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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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David Pellizzari Ossa

Desequilibrio de poder

junio 29, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

“Cállese, usted no se meta, esta es una conversación de adultos…”. Esa solía ser la reprimenda que los niños recibían por dar su opinión en una discusión importante, y estaba basada en una estructura familiar absolutamente jerarquizada, vertical y profundamente machista, en que el Padre era la “cabeza” de la familia en todo sentido y ejercía una autoridad absoluta, y en segundo orden, la madre ejercía una autoridad “doméstica” sin contrapesos. En este modelo de familia la opinión de los niños, niñas y adolescentes era irrelevante, solo les correspondía cumplir sus deberes entre los que destacaba nítidamente el de obediencia.

Hemos visto en los medios de comunicación una relación que nos recuerda ese modelo anacrónico y hace patente la necesidad urgente de repensar nuestra institucionalidad. A propósito de la emergencia sanitaria que enfrentamos, los alcaldes de nuestro país han requerido del gobierno información y coordinación casi con desesperación, y, con renuencia, la autoridad central ha ido cediendo en algunos puntos, pero siempre desde una posición de autoridad vertical.

Mientras algunos ven solo una hoguera de vanidades o una disputa ad portas de un proceso eleccionario, otros vemos una profunda crisis de nuestro modelo institucional, en que el rol y atribuciones de nuestros gobiernos locales requieren una drástica actualización.

En nuestro ordenamiento constitucional y administrativo, peor aún, en nuestra cultura organizacional, los municipios son simples ejecutores de políticas públicas en el territorio y no les corresponde intervenir en su elaboración ni coordinación. Las declaraciones de ministros, subsecretarios y hasta del propio Presidente de la República parecen confirmar esta desalentadora tesis. El gobierno central ve las propuestas que surgen desde los municipios como amenazas a su autoridad, como inadecuadas injerencias en sus atribuciones y se plantea con brutal naturalidad que son áreas que simplemente no les competen. Pero, la gestión territorial de una crisis sanitaria como la que vivimos no les compete a los municipios…? La coordinación y gestión territorial de la seguridad ciudadana, en cualquier época, pero particularmente en una emergencia como la actual, tampoco es competencia del municipio…? En nuestro modelo la respuesta, por increíble que parezca, es no.

Finalmente, y a regañadientes… el gobierno ha terminado aceptando las propuestas y la colaboración de los municipios en el combate de la pandemia que vivimos, pero se han debido efectuar ajustes administrativos y posiblemente legales para ello, lo que demuestra que nuestra institucionalidad simplemente no concibe un rol colaborativo entre nuestras autoridades.

Este modelo tan compartimentado y vertical de autoridad ya no resiste mas, y es imperioso que, en el proceso constituyente que pronto enfrentaremos como país, asumamos que el nuevo pacto que requerimos, debe incluir también una nueva estructura y organización del poder en nuestro territorio, una que garantice una descentralización real y que, sobre todo, cambie la concepción autoritaria y centralista del ejercicio del poder, tanto entre los distintos niveles administrativos del Estado, como en su relación con la ciudadanía.

Requerimos una concepción horizontal, colaborativa y participativa del ejercicio de la autoridad y su organización, necesitamos un Estado menos temeroso de la opinión y control de sus ciudadanos y estructuras de poder que no compitan entre si, ni intenten simplemente imponer su opinión a otros.

Esta concepción, en el ámbito municipal y regional, requiere repensar las atribuciones y presupuestos de nuestras autoridades locales, pero no basta solo con algunas modificaciones dentro del mismo modelo o estructura institucional; es preciso un cambio sustantivo en la forma de entender el poder local, su independencia y su relación con el poder central, así como las relaciones de ambos con la ciudadanía.

Muchos ejemplos podemos citar de gestiones municipales que se han destacado, pero en todas ellas, sus ediles han estado al filo de salirse del marco legal y constitucional… no porque no lo conozcan o actúen con dolo, sino porque han corrido los márgenes de lo posible tensionando fuertemente los límites que nuestra institucionalidad les impone, y eso necesita un cambio urgente.

Los alcaldes y concejales conocen mejor que nadie las necesidades de sus vecinos y saben trabajar colaborativamente con la comunidad organizada, ellos han respondido antes y mejor a las demandas ciudadanas de la crisis social y sanitaria que enfrentamos, y sería bueno que muchos aprendieran de esa experiencia y lo tuviéramos todos presente cuando construyamos nuestra nueva constitución.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Alcaldes, columna, Columnista, combate del coronavirus, Coronavirus, David Pellizzari Ossa, oposición, Región Metropolitana

Dogma de fe

junio 23, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Hace algunos años, durante el segundo mandato de la Presidenta, Michelle Bachelet, no fueron pocos los que acusaron a ese gobierno de sobreideologizado… incluso de dogmático, de anteponer su agenda militante a los intereses del país y de intransigencia a la hora de establecer diálogos con la entonces oposición. Pues bien, en comparación a la actual administración, ese gobierno resulta ser el vivo ejemplo del pragmatismo político.

En décadas pasadas se utilizaba el concepto de “confesional” para referirse a algunas fuerzas políticas que apegaban su discurso y acción a una determinada confesión religiosa; en nuestro país la Católica. Hoy vemos un sector político que, en la práctica, reemplazó la religión espiritual por un nuevo credo al que se ciñe con verdadero fanatismo dogmática: el neoliberalismo.

La nueva deidad a la que se rinde obediencia absoluta es a la economía de mercado, y mas específicamente a la secta formada bajo el alero de la Universidad de Chicago. Sus enseñanzas y mandamientos permearon tanto a la dictadura cívico militar como a sus sostenedores políticos, y tristemente, a la sociedad chilena en general… Hoy vivimos en un país individualista, donde la solidaridad se disfrazó de caridad; la focalización es la única manera de enfrentar la pobreza y la competencia es la nueva Ley natural.

La economía y el modelo neoliberal imperante son el becerro de oro adorado sin el menor pudor por un gobierno dispuesto a todo por mantenerlo intacto. No importa si éste atenta contra la igualdad y la dignidad de las personas, no importa si garantiza la impunidad para los que abusan, o peor, si se basa en esos abusos… Son verdades reveladas recibidas en un autoritario Sinaí, y plasmadas en unas espurias tablas de la Ley impuestas en dictadura, allá por el año 1980.

En este contexto y mientras el país enfrenta la mayor crisis social y política en décadas, y debe además asumir el portentoso desafío de la peor pandemia del último siglo, las respuestas del Ejecutivo y sus partidarios son sensiblemente pobres, pero por sobre todo, estrictamente limitadas dentro de los estrechos márgenes ideológicos de su fe.

Hemos escuchado por meses a analistas y políticos de todos los sectores decir “este gobierno no comprende la magnitud de la crisis”… ¿De verdad alguien puede creer que personas preparadas e inteligentes no entienden la profundidad de la crisis que vive nuestro país? La triste verdad es que el gobierno de Sebastián Piñera entiende perfectamente tanto las causas como las consecuencias del estallido social que vivimos, y entiende también la compleja crisis social que se derivará de la pandemia que enfrentamos, pero no puede salirse ni un milímetro del libreto grabado a fuego por la dictadura y el modelo que impuso en nuestro país.

En cada área y momento del gobierno que analicemos, podemos encontrar evidencias patentes del apego casi fanático a un modelo económico y social especifico. Si se habla de salud, como solución a las coberturas de enfermedades complejas se propone un seguro, es decir, profundizar el modelo de una salud eminentemente privada y vista como un negocio. Si lo que se discute es apoyar a las personas en la pandemia y cuarentena que enfrentamos, el gobierno insiste en hablar de focalización, de nueva realidad, de préstamos a los trabajadores independientes. Si hablamos del drama de las pensiones, el gobierno plantea solo cambios en la misma lógica y marco conceptual y legal del actual sistema de capitalización individual.

Pese a abrirse a un proceso constituyente, el gobierno mantiene una actitud de negación ante la verdadera nueva realidad que Chile enfrenta, el derrumbe del modelo patriarcal y sus ídolos de barro económicos, y en consecuencia, busca cualquier herramienta legal, política o comunicacional para asegurar que, aunque todo cambie, todo siga igual, en un tragicómico gatopardismo trasnochado.

En definitiva, enfrentamos un gobierno y un sector político atrincherado en un credo irrenunciable e intoxicado por un dogma de fe fracasado. Enfrentamos al gobierno más dogmático desde la Unidad Popular, que nos arrastra a un dualismo artificial y pernicioso que abre el camino al populismo. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, combate del coronavirus, Coronavirus, David Pellizzari Ossa, Dinero, dogma, neoliberalismo, pandemia

La otra nueva realidad

junio 20, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Algunos ven los recientes sucesos en Estados Unidos desde un prisma ideológico. Ven en esos acontecimientos, así como en otros episodios similares alrededor del mundo, una crisis del modelo económico y sus parámetros culturales. Sin ir más lejos, lo mismo escuchamos a propósito del llamado “estallido social” que vivimos en nuestro país, reduciendo el análisis a los efectos del neoliberalismo en nuestra sociedad.

Pero, ¿Qué pasa en Hong Kong, donde miles de personas se enfrentan al poder central de China (Gobernada por el Partido Comunista) para mantener un grado mínimo de libertad y autonomía, o en Líbano y el mundo árabe en general, donde las banderas de lucha son otras?

Hay otra forma de aproximarse al fenómeno. Una más integral y comprensiva de la naturaleza misma de nuestro orden socio-cultural, en la que, por cierto, el modelo neoliberal es uno de los engranajes esenciales, pero no el único.

Cuando vivimos el emocionante 8 de marzo, no solo asistimos a una manifestación multitudinaria e histórica, fuimos testigos (y protagonistas) del principio del fin de un modelo de sociedad, de un patrón cultural impuesto por siglos, al punto de ser considerado el orden normal o natural de las cosas y las relaciones humanas… somos la generación que finalmente le pondrá la lápida al modelo patriarcal.

Todas las estructuras de poder están en crisis, y eso va más allá de un sistema económico o una ideología política… se trata de la estructura social misma, y por eso no importa si estás en Hong-Kong peleando contra la opresión autoritaria de China, en Nueva York contra la discriminación racial o en Chile contra los abusos y por la recuperación de nuestra dignidad.

Hemos vivido en una sociedad marcada por patrones culturales que normalizan la violencia, que confunden valentía con insensibilidad, que considera debilidad la expresión de emociones, que confunde liderazgo con autoritarismo, que concibe la autoridad como una relación puramente vertical, y la vida misma como una competencia eterna que divide a las personas en mejores y peores, buenos y malos, blancos y negros, y un largo etcétera de categorías que solo sirven para fomentar la discriminación y el odio. Ese es el modelo impuesto desde una concepción patriarcal del mundo y que está haciendo agua por todos lados.

Es una contradicción dirán algunos…¿Por qué si el modelo es el que genera o valida la violencia, la expresión de su crisis es más violencia…? Porque ese mismo modelo o patrón cultural reprime las emociones, incluso las mas básicas y, por tanto, genera las condiciones para estallidos colectivos que pueden incluso derivar en violencia, como una suerte de válvula de escape socio-emocional. Así lo hemos visto en Estados Unidos a propósito de la violencia racial, y así lo vivimos en Chile con la revolución por la dignidad de octubre pasado.

Pero, ¿Qué tienen en común estos fenómeno de crisis? Algunos solo ven la violencia, otros el descontento con un modelo socio-económico como elementos comunes, pero la respuesta es más humana: todos afectan la dignidad humana y desentierran las emociones más elementales de todo ser humano… y también son las huellas de un modelo cultural en crisis.

Pero, ¿Por qué son ejemplos de un modelo patriarcal…? Una forma de responder a esa pregunta sería imaginar (o soñar más bien) en un modelo alterno, uno que valore también los aspectos tradicionalmente “femeninos” de la humanidad y preguntarnos si lo que pasa en el país del norte, o lo que vivimos en Chile pasaría o tendría el mismo tratamiento institucional en ese modelo dual e inclusivo… La verdad, cuesta imaginar que en una sociedad que valore las emociones y no las reprima sistemáticamente, que conciba la autoridad en términos horizontales de mayor igualdad y colaboración y no solo una competencia eterna y en que el liderazgo se ejerza con respeto de esos principios básicos, fuera capaz de generar las condiciones para que esos hechos siquiera ocurrieran y mucho menos los normalizara o tolerara si aún así se produjeran.

Como ejemplo paradigmático, en Estados Unidos, tanto la crisis sanitaria como ahora la reacción de la ciudadanía contra la violencia racial, han sido enfrentadas casi como si se tratara de una caricatura del machismo… con prepotencia, amenazas y violencia.

En nuestro país el modelo patriarcal ha normalizado el abuso, la violencia contra la mujer y contra toda minoría, la violencia no solo física, sino también psicológica y hasta social y cultural, normaliza también la discriminación y un formato institucional centralista y autoritario…¿Un ejemplo reciente? El manejo de la pandemia, que enfrentamos, ha estado marcado por el autoritarismo y el centralismo, lo que ha redundado en decisiones tardías y descontextualizadas por el desprecio de las opiniones de otros y por la casi pueril pretensión de “competir” por quién tiene más autoridad, más poder de decisión, por a quién corresponde decidir o no algo, lo que se ve patéticamente demostrado en la incapacidad de atender a las opiniones y propuestas de los alcaldes… El gobierno ha hecho gala de una de las características más odiosas del patriarcado… la concepción vertical del liderazgo y la necesidad imperiosa de “imponer” sus decisiones, de ejercer su potestad sin miramientos y sin considerar alternativas colaborativas o de dialogo.

Este es el modelo que se desmorona a pedazos, esta es la verdadera crisis que vivimos, y que no es sino un anhelado cambio de era, hacia una que devuelva la dignidad a la parte violentada de la humanidad… la femenina. En este contexto, se debe entender también el cambio sustantivo en nuestro pacto social y nuestro ordenamiento constitucional, que debe preparar a Chile para ésta, la “otra” nueva realidad. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: 8 de marzo, columna, Columnista, Coronavirus, COVID19, David Pellizzari Ossa, estallido social, Las Tesis, patriarcado, Un violador en tu camino

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