida. Bastaría la voluntad política del Presidente para que las pensiones de la clase media subieran cerca de un 30%, al mes siguiente, sin dictar ley alguna. Es cierto, no lo hizo la Concertación y la Nueva Mayoría cuando estuvo en el gobierno.

Por eso, el rechazo ciudadano a esta clase política. Ahora tienen la oportunidad de hacerlo. Y salir con dignidad.

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El partido del orden y su intelectual orgánico entran en pánico

noviembre 10, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

No me gusta comentar a comentaristas. Pero hoy en su columna de El Mercurio Carlos Peña vuelve a hacerse el adalid del partido del orden cargando con virulencia inusitada contra los intelectuales que no querrían asumir como éxito propio la «modernización capitalista» que debieran aplaudir y que ahora unos vándalos están amenazando. Y esto a pesar que él le explica esto a los intelectuales todos los domingos desde el medio emblemático de la derecha chilena.

Estos intelectuales serían unos necios que no entienden que la «mejoría en el bienestar material de los chilenos ha sido resultado de las últimas décadas y, en especial, de los veinticuatro años de gobiernos de centroizquierda» bajo Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, «y sus abundantes ministros, embajadores, asesores» que «contribuyeron a ello». Supongo que me encuentro entre ellos, pues soy doctor en economía, profesor titular de la Universidad de Santiago y autor de una decena de libros y muchos artículos, lo que también supongo me daría credenciales de intelectual. Fui además subsecretario en La Moneda de Aylwin y Lagos, dirigente y presidente de un partido de gobierno y embajador del primer gobierno de Bachelet. Aquí viene la acusación: «pero los mismos intelectuales que fungieron de funcionarios de esos gobiernos —y que no dijeron palabra mientras ayudaban a que lo que hoy llaman neoliberalismo se construyera— ahora descubren que todo eso, nada menos que dos décadas y media de gobiernos, fue un gigantesco error, un error moral que pareciera justificar las demasías de estos días».

En mi caso, por lo menos, es mentira aquello de «no dijeron palabra» y «ahora descubren». Escribí, por ejemplo, un texto en 1993 -hace 26 años- siendo subsecretario de Aylwin, y que a él no le gustó pero que entendía era parte de un debate necesario, llamado la Transición Inconclusa (https://gonzalomartner.blogspot.com/1994/12/la-transicion-inconclusa-y-las-tareas.html) en el que afirmaba que «a pocos meses de finalizar el período constitucional del actual gobierno, puede afirmarse que, a pesar de los éxitos en la normalización del clima democrático, en la vigencia de un estado de derecho, en el crecimiento económico, en la expansión del gasto social, en algunas reformas laborales, en la democratización y descentralización de la administración territorial, en la reinserción internacional, no ha terminado la transición: no vivimos aún en un régimen plenamente democrático». Recalcaba que no se había hecho una justicia necesaria en materia de violación de los derechos humanos y que en «la próxima etapa política de la concertación deberá mantener su voluntad de terminar con los senadores designados, con la actual composición del consejo de seguridad nacional, con la actual forma de generación de la corte suprema, con el rol de la justicia militar, con la inamovilidad de los comandantes en jefe y con la legislación que expresa la no sujeción de las FFAA al poder civil. Se deberá mantener la tesis de disminuir los quórum de reforma de la constitución y de aprobación de las leyes orgánicas constitucionales. También deberá mantenerse como compromiso programático y político concreto con nuestros socios de coalición avanzar en la creación de condiciones de reforma del sistema electoral para establecer uno de carácter proporcional y en el establecimiento de un régimen semipresidencial». Concluía que «no es posible soslayar que los socialistas aspiramos a establecer una sociedad en la que prevalezcan niveles de justicia social ampliamente superiores a los ya logrados. Chile debe consolidar una economía solidaria, que combine un rol para el mercado y un rol para el Estado. El mercado, con las debidas regulaciones antimonopólicas y protectoras del medioambiente y de los derechos del consumidor, debe tener un rol activo en la producción de bienes y servicios y ayudar a obtener una asignación eficiente y descentralizada de los recursos con adecuadas señales a los productores y los consumidores. Es universalmente aceptado que el mercado, sin embargo, no puede producir bienes públicos ni corregir las desigualdades sociales, ni proteger el ambiente y que el Estado debe proveer infraestructuras y servicios y asegurarle ingresos mínimos a la población más pobre, interviniendo en los mercados de trabajo y de capital para redistribuir los ingresos y orientar el crecimiento. Chile debe seguir avanzando hacia una economía solidaria, en la que el mercado opere donde sea posible asignar descentralizada y eficientemente los recursos y el Estado donde sea necesario actuar solidariamente en beneficio del interés general».

Escribí un libro en 1999 que abundaba en estas posturas y que llamé «Remodelar el Modelo» e innumerables artículos a lo largo del tiempo en el mismo sentido (ver https://sites.google.com/view/gonzalomartner). Al asumir como presidente del PS en 2003 señalé: «Dice la UDI: senado sin designados, porque ya sirvieron lo suficiente sus intereses, y con sistema binominal, para que todo esté siempre empatado. Una vez más para que no puedan gobernar las mayorías, sino que mantengan el poder de veto las minorías privilegiadas de Chile. ¡Esa es la derecha que posa de democrática y que luego contesta a quienes los cuestionamos que esos no son problemas concretos de la gente! ¡Como si a la gente no le importara la democracia y sólo se interesara por sus necesidades primarias! ¡Como si la gente no se diera cuenta que a la derecha le interesa mantener ese poder de veto para defender los privilegios de los más ricos y que la sociedad no pueda decidir democráticamente de qué manera quiere vivir y solucionar sus problemas cotidianos!».

Pues bien, sigo pensando lo mismo, como muchos otros. Sostengo y reitero que Chile, a pesar de un leve progreso, está en el rango de mayor desigualdad en la distribución de ingresos en el mundo, como otros países latinoamericanos, y que su sistema de impuestos y transferencias no la disminuye, como es el caso de casi todos los países de la OCDE (ver mi artículo http://old.clad.org/portal/publicaciones-del-clad/revista-clad-reforma-democracia/articulos/071-junio-2018/Martner.pdf). Sostengo y reitero que la pertinacia de la derecha en mantener un sistema político que no hace efectivo el principio de mayoría y que ha sido intervenido de manera corrupta por el poder económico ha terminado por deslegitimarlo por completo, vistos sus resultados en materia de extrema concentración de la riqueza, nueva prosperidad pero plagada de inseguridades cotidianas y de falta de movilidad social para sectores medios tradicionales y emergentes y un 20% que vive en la pobreza multidimensional (según los datos oficiales), es decir en la precariedad y la exclusión. Sostengo que ese resultado, que muchos venimos previendo y criticando desde hace décadas, por mucho que hayamos intentado remodelar el modelo desde dentro, tienen una consecuencia inequívoca: se requiere ahora de un nuevo pacto constitucional propiamente democrático que contenga un nuevo pacto social y de sostenibilidad.

Peña llama a que los intelectuales vean los hechos. Aquí va: el hecho básico es que Chile no ha logrado tener una democracia que deje de lado el veto de la minoría que representa el poder económico en el parlamento, y por lo mismo no ha podido aplicar políticas económicas de «crecimiento con equidad» como las postuladas en el programa de gobierno de 1989 o las de «crecimiento con igualdad» del programa de 1999, en cuya redacción participé. Esto no fue fruto de las opciones de la sociedad, que habría adherido al neoliberalismo, sino de bloqueos institucionales ilegítimos, ante cuyos resultados nos encontramos primero con una abstención masiva en los procesos electorales y ahora con una rebelión social que cuestiona directamente la legitimidad del orden político y económico existente. Si muchos se resignaron a los bloqueos institucionales que permitieron una continuidad híbrida del neoliberalismo (la lista es larga), algunos no lo hicimos, aunque quedamos en creciente minoría y con pocos espacios de expresión. Así y todo, somos objeto de estos ataques furibundos, cuya agresividad sorprende.

Lo más irrespetuoso es la apelación de Peña a un supuesto deber de lealtad con el derecho a veto empresarial y de la derecha consagrados por la actual constitución y suponer que reclamar una nueva es atribuirle «a esos violentos actos callejeros la dignidad de un reclamo constitucional». Esta afirmación es el grado cero de la honestidad intelectual y simplemente una bajeza.

Como lo es la afirmación según la cual «a la hora de señalar caminos para resolver la crisis, en vez de subrayar la función de las instituciones y el valor de la democracia (que consiste en permitir la competencia pacífica en base a normas) sugieren (imaginándose, sin duda, como miembros de una constituyente) que la salida consiste en restarles lealtad a las reglas hoy existentes retrocediendo a un punto cero donde todo podría reescribirse». Si, señor Peña, eso creemos muchos desde siempre, los que luchamos por la democracia, incluyendo en las calles y las barricadas (mientras usted guardaba el silencio de los no muy honorables contra la peor dictadura de la historia de Chile): hay que reescribir de cero una constitución que resguarda un orden oligárquico y no expresa la soberanía popular ni el principio de mayoría que son la esencia de la democracia, junto al respeto de las minorías y de los derechos fundamentales. Y la desobediencia civil de estos días es enteramente legítima, la que nada tiene que ver con los actos de destrucción de grupos pequeños e irracionales y del lumpen -cuya existencia supongo no estará descubriendo ahora- que hemos condenado todos desde el primer momento. Su catadura moral, ya que usted pretende juzgar la nuestra, se aprecia en un solo hecho: no ha sido capaz de decir una palabra de condena a la violencia policial, que ha incluido heridas a bala, graves golpizas y vejaciones sexuales, ni al hecho de que cientos de jóvenes estén perdiendo sus ojos fruto de esa represión. En estos días, cada uno ha tenido la ocasión de demostrar dónde se sitúa. Algunos, en la defensa -incluyendo la violación descarnada de los derechos humanos- del orden que nos rige. Otros, en su impugnación y la defensa de la necesidad urgente de iniciar un proceso constituyente, junto a amplias medidas sociales antineoliberales, para salir de la crisis provocada por el gobierno de Sebastián Piñera y las consecuencias de larga data de un modelo económico excluyente y desigual. La tragedia de Chile ha sido que este modelo se ha logrado perpetuar gracias a un sistema político que no refleja las opciones mayoritarias de la sociedad, a pesar de los esfuerzos de muchos desde 1990. Para algunos de nosotros, esta es la esencia de la democracia, aunque a Tocqueville (un aristócrata no precisamente igualitario) y a usted nunca les haya gustado, y a Jaime Guzmán tampoco, claro. Son de los que siempre han postulado que la democracia debe ser en el mejor de los casos un orden de contrapesos de la mayoría, cuando no de anulación de la voluntad popular. Voluntad popular que hoy se encuentra en la calle, pese a quien le pese.

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Hacia una nueva Constitución: La «Quinta papeleta» y la casa de todos

noviembre 7, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Roberto Gatica
De tan complejo los problemas es que creo que las soluciones deben ser simples. De tan profundos los problemas, que su transformación o corrección debe ser gradual.
Todo esto no significa ausencia de urgencia, por el contrario, los primero pasos deben ser muy pronto y significativos.
Pronto, en el corto plazo, adoptar los cambios administrativos, legislativos que vayan en el cumplimiento de las medidas más demandadas y de tipo inmediato, algunas más de imagen que de fondo, como la rebaja de la dieta (y de las asignaciones?) hasta la reforma previsional del aumento de cotización y pensión básica.
De estas medidas, varias ya están en proceso y debemos acelerar su resolución e implementación. (voto obligatorio, mejoras al sistema de salud, etc.)
En el otro ámbito, la convocatoria a un plebiscito para el mes de enero de 2020, en el que el país ratifique o no su deseo de un nueva Constitución, con ese resultado, (eventualmente) debemos agregar la «Quinta Papeleta» en el mes de octubre sobre la forma en que implementaremos la preparación de la Nueva Constitución, sea por medio de una Asamblea Constituyente, una Constituyente que incorpora a ¿Parlamentarios?, ¿Alcaldes?(recién electos) y delegados constituyentes (en un 60%), alguna figura que permita la mayor y mejor participación de los ciudadanos.
Sobre lo demás, los detalles y lo que falte que siga el debate, se puede instruir un sistema formal que recaude información y opiniones desde los colegios, alumnos y apoderados, juntas de vecinos, clubes deportivos, sindicatos, universidades, toda organización que agrupe formalmente a la mayor cantidad de personas. Retomar el trabajo avanzado por el Gobierno de la Presidenta Bachelet, es decir comenzar a caminar decididamente y sin detenciones. Todos construimos la «Casa de Todos».//ELF

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