Hablamos En La Fontana con un especialista DC en materias sociales para que analice cómo ve a Chile, a una semana del plebiscito de salida del texto constitucional propuesto en Proceso Constituyente. También se le consulta acerca de por qué como país estamos tan divididos.
Se trata de Juan Claudio Reyes, quien ahonda en este fenómeno de polarización que azota a la sociedad chilena.
Reyes es licenciado en sociología de la Universidad de Chile. La secundaria la realizó en Liceo J.V. Lastarria y se considera progresista y liberal. Es consultor independiente en materias de desarrollo local y educación pública. Por otro lado, es asesor de la Bancada de Diputados DC y director de TEAM Consultores Asociados.
Responde, en consecuencia, las siguientes preguntas:
-¿Por qué cree que la sociedad chilena está tan polarizada?, ¿Esto lo aprecia desde octubre de 2019 o de antes?
-Todas las sociedades, especialmente las menos desarrolladas, viven procesos de cierta polarización, en la medida que las aspiraciones, legítimas, de las grandes mayorías no logran ser resueltas por la institucionalidad del Estado.
Ello ocurrió en Chile y, lo que hubo en octubre de 2019 es la manifestación de ello. No es inusual, más bien es esperable, en la medida que pasan muchos años en que, esos sectores, reciben promesas que no se cumplen, en una medida importante. Pero lo ocurrido ese octubre, no puede ser entendido como el inicio de la polarización, sino como la manifestación más visible de un tema acumulado por años.
-¿Esto es culpa de la clase política y los partidos o también tiene culpa de esto la elite económica de Chile?
-Supongo que al decir la “clase política” te refieres al ejercicio de los roles propios de la institucionalidad política. Dicho esto y, en relación con la primera pregunta, el descontento social tiene las causas anotadas. Pero, por cierto, además, en ese descontento mayor, acompañan fuertemente los dueños del capital, o “élite económica” que, particularmente en Chile, no hacen ningún esfuerzo por resolver las malas condiciones, muy extremas, de acceso a los beneficios del desarrollo (salario mínimo; horarios de trabajo; acceso a incentivos por logros de las empresas, etc.). Y eso, cada cierto tiempo, inevitablemente ayudará a el aumento de la movilización social, en contra de un sistema que mantiene con muy poca variación, las condiciones de inequidad, en las que vive la mayoría, en relación a esa élite.
-¿Usted cree que esta polarización podría derivar en un nuevo estallido social?
-Sin ninguna duda. La única manera de disminuir la posibilidad de que estos fenómenos se produzcan, tiene que ver con la capacidad de que los diferentes actores sociales acuerden -lo que no se ve muy próximo-, avanzar hacia condiciones de mayor equidad, para quienes viven de salarios muy precarios, en barrios muy distintos a los que dominan social y económicamente.
-¿La reducción de las desigualdades sociales podría incidir en que se reduzca esta polarización?
-Eso, es exactamente lo que ha ocurrido en los países más desarrollados. Si las personas y las familias, incluso las que carecen de mayores estudios o permanecen en zonas rurales, perciben que con sus ingresos pueden tener una vida digna, donde pueden constituir familias que vean mayores perspectivas de desarrollo, por cierto, los fenómenos de polarización se reducen.

-¿Luego del plebiscito de salida, cómo cree que la sociedad chilena se pueda reunificar para un gran acuerdo nacional en materias de seguridad, salud, pensiones, educación, etc.?
-No es fácil. Por ejemplo, en materia de pensiones. No es posible, en el mundo, encontrar un negocio donde los que ponen la plata (en este caso los trabajadores), pierdan mucho y tengan jubilaciones que los condenan a vivir sus últimos años en la pobreza, mientras que los que administran ese capital (los dueños de las AFP) gana miles de millones de pesos al año, administrando los fondos de los trabajadores.
-¿Es posible que, de mantenerse esas condiciones, se puedan construir “grandes acuerdos”?
-Muy difícil. ¿Es posible construir acuerdos en educación, cuando lo que reciben los colegios públicos, incluyendo todos los programas de apoyo, sea del orden de los 140 mil pesos mensuales por estudiantes pero, solo se paga por asistencia, lo que implica alrededor de un 20% menos, mientras que en los colegios particulares, ese monto llega a ser hasta 10 veces más? Lo mismo ocurre en salud. El 16% que está en ISAPRES recibe una atención absolutamente distinta y de demasiada menor calidad que el 84% restante. Así, estos “grandes acuerdos”, no parecen fáciles de alcanzar.
-Finalmente, ¿Cómo aprecia el futuro de Chile con esta polarización desatada, con un Congreso atomizado al haber tantos partidos políticos y la incapacidad de la clase política de llegar a acuerdos?
-El futuro cercano seguirá siendo complejo. Por una parte, porque quienes se han refugiado, por más de 40 años, en una Constitución que les asegura el resguardo de sus privilegios y que, ahora han intentado (supongo que sin éxito), construir una propuesta aún más regresiva, no tendrán, como lo han demostrado hasta aquí, de avanzar en la construcción de una sociedad mas justa. Lo del Congreso, es la expresión de la democracia, que siempre es mejor respetar y, por cierto, siempre va a a ser deseable que quienes ocupan roles destacados en las diversas instituciones del Estado, puedan tener la vocación de llegar a acuerdos, por el bien del país. Sin embargo, ello no se ve muy factible en el corto plazo. //ELF


