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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

¿Un nuevo referente?: Démosle una vuelta

junio 3, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Paulina Mendoza
Presidenta Nacional JDC

En los últimos días, se ha instalado una profunda reflexión sobre la vigencia de nuestro partido, la Democracia Cristiana (DC). Sin ir más lejos, el camarada Alberto Undurraga ha planteado en una larga entrevista sus razones para iniciar un camino hacia un “nuevo referente o movimiento”. Por otro lado, hemos discutido en distintos espacios el libro de nuestro camarada Ernesto Moreno, sobre la vigencia del Humanismo Cristiano, y así es como se abre un camino de reflexión acerca de la pervivencia de la Democracia Cristiana.

Camino que me alegra que se inicie, pues desde mi punto de vista, es lo más importante de este periodo. No podemos dejar que la contingencia nos atrape, y con ello abandonar la interrogante de por qué los jóvenes ya no optan por la DC, o por qué en la última elección obtuvimos menos del 5% de los votos. Triste es reconocer que sólo seguimos existiendo por la cantidad de parlamentarios de nuestra colectividad.

Hagamos una reflexión sobre los hechos que hoy causan, que destacados camaradas pongan sobre la mesa la necesidad de replantearnos. Una de las últimas encuestas rápidas de la página “Tú Influyes”, nos posiciona por debajo de “Amarillos por Chile” en términos de identificación para las personas, es decir, menos adhesión que la concitada por un movimiento que sólo cambio su nombre, manteniendo los mismos rostros de siempre. Si las encuestas pueden no ser confiables, podemos rememorar nuestro resultado electoral en la constituyente, o en la presidencial. Sin duda, algo sucede con nuestro partido, y debemos a responder las preguntas necesarias para fijar un camino.

En una sociedad completamente sumida en el materialismo, el consumo y el individualismo, con un problema serio de salud mental y polarización, tengo la convicción de que el Humanismo Cristiano da una respuesta profunda a esta cultura posmoderna. Una política que aspire a poner la esencia y dignidad de la persona al centro de nuestro trabajo; entregar una respuesta a los jóvenes que hoy se sienten presos de estándares estéticos y de consumo imposibles de cumplir; mostrar un camino que se aleje de los extremos. Un camino de la reconciliación, del sentido común, del amor al prójimo y a la creación. Hablar de seguridad, pero también de reinserción; hablar de progreso económico, pero con derechos sociales; hablar de los derechos individuales, pero también los colectivos.

En esta línea, resulta evidente que el Humanismo Cristiano sigue brindando un camino, pero la pregunta que busco plantear es: La DC ¿Sigue dando una respuesta al Chile de hoy? Considero que no, o al menos, no si la vemos tal y como está.

A ratos pienso que la DC, incluso, se ha alejado de su inspiración cristiana. Lo creo así porque la convivencia interna es poco fraterna, tenemos problemas graves de probidad, un bajo nivel de discusión y debate político, y en muchos de nosotros, falta de compromiso social. Los partidos nacen como instrumentos, pero no son un fin en sí mismo. Empecinarnos en mantener un instrumento como una guitarra con sus cuerdas rotas, sólo porque nos trae recuerdos de hermosas canciones que se tocaron en su momento, hará que ésta se deteriore y desaparezca. Mejor es cambiarle las cuerdas.

Necesitamos transformar este partido en un partido que realmente represente al Chile del siglo XXI. Un partido que entienda que el amor de Dios y el espíritu cristiano no está en ponernos el adjetivo de “cristianos”, sino en amar al prójimo como a nosotros mismos, y demostrar aquello con trabajo en terreno. Uno de los mandamientos cristianos más relevantes es: “Haz justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero, dándole pan y vestido.  Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.” Deuteronomio 10:18-19.

Frente a esto, nos preguntamos, ¿Cuáles son las propuestas que tenemos sobre los niños del Sename, sobre las madres solteras o los adultos mayores, sobre la migración? No sabemos, ni hemos trabajado en eso; y así, muchos mandatos cristianos los hemos ido dejando de lado.

Un camino para influir, y ser mayoría, a fin de promover nuestros valores, podría ser abrirnos a transformar este partido en uno verdaderamente humanista y cristiano, pero en la acción, no en el slogan. Una estructura donde los jóvenes, los dirigentes sociales y sindicales tengan un rol relevante; y donde el contenido y las ideas sea lo que nos una. No las cuotas de poder.

La pregunta, quizás, que muchos se hacen, es ¿Por qué debemos renunciar a nuestra inspiración cristiana? Mi pensamiento es que no debemos renunciar, pero sí abrirnos a incorporar otras matrices doctrinarias que nos potencien. Hay corrientes ideológicas que han profundizado más sobre ecologismo, feminismo; e incluso algunas como el liberalismo igualitario y la socialdemocracia, con quienes en la práctica tenemos grandes similitudes, que podrían sumarse y aportar. Es muy posible que muchos de ellos también tengan como prioridad apoyar a la viuda, el extranjero o al huérfano, sin ser humanistas cristianos. Todos sabemos que en la política pública aplicada no existen grandes diferencias en salud, pensiones, educación o seguridad, entre quienes seguimos alguna de estas vertientes, el humanismo cristiano, o alguna de las otras.

Hoy, más que nunca, Chile requiere un esfuerzo de unidad mayor; la polarización nos llevará al despeñadero, como ya lo hemos vivido en nuestra historia, y somos las personas las llamadas a movernos según los signos de los tiempos. Discutir sobre esto no implica tener una mirada rupturista, como lo hizo la Falange al escindirse del Partido Conservador; aquí no existe un partido que despojar o dejar, sino uno al cual transformar, manteniendo todas sus fortalezas, y mejorando todas sus debilidades. Se puede, tal como la Falange pudo convertirse en la Democracia Cristiana, sumando incluso a quienes en principio estuvieron en contra de esa transición, como fueron los miembros del Partido Conservador Socialcristiano, y un grupo de ex Ibañistas (agrario-laboristas). 

Espero de buen grado que podamos debatir sobre esta posibilidad, de manera amplia y escuchándonos. Chile merece más cristianos en política, que sepan secularizar su mensaje, y llevar el amor al espacio público. Si realmente queremos influir y ser líderes, primero veamos si podemos hacerlo con y entre nuestros aliados. 

Si lo logramos, podría entonces el Humanismo Cristiano ser una fuente de inspiración más, sumado a otras ideas, para así secularizar el mensaje de los cristianos en política.

La idea es que lleguemos a muchas más personas, como decía el apóstol San Pablo: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley –aunque yo no esté sujeto a la ley– como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley –no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo–, para ganar a los que están sin ley. 22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 de Corintios, 9:20-23). //ELF

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Senadora Allende y Cuenta Pública: “Los anuncios del Presidente Boric marcan la ruta para un cambio real en la sociedad chilena”

junio 1, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Isabel Allende Bussi 

En la cuenta pública, el Presidente se ha referido a los problemas de los chilenos y chilenas: el alto costo de la vida, el asegurar de forma igualitaria los derechos sociales y, combatir la delincuencia y el crimen organizado, junto con demostrar una gran preocupación por el medio ambiente, dentro de las líneas para este periodo, y para los próximos años. Ha sido un gran mensaje llamando a la confianza, al diálogo y a las tareas colectivas para sacar al país adelante.

Creemos que dentro de los anuncios más destacables realizados por el Presidente para nuestra región, se encuentra en materia de transportes, haciéndose cargo de las demandas que los habitantes de nuestra región han levantado y que hemos defendido, respecto a la construcción y desarrollo ferroviario. Trabajar en serio, y no solo con anuncios sobre el Tren entre Valparaíso y Santiago comienza a tomar forma real. De igual manera, mejorar el desplazamiento de personas y carga en el litoral, en especial con San Antonio, deben estar contemplados en el desarrollo ferroviario anunciado para todo el país.  

Junto a esto, se anunció la implementación de zonas de servicio con buses eléctricos en Valparaíso. Esperamos que esto se ejecute conversando con la comunidad y con los trabajadores de locomoción colectiva. Sabemos que el problema en la región es más profundo, por lo cual se necesitan políticas estructurales, para terminar con el abandono del transporte público, en algunas zonas de la región, la precariedad laboral de los conductores de locomoción colectiva y la mala calidad de los microbuses. 

Quiero destacar el envío del proyecto que modificará el sistema de pensiones, con pleno respeto de los ahorros de las y los trabajadores, para despejar cualquier duda, estableciendo un sistema de seguridad que entregue una pensión mínima de 250 mil pesos, demuestra la vocación social y el realismo de esta administración.

Se ha planteado una reforma integral de atención en materia de salud, que disminuye los copagos de ciertos tramos de FONASA, pero principalmente la creación de un plan que busca cubrir 330 mil cirugías postergadas por la pandemia.

En esta misma línea, el Presidente anunció dos importantes obras para nuestra región: una de estas es la puesta en marcha de tres centros regionales de resolución por cirugía mayor ambulatoria, donde uno será construido en nuestro territorio. Esto debe permitir disminuir las largas esperas que tienen los hospitales públicos de la zona. Junto a esto, se ratifica la prioridad que la salud mental tiene para nuestro gobierno, construyendo 12 centros de salud mental comunitaria,  uno de los cuales, y el primero a nivel nacional será el del puerto de San Antonio. 

Para la región es importante el plan anunciado para enfrentar la grave emergencia en materia de vivienda que tenemos, por lo que es importante que el gobierno se haga cargo del déficit habitacional, con la construcción de 260 mil viviendas. De igual manera, la intervención de los campamentos, con una política integral de mejoramiento de barrios, que no solo los urbanice, sino que se ocupe de temas como la seguridad, para que el narcotráfico no avance en este u otros territorios de nuestro país, representa un gran cambio en esta política pública.

En materia de seguridad, el Presidente planteó la preocupación por la delincuencia, en que se inyectarán recursos para la prevención y persecución del crimen organizado, que, lamentablemente, ha llegado con fuerza a la región, donde hemos sufrido un aumento en los delitos más graves. Por esto, valoramos el fortalecimiento del control de armas, que son un peligro para toda la población. Una señal importante fue la llegada de una mayor dotación de Carabineros a la comuna de Valparaíso, en que espero que se mantengan, pero hemos hecho el punto que el mismo trato no ha sido para otras comunas. Por esto, quiero destacar que dentro de los próximos cuatro meses se inaugurará un cuartel policial en San Felipe, mientras que el año 2023 se construirán cuarteles en Viña del Mar y Los Andes. Sabemos que la presencia policial es importante para otorgar mayor tranquilidad a la comunidad.

Finalmente, creemos que el primer discurso o cuenta de nuestro Presidente es el inicio y marca el camino para mejorar definitivamente la calidad de vida de nuestras compatriotas y, sobre todo, para el cambio de paradigma que requiere la relación entre nuestros gobernados, y nosotros sus mandatarios, que es una de las principales demandas y deudas que hoy existen en nuestro país. // ELF

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La rabia enceguece

mayo 27, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Exsenador y expresidente del PS

En la Región de Antofagasta partió la última etapa del trabajo de la Convención Constitucional, ya emanó un «borrador» de 499 artículos y todo Chile espera el texto definitivo. Ante este avance se puede observar, una vez más, la ira del rechazo a la nueva Constitución en los dichos de sus más enconados adversarios.

Incluso, un honorable senador y ex ministro de la derecha debió dar excusas por retuitear un video con una intervención de Nicolás Maduro, del año 2020, adjudicándole ahora la condición de «jefe de campaña» del apruebo a la nueva Constitución.

Tratándose de un político que está en el reducido grupo de nombres habituales en la baraja y rebaraja de opciones presidenciales del conservadurismo hay que concluir lo evidente: la ira del rechazo le jugó una mala pasada. Horas después sus asesores debieron persuadirle que el despropósito era mayúsculo y debía retractarse.

Pero no es solo un parlamentario iracundo, también personas de cuya sofisticada pose intelectual se espera un mínimo de objetividad caen en rabiosos ataques a la nueva Constitución, intoxicándose en fatalistas predicciones, sin querer aceptar que el camino hacia lo que ellos temen, un autoritarismo de izquierda, puede llegar a existir no por la nueva Constitución sino que por las extremas condiciones de desigualdad, fractura y segmentación que quiebran a la sociedad chilena.

No se debe pasar por alto que la presidenta del Banco Central informó en el Senado que en el último año hubo 19 mil millones de dólares que salieron del país. Esta constante fuga de capitales refleja el egoísmo y mezquindad del sector financiero que sale a la caza de mejores rentabilidades y abandona el interés nacional. Esa enorme sangría de recursos significa ganancias fáciles para sus controladores y pobreza en las poblaciones populares.

La rabia del sector ultraconservador no está solo en su bronca hacia la nueva Constitución también es contra el gobierno de Gabriel Boric, el reflejo de ello fue el anuncio de una acusación constitucional de parlamentarios del Partido Republicano para deponer a la ministra del Interior, Izkia Siches.

La irritación de tales grupos se opone a cambios sociales y culturales que tienen lugar no solo en Chile, sino que se desarrollan a escala global. Es la réplica de la élite oligárquica que resiste transformaciones inevitables y recurre a la difusión de rumores estrafalarios, pero canallescos.

Tampoco corresponde que un alto oficial en retiro reponga la idea del «enemigo interno» que tanto dolor provocó en nuestro país. Ese tiempo ya pasó. Al respecto la declaración de la Armada de Chile es muy clarificadora.

El país no puede caer en una espiral confrontacional que sólo ocasionaría un severo daño a Chile. Digo lo anterior porque veo el ceño fruncido de ciertos personeros de la oposición y observo la misma expresión irritada que tuvo la ultraderecha durante la Unidad Popular y la rabia extrema impulsa a acciones irracionales que pueden tener un alto costo.

También en la derecha hay audaces que intentan crear una realidad virtual con el tema del escenario post plebiscito, el que asocian a la derrota electoral de la nueva Constitución. No hay que caer en ese falso dilema. Quieren generar una imagen de una derrota que no ha ocurrido.

El mundo cambió y no se repetirá la tragedia de 1973, pero hay que estar alerta frente al descontrol de la ultraderecha y el aventurerismo de la extrema izquierda. Por su parte, el gobierno debe evitar los «errores no forzados» que pueden convertirse en una pesada cadena que lo inmovilicen.

En suma, es previsible hasta el próximo 4 de septiembre la polarización en torno a la aprobación o el rechazo de la nueva Constitución. La derecha y la ultraderecha se jugarán por el Estado subsidiario, pilar de la aberrante desigualdad social y económica existente en Chile, mientras un amplio arco de izquierda y centroizquierda se movilizarán por el Estado social y democrático de derechos propuesto en la nueva Constitución. Hagamos este esfuerzo en paz, pluralismo y libertad. // ELF

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Vigencia del Bien Común

mayo 23, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reveco

En la columna anterior mencionaba que luego del estallido social los partidos políticos se ven enfrentados a nuevos desafíos y estándares. Nuestro partido no está exento de ello, así quedó claro con el fracaso en las elecciones de constituyentes en donde la ciudadanía nos dejó fuera, producto de que no supimos interpretar como partido correctamente los nuevos tiempos. Esto nos lleva a realizar esfuerzos urgentes para evolucionar y renovarnos siendo permeables a las necesidades de la gente.

Este desafío de renovación debe recoger el sentir generalizado de que la doctrina que nos guía sigue plenamente vigente y aquello que tenemos que cambiar radicalmente, es nuestra forma de hacer política. Esta matriz doctrinaria es un conjunto de valores y principios acerca de nosotros y nosotras, de la sociedad y por ende las instituciones que soportan la comunidad partidaria. Maritain nos plantea la doctrina desde dos pilares. El primero es el de los principios permanentes (lo univoco) como el amor al prójimo, la solidaridad, el bien común, la libertad, la democracia y la fraternidad, valores que se mantienen inalterables con el paso del tiempo. El segundo pilar nos plantea las circunstancias históricas (lo equivoco) que puede interpretarse de diversas maneras y cambiar con el tiempo.

Estos principios permanentes han sido enarbolados por otros partidos y movimientos, sobretodo el valor del Bien Común que es uno de nuestros principios fundacionales. ¿Qué es el Bien Común?, Maritain lo plantea como el fin u objetivo de la sociedad política, aspirando esta a un Bien Común superior venido desde la conciencia comunitaria, más que a una mera colección de bienes individuales. Es vital esta definición en el contexto de lo que hoy estamos viviendo en los partidos políticos y por cierto en la Democracia Cristiana, este neoliberalismo cultural atrapando las esenciales conductas de los dirigentes y militantes, consciente o inconscientemente, que nos lleva a una cultura política individualista que permea el devenir natural de la acción en comunidad y aún peor, el predominio de un prisma para diagnosticar la realidad con valores y parámetros muy ligados al neoliberalismo como lo es la competencia, el concepto neoliberal de libertad, el merito individual, el yo egoísta y la falta de valoración de que los medios son tan o más importantes que el fin.

Esta distorsión nos lleva a entender la política como solo un instrumento para lograr objetivos personales o societarios, a entenderla como un acto transaccional y a entender el Bien Común como una mera colección de bienes individuales.

¿Cómo corregimos? ¿Cómo volvemos a ver a la política como aquella actividad que es capaz de hacer transcender al hombre a través del Bien Común?. Es aquí en donde Fratelli Tutti, una nueva encíclica publicada por el Papa Francisco en el 2020, nos viene a dar una mano cuando plantea que la sana política consiste en promover el bien de todos y facilitar el desarrollo de todas las esferas de la vida social y comunitaria, generando fuentes de empleo, propiciando oportunidades de crecimiento, velando por el acceso igualitario y equitativo a todos los servicios.

También nos da una mano el profesor de filosofía política Michael Sandel en su libro La Tiranía del mérito, ¿Qué ha sido del Bien Común? (año 2020) en donde critica la meritocracia capitalista cuestionando de que nuestra posición social se debe únicamente a nuestros méritos y que estos méritos son productos exclusivamente personales. Ambas premisas son cuestionadas firmemente y a lo largo de su obra demuestra que nuestros éxitos nunca son exclusivamente nuestros, sino resultado de todos los factores que contribuyeron a hacer de nosotros lo que somos, ese ser comunitario derivado del Bien Común, concepto nacido al alero del humanismo cristiano.

Dos interesantes reflexiones, la primera llamando a reconvertir la política para promover el bien de todos y la segunda con la constatación de que las personas se construyen en comunidad. Ambas convergen en esta reflexión desde prismas ideológicos distintos en pos de la recuperación del sentido trascendente del accionar político en la búsqueda del Bien Común y la necesidad de volver a valorar la vida y reflexión en comunidad. Como Demócratas Cristianos debemos volver a tomar el liderazgo en estos temas. //ELF

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El sentido común y la nueva Constitución

mayo 20, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ernesto Moreno

Doctor en Sociología

Es precisamente en la perspectiva de este desafío que debemos resaltar y compartir que los contenidos gruesos y fundamentales de lo que se ha conocido oficialmente como “Propuesta de borrador constitucional”, es un tremendo y esperanzador paso, como un marco que ayuda a encauzar las expectativas de la inmensa mayoría de los chilenos de construir una sociedad más justa, participativa y solidaria. Pudiendo tener más o menos reservas sobre lo obrado, no hay duda que subyace al conjunto de nuevas normas un relato que se aleja definitivamente del predominante en el texto jurídico anterior, cuya génesis se remonta al Gobierno de Pinochet, junto a la derecha política y económica.

Una nueva forma de Estado que deja atrás su distorsionado rol subsidiario, una democracia representativa y participativa, un Estado plurinacional y laico, una mayor regionalización, el reconocimiento de los pueblos originarios y los componentes centrales de la parte dogmático-doctrinaria, entre otros, son ilustración de ello.

Se llega al fin de una etapa en el difícil pero fascinante camino recorrido por la Convención Constitucional, cuya meta es la redacción de nuestro nuevo “Contrato Social”.

Durante un tiempo no despreciable de este proceso, y más allá de las legítimas dudas y controversias, el país ha estado saturado de reportes distorsionados, aseveraciones fuera de contexto y versiones reñidas con la verdad, lo que ha dado lugar a una fatídica fórmula, según la cual, a mayor cantidad de información tergiversada y dispersa, mayor desatención y falta de reflexión serena acerca de lo que formal y realmente ha sido aprobado por el plenario de dicho organismo.

Sectores por todos conocidos, han logrado difundir e instalar una versión de “lo que va a ser” la nueva Carta constitucional, lo que, digámoslo con franqueza, ha terminado erosionando y degradando a lo largo del país, de manera desproporcionada, su verdadero contenido.

En medio de esta controversia, el llamado “sentido común” ha pasado a ser un componente fundamental en la argumentación de muchos de los opositores al trabajo constituyente. Su tesis es que toda Constitución tiene que representar, por sobre todo, el sentido común y, por el contrario, la que no cumpla con este requisito, que sería el caso del nuevo proyecto, deviene en un documento excluyente y deficiente. Todo ello, bajo el entendido de que para estos interpeladores, y tal cual lo expresa la antropóloga Kate Crehan, el sentido común es en sí mismo una verdad, sin complicaciones para comprender y que no exige ni requiere pruebas o evidencias para su aceptación.

Sin embargo, la cuestión es algo más compleja y debatible. Es así como, desde la filosofía griega hasta nuestros tiempos, el sentido común ha tenido diferentes aplicaciones y significados. Baste recordar que Aristóteles lo asociaba con un sexto sentido que le daba una suerte de estructuración a los otros cinco y, además, era clave para comprender el mundo.

Más contemporáneamente, el sociólogo Alfred Schütz, inspirado en Husserl, apunta a cierta espontaneidad cognitiva, a partir de la experiencia, la que permite que las personas adquieran diferentes conductas y actitudes para desenvolverse en la vida cotidiana.

Lo cierto es que el sentido común ha sido y es diverso, suele ser manipulado, muta con el tiempo y pueden coexistir diferentes expresiones de él, lo que lo vincula necesariamente a las inevitables y a veces necesarias controversias acerca de los modelos de sociedad y sus respectivos fundamentos valórico-ideológicos.

De aquí que el sentido común, más que una especie de argumentación y/o creencia que no requiere discusión por su obviedad, siempre implica, de una u otra forma, concepciones y visiones acerca de cómo se cree que debe funcionar la sociedad y el mundo. Si logras socializar, convencer o imponer esta o aquella opción del sentido común en la mayoría de los ciudadanos, entonces fortaleces y/o adquieres un mayor poder político. En este sentido, toda democracia, que siempre debe aspirar a la mayor legitimidad de quienes gobiernan, requiere de una cierta concordancia y entendimiento (no consenso) en torno al sentido común, el que debe ser elaborado con significativa participación ciudadana.

En la sociedad chilena de las últimas dos décadas, se terminó por plasmar y desplegar, a través de diferentes instancias, algún tipo de sentido común, una de cuyas expresiones o sentencias más clásica era aquella que daba como “natural” que, si no te iba bien dentro del sistema económico-social imperante, era porque eras un flojo o evidenciabas una cierta ineptitud que no te permitía acceder a los múltiples beneficios que ofrecía dicho sistema. La sociedad y sus diferentes instancias nada tendrían que decir o hacer al respecto.

Esta versión y creencia en relación con el sentido común, junto a varias otras, particularmente la “obviedad” de que las relaciones entre nosotros estaban orientadas por el individualismo, la competitividad a cualquier costo, la necesidad del crecimiento económico sin mayores condiciones y la sacralización de la propiedad privada, se amalgamaron y dieron lugar a un marco cultural cuya hegemonía ha funcionado y se ha desplegado muy diestramente, convirtiéndose en uno de los pivotes más férreos del neoliberalismo y de las tendencias restauradoras últimamente emergentes en nuestro país.

Dado que, tal cual lo hemos sostenido en diferentes publicaciones desde hace ya un buen tiempo, la deseada transformación de la sociedad chilena requiere y exige también un cambio cultural, surge como imprescindible crear y socializar comunitariamente un nuevo sentido común que lleve a proyectar un futuro cualitativamente distinto a la realidad actual.

Es precisamente en la perspectiva de este desafío que debemos resaltar y compartir que los contenidos gruesos y fundamentales de lo que se ha conocido oficialmente como “Propuesta de borrador constitucional”, es un tremendo y esperanzador paso, como un marco que ayuda a encauzar las expectativas de la inmensa mayoría de los chilenos de construir una sociedad más justa, participativa y solidaria

Pudiendo tener más o menos reservas sobre lo obrado, no hay duda que subyace al conjunto de nuevas normas un relato que se aleja definitivamente del predominante en el texto jurídico anterior, cuya génesis se remonta al Gobierno de Pinochet, junto a la derecha política y económica. Una nueva forma de Estado que deja atrás su distorsionado rol subsidiario, una democracia representativa y participativa, un Estado plurinacional y laico, una mayor regionalización, el reconocimiento de los pueblos originarios y los componentes centrales de la parte dogmático-doctrinaria, entre otros, son ilustración de ello.

Se trata de un relato que nos dice que ya no se puede seguir esperando hasta que “las condiciones lo hagan viable”, a la vez que se aleja de los anuncios apocalípticos frente a cualquier intento de cambio social y cultural. Es un relato que, a pesar de los pesares y sin olvidar que la nueva Constitución es una obra humana, expresa un encuentro intergeneracional, es una invitación a construir horizontes de esperanza, haciendo sentirse a cada chileno como un protagonista de este inédito hecho de nuestra historia.

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El cierre de las Isapres

mayo 19, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Marcos Vergara I.
Ph.D. Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Adscrito al Programa de Políticas y Gestión de la Escuela de Salud Pública.

Sobre la propuesta para instalar en la Constitución futura el Derecho a la Salud, hay una cuestión que resulta sumamente clara de los planteamientos que se expresan a propósito de la creación de un Sistema Nacional de Salud: las Isapres cierran sus puertas.

De este modo se pone fin al pecado original que significó la segmentación del sistema de seguridad social de la salud hace 40 años, según lo cual se establecieron dos mundos previsionales a partir de la determinación estatal de que los ciudadanos con renta conocida habrían de destinar una porción de aquella —un 7%— a conseguir una protección frente a los eventos de enfermedad, unos en el sector público, en Fonasa, y otros en el sector privado, en las Isapres, asunto que la Constitución de la época pretendió refrendar con la idea de que las personas podrían elegir el sistema al cual adscribirse.

Los primeros, los adscritos al sector público, requirentes de subsidio estatal, y los segundos, los adscritos al sector privado, libres de tal requerimiento gracias a sus ingresos. Dado que el componente privado de esta protección social instaló tarifas de las primas en función de los riesgos, el sistema segmentó también en función de aquellos, produciéndose una participación relativa mayor de personas con mayor riesgo de enfermar dentro del componente público del conspicuo sistema. Como es posible apreciar, la supuesta libertad de elección de las personas estaba constreñida por los ingresos y por los riesgos de enfermar de las mismas.

Así las cosas, las Isapres vivieron sus años más saludables y libres de cuestión hasta mediados de la década de los 90. En efecto, a comienzos de 1996, el miércoles 3 de enero, El Mercurio editorializa expresando su preocupación por los planteamientos realizados por el ministro de Salud de la época, el economista Carlos Massad, quien había señalado que el tiempo de reformar el sistema de seguridad social de la salud —es decir, a las Isapres— ya había llegado. Y en efecto, el Ministerio de Salud había echado a andar una máquina de trabajo orientada a producir esa transformación, a través de la realización de numerosos estudios —entre otros, el primer estudio de Carga de Enfermedad— y reuniones con stakeholders de la materia, entre ellos, la propia Asociación de Isapres de la época, con quienes se realizaban reuniones en el desaparecido restaurante Carroussel, en Los Conquistadores, a pasos de Pedro de Valdivia Norte. Es decir, se avanzaba, hasta que el ministro fue convocado a dirigir el Banco Central.

Preciso es registrar acá que los técnicos del Ministerio de Salud que presentaron sus renuncias con la salida del ministro Massad, continuaron trabajando con la Asociación de Isapres en la idea de reformar el sistema, con la sensata participación de René Merino y Favio Valdés, de la Asociación. Luego vino la reforma del Presidente Lagos y nuevos equipos técnicos, donde no se logró tocar el 7% de las Isapre como se había planteado de entrada, entre un 3 y un 4% de aquel para Fonasa. Después de la materialización del GES con un incremento del IVA a falta de cotizaciones, vinieron comisiones en los gobiernos de Piñera, el primero, y de Bachelet, el segundo, donde se volvió a la idea de reformas del sistema Isapre, con la propuesta de “tarifas únicas o planas” y “fondo de compensación de riesgos”. Sin embargo, recordaremos todos, las Isapres nunca se sintieron entusiasmadas con dejar de hacer el negocio al que estaban habituadas y nunca sintieron de verdad el “aliento del tigre” hasta hoy. En la comisión Piñera fueron parte de la propuesta de minoría, que se resistía a los cambios, y en la de Bachelet vimos renunciar con bombos y platillos a quienes participaban en la comisión a nombre de las Isapres. Tal es que la posibilidad de cambiar su naturaleza, para incorporarse a un sistema de seguridad social renovado, nunca fue tomada en consideración por la industria.

Y henos aquí, a punto de que se ponga en marcha un proceso a través del cual las Isapres irán a dar al mercado de los seguros complementarios, mientras los robustos montos que se destinaban al pago de las primas provenientes del 7% de las rentas conocidas de las personas se destinarán al Fonasa, beneficiarios incluidos. Esto fue advertido en más de una columna de opinión escrita a propósito del tema. La sentencia era algo así como: la paciencia se ha colmado. Francamente, soy de los que creí durante mucho tiempo que la posibilidad de un seguro único con tarifas planas y fondo de compensación de riesgos al que concurrieran las “ex Isapre” era factible. Había, según yo, una oportunidad de transformación para la industria que habría permitido a Chile dar un verdadero salto en seguridad social moderno y promisorio que habría permitido consolidar el sistema mixto de salud bajo una perspectiva pública. Por cierto, ahora veo que tal vez era factible técnicamente, pero no políticamente. Las Isapres siempre prefirieron seguir siendo lo que eran. Todo o nada. Pues, nada.

Lo que viene, sin embargo, no es trivial. No solo por las resistencias intrínsecas que habrán de adquirir formas variadas, algunas más evidentes y directas que otras, sino porque el proyecto, en la perspectiva de la “evaluación social de proyectos”, tiene beneficios que son quizás muy evidentes para aquellos a cuyo nombre se impulsa, pero tiene también una serie de efectos o externalidades sobre determinados grupos de población, como son la clase media acomodada —que es el público de las Isapres— y los profesionales médicos, cuya renta se ha desprendido del voluminoso negocio que el componente privado de la seguridad social –esto es, las Isapres– representa.

Lo anterior nos permite presumir que estamos frente a una reforma cuyo buen éxito supone que ha de conducirse de manera cauta y prudente, pasito a pasito, controlando bien la diversidad de sus impactos, para evitar fallas y reducir los costos de implementación. Por lo pronto, entendemos que el Gobierno tendrá plazo de dos años para presentar un diseño, en formato de proyecto de ley, que pueda ser discutido en el Parlamento.

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