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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

La fuerza democrática de la Convención

marzo 17, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rodolfo Fortunatti

Sociólogo DC

Que Chile no se petrifique, como Pompeya, es el reto de la Convención, y lo está afrontando. Su mayor escollo es, sin embargo, el pesado y naturalizado hábito de mantener las cosas donde están, el miedo a moverlas, el fastidio de que se les cambie de lugar, o de que otros siquiera las toquen.

En el extremo, la obsesión fantasiosa, conspirativa y autodestructiva por la inercia. Y ya en el abismo, la banalización de la acción política por la depravación del lenguaje, el envilecimiento de la crítica, donde todos son expertos en todo, y la lógica ilógica del argumento «ad hominem»: estoy en desacuerdo con tus ideas, pero la cuestión de fondo es que no me gusta cómo eres.

Chile no puede quedar paralizado. Petrificado en el pasado de los últimos cincuenta años del que son también tributarios el ritmo y la velocidad que tomaron la democratización y el desarrollo que hemos vivido. El país no ha satisfecho las expectativas democráticas pendientes desde el golpe de Estado del ‘73. Sigue latente el sopor de un orden político semi-soberano, según Huneeus, o tutelado, en la visión de Felipe Portales, y nuestro sistema productivo no ha conseguido cruzar el umbral que lo separa de una economía avanzada.

Que Chile no se inmovilice es precisamente el desafío de la Convención Constitucional. No del gobierno de Boric. No la tarea del Congreso, sino del órgano constituyente. Es la Convención quien tiene la función de acomodar nuestra organización política a la tierra y el tiempo que compartimos, y hacerlo cuando el mundo se reajusta de un modo tan acelerado, que corremos el riesgo de percibirnos lentos, más bien ralentizados no obstante ser conmovidos por los inesperados beneficios de la guerra y la pandemia. Ahí están como muestra los inéditos 4,8 dólares por libra de cobre y el 12 por ciento de crecimiento del PIB.

Que Chile no se petrifique, como Pompeya, es el reto de la Convención, y lo está afrontando. Su mayor escollo es, sin embargo, el pesado y naturalizado hábito de mantener las cosas donde están, el miedo a moverlas, el fastidio de que se les cambie de lugar, o de que otros siquiera las toquen. En el extremo, la obsesión fantasiosa, conspirativa y autodestructiva por la inercia. Y ya en el abismo, la banalización de la acción política por la depravación del lenguaje, el envilecimiento de la crítica, donde todos son expertos en todo, y la lógica ilógica del argumento «ad hominem»: estoy en desacuerdo con tus ideas, pero la cuestión de fondo es que no me gusta cómo eres.

Los detractores del actual proceso constituyente han buscado desacreditar su trabajo, porque no pueden objetar sus contenidos pues todavía no existe un texto escrito.

La más grave de estas acusaciones la realizó el presidente del Servicio Electoral al cuestionar el origen democrático de la Convención, lo que fue refutado por los miembros del directorio.

Hoy se dice que la Convención está trabajando a matacaballo, deprisa o atropelladamente, e incluso de manera histérica e insensata, lo que justificaría prolongar por medio año el plazo de su mandato.

Seis meses más, sin embargo, no van a mejorar los actuales máximos consensos, permiten un periodo de penetración en la opinión pública a la sistemática campaña de menoscabo en que está empeñada la prensa y la televisión de derechas.

Hoy, la inmensa mayoría de quienes tienen claro su voto aprobará el texto constitucional que está preparando la Convención, y es improbable que esta actitud cambie de ahora al mes de agosto, que es la fecha de realización del plebiscito de salida, incluso mediando una fuerte propaganda de desprestigio. Se necesitan más días para que los mensajes maduren y prendan.

La encuesta Barómetro del Trabajo de la Fundación Instituto de Estudios Laborales, junto con MORI, de febrero recién pasado, comprobó que el 36 por ciento votaría por el apruebo y sólo un 17 por ciento por el rechazo. Esto significa un triunfo por un 67 por ciento, o sea, dos tercios.

No obstante, alrededor de siete millones de electores, el 47 por ciento de quienes deberían concurrir al plebiscito, no tiene resuelto qué hacer, y, naturalmente, sería permeable a la publicidad engañosa.

La reciente encuesta Data Influye confirmó que el 45 por ciento de la población se inclina por aprobarla, mientras el 31 por ciento está por rechazar y el 24 por ciento se declara indeciso. Asimismo, el 29 por ciento cree que el texto será visado por amplio margen y el 22 por ciento que lo hará estrechamente, cifras que disminuyen al 12 y el 7 por ciento, respectivamente, en cuanto al rechazo.

Las cosas no pueden quedar atrapadas en el tiempo. Nosotros mismos no podemos dejarnos fosilizar por esta erupción de atavismos y miedos. El máximo consenso posible con que hoy se busca condicionar la legitimidad del trabajo de la Convención, no es algo por garantizar y que deba tutelar el gobierno, el parlamento o los jueces. Si acaso está al alcance de los partidos políticos hacerlo cuando se arriba a la coronación del debate constitucional.

El máximo de acuerdo está fijado por la regla de los dos tercios que operó como cepo desde los años ochenta. La fórmula del candado institucional, del quórum del 67 por ciento, difícil de lograr, fue impuesta durante la dictadura y rehabilitada a instancias del expresidente de la UDI, Pablo Longueira, como moneda de cambio para destrabar las negociaciones y darle curso al Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución.

El máximo consenso posible de los dos tercios fue, asimismo, resistido por el Partido Comunista, que, dadas sus reiteradas derrotas en el seno de la Convención, sugirió que la norma pudiera ser enmendada por el nuevo parlamento que creía afín. Pero no fue factible y, así acabó resignándose a ella, y ha sido en virtud de ella que ese mismo partido ha podido frenar la fragmentación político-administrativa del país y la desarticulación de la organización sindical que acarrearía consigo. Ese máximo consenso sigue prevaleciendo para garantizar el respeto de los tratados internacionales, el régimen democrático y republicano, y los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos. Precisamente por todo esto la Convención es poder instituido y no poder constituyente.

No debiera excitar pasiones flamencas, el cambio de la estructura y composición del Congreso, la mayor autonomía de las regiones o la nacionalización del cobre, el litio y el oro, pues no hay nadie aquí apostando la vida a una carta. Hace cincuenta años, cuando algunos de nuestros políticos recién comenzaban a caminar, en Chile ya se discutía públicamente la propuesta de cámara única, que, en las democracias parlamentarias, forman nada menos que el gobierno, algo que nunca ha tenido lugar en nuestra historia.

Luego, por primera vez en sesenta años, desde que escuchamos la voz técnica, está asomando una genuina descentralización y desconcentración, pero no acaba de nacer y es motejada de federalismo y secesionismo ―como aquel calificativo según el cual lo de La Araucanía es invasión de un país por otro país―, un soberano disparate. Y así también son las reacciones cáusticas que suscita la protección del patrimonio material de Chile. Nada extraño para el Congreso de la Democracia Cristiana, donde se ha defendido que el cobre, el litio, el cobalto y las tierras raras debían ser de nuestro país y, por lo tanto, administrados por el Estado, revisando el accionar de CORFO y los contratos suscritos con países y empresas extranjeras.

No cabe imputarle a la Convención el propósito de copiar en el papel constitucional un boceto foráneo. Porque el único camino posible es la vía chilena. No hay votos para otra cosa. Incluso a contrapelo de quienes emulan sin consecuencias prácticas la Venezuela de Chávez, la Cuba de Fidel o la Rusia de Putin. Y si la distancia con Suecia y Canadá es geográfica, cultural y económica, es porque tampoco se pretenden sus estándares sin pasar por las propias etapas de nuestro desarrollo humano. Por eso, de todo punto de vista resulta peregrina la idea de un reprobatorio plan B, como si hubiera habido un aprobatorio plan A.

Desear una nueva Constitución no necesariamente entraña aprobar la que ofrezca la Convención, pero será ésta la que apruebe la mayoría de los quince millones de ciudadanos convocados a plebiscito. A la inversa, rechazar el texto de la Convención no necesariamente significa que éste sea malo. Puede ser un buen escrito, pero que una minoría de la ciudadanía rechace porque quiere seguir votando por la Constitución de 1980. Así y todo, nada será más dramático que seguir perfeccionando la Carta a lo largo de los años, como en el pasado. O volver a cambiarla.

Esto no es Pompeya, que quedó sepultada el año 79 bajo el flujo piroclástico del volcán Vesubio. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, Convención, Convención Constituyente, Rodolfo Fortunatti, sociólogo

Un nuevo y mejor gobierno para Chile y Valparaíso

marzo 15, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Isabel Allende Bussi

Senadora PS

El deseo de la gran mayoría de las y los chilenos, expresado en las pasadas elecciones presidenciales, es tener un país desarrollado en el sentido más amplio de la palabra, con mayores niveles de protección social, y sobre todo con mayor igualdad y acceso a más y mejores oportunidades, lo que concuerda plenamente con las ideas y el programa del Presidente electo, Gabriel Boric.

En esta idea de un mejor Chile, el futuro Mandatario no basa la satisfacción de necesidades y la calidad de vida de las personas sólo en el crecimiento económico y en actividades puramente rentistas, las que -hasta ahora- han ahondado las desigualdades en nuestro país, sino más bien plantea un modelo que abandona los conceptos más abusivos del neoliberalismo.

Dentro de este planteamiento existe un compromiso de fortalecer a las mipymes, las cooperativas y ferias libres. En este sentido, la importancia para la región que tiene el mundo del emprendimiento con marcados rasgos y énfasis territoriales es fundamental, por lo tanto esperamos que el foco de los ministerios sectoriales esté precisamente en su reactivación, pues los efectos de la pandemia se han dejado sentir con fuerza en este sector y las ayudas estatales no han sido suficientes por ejemplo, para rubros como el comercio, el turismo, la hotelerita y gastronomía, preponderantes en las economías locales de varias de las 38 comunas de nuestra región.

Este nuevo gobierno reconoce especialmente el valor y aporte que realizan millones de mujeres chilenas y plantea políticas públicas para que no sientan ser víctimas de violencia de género, y además un Estado que las discrimina; y en el que, de igual manera, la protección integral de las niñas y niños esté en el centro de la preocupación que la sociedad debe tener respecto de ellos.

El abordaje de la delincuencia, el narcotráfico y el control de armas deberá ser materia de un acuerdo amplio que permita mejorar oportunidades, reformar las policías, devolver a las y los vecinos el protagonismo en los barrios, y por cierto, hacer respetar el Estado de derecho.

Creemos que el actual Gobierno deja muchas tareas pendientes, algunas que incluso fueron compromisos del propio Presidente Piñera con nuestra región, quien le planteó a la Región de Valparaíso un «Plan Especial de Desarrollo», que estuvo lejos de concretarse.

La implementación de una nueva política en materia hídrica, más allá de acciones de emergencia, que intentaron paliar los efectos propios de la sequía que nos afecta hace más de una década, y que permitieran mejorar la actual gestión del recurso hídrico, no fueron abordadas por esta administración.

Creemos también que en materia de infraestructura pública, el actual Gobierno queda muy al debe, pues no existe dentro de la evaluación que podamos hacer de este periodo, grandes obras que destaquen, y que mejoren las condiciones en las que se desarrolla nuestro territorio. No hubo avances significativos en construcción de embalses, ni obras que nos permitan mejorar los índices de crecimiento regional, como el prometido tren rápido entre Valparaíso y la RM, el cual solo llegó a etapas muy preliminares de estudio.

Resultan evidentes las dificultades de nuestra región en materia de vivienda, el aumento de campamentos y la falta de oferta pública en esta materia. Cuestiones que deberán ser abordadas a partir de un plan de emergencia que ya se ha comprometido por el futuro gobierno y que forma parte de las medidas que contempla la nueva ley de integración social que se tramita en el Congreso.

En definitiva, creemos que el actual gobierno y sus autoridades quedan en deuda con los habitantes de nuestro territorio y confiamos en que éstas y otras materias, como una real protección del medioambiente, que signifique el término de los conflictos socioambientales, serán abordadas con una mirada distinta por el futuro gobierno, según la cual se avance con mayor fuerza y con acciones concretas que abandonen los discursos, y se traduzcan en un mejoramiento real de la calidad de vida de las vecinas y vecinos de la Región de Valparaíso. //ELF

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Salud y Constitución: Lo esencial y lo accesorio

marzo 11, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Osvaldo Artaza

Exministro de Salud

En estos días se discutirá sobre cómo la salud quedará expresada en nuestra nueva Carta Fundamental. Espero no se mezclen los grandes objetivos que son propios de una Constitución, con los instrumentos que son materia legislativa.

La pregunta esencial radica en qué debe ser resuelto en el ámbito de la salud. La respuesta donde hay mayoritario consenso es que por una parte las profundas inequidades en las condiciones de vida determinan fuertemente los resultados en bienestar y en la calidad de la vida, por tanto, en salud. Por otra, el tamaño de la billetera, dada la segmentación de nuestro sistema y que, determina las condiciones de acceso a los servicios. Finalmente, el poder en salud no está radicado en las personas y las comunidades, sino en la industria, el mercado, las corporaciones, etc., por lo que la persona en salud no es sujeto sino objeto.

Si nos concentráramos en lo esencial, entonces la nueva Constitución debería señalar que es papel del Estado asegurar condiciones de vida a todas y todos que posibiliten el máximo nivel de bienestar y de salud (lo que se ha venido a llamar el «buen vivir»). Asimismo, que es responsabilidad del Estado asegurar acceso universal, sin discriminación ni barrera alguna a servicios integrales (biopsicosociales, en todo el curso de la vida y sin quiebres en el continuo de los cuidados), y de calidad a todas y todos según su necesidad, donde el poder este radicado en las personas y las comunidades, cuidando entre otros, de los aspectos de género e interculturalidad.

Hasta ahí estamos bien, allí está lo esencial. El problema es que se quiera fijar constitucionalmente la forma instrumental de lograrlo, lo que puede generar fuerte disenso, en términos si deberá haber un sistema único de salud exclusivamente estatal y excluyente de los prestadores privados, o si debiera ser así o asa en términos operativos.

Si se quiere asegurar lo esencial y que una gran mayoría apruebe el plebiscito de salida, es de esperar que no se caiga en la tentación de colocar temas que debieran dejarse a las futuras legislaciones, ya que lo importante es concentrarse en eliminar los actuales cerrojos de la Constitución de 1980, para avanzar hacia un sistema equitativo, solidario y realmente universal, que pueda en la práctica materializar el derecho a la salud. //ELF

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Editorial: Un nuevo Gobierno para el mismo país

marzo 11, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Roberto Gatica

Está la idea de que todo lo nuevo es mejor. Si bien la esperanza ha crecido mucho con el triunfo electoral de Gabriel Boric, también creo que la ansiedad de tener una solución una luz a los problemas de arrastre de miles y miles de personas, familias venían padeciendo por años y más aún en los últimos años.

Hay una promesa, algunos tratan de «controlar daños», afirmando que el programa es la «carta de navegación» o la ruta sobre la cual no es posible desviarse; habrá guardianes de ello.

«Tengo esperanza de que los nuevos gobernantes cometerán errores, otros errores, actuarán de manera diferente. Lo importante es que reconozcan su historia y de dónde vienen: sepan enfrentar a la extrema derecha. Creo que eso será una gran batalla, que se apoyen en en las personas, que escuchen, que sea la comunidad reunida la que reflexiones y discuta, que Gobiernen este nuevo periodo tal y como son ellos, más libres».

Hemos leído a los antiguos políticos, que no han logrado una comprensión total de lo que ha ocurrido o está ocurriendo en nuestra sociedad desde aquel lejano «18 de octubre». Ellos y ellas están fuera de este mundo, sus recetas no les funcionan, las palabras que antes les daban votos y les permitían «sacrificarse» por todos nosotros, administrando el poder político. Pero eso es parte de Chile, no todos deben entender, creo que lo que nos ocurre es que ahora son otros los que «sí entienden» y no los mismos.

Es el mismo país, la misma comunidad, los mismos colegas de la oficina, las mismas profesoras, choferes de micro, vendedores del comercio, los mismos empresarios e inversores de capital, al final, el mismo Chile. Ahora con otra perspectiva, con otras personas, que traen otra historia, otras experiencias de vida que existen hace mucho tiempo pero no eran las protagonistas, tal vez las más masivas.

Nace una hermosa esperanza, que la participación aumente cada vez más, que se consulte de todo a las personas, que existan decisiones compartidas, de presupuestos municipales, que plaza hacer, como priorizar los proyectos, las obras públicas, las medidas sociales, las políticas públicas, este es un legado escondido de la Democracia Cristiana en su doctrina y en su historia, la participación de las personas, porque creemos que ahí está el centro de todo, en la comunidad, en su entorno, no en el dinero por si, en la competencia como único mecanismo de crecimiento y en el individualismo como razón moral.

Tengo esperanza de que los nuevos gobernantes cometerán errores, otros errores, actuarán de manera diferente. Lo importante es que reconozcan su historia y de dónde vienen: sepan enfrentar a la extrema derecha. Creo que eso será una gran batalla, que se apoyen en en las personas, que escuchen, que sea la comunidad reunida la que reflexiones y discuta, que Gobiernen este nuevo periodo tal y como son ellos, más libres.

Chile es el mismo, aún no cambia, tenemos graves problemas cotidianos de tipo ético. Nos falta educación y cultura, nos falta una mirada más larga y gozar la vida y cuidarnos. Esto es un camino. //ELF

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Alta inflación y bajo crecimiento: Difícil panorama económico 2022

marzo 4, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

 

Por Yasna Provoste 

Senadora DC y excandidata presidencial

Una expresión de la compleja situación económica que nos hereda la pandemia es el fuerte rebrote de la inflación que estamos viviendo, que en 12 meses ya llega a casi 8% y probablemente este 2022 -producto de la actual crisis internacional- llegará a más de 9%.

Este rebrote inflacionario que vivimos hoy, es algo inédito en los últimos 20 años, donde producto del rol del Banco Central la inflación se mantuvo a raya en torno a la meta del 3%; pero hoy no estamos en ese escenario de baja inflación.

También este 2022 volveremos a la realidad en materia de actividad económica y el mismo Banco Central proyectó un crecimiento en torno a 2% para 2022 y 2023.

Las cifras de IMACEC de los últimos meses han sido un simple rebote estadístico producto de la fuerte caída de la actividad vivida en 2020 por la pandemia.

Es un escenario riesgoso para el país que tengamos alta inflación (superior al 8%) y bajo crecimiento (en torno a 2%).

Esto es un desafío para la economía y sus instituciones.

Soy de las personas que creo que la calidad de las democracias están ligadas a la calidad de sus instituciones y el Banco Central ha funcionado controlando la inflación, pero hoy está desafiado por este complejo escenario económico de alta inflación y bajo crecimiento.

Entonces requerimos tener un Consejo del Banco Central completo, con una visión más amplia y más pluralismo, y que la consejera Griffith-Jones sea el nombre sugerido por el Presidente entrante habla bien de la adaptación de las instituciones económicas.

Pero así, como se debe controlar y bajar las presiones inflacionarias, porque los más perjudicados son las familias de menores ingresos del país; también es importante que el Banco Central juegue un rol de estímulo hacia una mayor diversificación productiva que nos saque de este “crecimiento mediocre” que hemos vivido en la última década y que probablemente se repetirá este 2022 y 2023.

Chile necesita nuevos motores para crecer, debe poner más valor agregado en lo que produce y exporta, la inversión pública debe ejecutarse con mayor celeridad, especialmente en regiones.

Es importante que reiteremos al Banco Central la necesidad de este 2022 se implementen políticas que permitan controlar y bajar la inflación, pero también debe abordarse una conversación de mediano plazo -que puede tener como sede al Senado- para empezar a salir de estos crecimientos mediocres en torno al 2%.

El Banco Central debe hacer su tarea con calidad y dialogando con Senado; pero también nosotros tenemos el desafío para 2022 -vía Comisión Mixta de Presupuestos- de ayudar a acelerar la ejecución de la inversión pública especialmente en Vivienda donde hay presupuesto para financiar 50.000 subsidios del DS 49, con lo cual puede iniciarse una política de reducción del fuerte déficit habitacional.

También debe fiscalizarse y acelerarse la ejecución de la Inversión Regional, especialmente este año donde los gobiernos regionales -electos democráticamente el año pasado- tendrán esa responsabilidad. También debemos cautelar que se ejecute el presupuesto para mejorar y modernizar la infraestructura hídrica que coordina el MOP.

Se requiere superar los crecimientos mediocres y ello exige ejecución acelerada de la inversión pública, tarea en que deben actuar coordinadamente Ejecutivo, los Gobiernos Regionales y el Parlamento vía la Comisión Mixta de Presupuesto.

Lo que se viene en la economía es complejo y debemos promover que funcionen adecuadamente nuestras instituciones como el Banco Central, pero también se requiere que estos temas sean prioritarios en la nueva legislatura y espero que para el nuevo gobierno. //ELF

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El Senado y la Convención

febrero 28, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador de la DC

¿Puede la Convención suprimir el Senado o modificar sustancialmente su composición? Si, claro; lo dice expresamente el artículo 138 de la Constitución. El problema es, qué criterios y fundamentos debiera tener la Convención para tomar una decisión en esa dirección. Se descarta, por ser contraria a la racionalidad que subyace a toda norma, que esa decisión fuera puramente caprichosa y carente de fundamentos y objetivos estratégicos; y que así fuera vista por el soberano a la hora de pronunciarse en el plebiscito de salida.

En este proceso constitucional no hay normas o instituciones intocables, salvo las limitaciones que la propia actual Carta Fundamental estableció, en su momento, cuándo se aprobaron las normas que sustentan la legitimidad de la Convención

Por ello, personalmente no tengo objeción a la decisión que hasta el momento se ha tomado, en orden a cuestionar el papel que ha jugado el Senado en el funcionamiento de nuestra institucionalidad. Mis dudas surgen, sin embargo, de las
razones que escuchado y leído como fundamentos de esa decisión, así como del texto publicado recientemente, que se habría consensuado en el seno de la Comisión respectiva.

Los argumentos que se han conocido se refieren básicamente a que:

1.- El Senado habría ejercido un rol paternalista, elitista y conservador, de revisión de las decisiones políticas, y por lo tanto no habría ejercido el rol de representación efectiva.

2.- El Senado habría obstaculizado los proyectos de ley, y estaría mal evaluado por la opinión pública.

3.- Sería una argucia sostener que mejora la calidad legislativa, toda vez que neutralizaría el debate político, evidenciando la hegemonía neoliberal con criterios de mercado; y

4.- La ciudadanía sentiría una desafección hacia el Congreso, por el procedimiento enrevesado del proceso legislativo.
No me logran convencer esos argumentos, por una razón muy simple: la razón de ser tanto de la Cámara como del Senado es la creación de la ley, en cuanto manifestación de la voluntad soberana, que debe manifestarse en la forma prescrita por la Constitución, como lo expresa el artículo 1º de nuestro Código Civil; en este sentido, la forma de manifestarse está expresada en el Párrafo “Formación de la ley”- art.65 a 75-de la Carta Fundamental, procedimientos que son exactamente igual para ambas Corporaciones.

De esta manera, no se ve de qué manera un procedimiento que es común para ambas Cámaras pudiera generar efectos perversos -como son los que atribuyen convencionales que han opinado sobre el punto- solamente en una de ellas, en circunstancias que, para la esencia y razón de ser de una y otra, ellas son instituciones espejos.

Todas las normas sobre la formación de la ley (la misión más importante y esencial del Poder Legislativo), implementadas por la LOC N° 18.918 en sus artículos 12 a 36, son exactamente iguales, tanto para la Cámara como para el Senado. No veo de qué manera el mismo procedimiento pueda generar para una -y no para la otra- un rol paternalista, tutelar, elitista, conservador, una mala evaluación ciudadana, una obstaculización de proyectos de ley, una neutralización del debate político, un efecto hegemónico neoliberal, o un procedimiento enrevesado del proceso legislativo.

Si la Convención estima necesario -y tiene competencias para ello- revisar el rol del Poder Legislativo, creo que debe alejarse del subjetivismo y del voluntarismo, para centrarse en lo que son, a mi juicio, los puntos más sustanciales y pertinentes del debate. Por ejemplo, la crisis de representatividad, que es un problema de alcance mundial: la vieja democracia, nacida bajo el alero de la revolución americana en su dimensión representativa ha hecho crisis porque respondía a otra época que ha quedado desfasada con la revolución tecnológica de las comunicaciones y del transporte, haciendo que las nuevas generaciones no solo vivan en tiempo real, sino que culturalmente tengamos una sociedad de la inmediatez, del individualismo neoliberal, y de la transparencia. Por ello, los intermediarios políticos han quedado en
entredicho, y su credibilidad se ha visto afectada…

La tarea es, entonces, definir de qué manera tenemos una democracia representativa, participativa, proba, transparente y 2.0 en este siglo XXI.
También es legítimo que la Convención pueda preguntarse si, después de 200 años la nueva Constitución persista con este sistema bicameral, o bien cambiarlo por una fórmula hibrida, como pretende una indicación de un grupo de convencionales. Sustancialmente debería concluirse, a mi entender, que ninguna de las crisis que ha tenido la República en los siglos XIX o XX puede atribuirse al bicameralismo. Al revés, creo que la historia señala que el Senado ha jugado un papel morigerador de esos procesos; pero, sin embargo, creo que es pertinente preguntarse -cosa que no he visto- si se justifica después de esta experiencia bicentenaria tener Cámaras “espejos” que hacen exactamente lo mismo en la formación de la ley.

Actualmente, sin embargo, tiendo a pensar que todos los epítetos lanzados al Senado no tienen ninguna evidencia empírica y, que es más: los pocos estudios nacionales y extranjeros que existen demuestran lo contrario de lo sostenido
por sus detractores. Si hay alguna explicación para las características del proceso legislativo, y la forma como cada una de las Cámaras lo ha enfrentado, ella hay que buscarla en el argumento del Profesor Atria en “La Constitución Tramposa”, respecto de los quorum supra mayoritarios (arts. 66 Y 127 de la Constitución de 1980), que obliga a una permanente, agotadora y a veces indefinida negociación entre los bloques políticos que hasta el día de hoy nos persiguen, y no en la actitud personal de algún o algunos parlamentarios; este es un bloqueo institucionalizado, que explica la larga demora en
la tramitación de los proyectos, y en la necesidad de ceder a veces en cuestiones vitales, bajo la amenaza de que ellos fueran rechazados, o de que se recurriera al Tribunal Constitucional, que actuaba y actúa de facto como una tercera
cámara.

Ello podría explicar la actitud cautelosa de optar por la paralización de un proyecto antes exponerse a una derrota segura por no alcanzarse los quorum requeridos.

Pero aquí no sirven los ejemplos específicos respecto de la actuación de una u otra Cámara: si fuera por eso, yo podría señalar el caso del TPP11, que fue aprobado por una instancia, pero el Senado no estuvo disponible para ello; o la arquitectura jurídica de la Convención, con sus escaños reservados e independientes incluidos -en virtud de la cual está trabajando la Convención- que fue hecha básicamente por la Comisión de Constitución de la Cámara Alta. Todo lo anterior, sin olvidar que ambas Cámaras son revisoras recíprocamente, porque los proyectos pueden tener origen, salvo un par de excepciones, en cualquiera de ellas; mal podría, entonces, jugar el Senado un rol tutelar. Es importante aclarar que el mayor peso político que pueda tener el Senado no emana de la naturaleza bicameral del sistema, sino de intangibles asociados al peso específico de cada senador por diversas razones: experiencia, apoyo electoral, sistema electoral, etc.

Creo que aún es tiempo que la Convención pueda hacer un cambio adecuado y pertinente con los nuevos tiempos, pero con argumentos que vayan al fondo de los requerimientos de una democracia moderna, y no basándose en meros reproches subjetivistas y voluntaristas. Esos cambios deben ser sistémicos con la forma de Estado, y con la debida descentralización, facultades y financiamiento de las regiones y territorios; y además, con un sistema electoral pertinente.
Creo que debería buscarse una variante a la naturaleza de espejo de ambas Instituciones, donde el Senado deje de ser cámara de origen y sea sólo cámara revisora, respecto de materias que hoy son propias de ley orgánica constitucional; además de leyes respecto de los tributos y descentralización, por ejemplo.

Pero la generalidad de las leyes simples y las mociones pudieran tramitarse solo en la Cámara de origen. Si se quiere evitar un retardo y demora indefinida en el trámite de la Cámara revisora, se podría establecer una suerte de “silencio administrativo”, tal como sucede hoy en determinadas materias en la actual Constitución (art. 53 Nº 5,,67 y 77).

El Senado debería constituirse en el centro del debate de los grandes temas estratégicos; conforme a los objetivos nacionales, atendida la nueva realidad que debemos afrontar en este mundo de la inteligencia artificial, de la economía
financiera, del cambio climático, de la globalización y de los cambios geopolíticos, de las migraciones, del desafío de las nuevas tecnologías, de las desigualdades y de la pobreza; del desarrollo del capitalismo y de la economía de mercado, de la política de defensa y de la inteligencia política y estratégica. Ahí, el Estado debería centrar sus grandes lineamientos para enfrentar el futuro Un buen ejemplo de esto es el Congreso del Futuro que nació en el Senado bajo el liderazgo
del Senador Guido Girardi, y de otros miembros de esta cámara; con un sentido estratégico para el país, más allá de la contingencia y de la lucha política cotidiana.

Antes de terminar, una cuestión formal, pero significativa. La historia, las tradiciones y las cuestiones ancestrales -bien lo saben loa pueblos originarios- también importan en las sociedades humanas. ¿Por qué cambiar el nombre del Senado? Tiene una larga historia, desde los tiempos de los romanos, y lo conservan las grandes democracias occidentales. Se me ocurre recordar a Quintiliano, que hace dos mil años, decía que los grandes y pequeños cambios deben hacerse suaviter in modo, fortiter in re.

Termino manifestando mi inquietud, por la posibilidad de que los pueblos originarios pudieran perder poder, si no se calibra adecuadamente esta nueva estructura institucional que tendría el Estado chileno, dado el cruce de conceptos en que se privilegie lo táctico por sobre lo estratégico. La plurinacionalidad es un concepto que atañe al Estado de Chile, primeramente; y a los pueblos originarios, donde su prioridad debe ser la Autonomía. Conforme a ésta, y fijados por el Estado el Imperium y las competencias, deben ser los propios pueblos originarios quienes libremente, y en virtud del principio de autodeterminación, resolverán si se quieren o no integrar a los órganos del Estado y bajo qué condiciones.

Resolverán el tipo de propiedad y economía que deseen tener; resolverán, también, la forma práctica y efectiva con que aplicarán el pluralismo jurídico en sus comunidades y territorios, bajo el paraguas de los principios universales de los derechos humanos. Resolverán libremente, en definitiva, cómo desean vivir.//ELF

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