Paulina Mendoza
Presidenta Nacional JDC
En los últimos días, se ha instalado una profunda reflexión sobre la vigencia de nuestro partido, la Democracia Cristiana (DC). Sin ir más lejos, el camarada Alberto Undurraga ha planteado en una larga entrevista sus razones para iniciar un camino hacia un “nuevo referente o movimiento”. Por otro lado, hemos discutido en distintos espacios el libro de nuestro camarada Ernesto Moreno, sobre la vigencia del Humanismo Cristiano, y así es como se abre un camino de reflexión acerca de la pervivencia de la Democracia Cristiana.
Camino que me alegra que se inicie, pues desde mi punto de vista, es lo más importante de este periodo. No podemos dejar que la contingencia nos atrape, y con ello abandonar la interrogante de por qué los jóvenes ya no optan por la DC, o por qué en la última elección obtuvimos menos del 5% de los votos. Triste es reconocer que sólo seguimos existiendo por la cantidad de parlamentarios de nuestra colectividad.
Hagamos una reflexión sobre los hechos que hoy causan, que destacados camaradas pongan sobre la mesa la necesidad de replantearnos. Una de las últimas encuestas rápidas de la página “Tú Influyes”, nos posiciona por debajo de “Amarillos por Chile” en términos de identificación para las personas, es decir, menos adhesión que la concitada por un movimiento que sólo cambio su nombre, manteniendo los mismos rostros de siempre. Si las encuestas pueden no ser confiables, podemos rememorar nuestro resultado electoral en la constituyente, o en la presidencial. Sin duda, algo sucede con nuestro partido, y debemos a responder las preguntas necesarias para fijar un camino.
En una sociedad completamente sumida en el materialismo, el consumo y el individualismo, con un problema serio de salud mental y polarización, tengo la convicción de que el Humanismo Cristiano da una respuesta profunda a esta cultura posmoderna. Una política que aspire a poner la esencia y dignidad de la persona al centro de nuestro trabajo; entregar una respuesta a los jóvenes que hoy se sienten presos de estándares estéticos y de consumo imposibles de cumplir; mostrar un camino que se aleje de los extremos. Un camino de la reconciliación, del sentido común, del amor al prójimo y a la creación. Hablar de seguridad, pero también de reinserción; hablar de progreso económico, pero con derechos sociales; hablar de los derechos individuales, pero también los colectivos.
En esta línea, resulta evidente que el Humanismo Cristiano sigue brindando un camino, pero la pregunta que busco plantear es: La DC ¿Sigue dando una respuesta al Chile de hoy? Considero que no, o al menos, no si la vemos tal y como está.
A ratos pienso que la DC, incluso, se ha alejado de su inspiración cristiana. Lo creo así porque la convivencia interna es poco fraterna, tenemos problemas graves de probidad, un bajo nivel de discusión y debate político, y en muchos de nosotros, falta de compromiso social. Los partidos nacen como instrumentos, pero no son un fin en sí mismo. Empecinarnos en mantener un instrumento como una guitarra con sus cuerdas rotas, sólo porque nos trae recuerdos de hermosas canciones que se tocaron en su momento, hará que ésta se deteriore y desaparezca. Mejor es cambiarle las cuerdas.
Necesitamos transformar este partido en un partido que realmente represente al Chile del siglo XXI. Un partido que entienda que el amor de Dios y el espíritu cristiano no está en ponernos el adjetivo de “cristianos”, sino en amar al prójimo como a nosotros mismos, y demostrar aquello con trabajo en terreno. Uno de los mandamientos cristianos más relevantes es: “Haz justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero, dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.” Deuteronomio 10:18-19.
Frente a esto, nos preguntamos, ¿Cuáles son las propuestas que tenemos sobre los niños del Sename, sobre las madres solteras o los adultos mayores, sobre la migración? No sabemos, ni hemos trabajado en eso; y así, muchos mandatos cristianos los hemos ido dejando de lado.
Un camino para influir, y ser mayoría, a fin de promover nuestros valores, podría ser abrirnos a transformar este partido en uno verdaderamente humanista y cristiano, pero en la acción, no en el slogan. Una estructura donde los jóvenes, los dirigentes sociales y sindicales tengan un rol relevante; y donde el contenido y las ideas sea lo que nos una. No las cuotas de poder.
La pregunta, quizás, que muchos se hacen, es ¿Por qué debemos renunciar a nuestra inspiración cristiana? Mi pensamiento es que no debemos renunciar, pero sí abrirnos a incorporar otras matrices doctrinarias que nos potencien. Hay corrientes ideológicas que han profundizado más sobre ecologismo, feminismo; e incluso algunas como el liberalismo igualitario y la socialdemocracia, con quienes en la práctica tenemos grandes similitudes, que podrían sumarse y aportar. Es muy posible que muchos de ellos también tengan como prioridad apoyar a la viuda, el extranjero o al huérfano, sin ser humanistas cristianos. Todos sabemos que en la política pública aplicada no existen grandes diferencias en salud, pensiones, educación o seguridad, entre quienes seguimos alguna de estas vertientes, el humanismo cristiano, o alguna de las otras.
Hoy, más que nunca, Chile requiere un esfuerzo de unidad mayor; la polarización nos llevará al despeñadero, como ya lo hemos vivido en nuestra historia, y somos las personas las llamadas a movernos según los signos de los tiempos. Discutir sobre esto no implica tener una mirada rupturista, como lo hizo la Falange al escindirse del Partido Conservador; aquí no existe un partido que despojar o dejar, sino uno al cual transformar, manteniendo todas sus fortalezas, y mejorando todas sus debilidades. Se puede, tal como la Falange pudo convertirse en la Democracia Cristiana, sumando incluso a quienes en principio estuvieron en contra de esa transición, como fueron los miembros del Partido Conservador Socialcristiano, y un grupo de ex Ibañistas (agrario-laboristas).
Espero de buen grado que podamos debatir sobre esta posibilidad, de manera amplia y escuchándonos. Chile merece más cristianos en política, que sepan secularizar su mensaje, y llevar el amor al espacio público. Si realmente queremos influir y ser líderes, primero veamos si podemos hacerlo con y entre nuestros aliados.
Si lo logramos, podría entonces el Humanismo Cristiano ser una fuente de inspiración más, sumado a otras ideas, para así secularizar el mensaje de los cristianos en política.
La idea es que lleguemos a muchas más personas, como decía el apóstol San Pablo: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley –aunque yo no esté sujeto a la ley– como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley –no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo–, para ganar a los que están sin ley. 22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 de Corintios, 9:20-23). //ELF







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