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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

La deuda

marzo 2, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa 

Nuevamente, tal como ha ocurrido por décadas de hecho, se habla en el ambiente político de un “gran acuerdo” para la temática mapuche… se discute como “intervenir” la Araucanía… como dar una solución al “problema”… llenan los medios de comunicación grandilocuentes declaraciones de personeros políticos sobre el fracaso del Estado en la mantención del orden público, sobre la falta de desarrollo de la región, sobre “gestos” necesarios de reparación… de la deuda con el pueblo mapuche.

Ante este escenario desalentador cabe preguntarse si el “problema mapuche” es solo eso… o más bien es un síntoma más de una enfermedad mucho más grave y profunda en nuestra sociedad. 

Coincidentemente asistimos a un extraño espectáculo mediático en una pequeña comuna fronteriza de nuestro país, “invadida” por una migración irregular de desesperados ciudadanos mayoritariamente venezolanos, que atravesaron medio continente para llegar a Chile y hoy son rechazados y hasta expulsados de nuestro territorio. 

A la luz de estos hechos, la triste conclusión es que la sociedad que hemos construido simplemente no acepta la diversidad, no la entiende, no la respeta y mucho menos la valora. No reconoce sus raíces étnicas y reniega de su herencia cultural y, en ese contexto, no resulta extraño que se discrimine brutalmente al que es distinto, se menosprecie a quien no cumple los estándares resultantes de una sociedad centrada en el valor del dinero y la posesión de bienes, y, por tanto, un problema esencialmente moral, social y cultural, como el “conflicto” mapuche, tiene una respuesta “mercantil” y se use tan libremente la expresión “deuda”.

Es cierto que muchos entienden que la expresión resulta adecuada debido a las décadas de abandono, al negacionismo sistemático del Estado respecto al genocidio, eufemísticamente denominado “pacificación de la Araucanía”, que sufrió el pueblo mapuche, por lo que, Chile le “debería” a ese pueblo, desde una explicación, hasta una reparación.

Sin embargo, por qué hablar de deuda con el pueblo mapuche…? Acaso tienen un crédito por cobrar…? Se solucionan sus dificultades con una indemnización…? Necesitan una compensación? La dignidad no se puede «pagar» como se hace con las deudas, el respeto y reconocimiento no son avaluables… Nuestro Estado no le «debe» al pueblo mapuche… Debe asumir su responsabilidad y construir una relación distinta con ese y otros pueblos originarios de este Territorio, debe crear las condiciones para el desarrollo de una sociedad que valore la diversidad cultural… Y eso no se logra pagando deudas, cómo si con un acto se saldaran las cuentas pendientes, se logra con un profundo cambio estructural y cultural, de concienciación, y eso requiere un profundo compromiso estatal y, lamentablemente… tiempo.

Muchos hablan hoy de gestos y acuerdos, pero pocos entienden la profundidad cultural de la temática, que evidentemente exige de nuestra sociedad y nuestro Estado algo mas que gestos, pero que demanda algunos mínimos e inmediatos a efectos de avanzar en el proceso general.

El territorio mapuche está hoy “intervenido”, con una lógica militar, no porque el ejercito esté presente y activo en la zona, sino porque nuestra fuerza policial uniformada es esencialmente una institución militar, y eso influye grave y determinantemente en el modo en que enfrenta la temática agravándola desde todo punto de vista.

El fracaso de esa policía en el restablecimiento del orden público y el Estado de Derecho no es exclusiva de esa zona del país, pero si más evidente, y demuestra el enfoque obtuso del problema, buscando que la “intervención” de una fuerza que se despliega desde el exterior logre reprimir estallidos de violencia, sin entender siquiera un poco el contexto y la lógica del pueblo mapuche.

Tampoco tiene sentido alguno el reduccionismo pueril que habla de desarrollo económico tanto como causa y solución del problema, como si la cosmología mapuche, su relación con la tierra y sus ancestros simplemente puedan compensarse con recursos económicos, dinero, tierra, o cualquier otro bien avaluable en dinero.

El proceso constituyente que vivimos es la oportunidad histórica de reparar los errores que hemos cometido como sociedad las últimas décadas y sentar las bases de un significativo cambio cultural, una toma de conciencia colectiva e individual que dignifique nuestra historia y nuestra herencia cultural, y se extrañan propuestas en ese sentido.

Chile y el pueblo mapuche merecen algo mas que reducir el tema a la seguridad o al desarrollo económico. Merecen un enfoque integral que devuelva a la dignidad del ser humano al centro de cualquier plan o política pública en la materia, merecen respeto.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, David Pellizzari Ossa

El toque de queda o el sitio a la Convención Constituyente

febrero 23, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rodolfo Fortunatti

Analista político y sociólogo DC

Al cabo de meses de su entrada en vigor ―bajo los estados de emergencia y de catástrofe―, el balance que deja el toque de queda revela una involución en materia de libertades y derechos, y ningún avance imputable al mismo en lo relativo a seguridad humana. El toque de queda ha servido para que militares y policías ingresen a hogares y recintos privados, recluyan personas, propinen apremios ilegítimos y se cobren víctimas fatales.

Nada justifica el toque de queda. Y nada autoriza volver a extender en marzo su vigencia. El control militar y policial, tal y como se ha ejercido hasta ahora sobre las libertades de movilidad, de reunión y de opinión de la población, evoca los peores recuerdos de la represión, de los tiempos en que se hacía desaparecer personas, se torturaba y se perseguía a los opositores por sus ideas. Aún palpita en la memoria colectiva que desde 1973 hasta 1987 el toque de queda fue el instrumento empleado por el régimen civil militar para facilitar las operaciones encubiertas, practicadas primero por la DINA y después por la CNI, destinadas a desactivar a la disidencia y, de este modo, consolidar el gobierno de facto, recurso que sin embargo no impidió las protestas nacionales y tampoco evitó la internación de armas de Carrizal Bajo o el atentado a Pinochet.

«Cómo, señor González —preguntaba en 1998 el escritor Luis Sepúlveda al expresidente del gobierno español—, no ver la fractura de una sociedad que durante 13 años soportó el toque de queda, el casi estado de sitio permanente en el que toda reunión de más de tres personas era un delito de subversión, el miedo como una constante reguladora de cualquier expresión de vida, el silencio como la mejor forma de sobrevivir, la delación como valor patriótico, la impúdica apatía del “por algo será”, “algo habrán hecho” que servía de manto para cubrir a las víctimas degolladas en las calles de Santiago».

La naturalización del toque de queda implicó que durante esos trece años la gente vivió enclaustrada en sus domicilios. Al principio, en los días siguientes al golpe de Estado, la medida se impuso con breves interrupciones para permitir a las personas hacer compras y trámites de urgencia. Posteriormente, la restricción se instaló como una institución regular y cotidiana de nueve horas de duración cada día. Se llegaba a las fiestas “de toque a toque”, como por entonces se las llamaba, antes de las nueve de la noche, y solo se las abandonaba después de las seis de la madrugada.

Desde esa época el toque de queda ha sido declarado en 2010, con ocasión de los actos de saqueo que se produjeron en ciudades como Concepción y Talca tras el terremoto del 26 de febrero de aquel año; en 2019, desde las 7 de la tarde hasta las 6 de la mañana, para sofocar/encender el estallido social; y en 2020, como medida adicional a los controles sanitarios dispuestos por el gobierno para hacer frente a la pandemia de Covid-19.

El toque de queda implantado a propósito del estallido social duró más de dos meses, desde el 19 de octubre hasta el 26 de diciembre de 2019, mientras que el toque de queda que le siguió tras un receso de tres meses, el impuesto a raíz de la calamidad pública acarreada por el coronavirus, cumplirá un año de vigencia el próximo 18 de marzo.

Un discrecional uso de la fuerza

El toque de queda es una herramienta excepcional en una sociedad libre, democrática y respetuosa de los derechos y garantías individuales. Así lo han entendido tras largas luchas y sufrimientos las naciones más evolucionadas de Europa. Un tribunal de Holanda, donde no se instituía el toque de queda desde la ocupación nazi de la Segunda Guerra Mundial, dictaminó en medio de fuertes protestas y de violentas represiones, que el gobierno debía levantarlo. La corte de La Haya concluyó que ―al igual que en Chile― no se había podido justificar la medida que viola las libertades de movimiento y la privacidad y restringe los derechos de reunión y de manifestación.

Pese a que la inobservancia del toque de queda constituye no más que una falta que se sanciona con multa, su mantención ha dado origen a persistentes abusos de agentes del Estado que se conducen con discrecionalidad frente a los civiles. Al cabo de meses de su entrada en vigor ―bajo los estados de emergencia y de catástrofe―, el balance que deja el toque de queda revela una involución en materia de libertades y derechos, y ningún avance imputable al mismo en lo relativo a seguridad humana. El toque de queda ha servido para que militares y policías ingresen a hogares y recintos privados, recluyan personas, propinen apremios ilegítimos y se cobren víctimas fatales.

Durante el estallido se sucedieron numerosas denuncias contra militares por la represión desencadenada, como documenta Alberto Mayol en Protestas y disrupción política y social en Chile 2019. La coacción ejercida contra la población civil llegó a tales extremos que, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, saltó «fuera de las normas y estándares internacionales de derechos humanos». Victoria Flores y Daniel González confirman en su tesis de periodismo Estallido social en Chile 2019, que «los datos de las lesiones varían según las fuentes de 3.449 que contabiliza el Instituto Nacional de los Derechos Humanos hasta las 12.738 atenciones médicas de urgencias que indica el Ministerio de Salud que se prestaron durante las movilizaciones. De las que tiene constancia el INDH, “51 sufrieron heridas de bala, 1.554 por perdigones, 198 por disparos de armas de fuego no identificadas y 180 por balines”. A esto se le suman 1.446 que sufrieron golpes, inhalaciones de gas…» Observadores, como Miguel Vicuña en Revolución plebiscitaria en Chile, sostienen que tales excesos se dieron en el contexto de un coup d’état dirigido a frenar a la oposición y a clausurar las investigaciones en curso sobre corrupción y violencia de las Fuerzas Armadas y Carabineros.

Pero la represión amparada en el toque de queda no cesó con el estallido de 2019, sino que se reeditó a lo largo de la pandemia de coronavirus, generando efectos colaterales a la violencia discrecional que en sí misma entraña la medida. El toque de queda ha provocado aglomeraciones en el transporte público, las que han alterado la vida laboral de los ciudadanos y mermado sus ingresos en tiempos de catástrofe. De hecho, el Ministerio del Trabajo entendió y así lo hizo saber, que los empleadores no estaban obligados a pagar salarios a los trabajadores impedidos de concurrir a sus labores por efecto del toque de queda. Muchas profesiones y actividades económicas no pueden ejercerse ni realizarse a raíz de las barreras impuestas por el toque de queda.

No se necesitan militares en las calles

¿Qué valor agrega el toque de queda al denominado Plan Paso a Paso? ¿Por qué limitar la movilidad nocturna de la gente? ¿Por qué hacerlo cuando, con independencia del toque de queda, el Plan jerarquiza los territorios y actividades sociales y económicas conforme a las categorías restrictivas de Apertura, Preparación, Transición y Cuarentena?

¿Por qué el toque de queda cuando la condición más extrema, que es la Cuarentena, prohíbe salir de casa, las reuniones sociales, la práctica de oficios, ritos y ceremonias, el funcionamiento de restaurantes, cafés, cines, teatros, pubs, discotecas, gimnasios, clubes de adulto mayores y centros de día? Actualmente hay 40 comunas del país en esta situación, que corresponde al Paso 1.

¿Por qué el toque de queda cuando la Apertura Inicial, que es el control más blando, impide las reuniones de más de 30 personas en casas particulares, y las públicas al aire libre de más de 300 asistentes, el trabajo de pubs y discotecas y el traslado a localidades en Cuarentena y Transición? De manera redundante el régimen de Apertura Inicial suprime, asimismo, todo tipo de eventos durante el horario de toque de queda, que es la causal invocada por las policías para irrumpir y practicar redadas en cumpleaños, celebraciones familiares o juntas de amigos, todas las cuales reciben el mal pensado título periodístico de “reuniones clandestinas”. La sociología policial nativa, sin embargo, ha reservado el concepto únicamente a aquellos eventos donde se cobra la entrada y el consumo, es decir, donde se da una relación de mercado, lo que lo convierte en un término económico.

El caso es que nada más que 11 comunas han quedado clasificadas en el Paso 4, de Apertura Inicial, en los momentos que hay 128 comunas en el Paso 3, de Preparación, y 166 comunas en el Paso 2, de Transición. Dicho de otra forma: la movilidad de las personas ha quedado prácticamente restringida en todo el territorio nacional.

El Ejecutivo celebra ―y con razón tras largos meses de errores y desaciertos― la vacunación de cuatro millones de personas hacia fines de febrero. Tal satisfacción debe ser valorada en su mérito, que lo tiene. Como lo tienen los municipios y el personal asignado a dicha tarea. Del mismo modo que lo tienen los funcionarios de la salud. Pero también lo tiene la población que ―a excepción de los “vacunados VIP”, apenas el 1%― ha concurrido disciplinada y cívicamente a los lugares de atención siguiendo el calendario de grupos específicos. Luego, si el proceso está siendo exitoso, sólo puede significar que estamos ad portas del fin de la pandemia o, a lo menos, de una drástica reducción de las hospitalizaciones. Y el proceso solo puede estar siendo exitoso para la autoridad sanitaria, si se lo juzga por la aprobación de funcionamiento de cines y casinos. Sin ir más lejos, el ministro de Economía, que parece hablar por el de Educación, ha exhortado a los profesores a volver al trabajo. Y el presidente de la ANFP ha dicho que «estamos muy cerca de que vuelva el público a los estadios». ¿Por qué entonces sería necesario prolongar la excepción constitucional de catástrofe y consigo la facultad presidencial de reinstaurar el toque de queda?

La mayor paradoja de este cuadro regresivo es que mientras el país está empeñado en ampliar sus libertades y garantías de derechos, en profundizar su democracia, y en hacer retroceder a sus institutos castrenses y policiales desde la frontera de guardianes de campo en que los dejó la dictadura, la presencia de estas sombras del pasado pretende sitiar y condicionar el proceso constituyente que se inaugura en abril, como no podrían hacerlo mejor los arrestos insurreccionales atribuidos a los comunistas.

El toque de queda no es solo una rémora del pasado; es el instrumento coercitivo que busca capturar el futuro y confinar las esperanzas de justicia y libertad depositadas en la nueva Constitución. El Congreso es uno de los pocos contrapesos democráticos al actual gobierno que podría impedir el asedio de soldados, camiones militares y armamento de guerra en las calles de Chile al intervalo constituyente que se avecina.//ELF

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Ignacio Briones: medias verdades, grandes falacias

febrero 6, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Así con nuestro exministro que nos dejó hace pocos días para emprender su carrera política, ni más ni menos que a la Presidencia de la República. Aquel que, en cada una de sus prédicas públicas con Portales de inspirador, nos contó cómo supuestamente funcionan los países que él admira, los que todos y todas debemos admirar, y que nos ilustró, con sus medias verdades, que no eran otra cosa que grandes falacias. Solo cabe esperar y ver con qué nos sorprenderá el nuevo Briones candidato presidencial.

Por Christian Torres C. 

Desde la merecida salida de Andrés Chadwick del gabinete del Presidente Piñera no ha habido ministro del Interior, si entendemos por tal uno que ejerza la jefatura del gabinete y le dé un sentido político y estratégico a sus acciones.

En ese escenario, el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, no sabemos si por autodesignación o por encargo del Presidente, intentó durante el tiempo en que nos acompañó asumir ese rol. Imbuido de una especie de espíritu portaliano en versión seudoliberal, en cada declaración el ahora exministro de Hacienda trató de mostrar cómo sobre sus hombros se sostenía la estabilidad y supervivencia de la República y, como una especie de manual de autoayuda de ciencia política, nos explicó diaria o semanalmente en los medios de comunicación cuáles son las reglas que no podemos, por ningún motivo, pasar a llevar para que nuestro país crezca de manera sana y no ponga en riesgo todo lo alcanzado.

En esta gesta personal dirigida a evitar que los chilenos erráramos tomando decisiones equivocadas, Briones prometió un nuevo tipo de presupuesto público; diseñó e implementó las “mejores políticas de la región y equivalentes a Alemania y Austria” para hacer frente, social y económicamente, a los efectos de la pandemia. Nos advirtió, pero no le hicimos caso la primera ni la segunda vez, sobre los efectos demoledores del retiro de fondos de las AFP. Efectos que, por cierto, nunca ocurrieron.

Poco antes de abandonarnos –haciendo uso del “autobombo”– señalaba en CNN haber encabezado el acuerdo de 12 mil millones para hacer frente a la crisis, aunque hasta entonces entendíamos que fue el Colegio Médico el promotor de la iniciativa. Todo ello, con lo que él mismo dijo ser su sello y que declaraba poco después de asumir en su cargo: “Mi sello será el diálogo, la apertura y no casarme con soluciones escritas en piedras”. Un constructor de acuerdos.

Para explicar cada uno de sus hitos, Briones no ahorró palabras. Con el presupuesto base cero veríamos –según nos dijo– lo importante que serían las evaluaciones de los programas, con el fin de determinar su continuidad. Sin embargo, durante la tramitación nos encontramos con que nunca se conoció la relación que existía entre las evaluaciones y la continuidad o disminución de los programas; se presentó un supuesto crecimiento del 9% respecto de 2020 que nunca fue. Se mostraron incrementos presupuestarios en varios ministerios y servicios, que no eran más que ejercicios y traspasos contables para evitar mostrar las disminuciones. Nos invitó una y otra y otra vez a “levantar la mirada”, pero nos propuso un presupuesto para 2021 que rebajaba ciencias, educación superior y cultura.

En las políticas para enfrentar la pandemia la historia fue parecida, con bonos insuficientes y tardíos. Un seguro de desempleo reforzado, pero que no fue otra cosa que los mismos trabajadores retirando sus propios recursos del seguro. Un bono clase media regresivo y mal implementado en que los culpables terminaron, a juicio del exministro, siendo los funcionarios de Impuestos Internos. Un Fogape diseñado para las pymes, pero que aprovecharon las grandes empresas, pasando por el lado de sus supuestos beneficiarios originales.

Para la Navidad 2020 e inicio de 2021, nos sorprendería con su última creación: dinámicos bonos navideños en que el monto del beneficio dependía de la fase de COVID-19 en que se encontraba la comuna de residencia del beneficiario el mes de noviembre. Para enero y febrero, IFE y Bono COVID, a los que hay que postular mensualmente y dar en el clavo con una fórmula pitagórica de asignación, de racionalidad imposible de dilucidar.

Podemos seguir con el permanente anuncio de una nueva reforma tributaria antievasión, pero la negativa de avanzar en el registro de los dueños finales de las empresas.

En la reforma de pensiones, defendió un sistema de seguridad social (que no existe en Chile). Pidió sincerar el debate, acusando a quienes quieren un sistema de solidario de “populistas” y de querer volver a un sistema de reparto pregolpe (que tampoco existió). Pero nada dijo nunca sobre el fracaso total del sistema de capitalización individual para entregar pensiones, ni menos reconocer que es un sistema hecho para capitalizar las grandes empresas y no para entregar pensiones.

En el debate del proyecto de ley de reajuste del sector público, que llevó acompañado un contundente proyecto misceláneo “de un cuanto hay”, defendió cuestiones tan extrañas como la autorización de contratar seguros de defensa jurídica para carabineros activos y en retiro, bajo el argumento de que sería con aportes de los propios policías uniformados con un pago adicional. Sin embargo, nada dijo respecto a que el servicio del bienestar institucional a través del cual se contrataría, se financia en más de un 40% con recursos públicos, ni menos que esto permitiría la defensa –con cargo al mismo fondo– de eventuales violadores a los DD.HH., aun después de salir de la institución.

La guinda de la torta, su defensa de recurrir al Tribunal Constitucional contra el proyecto de segundo retiro de fondos de las AFP. Briones argumentó una cuestión de principios. Poseído nuevamente del espíritu portaliano, con el peso de la sobrevivencia de la República en sus espaldas, nos advirtió del peligro que amenazaba la democracia si se aceptaba esta iniciativa parlamentaria. Cuando se le consultó por qué no se recurrió al TC en el primer retiro, argumentó “cuestiones de contexto”. Entonces, en opinión del hoy exministro, los principios dependen del contexto. Curioso argumento.

Luego de confirmada la esperable decisión del TC, como guardián de la democracia dijo estar sorprendido con los cuestionamientos de la oposición ante tan jurídica decisión del Tribunal Constitucional, alejada de argumentos políticos, rematando con el ejemplo de que el antiguo presidente del organismo falló con voto dirimente en más de 30 ocasiones a requerimientos de los gobiernos de centroizquierda. Esto, por supuesto, sin mencionar la relevancia de los temas resueltos, ni menos que se trataba de un TC funcionando bajo un sistema electoral binominal, que desvirtuaba la voluntad popular y que nada tenía que ver con la realidad actual. Y en esto sí que el contexto importaba.

Para finalizar, en agosto pasado en entrevista en The Clinic, el entonces ministro respondía entre otras preguntas:

-“¿No hay que quedarse pegado en la política…?

-Yo no voy a tener una carrera política, así que no ando haciendo cálculos.

-¿Cómo? ¿No va a tener una carrera política?

-No.

Así con nuestro exministro que nos dejó hace pocos días para emprender su carrera política, ni más ni menos que a la Presidencia de la República. Aquel que nos habló de la importancia de la participación y la ciudadanía, y que dejó el gabinete sin siquiera ser proclamado por su partido, pero sí por 3 o 4 amigos controladores del nuevo conglomerado que vino a transformar la política nacional. Aquel que, en cada una de sus prédicas públicas, con Portales de inspirador, nos contó cómo supuestamente funcionan los países que él admira, los que todos y todas debemos admirar, y que nos ilustró, con sus medias verdades, que no eran otra cosa que grandes falacias.

Solo cabe esperar y ver con qué nos sorprenderá el nuevo Briones candidato presidencial.

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Los “Pirros de Epiro” y la falta de una perspectiva humanista

enero 14, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Carlos Bastías

Ex Presidente electo de la Federación de Estudiantes de la Universidad de la Frontera
Profesor de Historia, Geografía y Ed. Cívica, Universidad de la Frontera.
Diplomado en Análisis político y social, Universidad Católica de Temuco.

Los candidatos constituyentes del país parecen el elenco de una próxima teleserie, un panel de tv o los protagonistas de un nuevo reality, cuando no es nada de eso, es el ‘peso de la noche’ la ‘fronda aristocrática’, que pese al circo de la interpelación bulliciosa, llamada funa, en los hechos prácticos siguen reinventándose en el círculo del poder, con nuevos nombres, pero con los mismos apellidos.

Los partidos, defendidos por muchos, entre ellos yo, como organizaciones claves de la democracia, parecen inmunes al desprecio popular y persisten en sus lógicas de poder que los han llevado al desprestigio: esas jerarquías individuales de poder que destruyeron la sociabilidad fraterna de la asociatividad interna. Unos contra otros, intentando imponerse, como simple afirmación de la individualidad, sin considerar en esa disputa nada de lo que pasa afuera.

Como los príncipes Incas, Atahualpa y Huáscar, demasiado obcecados en su conflicto interno y en la grandeza de su imperio, no fueron capaces de ver que la fuente de su destrucción había ingresado a sus fronteras. Al igual que ellos, a los partidos les tomarán su ciudad y les levantarán dioses y creencias ajenas, les establecerán una servidumbre que cumplirán cabalmente con tal de sobrevivir, ese colonialismo ya la conocemos y se llama populismo.

En una selección de candidatos, uno siempre pregunta por el criterio, y pareciera que la selección de estos en los partidos primó más la ambición y la ignorancia, el cálculo pequeño, como si este evento electoral fuera simplemente otra elección municipal.

Los análisis post elección el día 12 de abril, serán una jornada más de ese absurdo pragmatismo numérico, abundarán los “Pirros de Epiro”, diciendo que ganaron aquí y allá, que obtuvieron tantos constituyentes más que el otro, y otros tantos lugares comunes que se acostumbran a decir en elecciones comunes.

El problema es que esta no era una elección común, y así como los triunfos de Pirro en la Magna Grecia, sus triunfos solo serán falsas alegrías respecto de la «Batalla de Benevento», la derrota profunda que se aproxima como destino fatal. Esa derrota es esa distancia profunda hacia los partidos y hacia las formas organizadas de hacer política que se transforma progresivamente en total, con la ayuda y persistencia de los partidos con sus falsas alegrías y equivocadas decisiones.

Esa derrota es esa incapacidad de los partidos de ofrecer algo más que reformas legislativas populares, incapacidad de ofrecer un horizonte que se haga cargo de ese ‘malestar’ que es más profundo que solo repartir mejor nuestros recursos materiales.

Los partidos parecen haber renunciado a sus “perspectivas humanistas”, cristianas o laicas, que daban contenido a su acción político o por lo menos daban un marco de acción ético respecto a lo bueno y lo malo. Hoy, parecen incapaces de hacerse cargo de este conflicto profundo y de ofrecer una alternativa a la crisis cultural del capitalismo tardío y la modernidad agotada, esa crisis de este individualismo que nos aísla y su materialismo que nos hace incrédulos de todo idealismo, que ha puesto en crisis los valores tradicionales que daban sentido a nuestra existencia individual y a nuestra vida social, así miradas bajo el prisma del materialismo pragmático, la justicia aparece solo como el reflejo de un sueño , el amor parece derrotado ante el materialismo del sexo fácil, la amistad condicionada al interés personal, la belleza imposible más allá de los estándares efímeros de la moda y el mercado y la verdad un asunto relativo a la subjetividad individual.

Por eso este individualismo, es calificado por muchos, como un individualismo triste, porque es triste concebir la vida así y triste entender así a los demás. El problema del individualismo de la tristeza, es que los individuos tristes, protestan y se enojan, pero no se organizan, ni tampoco actúan, porque parten de la desconfianza hacia los otros y de la decepción hacia el mundo y la posibilidad que este cambie. Por ello, el individualismo triste, enfadado y todo, no cambiara el mundo, pues su malestar carece de “perspectiva”.

Frente a la enorme amenaza que implica para el mundo la crisis ecológica y los desafíos de convivencia que implica la inequidad y nuestra crisis cultural, las disputas electorales de los partidos parecen insignificantes, y en muchos casos, ridículas.

Para no llegar a “Benevento” es necesario abandonar las mentiras del materialismo y el individualismo que nos han llevado a creer y entender la vida como esta cínica y solitaria acumulación de bienes, el desafío está en rehabilitar las esperanzas de las utopías humanistas que los pragmáticos abandonaron en Berlín: la “Civilización del amor” que fijara como horizonte Pablo VI, para los humanistas cristianos, o simplemente la “Sociedad fraterna” del Abate Saint Pierre y Rosseau para los humanistas laicos.

Para una nueva política con sentido, será necesaria esa “perspectiva humanista” que revitalice en nuestras sociedades el horizonte valórico personal de la amistad, el amor, la honestidad, la justicia, la libertad. No habrá cambio institucional duradero, si nuestra vida social no está vitalmente enriquecida por estás virtudes cívicas provenientes de una acción política con perspectiva humanista. //ELF

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Sueño de una nueva constitución

enero 13, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Pablo Santander Acevedo

Ingeniero Civil Químico y magister(c) en Gestión integrada Medioambiente y Responsabilidad Social

El día de ayer finalizó el plazo para inscripción de candidatos y candidatas de concejalía, alcaldía y convencionales constituyentes, entre la falta de unidad de los partidos de centro izquierda y la derecha alineada, surgen las candidaturas independientes y con esto muchas interrogantes, pero la que más he recibido es en relación a que requisitos debe cumplir un candidato o candidata, cabe preguntarse ¿Cuál es el perfil de candidatos y candidatas que debe llegar a la convención constitucional?.

Las elecciones que tendremos el día domingo 11 de abril, nos llevarán a la redacción de una nueva Constitución y se necesitan personas con una mirada transformadora y de desarrollo futuro, ya que, es de esperar, que esta nueva carta magna determine el destino de nuestro país, por lo menos dentro de los próximos cuarenta años.

Entonces, ¿Qué cualidades pide la ciudadanía para sus representantes en este importante hito histórico? Deben ser personas transparentes, con una ética a toda prueba, con vocación de servicio social, mirada colectiva y mucho trabajo en territorio, personas cercanas que sepan cuáles son las necesidades de la gente en la vida real y que tengan la indudable voluntad para generar cambios, disminuir las brechas de desigualdad, fortalecer nuestra democracia y ser un país más digno para todos y todas. Chile cambió, la sintonía con la ciudadanía debe ser a través de señales potentes de reivindicación de los partidos políticos, con una oferta de candidatos con historial impecable, que aporten a la renovación, al reencanto y el reencuentro de la sociedad con lo político.

Temas como el acceso a una salud, educación, mejora en las pensiones, cuidado del medioambiente y el derecho humano al agua, no deben estar ausentes dentro de las convicciones de nuestros candidatos y candidatas, que luego serán plasmadas en una nueva Constitución y construir un desarrollo sustentable.

Debo reconocer que me hubiera encantado estar dentro de estas personas, como ingeniero civil químico y egresado de magister en medioambiente y sustentabilidad, quisiera que nuestra constitución tenga una mirada solidaria y no subsidiaria, que sea un estado de bienestar centrado en las personas, no en las grandes empresas e intereses.
Sin embargo no fue posible ya que mi partido, el Partido por la Democracia, al cual pertenezco desde hace cinco años, con la convicción de que si se puede cambiar la forma de hacer política desde dentro, ha cerrado sus puertas a una candidatura por el distrito N° 6, que es donde pertenezco, donde nací y donde he realizado un trabajo como dirigente social medioambiental, deportivo y político, además de ser el presidente nacional de la comisión de medio ambiente y sustentabilidad del partido, todo esto desconociendo la voluntad de las bases y priorizando la candidatura de Carlos Ominami.

Aprovecho de aclarar que no aceptaré una candidatura por el distrito N° 7, ya que no fue una inscripción consentida y se hizo dicho proceso contra mi voluntad expresa, no me permitiré irrumpir en un territorio donde no pertenezco ni he podido conocer a su gente y sus necesidades, mi trabajo es por convicción, por la imperiosa necesidad de dejar una huella positiva en este mundo y entregar humildemente mis conocimientos al servicio de la comunidad.
Finalmente, la ciudadanía será quien juzgue y elija mediante el voto a sus representantes, a los y las que siempre están y no aquellas que por conveniencia, apenas se abre una oportunidad, recurren a ella por todos los medios, a quienes recorren las poblaciones, se reúnen en cabildos a escuchar y no solo a ser escuchados y a quienes realmente representan la voluntad de la gran mayoría que lucha día a día por un país mejor. //ELF 

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La derecha y los Derechos Humanos: Más claro imposible

enero 5, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

No ha habido caso que la derecha evolucione en lo fundamental en materia de Derechos Humanos: se niega a respetarlos y promoverlos en Chile, aunque los reclame en Cuba y Venezuela con estridencia y guarde un económico silencio respecto de China.

Hoy, ha votado en contra de que se cree una asignatura de Memoria y Derechos Humanos en las escuelas.

La derecha se niega a que las nuevas generaciones puedan conocer a través de un programa educacional hechos que por su horror y brutalidad nunca más deberán repetirse, para lo cual no debe olvidarse que ocurrieron. Estos hechos son que durante una dictadura que la derecha promovió y apoyó se produjo una brutal represión que costó la vida a miles de chilenos y chilenas.

Esa violación del derecho a la integridad y a la vida partió el día del golpe de Estado de 1973 con múltiples torturas y fusilamientos de personas desarmadas y siguió con la formación de un escuadrón de la muerte a partir de la caravana del mismo nombre, que luego conformó la DINA y más tarde la CNI. Este escuadrón de la muerte torturaba, violentaba, asesinaba y hacía desaparecer cuerpos contando con todos los recursos del Estado. Respondía directamente al dictador Pinochet y operó día a día durante 16 años, hasta el 4 de septiembre de 1989, cuando fue asesinado Jécar Neghme a solo meses del fin de la dictadura.

Esto es lo que la derecha no quiere que las nuevas generaciones sepan. Lo que es, en todo caso, un deseo fútil, pues la transmisión de estos hechos seguirá de generación en generación. Pese a quien le pese. //ELF

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