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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columinista

Salir del victimismo, reivindicar la emancipación

mayo 25, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Saavedra 

Abogado. Magíster en Derecho Constitucional y Derechos humanos, Universidad de Talca. 

El arrollador triunfo del ultraderechista Partido Republicano en las pasadas elecciones de consejeros constitucionales, celebradas el 7 de mayo, no fue para nada sorprendente. Responde al mismo desincentivo ciudadano, el «apagón constituyente», que se vio claramente reflejado en las encuestas de opinión pública, luego de la aplastante victoria del Rechazo a la propuesta de nueva Constitución en septiembre de 2022.

Es cierto que la opción Rechazo nunca perteneció exclusivamente a la derecha, no es menos cierto que la irritada impaciencia ciudadana frente a una urgente demanda de seguridad en sus barrios, acordonados por el crimen organizado, y alguna respuesta inmediata a la inseguridad económica y al desempleo, le ha impuesto el «voto castigo» al actual gobierno de Gabriel Boric.

Y en este sentido, la mayoría de la Convención Constitucional incurrió en la peor irresponsabilidad, al presentar una propuesta de nueva Constitución completamente ajena a esta nueva realidad. No haber acordado un texto que fuese «aprobable» para la mayoría ciudadana, fue, en efecto, el mayor daño que se le hizo a las propias demandas democráticas y de bienestar social que esos mismos convencionales pregonaron representar.

El ala más radical de la izquierda, que fue mayoritaria en la Convención, insistió en acomodarse en el victimismo de las identidades y el rasgamiento de vestiduras en contra de quienes no compartieran o se atrevieran a cuestionar su delirio de soberbia.

Y cuando después del triunfo del Rechazo, la clase política tomó las riendas y suscribió el Acuerdo por Chile, en diciembre pasado, ya era tarde: El cambio de Constitución había dejado de ser prioridad como eje articulador de esta crisis.

El denominado «estallido social» de 2019, provocado principalmente por una frustración de expectativas en la generación actual, dejó en evidencia la debilidad de la fuerza pública y de la autoridad estatal. Vulnerabilidad que se prestó para que la violencia del crimen organizado se «viralizara» en los barrios y en las calles. Mientras que la crisis del Covid-19 generó una severa desaceleración económica y, consecuentemente, un brusco aumento del desempleo, que hasta hoy no se supera.

En suma, se produjo una reconducción del malestar desde la frustración aspiracional a la extrema inseguridad; y quien mejor supo representarlo fue el radicalismo de derecha del Partido Republicano, que ha obtenido el poder de veto en el nuevo Consejo Constitucional.

Ahora bien, dado este nuevo escenario político y más allá del resultado (desastroso o no) que pueda emerger de este Consejo, la tarea más urgente para quienes no deseamos el país que quiere la ultraderecha es salir del victimismo y reivindicar la emancipación.

Porque una lección de esta doble derrota de la izquierda en el proceso constituyente ha sido, precisamente, que «el victimismo paraliza», como ha dicho el escritor colombiano Carlos Granés.

¿Cuánto tiempo no perdieron los convencionales en intensos pero estériles debates sobre «plurinacionalidad» o «pluralismo» jurídico, como leyes inquebrantables para satisfacer las expectativas de las diversas «víctimas identitarias», mientras la mayoría del país padecía los efectos de la inseguridad ciudadana, económica y sanitaria?

Cierto es que Chile y Latinoamérica están llenos de víctimas reales, como son las personas asesinadas, desaparecidas, torturadas, exiliadas, relegadas o exoneradas por las dictaduras militares. Así como las minorías étnicas, sexuales y extranjeras, que han sido discriminadas, desplazadas y maltratadas, y quienes todavía sufren las fatales consecuencias de la infame represión policial del último tercio de 2019.

Sin embargo, como advierte Granés, la reparación (moralmente encomiable) y la memoria (políticamente interesante) deben incluir la emancipación. Porque el anquilosamiento se produce justamente cuando no intentamos liberarnos del peso del pasado, del dolor y el resentimiento, y nos detenemos en el tiempo para no olvidar la dolencia y el atropello.

Es por ello por lo que apelo al sacrificio, entendido como esfuerzo mancomunado por abrazar el futuro sin petrificarnos en el pasado. Porque de lo que se trata es de volcar nuestra mirada hacia el otro a través de una conciencia histórica con proyección futura.

La historia de Chile del siglo XX nos aporta la experiencia política de una clase media organizada, que luchó incesantemente por dejar de ser víctima, forjando sus espacios de participación, tanto en el poder político como en la esfera económica y cultural del poder, teniendo como eje el bienestar de sus hijos por quienes se sacrificaba, para no seguir siendo lo mismo toda la vida.

Los avatares de nuestra organización social mesocrática son un valioso testimonio del pasado para reorientar nuestros anhelos presentes hacia una emancipación futura; y recogiendo las lecciones de esa experiencia, podamos cumplir, tal vez en otro tiempo, la promesa liberadora de un auténtico proceso constituyente y democratizador para el pueblo de Chile.

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El avance de la extrema derecha en Chile: ¿qué nos queda a los que no veremos las anchas alamedas?

mayo 18, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Raúl Zurita

Poeta chileno, premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2020 y columnista de El País de España.

Defender nuestro pasado. Nos queda defender la dignidad insomne, enorme y alucinada de nuestro pasado y decirnos, aunque no existan palabras para decirnos estas cosas: mira yo estuve allí, y tú ¿estuviste también allí? Sí, yo también estuve allí, en esa partícula infinitesimal de la historia de la que fui testigo y como si fueran los ecos lejanos de un rumor, de un viento, de un océano que nos cerca, son miles, millones de voces las que se van diciendo unas otras ¿estás allí? Sí, yo también estuve allí; en un pequeño país de un sur remoto, en el que por unos segundos creímos entrever un mundo nuevo, algo seguramente inalcanzable para el brevísimo instante en que vivimos y que, por eso mismo, porque era inalcanzable, nos dio un respiro, un aliento, una vida. Hechos pedazos, nos vimos entonces deambulando entre las ruinas y una figura que levantaba para siempre sus brazos saludándonos.

Defender nuestro pasado y defender en él cada uno de los triturados pedazos del infinito que fuimos, de esa minúscula porción de la eternidad que fuimos amor mío cuando irguiéndonos por un minuto más desde el fondo del más terrible amanecer, 11 de septiembre de 1973, nos abrazamos para que yo sintiese y tú sintieras los últimos latidos de nuestros cuerpos que caían y que caían y que caían. Y yo estaba allí y tú estabas allí y nosotros estábamos allí doblados, rotos, muriendo de todas las muertes.

Sí, defender ese pasado donde cogidos de la mano amor, niño mío, hija mía, gritamos las consignas más hermosas y límpidas de la tierra y que continuamos gritando hasta hoy frente a los balcones perpetuamente bombardeados del palacio en llamas. No vimos el mundo nuevo, no contemplamos sus islas, sus fiordos ni sus cordilleras, no fue el horizonte en el que creímos, sino el eco de las últimas voces haciéndose añicos entre los dientes fúnebres de la intemperie.

Defender nuestro pasado, defender ese ayer incandescente donde vimos el fulgor de las viejas multitudes desplegándose en el viento, pero no pudimos con el peso de nuestras propias sombras y mi sombra pegada siempre con tu sombra se arrastra ahora como una masa negra hundiéndose.

No se nos dio el fervor de un tiempo nuevo. No se nos dio lo que creímos ni lo que ansiamos ni lo que deseamos, sino solo el testimonio arrasado de haber cubierto las calles gritando lo que ansiamos y soñamos y deseamos mientras que amontonados frente a nosotros los escombros de todas las derrotas, de todas las pérdidas, de todos los golpes, nos saltaban a la garganta igual que corvos degollándonos.

No se nos dio la aurora, solo defender todo lo vivo y todo lo muerto que nació cuando nacimos, cuando abrazados unos a otros cruzamos como otra noche la noche, porque sabíamos que solo así podríamos guarecernos, guardarnos un poco de las jaurías que nos aullaban.

No miraremos las estrellas deslumbradas de las nuevas mañanas, no conquistaremos las espléndidas ciudades, no fue para nosotros esa ardiente paciencia y las briznas incendiadas del futuro se nos clavan en los ojos chirriando.

No vimos abrirse las anchas alamedas, no se nos dio esa vida en esta vida. Pero estuvimos allí y es nuestro el pasado, ese pasado insobornable en que se nos rompieron las piernas y los brazos y la boca y nos quedamos postrados, caídos, incrédulos mirando las ruinas de los sueños y de los sueños de los sueños.

Cuando entrevimos el mar, pero no fue para nosotros el mar, cuando entrevimos las nuevas plazas llenas de gente y sus banderas, pero no fueron para nosotros esas plazas ni esas banderas y se nos quedaron los ojos vacíos, dados vuelta, llorando en los pañuelos desechados del mundo.

Porque no fue así, no fue lo que quisimos.

Defender entonces el pasado, defenderlo ahora, aquí, frente al escarchado país en el que moriremos. No pudimos hacer más, amor mío, palomo mío, palomita, no pudimos hacer más y los jóvenes que fuimos nos dan vuelta la cara, alzan por última vez sus banderas hechas jirones y se van perdiendo en el humo blanco de la noche incancelable. // ELF

➡️Fuente: El País de España👇

https://elpais.com/chile/2023-05-17/el-avance-de-la-extrema-derecha-en-chile-que-nos-queda-a-los-que-no-veremos-las-anchas-alamedas.html

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El Covid-19 sigue con nosotros, a pesar del fin de la emergencia sanitaria internacional

mayo 15, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Osvaldo Artaza
 

Por Osvaldo Artaza 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de señalar que el Covid-19 deja de ser calificada como una emergencia sanitaria internacional.

Esto no implica que la pandemia haya finalizado, sino que sigue su curso, transitando a quedarse como otra afección viral de carácter endémico como la gripe, que produce enfermedad y riesgo de morir, especialmente en grupos de mayor vulnerabilidad como son los adultos mayores y quienes tienen padecimientos crónicos o que debilitan la respuesta de defensa inmunitaria.

El decreto de emergencia que ahora finaliza es la herramienta que la OMS usa para facilitar decisiones para movilizar recursos de forma más rápida, autorizar medicamentos o vacunas con menos trámites o dictar resoluciones que tengan más eco en los Estados miembros, cuando una enfermedad se expande globalmente.

Han pasado 1.191 días (tres años y tres meses) desde que la OMS decretara la emergencia y es un momento propicio para recordar los casi 7 millones de muertes reportadas oficialmente, incluso la propia organización calcula que dicha cifra podría haber llegado hasta los 20 millones de vidas. La pandemia sin duda ha cambiado el mundo y nos ha cambiado a nosotros como personas.

El Covid-19 ha sido mucho más que una crisis sanitaria, los efectos económicos y sociales a las familias y a los países han sido devastadores. Se necesitarán años de estudios, de diseño e implementación de políticas públicas para contrarrestar los efectos negativos en salud mental, en pérdidas de escolaridad y otros impactos en niñas, niños y adolescentes, así como en los adultos mayores quienes han experimentado particularmente soledad, aislamiento, ansiedad y depresión.

Es momento también para hacer aprendizajes. Tanto dolor y muerte no pueden quedar en vano. A nivel internacional hay que revisar las atribuciones y herramientas que la OMS, en su calidad de autoridad sanitaria mundial, tiene para alinear una respuesta global eficiente y oportuna. Dichas herramientas, así como el Reglamento Sanitario Internacional, probaron ser totalmente insuficientes. Hoy el mundo tiene mayores capacidades para regular al comercio, que para apoyar una respuesta efectiva ante una crisis sanitaria. Más cuida el mundo a los bienes que a la salud de las personas. Ello no resiste más y obliga a cambios sustantivos en la gobernanza de la salud.

A nivel local, hay que reconocer la exitosa campaña de vacunación, la articulación público-privada en cuidados intensivos y la resiliencia del sistema de salud. A su vez, también hay que reflexionar sobre cómo, ante una crisis de tanta magnitud, lograr una gestión del riesgo que involucre tempranamente a las personas y a los actores locales, alcanzando confianza y adhesión con las medidas a seguir y en la comprensión de que resguardar la salud implica una respuesta solidaria y la disposición a aceptar ciertas restricciones a nuestra libertad personal. //ELF

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Los abismos chilenos

mayo 11, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

El triunfo de la extrema derecha en las recientes elecciones en Chile deja a este sector, opuesto al reemplazo de la Constitución de 1980, como principal fuerza del nuevo Consejo Constitucional. Con una campaña alejada del debate constitucional y centrada en cuestiones como la inseguridad, el progresismo sufrió una dura derrota que impactará sobre el gobierno de Gabriel Boric.

Desde hace un tiempo, Chile había vuelto a ocupar un lugar especial en el corazón del progresismo mundial. En 2019, las protestas sociales contra el neoliberalismo derivaron en un proceso democrático para dejar atrás la Constitución impuesta por la dictadura de Augusto Pinochet en 1980. En 2021, Gabriel Boric, un ex-dirigente estudiantil de 36 años, fue elegido presidente e inició lo que algunos han señalado como una nueva ola de gobiernos progresistas en Latinoamérica.

Sin embargo, en septiembre pasado la población rechazó masivamente en las urnas el texto constitucional que buscaba reemplazar la antigua Constitución, lo que obligó a los partidos a iniciar un nuevo proceso mucho más tutelado que el anterior. Y esto sería solo la antesala: en las elecciones para el nuevo Consejo Constitucional, celebradas el 7 de mayo pasado, la extrema derecha representada en el Partido Republicano (PR) de José Antonio Kast logró 35,41% de los votos. De esta forma, le pasó por encima a la derecha tradicional (21,1%) y derrotó al oficialismo progresista (que compitió en listas separadas, un error que dará mucho que hablar y reparar). Además, el PR obtuvo por sí solo poder de veto y, en conjunto con la derecha tradicional, logró dos tercios de representación para vetar cualquier modificación que sugiera la comisión experta al borrador de nueva Constitución.

Todo lo anterior dificulta enormemente cualquier acuerdo entre la izquierda y la derecha tradicional (quién habría dicho que se añoraría esa posibilidad). Aunque inevitablemente los resultados dinamitaron la posición negociadora del gobierno para llevar a cabo un programa que ya venía a cuestas por carecer de mayoría parlamentaria, lo cierto es que la mayoría de extrema derecha en el Consejo Constitucional no tiene el camino asegurado hacia un triunfo en las próximas presidenciales. En realidad, los tiempos de las «identidades negativas» y el rechazo a todo lo que huela a poder vienen mostrando justo lo contrario: sin experiencia y puesta a liderar un proceso con expectativas que no podrá cumplir, la extrema derecha puede enfrentar su propio proceso de degradación, tal como la izquierda tuvo el suyo con la primera Convención Constitucional.

Idas y venidas constituyentes

Aunque aún es muy pronto para extraer conclusiones sobre el comportamiento electoral, hay varias cuestiones que mencionar. En primer lugar, la introducción del voto obligatorio desde el año pasado ha estabilizado un alto porcentaje de participación que cambia por completo el mapa electoral. Si en 2022 la participación fue de 86%, esta vez se ubicó en casi 85%. Pareciera que el desinterés ciudadano hacia el actual proceso constituyente, en vez de convertirse en abstención, se ha expresado en votos nulos y blancos: estos sumaron 21,54% del total. Por otro lado, el resto de los votantes que no había acudido a las urnas anteriormente (ni en el primer proceso constituyente ni en la elección del presidente Boric, cuando el voto era aún opcional), esta vez, con voto obligatorio, ha optado por la extrema derecha.

Si esto significa una ampliación de la penetración cultural del conservadurismo en Chile dependerá de si el PR mantiene sus buenos resultados en el tiempo. Por ahora se pueden aventurar tres cosas. Primero, que la votación por el Rechazo al borrador en el plebiscito pasado es similar al porcentaje de apoyo a la oposición, en ambos casos en torno de 62%. Segundo: el centro político ha terminado de desfondarse luego de que la alianza entre la Democracia Cristiana y el Partido por la Democracia (PPD, del ex-presidente Ricardo Lagos), bautizada Todo por Chile, decidiera ir por fuera del bloque oficialista y no obtuviera ningún escaño. Tercero, y quizás lo más importante: pareciera que la extrema derecha está capitalizando coyunturalmente un voto de repudio al establishment político que no es demasiado distinto del que movilizó a los votantes de la nueva izquierda chilena en el último tiempo. Como ya ha pasado en otros países, las elecciones se están definiendo por las denominadas «identidades negativas», y quien gana las elecciones ve diluido su poder en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora bien, para entender más precisamente qué es lo que los chilenos están castigando en esta ocasión, hay que remitirse a la seguidilla de idas y venidas constituyentes de las que deriva el proceso actual. La persistencia del problema constitucional chileno radica en que, a pesar de las múltiples reformas que ha tenido la Constitución de 1980, esta no se desenvuelve como pacto fundante de la comunidad política ni tampoco sirve de base para dirimir las diferencias entre los ciudadanos. Además de su herencia dictatorial, el texto degradó aún más su legitimidad al bloquear reformas que pudieran alterar el carácter subsidiario del Estado.

Tras el estallido social de octubre de 2019, el mundo creyó que todo eso quedaría atrás con la Convención Constitucional y sus innovaciones democráticas inéditas en materia de paridad de género y protección del medio ambiente. Sin embargo, el borrador fue rotundamente rechazado por casi 62% de los votantes en todas las regiones del país. Aunque algunos todavía culpan a la campaña de desinformación conservadora, lo cierto es que esta solo pudo tener éxito debido a un error estratégico y también ideológico por parte de la izquierda: se confundió la redacción de una Constitución con el despliegue y materialización de un innovador programa de gobierno progresista. El problema estructural con la ratificación de nuevas constituciones por referéndum es que cuanto más extenso es el texto, más razones tienen los votantes para rechazarlo. En el caso de Chile, por ejemplo, gran parte de los nuevos votantes de sectores populares interpretaron la «plurinacionalidad» como un ataque a su identidad patriótica.

Con el borrador anterior rechazado, el Congreso Nacional echó a andar un nuevo proceso mucho más limitado por el poder constituido. Aunque esto fue un balde de agua fría para las expectativas de la izquierda, cualquier otra cosa habría dado armas a la derecha. Al igual que en la Convención, el nuevo órgano estableció quórums contramayoritarios, en particular, tres quintos en una asamblea de 51 electos (el acuerdo original contempló 50 escaños, al que se agregarían cupos indígenas en caso de obtener el 1,5% de la votación total del país en una papeleta separada; este fue el caso de Alihuén Antileo, elegido por ese cupo). Y, tal como le ocurrió antes a la derecha, la escasa representación de la centroizquierda en el proceso actual implica que los quórums no cumplirán su objetivo de avanzar en los pactos. Además, la derecha tenía tres exigencias: 12 bases institucionales intocables durante el proceso (como la imposibilidad de eliminar el Senado y la mención explícita a la existencia de las Fuerzas Armadas y Carabineros en la Constitución, dos puntos polémicos en la pasada Convención), una comisión de expertos compuesta proporcionalmente por las fuerzas representadas en el Congreso y un comité de árbitros para asegurar la tutela sobre el poder constituyente. La primera paradoja es que, con los resultados electorales favorables a la extrema derecha, estos contornos podrían darle, en el mejor de los casos, un cierto grado de influencia a la izquierda (y ya no a los conservadores, como originalmente) y, en el peor de los casos, resultarían irrelevantes. La segunda paradoja electoral es que un partido como el PR, que defiende la continuidad de la Constitución de 1980, quedó a cargo del cambio constitucional.

El sorpasso de la extrema derecha

El cambio en la hegemonía de la derecha chilena es total. Desde hoy, Kast no es tan solo el ex-candidato presidencial de la derecha que obtuvo 44% en la segunda vuelta de 2021, sino que su partido acaba de sumar más del doble de representantes que las fuerzas clásicas de la derecha, entre ellos Renovación Nacional (del ex-presidente Sebastián Piñera) y la Unión Demócrata Independiente (UDI, fundada por Jaime Guzmán, uno de los ideólogos de la dictadura).

La prensa internacional ha catalogado a Kast como la simple adaptación chilena de populistas como Donald Trump o Jair Bolsonaro, lo que cobra sentido considerando las conexiones del PR con las principales organizaciones de extrema derecha en el mundo. En el plano discursivo, desde 2017 Kast apela al peligro que viven los valores de la familia tradicional y su estabilidad económica. ¿La amenaza? La clásica red conspiranoica de enemigos coordinados: la izquierda, los operadores políticos, la «ideología de género» y los inmigrantes. Nada muy diferente al discurso de la Alt-Right que crece en el resto del mundo.

Desde que Boric salió elegido en 2022, el contexto económico, la crisis migratoria y la crisis de seguridad (particularmente, con el fuerte crecimiento de delitos de alta repercusión social) no solo han dado lugar a una reacción contra el gobierno, sino que además han vigorizado discursos como el de los republicanos, que se las arreglan para ser percibidos como outsiders que vienen a desplegar la «mano dura» contra la delincuencia. En efecto, toda la campaña electoral para el nuevo Consejo Constitucional estuvo marcada por mensajes sobre el descontrol de la seguridad que poco tenían que ver con la Constitución y le sirvieron al PR para antagonizar con el oficialismo.

Ahora bien, ¿es realmente Kast un outsider? A diferencia de algunos de sus pares internacionales, es un político de larga trayectoria que lleva ocupando cargos públicos desde el año 1996 y, hasta su primera campaña presidencial en 2017, siempre se había postulado por la UDI. En particular, Kast proviene del corazón de una de las culturas políticas más tradicionales de la derecha chilena. Cuando estudiaba Derecho en la Universidad Católica, Jaime Guzmán fue su tutor, y así se volvió militante del Movimiento Gremial, un grupo corporativista y religioso, que luego se convertiría en la semilla del partido. Por otro lado, su hermano, Miguel Kast, fue un Chicago boy formado por Milton Friedman que luego se convirtió en ministro de Pinochet. Justo cuando Guzmán y Miguel Kast iban a fundar la UDI, este último falleció, de modo que la figura de José Antonio pasó a ocupar un rol simbólico fundacional que se refleja en innumerables discursos y homenajes.

Todo esto es extremadamente relevante para intuir la forma en que Kast y los republicanos intentarán conducir a su grupo en el Consejo Constitucional. ¿Seguirán antagonizando con el resto de los partidos ahora que les toca conducir? El actual presidente de la UDI, Javier Macaya, se mostró confiado de que esto cambie cuando remarcó que «casi el 90% de los electos de Republicanos viene de la UDI». Aunque no sabemos qué papel elegirá jugar Kast hasta la culminación del proceso, puede que presente algunas diferencias con el guión del populismo de derecha de otras latitudes.

Progresismo chileno: ¿y ahora qué?

Chile eligió el presidente más izquierdista desde el retorno a la democracia pero, al mismo tiempo, votó un Congreso mayoritariamente de derecha. Fue tal la algarabía que desató lo primero, intensificada tal vez por las expectativas del proceso constituyente inicial, que la izquierda cometió un error estratégico: olvidarse de lo segundo. Así, en vez de tramitar de inmediato las principales reformas del programa de gobierno, usando la cada vez más corta luna de miel de los gobiernos, decidió esperar a los resultados del plebiscito de septiembre de 2022, pensando que el triunfo potenciaría el poder de negociación del Ejecutivo en el Congreso. Sin embargo, con el borrador rechazado, el oficialismo se quedó con gran parte del programa de gobierno cuesta arriba, y tras los resultados del 7 de mayo no solo se ha escogido al órgano político más derechista en décadas, sino que la posición de negociación en el Congreso ha vuelto a empeorar.

En un escenario adverso, el progresismo necesita despercudirse rápidamente de su derrota y recoger las autocríticas, no para fomentar la autoflagelación, sino para mirar hacia adelante. ¿Qué elementos del proceso constituyente hasta ahora deben ser recuperados y cuáles abandonados? ¿Cuáles son los consensos necesarios para recuperar la legitimidad de nuestra vida común en un contexto como el descrito?

Si hay algo claro es que la izquierda no puede desentenderse del proceso constituyente. A fin de cuentas, fue la que le propuso al país una nueva Constitución destinada a habilitar un periodo de justicia social. Así, aunque toque hacer múltiples concesiones, sería mucho más perjudicial renunciar a un acuerdo con la derecha tradicional. Por un lado, esto permitiría consensuar un texto con mayores posibilidades de ser aprobado en diciembre de 2023 para zanjar de una vez por todas el proceso. Por otro, se sentaría un precedente para cerrar caminos de autoritarismo.

La era de las identidades políticas negativas también implica que en Chile podría haber espacio para construir una identidad en contra de la extrema derecha, algo que hasta cierto punto se generó en la segunda vuelta presidencial de 2021. Aunque la pregunta es si para construir tal antagonismo basta con denunciar que el PR «no es democrático» justo cuando acaba de ganar las elecciones. En vez de eso, vale la pena volver al origen: la razón por la que comenzamos este largo camino de idas y venidas desde el estallido social fue el malestar con la subsidiariedad del Estado consagrada en la Constitución de 1980. Si se considera la lógica del plebiscito ratificatorio, que no distingue artículo por artículo, sino que somete la totalidad del borrador a votación, entonces lo más importante de cara a la votación final serán los anticuerpos que pueda inducir el nuevo texto. Si la derecha opta por constitucionalizar el rechazado sistema de administradoras de fondos de pensiones privadas (AFP) o las instituciones de salud previsional (ISAPRE, sistemas privados de seguros de salud), es muy plausible que gane nuevamente el Rechazo.

El dilema de Kast

Decíamos más arriba que el proceso constituyente quedó bajo la conducción de quienes rechazaban un proceso constituyente. Para graficar, basta un ejemplo: Luis Silva, el candidato más votado a escala nacional, indicó que el PR «no quiere una nueva Constitución». En pocas palabras, se podría decir que la propuesta constitucional del PR es la Constitución de 1980, ni más ni menos. Sin embargo, a pesar de las duras derrotas electorales de este año y el pasado, el plebiscito constitucional de 2020 aprobó con 78% de los votos la propuesta de cambiar el texto impuesto por la dictadura y reformado en múltiples ocasiones. En otras palabras, este es un capítulo que difícilmente se cerrará sin más con un nuevo rechazo.

Como se ve, la cuestión no es tan sencilla para el PR. Como la principal fuerza del Consejo con 23 bancas, un poder de veto autónomo y a solo ocho votos de lograr los tres quintos (quórum para aprobar los artículos), la responsabilidad del curso del proceso recae ahora sobre sus espaldas en la misma medida que el apoyo popular recibido en la votación. Y aunque habrá más de un intento de desmarcarse de su responsabilidad, lo cierto es que las expectativas de cierre de la crisis social e institucional de Chile no han desaparecido, a pesar de que la seguridad y la inmigración pasaron a ser cuestiones centrales en la agenda ciudadana.

A diferencia del plebiscito pasado, capitalizar un nuevo rechazo ya no es posible para la derecha. La facilidad con que pueden construir los tres quintos e incluso dos tercios con Chile Vamos implica que los costos del proceso constituyente recaerán en buena parte sobre la derecha. Por eso, es probable que la apuesta del PR sea sacar adelante un borrador para ser aprobado en diciembre. Ello depende de las capacidades de la derecha, pero sobre todo del PR, de actuar de manera moderada. Algo que no es imposible si se considera que, a diferencia de buena parte de la izquierda independiente de la Convención, el PR tiene un líder y una estructura partidista mucho más vertical.

Sin embargo, esta no es la única posibilidad. El PR es un partido nuevo, con muchos cuadros que no se han fraguado en política ni están acostumbrados a debates institucionalizados, reglamentos de votación, apariciones públicas, etc., de modo que pueden cometer los mismos errores comunicacionales y tácticos que se cometieron, en abundancia, en la primera Convención Constitucional. No podemos olvidar que en la Cámara de Diputados y Diputadas los militantes y ex-militantes del PR han estado envueltos en diversas polémicas.

Con todo, mientras el camino de la nueva izquierda chilena encabezada por el presidente Boric enfrenta curvas peligrosas, el de la extrema derecha de Kast, si bien parece despejado, se enfrenta a los riesgos del exceso de velocidad. Deberá generar el marco de una nueva Constitución que debe aprobarse para mostrar que puede gobernar y generar «estabilidad», pero se tendría que cuidar de que sus ideas «ochentistas» no aparezcan en el nuevo texto. Mientras tanto, entre las curvas peligrosas y el exceso de velocidad, sigue creciendo un verdadero abismo entre la política y la sociedad.

🟣Fuente: Nuso.org👇

https://nuso.org/articulo/chile-elecciones-constitucion/

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columinista, Columnas, Elecciones

Una vez más se comprueba que una izquierda soberbia favorece a la derecha extrema

mayo 8, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal

El Partido Republicano alcanzó un resultado muy favorable, 35,86% en la reciente elección, que sólo es la confirmación de los resultados de la primera vuelta electoral presidencial.

Algunos olvidaron que en esa elección el candidato Kast derrotó a los candidatos de la derecha tradicional y que el presidente Boric fue elegido en segunda vuelta, solo cuando hizo declaraciones que implicaban un cambio en las posiciones políticas tan agresivas que sus fuerzas defienden.

La actitud asumida por las fuerzas de gobierno en la Convención y su apoyo categórico a un proyecto que la mayoría abrumadora Rechazó, son responsables en parte importante del triunfo del rechazo y la alta votación que obtuvo el partido de la extrema derecha en esta elección.

Una vez más se comprueba que una izquierda soberbia e incapaz de leer adecuadamente la realidad, favorece a la derecha extrema. Después de esta elección, el partido Republicano se convierte en el principal del país, superando ampliamente a la alianza de la derecha y a las coaliciones que apoyan al gobierno, y sin duda, colocan a su líder como seguro candidato presidencial con reales posibilidades de éxito electoral.

¿Qué programa resultó tan atractivo, qué ideas para una nueva Constitución fueron explicitadas?

La verdad es que sólo percibí una campaña que sembró temores, sobre dimensionando los problemas reales y demostrando una incapacidad manifiesta para presentar soluciones.

Aprovecharon muy bien los errores de las fuerzas de gobierno y cosecharon la siembra de odio y violencia de los grupos extremistas.

La derecha presentó esta elección como un plebiscito sobre el Gobierno. Si esto se aceptara, cerca del 58% de los votos válidos reflejarían un rechazo al gobierno y sólo un 37% de los votantes lo respaldaría.

Pero esta no era una elección plebiscitaria y una parte del voto nulo y blanco fue promovido por sectores que supuestamente apoyaban al gobierno.

Un 20% de los votantes que hicieron esto, podrían acortar la distancia entre ambos sectores, pero también podría ser leída como una expresión adicional de la desinformación o molestia de muchos electores.

Las discrepancias entre las fuerzas políticas oficialistas y la falta de apoyo del propio partido del presidente ayudaron a esta derrota electoral tan clara.

No sabemos qué ocurrirá en la Convención, dónde la derecha obtendrá una clara mayoría si actúa unida. No sería extraño que las controversias se agudicen entre las candidaturas presidenciales y se llegue con al menos dos candidaturas.

Por su parte, las fuerzas oficialistas se dividirán entre los que le nieguen legitimidad a la Convención, usando el 20% de los votos nulos y blancos. Bueno sería que los sectores oficialistas que promovieron el voto Nulo, asuman su responsabilidad en estos resultados y no jueguen a desprestigiar esa nueva Convención.

Creo que sería un grave error, ya que ello sólo debilitará aún más las instituciones democráticas y favorecerá la polarización. No soy tan ingenuo como para creer que los que vienen buscando el derrumbe democrático dejen su errónea visión, pero respaldo al presidente Boric, que habló anoche, y llamó al partido Republicano a no repetir los mismos errores que cometieron él y sus fuerzas aliadas.

Espero que sea escuchado y que él recoja primero que nadie la lección.

Existe el peligro real que la derecha más dura arrastre a otros sectores a una conducta más obstructiva, ese peligro existe, pero se puede reducir si se buscan acuerdos que recojan parte de las posiciones que fuerzas más maduras pueden ofrecer.

Hay cambios en pensiones e Isapres que no pueden seguir pendientes.

Urge una actitud más responsable de los partidos que apoyan al gobierno y la colaboración de las nuevas fuerzas que buscan un espacio. No cabe duda que la atomización y los personalismos tendrán que aportar positivamente a la creación de un clima más apropiado a los acuerdos.

La nueva Convención debe ganar apoyo para cumplir su importante tarea, para ello, sus integrantes deben estar disponibles a escuchar, dialogar con respeto y tener una gran disposición a buscar acuerdos.

Chile espera mucho de ellos. Ante el clima de odiosidad que los extremistas de ambos lados buscarán crear, las instituciones democráticas, los partidos políticos, las fuerzas uniformadas, las entidades culturales, los gremios y las iglesias deben apoyar un gran reencuentro en torno a la justicia social, base indispensable de la disciplina social. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columinista, columna, Columnas, Ricardo Hormazábal

Anular el voto en elecciones es debilitar aún más la democracia y favorecer a la derecha

mayo 3, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal
Abogado y exsenador

El 28 de abril de 1973, falleció Jacques Maritain, uno de los filósofos que más influyó en mi formación política. Ese año, medio siglo atrás, los chilenos vimos desplomarse una democracia con deficiencias, pero que fue reemplazada por 17 años de horror.

Al releer textos de Maritain, recordar la etapa previa al Golpe Cívico militar, me siento obligado a dar una opinión personal, ya que, aun cuando no renunciaré nunca a la DC, me he alejado de la vida política partidista, de las redes sociales, pero estoy muy preocupado por el presente y futuro de nuestro país y no entregaré el poder mínimo de mi voto para incrementar el caos. Iré a votar y lo haré por una persona DC que votó Apruebo, no como yo, que voté Rechazo, pero que es una persona honesta, preparada y con capacidad para dialogar.

Entiendo la angustia de amigos o desconocidos que no ven salidas, pero anular el voto es una respuesta equivocada, a lo menos precipitada. Yo no sé qué propuesta se nos hará, pero, espero que sea una que recoja las experiencias y los valores que non permitan una mejor convivencia y tenga mecanismos apropiados para resolver las legítimas diferencias que se dan en una democracia.

Por eso, estudiaré la propuesta y analizaré mi conducta en el Plebiscito correspondiente, pero anticipar un voto nulo ahora es perderse la oportunidad de ejercer plenamente este derecho que toda teoría democrática defiende: Voto secreto, universal e informado. Es cierto que la publicidad que hemos visto es claramente inadecuada, pero el documento final deberá ser difundido de mejor manera.

Si se construye una Constitución que represente a los sectores más retrógrados, tengo la oportunidad de rechazarla. Pero si hoy anulo el voto fortalezco a la DERECHA. me hago cómplice de esos sectores, ya que ellos tienen mucha capacidad para acarrear votantes y están usando el miedo que han creado las minorías violentistas y los delincuentes para obtener apoyo. La historia de Chile lo demuestra, la Derecha no trae Paz ni Justicia.

Jacques Maritain en “C1ristianismo y Democracia”, escrito en 1942, sostenía “La tragedia de las democracias modernas consiste en que ellas mismas no han logrado aún realizar la democracia.” Como causa de este fracaso marcaba que “los enemigos del ideal democrático no se han desarmado nunca” y que “los antagonismos irreductibles, inherentes a una economía fundada en la fecundidad del dinero; el egoísmo de las clases acomodadas y la separación del proletariado erigido por el marxismo en principio místico de la Revolución, han impedido que las afirmaciones democráticas pasen a la vida social; y la impotencia de las sociedades modernas ante la miseria y ante la deshumanización del trabajo, su imposibilidad de sobrepasar la explotación del hombre por el hombre, fueron para ellas una amarga derrota.”

“La guerra ha despertado trágicamente a los hombres. Si las democracias ganan la paz después de haber ganado la guerra, será a condición de que la inspiración cristiana y la inspiración democrática se reconozcan y reconcilien”.

http://www.profesorgentile.com/n/la-democracia-en-jacques-maritain.html

Europa vivió una atapa de profundas transformaciones en las que los partidos de inspiración cristiana tuvieron el liderazgo en la construcción de sociedades más justas y democráticas, hasta que el Cambio de Época que se vive desde algunas décadas, no encuentra liderazgos que lo puedan entregar. En Chile, el papel activo de la DC chilena logró dar algunas respuestas positivas previas al Golpe y, especialmente en el proceso de lucha contra el Dictador, en la construcción de acuerdos políticos amplios, tanto en la creación de coaliciones de gobierno cómo en relaciones con las oposiciones de izquierda y derecha.

Lamentablemente, las contradicciones internas, tanto de nivel doctrinario como de luchas de facciones y personalismos excesivos la han debilitado de una manera muy seria. Por cierto, este es un proceso que ha afectado a la mayoría de las fuerzas políticas chilenas, reforzado por la impresionante pérdida de influencia de las iglesias, otras entidades culturales, del Poder Judicial, las instituciones uniformadas y los medios de comunicación.

Esta situación de ausencia de respuestas justas a las injusticias existentes ha provocado un distanciamiento muy profundo entre la ciudadanía y las entidades políticas. Las crisis que se viven en países de nuestro continente, han provocado una situación migratoria de grandes proporciones, sin que se puedan establecer las indispensables coordinaciones de políticas que enfrenten los temas de fondo y encuentren soluciones transitorias apropiadas para los temas más urgentes.

Hoy los chilenos estamos expuestos a una situación de falta de seguridad, en lo laboral, económico y una delincuencia más violenta. Adicionalmente, la pandemia sanitaria y el delirio convencionalista nos produjeron un tremendo impacto con secuelas muy dañinas. Me ha impactado un trabajo realizado por tres académicos en que se constata que más del 40% de los encuestados que votaron por el Apruebo o el Rechazo, consideran a los discrepantes malas personas. Eso es muy grave porque no hay comunidad que resista un encono tan fuerte.

Estuvimos por proyectos muy distintos en ese plebiscito, pero es posible superar esa distancia, como ya lo hicimos antes. En 1973 algunos promovían la Dictadura del Proletariado, otros un Golpe de Estado y algunos pedimos nuevas elecciones. Pero luego, una gran mayoría aprendimos y fuimos capaces de darle justicia a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, cómo se comprueba con los fallos de los tribunales que mandan a la cárcel a muchos de los asesinos y torturadores, después de casi 50 años. La justicia tardó, pero llegó. Un Chile más justo que en la dictadura no comenzó con este gobierno, como se comprueba cada día, partió con Patricio Aylwin.

Yo insisto en que votaré por una persona que estuvo por el Apruebo, pero es una de las buenas opciones existentes. Los errores le cuestan caro a los pueblos. Si desde ya se habla de un próximo gobierno de la derecha más dura, no es un dogma. Es un desafío que todas las fuerzas por el cambio democrático deben responder adecuadamente para ello. Todavía hay tiempo.

No represento a nadie, ni aspiro a hacerlo. Sólo me encantaría coincidir con muchos para, sin odio ni violencia, usar nuestro instrumento del voto para hacer realidad la Esperanza de una Patria más justa y buena para todos, eligiendo buenos convencionales ahora y mejores representantes en el futuro. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columinista, columna, Columnas, Elecciones, Proceso Constituyente, Ricardo Hormazábal

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