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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

¿Qué viene después del coronavirus?

mayo 5, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Celis

Diputado del PPD

Más allá de la crisis sanitaria provocada por el Coronavirus propiamente tal, hay que preguntarse que vendrá después, al parecer esta pandemia provocará cambios estructurales, económicos, sociales, culturales y políticos.

Esta pandemia ha traído consigo el repensar el diario vivir, se han reconsiderado los mecanismos de trabajo, hemos descubierto el rol del teletrabajo, lo mejor y lo peor de este, se está repensando el estilo de vida consumista, valorar espacios que antes no se compartían en familia producto de la rutina absorbente.

Ha quedado en evidencia que el modelo de desarrollo económico y social de nuestro país no es suficiente para entregar seguridad social y el cumplimiento pleno de los derechos fundamentales de la ciudadanía señalados en la Constitución, quienes se han visto más afectados son los trabajadores independientes, profesionales de diversas áreas, a personas del mundo de las artes, de la cultura, artesanos, hortaliceras, pescadores, entre muchos otros, que no han visto que el Estado les preste una mano de apoyo y se sienten cada vez más desprotegidos y vulnerables.

El sistema público de salud nuevamente da examen y aprueba con distinción frente a un sistema privado débil, que opta por reducir su rol de prestador y baja la cortina.

El modelo Keynesiano tantas veces citado por los progresistas y social demócratas aparece con fuerza, y de seguro será invocado en cualquier propuesta política de futuro. Claramente hoy en día el sistema neoliberal es incapaz de proteger a la ciudadanía, y solo puede otorgar seguridad a un segmento de la sociedad en función de su lógica de segmentación económica.

El rol del Estado vuelve a estar en boga, así como en 1957 bajo el Gobierno de Ibáñez, que también tuvo una pandemia que dejó a miles de muertos y un país empobrecido, y curiosamente en ese entonces también se dio la discusión sobre el rol del Estado.

La historia se vuelve a repetir, no cabe duda que las pandemias demuestran las falencias del sistema y su estructura, y que trae profundos efectos políticos y sociales.

Hasta este momento, el Gobierno está saliendo airoso del manejo sanitario, medido en términos de letalidad y enfermos que han requerido ventilación mecánica, pero ha demostrado una carencia en lo humano, al ver un Gobierno que prioriza lo económico ante lo social, falto de sensibilidad y empatía con los más vulnerables y la clase media, lo que hace cuestionarse las prioridades que debemos establecer bajo el sistema y la estructura que regule el Estado luego de esta pandemia.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, congresista, Coronavirus, COVID19, diputado, PPD, Ricardo Celis

Perfectamente legal

mayo 3, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala 

Periodista de CNN Chile 

Patricia lleva ocho años vendiendo artículos de línea blanca en una tienda Paris, en el centro de Santiago. Su sueldo base es el mínimo, aunque a punta de comisiones generalmente logra llegar cerca de los 700 mil pesos cada mes.

Hoy, Patricia y sus tres hijos viven la angustia de la incertidumbre. Su empresa se acogió a la Ley de Protección del Empleo, que le permite dejar de pagar el sueldo a sus trabajadores. Le habían dicho que el 30 de abril le llegaría el depósito del seguro de desempleo. No pasó. La nueva fecha es el 9 de mayo.

Lo que sí pasó este 30 de abril es que la junta de accionistas de Cencosud, dueña de Paris, decidió repartir el 80% de sus utilidades. Así, la misma empresa que se acoge a la ley para no pagar su salario a Patricia y sus demás trabajadores, entregará a sus accionistas 220 millones de dólares, sumando las cifras de la matriz y de Cencosud Shopping.

Sólo con ese dinero que ha decidido llevar a las arcas de sus dueños, podría pagar 262 mil sueldos de 700 mil pesos como el de Patricia.

Hablé con ella este viernes, el Día de los Trabajadores. “Es aberrante que nos obligaran a acogernos a la ley y después hagan esto”, me dijo Patricia, quien me pidió resguardar su identidad por temor a represalias. “Es una burla que se aprovechen de las circunstancias y se lleven la plata para la casa. Tengo rabia, tengo impotencia”.

Sin embargo, lo que hace Cencosud es perfectamente legal.

La ley que permite suspender el pago de sueldos a los trabajadores se promovió con los casos de pequeños restoranes o tiendas que se enfrentaban a la quiebra o a despedir a todo su personal. Pero la norma también incluye a gigantescos holdings, como Cencosud, propiedad de la tercera mayor fortuna de Chile, Horst Paulmann, dueño de un patrimonio de tres mil millones de dólares según Forbes.

La ley no reguló la repartición de utilidades, ni el pago de honorarios a los directores de la empresa. De hecho, en la misma junta de accionistas, Cencosud aprobó pagos mensuales de hasta $ 12.626.442 a los miembros del directorio y el comité de directores.

Ante el creciente escándalo, parlamentarios impulsaron una reforma que -muy a destiempo- propone arreglar la ley para que las empresas que se declaren incapacitadas para pagar a sus trabajadores no puedan repartir ese dinero entre sus dueños y directores.

Inmediatamente, el gobierno y el diputado Patricio Melero (UDI) advirtieron que de ser aprobada llevarían esta norma al Tribunal Constitucional. “Se afecta el derecho a desarrollar cualquier actividad económica, la no discriminación arbitraria y el derecho de propiedad en sus diversas especies”, explicó Melero.

En resumen: el Estado puede autorizar a las empresas a no pagarles el sueldo a sus trabajadores. Eso es perfectamente legal. Pero exigirle a cambio que no entreguen ese dinero a dueños y directores, eso, ¡escándalo!, viola la Constitución.

Este mismo 30 de abril, Cencosud anunció que el exministro de Hacienda Felipe Larraín se incorpora a su directorio. Nada nuevo bajo el sol: en 2015, 71 políticos (exministros, exparlamentarios, exsubsecretarios…) eran directores en las empresas más grandes de Chile, en grupos como Luksic, Solari o Matte: 41 de Chile Vamos y 30 cercanos a la ex Concertación.

El propio Larraín pasó por el holding del grupo Angelini antes de ser ministro. En su primer período en Hacienda, el director del Servicio de Impuestos Internos (SII) benefició con un “perdonazo” a Johnson cuando esta empresa fue comprada por Cencosud, bajando el monto a pagar al Fisco de 119 a ocho millones de dólares. Larraín, entonces, defendió al director del SII, diciendo que había actuado “conforme a la ley y dentro de sus funciones”.

El exministro pasó al directorio de Cencosud seis meses y dos días después de haber dejado el gobierno en que lideró el proyecto para bajar los impuestos a los dueños de empresas. Esto también es perfectamente legal.

Pero dice mucho sobre los mecanismos que perpetúan el poder económico en Chile. Esta semana, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo entrega una cifra positiva: nuestro Índice de Desarrollo Humano (IDH) es el mayor de América Latina. Sin embargo, cuando ese índice se corrige por desigualdad, la foto cambia: cae un 20,5%.

Lo de Chile es una rareza mundial. Entre los países de desarrollo humano similar, somos por lejos el de mayor inequidad en desarrollo humano. En naciones de IDH comparable al nuestro, la caída del índice por desigualdad se mueve entre el 8,0% de Hungría, el 12,2% de Omán y el 6,2% de Eslovaquia: la mitad o un tercio que en Chile.

Esta desigualdad, entonces, no es “natural”, “normal”, ni fruto de alguna inexorable regla. Es una anomalía causada por una estructura de poder que la sostiene. Opera mediante hilos invisibles, lobbys ocultos, puertas giratorias entre los grupos económicos y el poder político, herméticas discusiones regulatorias y complicadas estrategias para eludir el pago de impuestos.

Excepto en ciertos raros momentos en que esos hilos se vuelven visibles para todos. Momentos como este Día de los Trabajadores, cuando Patricia se queda sin su sueldo, mientras ve cómo ese mismo día ese dinero se reparte por cientos de millones de dólares en la cúspide del poder económico.

Y todo es perfectamente legal.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Daniel Matamala, Desigualdad

Plebiscito constituyente de octubre: Hay que honrar la palabra

mayo 2, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC

Puede parecer razonable que hoy la discusión acerca del itinerario electoral del país, acordado por todas las fuerzas políticas no esté en la primera preocupación de las personas y de sus representantes o autoridades.

Pero también es cierto que, un conjunto importante de elementos que habrían ayudado a enfrentar las consecuencias de la crisis sanitaria que estamos viviendo, son imposibles de asumir, en función de las consideraciones propias del marco constitucional que nos rige.

Ello hace que, sin dejar de privilegiar la preocupación por la crisis, no se deje de lado la necesidad de avanzar en un proceso constitucional para darle al país una Constitución acordada por todos los ciudadanos, en un marco de discusión democrática, que garantice que, efectivamente, el orden que nos demos, sea aquello que represente al conjunto de la sociedad y no solo a algunos.

Es por ello que las declaraciones del Presidente de la República y del Ministro del Interior, anticipándose a señalar cierta inconveniencia de la fecha del plebiscito, sea tan inoportuna como sospechosa.

Todos sabemos que el gobierno y los partidos de derecha se allanaron a un acuerdo al respecto, impelidos por la necesidad de disminuir la presión de la movilización social, muy mayoritariamente apoyada por los ciudadanos y que, por propias declaraciones, incluso de algunos firmantes, se han realizado diversos esfuerzos por morigerar el empeño en llevar adelante el proceso acordado.

El régimen de pensiones y de seguridad social; el funcionamiento de la salud pública, especialmente n sus accesos; la capacidad de la autoridad, para enfrentar contingencias tan graves como las actuales; entre otras consideraciones, se encuentran con trabas propias de una constitución, cuya base doctrinaria tiene que ver con la idea de un Estado subsidiario y no con un Estado social de derechos, como existe en democracias más avanzadas, que ha permitido a sus gobiernos, más allá de su ideología, ser mucho más activos para proteger a sus ciudadanos, frente a las contingencias, especialmente económicas, fruto de la disminución de la actividad, para hacer frente al confinamiento necesario.

No es bueno, por tanto, que desde muchos sectores, incluso del propio oficialismo, se rechace el apresuramiento gubernamental, que pone en entredicho la realización del plebiscito de octubre.

Entre las muchas lecciones que deberemos sacar, todos, de este período complejo, el avanzar en desarrollar formas de relación, entre personas que pensamos distintos y, por lo tanto, ofrecemos al país opciones diferentes, tengamos la capacidad de generar la confianza necesaria, para poner por delante los intereses comunes, más que los de cada legítima opción política.

Y, para ello, el principal requisito es mantener, con honor, la palabra empeñada. Ello no se desprende de la intervención del Presidente y su Ministro del Interior.

En un par de meses más, será el momento de discutir si están las condiciones objetivas, para el plebiscito de octubre. Anticipar esa discusión no parece muy razonable.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: #NuevaConstitucionParaChile, columna, Columnista, Francisco Huenchumilla, Plebiscito

Mandatos políticos en tiempos de pandemia

mayo 1, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ernesto Moreno

Sociólogo

El ser humano, este personaje del s.XXI atareado por una vorágine que parece no tener fin, asediado por tensiones existenciales y materiales, con una tendencia fuertemente individualista y en medio de un nihilismo ambiental no despreciable, contempla estupefacto como un virus recorre el mundo afectándolo no solo en lo más preciado que es su vida, sino que también en variados ámbitos y con consecuencias muchas de ellas hasta hoy desconocidas.

La ciencia, algunos de cuyos representantes aseguraban en plena modernidad que con ella se pondrían fin a las amenazas sanitarias dentro de un progreso que no tendría fin, a pesar de sus notables adelantos, constata, una vez más, que a la vuelta de cada esquina emerge una nueva amenaza para la vida humana, frente a la cual se devela como absolutamente impotente.

Hemos estado en presencia de un drama planetario que lejos de ser ajeno a la humanidad y su existencia, está en una vinculación innegable con sus formas de vida actual.

Hay que decirlo nuevamente, lo males del mundo no son castigos de los dioses, así como tampoco el bienestar constituye un premio. Somos los habitantes de este mundo, en el uso de nuestra libertad, en nuestras acciones hacia los otros y en el tratamiento de la naturaleza, los que a través de la historia, y particularmente en la era globalizada, hemos fomentado y permitido los triunfos de muchas tragedias, de numerosos males y de flagrantes injusticias. Es parte de lo que nos recuerda el filósofo Karl Jaspers cuando señala que “toda situación es un problema y una tarea para la libertad del hombre que en ella se encuentra, se desarrolla y fracasa”.

El Corona Virus, y esto ni los más conservadores pueden negarlo, se ha convertido en la interpelación planetaria más radical y telúrica en mucho tiempo. La humanidad tan orgullosa de sus logros (en muchos casos con toda razón) se ve enfrentada a realizar una transformación absolutamente copérnicana en todas las dimensiones y expresiones de la vida o bien a desplomarse progresivamente por un tobogan de autodestrucción. Sobre esto, ya se ha escrito abundantemente por personas muy brillantes.

Parte importante de lo que se ha comentado y analizado acerca de las implicancias de lo que está sucediendo, tiene que ver con la preocupación por el futuro económico de los países. De una u otra forma, cierto economicismo deja en evidencia su intención hegemónica para enfrentar este sobrecogedor episodio que hoy afecta a la humanidad. Al respecto, Chile no ha sido una excepción.

El aporte de la economía, que duda cabe, es muy importante, no obstante, pareciera que ante determinadas coyunturas, y concretamente en relación a lo que ha sido nuestra historia en las últimas décadas, su omnipresencia ha sesgado e imposiblitado un dianóstico y una alternativa de desarrollo más integral. Baste recordar cómo, de un tiempo a esta parte, la economía y muchos economistas, no se han caracterizado precisamente por su sutileza y prestancia humanista cuando diagnostican y proponen rutas y estrategias acerca de nuestra realidad social.

Lo que ha sucedido entre nosotros, como todos lo saben, es que la sociedad ha arrastrado un proceso acumulativo de tensión social, lo que se agudizó e hizo combustión con el movimiento social de octubre y ahora tiene su agravamiento con la crisis sanitaria.

Muchos lugares del mundo y nuestro país, han ido viviendo episodios y teniendo hitos que han puesto en evidencia que la justicia social y el bien común han sido atropellados por una ideología cuya racionalidad económica ha llevado a la “monstruosa fecundidad del dinero” (Mounier), que a su vez ha derivado en la acumulación de capital, la concentración del poder en diferentes ámbitos y el olvido y concepto de lastre para con servicios públicos que van en beneficio directo de cuestiones esenciales para una vida digna. El Corona Virus ha develado esta triste realidad “urbi et orbi”.

Es no solo legítimo sino necesario que nos preguntemos si hay que seguir esperando más constrastaciones empíricas socio-económicas y humanas para concluir que el neoliberalismo y particularmente la omniciencia del mercado, ha fracasado rotunda y dramáticamente; ¿no ha resultado claro que el axioma según el cual a mayor riquezas y a mayor capital mayor será la prosperidad y el desarrollo, ha terminado en la frustración, en la exclusión y en el abuso de muchos?.

Ante estas preguntas y a pesar del drama que ha estado viviendo la humanidad, las dudas de algunos y la definitiva ceguera de otros, llevan a concluir que en este mundo y en nuestro país pre-pandemia, el modelo económico predominante, no solo erosionó los vínculos sociales con los grupos de pertenencia y referencia en torno a los cuales las personas encontraban sus sentidos y fuente de seguridad, no solo avasalló las identidades primarias y las relaciones de solidaridad, sino que también derivó en que los ciudadanos terminaran por postrarse y rendirse ante una sociedad de mercado en que lo importante es el consumismo, la competencia y el logro.

Sobre esto último, me parece más que plausible sostener que una parte no menor del desprestigio y desvalorización de la política y los políticos en nuestro país, ha sido consecuencia de que éstos han sucumbido, mitad inercia mitad incapacidad de forjar alternativas, ante las fórmulas y recetas dictadas por el modelo hegemónico.

Es más que plausible esperar que en este contexto y con los nuevos antecedentes, la sociedad chilena termine por consolidar una crisis social, política y valórico-cultural, esto es, una crisis sistémica que muchos ciertamente querrán nuevamente tapar o negar, y ante la cual la perspectiva estructural, la identificación de las raíces de los problemas y las propuestas y acciones políticas al respecto, deben preceder a los argumentos económicos.

Aún más, es nuestra hipótesis que el conflicto que se viene cristalizando en la sociedad chilena hace ya un tiempo en relación a las visiones y proyectos de sociedad, junto con que se inicie una lenta y no menos duradera etapa post corona virus, entrará en un ciclo agudizante y con altas posibilidades de escalar.

Lo anterior como resultado de una hasta ahora obligada mantención en status-quo del movimiento de octubre y sus reivindicaciones, por las poco sustanciales y erráticas medidas tomadas por el gobierno en medio de las agravadas insuficiencias y postergaciones de la mayoría de los chilenos y porque numerosos grupos y actores de la sociedad llegarán a la conclusión que lo que pierden y dejan de obtener tiene un costo mucho mayor que su inserción en las actividades de protesta y reivindicaciones.

Chile enfrenta, ahora de manera “recargada”, la alternativa de transformarse en un país justo y solidario llevando a cabo cambios estructurales en lo inmediato o mantener, disfrazar y/o reforzar la insostenible situación actual, que ha sido diagnosticada por diversos organismos y publicaciones.

Es precisamente ante estas disyuntivas que hay que estar atentos a que no nos cerque y limite el mismo fantasma, esto es, el asumir como criterio por excelencia desde el que se quiere actuar, el supuesto de que la optimización de lo económico está por sobre todas las otras acciones y conductas.

En general y particularmente en una situación de crisis como la que probablemente vivirá nuestro país, la optimización de recursos está significativamente condicionada por las decisiones y acciones político-sociales. Aún más, buena parte de las expectativas sobre la conducta económica de los actores, puede tener una franja amplia de predicción, en la medida que primero se defina la ruta socio-política y se controle la dinámica y desarrollo de la misma. Se trata de nuestra convicción de que, tal cual lo ha ilustrado Piketty en sus análisis hitórico-económicos, la desigualdad e injusticia son más ideológicas y políticas que económicas o tecnológicas.

Hemos sido testigos estas semanas de cómo la manera en que el actual gobierno maneja las severas dificultades que nosamenazan, se inscriben bajo una lógica gatopardista, esto es, se implementan un conjunto de leyes y medidas rápidas, la casi totalidad de ellas económicas, que más allá de la imagen de “avalancha de soluciones” que se le quiere dar y la cansadora presencia del Presidente en cadenas nacionales, no sólo no van al fondo de los problemas, sino que, por sobre todo, ellas reafirman el estado de cosas que terminaron en el estallido social y ratifica el proyecto de sociedad que inspira al actual gobierno y sobre la cual éste no está dispuesto a transar.

La negativa sistemática a una renta universal básica y suficiente, el que en medio de la pandemia las ISAPRES anuncien alzas en sus precios para los próximos meses, el que entre tanta angustia y carencias las empresas se repartan en sus directorios cientos de millones por las utilidades, el que la Dirección del Trabajo publique un dictamen autorizando a los empleadores el no pago de remuneraciones a trabajadores en cuarentena, el favorecer que no sean los empresarios los que en consideración a las enormes ganancias de décadas “inviertan” en su gente y al contrario hagan uso del seguro de cesantía obligatorio, el obligar a los funcionarios públicos a volver a su trabajo en un momento en que según el propio gobierno el país entra al peak de la pandemia (a pesar de que ellos tenían turnos que garantizaban el funcionamiento parcial de los servicios), el constatar como algunas medidas no disimulan su conseción tributaria a los empresarios a propósito de su liquidez, entre otros ejemplos que se podrían dar, ilustran nuestra afirmación del párrafo precedente.

A lo anterior y como un componente claramente provocador y poco responsable, sectores del gobierno, sin un análisis sociológico mínimo que los llevaría a concluir lo difícil que es sostenerlo, quieren cambiar la fórmula patentada: Movimiento y Estallido Social= inicio de transformaciones fundamentales en el país, por esta otra: Corona Virus= “justificación” para un movimiento restaurador destinado a negar y mimetizar el proceso constituyente y todo cambio social.

A partir de todo lo planteado y para quienes optamos por otro proyecto de sociedad y estamos por significativas transformaciones, caben tres actitudes y/o conductas en medio de la situación que vive y vivirá nuestro país:

1-Independientemente de sus sinuosidades e incoherencias, colaborar con el gobierno en su gestión para enfrentar la pandemia y desear que sus acciones tengan un feliz término.

2-Cosa muy distinta es lo relacionado con las decisiones y direccionalidad socio-económica con que se están enfrentando las dificultades en este ámbito. Para decirlo en términos weberianos, tanto impulsados por la ética de la convicción (nuestros principios y valores) como por la ética de la responsabilidad (las consecuencias de las acciones), no podemos constituirnos en avales de una política económica que, aún en casos de extrema necesidad de mucha gente, mantiene su opción tecnocrática y, aún más, busca ratificar su modelo; esta exigencia es doble cuando las consecuencias de dichas decisiones y medidas no solucionarán la situación de los más necesitados. Aristóteles decía que un poder cuando más fuerte y legítimo se muestra, es cuando son otras fuerzas opuestas (una oposición) las que actúan, siguiendo las mismas lógicas y en beneficio de los intereses, precisamente, de dicho poder.

3-Este es un momento más que propicio para plantear y exigir al gobierno un conjunto de medidas y decisiones políticas, socio-económicas y culturales, algunas de las cuales son el inicio de cambios impostergables en nuestra sociedad. Muchas de ellas ya han sido planteadas por diferentes actores y partidos políticos, así como por organizaciones con destacados economistas como el Foro del Desarrollo Justo y Sustentable. Ellas NO IMPLICAN ni la destrucción del sistema, ni el caos, ni colocar al país al borde del abismo.
Al respecto, siete nos parecen especialmente relevantes:

-llevar a término en el corto y mediano plazo el proceso constituyente. Aquí existen entre otros, dos objetivos esenciales: que los derechos sociales, económicos y culturales participen en condición de verdaderos derechos, estableciéndose como disposiciones constitucionales de principio y que el nuevo texto constitucional garantice la propiedad pública de los recursos naturales del país.

-Implementar un sistema de salud público al alcance de todos, a partir de una inversión absolutamente prioritaria y con la creación de un seguro de salud universal.

-establecer para los próximos meses una renta única universal, en los términos planteados recientemente por los partidos de oposición.

-consolidar una reforma previsional solidaria y que garantice una pensión digna.

-implementar una nueva política impositiva, definitiva y claramente progresiva, para el porcentaje de la población de mayores ingresos.

-haciendo uso de legislación ya existente,dotar de nuevas competencias y recursos a los niveles regionales y comunales

-retomar nuevos proyectos de ley que aseguren la protección y robustecimiento del movimiento sindical, de los derechos laborales y las negociaciones colectivas.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Coronavirus, COVID19, Ernesto Moreno

Retorno seguro: La falsa «seguridad social» del nefasto modelo neoliberal, que aplaudía José Piñera

abril 28, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Lindemann

Profesor de Estado y militante DC

En estos trágicos momentos en que nos confinamos, he aprovechado de ordenar mi clóset personal, el que no se ve pero que la vida en su vorágine lo dejó convertido en un desparpajo de ideas, libros, recuerdos, colores, alegrías, etc.; entre esta diversidad me reencontré con un librito, el que una buena vez compré en Santiago para amenazar mi viaje de regreso, se llama «El cascabel al gato» de José Piñera, (cual recomiendo leer, pequeño y simple), este caballero a la sazón hermano del….monstruo social. Lo releo y se me produce un gusanismo cerebral asociandolo con las «creativas» ideas huecas del gobierno actual y el uso reiterativo del sustantivo «seguro(a)», dudosamente ideológico.

Tenemos: Aula segura, Calle Segura, Salud segura, Plaza segura, Sename seguro, Estadio seguro….y muchos,… y ahora » Ingreso seguro» (a las escuela).

Esta palabra de raíz latina, securus, se = separar; curus= cuidado, es decir, «separar con cuidado»; apartar y cuidar.
Pero bien, para estos tecnócratas administradores de su gran empresa Chile entienden por seguro algo así como «protegido, intocable e incorruptible». Cliente seguro.

Es así que revolotean en el traqueteo obsesivo de las mentes de ministros, entes maniquemente creativos, por marcar sueños triunfalistas, orientados por la pericia en esto de SU Gran Hermano, a crear puestas en escena con logos y sonoras frases preocupantes y maniqueas, cuyos conceptos mal aplicados y explicados y reexplicados, aclarados y reaclarados, desmentidos y rementidos o no entendidos, no hay duda que nos llevarán a conclusiones convenientemente erradas, y resultados irreversibles, y tb de congoja por dolor y muerte.

Es así como Plaza segura, Aula segura, Salud segura, Cárcel segura, Estadio seguro, etc.. pasarán a ser unas falacias de la historia.

Por esto hago recuerdo de J. Piñera como ejemplo. En este librito mencionado habla de «Pensión segura» equivalente al 70% de su remuneración imponible…de «seguridad» en invalidez y muerte garantizada…(pag.20), de «asegurar» una renta mínima equivalente a las últimas …las rentas contarían con garantía estatal (pag.24)…pensión de orfandad y viudez garantizadas por el Estado (pag.25)…garantía estatal asegurada a las pensiones y sus ahorros (pag.27).
Esa fue la ideología de lo seguro del modelo.

Ahora salen con eso del retorno seguro a las escuelas. ¿Seguro?, ¿Están seguros?, Nadie juega con mi sobreviviencia y vida, pues ya lo otro me lo quitaron todo, con este experimento de modelo neoliberal en Chile. //ELF

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Coronavirus, COVID19, Jorge Lindemann, José Piñera, Retorno Seguro, Sebastián Piñera

El impacto psicológico del aisilamiento social

abril 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gregorio Valenzuela Gambi

Psicólogo Clínico Infanto Juvenil

El aislamiento social impacta en el aparato psíquico de cada uno de forma distinta. En algunos, se acopla a la personalidad y enfoca el modo supervivencia iniciando procesos más bien pragmáticos y focalizados en las necesidades de primer orden.

No permite conectarse con fragilidades ni temores. Otros más ansiosos viven ésta situación con preocupaciones intensas, miedos frecuentes y prolongados, que pueden interferir el día a día con síntomas variados, agitación, tensión, taquicardia, debilidad física, agotamiento, problemas gástricos, insomnio, dificultad para concentrarse, etc.

En el aspecto adaptativo se espera una variedad de emociones tristeza, pena, miedo, temor, rabia, las cuales experimentadas en su función de alerta, dada la situación contextual, se consideran normales y ponen al sistema en un punto alto de funcionamiento.

La perpetuación de estos emociones a lo largo del tiempo, agota el aparato psíquico transformándose en un trastorno adaptativo, dada la respuesta desadaptativa ante el foco de estrés, el cual puede durar 6 meses aproximadamente, trascurrido ese tiempo habría que diferenciar el diagnostico. Especial atención daría a las depresiones reactivas, en las cuales la desesperanza, tristeza, falta de energía, pensamiento más lento, desmotivación, falta de fuentes de placer, se posiciona en el ánimo, deteriorando la vivencia subjetivas del sujeto durante este aislamiento, que en general no es tan infrecuente en éste perfil.

En cuanto a la relación con la muerte y la elaboración de pérdidas que se estuvieran desarrollando con dificultades se puede pensar en el aumento de la inseguridad, la vivencia de catástrofe se acentúa en esta situación de emergencia sanitaria. El trauma se actualiza, la percepción de riesgo se activa y los comportamientos se alteran. Algunos se aceleran, los impulsos dominan, las obsesiones controlan, la ansiedad se dispara, los atracones se multiplican, el consumo de sustancias aumenta, el duelo se vuelve patológico.

Los cambios que se esperan en este procesos pueden entenderse desde las tareas o etapas del duelo, donde la negación, es un primera etapa que va en la ruta de adaptarnos a la nueva realidad. Si observas cambios que no consideras “normales” que, interfieren en el desarrollo de nuevas habilidades para sobrellevar las tareas problemáticas habituales del proceso en que nos encontramos, consulta, busca apoyo psicológico o farmacológico -según la necesidad.

Los cambios aparentemente continuaran y al parecer la normalidad es cambiar constantemente y los procesos de psicoterapia abordan esos aspectos de tu identidad que debes evolucionar en este proceso de cambio continuo. El apoyo psicológico hace el rol de “yo auxilar”. Y es beneficioso para todo aquel que siente que tiene alguno de los trastornos mencionados con anterioridad. //ELF

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