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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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David Pellizzari Ossa

Sondeo constituyente En La Fontana: Tres ciudadanos opinan sobre cómo anhelan una nueva constitución para Chile

septiembre 21, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

En La Fontana realizamos un sondeo ciudadano a dirigentes políticos, ciudadanos, militantes de partidos, sociólogos, abogados, entre otros. Nos dirigimos a ellos, como medio de comunicación online, para conocer sus anhelos y expectativas respecto de lo que será la Nueva Constitución para Chile.

⛔En ese marco, realizamos un sondeo de tres preguntas- a modo encuesta- para saber la opinión de la ciudadanía respecto del plebiscito del 25 de octubre. Solo indicamos por su nombre a los consultados, sin mencionar cargo ni partido.

Por todo lo anterior, agradecemos En La Fontana la participación y opinión de cada uno de los lectores y seguidores de nuestro portal web, en este cuestionario de cara a lo que será un momento histórico en Chile.

⭕❔Estas son las preguntas que realizamos:

1. ¿Cuáles son los 3 temas más relevantes que deberían estar en la Nueva Constitución?

-Alexandra Núñez:

«Derechos Humanos, derechos básicos y medio ambiente».

-Gerardo Muñoz:

«Me gustaría que la nueva constitución reconozca y proteja de manera efectiva los derechos sociales, especialmente, en lo referente a salud y seguridad social. Además, me gustaría un mejor resguardo del proceso de descentralización del país estableciendo el principio de la equidad en la inversión territorial. Por último, valoraría la incorporación de una figura de primer ministro para separar las funciones de jefe de Estado y jefe de gobierno».

-David Pellizzari:

«Un nuevo sistema de gobierno, acorde con una concepción moderna de la democracia representativa, y que deje atrás la monarquía electa establecida por la constitución del 80`. Mi propuesta es transitar a un sistema parlamentario, con elementos de democracia directa, como la iniciativa popular de Ley y referendum revocatorio para los parlamentarios y otras autoridades. Este nuevo trato político debe contener una mirada profundamente feminista que cambie para siempre la llamada “distribución” del poder y la descentralización, lo que debe redundar en una democracia mas inclusiva y respetuosa, así como una redifinición del rol y atribuciones de los gobiernos locales, una nueva organización territorial con verdadera descentralización que haga que las decisiones se tomen lo mas cerca de los ciudadanos posible».

2. ¿Cuál es el rol que debería jugar el Estado chileno, en estos tres temas señalados?

-Alexandra Ñúñez:

«El rol del estado debe garantizar, asegurar y proveer los mecanismos necesarios para que todos los habitantes tengan acceso en igualdad de condiciones a igual trato por la justicia y por todas la institucionalidad y a la solución de las condiciones de salud educación, medioambientales, vivienda y seguridad que permitan un desarrollo pleno y una vida sustentable sin exclusiones».

-Gerardo Muñoz:

«El Estado debe ser garante de los derechos sociales y promotor activo de la descentralización, traspasando atribuciones desde el nivel central al nivel regional y finalmente el Estado debe promover un proceso de profundización de la democracia y del propio Estado».

-David Pellizzari:

«La nueva Carta Fundamental debe cambiar completamente el enfoque en materia medioambiental y sentar las bases para un modelo biocéntrico, que proteja nuestro entorno no solo como un recurso a disposición del ser humano, sino que le reconozca valor en sí mismo».

3. ¿Cuáles son los 3 temas que rescataría de la Constitución del 80′ y de qué manera se deberían incluir?

-Alexandra Núñez:

«Derecho a la propiedad privada y reconocimiento del mercado como un eficiente asignador de recursos en los mercados suntuarios».

-Gerardo Muñoz:

«La Constitución del 80` tiene un buen tratamiento de los Derechos Humanos y consagra un recurso específico para garantizar algunos de ellos. Esto debe permanecer y amplíe el alcance del recurso de protección. También la Constitución actual establece una adecuada separación de los poderes del estado y eso debe permanecer en él tiempo. Finalmente , la Constitución consagra bases de la institucionalidad que, en general, deben permanecer en cuanto recogen la tradición de una sociedad que valora profundamente la democracia como sistema de gobierno».

-David Pellizzari:

«De la actual Constitución rescataría: 1) Las acciones o recursos constitucionales y la lógica de que la Constitución puede ser invocada directamente ante los tribunales. Me parecen un aporte a nuestra sociedad valorable, que con ajustes, puede sobrevivir en la nueva Carta Fundamental.

2) La autonomía del Banco central y otros organismos del Estado que resulta aconsejable que mantengan esa característica, si bien no es necesario que sean completamente regulados en la Constitución misma, ésta si debe resguardar esa independencia.

3) El aporte del actual artículo 19 en materia de definición de los Derechos fundamentales me parece rescatable, aunque por cierto requiere un cambio de enfoque desde la actual preeminencia exagerada del Derecho de Propiedad, el articulado actual representa un avance que no debe ser descartado sin una acertada valoración». //ELF

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Carta fundamental, carta magna, David Pellizzari Ossa, Encuesta, Nueva Constitución, Plebiscito constituyente, Sondeo

Medio ambiente desprotegido: Arrogancia de especie

septiembre 11, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Nuestro Estado, nuestra Constitución, nuestra legislación en general, no protegen el medio ambiente, no protegen nuestro entorno, ni la naturaleza, no le asignan valor en si mismo suficiente para ser considerado un sujeto de protección legal o Constitucional, este es el resultado de un proceso de mercantilización de nuestro Derecho y de la Política medioambiental, para ser justos, no solo en nuestro país, pero, siendo Chile la Corea del Norte del neoliberalismo, este fenómeno es particularmente grave en nuestro caso.

Vivimos en una versión surrealista de nuestro mundo, una en que la economía es una religión incuestionable y determina prácticamente toda la vida de los seres humanos, y, aunque suene increíble, la del medio ambiente también.

Los Derechos de los Trabajadores son “costos”, y los trabajadores son un “mercado”, nuestro Estado usa el concepto de rentabilidad para todo, incluso para los proyectos sociales, y, por tanto, en este contexto, no resulta extraño que, ya desde la conceptualización, el medio ambiente sea una rama mas de la economía de nuestro país, y así puede entenderse que, la naturaleza, nuestro entorno, al medio en el que vivimos, se le asigne valor, solo en tanto se trate de un “recurso” del que el hombre pueda disponer, el solo concepto delata nuestra mirada arrogante y antropocentrica de la materia, en que nuestro entorno está a nuestra disposición, y no tiene valor, sino solo en consideración a su utilidad para la humanidad, los “recursos naturales” son regulados en cuanto a su “explotación” no porque se valoren, sino para asegurar su disponibilidad hacia el futuro, se establecen sanciones para quien contamine, no porque afecte la biodiversidad o la naturaleza, sino porque pone en riesgo la salud de las personas, de hecho, se establecen rangos de tolerancia, que permiten la contaminación hasta un punto en que no afecten significativamente al ser humano, sin importar el daño que experimentan los demás seres vivos del planeta. Se consagran conceptos como bonos de carbono “transables”, como si fueran títulos bursátiles con los que algún inversionista pudiera especular y, en general, un sistema legal basado en multas a beneficio fiscal, lo que, en términos simples, significa, que el que tiene dinero puede contaminar…

Pero, si no protege el medio ambiente, ¿Qué protege nuestra legislación ambiental?

Nuestra feble institucionalidad ambiental, además de insuficiente, tiene su foco desproporcionadamente centrado en la protección del desarrollo económico, y, en segundo plano, la salud de las personas. Para todo el entramado legal y burocrático en la materia, el “cliente” mas importante es la empresa… su desarrollo “sustentable”, el fomento de la producción con “responsabilidad” ambiental, y, en general, el desarrollo del país, medido este ultimo con indicadores económicos por su puesto. No hay una protección al valor de la naturaleza en sí misma, y ningún instrumento legal o administrativo que la proteja.

En el momento histórico que vivimos, en el que, por vez primera, existe un camino institucional que puede desembocar en una Constitución generada democráticamente, resulta oportuno plantearse una reflexión profunda sobre el modo en que entendemos nuestra relación con nuestro entorno, con nuestro planeta y su biodiversidad, y el modo en que esa nueva relación, ese nuevo trato se debe expresar en una nueva Carta Fundamental.

Resulta imperioso plantearse la opción de abandonar el antropocentrismo trasnochado y transitar a un modelo mas cercano al biocentrismo, que privilegie el equilibrio de las especies y nuestro entorno, tal como la naturaleza lleva siglos tratando de enseñarnos.

El ser humano es apenas un parpadeo en la larga historia de nuestro planeta, otras especies dominaron el planeta por millones de años antes de perecer, extinguirse o verse forzados a evolucionar antes que el hombre siquiera fuera capaz de razonar y destacarse de entre los demás animales del planeta, y por tanto, su soberbia y miopía histórica es francamente incomprensible, pero, tenemos la oportunidad de dar un salto cualitativo inconmensurable hacia una nueva era, depende de nuestra generación superar nuestra arrogancia como especie.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, David Pellizzari Ossa

Los invisibles

septiembre 1, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Están entre nosotros, son nuestros hijos atrapados en una adicción, son nuestros padres afectados de demencia, son nuestros parientes, vecinos o incluso nosotros mismos que vivimos una enfermedad mental, pero en silencio, abandonados por el Estado, invisibilizados por una sociedad que prefiere no ver… y, pese a que esto, ya es suficientemente violento: hay violencia directa, discriminación, desprecio, indolencia para con su sufrimiento y el de su familia.

Año a año (a excepción de aquellos con elecciones, o estallidos sociales), el país asiste emocionado a una especie de espectáculo de caridad, una, a estas alturas, tradición que permite que sigamos autocalificándonos de los “campeones de la solidaridad” y otras loas completamente desproporcionadas, pero que se afirman en eventos como la Teletón. Sin embargo, esto ha contribuido a invisibilizar, por décadas, a otras discapacidades que no sean la física, en especial la mental.

El espectáculo televisivo y la organización benéfica privada que nació a su alero, son un ejemplo paradigmático de como entiende la “solidaridad” la sociedad neoliberal que hemos construido: dando una dádiva, entregando dinero, la misma Teletón lo mostró hace algunos años con el testimonio de un joven con dificultad de desplazamiento que pedía ayuda para cruzar la Alameda frente al paseo Ahumada en Santiago, pero la gente solo le ofrecía dinero…

Nadie puede desconocer que, para las personas con discapacidad y sus familias, que han sido beneficiadas por la Teletón, esta institución ha representado un apoyo invaluable, que ha hecho la diferencia entre la vida y la muerte o la posibilidad de desarrollar sus capacidades o no, y, por tanto, no se trata de enjuiciar su labor, sino solo el efecto colateral no deseado, de poner el foco de la atención pública en una discapacidad en particular, y los métodos para enfrentar las dificultades que acarrea.

La imagen de la discapacidad en Chile es la de un niño en silla de ruedas, no importa que la preeminencia de la discapacidad sea mayoritariamente de adultos en Chile, y por el proceso de envejecimiento de nuestra población sea cada día mas marcada esa tendencia estadística, no importa que haya otras discapacidades, personas sordas, ciegas, y muy especialmente, personas con discapacidad mental. No importa, porque las personas parecen querer mantenerse ignorantes de una realidad escandalosa; y no importa, porque el Estado es el principal interesado en mantener esta imagen que fomente la caridad, para no hacer evidente su abandono total de esta dolorosa realidad, y en particular, de la salud mental de los chilenos.

Además de algún pseudo reportaje en televisión de vez en cuando, o algún mensaje desesperado de los profesionales del área que se cuela en algún medio de comunicación, nadie en Chile habla de salud mental y la profunda crisis humanitaria en que está sumida en nuestro país. Desde luego las políticas públicas en materia de discapacidad, pese a los avances, siguen centradas en un modelo asistencialista ocupado de entregar ayudas técnicas (sillas de ruedas, audífonos, y un largo y muy necesario etcétera) y no de generar el imprescindible cambio cultural que permita la construcción de una sociedad verdaderamente inclusiva y, además, en esa política la discapacidad mental es casi inadvertida.

Los Derechos Humanos de las personas que tienen una discapacidad mental, sea esta cognitiva o psíquica, son vulnerados a diario en Chile y a nadie parece importarle demasiado. El Estado, con su ausencia e incapacidad, permite que personas sean mantenidas en sus hogares en condiciones casi infrahumanas, no necesariamente por la crueldad de quienes las mantienen, sino por su imposibilidad material de entregarles mejores condiciones de vida considerando su condición, la inacción estatal trunca las capacidades de miles de chilenos que no están debidamente incluidos en el sistema educacional chileno que sigue segregando y discriminando abiertamente, nuestro sistema legal priva de capacidad jurídica a las personas denominadas “dementes”, una especie de cruel bolsillo de payaso en que caben muy disimiles afecciones mentales y se mezclan con condiciones como el síndrome de down, en un esquema de “blanco y negro” que no admite los necesarios matices en la materia.

Por si fuera poco, los medios de comunicación contribuyen a la estigmatización de las enfermedades mentales sin el menor remordimiento, y, por último, la red publico-privada de establecimientos dedicados al tratamiento y estadía prolongada de personas con discapacidad mental, además de desesperadamente insuficiente, tiene un triste historial de malas practicas, vejaciones, restricciones innecesarias a la libertad individual de los internos, abusos, violencia y un desgarrador y largo etcétera.

Nuestro Estado simplemente abandonó hace décadas la salud mental de sus ciudadanos, no hay políticas públicas contundentes en la materia, y peor aún, aspectos esenciales como el consumo de drogas, son abordados con una lógica fracasada de represión. La llamada “guerra contra las drogas” es un despilfarro descomunal de recursos en una política destinada invariablemente al fracaso mas absoluto, en vez de abordar los alcances desde el punto de vista de la salud pública y las razones estructurales que afectan a una sociedad en que sus individuos son empujados al consumo de sustancias peligrosas (que incluyen al alcohol y el tabaco también), preferimos la respuesta violenta y fútil de alimentar la fantasía del control total, con más policías, helicópteros y demás recursos destinados a enfrentar a un narcotráfico creado y potenciado por esa misma lógica enferma.

Chile necesita un nuevo trato político, social y económico, que incluya una revisión profunda de la sociedad que hemos construido y sus valores, qué entendemos por solidaridad y qué valor le damos a la dignidad humana, son preguntas que nos ayudarán a redefinirnos como una sociedad verdaderamente inclusiva, y nuestros ojos podrán abrirse a una nueva realidad, en la que no pueden haber invisibles.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: capacidades diferentes, columna, Columnista, David Pellizzari Ossa, discapacitados, Teletón

El ciudadano Piñera

agosto 24, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

El término anticipado del Gobierno de Sebastián Piñera, en noviembre de 2019, cuando, con millones de chilenos en las calles exigiendo dignidad, los partidos políticos llegaron a un acuerdo para un proceso constituyente, fue el intento de la elite, de una salida pactada a una profunda crisis social y política. Aunque cupular, el acuerdo permitió descomprimir, en cierta medida, la presión social y puso fin a un Gobierno que simplemente era incapaz de enfrentarla.

Ya, a partir del 18 de octubre, cuando el estallido social se hace evidente, todos sabíamos que el programa de gobierno había muerto y que la crisis requería una redefinición de objetivos que ese gobierno, sobreideologizado y dogmático, difícilmente sería capaz de abordar, sin embargo, tuvo oportunidades, no una, sino varias, de asumir, con humildad y responsabilidad, que la ciudadanía demandaba un golpe de timón significativo, un cambio de rumbo estructural para el país… y las desperdició.

El ex Presidente Piñera tuvo también la oportunidad de asumir, con grandeza, la responsabilidad histórica de liderar un proceso democrático y participativo que encausara la revolución de la dignidad que desbordaba las calles de Chile, con miras a concretar un nuevo trato social, político y económico, consagrado en una nueva Constitución, la primera de nuestra historia gestada en verdadera democracia… pero la desperdició.

Piñera y su gobierno, antes que militar en algún partido político, son miembros obsecuentes de la religión neoliberal y mas específicamente de la secta nacida en Chicago, por lo que, todos sus esfuerzos se concentraron en mantener las bases del modelo y su acervo cultural en la sociedad chilena, y, en ese contexto, pretender que iniciaran voluntariamente un proceso revolucionario que cambiara las bases de ese modelo era, por decirlo menos, ingenuo, pero la cándida oposición siguió creyendo por meses que el gobierno “no entendía” la magnitud de la crisis y ello explicaba sus propuestas timoratas e insuficientes, sin embargo, el tiempo, y los hechos, finalmente hicieron patente que simplemente no querían, ni quieren, cambios profundos y reales que alteren el modelo del que se han beneficiado por décadas, y esa, y no otra, es la causa del término de ese gobierno.

El ex Presidente Piñera pudo pasar a la historia, pudo no solo salvar un gobierno tambaleante, sino incluso transformar su legado en un hito de nuestra historia republicana, pudo y no lo hizo, algunos creen que le faltó visión, coraje y osadía política, una falta de liderazgo y estatura, pero la verdad es mas prosaica, mas mezquina, simplemente estaba atrapado en un dogma totalitario, su gobierno fracasó por su apego casi fanático a su credo neoliberal.

Sin embargo, el ciudadano Piñera sigue presente, como un atribulado personaje de alguna novela romántica o un drama shakesperiano, que vive en una fantasía trágica, en la que todos saben la verdad, pero el no se da por enterado, o, para los “milenials”, como el profesor de Historia de la Magia del colegio de hechicería Howarts en las novelas de Harry Potter, que llevaba siglos enseñando su asignatura y en algún momento murió, pero todos creían que ni siquiera se había dado cuenta, y siguió dictando su clase sin siquiera darse por enterado que ahora era un fantasma y que casi nadie lo escuchaba, el ex mandatario parece seguir actuando como si todavía fuera Presidente, como si la Constitución de 1980 no fuera solo un mero remedo formal y estuviera totalmente vigente, vive la fantasía de que sus palabras, sus discursos, pueden hacer alguna diferencia en el Chile post estallido social, y día a día hace pseudo cadenas nacionales a la hora del almuerzo, intervenciones que pasan desapercibidas para los chilenos, aunque el ciudadano Piñera, en su alienación fantasiosa, piense que está recuperando el control de la agenda pública.

Durante este intermedio forzado por las cuarentenas en el contexto del COVID 19, el país es administrado por un aparato estatal relativamente eficiente, que enfrenta esta pandemia feroz tan solo con funcionarios de tono menor, sin conducción política ni liderazgo, y aún así, esta administración interina ha sido capaz de llegar a acuerdos legislativos gracias a que tenemos también una oposición virtual o casi simbólica y, en general, mantiene una apariencia de normalidad. Cambios de gabinete y anuncios rimbombantes simplemente se suceden día a día, mientras el congreso controla la agenda política y los chilenos tratan de sobrevivir, para variar sin poder contar con el Estado, a una profunda crisis económica y social, mientras el ciudadano Piñera sigue gobernando un país que ya no existe, sigue predicando un sermón en la plaza pública, donde algunos todavía lo ven, pero ya nadie lo escucha.//ELF

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El club de los desconectados

agosto 21, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Hace unos días volvió a la televisión chilena un icono de los programas políticos de los años 70`, “A esta hora se improvisa”, haciendo un homenaje a su antecesor, mantuvo, en general, el formato de conversación e incluso fue transmitido en blanco y negro para construir una atmósfera de nostalgia, sin embargo, y pese a las “caras nuevas” mezcladas con otras mas conocidas, el triste resumen de ese programa, como ejemplo de la expresión comunicacional de la política en Chile, es el encapsulamiento de la clase política en una burbuja teórica y su completa desconexión con la realidad que viven los chilenos de a pie.

En ese programa, y, muchos otros, así como en las discusiones de las sesiones del congreso, o al interior de los partidos, abundan los lugares comunes, la construcción de fachadas e imágenes estancadas en los cánones comunicacionales y políticos de los 90 (para ser generoso), la pirotecnia dialéctica vacía, como llamados a la “unidad” y la evocación de las “fuerzas de la historia” o conceptos difusos y completamente desprovistos de contenido real. La política sigue funcionando casi como si nada hubiera pasado en los últimos meses, y los políticos y los que reniegan de ser tales con disfraces de comentaristas o analistas, terminan por ser partícipes de la realidad alterna en que se encuentran atrapados, representando una tragicomedia mediocre.

Todos los grupos de nuestra sociedad moderna que, por diversas razones, se sustraen de la realidad que viven los ciudadanos, están hoy en tela de juicio. Hay una crisis profunda de las Iglesias, de las Instituciones uniformadas, y por cierto, de los políticos… todos esos grupos tienen en común privilegios y condiciones de vida distintas del resto de la sociedad, todos han buscado a través de los años, separarse del resto de la población, porque no se les aplican las mismas reglas que a los demás, porque tienen normas de comportamiento o hasta una justicia paralela, tienen fueros y una cultura de secretismo, un lenguaje propio y distintivo, y, en definitiva, una tradición de aislamiento.

Podremos discutir acerca de las causas de éste fenómeno sociológico y cultural, pero, en términos prácticos, y en el caso particular de la clase política, su resultado concreto es patético y paradojal, por cuanto, la lógica dicta que es, o debiera ser, de la esencia de un representante, no perder contacto con su representado, conocer la realidad en la que vive, los problemas que debe enfrentar, las trabas legales y administrativas que afectan su desarrollo, y, en general, vivir en el mismo país que aquellos a quienes aspira a representar.

Sin embargo, la realidad, es muy distinta, quienes ejercen cargos importantes de representación popular no viven, ni remotamente las condiciones que la mayoría de sus representados debe enfrentar, de hecho, muchos ni siquiera viven realmente en las comunas, distritos, y hasta en las regiones que representan, aunque discuten a diario las políticas públicas sobre la salud y la educación proveída por el Estado, no son usuarios de ninguno de estos servicios públicos, no usan el transporte público que deben regular, no se les aplican las reglas laborales que deben aprobar e implementar y terminan viviendo en un Chile distinto, lo que termina por reflejarse en sus discusiones y decisiones.

Esta dicotomía, digna del realismo mágico, tiene consecuencias graves; las normas legales se alejan de la realidad que pretenden regular y el lenguaje y la discusión política se aleja tanto de los ciudadanos que termina por crear desconfianza y hasta resentimiento en éstos, la política es cada vez menos valorada y las instituciones democráticas empiezan a perder legitimidad y credibilidad, lo que prepara el terreno para la entrada triunfal de los populismos y las aventuras autoritarias.

Mientras en “A esta hora se improvisa” se hablaba de tolerancia, de nuevas tendencias en las redes sociales y las elecciones en Estados Unidos, en nuestro país miles de chilenos se preguntan si en su barrio harán una olla común para poder comer mañana, miles se preguntan como enfrentaran sus deudas sin trabajo, miles todavía lloran a sus muertos por COVID, qué pasará con la educación de sus hijos, y muchas otras preocupaciones que, los políticos y sus comentaristas, parecen no conocer.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa, descolgados

Cómplices

agosto 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

Por David Pellizzari Ossa

Muchos creen que los extremos políticos, particularmente aquellos que radicalizan sus posiciones, incluso hasta el uso de la violencia, son diametralmente distintos entre sí, antagónicos, opuestos, sin embargo, la historia nos demuestra recurrentemente, que el espectro político mas que lineal es casi circular, con extremos que se acercan peligrosamente hasta casi fundirse, se necesitan, justifican la existencia del otro, son los principales causantes de la polarización y degradación del debate político, son los padres de la intolerancia, y son también los responsables finales del reinado del populismo, son, en definitiva, cómplices, lo quieran o no.

Los grupos fundamentalistas islámicos justifican su accionar con las decisiones de Presidentes estadounidenses como George W. Bush o Trump, y estos, a su vez, justifican sus políticas en la existencia de los grupos fundamentalistas… La Derecha justifica la represión con la violencia de grupos radicalizados de izquierda, y ésta justifica sus acciones con esa misma represión… es decir, un perfecto circulo vicioso, y una patente demostración de que ambos extremos son perfectamente complementarios y, de hecho, subsisten gracias al otro, construyendo una curiosa simbiosis política.

Por todo el mundo y en toda época podemos encontrar ejemplos de extremos políticos que se enfrentan en ácidas polémicas, que confrontan visiones del mundo teóricamente opuestas, que incluso llegan a la violencia, pero que comparten una metodología, un dogmatismo, y un discurso que divide el mundo artificialmente entre buenos y malos, y que termina por hacer que se definan en relación u oposición a un otro mas que en base a una doctrina especifica, lo que termina en una complicidad implícita.

Los recientes hechos de violencia en la Región de la Araucanía nos recuerdan esta paradoja política y social de un modo trágico y preocupante, mientras grupos radicalizados de mapuches intentan reivindicar legitimas aspiraciones mediante actos de fuerza, el Estado, que lleva casi dos siglos abusando de la violencia institucionalizada como única respuesta al problema, se ve completamente superado por el problema, y, finalmente, civiles organizados decidieron terciar en el conflicto extremando aún mas la discusión y dificultando una eventual solución transformándose en cómplices de una espiral de violencia de sombrío pronóstico.

Los extremos, nuevamente, alimentan y justifican mutuamente su existencia, y un Estado culposo e impotente, solo atina a ser testigo privilegiado de los odios desatados y la violencia larvada en décadas de un enfrentamiento escasamente contenido.

La tentación de los extremos es atractiva, ofrece un culpable, un némesis que da sentido a la existencia de una organización para resistir, para oponerse a aquello que se odia o que se teme, los “fachos”, los comunistas, los migrantes, el Estado, los ricos, los mapuches, los empresarios, los sindicalistas y un largo etcétera de enemigos a quienes enfrentar dan sentido a la vida política de grupos que buscan entregar respuestas integrales que no admiten oposición o discrepancia.

El riesgo de los extremos es que nos tratan de arrastrar a un mundo artificialmente binario, en que, primero el lenguaje, y luego las acciones, llama a la confrontación y, con el tiempo, a la violencia. Sus dogmatismos pueden disfrazarse electoralmente, pero mas temprano que tarde, se evidencian en sus acciones. Si algo tienen en común Izquierdas y Derechas es su concepción utilitaria de la democracia, a la que no le asignan un valor en si misma, sino solo como instrumento para conseguir sus fines, por lo que, tarde o temprano, cuando la democracia se transforma en una traba para sus aspiraciones, es desechada y reemplazada por autoritarismo sin el menor remordimiento, y, en ese proceso, no importa cual de los dos ejerza el poder, son irremediablemente cómplices. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, conflicto mapuche, Contingencia, David Pellizzari Ossa, Región de La Araucanía, Tierras mapuches

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