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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columinista

Indultos, una decisión de fondo

enero 17, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Christian Torres Castro

Administrador Público, Magister en Gerencia y Políticas Públicas

Una segunda dimensión del análisis es la implementación del indulto. Esta decisión requería de una pulcritud total. No para evitar la polémica que existiría de todas maneras, sino para acotarla y no abrirse flancos gratuitos. Por el contrario, vimos un festival del error en todas las áreas: comunicacionales, desde el Presidente para abajo, y propiamente de gestión, con la definición de los nombres y el chequeo de los antecedentes. La mejor lección para el Mandatario es que debe comenzar a ser más prudente con sus palabras.

El gusto por la explicación larga, el verbo y el adjetivo le juega malas pasadas. Una cuestión fundamental que cualquier Presidente debiera asumir es que, así como no puede hacer lo que quiera, tampoco puede decir lo que quiera.

La decisión del Presidente Boric de indultar a 12 de los llamados “presos del estallido” y al exfrentista Jorge Mateluna, abrió una de las crisis más severas que han afectado al Gobierno en sus diez meses de mandato.

Como bien señaló el nuevo ministro de Justicia, Luis Cordero, si revisamos la historia, todos los indultos han generado siempre un fuerte debate y generado apoyos y rechazos. El Gobierno debía tener claro que esta no sería la excepción. Sin embargo, algunos hechos los transformaron en un terremoto de un grado muy superior al esperado.

Un primer elemento de análisis consiste en que el indulto responde a una decisión consciente del Presidente, más allá de los indultados en particular. Responde a un dato muy claro: el electorado más fiel del Mandatario y que se ha mantenido a lo largo de estos meses como su base irrestricta de apoyo, está en ese 25% que lo respaldó en la primera vuelta, que sigue a su lado pese a las renuncias programáticas y cambios de discurso. Así lo reflejan todas las encuestas que lo sitúan, ya por varios meses, con una aprobación entre el 25 y el 30 por ciento.

El Presidente tiene claro que, si comienza una fuga de apoyo en ese electorado, el futuro de su Gobierno se verá en una situación aún más compleja que la actual y muy difícil de superar. Por eso, la decisión de indultar es un gesto que, pudiendo compartirse o no, tiene un sentido muy racional de fortalecer o al menos contener el respaldo de un sector del país que pudiera verse defraudado por un Gobierno que renuncia a su proyecto original. Podrá cuestionarse si los costos de la decisión serían mayores que sus beneficios, pero fue una decisión con diseño y no una improvisación.

Responde además a otro hecho complejo. Si bien el Socialismo Democrático le ha permitido al Gobierno mejorar sus expectativas en el Congreso, sumar rostros y experiencia, lo cierto es que ello no se ha traducido en un mayor apoyo en el electorado; de lo contrario, las encuestas y estudios de opinión reflejarían porcentajes más cercanos al resultado de la segunda vuelta y no de la primera.

De esta manera, la decisión del Presidente debe mirarse desde la idea de un diseño político y no desde un “gustito personal”. Un diseño que, pudiendo ser razonable, tiene también el problema de fondo de reflejar a un Gobierno que asume –cuando ni siquiera se cumple un año en el poder– que gobernará en minoría, renunciando a construir mayorías para lo que resta. Si ello sucede, no sería raro ver un paulatino abandono de fuerzas políticas que opten por no pagar el costo de ser parte del Gobierno.

Por lo mismo, parecía errado incorporar a las fuerzas del Socialismo Democrático desde el primer minuto del Gobierno y no esperar a la construcción paulatina de mayorías para una incorporación que lo fortaleciera en el minuto oportuno. A tres años de su término, la administración del Presidente Boric ya no tiene a quién echar mano.

Una segunda dimensión del análisis es la implementación del indulto. Esta decisión requería de una pulcritud total. No para evitar la polémica que existiría de todas maneras, sino para acotarla y no abrirse flancos gratuitos. Por el contrario, vimos un festival del error en todas las áreas: comunicacionales, desde el Presidente para abajo, y propiamente de gestión, con la definición de los nombres y el chequeo de los antecedentes. La mejor lección para el Mandatario es que debe comenzar a ser más prudente con sus palabras. El gusto por la explicación larga, el verbo y el adjetivo le juega malas pasadas. Una cuestión fundamental que cualquier Presidente debiera asumir es que, así como no puede hacer lo que quiera, tampoco puede decir lo que quiera.

El nuevo ministro de Justicia ha hecho un intento inteligente por contener la crisis. Recurriendo a su experiencia académica y a la ventaja de venir llegando, ha dicho que la polémica por los indultos deberá circunscribirse a su dimensión jurídica, al existir recursos ante la Contraloría y el TC. Veremos si esto logra contener la crisis, acusación constitucional a Marcela Ríos de por medio, y si el gesto del indulto hacia la izquierda y a su electorado más fiel se consolida como un dique sin filtraciones, que evite una baja mayor de apoyo.

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Isapres: Jaque mate, salvar o reformar

diciembre 26, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Osvaldo Artaza

Exministro de Salud

Mucho se ha escrito sobre la crisis de las isapres, pero no tanto sobre cómo resolver el problema. Justamente allí reside su complejidad, ya que han sido los tribunales, tanto el Constitucional como los de justicia, los que de modo persistente han ido presionando para que el Poder Legislativo de una vez por todas tome cartas en el asunto y legisle para resolver las graves fallas del sistema.

Cuáles son dichos problemas: primero, que discriminan por sexo y edad; segundo, que descreman a quienes tienen mayor riesgo (no se puede olvidar que un alto directivo señaló que las isapres no eran para personas enfermas) y, por tanto, terminan desprotegiendo a aquellos que más lo necesitan, establecen preexistencias que obligan a estar cautivos a quienes tienen padecimientos crónicos y ofrecen miles de “planes” al gusto del consumidor que son atractivos para personas y grupos familiares jóvenes y sanos y una frustración para quienes tienen el infortunio de envejecer y enfermar; y tercero, no generan ningún incentivo a la prevención y a anticipar el daño en salud, no tienen ningún mecanismo de control de costos y todo el riesgo se lo transfieren al usuario.

En fin, fueron diseñadas en los 80 como una efectiva máquina de lucrar y no para ser comprendidas como entidades de seguridad social en salud. Si los problemas son tan graves, la pregunta obvia es: ¿por qué sobrevivieron sin cambios significativos por tanto tiempo? La respuesta a ello es compleja. Por una parte, posibilitaron el acceso a prestadores privados a un sector de la población que valora el poder elegir y tener una atención oportuna; por otra, ejercieron un eficiente lobby para bloquear por décadas cambios substantivos al statu quo (la mayoría de los parlamentarios son beneficiarios del sistema) y, lo que es más lamentable, jamás se logró voluntad ni capacidad política para resolver este espinoso tema.

Curiosamente hoy, son los tribunales los que han puesto al sistema en jaque mate, revelando que las isapres no son negocio. Las alternativas son darle un perdonazo o salvataje, lo que a mi juicio sería simplemente inmoral (afortunadamente ello no es apoyado por la opinión pública, así lo señalan las encuestas), o decidirse por legislar por un sistema de seguridad social en salud donde los fondos se mancomunen y el riesgo se comparta solidariamente (como sucede en todos los países con buenos sistemas de salud valorados por sus ciudadanos), superando la actual injusta e inequitativa segmentación y fragmentación de nuestro sistema de salud.

Las herramientas técnicas para avanzar hacia un sistema universal de salud, compromiso que Chile tiene desde el 2014 con organismos internacionales, no son únicas y en nuestro país se deberán considerar las expectativas y requerimientos de distintos sectores, especialmente con respecto a la colaboración público-privada en la prestación, con el objeto de viabilizar políticamente una solución urgente.

El peor de los mundos, sería que un gobierno que se propuso un sistema universal y un fondo solidario termine, por incapacidad de generar acuerdos, salvando a las isapres y manteniendo el statu quo. Tengo esperanzas de que ello no ocurra. //ELF

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Individualismo vs colaboración

noviembre 19, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Marcelo Trivelli

Exintendente Metropolitano y coodinador Fundación Semilla

Las sociedades completamente individualistas no funcionan, como tampoco funcionan aquellas totalmente colectivas. Una persona por sí sola no es capaz de sobrevivir y aquella que carece de identidad, porque está mimetizada en la masa, se convierte en un engranaje sin vida propia.

Enfrentamos hoy el desafío de buscar un equilibrio entre individualismo y colaboración. En otras palabras, ¿cuánto creemos que la vida depende del esfuerzo personal y cuánto de la colaboración con los demás?

A nivel planetario tenemos el desafío de revertir la crisis climática y la COP 27 reafirma la convicción: que nadie, ni persona ni país, pueden lograr éxito de manera individual. “Nuestro planeta se acerca rápidamente a un punto de inflexión que hará irreversible el caos climático”, advirtió Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, al tiempo que advirtió: “la humanidad tiene una opción: cooperar o perecer”.

La colaboración no sólo nos propone un camino de salvación, sino que además nos abre las posibilidades de un mayor bienestar individual.

El individualismo es hoy la cultura hegemónica que domina las relaciones entre países y entre personas. Cada día más, el mundo avanza en un proceso de individualización que tiene impactos negativos en el bienestar de las personas aún cuando no hay plena conciencia de ello. No nos damos cuenta como el individualismo exacerbado está deteriorando nuestra salud mental y nuestras relaciones, aumentando las brechas económicas, sociales, culturales y ambientales.

El individualismo va aislando a las personas que dejan de confiar en sus semejantes y centran toda su atención en el esfuerzo individual. Hago lo que quiero o me las arreglo como puedo y quiero parecen ser las consignas de nuestros tiempos.

Según un estudio de Global Advisor – IPSOS (2022) realizado en treinta países muestra a Chile entre el tercio de menor confianza interpersonal. Solo un 20% de la población dice confiar en la mayoría de las personas; siendo aún menor entre mujeres (16%) y un poco más alto en hombres (24%).

La producción y liberación hormonal juegan un rol importante en cómo se sienten las personas. La colaboración mejora la confianza generando oxitocina, la principal hormona de la felicidad y el bienestar.

La conducta de la colaboración se adquiere en el ejercicio de la relación con otras personas y por ello la escuela es determinante en la socialización de niñas, niños y jóvenes. La suspensión de clases presenciales debido a la pandemia de COVID-19 y los problemas que enfrentaron los y las estudiantes, y también el mundo adulto, al regresar a clases presenciales, demostró empíricamente los beneficios de la colaboración v/s el individualismo.

Por desgracia, muy rápidamente nos estamos olvidando de estos aprendizajes relegando a un segundo plano el fomento de las relaciones sociales y la educación socioemocional en el sistema educativo.

 

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Una década de cambios: El proceso hacia lograr una nueva constitución para Chile

octubre 3, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reyes

Administrador Público, con estudios de Magíster en Ciencias Políticas y Educación.

Es necesario convertir literalmente a la última década, en el verdadero “hecho político”, el clivaje real que marca la transición hacia una nueva democracia

Es la razón que da épica política al sentido del cambio, porque es la década en que se quebraron los pactos que permitieron dar gobernabilidad al país del 90 hacia acá, quebrando también con ello el sistema político institucional que de ahí surgió, dejando políticamente a la chilenidad sin referentes claros que seguir, quitando esperanzas y poniendo la confianza social en los niveles históricos más bajos que se conozcan

Por tanto, asumir una tesis de mayor anchura histórica se hace necesario, ya no como la certeza de lo que es, a la vieja usanza de las ideología en la “guerra fría”, pero sí como la convicción de una época, para hacer nacer una idea de futuro que sustente la confianza país, para que la paz social sea una realidad necesaria, buscada por todos.

Yo esto lo entiendo así, pues sé que a mí y a otros nos ha dado vuelta la idea, en la necesidad de crear una línea de fuga o de inicio, que permita ver el “big bang” de la estructura socio política chilena del futuro

Hay ventajas de esto y más de una, incluyendo el hecho de construir una visión de país, lo cual es una base firme por sí misma. Pero es que además permita hacer convivir el milagro de supervivencia de la institucionalidad de Pinochet, cosa que no tiene sentido seguir discutiéndole, en su “chapa” de inmortal, porque si algo dijo el 62% y dejó bien claro, es que prefiere el empate a una texto mal hecho y que la confianza no está en las instituciones

Esto es algo que no se puede explicar, diciendo que “caímos en una borrachera octubrista”, haciendo una apelación simplista y básica (bien fascista y espantosa), pues lo que necesitamos es un marco de análisis de mayor calado histórico y explicativo. Siguiendo esta línea se permiten hacer eficaces lo llamados políticos, apuntando a los miedos y a la inseguridad que está asociada siempre a los cambios

Es necesario hacer presente el punto histórico del inicio del cambio, como proceso social, con puntos y datos a la vista, sin dañar los eventos de la década, como mera circunstancia desconexa de otros eventos, sino como una completitud, que da aviso de que está ocurriendo dentro del presente continuo del andar de la nación, que se reveló iniciáticamente, con toda su magnificencia y gracia el 2011

Por tanto, los chilenos han dicho claramente el 4 de septiembre:

“la alternativa que me ofreciste fue mala y pa` juera no má”,

Pero no dijeron que no quieren cambios, no dijeron que le gusta la “C80”, no dijeron “nos gusta vivir así”, éste es un punto que hay que hacer con denuedo y voluntad, porque es inteligente, le da mérito a la nueva generación, pues se les reconoce haber entendido la necesidad de la mayoría que quiere cambios y que la política de hoy es hacer esos cambios.

Lo que estamos proponiendo entonces, es ampliar la tesis del malestar, como factor político, de una generación, de una década, cuyos avances políticos son evidentes, esa es, creo yo, la tesis que hay que sostener

Es importante y necesario, porque es un punto que lo podemos convertir en hito y como si eso fuera poco, también libera a la generación concertacionista de sentirse maltratados, porque esta tesis prueba que los “pisos” que puso la Concertación fueron buenos y justamente es el éxito de esta generación, lo que lo demuestra.

Para ver la línea histórica que permita hacer la trazabilidad de la demanda social hacia la política, es necesario relevar todos los levantamientos juveniles, incluso los anteriores al 2011, como los del 2001 y 2006, hasta el 2011, puesto que los serios y grandes levantamientos populares del 2019, no son entendibles sin éstas agitaciones anteriores, que nos permiten reconocerlo como partes de un proceso político social y que fueron el final espaldarazo de todos los chilenos a la acción de los estudiantes, primero desde las organizaciones de mujeres hasta llegar a todas las fuerzas sociales orgánicas de la comunidad, que nos pusimos detrás de esta nueva generación de líderes y la llevamos hasta donde están hoy, gobernándonos ni más ni menos, pues como haya sido y es hoy, hay que reconocer que quienes nos gobiernan, tuvieron el talento y la fuerza para ganar la tesis, la calle y los votos

Entonces, ¿Qué es lo que el 62% significa? En mi opinión, dice algo que al parecer está en pocos cálculos, esto es la reafirmación y la convicción de los chilenos, en la conciencia social de que posee el poder originario, como que es cada chileno, el legítimo poseedor de la soberanía, de poder darla y de poder quitar la “representación” aunque eso sea quedar en el “status quo” (como ocurrió), lo que demuestra que los chilenos somos más conservadores de lo que verdaderamente estamos dispuestos a confesar

Finalmente, al gobierno le corresponde administrar la política contingente y en esto, me parece que lo que se releva hoy es el Senado (el cual estuvo para desaparecer) como interlocutor válido junto a la Cámara, pues son quienes disponen de la legitimidad en la “C80”, para encauzar la forma que de origen una nueva constitución, surgida del mandato ciudadano original, el cual quedó suspendido en razón del rechazo del 4 de septiembre.//ELF

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El 5 de septiembre

agosto 30, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC

Como se ha escuchado y leído, algunos actores, de lado y lado, han puesto sus ojos en cambiar las normas relativas a los independientes y a los escaños reservados. Creo que esto no solo sería un grave error político, sino que demostraría que los partidos no han sacado las lecciones del proceso que se fue gestando, lenta y subterráneamente, hasta emerger con violencia el 18 de octubre y que tiene, como una de sus causas, el desprestigio total del Congreso y del sistema de representación.

¿Habrá recuperado este sector su prestigio, como para convencer a la opinión pública de que ahora sí son dignos de confianza, y que con un acuerdo cupular entre cuatro paredes pueden dejar fuera a los independientes, o colocarles trabas y/o exigencias de tal naturaleza que en el hecho se anule o minimice su participación? Todo ello se haría, además, sin comprender que una de las razones para el éxito de los independientes no solo fue su mecanismo electoral, sino que un voto de castigo de la gente a los desprestigiados partidos políticos.

El día 5 de septiembre tendremos un nuevo escenario político. Si gana el Apruebo, independientemente de los gustos personales, tendremos certeza en las nuevas reglas del juego, y la política podrá desarrollarse en toda su amplitud. Si gana el Rechazo, las reglas serán las de la vieja Constitución del 80, y la política tendrá que exigirse al máximo, para ver cómo continuamos.

En el primer caso, tendremos certezas. En el segundo, incertidumbre.

La primera incertidumbre será resolver –interpretar– cuál es el alcance del art. 142, inciso final, de la actual Constitución. Este artículo está dentro de las normas permanentes, en el epígrafe “Del procedimiento para elaborar una Nueva Constitución” en el capítulo XV; o sea, dentro de las normas que, según el inciso final del citado artículo, continúan vigentes, de ganar el Rechazo.

Este es el primer problema que tendrá que resolver la política; pero es evidente que, más allá de toda interpretación posible, el sentido del epígrafe ya referido fue establecer, como norma permanente, un “procedimiento para elaborar una nueva Constitución”. Es decir, el procedimiento está ya establecido. Pero, como ese procedimiento ya se realizó y se agotó, en este escenario hipotético del Rechazo, la pregunta es qué queda vigente en la repetición de ese procedimiento, y cómo se materializa esta segunda oportunidad constituyente.

Las que se agotaron, parece obvio, son las normas contingentes –como las fechas y los plazos–, pero las que permanecen son aquellas que confieren legitimidad al proceso que regula el epígrafe, tales como el pronunciamiento del plebiscito de entrada, en virtud del cual se optó por una Convención, íntegramente elegida como el órgano que debe elaborar la nueva Carta Fundamental. Su composición, por otra parte, igualmente está en las normas transitorias –que forman parte de la Constitución– y también forman parte del principio de legitimidad: la paridad de género, los escaños reservados y la participación de los independientes y los discapacitados.

Aquí se abren varias alternativas que son factibles desde el punto de vista jurídico, pero que deberán procesarse y ponderarse políticamente por los distintos actores, tanto del Gobierno, de la oposición y del resto, que están en posiciones distintas.

Una primera posibilidad –a título de enunciación, no de prioridades– es que a sectores del Parlamento “se les ocurra” presentar reformas parciales a la Constitución –bajo el amparo del nuevo quórum de los 4/7, establecido por la Ley 21.481 del 23 de agosto del 2022, que modificó el art. 127– e irse por ese camino, soslayando de esa manera “el procedimiento para elaborar una nueva Constitución”. La modificación y posterior aprobación de ese quórum de los 4/7 fue presentada por sus autores como una forma de facilitar los acuerdos, en caso de que ganara el Rechazo; me opuse solitariamente a ese proyecto porque estimaba que era una estrategia encubierta a favor del Rechazo, pero, además, porque puestos en ese escenario, el único sector que puede actualmente juntar ese quórum de los 4/7 es la derecha y sus actuales aliados, no necesitando a los sectores de Apruebo Dignidad ni del Socialismo Democrático.

En otras palabras, ese quórum puede ser una tentación para la derecha y sus aliados que, baipaseándose a la izquierda, tendrán los votos necesarios en el Senado –los tienen– y en la actual Cámara de Diputados –seguramente también los tendrán– para hacer reformas parciales, presentándolas a la opinión pública como justas, necesarias y que cumplan el objetivo de reformar la Constitución. El problema que tendrían esas reformas parciales es si eventualmente logran tener legitimidad frente a la opinión pública, en lugar de ser vistas como una maniobra cupular no solo para eludir la soberanía popular; y el peor escenario sería, además, que el propio contenido de las mismas fuera rechazado.

El mismo peligro podría ocurrir si la vía de usar reformas parciales fuera concordada por el conjunto de los actores políticos del Gobierno y del Parlamento; a menos que fueran de tal entidad que la opinión pública las aceptara como suficientes en su contenido, cuestión, a mi juicio, no de fácil despacho.

Otra alternativa es que se acepte la Convención como el órgano válido para redactar la nueva Constitución, en su segunda oportunidad; y que en dicha instancia sectores de la derecha, ya sea ella misma y sus aliados, o con la concurrencia de la centroizquierda, quieran alterar su composición, ya sea en todos, o en alguno de sus componentes –probablemente los escaños reservados y la participación de los independientes–. Claramente aquí tendríamos un cuestionamiento de legitimidad, por parte de los sectores afectados, con efectos políticos que afectarían al conjunto del proceso; dejando además una puerta abierta a la protesta social, con dimensiones difíciles de prever.

Una tercera alternativa es que se quiera iniciar un nuevo proceso desde cero, donde la derecha y sus aliados, o con la concurrencia de toda o parte de la centroizquierda, traten de revivir las alternativas a la Convención –como podría ser el actual Congreso, un grupo de expertos, o alguna fórmula mixta; y, por supuesto, una nueva composición, si tuviera lugar alguno de los casos–.

En resumen, el triunfo del Rechazo significará un escenario de incertidumbre jurídica y política, donde la derecha no solo recupera su poder de veto, sino que ahora lo hace con el plus de que también recupera la iniciativa, puesto que, con la rebaja del quórum a los 4/7, es el único sector, más sus aliados, que pueden cambiar no solo las reglas del juego del procedimiento constitucional, sino el contenido mismo por sí solos, sin necesitar los votos de la centroizquierda. ¿Usarán este camino la derecha y sus aliados? Es una pregunta sin respuesta. Pura incertidumbre.

Los actores políticos de gobierno, y de la oposición, deben entender que el proceso político y social que el país comenzó a vivir a partir del mismo 18 de octubre del 2019, en caso de triunfar el Rechazo, quedará abierto; sin cerrar las heridas que allí se produjeron; sin dar respuesta a las expectativas, demandas y esperanzas que se generaron y, por lo tanto, con un escenario de incertidumbres acerca de cuál será la respuesta de los diversos actores que gatillaron uno de los conflictos sociales más intensos y graves que ha tenido el país.

Como se ha escuchado y leído, algunos actores, de lado y lado, han puesto sus ojos en cambiar las normas relativas a los independientes y a los escaños reservados. Creo que esto no solo sería un grave error político, sino que demostraría que los partidos no han sacado las lecciones del proceso que se fue gestando, lenta y subterráneamente, hasta emerger con violencia el 18 de octubre y que tiene, como una de sus causas, el desprestigio total del Congreso y del sistema de representación. ¿Habrá recuperado este sector su prestigio, como para convencer a la opinión pública de que ahora sí son dignos de confianza, y que con un acuerdo cupular entre cuatro paredes pueden dejar fuera a los independientes, o colocarles trabas y/o exigencias de tal naturaleza que en el hecho se anule o minimice su participación? Todo ello se haría, además, sin comprender que una de las razones para el éxito de los independientes no solo fue su mecanismo electoral, sino que un voto de castigo de la gente a los desprestigiados partidos políticos.

Respecto de los escaños reservados, también se ha escuchado y leído que algunos, de lado y lado, están propugnando la idea de dejarlos fuera del proceso, o de elegirlos de acuerdo con el número de electores que concurran a votar. Este planteamiento es de dudosa constitucionalidad –de acuerdo con las normas de la vieja Constitución, respecto del principio de igualdad–: ¿por qué a ese sector se le aplicaría dicha norma, mientras los partidos políticos elegirían sus candidatos sin importar los votos emitidos?

Estos sectores olvidan, y/o ignoran, la naturaleza del conflicto que tiene el Estado en el sur del país, donde se juegan distintas estrategias en el mundo mapuche, entre la violencia política y la vía institucional; empujando a estos últimos, en caso de dejarlos fuera o reducir su participación, a perder la poca credibilidad que todavía tienen en el valor de las reglas políticas de la democracia, con lo cual aquel conflicto se potencia. Todo, por la falta de visión de Estado de los sectores que propugnan estas alternativas.

La derecha, y los grandes empresarios, tienen una enorme responsabilidad en este escenario, no solo por la incertidumbre que se generaría con el triunfo del Rechazo, sino por haber contribuido al financiamiento de la campaña, y al desprestigio y las mentiras que se han instalado respecto del texto constitucional propuesto. Lo han hecho sin dar la cara en lo que representan, utilizando con mano mora a otros sectores, descolgados de la centroizquierda que se prestaron, ingenua o sibilinamente, para hacer el trabajo sucio. Ahora, tendrían una nueva oportunidad para entender que un Estado democrático y social de derecho, que recoja nuestra realidad sociológica y con descentralización del poder, no se opone para nada a los pilares fundamentales de una sana convivencia, en democracia y con una economía social y ecológica de mercado.

Si gana el Rechazo, tendremos un escenario de incertidumbres en las reglas del juego, y en la forma como el mundo político, empresarial y social moverán sus cartas y se movilizarán. Nada será fácil.

Pero si gana el Apruebo tendremos certezas en las reglas del juego. Corresponderá a la política la implementación de las mismas, y el Presidente de la República tendrá un rol fundamental para conducir este proceso, cuyo norte deberá ser que tales reglas del juego adquieran plena legitimidad y nos guíen, como país, por muchos años, para construir una sociedad democrática con justicia y dignidad para todos y todas.// ELF

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Iridiscencia

agosto 18, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Joaquín Orellana

¿El problema? Twitter es más rápido que la democracia y sus demostraciones están desterritorializadas, encontrando representaciones reales en otros espacios, por ejemplo, las escuelas, las familias, la vía pública, los grupos de WhatsApp, entre otros. Aquí es donde la política tiene un rol.

Hace un par de días, navegando por las aguas turbulentas de Twitter, me encontré con una publicación que hablaba sobre las “10 palabras más lindas del español”, entre las que destacaba “iridiscencia”. Dicho concepto se remite a un fenómeno óptico donde el tono de la luz varía creando pequeños arcoíris. Lindo, ¿no? Más aún cuando no es el contenido al cual estamos acostumbrados en la batalla campal de 280 caracteres.

Los tonos y las emociones volcadas en la red social del pajarito azul representan en buena parte los sentimientos que contiene la contienda electoral a la cual nos enfrentamos este 4 de septiembre. Por un lado, rabia, miedo, revancha e incertidumbre; por otro, esperanza y optimismo. ¿El mínimo común? El reconocimiento de una otredad que debe ser superada políticamente. Puro agonismo. La dimensión del conflicto exacerbada en la anulación de un otro. Preocupante.

¿El problema? Twitter es más rápido que la democracia y sus demostraciones están desterritorializadas, encontrando representaciones reales en otros espacios, por ejemplo, las escuelas, las familias, la vía pública, los grupos de WhatsApp, entre otros. Aquí es donde la política tiene un rol.

Desde hace un tiempo, en agendas sensibles para la ciudadanía, como la seguridad, pareciera que la política se ha vuelto impotente, incapaz de resolver los problemas que aquejan a los ciudadanos. ¿Por qué? Mi tesis se apoya en las lecturas de Peter Mair (2013), Steven Levitsky y Daniel Ziblatt (2015), y Daniel Innerarity (2021), quienes en sus obras desprenden como fundamental para el funcionamiento complejo de la política y, especialmente, de las democracias: el rol de los partidos políticos.

Los partidos políticos se constituyen como los guardianes de la democracia y, en este sentido, como los acreedores de soluciones robustas a los problemas públicos. ¿Qué ha pasado en Chile? El sistema de partidos y los partidos políticos como tal se han debilitado. Para muestra, un botón: la centro izquierda se disputa en el apruebo y el rechazo. Cuestión inédita, en tanto se utiliza un mismo referente para dos visiones de mundo contrapuestas. A lo menos raro o, como diría Giovanni Sartori, alguien está haciendo uso de un “estiramiento conceptual” inadecuado. En definitiva, por la crisis de este espacio político, planteado como progresista y democrático en sus orígenes, algunos buscan capturar su esencia, distorsionándolo a su conveniencia, como lo hicieron con la imagen del “No”, e incluso dotándolo de características y colores, el amarillo por ejemplo.

La política tiene un rol y este tiene que ver con concretar el camino iniciado, una vía sin retorno de transformaciones responsables, que le hagan sentido a la población y que por sobre todo le brinden certezas en su cotidianidad. Este rol necesariamente pasa por los partidos políticos. Y más allá de los resultados, el 5 de septiembre no habrá caos, porque la democracia nunca será el caos.

Sí, habrá una tarea y está tiene que ver con mejorar nuestro ánimo societal. Volver a transitar el camino del diálogo y del bien común, reconociendo al adversario y respetándole en la disputa de las ideas. De esta manera, dejaremos atrás el odio, la manipulación de la verdad y la desconfianza.//ELF

Fuente: Freepik

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