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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

Una voltereta para adaptarse

agosto 31, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Ex presidente del PS

El alcalde Joaquín Lavín logró aumentar la cantidad de comentarios que genera en los medios de comunicación al señalar que su actual mirada política propone “incorporar muchos de los conceptos de la social democracia europea”.

Esto significa que Lavín, autor de “la revolución silenciosa”, otrora texto de cabecera del neoliberalismo chileno intenta borrar, una vez más, la repulsiva cicatriz de su pasado como difusor de la dictadura, esa etapa de intransigencia libre mercantilista en que se definió como “gallo de pelea” en la campaña de candidato a diputado de la UDI, en 1989.

Después ajustó la mira y en 1999, levantó la vaga idea del “cambio”, no se sabía cual pero le acarreó un buen apoyo electoral, luego se volvió a redefinir, esa vez, como “aliancista-bacheletista”.

Es decir, es una figura adaptable, cuya retórica se ajusta a lo que desea le escuchen para rehacer su imagen política dado que su temprana pasión pinochetista es un lastre adverso. Así para sacudirse esa mochila de plomo, dijo que de haber sabido las violaciones a los Derechos Humanos, en el Plebiscito del 5 de octubre de 1988, habría estado con la opción del NO.

Su etapa pinochetista lo hace ser lo que es, alguien “controvertido”, un ex ideólogo que quiere ser “cosista”, light, nada denso, huye las profundidades conceptuales, con todo se ha mantenido como una opción en la derecha, lo que no es poco, pero no logró alcanzar la Presidencia de la República.

Ese objetivo le ha sido esquivo, lo tuvo cerca en 1999, cuando la diferencia con el triunfante Ricardo Lagos fue en promedio menos de un voto por mesa, pero luego la posibilidad de instalarse en La Moneda, lo ha tratado con el mal sabor de la lejanía.

Su antiguo rival Sebastián Piñera le copó un sitial que Lavín creía le aguardaba, liderar la derecha para entrar a La Moneda de terno y corbata, sin destruir la democracia como el 11 de septiembre de 1973, sin recurrir al terrorismo de Estado, ni tanques, corvos, bayonetas y bombardeando el edificio, incendiándolo.

Cuando el mega millonario Piñera tuvo el favor de la división de los demócratas y ganó la Presidencia, Lavín perdió la senaduría en Valparaíso, tuvo que aceptar ser ministro de Educación y reprobó el examen. Así volvió a la Alcaldía, al cosismo de “laskondesburgo”.

Ahora el vacío de liderazgo en la derecha y la debacle piñerista le ha dado un espacio para rehacer la fama y la opción presidencial lo vuelve a ilusionar.

Que en democracia, sin aventuras golpistas, quiera llegar a Presidente es legítimo, ese propósito no es objetable, pero para alcanzarlo fue adquiriendo la manía de decir a todo que sí, se sube en todas las micros sin importarle dónde se dirigen y a cada uno de sus interlocutores acomoda el mensaje, por eso, se ha ido deformando en tal grado que puede ser un recipiente en que cabe cualquier cosa.

Hoy no se sabe que es “el lavinismo”. Quiere ser el candidato de la UDI sin las ideas de la UDI, pretende ser el candidato de la derecha aunque desea vestirse como de “centro”. A la postre puede ser que la afición de Lavín por los matinales televisivos obedezca a que le agrada ser un maniquí, un objeto inocuo que no molesta y que se adapta a la moda, indiferente a quienes no gustan andar a la moda, pero con ese “programa” no se puede gobernar el país, sería condenarse a la prolongación indefinida de la crisis actual.

Le encanta el libre mercado pero habla de derechos sociales, tiene que apoyar a Piñera, pero cada día hace fintas para desmarcarse del gobierno porque ahí ve el “abrazo del oso”.

Sin duda que esa es la pesadilla de Lavín, la fatalidad de ser la candidatura del continuismo piñerista, sabe que ahora el cambio es inaplazable, porque Chile no soporta más de lo mismo, eso sería dejar inmediatamente de ser competitivo e intenta camuflarse. Piñera y su gobierno son un salvavidas de plomo, así se lo confirman los análisis de sus asesores.

Ahora bien, hay que examinar con más detalle su último acomodo, el querer ser “socialdemócrata”. No cabe duda que para quienes en la izquierda postulan articular y materializar la justicia social en una potente institucionalidad democrática, con un Estado social y democrático de derechos, está incursión lavinista de exaltar el fuerte Estado social de Europa les da la razón.

Es cierto que sus cálculos apuntan a mejorar su caudal electoral y eso causa el malhumor en muchas personas de centroizquierda e izquierda por el desenfadado oportunista de los malabares retóricos del edil, de eso no cabe duda, pero también es cierto que Lavín está confesando que el neoliberalismo a ultranza que el mismo ayudó a implantar con la dictadura se agotó totalmente y como opción y/o proyecto de sociedad para Chile fracasó, resistió cuatro décadas y el estallido social desplomó su imagen de imperturbable indiferencia al descontento y la desafección social y política.

La derecha, el continuismo piñerista y quien sea la candidatura del bloque dominante carece de una alternativa sustantiva, cuyos contenidos estratégicos saquen al país de la crisis, por eso, la ansiedad lavinista lo lleva a vestirse con las ideas de sus rivales porque como candidato de la derecha inhumana cuyo gobierno abandonó a su suerte a las familias durante la pandemia no tiene como ganar, así va a ser el perdedor, entonces se presenta como lo que no es y quiere disfrazar el mercantilismo salvaje como espíritu solidario.

Como el pragmático Lavín, la derecha, que no es fundamentalista de mercado hasta la irracionalidad, sabe que viven un dilema moral profundo, comprobar que tanto crimen, dolor y amarguras no tienen justificación histórica alguna. Han sostenido un modelo de dominación que carece de legitimidad y perdió sustentabilidad.

La idea de un nuevo “estallido” los sobresalta, perdieron la tranquilidad. Hay demasiada desigualdad y la estabilidad dada por la resignación social ya no está asegurada.

Por tanto, más razones fundamentan y exigen la construcción de una alternativa unitaria desde la oposición porque el libre mercantilismo, el consumismo y el individualismo no son la bandera para ganar en las presidenciales del 2021.

De allí que el camaleón deba arriesgarse al escarnio o el ridículo con tal de adaptarse a las nuevas circunstancias. El estrés lo impulsa a robar las ideas ajenas para cubrir la ausencia de proyecto político estratégico.

La izquierda debe levantar su propuesta de un Estado social y democrático de derechos, con vistas al ejercicio de la justicia social con plena libertad y progreso económico. La derecha fracasó. Hay que darle un nuevo horizonte a Chile.

Tantos años acusados de “estatistas”, incluso encarnizadamente perseguidos y descalificados por esa caricatura que satanizaba la izquierda en los tiempos en que el mismo Lavín – el que desea ser socialdemócrata – era operador del régimen castrense, son muchos miles los que ahora son indirectamente reconocidos.

Por eso, en los aprontes lavinistas de viraje hacia “el centro” falta lo más importante, esto es que rechace el Estado subsidiario, la demoníaca criatura neoliberal pinochetista que ha sido el instrumento usado para desbaratar el Estado, jibarizarlo e impedirle cumplir su objetivo de cautelar el bien común.

El Estado subsidiario es un Estado impotente, intencionalmente debilitado para que no cumpliera sus tareas fundamentales y que la fuerza económica del país se concentrara en los mega conglomerados que deciden la acción de la economía y el Estado en su propio beneficio. Esta es una definición esencial del proceso constituyente y la adaptabilidad de Lavín es incalculable, pero no se le puede permitir que eluda esta definición medular.

El dilema está planteado. El Estado futuro podrá tomar definiciones y adoptar decisiones que reorienten en un sentido solidario y de sustentabilidad el modelo de desarrollo o deberá conformarse con ajustes que no corrijan el agravamiento de la desigualdad y los abusos estructurales en contra de los trabajadores y la clase media.

Por eso, lo que finalmente ocurra en el Plebiscito del 25 de octubre será decisivo. Esa es la gran responsabilidad de los luchadores por la justicia social en la actual encrucijada que está frente a Chile.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Joaquín Lavín, voltereta

¿Tropezar con la misma piedra?

agosto 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal

Camarada DC, exsenador, abogado y expresidente de la DC

Hay dirigentes políticos que repiten propuestas que reflejan que no han aprendido nada. Están preocupados de un nombre como candidato presidencial , cuando Chile está en una crisis integral.

La situación del país es muy grave y no se arregla con un nombre.

Cuando No tenemos confianza en las elites civiles, religiosas, militares, culturales, es el resultado de décadas en que la búsqueda de poder personal o grupal llevó a la descomposición de los partidos.

Chile necesita un proyecto cultural, político, social y económico que reemplace el paradigma neoliberal y descarte las opciones de los extremistas de ambos lados.

Es un desafío para todos los sectores y que tendrá una opción para concretarse si ganamos bien el Apruebo con 100% de Convencionales elegidos.

La DC, ya experimentó las derrotas más duras y debería ser vanguardia en propuestas nuevas y apropiadas, rechazando seguir la misma receta fracasada.

5% de los votos fue el respaldo logrado para una candidatura, con un programa impuesto por los neoliberales, sin debate en Junta Nacional y rompiendo el rol de liderazgo que por doctrina y testimonio nos ganamos.

Sus principales promotores se van del partido sin asumir sus responsabilidades políticas y un pequeño número de los que permanecen ,reiteran su visión equivocada, cooperando gustosos con las acciones del gobierno.

¿Cómo no aprender?

Yo no participaré en discusiones por el poder, pero si lo haré en materia de ideas, porque la DC tiene mucho que ofrecer a Chile.

Primero ideas, propuestas distintas a las ya fracasadas luego unidad sólida interna y concordancias con otras fuerzas que, pacíficamente , nos permitan derrotar a los explotadores y a los violentos.

Por favor, aprendamos de los errores.

Nombres para encabezar el proceso tenemos.

Que se muestren con ideas y acciones.

Hoy es tiempo de cambiar.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Sin categoría Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, DC, Democracia Cristiana, PDC, Ricardo Hormazábal

Por qué debemos votar por el Apruebo y la Convención Constituyente

agosto 25, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Carlos Gardel

Concejal de Lo Espejo

Los invito a construir un país inclusivo, la historia hoy nos da esa oportunidad, que ha sido el anhelo de muchas generaciones, de sacrificios, de sudor y lágrimas, de poder tener la oportunidad de cambio real, de construir un Chile grande, solidario, que reconozca a sus pueblos y sus diferencias, la patria justa y buena. Hoy estamos todos convocados a poder escribir esa historia, para ello, debemos ser protagonistas, tomar conciencia e importancia de la participación, de no quedarnos en nuestras casas y ver como otros toman decisiones, ya que es nuestra oportunidad de poder decidir que camino vamos a tomar.

Me he encontrado con personas que aún no comprenden la importancia del momento que estamos viviendo, el de poder entre todos construir una nueva Constitución para Chile, que sea redactada por ciudadanos que usted mismo elegirá, nunca antes en toda la vida de nuestro país esto se había hecho.

He aquí la importancia de invitarl@s no solo a votar, sino que además a construir la Patria que queremos, donde se distribuya la riqueza de esta bendecida nación con mayor equidad, con una salud pública digna, que la familia no sufra perjuicio económico por una enfermedad, quienes además de la pena y dolor de quien la padece, debe agregarle la preocupación de como obtener los recursos para diagnósticos o exámenes costosos, debe ser un derecho y garantizar el acceso a una mejor Salud.

Una mejor pensión también debe ser una de las preocupaciones, para ello se debe considerar un sistema justo y solidario, no puede ser que después de entregar toda una vida de trabajo, caer en situación de pobreza por una baja pensión.

Tenemos como país uno de los ingresos per cápita más altos de Sudamérica, con US$ 25.000, aprox. ($18.750.000) por cada habitante anualmente, contando incluso a los niños, si se dividiera el ingreso del país en partes iguales con un valor del dólar a $750), pero gran parte de esta riqueza cae en muy pocas manos, he ahí el interés de sectores políticos de no querer provocar ningún cambio y que todo siga igual, con una Constitución redactada en dictadura que promueve esta desigualdad, en donde todo se puede transar en el mercado, la salud, la educación, la seguridad, cuando estos temas deben ser un derecho garantizado.

Con el cambio climático, el agua tiene un rol protagónico, cada vez será más escasa, y como la actual Constitución toma este vital elemento para la vida como un bien transable (Artìculo 19º), se ha privatizado y entregado los derechos a particulares, hace unos mese vimos como en el congreso y debido al alto quórum en el Senado (es la proporción necesaria que se requiere, en este caso 2/3, 29 votos de 43 en total) y a pesar de haber tenido una mayoría en la votación, fue rechazada. Teniendo una nueva oportunidad de que el agua sea considerada un Bien Nacional de uso público en la nueva Constitución.

Para llegar a ser un país verdaderamente desarrollado, debemos primero romper las barreras del egoísmo, no puede ser que la distribución de la riqueza no solamente es desigual en los ingresos familiares, sino que además como se distribuye también en los Municipios, y ahí podemos ver como son de diferentes los barrios más ricos y los más pobres.

Es tiempo de cambio, hay que tomarlo con esperanza y alegría y llamamos a aprobar una nueva Constitución para Chile, y que sea redactada por una Convención Constituyente.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: #Apruebo, #NuevaConstitucionParaChile, columna, Columnista

El club de los desconectados

agosto 21, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Hace unos días volvió a la televisión chilena un icono de los programas políticos de los años 70`, “A esta hora se improvisa”, haciendo un homenaje a su antecesor, mantuvo, en general, el formato de conversación e incluso fue transmitido en blanco y negro para construir una atmósfera de nostalgia, sin embargo, y pese a las “caras nuevas” mezcladas con otras mas conocidas, el triste resumen de ese programa, como ejemplo de la expresión comunicacional de la política en Chile, es el encapsulamiento de la clase política en una burbuja teórica y su completa desconexión con la realidad que viven los chilenos de a pie.

En ese programa, y, muchos otros, así como en las discusiones de las sesiones del congreso, o al interior de los partidos, abundan los lugares comunes, la construcción de fachadas e imágenes estancadas en los cánones comunicacionales y políticos de los 90 (para ser generoso), la pirotecnia dialéctica vacía, como llamados a la “unidad” y la evocación de las “fuerzas de la historia” o conceptos difusos y completamente desprovistos de contenido real. La política sigue funcionando casi como si nada hubiera pasado en los últimos meses, y los políticos y los que reniegan de ser tales con disfraces de comentaristas o analistas, terminan por ser partícipes de la realidad alterna en que se encuentran atrapados, representando una tragicomedia mediocre.

Todos los grupos de nuestra sociedad moderna que, por diversas razones, se sustraen de la realidad que viven los ciudadanos, están hoy en tela de juicio. Hay una crisis profunda de las Iglesias, de las Instituciones uniformadas, y por cierto, de los políticos… todos esos grupos tienen en común privilegios y condiciones de vida distintas del resto de la sociedad, todos han buscado a través de los años, separarse del resto de la población, porque no se les aplican las mismas reglas que a los demás, porque tienen normas de comportamiento o hasta una justicia paralela, tienen fueros y una cultura de secretismo, un lenguaje propio y distintivo, y, en definitiva, una tradición de aislamiento.

Podremos discutir acerca de las causas de éste fenómeno sociológico y cultural, pero, en términos prácticos, y en el caso particular de la clase política, su resultado concreto es patético y paradojal, por cuanto, la lógica dicta que es, o debiera ser, de la esencia de un representante, no perder contacto con su representado, conocer la realidad en la que vive, los problemas que debe enfrentar, las trabas legales y administrativas que afectan su desarrollo, y, en general, vivir en el mismo país que aquellos a quienes aspira a representar.

Sin embargo, la realidad, es muy distinta, quienes ejercen cargos importantes de representación popular no viven, ni remotamente las condiciones que la mayoría de sus representados debe enfrentar, de hecho, muchos ni siquiera viven realmente en las comunas, distritos, y hasta en las regiones que representan, aunque discuten a diario las políticas públicas sobre la salud y la educación proveída por el Estado, no son usuarios de ninguno de estos servicios públicos, no usan el transporte público que deben regular, no se les aplican las reglas laborales que deben aprobar e implementar y terminan viviendo en un Chile distinto, lo que termina por reflejarse en sus discusiones y decisiones.

Esta dicotomía, digna del realismo mágico, tiene consecuencias graves; las normas legales se alejan de la realidad que pretenden regular y el lenguaje y la discusión política se aleja tanto de los ciudadanos que termina por crear desconfianza y hasta resentimiento en éstos, la política es cada vez menos valorada y las instituciones democráticas empiezan a perder legitimidad y credibilidad, lo que prepara el terreno para la entrada triunfal de los populismos y las aventuras autoritarias.

Mientras en “A esta hora se improvisa” se hablaba de tolerancia, de nuevas tendencias en las redes sociales y las elecciones en Estados Unidos, en nuestro país miles de chilenos se preguntan si en su barrio harán una olla común para poder comer mañana, miles se preguntan como enfrentaran sus deudas sin trabajo, miles todavía lloran a sus muertos por COVID, qué pasará con la educación de sus hijos, y muchas otras preocupaciones que, los políticos y sus comentaristas, parecen no conocer.//ELF

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Voluntad de entendimiento

agosto 19, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma

Camarada DC y exministro

Escribo esto cuando faltan unas diez semanas para el plebiscito al que hemos sido convocados las chilenas y chilenos para decidir, el 25 de octubre, si queremos una nueva Constitución, y en caso de que triunfe esa opción, el Apruebo, si esta nueva regla fundamental será redactada por una Convención enteramente electa por las ciudadana y ciudadanos, o si su integración será mixta, es decir, una mitad electa por los ciudadanos y otra mitad electa por los actuales integrantes del Congreso, de entre ellos mismos.

En octubre, si triunfa el Apruebo, será la primera vez en que los ciudadanos y ciudadanas actuaremos como poder constituyente entregando un mandato a los Convencionales para que entreguen un nuevo texto fundamental.

En estas diez semanas cada persona convocada a pronunciarse deberá resolver si ejerce su poder constituyente o si renuncia a el para devolverlo a los diputados y diputadas, y senadores y senadoras, que es lo que ocurre si triunfa el rechazo. Confío que todos, sin temor, ejerceremos nuestro poder constituyente.

Pero, ejercido el derecho y siendo poder constituyente, corresponderá elegir a los convencionales que se reunirán a redactar el texto que, luego, en otro plebiscito, tendremos que ratificar. Y esto tiene tanta importancia, o más, como el inicio del proceso.

La Constitución es la regla fundamental que fija las normas de convivencia de una sociedad y, para que sea sólida, debe ser aceptada voluntariamente por todos y todas, o al menos por la inmensa mayoría de aquellos y aquellas para las que va a regir. Es lo que se quiso hacer al acordar, casi todas las fuerzas políticas con representación institucional, convocar a la ciudadanía. Cambiar una norma impuesta por la fuerza de las armas, por una generada por la fuerza de la voluntad.

El acuerdo que le dio origen fijó dos cuestiones que permiten suponer que ello es posible.

Lo primero es que se parte de una “hoja en blanco”. Esto es muy importante para que todos sientan que lo que surja de la Convención es producto de su deliberación, y que no hay una imposición previa.

Lo segundo es que las normas deben aprobarse por un quorum de dos terceras partes de la Convención, lo que obliga a buscar acuerdos y garantiza, ya que ninguna lista u organización va a obtener dos tercios de los convencionales, que el resultado será producto del diálogo y requerirá un alto grado de concordancia entre personas que piensan y sienten diferente.

Pero ello no es suficiente. Hay un requisito adicional que es aún más importante. Es necesario que los convencionales concurran con voluntad de entendimiento, con disposición a buscar los acuerdos más amplios y duraderos. Esta debe ser la clave al elegir a los convencionales.

Las chilenas y los chilenos no somos violentos, ni sectarios, ni gustamos del autoritarismo. Queremos una sociedad menos desigual, con derechos y oportunidades originadas en el ser persona, y no en el patrimonio personal.

Pero el país está polarizado, socialmente separado, y en tensión por la injusticia social, las reacciones violentas y los efectos de la pandemia. En este estado de cosas hay quienes anuncian un proceso constituyente que conducirá al caos, la inseguridad y la pobreza.

Las normas que se han fijado impedirán que ello ocurra, pero también lo impedirá que en la Convención primen las y los dialogantes, las y los que creen en el otro, los y las que estén dispuestas a ceder en pro de construir un futuro común para todas y todos, en palabras de don Jaime Castillo Velasco: una Patria para todos.

En estas diez semanas podemos construir espacios de diálogo y confianza, para que el plebiscito del 25 de octubre marque el inicio de la construcción de esa Patria para todos y todas //ELF.

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Andrés Palma, columna, Columnista, Plebiscito constituyente, temas, unidad

Lucidez y generosidad

agosto 16, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Expresidente del PS

Si la oposición se divide, las fuerzas de derecha y ultraderecha que hoy se atrincheran en los mecanismos coercitivos de la Constitución del 80, volverán a sacar ventaja a su reagrupamiento y optimizarán su representación. Por tanto, es clave un genuino esfuerzo de unidad que garantice que las fuerzas democráticas por el cambio obtengan la mayoría necesaria para abordar la redacción de aspectos fundamentales de la nueva Constitución. Se debe asegurar la paridad y diversidad necesarias, de género, intergeneracional, de creencias culturales, postulados ideológicos, proyectos políticos y sociales. Esto es lo más difícil. La meta óptima debiese ser una lista común de todos y todas las colectividades y liderazgos que aspiran a una nueva Constitución que avance a la justicia social en democracia. Si no se llega a lo óptimo habrá otras opciones, pero debe haber unidad en la diversidad.

Las multitudinarias movilizaciones sociales llamadas mediáticamente “estallido social” -cuyo mayor vigor, amplitud e impacto fue en los meses de octubre y noviembre recién pasados- generaron una situación nacional inédita, tanto de un rechazo abierto y mayoritario al Gobierno como de un profundo cuestionamiento al tramado institucional prevaleciente, creando las condiciones para el acuerdo político del 15 de noviembre, que permitió establecer la realización de un plebiscito vinculante para avanzar hacia una nueva Constitución, nacida en democracia.

La paralización producida en la marcha del país y la impotencia del Gobierno para retomar el control de la situación, crearon un caótico desbarajuste que provocó la caída del gabinete organizado en base a un liderazgo presidencial ultra personalista y un “consigliere” -el primo del Presidente- con un rol de primer ministro de facto, para el caso que el gobernante estuviera ausente o dedicado a arreglar el mundo como lo intentó en Cúcuta, Colombia, donde llegó engatusado por los halcones de ultraderecha de la Casa Blanca, pensando que con su brillante presencia bastaba para que cayera Nicolás Maduro, en Venezuela.

Todo ese libreto de retórica vacía, tantas veces pensado, aprendido, leído y repetido, se deshizo como pompa de jabón ante la potencia de la movilización ciudadana. El gabinete de los grandes amigos del Presidente se desplomó estrepitosamente. Surgió una nueva realidad política, el discurso de “guerra” de Sebastián Piñera no tuvo cabida y, en medio del recrudecimiento de las movilizaciones populares, el 15 de noviembre se firmó el compromiso de dar vida al proceso constituyente para resolver el descrédito y deslegitimación de la institucionalidad levantada sobre la base de la fraudulenta Constitución de 1980.

El logro del propósito del conjunto del arco democrático debe imperar por sobre el objetivo o aspiración de cada sector o figura por separado. No habrá otra situación como la que se configuró por la masividad y extensión del estallido social. Evitar un protagonismo que divida será la gran prueba de esta etapa, como también cuanta será la fortaleza de la voluntad reformista y de la capacidad de efectiva unidad, para que el proceso constituyente sea fecundo y la futura Constitución se afiance en una gran y amplia construcción democrática que la transforme, realmente, en la Carta Magna de las próximas décadas.

El punto de partida es el plebiscito en que la ciudadanía decida si se avanza o no hacia una nueva Constitución. Esa es la clave esencial que motiva a la opción Apruebo, al confirmarse su mayoría se deberá además verificar si la Convención Constitucional posterior, se elige en su totalidad o si sólo en un 50% y el otro 50% lo nomina el actual Parlamento. Luego, corresponde la elección del órgano constituyente, esperamos que electo por la ciudadanía en su totalidad y de acuerdo a lo establecido en el acuerdo de noviembre, esa elección se hará con el sistema electoral que rigió para la conformación de la Cámara de Diputados en los últimos comicios, es decir, con esa organización distrital y el mismo número de personas electas.

Por eso, si la oposición se divide, las fuerzas de derecha y ultraderecha que hoy se atrincheran en los mecanismos coercitivos de la Constitución del 80, volverán a sacar ventaja a su reagrupamiento y optimizarán su representación. Por tanto, es clave un genuino esfuerzo de unidad que garantice que las fuerzas democráticas por el cambio obtengan la mayoría necesaria para abordar la redacción de aspectos fundamentales de la nueva Constitución.

La lucidez y generosidad debe asegurar la paridad y diversidad necesarias, de género, intergeneracional, de creencias culturales, postulados ideológicos, proyectos políticos y sociales. Esto es lo más difícil. La meta óptima debiese ser una lista común de todos y todas las colectividades y liderazgos que aspiran a una nueva Constitución que avance a la justicia social en democracia. Si no se llega a lo óptimo habrá otras opciones, pero debe haber unidad en la diversidad.

Hay quienes pensamos que el descalabro económico y social que dejará el Gobierno de la derecha reducirá la irradiación de su candidatura, generando condiciones para la rearticulación de una mayoría democrática sólida, de amplísima convocatoria y sin exclusiones, con la gran misión de proponer y abrir paso al proceso de cambio en los próximos comicios presidenciales.

Esa perspectiva exige madurez y no forzar la disyuntiva de las distintas opciones presidenciales antes de tiempo. Lo primero es lo primero, una amplia victoria democrática en el plebiscito del 25 de octubre que haga posible la materialización del sueño de una nueva Constitución para Chile, erradicando el texto impuesto por el pinochetismo. Nadie sobra en la brega para alcanzar ese objetivo histórico.

El logro del propósito del conjunto del arco democrático debe imperar por sobre el objetivo o aspiración de cada sector o figura por separado. No habrá otra situación como la que se configuró por la masividad y extensión del estallido social. Evitar un protagonismo que divida será la gran prueba de esta etapa, como también cuanta será la fortaleza de la voluntad reformista y de la capacidad de efectiva unidad, para que el proceso constituyente sea fecundo y la futura Constitución se afiance en una gran y amplia construcción democrática que la transforme, realmente, en la Carta Magna de las próximas décadas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Unidad Social

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