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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Desigualdad

Lee documento En La Fontana: ¿Qué tipo de Estado descentralizado queremos?

febrero 26, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

En La Fontana publicamos ensayo para que nuestros lectores puedan leerlo online:

El artículo 3° de nuestra Constitución Política establece que “El Estado de Chile es unitario”, pero, además señala que la administración del mismo es descentralizada, donde proveerá del fortalecimiento de la regionalización, equitativo y solidario entre regiones, provincias y comunas.

Cabe preguntarse en estas breves referencias, ¿el estado hoy en día da cuenta como garante del desarrollo equitativo de regiones, provincias y comunas? La respuesta parece intuitiva, pero el propósito de esta columna es justamente
atender algunos datos a la hora de discutir sobre estado unitario, descentralización y autonomía fiscal.

La encuesta CASEN 2017 muestra a comunas como Cholchol con una población del 41,6% en condición de pobreza por ingresos, en tanto que la comuna de Vitacura posee un 0,1% de población en pobreza por ingresos, si bien estos
extremos pueden dar sesgo al análisis, alejar el zoom nos puede mostrar que 7 de las 10 comunas más pobres se localizan en la región de la Araucanía. En tanto, 5 de las 10 comunas menos pobres, se localizan en el sector oriente de Santiago.

Es evidente que la autonomía fiscal por sí sola, no es el maná del desarrollo equitativo de regiones, provincias y comunas, la ejecución del gasto es una herramienta fundamental y las camisas de fuerza en el propósito de la aplicación de los recursos, también se hacen vital al tenor de resolver la disposición de bienes privados y públicos a la ciudadanía, materias estas últimas para un ciento y más de artículos a discutir. Pero volvamos a la recaudación, no se concibe autonomía política (elección de Gobernadores, CORES, Alcaldes y Concejales), autonomía administrativa (disposición de un marco presupuestario y responsabilidades por su ejecución), sin autonomía fiscal. No es posible discutir sobre descentralización, suponiendo siempre que el paternalismo del estado unitario resolverá centralizadamente en forma eficiente las cuestiones locales. Es ahí que la tan popular frase “Santiago es Chile”, hace más sentido.

*LEE EL DOCUMENTO COMPLETO ACÁ:

[pdf-embedder url=»https://diarioenlafontana.cl/wp-content/uploads/2021/02/Que-tipo-de-estado-descentralizado-queremos-1.pdf» title=»Qué tipo de estado descentralizado queremos (1)»]

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Desigualdad, Documento, Estudio, Informe, libro, Texto, violencia

Un Chile de verdad, no plagado de cifras que detentan un falso bienestar

julio 2, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Cecilia González Hansen

Hoy es tiempo de observar el país al desnudo, reconociendo los aciertos y avances, pero también realizando una autocrítica respecto a la desigualdad que permanece y que, frente a una situación extrema y dolorosa que están viviendo muchos hogares, se hace evidente.

La pobreza no es un fenómeno aislado, su peligro es pasar de ser una situación circunstancial a un estado permanente, y eso es justamente lo que sale a la luz en estos momentos donde Chile alcanza altos índices de contagio en el mundo y una alta tasa de mortalidad a causa de la pandemia del COVID 19. La pobreza no son sólo cifras, tiene rostros, son familias, hombres, niños y niñas, adultos mayores, jóvenes, pueblos originarios y mujeres, mujeres que constituyen por sí mismas una población que cruza todos los estratos sociales, presente en todos los tramos de edad y que ha quedado marginada e invisibilizada en las acciones que se necesitan de manera urgente.

Durante años hemos promovido el crecimiento, un crecimiento que a ratos parecía inhumano porque no lograba impactar en el desarrollo de una vida digna y feliz para todas las personas. No eran suficientes los esfuerzos de las Políticas Públicas, quizás mediados por la necesidad de mostrar resultados inmediatos en lo fugaz de períodos presidenciales cortos y, por qué no decirlo, también mezquinos en los cálculos, y constituidos por colectividades políticas más preocupadas de cortar un pedazo de la torta, que de construir, constituir y consolidar un proyecto que permitiera avanzar, sin interrupciones, en las transformaciones sociales que Chile necesita y que la ciudadanía reclama con urgencia.

Carecemos de un Proyecto País con sentido de continuidad para potenciar los derechos de las personas por sobre la libertad de la economía, y a ratos parece desilusionante como algunos, derrochando soberbia, pretenden construir sin reconocer lo pasado, profundizando las divisiones y cavando tumbas para enfrentar unidos un sistema neoliberal que nos tiene en la más absoluta indefensión a todos aquellos que no pertenecemos a las élites o a los grandes grupos económicos de este país, y que se han dedicado a reproducir y acumular riqueza y Poder, sólo en algunas manos.

De esta realidad, muy a pesar de nuestros principios e ideales, nuestro Partido no se escapa. Un escenario común en todos los Partidos Políticos, grandes y pequeños, tradicionales y nuevos, podemos preguntarnos entonces cuál es el origen de esta falla, ¿Es quizás que nosotros, como instrumentos para servir, hemos sucumbido a los privilegios y dejado de lado lo que nos inspira para estar en política? No es la política en sí misma la que pierde la mágica virtud de ser un canal de acción para servir al país, sino quienes somos un instrumento para servir al país a través de ella.

Aun así, y a pesar de todo, podemos revolucionar nuestra acción en la esperanza y, gracias a la inflexión de la naturaleza, abrir una ventana para que ingresen nuevos aires y de una vez levantemos la alfombra para limpiar todo aquello que en cifras voluptuosas no se ve. Es una tarea inmensa, un desafío de largo aliento en años que se espera un período muy duro para chilenos y

chilenas, una economía que tardará en recuperarse, pero un tejido social que se renueva y dará paso a otras prioridades, aquellas que teníamos olvidadas, a la vida en comunidad, a la de sabernos y sentirnos parte de un todo, la oportunidad para reconstruir el sentido solidario de la Política con su objetivo intrínseco de la Justicia Social. Hoy la tarea no es avanzar sin transar, ni tampoco es avanzar en la medida de lo posible, es un imperativo avanzar hacia lo que hace poco veíamos quizás como imposible.

¿Debimos esperar que nuestros adultos mayores murieran desprotegidos por una pandemia para bajar los costos del transporte público?, ¿Debimos enfrentar la necesidad inminente de un acceso universal y gratuito a internet para que nuestros jóvenes, niños y niñas puedan avanzar en sus estudios, independiente de dónde provengan o en qué lugar este ubicado su hogar?, ¿Debemos esperar que el COVID 19 nos arrebate la vida de recién nacidos/as y de sus madres para que seamos capaces de exigir una ley que extienda el post-natal en situación de emergencia?,
¿Debemos continuar ciñéndonos a una Constitución que ampara el derecho de la libre competencia, pero no garantiza los derechos básicos de las personas?, ¿debemos acogernos a la buena voluntad del empresariado para que a los hogares más vulnerables no les corten sus servicios básicos?

Esas interrogantes y muchas más surgen en el Chile de hoy, un Chile que no son las élites, que no son quienes se han sentado en la silla musical del poder, y que antes de esta pandemia al parecer no lograron entender que ese Chile que gritó en Octubre del 2019 es el Chile que vive en el día a día la injusticia de morir sin acceso a salud digna y oportuna, es el Chile que no se educa con calidad por la desigualdad social, es el Chile que tenemos el deber de cambiar con la conciencia de un equilibrio para hacer que nuestro país viva en condiciones dignas, la conciencia de no compararnos con nuestros vecinos por el mero hecho de cifras macroeconómicas satisfactorias en el papel, sino por altas tasas de bienestar, de felicidad, de vida plena, un Chile de cambios estructurales para las nuevas generaciones.

No podemos permanecer entre los países de la OCDE mientras la salud, la educación y la vivienda mantenga los actuales índices de segregación y calidad, empeorados por la situación multidimensional de emergencia donde los territorios periféricos se transforman en guetos y los centrales únicos polos de desarrollo, no podemos ni debemos mirarnos al ombligo, sin mirarnos al espejo y enfrentar nuestra realidad más allá de la pandemia, una realidad colectiva que no precisa de reduccionismo y sólo medidas cortoplacistas pensadas para las grandes ciudades, olvidando las regiones y los territorios rurales, ese Chile extenso y diverso.

Necesitamos ir más allá, necesitamos generar un Nuevo Pacto Democrático de Oposición unida que nos permita enfrentar el neoliberalismo juntos, más allá de las diferencias que con todo derecho podemos expresar, pero sin olvidar que de lo contrario no sólo estaremos ad portas de entregar Gobiernos locales, y luego el Gobierno central, a una derecha que se viste con ropajes de solidaridad, mientras pregona la necesidad de reducir el Estado, mientras no da crédito a las necesidades de una clase media que hoy está en la pobreza, mientras no da tregua a su énfasis desmedido e irresponsable por reabrir la economía a costa de vidas. Vamos hacia la aprobación de

una nueva Constitución, pero necesitamos activar ahora un Pacto Político, que no sólo se quede en los resultados, sino que piense el futuro y materialice la necesidad imperiosa de un Proyecto País.
Revitalicemos la esperanza en Chile que el neoliberalismo no puede triunfar en un mundo frágil y desprotegido como en el que nos encontramos hoy, no queda espacio en este momento para experimentar en la desunión apuestas que a la larga nos llevarán a perder nuevamente el Poder para retomar la senda de un Chile realmente justo para todos, especialmente para todas aquellas familias que están sufriendo cesantía, cese de sus pagos básicos, enfermedad, desamparo, hambre, a ellos nos debemos, por ellos la Oposición no puede enfrentar la realidad política cada uno en un camino propio.

Periodistas de Investigación, el Colegio Médico, Centros de Estudios y ONGs, han actuado para transparentar la información, el Congreso ha intentado ir proponiendo legislación y mejorar proyectos del Ejecutivo, en una labor lenta y burocrática, muchas veces incomprendida por la sociedad, y los Partidos Políticos están al menos comenzando a retomar el rol de exigir y buscar fórmulas para abordar la situación con respuestas de un Estado fuerte, pero aún no es suficiente, aún Congreso y Partidos Políticos están al debe frente a la realidad de las ollas comunes y las altas cifras de cesantía, frente al retroceso de los pequeños avances de género que tienen a las mujeres no sólo desempleadas en gran cantidad sino relegadas en los hogares y a cargo en su gran mayoría del cuidado de otros, fracturando su autonomía económica y dejándolas aún más vulnerables frente a la violencia, urge la puesta en marcha de una agenda país con enfoque de género.

Por favor entendamos todos/as, cada uno de nosotros/as que aportar al bienestar no sólo puede quedar en estas líneas sino en el actuar cotidiano de nuestros entornos más próximos, fortalecer nuestra participación en las organizaciones locales, generar canales de comunicación activos en nuestros barrios, establecer la horizontalidad como eje del Poder para escuchar y llevar a cabo lo que necesitamos para salir adelante, revitalizar la confianza en las instituciones y reivindicar la Política, pero para eso requerimos la urgencia de ver a los partidos políticos de oposición pensar en un Proyecto Democrático que permita levantar a Chile de esta gran depresión multidimensional y salir de esto como un mejor país, con mejores condiciones para sus ciudadanos/as, sin maquillaje ni parches.

En un escenario internacional colmado de incertidumbres, brindemos certezas que otro Chile es posible, un Chile de verdad y no plagado de cifras que detentan un falso bienestar.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Cecilia González Hansen, Chile, columna, Coronavirus, Desigualdad

Perfectamente legal

mayo 3, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala 

Periodista de CNN Chile 

Patricia lleva ocho años vendiendo artículos de línea blanca en una tienda Paris, en el centro de Santiago. Su sueldo base es el mínimo, aunque a punta de comisiones generalmente logra llegar cerca de los 700 mil pesos cada mes.

Hoy, Patricia y sus tres hijos viven la angustia de la incertidumbre. Su empresa se acogió a la Ley de Protección del Empleo, que le permite dejar de pagar el sueldo a sus trabajadores. Le habían dicho que el 30 de abril le llegaría el depósito del seguro de desempleo. No pasó. La nueva fecha es el 9 de mayo.

Lo que sí pasó este 30 de abril es que la junta de accionistas de Cencosud, dueña de Paris, decidió repartir el 80% de sus utilidades. Así, la misma empresa que se acoge a la ley para no pagar su salario a Patricia y sus demás trabajadores, entregará a sus accionistas 220 millones de dólares, sumando las cifras de la matriz y de Cencosud Shopping.

Sólo con ese dinero que ha decidido llevar a las arcas de sus dueños, podría pagar 262 mil sueldos de 700 mil pesos como el de Patricia.

Hablé con ella este viernes, el Día de los Trabajadores. “Es aberrante que nos obligaran a acogernos a la ley y después hagan esto”, me dijo Patricia, quien me pidió resguardar su identidad por temor a represalias. “Es una burla que se aprovechen de las circunstancias y se lleven la plata para la casa. Tengo rabia, tengo impotencia”.

Sin embargo, lo que hace Cencosud es perfectamente legal.

La ley que permite suspender el pago de sueldos a los trabajadores se promovió con los casos de pequeños restoranes o tiendas que se enfrentaban a la quiebra o a despedir a todo su personal. Pero la norma también incluye a gigantescos holdings, como Cencosud, propiedad de la tercera mayor fortuna de Chile, Horst Paulmann, dueño de un patrimonio de tres mil millones de dólares según Forbes.

La ley no reguló la repartición de utilidades, ni el pago de honorarios a los directores de la empresa. De hecho, en la misma junta de accionistas, Cencosud aprobó pagos mensuales de hasta $ 12.626.442 a los miembros del directorio y el comité de directores.

Ante el creciente escándalo, parlamentarios impulsaron una reforma que -muy a destiempo- propone arreglar la ley para que las empresas que se declaren incapacitadas para pagar a sus trabajadores no puedan repartir ese dinero entre sus dueños y directores.

Inmediatamente, el gobierno y el diputado Patricio Melero (UDI) advirtieron que de ser aprobada llevarían esta norma al Tribunal Constitucional. “Se afecta el derecho a desarrollar cualquier actividad económica, la no discriminación arbitraria y el derecho de propiedad en sus diversas especies”, explicó Melero.

En resumen: el Estado puede autorizar a las empresas a no pagarles el sueldo a sus trabajadores. Eso es perfectamente legal. Pero exigirle a cambio que no entreguen ese dinero a dueños y directores, eso, ¡escándalo!, viola la Constitución.

Este mismo 30 de abril, Cencosud anunció que el exministro de Hacienda Felipe Larraín se incorpora a su directorio. Nada nuevo bajo el sol: en 2015, 71 políticos (exministros, exparlamentarios, exsubsecretarios…) eran directores en las empresas más grandes de Chile, en grupos como Luksic, Solari o Matte: 41 de Chile Vamos y 30 cercanos a la ex Concertación.

El propio Larraín pasó por el holding del grupo Angelini antes de ser ministro. En su primer período en Hacienda, el director del Servicio de Impuestos Internos (SII) benefició con un “perdonazo” a Johnson cuando esta empresa fue comprada por Cencosud, bajando el monto a pagar al Fisco de 119 a ocho millones de dólares. Larraín, entonces, defendió al director del SII, diciendo que había actuado “conforme a la ley y dentro de sus funciones”.

El exministro pasó al directorio de Cencosud seis meses y dos días después de haber dejado el gobierno en que lideró el proyecto para bajar los impuestos a los dueños de empresas. Esto también es perfectamente legal.

Pero dice mucho sobre los mecanismos que perpetúan el poder económico en Chile. Esta semana, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo entrega una cifra positiva: nuestro Índice de Desarrollo Humano (IDH) es el mayor de América Latina. Sin embargo, cuando ese índice se corrige por desigualdad, la foto cambia: cae un 20,5%.

Lo de Chile es una rareza mundial. Entre los países de desarrollo humano similar, somos por lejos el de mayor inequidad en desarrollo humano. En naciones de IDH comparable al nuestro, la caída del índice por desigualdad se mueve entre el 8,0% de Hungría, el 12,2% de Omán y el 6,2% de Eslovaquia: la mitad o un tercio que en Chile.

Esta desigualdad, entonces, no es “natural”, “normal”, ni fruto de alguna inexorable regla. Es una anomalía causada por una estructura de poder que la sostiene. Opera mediante hilos invisibles, lobbys ocultos, puertas giratorias entre los grupos económicos y el poder político, herméticas discusiones regulatorias y complicadas estrategias para eludir el pago de impuestos.

Excepto en ciertos raros momentos en que esos hilos se vuelven visibles para todos. Momentos como este Día de los Trabajadores, cuando Patricia se queda sin su sueldo, mientras ve cómo ese mismo día ese dinero se reparte por cientos de millones de dólares en la cúspide del poder económico.

Y todo es perfectamente legal.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Daniel Matamala, Desigualdad

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