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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Eduardo Reyes

¡Verdad y Justicia!

enero 21, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reveco Cartes

Consejero Nacional

Partido Demócrata Cristiano 

En esta fecha, como todos los años, conmemoramos al Presidente Frei Montalva asesinado por la dictadura de Pinochet el 22 de Enero de 1982. Cada vez que llega está fecha, nos embarga a muchos y muchas, la pena y la decepción por la falta de verdad y justicia, pero por sobre todo la pérdida de un ser humano excepcional que supo plasmar nuestros sueños humanistas cristianos en el proyecto político de la revolución en libertad, proyecto que logró grandes transformaciones sociales y un tremendo impulso modernizador que trajeron dignidad, justicia social y nuevas oportunidades para las y los chilenos.

No solo nos demostró que si es viable una revolución de profundas raíces cristianas respetando las libertades individuales, que esto no es utopía, sino que nos dejó un importante legado de las ideas falangistas en sus libros que siempre están vigentes, como es el caso de Política y Espíritu en donde se proyecta con una claridad el sentido profundo del ser demócrata cristiano, un libro cuyo prologo fue escrito por nuestra Premio Nobel Gabriela Mistral y del cual opinó :

“He leído la obra capítulo a capítulo, en un largo goce. Siento complacencia en el equilibrio que Dios le ha dado para manejar el tema social valerosamente y sin perder el tino necesario al que maneja fuego; me conmueve su radical honestidad en el trato del adversario, verdadero fenómeno en un ambiente como el nuestro, donde se niega al enemigo no ya la sal, sino aire y suelo, y me admira la capacidad de síntesis que le ha librado de la pulverización en que paró el análisis de los ensayistas en el siglo pasado. Creo que muy pocos han sabido en Chile el crítico social de primera agua que había en Ud…”. Es un prólogo extenso y hermoso como todo lo que el arte de la poetisa logra.

Frei nos llama en 1980 en su notable discurso en el Caupolicán, como líder de la oposición, a la unidad para enfrentar a la dictadura y avanzar en una nueva constitución con la más amplia participación del pueblo, su voz hoy sigue sonando firme y clara en cada uno de nosotros, para abrir el camino hacia un nuevo Chile. Tenemos la oportunidad, como nunca en la historia de Chile, de construir una nueva constitución nacida en democracia con la participación de todos y todas, trabajemos unidas y unidos por ello como una forma de rendir un homenaje a nuestro presidente mártir.

Ver columna anterior del autor: Reforma solidaria

A 41 años del magnicidio recordemos su testimonio y legado en las estructuras partidarias comunales y regionales en donde participamos, sino están funcionando, auto convoquémonos y reorganicémonos en torno al estudio y reflexión de la obra de Frei y su legado. La convicción que lo guiaba a él y a los falangistas como Bernardo Leigthon, Ignacio Palma y Radomiro Tomic, permitió que Chile y nuestro pueblo mejorará significativamente sus condiciones de vida, esa misma convicción debe llenar nuestras mentes y corazones hoy para reimpulsar con fuerza los valores permanentes de nuestra doctrina, la solidaridad, el bien común, la democracia, la libertad, la justicia social y sobretodo nuestra fraternidad.

🔴Con Frei Montalva en la memoria, Verdad y Justicia!!! //ELF

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Una década de cambios: El proceso hacia lograr una nueva constitución para Chile

octubre 3, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reyes

Administrador Público, con estudios de Magíster en Ciencias Políticas y Educación.

Es necesario convertir literalmente a la última década, en el verdadero “hecho político”, el clivaje real que marca la transición hacia una nueva democracia

Es la razón que da épica política al sentido del cambio, porque es la década en que se quebraron los pactos que permitieron dar gobernabilidad al país del 90 hacia acá, quebrando también con ello el sistema político institucional que de ahí surgió, dejando políticamente a la chilenidad sin referentes claros que seguir, quitando esperanzas y poniendo la confianza social en los niveles históricos más bajos que se conozcan

Por tanto, asumir una tesis de mayor anchura histórica se hace necesario, ya no como la certeza de lo que es, a la vieja usanza de las ideología en la “guerra fría”, pero sí como la convicción de una época, para hacer nacer una idea de futuro que sustente la confianza país, para que la paz social sea una realidad necesaria, buscada por todos.

Yo esto lo entiendo así, pues sé que a mí y a otros nos ha dado vuelta la idea, en la necesidad de crear una línea de fuga o de inicio, que permita ver el “big bang” de la estructura socio política chilena del futuro

Hay ventajas de esto y más de una, incluyendo el hecho de construir una visión de país, lo cual es una base firme por sí misma. Pero es que además permita hacer convivir el milagro de supervivencia de la institucionalidad de Pinochet, cosa que no tiene sentido seguir discutiéndole, en su “chapa” de inmortal, porque si algo dijo el 62% y dejó bien claro, es que prefiere el empate a una texto mal hecho y que la confianza no está en las instituciones

Esto es algo que no se puede explicar, diciendo que “caímos en una borrachera octubrista”, haciendo una apelación simplista y básica (bien fascista y espantosa), pues lo que necesitamos es un marco de análisis de mayor calado histórico y explicativo. Siguiendo esta línea se permiten hacer eficaces lo llamados políticos, apuntando a los miedos y a la inseguridad que está asociada siempre a los cambios

Es necesario hacer presente el punto histórico del inicio del cambio, como proceso social, con puntos y datos a la vista, sin dañar los eventos de la década, como mera circunstancia desconexa de otros eventos, sino como una completitud, que da aviso de que está ocurriendo dentro del presente continuo del andar de la nación, que se reveló iniciáticamente, con toda su magnificencia y gracia el 2011

Por tanto, los chilenos han dicho claramente el 4 de septiembre:

“la alternativa que me ofreciste fue mala y pa` juera no má”,

Pero no dijeron que no quieren cambios, no dijeron que le gusta la “C80”, no dijeron “nos gusta vivir así”, éste es un punto que hay que hacer con denuedo y voluntad, porque es inteligente, le da mérito a la nueva generación, pues se les reconoce haber entendido la necesidad de la mayoría que quiere cambios y que la política de hoy es hacer esos cambios.

Lo que estamos proponiendo entonces, es ampliar la tesis del malestar, como factor político, de una generación, de una década, cuyos avances políticos son evidentes, esa es, creo yo, la tesis que hay que sostener

Es importante y necesario, porque es un punto que lo podemos convertir en hito y como si eso fuera poco, también libera a la generación concertacionista de sentirse maltratados, porque esta tesis prueba que los “pisos” que puso la Concertación fueron buenos y justamente es el éxito de esta generación, lo que lo demuestra.

Para ver la línea histórica que permita hacer la trazabilidad de la demanda social hacia la política, es necesario relevar todos los levantamientos juveniles, incluso los anteriores al 2011, como los del 2001 y 2006, hasta el 2011, puesto que los serios y grandes levantamientos populares del 2019, no son entendibles sin éstas agitaciones anteriores, que nos permiten reconocerlo como partes de un proceso político social y que fueron el final espaldarazo de todos los chilenos a la acción de los estudiantes, primero desde las organizaciones de mujeres hasta llegar a todas las fuerzas sociales orgánicas de la comunidad, que nos pusimos detrás de esta nueva generación de líderes y la llevamos hasta donde están hoy, gobernándonos ni más ni menos, pues como haya sido y es hoy, hay que reconocer que quienes nos gobiernan, tuvieron el talento y la fuerza para ganar la tesis, la calle y los votos

Entonces, ¿Qué es lo que el 62% significa? En mi opinión, dice algo que al parecer está en pocos cálculos, esto es la reafirmación y la convicción de los chilenos, en la conciencia social de que posee el poder originario, como que es cada chileno, el legítimo poseedor de la soberanía, de poder darla y de poder quitar la “representación” aunque eso sea quedar en el “status quo” (como ocurrió), lo que demuestra que los chilenos somos más conservadores de lo que verdaderamente estamos dispuestos a confesar

Finalmente, al gobierno le corresponde administrar la política contingente y en esto, me parece que lo que se releva hoy es el Senado (el cual estuvo para desaparecer) como interlocutor válido junto a la Cámara, pues son quienes disponen de la legitimidad en la “C80”, para encauzar la forma que de origen una nueva constitución, surgida del mandato ciudadano original, el cual quedó suspendido en razón del rechazo del 4 de septiembre.//ELF

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La razón y el entendimiento

agosto 5, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reyes

Administrador Público, con estudios de Magíster en Ciencias Políticas y Educación.

La sinceridad no está en juicio acá, sino quien da el acerto en el decir. Las apuestas están claras y veremos quien tiene razón el 4 de septiembre.

La Nueva Constitución se vende en la calle con gran éxito, esto significa que hay “mercado” para ese producto. Por otro lado, el millón de impresiones gratuítas que produjo el Estado, ya tiene sus bodegas casi vacías, pues están siendo solicitadas por personas particulares, así como por organizaciones sociales, para discutir en los territorios, cosa que añade el factor comunitario a la lectura y por tanto al entendimiento y al comportamiento futuro de quienes conozcan el texto.

Acá ya no hablamos sólo del individuo aislado, leyendo y formándose para salir a conquistar el mundo (en la versión marxista o liberal que se quiera tomar del individuo), sino que acá hablamos del conocimiento “comunitario”; es decir ante nuestros ojos, se está produciendo el fenómeno de “politización” sistémica, legítima y en paz, más grande en la historia social de Chile.

Esto no es funcional al “cierre social”, desarrollado por los dueños del PIB, que comenzó a fraguarse exáctamente, cuando la Presidenta Bachelet inició el movimiento de “encuentros autoconvocados” en 2016.

Cuando ganó Piñera, Andrés Chadwick, en una reunión con “lo más graneado” de la élite oligárquica chilena, en “Casa Piedra”, dio por “sepultado y superado” ese momento. Es decir, esa gente, tiene tanta convicción acerca del control que se tiene del aparato institucional del país, que obviando el poderoso hecho de que habíamos participado 200.000.- chilenos, a lo largo del territorio, en la construcción de la propuesta de constitución (pensó Chadwick) que era desechable.

Hoy, ante la evidencia y frente a 7 derrotas políticas contundentes y consecutivas, es que ahora la derecha hasta está encontrando “bonita” la propuesta de la presidenta Bachelet.

Por último entonces, no me cuenten la historia, pues ya está visto que de este momento que vivimos, va a “faltar” tinta para las versiones que habrá, viviremos un renacimiento en el desarrollo político, social, económico, de las artes, las ciencias y el humanismo en nuestro país.

Por todo esto #Warnken se equivoca en extremo, por que al decir que “los chilenos no entienden lo que leen”, está dejando de lado lo que es obvio hoy, esto es que Sí se está leyendo la Nueva Constitución, que esa lectura se está haciendo en conjunto con otras personas y que producto de esa lectura (como de toda lectura), surge la comprensión y el entendimiento, de esta comprensión surgen la consecuente acción posterior; por tanto, natural y razonáblemente, a comprender se aprende leyendo y eso es exáctamente lo que está haciendo la chilenidad hoy, con los frutos que veremos el 4 de septiembre. //ELF

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Como ovejas en medio de lobos

junio 9, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reyes

Administrador público y cientista político 

Cuando todos los miedos se suman, emerge la valentía de los comunes, que ya nada tienen que perder

Cuando Jesús dice a sus discípulos, que los va a enviar “como a ovejas en medio de lobos”, tenía muy claro que su metáfora animal entrañaba en sí misma una condición elemental del ser humano. Los que son ovejas siempre están en peligro cuando los lobos están cerca y Jesús les dice, vayan hacia los lobos. Entonces, ¿de qué mensaje estamos hablando aquí?; hablamos de uno que entiende que el mundo está gobernado por lobos, que estos en toda literatura representan el impulso de poder y de sed de sangre.

Por su parte, quienes son representados como ovejas (como olvidar “Fuente Ovejuna”) estarán siempre señalados como los débiles, como los que aun sumando más, están en permanente temor, su instinto es a huir y no a enfrentar. Luego, lo que dice el llamado es que las ovejas deben ir hacia los lobos, sabiendo que eso es una actitud temeraria y de alto costo para las ovejas, pero se hace inevitable cuando se trata de supervivencia.

Los chilenos no somos ignorantes de estos significados, ya lo decía Violeta Parra en su “Mazúrquica Modérnica”: “varias matáncicas tiene la histórica, en sus pagínicas bien imprentádicas, para montárlica, hicieron fáltica, las resbalósicas revoluciónicas….”, haciendo notar lo ridículo que es tapar la realidad con relatos ilusorios, utópicos, fácticos o pragmáticos. La sabia Violeta nos entrega con fina sabiduría, lo que es un sentir común de los ciudadanos, transmitidos de generación en generación.

Esto es que cada cierto tiempo los postergados del país, los vulnerados por una élite que usa al Estado para defender sus intereses, se ponen de pie, y como ovejas en medio de lobos, se paran frente a las balas, para recuperar lo que es de todos pues nada tienen más que perder.

La pandemia ha desnudado en el mundo las carencias de la política, el error que implicó que por cuarenta años el mundo haya puesto a la economía por sobre la política, al mercado sobre el estado, al individuo sobre la persona y al consumidor sobre el ciudadano. La promesa, jamás cumplida del Neoliberalismo en Chile, fue aprovechar el cambio tecnológico para aumentar y mejorar el rol del sector privado en la economía y la sociedad. La privatización de empresas públicas, por su parte, tenía por fin mejorar su gestión y entregar más beneficios a los ciudadanos. Pero en la práctica, fue un robo del mundo privado contra el Estado que es de propiedad de todos los chilenos (María Olivia Monckeberg, 2013).

La desregulación de la actividad económica, pensada para crear mercados competitivos, en la práctica generó mayor concentración económica y el desarrollo de monopolios en todas las áreas estratégicas de la economía nacional, a tal punto que hoy la gran mayoría de la población vive en la frontera entre la dignidad y la pobreza, debido a la incertidumbre de poder pagar las deudas contraídas con las privatizadas.

Cuando Thomas Hobbes escribe “Leviatán” (1651), entendía claramente esta cuestión, que no es posible que una condición de dominación y control absolutos, sean capaces de traer la paz a la comunidad. Por eso es que el autor entiende como necesario, crear el monstruo humano y divino, construido con la cesión de nuestra voluntad soberana, para que el fruto de nuestras decisiones, estén cautivas en la norma legal, en instituciones que luego toman dinámica propia y someten por el peso de su investidura. Por tanto, si hemos cedido parte de nuestra soberanía a favor del gran Leviatán, lo mínimo exigible es que este monstruo creado, no termine comiéndose a sus creadores, o a gran parte de éstos, pues ¿cómo va a ser posible que elijamos representantes para luego ser pasto de su fuego, objetos de su voluntad?

Pero, “he aquí, que yo os envío como a ovejas en medio de lobos”. Luego entonces, es necesario preguntarnos acerca de cuál debiera ser la virtud, que hace finalmente, que las ovejas puedan triunfar en un mundo dominado por lobos. Mucho se ha hablado en este tiempo acerca de la pérdida de confianza, como un valor intrínseco de las personas para la relación social, y por ende base de las relaciones políticas al interior de una sociedad dada. Y es tan importante, porque cuando hay ausencia de confianza individual y social, naturalmente se inhibe los actos de reciprocidad, y sin éstos, la cooperación se hace imposible. Suele plantearse la confianza como una tríada, integrada por una persona que confía, una segunda persona en quien se deposita esa confianza y luego está también el interés común, que es la razón por la cual se establece dicha relación (Hardin, 2004).

Pero, ¿cómo puede haber confianza entre meros consumidores? En un mundo regulado por transacciones puntuales y efímeras, la confianza nace y desaparece en el acto de vender y comprar. Luego entonces, qué hace que la confianza sea genuina y perdurable, de largo aliento. Esa confianza, que se gana a través del tiempo, responde a una trayectoria histórica de un vínculo que se nutre y es capaz de proyectarse hacia el futuro. El mercado puede desarrollarse y funcionar perfectamente siempre que se apoye en una comunidad fuerte, con sentido de identidad, que sabe que en los otros encontrará refugio y consuelo durante los momentos difíciles; a la vez que encontrará oportunidades y logros en los momentos de bonanza. Cuando no existe esta comunidad fuerte, que sólo se desarrolla al amparo de instituciones igualitarias e inclusivas, el mercado actúa de manera cruel (Aylwin, 1990), se aprovecha de la debilidad de la comunidad y abusa del monopolio, aprovechándose de la desprotección estatal.

Una de las características del tiempo presente en nuestro país, es cuantas veces los gobernantes y en particular el presidente, apelan a dios para intentar empatizar con las creencias del pueblo chileno. Pero de tanto manipularlo verbalmente, el concepto comienza a convertirse en un uso vano, carente de contenido sustancial, como en una realidad hueca, sin contenido ni sentido, lo que es más propio de las distintas formas de hipocresía, formalista y normalmente falso. Es pues finalmente, usar el nombre de dios sin verdad alguna.

¿Qué es entonces lo que mueve ideológicamente al gobierno de Sebastián Piñera, a desarrollar políticas asistencialistas y paternales para paliar los efectos sociales de la pandemia? La idea de que se puede ser conservador y a la vez actuar en favor de los más carenciados, sin por ello negar la virtud del actuar individual en la sociedad, es lo que en los EE.UU. se ha denominado “conservadurismo compasivo”, término con que los halcones del “neocon” estadounidense blindaron a George Bush, en la disputa de las primarias republicanas del 2000.

Esta ideología, que entronca perfecto con la historia de la oligarquía social y económica chilena, y que subyace en los gobiernos derechistas de Sudamérica, ha sido definida por el premio nobel de economía Paul Krugman (2007), como un “silbato para perros” hacia los conservadores cristianos, que basan su actuar social en administrar el paternalismo asistencialista del Estado, para mejorar el bienestar de los más carenciados.

En lo profundo de esta creencia está la idea, que con soltura y liviandad subrayó la diputada de la UDI María José Hoffman, cuando plantea que no debe ocurrir que “los pobres se acostumbren a depender del Estado”. Detrás de la acción social compasiva del gobierno, respira con afán la convicción histórica de la derecha chilena, de que el pobre debe ayudarse a sí mismo, que no es la sociedad la culpable de su pobreza, y que por tanto la caridad que se hace en esta acciones, merece asumir que el donante tiene el derecho de investigar, y de alguna forma también, dictar en la vida del receptor de la compasión.

Para la derecha chilena, las acciones de octubre son un desafío a la autoridad del Estado, como si éste fuera algo distinto y aparte de los ciudadanos, como si las leyes no fueran creadas para el amparo de los derechos civiles, sino para proteger los privilegios de una minoría que financia las campañas y administra grandes cuotas de poder político y económico, desde fuera de las instituciones, queriendo confundir el sagrado derecho democrático a la protesta, con una suerte de carnaval de violencia, producto de mentes afiebradas y no representativas.

Los marchas de varios millones en todo el país, quieren mostrárnoslas como violentismo desestabilizador, hablando incluso de terrorismo, ofendiendo de este modo a quienes masiva y pacíficamente se han manifestado. Han mezclado conscientemente hechos violentos y repudiables (que el gobierno debe perseguir y aclarar) con el enfado justo de la mayoría de los chilenos con la marcha del país, protestas que deben ser respetadas y protegidas por el Estado, en la búsqueda de tener una cada vez mejor democracia.

Trabajar por la unidad política y social para cambios estructurales del modelo, es la necesaria salida al conflicto desatado entre los chilenos y sus gobernantes. Pero esta unidad de propósitos no es un producto de fácil construcción, la democracia debe producirse y fortalecerse desde la base y dese las regiones, asumiendo con todos el destino común. La idea de “unidad” vinculada a la idea de “guerra”, discurso que ha elegido el presidente Piñera, considera la crítica como una amenaza y los argumentos de los ciudadanos informados, como un estorbo cuando contradicen la idea preconcebida por el gobernante.

Esto lo hemos observado en las respuestas del ministro de salud a las observaciones de la prensa y a los documentos académicos de variada índole, que pusieron en duda la estrategia del gobierno. Sólo cuando el error y la mentira fueron evidentes, entonces recularon y llamaron a hacer un acuerdo. Pero pedir unidad en esas condiciones es pedir obediencia sobre un discurso vacío.

La enfermedad que obliga a encerrarnos, ha desnudado todas las debilidades de nuestro sistema político, por eso mantenerse en la creencia de que los chilenos más vulnerados pueden hacerse responsables de su propio destino, no sólo es cruel, sino que niega la importancia para el desarrollo del país de una inmensa masa de ciudadanos, que sólo podrán florecer cuando el Estado provea de reales oportunidades a todos los que nacen bajo el sol de Chile.

Hoy, sin embargo, las “ovejas” ha perdido el pudor, la pandemia galopante las ha reunido en torno a una “olla común”, compartiendo el plato tibio, con los que sienten y viven como ellos, guardando su impotencia y su dolor para más adelante; han transmutado su natural temor en coraje, que le permitirá, cuando el actual trote pandémico vaya disminuyendo, enfrentarse a los “lobos”, porque han dejado de ser masa informe, para concebir la idea de un futuro mejor, construido juntando las manos y volviendo a confiar en el prójimo; la historia demuestra, desde Roma hasta nuestros días que cuando eso ha ocurrido, a las ovejas les ha ido bien.

¿Cómo es entonces que salvaremos al Estado de sus actuales manejadores? A comienzos de abril, el premio nobel de economía Joseph E. Stiglitz, en una entrevista al diario madrileño El País, dijo: “Se está demostrando el error fundamental del liberalismo y es que los mercados por sí solos no pueden manejar esta crisis, por eso estamos acudiendo al Gobierno. Los mercados tampoco nos prepararon porque siempre tienen una visión incompleta de los riesgos. En Estados Unidos los hospitales no tenían camas extra y las empresas funcionaban con sistemas de inventario ‘just in time’. Todo bien hasta que tienes un problema. Entonces es un desastre. Es como llevar el coche sin rueda de repuesto. Si pinchas, los costes son enormes”.

Por cierto esta no es una opinión única ni aislada, varios premios nobel y pensadores en el campo de las ciencias sociales, han sido de la opinión de que el Estado vuelva a asumir un rol protagónico en regular los mercados, particularmente con los sistemas de seguridad social, aunque sin que eso implique estatizar la economía. Hoy, después de varias décadas, son muchas las voces que consideran necesario retomar algunos de los postulados de lo que históricamente se llamó el “Estado de Bienestar”. Entre otras cosas, se piensa con razón, que al subvencionar la educación, la salud y fortalecer la garantía de los derechos laborales, las personas actuarán de manera menos egoísta y se reforzará el capital social comunitario, recuperando la confianza social y política.

Por tanto, lo relevante hoy es cambiar la perspectiva de la cultura política en Chile, la que ha sido dominada desde la dictadura hasta hoy, por la idea de que la política es una actividad particular de individuos, que actúan en la vida social a partir de visiones únicas, las que al chocar con otras visiones únicas, provocan un resultado que afecta y condiciona lo común.

Es como si la sociedad fuera el producto de decisiones y acciones dirigidas por una élite consiente, que concibe el mundo como algo dado y no problemático. Esta concepción ve las estructuras sociales como meros agregados de actos individuales, pero no da cuenta del comportamiento de la sociedad como un todo único, con identidad propia, distinta a los individuos que la componen y la sufren o disfrutan.

Finalmente el conflicto que se ha producido entre los chilenos y sus instituciones, se puede observar como el choque de placas tectónicas, primero la placa de la impugnación al modelo de sociedad, que no ha logrado generar desarrollo para una amplia mayoría, versus la placa institucional, que sostiene este modelo, y que ha significado la creación de una verdadera casta de privilegiados, los cuales no conocen ni se vinculan con los vulnerados del modelo. Esta situación ya no es soportable para la mayoría, porque provoca inequidad, injusticia social y separación entre los chilenos.

Las ovejas ya no tienen nada que perder, frente a eso, sólo queda conocer cuanto va a costar acceder y aceptar las demandas de la ciudadanía, o en caso contrario, como parece querer el gobierno, se va a deslegitimar las razones de la protesta y se va a criminalizar a quienes salgan a pedir justicia social. Hay que estar en el lado correcto, y éste no es otro que unirse a las demandas ciudadanas por un cambio al modelo de desarrollo.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Coronavirus, COVID19, Eduardo Reyes, lobos, ovejas

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