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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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David Pellizzari Ossa

¡No basta!

julio 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Tanto en las redes sociales, como en los medios de comunicación es común hoy el uso del llamado lenguaje inclusivo… todos y todas, todes, amigues, y otras palabras y expresiones “neutras” están siendo adoptadas por gran cantidad de personas como el lenguaje normal. En ese mismo sentido, el discurso políticamente correcto incluye términos como “perspectiva de género”, paridad, discriminación positiva y una, en el papel, potente batería de conceptos e ideas tendientes a generar mayor igualdad entre hombres y mujeres, pero, no basta, si solo se trata de la adopción vacía de un lenguaje por la mera conveniencia… no basta.

Si bien es cierto, el lenguaje construye realidad, y, por tanto, es un aporte el uso de uno inclusivo, la simple repetición de formulas verbales “adecuadas”, “políticamente correctas” o como parte de un diseño comunicacional intencionado e interesado, pero carente de contenido real y un correlato en los hechos, no pasa de ser una pobre representación puede terminar por vaciar de contenido y matar la magia de las palabras.

Vivimos los estertores de un modelo patriarcal agonizante, sin embargo, la resistencia cultural al cambio sigue estando profundamente arraigada en un porcentaje no menor de nuestra población, y desde luego, en la clase dirigente (compuesta mayoritariamente por hombres como el buen lector ya adivinó). En ese contexto, asistimos, con estupor, a un triste baile de mascaras, en que prácticamente todos los dirigentes políticos de nuestro país confluyen en un discurso pródigo en modernidad e inclusión, pero sus actuaciones delatan sus verdaderas convicciones, su atávico temor a la creciente influencia femenina en las esferas de decisión, su machismo antes evidente y hoy solapado, e, incluso, su misoginia. Partidos políticos que se declaran “feministas” y lo gritan a los cuatro vientos, pero que en sus estatutos y estructuras internas, discrimina brutalmente la participación de la mujer en sus cuadros dirigenciales y un Estado que se vanagloria de tener un ministerio dedicado al tema, pero que, en la práctica, no pasa de ser una repartición pública sin mayor peso en las grandes decisiones gubernamentales, son ejemplos evidentes de esta tendencia.

No basta con una justicia que corrige a último minuto un ultraje como permitir que un violador en serie de mujeres enfrente un juicio con arresto domiciliario, no basta ministras de la mujer con una visión del mundo y el feminismo propias del siglo pasado, no basta con los PMG de género en la administración pública, que los diversos ministerios cumplen solo para obtener un bono, no basta con una Ley de cuotas en el congreso y nada en las municipales, no basta con paridad solo en la Convención Constituyente.

No basta con acuerdos incompletos a última hora para permitir a las mujeres quedarse con sus hijos pequeños durante una pandemia feroz, a los que se llega no por convicción sino por conveniencia, porque la indolencia inicial es la genuina visión de una clase política empantanada en dogmas ideológicos que se “venden” renovados y modernos, pero que no pasan de ser caras amables y jóvenes atrapadas en recetas anacrónicas y prejuicios culturales internalizados como un cruel orden natural.

Simplemente, no basta

Construir una sociedad igualitaria no es una moda pasajera o una estrategia política rentable, es un imperativo ético ineludible y una reparación de justicia elemental, y, por tanto, requiere generar un profundo cambio cultural, un proceso de concienciación que vaya mas allá de las declaraciones y la retórica vacía, y que se traduzca en una verdadera toma de conciencia, un convencimiento individual y colectivo de la necesidad de concretar el sueño de una sociedad sin la sombra opresiva del patriarcado reinante hasta hoy, y eso, se demuestra, no se declara.

En este sentido, lo esperable sería que los Partidos Políticos, nuestros representantes y nuestro gobierno, tomaran decisiones que afecten el corazón del equilibrio de poder en nuestra sociedad, como paridad real en los órganos internos de los Partidos, en los Directorios de las empresas Públicas y Privadas, igualdad salarial y en todas las prestaciones previsionales, profundas reformas que permitan la real inserción de la mujer en el trabajo, sin que la maternidad sea considerada un “costo” que solo la ellas deban “pagar”, y finalmente, un real compromiso con la igualdad de género debiera implicar el construir un nuevo pacto político, económico y social cuya alma sea la restauración del verdadero orden natural… uno dual y equilibrado, ni patriarcal ni matriarcal, sino genuinamente igualitario, y eso, requiere un cambio radical en nuestra política y sociedad.

Chile necesita paridad real en las próximas elecciones municipales, regionales y parlamentarias, Chile necesita paridad real en el próximo y sucesivos gabinetes, Chile necesita mas mujeres tomando decisiones, Chile necesita una Constitución que consagre la igualdad de género de un modo nítido y definitivo, Chile necesita mas de su clase política, porque lo que ha hecho hasta ahora, aunque represente un avance significativo… no basta.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa

De un Chile que atiende, a uno que defiende

julio 24, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Los bancos, las compañías de seguros, las multitiendas y las empresas privadas en general tienen mesones de “atención” al cliente, y, en Chile, el Estado también.

ChileAtiende es un programa gubernamental que busca centralizar la información sobre beneficios y otros programas estatales para la ciudadanía, en el papel, muy buena idea, sin embargo, su nombre, no es solo una mala elección de palabras que hoy suenan “poco adecuadas”, refleja una concepción social y del rol del Estado anacrónica, indolente y fracasada.

Una interpretación neoliberal y dogmática del Principio de Subsidiaridad contenido en la Constitución vigente, así como, el reinado de la falacia de la especialización, han hecho de nuestro Estado un triste remedo de sí mismo.

Compartimentado en estancos de intervención que no “conversan” entre sí, celosos de la información que obtienen de la ciudadanía lo que redunda en ineficiencia y absurdos trámites que cada chileno ha debido enfrentar como un calvario en que recorre diversas oficinas publicas que le exigen datos y certificados que paradójicamente el propio Estado debe entregar, sin una mirada integral de las políticas publicas y su efecto en la comunidad, su especialización y división extrema ha fallado rotundamente.

Espectador privilegiado del quehacer social y económico nuestro Estado descansa en la “autorregulación” y el supuesto funcionamiento del mercado, la competencia y sus instituciones, como defensa natural contra los abusos, sin embargo, esta quimera idealizada ha fracasado por completo, tenemos superintendencias cuyo “cliente” son las empresas teóricamente reguladas y no los ciudadanos que deben ser protegidos, una ambigua y limitada Ley de Derechos del Consumidor, en perfecta armonía con un SERNAC “desdentado” e impotente. En cada repartición Estatal que observemos con detenimiento, sus falencias, en cuanto a regulación y fiscalización, son tan evidentes que no pueden ser entendidas como una casualidad, sino como el resultado de un diseño preciso, una verdadera deconstrucción del concepto y función del Estado.

El dogma neoliberal es tan omnipresente en este diseño que no sorprende que haya permeado a la administración pública en su conjunto, no solo en su estructura, sino en su cultura organizacional y funcional también, lo que explica las décadas de una brutal dictadura de la DIPRES (Dirección de Presupuesto), que tiene la última palabra en todo proyecto gubernamental, sometiendo a los programas e iniciativas a cuestionables criterios economicistas, que buscan mantener a cualquier costo los sacrosantos equilibrios macroeconómicos, dejando en un muy lejano segundo plano las necesidades y Derechos de la ciudadanía.

En este modelo, que el Estado “atienda” a sus ciudadanos es perfectamente coherente, o, al menos lo era.

Así, a partir de la llamada revolución de la dignidad, muchos han despertado a la realidad, y, la normalidad que vivían antes del estallido social, ya no parece tan normal…

Los chilenos no necesitan un Estado que los “atienda”, sino mas bien, uno que asuma un rol de garante de sus Derechos, uno que en sus decisiones tenga en vista, en un muy claro primer lugar, a la persona humana, su dignidad, Derechos y necesidades, un Estado que entienda a la economía como un instrumento al servicio de sus funciones y responsabilidades, y no como una suerte de religión fundamentalista e incuestionable, necesitan un Estado que redefina su presupuesto y la forma de invertir sus recursos, donde los números adquieran sentido a la luz de los objetivos… y no al revés, necesitan los chilenos un nuevo pacto social, político y económico que dé cuenta de este nuevo estado de conciencia social y colectiva.

En concreto, y sin menospreciar la utilidad de una herramienta estatal que concentre la información para la población, Chile necesita un “ChileDefiende”, que más allá de slgans o frases hechas, que cambie el rostro de nuestro Estado, desde la ausente figura paterna irresponsable que abandona a sus hijos a su suerte, como buen corolario del modelo patriarcal que nos rige opresivo, a una cercana y diligente, que le devuelva la confianza de la ciudadanía.

Como programa podría estar construido a partir de las, hoy limitadas, Corporaciones de Asistencia Judicial, y todos los programas y Servicios públicos teóricamente orientados a la defensa de los Derechos de las personas en sus distintas dimensiones, que hoy hacen intervenciones parciales, descoordinadas y hasta superpuestas, para que, con una mirada integral, apoyen a los ciudadanos, los respalden y defiendan en sus Derechos contra quien intente abusar de ellos. //ELF

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Los peligros de un Estado ausente

julio 20, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

¿Dónde está el Estado? La pregunta parece algo absurda, pero cuando miles de chilenos se sienten desamparados ante una pandemia implacable, la falta o ausencia del Estado se hace tan evidente como apremiante. Sin embargo, incluso sin pandemia o estallido social, el Estado chileno simplemente no existe para miles de compatriotas que terminan buscando en la solidaridad, la caridad, la organización social, pero también en el narcotráfico y la delincuencia, un sentido de pertenencia y protección.

¿Dónde estaba el Estado cuando se planificaron ciudades segregadas y desiguales?, ¿Dónde estaba el Estado cuando los chilenos se sentían estafados y abusados en casi cada área de la economía y la vida en sociedad?…¿Dónde?

En salud, quizás una de las mas sensibles áreas para la población, la incapacidad del Estado para responder a los requerimientos mínimos de los chilenos es dolorosamente patente en estos tiempos de calamidad sanitaria, y, es también, la oportunidad para el heroísmo de funcionarios y profesionales de la salud que hacen mucho mas de lo humanamente exigible, es la oportunidad de la solidaridad de un pueblo acostumbrado a hacer frente a la adversidad apoyándose mutuamente, pero, también es la zona gris en que se mueven quienes buscan sacar provecho personal de las carencias de los demás.

No faltan, ni faltaran, quienes ante la impotencia del Estado construyan una imagen de solidaridad como estrategia política, o peor, quienes se aprovechen de los mas necesitados para su provecho material.

La carencia de un Estado presente en la vida de los chilenos hace aparecer “viejos pascueros” de barrio, cumplidores de sueños infantiles, “doctores del pueblo” y un sin fin de figuras “alternativas” que buscan suplir precisamente esas falencias. A priori, no parece negativo, sin embargo, aunque se trate de iniciativas bien intencionadas, todo este sucedáneo de tejido social termina por empobrecer la organización real y subvencionar al verdadero responsable de satisfacer las necesidades de la población, o, al menos, generar las condiciones para ello: El Estado.

Cuando vemos en televisión a un médico, autodenominado “doctor del pueblo”, realizar atenciones aparentemente gratuitas, la nota periodística nos lo presenta como un desinteresado ejercicio de la profesión basado en la vocación, sin embargo, durante el “publireportaje” se distingue en la “clínica móvil” que el galeno promociona (un microbús acondicionado al efecto), una foto del profesional y su nombre con una tipografía propia de una campaña política, y descubrimos, desencantados, que se trata de un concejal de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, y, entonces, su actividad, y particularmente la publicidad de ésta, deja de parecer tan desinteresada.

El mismo personaje aparece luego, en otro reportaje televisivo, emitiendo órdenes para atenciones kinesiológicas, con profesionales que el propio concejal lleva a un centro comunitario al efecto, las que luego de atender efectivamente gratis a los vecinos, con sus datos compran centenares de bonos de atención en FONASA, en circunstancias que las atenciones no superan la decena, realizando así, a la luz del informe de la televisora estatal, y los testimonios de los afectados, un fraude por varios millones de pesos, lo que está siendo investigado por el Fondo Nacional de Salud.

En resumen, una carencia social y sanitaria de un Estado indolente y burocrático, termina siendo un peligroso vacío legal y ético que puede perjudicar doblemente a una ciudadanía ávida de soluciones y atención digna.

¿Es ético que un médico use su profesión y la necesidad de las personas como plataforma política?, ¿Es recomendable que la salud de las personas dependa de la caridad de personas bien o mal intencionadas?

El Estado deconstruído que nos legó la dictadura cívico militar parece ser solo una cáscara de autoridad y funcionalidad, en cada área que sea observada con detenimiento nos encontramos con falencias caricaturescas, fiscalizadores sin atribuciones o recursos para su labor, regulación de mercados centradas en que las empresas que prestan servicios tengan menos trabas, pero no en los ciudadanos que son abusados por éstas, y un larguísimo y patético etc. //ELF

 

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¡Vivan los traidores… de dogmas!

julio 14, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

En un ambiente polarizado, donde abundan las “funas”, donde la descalificación es la forma habitual de comunicación y expresión política, donde las, mal llamadas, redes sociales son la nueva trinchera de los ideologismos, los últimos acontecimientos políticos obligan a celebrar a quienes los extremos vociferantes tildan, con desdén, de traidores.

Mientras una parte de la derecha en el poder se encuentra atrapada en una ciénaga de dogmatismo económico y su credo neoliberal, parte importante de la izquierda cree vivir en una especie de universo paralelo en el que son los titulares indiscutidos de la representación del pueblo, y su status moral les permite juzgar a todos y revisar la historia a su antojo.

La estructura actual de partidos en Chile es el resultado, entre otras causas, de un accidente histórico, vivimos la herencia política de la guerra fría y la dictadura cívico militar y sus enclaves autoritarios que extienden su legado e influencia hasta nuestros días. La suerte de bipartidismo “a la chilena” iniciado en los 70` y consagrado en la Constitución del 80 y su sistema electoral binominal, nos persigue hoy como un fantasma que amenaza con encadenarnos a un mundo binario, de enemigos, buenos y malos, y donde el totalitarismo no permite los disensos civilizados, donde las fronteras ideológicas son infranqueables, y dónde siquiera sentarse a conversar con el “enemigo” puede constituir alta traición.

Urgen los partidos y los políticos capaces de desafiar a los extremos y que sean capaces de articular ideas y acuerdos más allá de los dogmatismos, en este contexto bien vale la pena analizar la actuación de algunos sectores políticos que han sido elevados a la categoría de traidores por los extremos.

Renovación Nacional, o al menos una parte de ese partido, a partir del estallido social, ha ido adoptando una posición abierta a introducir cambios cada vez más sustanciales a las bases del modelo neoliberal, lo que le ha valido enfrentar una crisis interna y graves conflictos con el Gobierno y sus socios de coalición. Puede argüirse que el oportunismo político, o un atisbo de populismo explicaría este accionar, más que una convicción profunda, sin embargo, no cabe duda que ha llegado suficientemente lejos, casi se diría que, a un punto sin retorno y, por tanto, su voluntad de cambio, al menos en parte, podría ser genuina.

Pero, el comportamiento político de RN no puede explicarse por sí solo, debemos, en mi opinión, analizarlo en conjunto con el de los otros traidores: La Democracia Cristiana (DC). La tienda presidida por Fuad Chahín ha desarrollado una estrategia de posicionamiento y redefinición de su identidad que ha sido duramente criticada tanto desde la propia DC, como desde sus ex(?) socios y el Frente Amplio. La Falange ha sido por décadas el ejemplo máximo de los “traidores”, acusada desde la Derecha y la Izquierda de “amarillos” y cambiantes, y en el realismo mágico de nuestro Chile, ha sido vista con desconfianza por los que viven en una eterna y absurda guerra fría, sin embargo, su actitud en el congreso y para con el gobierno en general, ha sido clave para viabilizar proyectos importantes para el país, y, muy especialmente, para ese etéreo y cuasi surrealista segmento social denominado “clase media”.

El “giro a la Derecha” como ha sido caricaturizado este ánimo de colaboración ha permitido un dialogo a través de las fronteras, y, sin la DC como interlocutor, RN no habría tenido margen de acción y su apertura al dialogo y los cambios, habrían sido casi imposibles de concretar con una izquierda sobreideologizada y desconfiada, y, por tanto, más que la DC haber girado a la derecha, el resultado de la estrategia de Chahín y su directiva parece haber “arrastrado” a RN hacia el centro.

En buena parte del mundo civilizado los partidos que, sin complejos, asumen una posición de articuladores o bisagras del sistema político, son valorados por la ciudadanía por su aporte a la estabilidad política y porque destraban los frecuentemente improductivos diálogos de sordos de los extremos, sin embargo, en Chile, curiosamente son mal vistos, simplemente porque las ideologías son cuasi credos religiosos.

El fenómeno iniciado por la DC, al hacer política y no temer llegar a acuerdos, ha abierto una puerta interesante de renovación de nuestro sistema político, y, podría, con el tiempo, ser el germen de una coalición de centro que podría, incluso, resucitar los olvidados tres tercios del siglo pasado.

La aprobación de la reforma constitucional que permite el retiro anticipado de un 10% de los ahorros previsonales resulta el ejemplo paradigmático de este proceso en el que parte de la derecha chilena, algunos pensando en su próxima reelección, pero muchos pensando en los chilenos, está despertando de su alienación en la secta religiosa neoliberal en la que han permanecido por décadas, y quizás, de la mano de la DC, sean capaces de construir una alternativa a los extremos.

Así que, exclamamos sin temor:
¡Vivan los que traicionan los dogmas!
¡Vivan los que traicionan un modelo agonizante y a un gobierno indolente!
¡Vivan los que traicionan las verdades reveladas y los autoerigidos púlpitos de superioridad moral!
¡Vivan los traidores que hacen política!//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa, Derecha, dogmatismos, ideologismo, izquierda, retiro de fondos, traición

Réquiem en verde o la muerte de una institución

julio 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Fueron miles los hombres y mujeres que sirvieron con valor, dedicación y corrección en sus filas, que materializaron los principios en que se basa toda institución policial. Algunos incluso llegaron a entregar su vida con genuino heroísmo, y, en este réquiem, debemos reconocer su entrega, procurando que su recuerdo sea lo que atesoremos hacia el futuro, cuando recordemos a la institución que hoy despedimos, que ha muerto… Carabineros de Chile.

Su activa participación en las deleznables violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura cívico militar, su evidente ineficacia en el control de la delincuencia común y el narcotráfico, su actuación desproporcionada y errática durante las movilizaciones posteriores al 18-10 y, en general en cualquier manifestación masiva, así como el triste historial de irregularidades y cuantiosos desfalcos, fueron minando su credibilidad y legitimidad en la ciudadanía, fueron matando el alma de una institución teóricamente concebida para servir a la comunidad; sin embargo, aunque graves, no son la causa de muerte de la institución, sino, más bien, síntomas de una enfermedad congénita, que la aquejó toda su existencia, pero que en los últimos años se hizo cada vez más visible y gravosa: su carácter militarizado.

“Carabineros de Chile es una institución policial técnica y de carácter militar”, así comienza el artículo 1 de su Ley Orgánica Constitucional; ese carácter militar grabado a fuego desde su definición más básica fue el cáncer que terminó por matarla.

La definición citada no solo está escrita en una Ley que pocos conocen, determinó la naturaleza misma de la institución, su misión, atribuciones y tristemente, el modo en que se relacionó con la comunidad. La naturaleza castrense de Carabineros significó su aislamiento del resto de la sociedad, con una justicia diferenciada, con un sistema de salud separado del resto de los chilenos y hasta con pensiones que se sujetan a reglas distintas y que no responden, necesariamente, a la naturaleza de sus funciones, sino más bien, a una concepción decimonónica de la “carrera militar”.

La policía militarizada tuvo una concepción vertical no solo del mando en su interior, sino en el ejercicio de la autoridad respecto de los civiles, profundamente machista, burocrática, racista y clasista, a pesar de estar compuesta, en su mayoría, por chilenos provenientes de los estratos sociales menos favorecidos, terminó siendo percibida como una especie de guardia pretoriana de los poderosos, y no como un aliado de los desposeídos; los que más necesitaban de su protección.

La lógica militar de buscar “enemigos” y  “escenarios de conflicto”, se fue haciendo cada día mas evidente en su actuar, la represión, los abusos, las torturas y la violencia desproporcionada, se explican así de un modo estructural, y no se subsana con una distinta formación o mejores protocolos; está determinada por la naturaleza de la institución.

Carabineros se fue encerrando en sí mismo, sus procedimientos empezaron a ser más importantes que su función, y, en ese proceso, se fue divorciando crecientemente de su necesaria relación con la comunidad; éste fenómeno es relativamente normal en las organizaciones que tienen reglas distintas del resto de la sociedad en que funcionan, y tampoco es privativo de las uniformadas, también están en crisis las instituciones religiosas y las políticas, ambas constituidas en verdaderas castas encerradas en burbujas, que las mantienen separadas de las personas que dicen representar.

La Ley y la forma en que se concibió fueron construyendo una policía uniformada que, con el paso del tiempo, fue acrecentando su desconexión con la realidad del país y terminó siendo profundamente ineficiente en el cumplimiento de las tareas esenciales, y, por tanto, requerimos replantearnos la función permanente del Estado que pretendía cumplir la institución que hoy despedimos, así como la necesidad de la existencia de dos policías distintas con una superposición de funciones difícil de comprender.

En Estados Unidos, a raíz del estallido social desencadenado por un nuevo hecho de violencia racial con la policía como protagonista, hemos escuchado con envidia que se estudiará, no una reforma a las policías, no una modernización de sus protocolos, no, lo que se ha anunciado es una redefinición de la función policial.

En Chile, después del debido luto, corresponde construir un modelo de función policial acorde a las necesidades de nuestra sociedad actual, y diseñar instituciones adecuadas para su cumplimiento, que, uniformadas o no, deben tener un carácter civil y absolutamente inmerso en los territorios y empapadas de cada realidad particular. Nuestro país requiere una policía organizada bajo un modelo comunitario, en estrecha relación con la comunidad en que se inserta, distribuida en pequeñas unidades policiales en las que se presten además otros servicios públicos y sociales, sin distancias ni barreras insalvables que solo son mascaras de “autoridad”. Necesitamos y merecemos una policía moderna y funcional, con otro nombre y otra “alma”, más allá de la nostalgia de instituciones anacrónicas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Abogado, camarada DC, Carabineros de Chile, columna, Columnista, Coronavirus, David Pellizzari Ossa, Escritor, institución

¿De quién es el agua de Maipú?

julio 2, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Hace solo unos días, muchos se alegraron al leer o escuchar que SMAPA, la empresa sanitaria que provee de agua potable a la comuna de Maipú y otras cercanas, anunciaba que se congelarían sus tarifas por cinco años.

Si bien resulta difícil estar en contra de una medida que, al menos en teoría, beneficia directamente a miles de vecinos, no podemos evitar preguntarnos cuáles serán las consecuencias a mediano y largo plazo de esta decisión, y a quién beneficiará y afectará en definitiva.

SMAPA es una empresa municipal, y mas allá de sus orígenes y particularidades legales, en términos prácticos, es de los vecinos de Maipú, o al menos así debiera ser.

Entonces, ¿quién pierde si esa empresa resulta ser inviable en su actual estructura o condición legal?

El año 2019 la Contraloría General de la República emitió un lapidario informe acerca de la administración financiera de SMAPA que terminó incluso con una denuncia al Ministerio Público que aún no arroja resultados definitivos. El mismo año recién pasado fueron múltiples los problemas de gestión de la empresa que afectaron incluso la atención de sus clientes, y en ese contexto, no fueron pocas las voces que hablaron de una venta o eventual privatización de la sanitaria municipal.

SMAPA no ha realizado las inversiones necesarias para garantizar su operación eficiente en los próximos años, su facturación y el cobro de las cuentas tiene un desorden administrativo que escapa de lo que se pudiera calificar de negligencia y mas parece producto de una decisión consciente, sus funcionarios no tienen las condiciones mínimas para desarrollar adecuadamente su labor, y sus clientes están empezando a notar estos problemas a diario.

Resulta, por decirlo menos curioso, que con esos antecedentes, se considere apropiado o prudente que las tarifas se congelen por un periodo no menor de tiempo, y, por tanto, cabe preguntarse, con qué recursos se harán las inversiones largamente postergadas o cómo se cubrirán los déficit financieros por el desorden en la facturación y cobranza. A menos claro, que la idea sea precisamente que la empresa toque fondo y llegue a un estado tal en que sea inviable mantenerla en su condición de municipal, y surja como gran solución: su venta.

¿Es posible que una empresa pública sea deficitaria?

la respuesta es claramente afirmativa, en todo el mundo podemos encontrar servicios públicos que operan con pérdidas, transporte público y sanitarias suelen ser los ejemplos paradigmáticos, pero en la mayoría de esos ejemplos existe una decisión política, una definición de Estado, que implica asumir que, en aras de brindar un servicio de calidad y de carácter universal a los ciudadanos, bien vale la pena mantener una empresa de carácter público aunque no sea capaz siquiera de cubrir sus costos de operación.

Pero, en nuestro país no existe ese modelo de Estado, ni política ni institucionalmente es posible sostener esa estrategia, por lo que una empresa pública que no sea económicamente viable, tiene un futuro muy claro; la privatización y la pregunta es ¿quieren los vecinos de Maipú y las otras comunas abastecidas por SMAPA que ésta sea privada?

*Esta columna apreció en LaVozdeMaipú.cl y En La Fontana la republicamos con autorización del autor. 

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: aguas, columna, Columnas, Columnista, David Pellizzari Ossa, Maipú, SMAPA

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