Por José Soto Sandoval
Magister en Ciencias Sociales
ILADES-Universidad Alberto Hurtado
Hoy se cumplen 30 días de la explosión social más masiva y significativa de estos 30 años de re-construcción democrática. Fueron primeramente estudiantes secundarios y pobladores organizados de varias comunas de la Región Metropolitana, quienes decidieron “saltar los torniquetes” del Metro de Santiago para evadir el pago de ingreso que recientemente se incrementó en 30 pesos.
La represión brutal de carabineros a esta acción que comenzó como No-violencia activa (con la aparición masiva de un nuevo actor, “los milenials”), con la espiral represiva tomo aires de destrucción; se expandió rápidamente por todo Chile y con todos los temas. Era el grito contra los abusos reiterados en el sistema previsional (AFP), las colusiones empresariales, la mala calidad de los servicios de salud y de educación, el CAE, el sueldo mínimo que no alcanza para la sobrevivencia digna de cientos de miles de familias, los escándalos de corrupción política, el acceso al agua potable y decenas de temas que se agregaron desde la vida simple, urbana y rural.
Era el Despertar de Chile o la PRIMAVERA DE CHILE que se manifestaba en cada rincón. Era el malestar del modelo económico, social y político heredado de la dictadura cívico militar que no pudo ser cambiado- y para muchos no quiso ser cambiado- que se sintetizaba también en la camisa de fuerza que lo fortalecía dejando a millones en la exclusión y la pobreza: La Constitución política de 1980.
En efecto, la llamada “Carta de navegación” impuesta en un plebiscito ilegítimo en su origen, sin registros electorales, libertad de prensa y reunión, sin partidos políticos legalizados y un creciente movimiento social perseguido y reprimido, ponía como eje el rol subsidiario del Estado y entregaba a los privados grandes responsabilidades en materias económicas y sociales. La ola privatizadora de los 80 entregó a pocas familias el ahorro estatal de decenios concretizadas en el sector industrial (Empresas CORFO), servicios como la electricidad y el agua, gran parte de la actividad agrícola y forestal, riquezas básicas como las mineras, pesca, y algo fundamental en la vida cotidiana como la educación, salud y previsión social.
El “milagro chileno” que se nos impuso a sangre y fuego en esos años, se consolidó en estos 30 de Democracia y la ciudadanía lentamente ponía en jaque a las instituciones políticas y sus elites por su incapacidad de transformar esta realidad. La alta abstención electoral era una muestra.
Es cierto que el “chorreo” mejoró en parte la vida de muchos, pero excluyó de los bienes y la vida digna a millones. Chile que para algunos era el modelo más exitoso de América Latina, se transformó en uno de los países más desiguales del mundo, donde el 1% de la población es dueño de casi el 30% de la riqueza, una clase media que apenas sobrevive endeudada por el espejismo y la promesa de Tiempos mejores y una inmensa mayoría que simplemente no sobrevive.
Pero esta “Primavera” que explotó con la salida a las calles de millones que de-velaron las falsedades del éxito del modelo neo-liberal, tiene su origen en un malestar social acumulado, y se expresa a través de las redes comunitarias y organizaciones de base que han sobrevivido y fortalecido en un clima adverso, por que el modelito en lo cultural buscaba imponer el “sálvese quien pueda”, el individualismo exacerbado contra la corriente histórica del pueblo chileno en el último siglo, que ha sido la organización popular, la asociatividad y el comunitarismo.
Miles de organizaciones en la base de la sociedad, generaban un movimiento de resistencia al neo-liberalismo más extremo y construyen una propuesta cultural para un nuevo orden social y político, el sueño de la sociedad libre, justa, solidaria y democrática. Al parecer, las Utopías siguen vivas.
Cada día tiene su afán en estos primeros 30 de nuestra Primavera; Desde el día 2, la salida de los militares a la calle que dejará en la historia el recuerdo del fracaso del gobierno de Piñera por no entender lo que en su país-empresa sucedía. Cada día muertos, torturados, mutilados, violaciones, miles de detenidos; el día 7 la gran marcha y manifestación que solo en Santiago convocó a más de 1 millón doscientos mil personas en las grandes Alamedas y otros cientos de miles en todo Chile. Todos los días marchas, Cabildos y movilizaciones hasta en las comunas y pueblos más pequeños del país, millones intentando también controlar al lumpen que quería tomarse la agenda haciendo el juego a un gobierno acorralado: el día 23 el gran Paro Nacional convocado por Unidad Social, hasta llegar al día 25; un amplio acuerdo político impensado hace solo un mes. El Acuerdo por una Nueva Constitución, uno de los pilares del segundo gobierno de la presidenta Bachelet torpedeado por una derecha intransigente, y que ahora deberá ser asumido por el líder del modelo neo-liberal.
Cuando nos preparábamos para “salvar al planeta”, muy atentos y pro-activos en la realización de la COP25, donde los ojos del mundo estarían puestos en Chile por varios días a principios de diciembre, hemos tratado de “salvar Chile” de las garras de una economía inhumana, excluyente y depredadora que sumerge a la mayoría de su pueblo en la miseria y la desesperanza. Tal vez desde este rincón del planeta estamos construyendo también un mensaje al mundo de que los chilenos nos sumamos a las explosiones de los países árabes, de Francia, Cataluña, de varios pueblos latinoamericanos que buscan más justicia, más Democracia y un nuevo trato con el Medio Ambiente como nos señalan nuestros pueblos originarios.
Construir lo nuevo desde esta realidad nos obliga a ser cada día más responsables. Tenemos un piso para avanzar: Nueva Constitución y debemos ser vigilantes a la solución de los problemas más urgentes. Es la hora de volver a imponer la No-violencia activa, el método eficiente que nos hizo vencer a la dictadura, aislando la violencia pura de extremo a extremo, aquella que genera las injusticias y aquella que destruye los bienes públicos que sirven a los más humildes.
Parece que algo tenía de razón la primera dama en el día 1: “….amiga, esto es como un invasión alienígena…vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.
La hora del Nuevo Chile llegó, de mano de una nueva generación que se atrevió; los alienígenas nos tomamos las calles para exigir justicia y el derecho a vivir en Paz, y nos preparamos para construir por primera vez en la historia una Constitución surgida desde el pueblo.






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