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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Responsables en las decisiones futuras

mayo 16, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Esteban Contador

Miembro de la JDC

Los años que estamos viviendo en Chile ya son objeto de análisis por las ciencias sociales. Correrá bastante tinta con los hitos sociales y políticos del último tiempo. El “Chile despierto” del estallido social es sin duda uno de ellos, pues, aunque se puedan rastrear momentos similares al estallido social, tanto en nuestra propia historia como en la historia del resto del mundo, lo cierto es que este fenómeno no se da todos los días.

Como ciudadanos reaccionamos ante distintas injusticias, injusticias reales, existentes, problemas no resueltos sobre los cuales estamos en todo el derecho a manifestarnos. Sin embargo, este clamor no era uniforme, era tan múltiple como las necesidades y las visiones del pueblo que levantó la voz.

Pasó octubre, llegó noviembre, tratando de traducir el clamor ciudadano se firmó un “acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, lo que abrió las puertas a un proceso constituyente que está por finalizar. Pero además llegó una inesperada pandemia, que trajo muertes y problemas de salud crónicos para muchos, que vino a sobrecargar un sistema de salud ya bastante complicado por las listas de espera y la falta de especialistas. Por si fuera poco, esta pandemia trajo efectos en nuestra economía, siendo necesario palear los efectos adversos mediante medidas como el ingreso familiar de emergencia y los retiros de fondos de pensiones.

Todo ello sumado a fenómenos globales, los que, en una economía abierta, encarecieron el costo de la vida para un país que, además, está estancado. Es en este contexto en el que lo quiero situar para hacer una advertencia. Es esta, a grandes rasgos, la historia reciente y la situación actual. Es esto lo que deben enfrentar los gobernantes, pero también es la realidad que debe enfrentar el pueblo en su conjunto.

Respecto de nuestros gobernantes, sabemos por la noción de república democrática que ellos pueden recibir sanciones en el evento infringir las leyes que a todos nos rigen, en virtud del principio de responsabilidad, lo que podemos entender como una responsabilidad del tipo político-jurídica. Pero también están expuestos a una responsabilidad política especial, ya que la democracia da la oportunidad a los ciudadanos de elegir a sus gobernantes, lo que se hace en elecciones periódicas, en virtud del principio de temporalidad (que también se deduce de nuestro carácter de república).

Ello se tradujo en que el pueblo decidiera desechar lo viejo y apostar por lo nuevo en la composición del órgano político que redactará la nueva constitución del país. La pregunta que cabe hacerse es ¿Qué tan bien hicimos valer esa responsabilidad política en las elecciones del último tiempo? ¿Son mejores los nuevos representantes electos en la convención, en el parlamento, en las alcaldías, en los consejos y concejalías? ¿Son acaso más representativos?
En muchos casos, por el tiempo en el cargo de las autoridades, la respuesta está aún por verse.

Pero hay casos públicos en que hemos notado lo falible que puede ser la elección ciudadana cuando atiende a criterios erróneos, sobre todo con un dialogo político tan deteriorado y la nueva arremetida de liderazgos populistas. Desatender lo público, inmersos en el contexto que señalé al inicio, es sumamente peligroso. También lo es ser cómplices del deterioro del dialogo público sobre los asuntos que a todos nos atañen, puesto que irremediablemente ello elevará las probabilidades de malas elecciones, tanto de nuestros representantes pero también, y pido especialmente atención en esto, de las causas que exijamos que nuestros representantes abracen.

Hemos convertido nuestro dialogo público en un coliseo romano. Especialmente en redes sociales estamos expuestos todo el tiempo a un espectáculo en que van y vienen vítores pidiendo el deceso del otro. Hemos simplificado los problemas sociales y su complejidad, generando categorías de enemigos, asumiendo que si los sacamos del espacio público se acaban nuestros problemas.

Las caricaturas del otro han llegado a tal punto, que bastaría con generar un listado de características, relacionadas a ciertas identidades, que haría presumir de qué lado está cada quién y qué debería opinar respecto a determinados temas. Lo peor es que también asumimos que ese “otro” no es digno de ser escuchado, ni requiero siquiera entender sus motivos o analizar con mayor detalle alguno de sus puntos: simplemente lo relegamos asumiendo en él ignorancia o maldad.

Aunque usted no lo advierta, este deterioro tiene consecuencias. El costo es que nuestro debate sobre los problemas sociales termina alimentándose de la falacia del hombre de paja, disputando en dicho dialogo público con posiciones que ese “otro” jamás ha planteado, aprovechándose de esa caricatura ya generada para asumir conclusiones. Así se hace sencillo tener una postura más “bondadosa” que el contendor, pero se hace imposible entrar en materia de las problemáticas y dificultades que realmente tienen las posturas políticas sobre nuestros problemas comunes.

Y no sólo se trata de caricaturas y hombres de paja, también de información falsa que se suele propagar a velocidades impensadas en antaño. Cuando se trata de desacreditar al enemigo, no hay miramiento alguno al crear falsedades o poner en duda hechos verificables. No es inédita ni nueva la desinformación, pero lo es la amplitud que tiene gracias a la voluntad de los propios ciudadanos que usan las redes, pues ya estén con buena o mala intención replicando, contribuyen en la extensión del problema.

Los ingredientes antes mencionados que deterioran el dialogo público se dan, además, en un país en donde, según la prueba PIACC organizada por la OCDE, el 50% es analfabeto funcional. Para que entendamos la gravedad del asunto, se ha conceptualizado ello como “persona que ante una información (o conocimiento en codificación alfabética) es incapaz de operativizarla en acciones consecuentes y, en este sentido, diremos que no posee la habilidad de procesar dicha información de una forma esperada por la sociedad a la que pertenece”. Sí, estamos hablando de personas que pueden leer textos pero que podrían ser incapaces de procesar correctamente dicha información, establecer relaciones o inferir consecuencias de ella.

No es mi intención que en usted surja el pesimismo o la desesperanza. Pero sí le pido que comencemos a tomarnos en serio la calidad de nuestro dialogo público, pensando especialmente en el contexto difícil que enfrentamos. Ante la avanzada de nuevos liderazgos populistas de diversos colores, será nuestro deber como ciudadanos inmiscuirnos y participar cada vez más, así como generar instancias en todos los niveles que permitan un intercambio de ideas sano y con altura de miras.

Debemos despojarnos de la idea del otro como enemigo al discutir nuestros problemas, o nos será imposible enriquecernos con la mirada del otro. También debemos pensar en las consecuencias negativas que puede tener abrazar causas que sólo miren el interés individual, evitando aprovechar coyunturas para obtener decisiones públicas con consecuencias negativas y más difíciles de superar en el tiempo.

Las decisiones que tomemos en lo próximo tiempo serán cruciales para el futuro. Y no dependerá sólo de nuestros gobernantes. Debemos asumir de una vez por todas que como pueblo también somos responsables. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columinista, columna, Columnas, Esteban Contador, JDC, Juventud Demócrata Cristiana

Todo comenzó con el Hermano Bernardo 

mayo 9, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reveco

El estallido social abrió el camino a cambios estructurales en Chile que nos permitió avanzar a un proceso constituyente que está abriendo paso a un nuevo Chile y nuevos desafíos para los partidos políticos, los cuales deberán realizar esfuerzos para evolucionar y renovarse siendo permeables a las necesidades de la ciudadanía.

El PDC no está exento de este desafío y al tenor de esta dinámica se abren o deberían abrirse los espacios de reflexión comunitaria reconociéndonos en nuestras raíces y los caminos que llevaron al nacimiento de la falange y luego el PDC.

Reconocernos desde nuestra historia, desde el fundador de la Falange y cofundador del partido como lo es Bernardo Leighton, es un ejercicio necesario para entendernos en lo esencial de ser demócratas cristianos. Por ende, lograr una proyección exitosa de nuestra comunidad partidaria. Este joven hizo su tesis, La propiedad rústica y los gremios agrícolas, para optar al título de abogado, la que versa sobre la propiedad de la tierra y la justicia social, a la luz de los fundamentos de la encíclica Rerum Novarum.

Esta enfatiza con fuerza la dignidad de las personas que trabajan el campo, en una época en que Chile era eminentemente agrícola. Una tesis revolucionaria que años más tarde se hace carne en el gobierno de la Revolución en Libertad. Bernardo parte predicando con el ejemplo: traspasa su fundo a sus trabajadores, muchísimo años antes que la reforma agraria. Un adelantado a su época, por cierto. En 1931 participa de las movilizaciones lideradas por el movimiento estudiantil opositor a la dictadura del general Carlos Ibañez del Campo, que culminaron con el derrocamiento de su régimen. Algo extraordinario ocurrió el mismo año, como fue su intervención conciliadora en la sublevación de la Escuadra en donde logró persuadir a los rebeldes, evitando un inminente derramamiento de sangre, Bernardo solo tenía 22 años.

Fue un férreo opositor a la ley maldita que persiguió a los comunistas en 1948 e impuso su liderazgo en la firma de la declaración de rechazo al golpe militar, en 1973, que lideró junto a otros doce camaradas. La dictadura, en 1975, atentó contra su vida y la de su esposa el que los dejó con severas secuelas de por vida. Bernardo Leighton el hombre de claras y firmes convicciones que le permitió reunir a un grupo de jóvenes con los cuales fundaron la falange nacional.

Hoy cuando los demócratas cristianos nos encontramos en estado de reflexión es necesario reconocernos en estas convicciones para comenzar el camino de transformación y evolución. Esta no es solo estructural sino desde cada uno de nosotros, entendiendo que la fraternidad es el cemento que nos permite existir como comunidad partidaria. En consecuencia, cada uno de nosotros debe ser protagonista en la transformación recordando que tu camarada es tu hermano, como lo planteaba Bernardo; que tus dolores son los míos y que en esta comunidad construimos permanentemente el bien común y la solidaridad, definiciones fundacionales de la Democracia Cristiana.

Esta reflexión debemos canalizarla a través de retomar el suspendido congreso Ideológico, incluyendo a todos y todas como lo haría el hermano Bernardo. Que este trabajo comunitario sea vinculante y trace la línea estratégica del Partido Demócrata Cristiano de los próximos veinte a treinta años. Es necesario que este proceso se dé desde una visión comunitaria y con sentido de urgencia, de volver a tener opinión fundada desde la participación democrática de las y los militantes.

El contexto de esta retoma del Congreso es distinto al contexto con el que comenzó, hoy tenemos una convención constituyente en curso, sin nuestra participación (solo tenemos uno de ciento cincuenta y cinco) y un nuevo gobierno en el cual no participamos; además, con un debilitamiento estructural como país en que nos dejó la pandemia. El contexto es distinto y debe verse reflejado en el diseño de este recomenzar. Es muy complejo el escenario por lo que amerita unidad y generosidad de todos y todas para llevar adelante un debate constructivo, sin estas no podremos salir de la crisis en que nos encontramos. Desde este Congreso vinculante debemos volver a crear organización y comunidad con disciplina, entendida esta última desde la disciplina personal que lleva de la mano la causa común con el compromiso y el testimonio. No olvidemos que cada una y uno de nosotros es el espejo del partido en nuestras comunidades.

Siempre nos va a hacer bien el reconocernos en los testimonios de quienes antes que nosotros construyeron el camino para dar al país una opción democrática, cristiana, liberadora y de justicia social como es la democracia cristiana y debemos ser leales a ese testimonio comprometiéndonos con esta transformación del partido a través de completar el Congreso Ideológico. // ELF

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¿Qué diferencia hace Escazú?

mayo 9, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Victoria Trapp Moreira

Militante de la JDC

Inexplicable fue la marcha atrás del gobierno de Sebastián Piñera respecto al Acuerdo de Escazú. Un acuerdo liderado por Chile, que, inmerso en la actual crisis climática tendría de toda lógica impulsar en la región, pero que, sin embargo, en su periodo de firma finalizado en septiembre de 2020 no contó con la de Chile.

En la actualidad existe consenso de que los temores que llevaron a tal decisión eran injustificados y es por eso, que, el presidente Boric decidió en los primeros días de gobierno firmar Escazú, iniciando la tramitación para que el actual congreso lo apruebe.

Pero, ¿Qué importancia puede traer este acuerdo?, ¿Qué diferencia puede hacer este respecto a otros acuerdos en la materia?, ¿Es un verdadero avance en materia medio ambiental en la región?

Después de conocer los últimos informes del IPCC o sencillamente ver la realidad socioambiental de los países alrededor del mundo, donde las advertencias de años poco a poco se van manifestando, es imposible desconocer la importancia de la cooperación y acuerdos internacionales con el fin de frenar la tragedia que afecta a nuestra casa común.

En ese sentido, el acuerdo de Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, mejor conocido como Escazú, sí marca una diferencia y este se encuentra en su propio enfoque, ya que no es solo un acuerdo ambiental más nacido de las grandes cumbres, sino que a su vez es un tratado de derechos humanos.

Cuando nos referimos a derechos humanos, estamos hablando de esos tres puntos que le otorgan el nombre: “participación, información y justicia”, que si bien en repúblicas democráticas son conceptos que se dan por sentado, debemos reconocer que en materia medioambiental no se han encontrado fuera de la polémica, siendo palpable la asimetría que existe para los ciudadanos y sus comunidades el participar en la toma de decisiones, informarse y acceder a la justicia.

El Papa Francisco en su encíclica Laudato Si´ señalaba: “La política y la empresa reaccionan con lentitud, lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales. En este sentido se puede decir que, mientras la humanidad del periodo post-industrial quizás sea recordada como una de las mas irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”.

Es precisamente en este sentido en donde Escazú se plantea como herramienta. Ha quedado de manifiesto las dificultades de los acuerdos políticos globales para llegar a soluciones eficaces que abarquen la profundidad del problema, elevándose como alternativa la acción política y social local, donde las comunidades y la ciudadanía han asumido responsabilidad en esta crisis, participando y tratando de proponer soluciones en la medida de sus posibilidades. Este esfuerzo regional como lo es Escazú, profundiza lo establecido en el principio 10 de la declaración de Rio, potenciando y resguardando esas acciones locales, acciones comunitarias, acciones del ciudadano común preocupado por el presente y futuro del ambiente donde vive.

Actualmente ya fue aprobado en las comisiones de medio ambiente, futuro, ciencias, tecnología, conocimiento e innovación de la Cámara, esperamos que corra la misma suerte en la votación de sala y después en el Senado, ya que, la aprobación de Escazú, aunque tardía, es un paso correcto y necesario en la grave crisis climática, social y ambiental a la que nos estamos enfrentando, resguardando, además, nuestros derechos en la búsqueda de soluciones para cuidar y salvar nuestra casa en llamas. //ELF

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Cámara regional

mayo 6, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por María Angélica Illanes

Doctora en historia, exacadémica de la Universidad Austral de Chile y candidata al Premio Nacional de Historia 2022.

Después de dos siglos de República y luego de nuevas luchas protagonizadas por el pueblo y las regiones, ha surgido una Convención Constituyente genuinamente democrática, paritaria y con representación de pueblos indígenas. Constituyente que rompe con el mito de ser Chile una “nación y raza-homogénea” y escribe su identidad “plurinacional e intercultural”, fundando un nuevo orden como Estado Regional, que reconoce las luchas de las regiones a través de la creación de un órgano de participación regional: la Asamblea Regional, aunque con incapacidad de legislar.

El parto de la modernidad ocurre al fragmentarse el poder concentrado en el cuerpo y nombre “Yo, el Rey” y sustituirse por un texto que, escrituralmente, distribuyese el poder entre distintos órganos, fuerzas sociales y territorios, buscando el equilibrio entre estos. Un capítulo de la historia moderna quedó narrado por las luchas de las fuerzas sociales por participar en la escritura de este texto constituyente con capacidad de crear realidad al otorgar y distribuir los poderes.

Luchas de las que no estuvieron exentos nuestros países en la posindependencia; estas ensangrentaron a Chile en el siglo XIX (1829, 1850, 1859, 1891), generando inestabilidad y descontento: la oligarquía santiaguina pro-capitalismo mercantil-financiero-extractivista logró controlar el texto y concentrar el poder, en detrimento de las provincias. Inestabilidad social que buscó resolverse en el temprano siglo XX con un golpe militar que destituyó a la oligarquía política y, a través de un nuevo texto (Constitución de 1925), levantó al Estado como entidad llamada a ejercer el poder a nombre de la nación, respondiendo a la secular demanda de las provincias con un órgano político, la Asamblea Provincial, que nunca se reglamentó.

Un cruento golpe civil-militar en 1973 derrocó este texto, imponiendo otro en 1980 que, si bien declara la “regionalización» del país, restituyó el poder de la oligarquía mercantil-financiera-extractivista neoliberal santiaguina.

Después de dos siglos de República y luego de nuevas luchas protagonizadas por el pueblo y las regiones, ha surgido una Convención Constituyente genuinamente democrática, paritaria y con representación de pueblos indígenas. Constituyente que rompe con el mito de ser Chile una “nación y raza-homogénea” y escribe su identidad “plurinacional e intercultural”, fundando un nuevo orden como Estado Regional, que reconoce las luchas de las regiones a través de la creación de un órgano de participación regional: la Asamblea Regional, aunque con incapacidad de legislar.

Entonces, ¿Dónde residirá la potestad de legislar de las regiones –cada una de cuyas partes forman la nación/toda– sino en una Cámara del Congreso Nacional: la propuesta Cámara (Consejo) Territorial? ¿Por qué esa negación a una representación propiamente legislativa para las regiones y no meramente electoral? //ELF

*Columna aparecida en ElMostrador.cl que replicamos EnLaFontana.cl.

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La violencia

mayo 3, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Editorial

A esta hora la periodista Francisca Sandoval del Canal 3 La Victoria se debate entre la vida y la muerte. Es la evidencia más dura del clima de violencia que se ha instalado ya hace mucho tiempo en el país.

Las bandas criminales organizadas, los grupos armados, la protesta radicalizada de jóvenes secundarios, la crítica situación de salud mental que gran parte de la población vive, la sensación de impunidad y falta de justicia son parte de los múltiples factores que dan cuenta de lo que cada día vivimos en nuestros barrios y poblaciones: temor y miedo.

Cuando una sociedad entra en la espiral de la violencia en sus variadas versiones se abre un espacio oscuro e incierto donde las condiciones mínimas de convivencia se fracturan y la cohesión social se agrieta a niveles que pueden ser delicados e irreversibles. Eso nos pasa hoy. Navegamos como país en aguas turbulentas e inquietas sin certezas y con la fe perdida en el horizonte.

Lo que sucede, lo que nos sucede no es solo responsabilidad del gobierno de turno, es más profundo que eso. Lo que no quita la urgencia de quienes hoy sustentan el poder político central en tomar medidas extraordinarias ante situaciones extraordinarias. Pero también es parte del actuar de cada uno y una que conformamos este espacio social. Todos estamos llamados a tener acciones y palabras que condenen a la violencia en sus distintos niveles, desde aquello que pasa en nuestros hogares a lo que vemos en la calle o que nos enteramos por los medios de comunicación. No solo es tarea de los otros, es nuestra tarea.

Aún estamos a tiempo de detener las distintas dimensiones de la violencia que nos acechan, la política y los políticos tomando las decisiones correctas y con entereza que permitan enfrentar al narcotráfico y sus bandas, a la violencia simbólica del abuso de los más poderosos, como quienes cada día interactuamos en esta sociedad a no permitir el atropello y a acabar con la indiferencia pues lo que le paso a Francisca puede pasarnos, quiera no, a cualquiera de quienes hoy deambulamos por las calles de Chile. //ELF

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Consensos y disensos en salud y nueva Constitución

abril 27, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Osvaldo Artaza

Exministro de Salud

Parece del todo razonable que la nueva Constitución señale que cada persona tiene derecho al más alto nivel posible de la salud y que para ello el Estado deba proveer las condiciones, actuando sobre las determinantes sociales. Hay amplio consenso en que corresponde exclusivamente al Estado la función de regir el sistema de salud, la regulación, supervisión y fiscalización de las instituciones públicas y privadas, incluyendo la planificación de la formación, distribución y capacitación permanente del personal sanitario.

A mi juicio, es necesario que exista un Sistema Nacional de Salud de carácter universal, público e integrado, que se rija por los principios de equidad, solidaridad, calidad, desconcentración y pertinencia territorial, enfoque de género e interculturalidad, que ponga fin al esquema actual, inequitativo y discriminatorio.

También generan amplios consensos las propuestas que signifiquen incorporar acciones integrales de promoción, prevención, atención, rehabilitación y cuidados de largo plazo, reconociendo y preservando los conocimientos y prácticas de salud indígena; asimismo, la atención primaria debería constituirse en la base del sistema y se debe asegurar la participación de las personas y las comunidades en las políticas de salud y las condiciones para su ejercicio efectivo. Dicho sistema, en línea con lo que nuestro país concordó el año 2007 en la Organización Panamericana de la Salud (salud universal), debería mancomunar solidariamente el financiamiento que provenga de impuestos y de cotizaciones, poniendo término a las isapres, las que nunca lograron legitimarse en la opinión pública.

Al ponerles fin, parece razonable que puedan existir seguros privados voluntarios, de carácter complementario y no sustitutivo.

Lo que es totalmente discutible, y genera mucha controversia y resistencia, es que la Constitución defina temas que son propios de una ley específica posterior, tales como la cobertura de ciertos padecimientos o sobre la forma de integración de los prestadores con el sistema público.

Restringir a priori a parte importante de ellos parece totalmente inconveniente, toda vez que para enfrentar los enormes desafíos en salud serán por mucho tiempo necesarios todos los prestadores, sean públicos o privados. De hecho, recientemente el Colegio Médico -con todo el peso que tiene en la opinión pública- ha señalado que deben ser materia de ley los criterios con los cuales los prestadores privados se integren a las redes públicas de atención. Aún es tiempo para mejoras que impliquen sumar y no restar de cara al plebiscito de salida.// ELF

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