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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

Propuesta constitucional: Una república democrática de trabajadores

enero 4, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Roberto Avila Toledo

Abogado

Una Constitución es la ley suprema de la nación y sus objetivos fundamentales son definir, organizar el Estado y establecer los derechos y deberes de los ciudadanos. El abogado Roberto Avila Toledo, que no es candidato a la constituyente, sí tiene una propuesta constitucional, la que se puede conocer en estas páginas.

DEFINICIONES FUNDAMENTALES.

1.- Chile es una República Democrática de Trabajadores. El trabajo es el valor supremo de la nación y de los ciudadanos, nadie será sancionado por ejercerlo y el Estado hará cuanto le sea posible por garantizarlo, protegerlo y exigirlo.  El derecho al Trabajo está asociado a la sindicalización que será unitaria por rama y obligatoria este derecho incluye las fuerzas armadas.

2.- Los Derechos Humanos son parte esencial del Estado de Chile.

3.- Los chilenos son iguales en dignidad y derechos no se establecerá diferencia alguna en base razones políticas, sexuales, religiosas, étnicas o de cualquier otra índole.

4.- Son chilenos todos los que tengan voluntad de destino común con nuestra nación. Son chilenos los hijos de chilenos donde quieran que hayan nacido y los que no lo sean de nacimiento podrán optar luego de 10 años de residencia y trabajo en el país.

5.- El Estado de Chile propenderá a las formas más intensas de colaboración con la comunidad internacional y especialmente con América Latina respecto de la cual se promoverá la mayor unidad continental.

6.- El no acatamiento generalizado y sistemático de la Constitución concede a los ciudadanos el derecho a la rebelión.

7.- El Estado de Chile es unitario y sus actuales fronteras sólo pueden alterarse vía plebiscito y sin que se reduzcan en sus dimensiones.

8.- Las riquezas naturales del país serán explotadas por el Estado de Chile y no podrán ser privatizadas, sólo se podrán establecer concesiones por plazo no superior a 20 años y con plebiscito habilitante. Toda explotación o concesión privada cesará con la dictación de esta constitución especialmente las mineras de aguas u otras de semejante naturaleza.

DERECHOS CIUDADANOS

1.- Todo ciudadano tiene derecho a ejercer sus derechos Humanos que son los establecidos en la declaración universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1947 y la Convención Americana de Derechos Humanos.

Como simple enumeración de estos derechos, no taxativa, se deben considerar: el derecho a la vida, el debido proceso y la presunción de inocencia, el derecho a la propiedad privada en todas sus formas especialmente cuando deviene del trabajo propio, el derecho a entrar y salir del país, el derecho a la libertad de expresión, el monopoliio de los medios de comunicación no será permitido se entenderá por tal cuando esté controlado pr menos de 10 grupos de interés, a vivir en un medio ambiente limpio, el derecho a la educación pública y democrática que el Estado garantizará de acuerdo al mérito personal y gratuitamente a nivel básico secundario y universitario esta educación pública coexistirá con la educación privada para quienes opten por ella, el derecho a la vivienda que se ejercerá garantizado por el Estado y con la contribución del ciudadano en la medida de sus posibilidades la existencia de personas viviendo en situación de calle se considerará notable abandono de deberes del alcalde e y gobernador respectivo, el derecho a la salud que será gratuita y universal y que coexistirá con la salud privad para quienes opten por ella, existirá un sistema público y otro privado de pensiones de libre elección, ambos se constituirán con un aporte tripartito de trabajador, empresa y Estado, existirá iniciativa popular de ley.

Toda colusión de grandes empresas con posición dominante en un mercado de productos esenciales como alimentos, medicinas o servicios básicos en perjuicio de los ciudadanos se considerará para los efectos de prescripción y sanción como crimen de lesa Humanidad. De igual manera se considerará el fraude o evasión tributaria que supere los 30 sueldos mínimos. El delito de prevaricación de los jueces y fiscales será también considerado crimen de Lesa

Humanidad a estos efecto del Estado

Los poderes del Estado a nivel constitucional serán cuatro: El poder ejecutivo, el legislativo, el judicial y la Asamblea Nacional de los Ciudadanos. Todos quienes integren estos poderes en su nivel superior serán elegidos por voto popular y estarán sujetos a plebiscito revocatorio. Estos poderes son independientes en su función y se rigen en lo administrativo por el ejecutivo.

La Asamblea Nacional Ciudadana funcionará por un mes al año y definirá y orientará los rumbos estratégicos del país, será integrado por todos los sectores de la vida nacional: trabajadores, empresarios, profesionales, militares, científicos, filósofos, estudiantes, artistas, deportistas etc… Sus acuerdos son orientaciones y diseños que no reemplazan la labor del legislativo, ejecutivo y judicial sino que analizan y piensan nuestra sociedad con perspectiva estratégica.

Las fuerzas armadas se subordinan al ejecutivo. Las Fuerzas armadas se componen de la fuerza profesional y de la Guardia Nacional dirigida por la primera y compuesta de voluntarios. La doctrina de las fuerzas armadas y de la policía es democrática, respetuosa de los derechos humanos y coherentes con los propósitos del ejército de la Independencia. El ejército sólo podrá entrar en Santiago con autorización del Senado, todo integrante que incite a un golpe de estado contra el Estado Democrático será condenado a muerte. Existirá una escuela de formación única en cada una las ramas, no existirá tope en la carrera militar o policial.//ELF

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Para que la Constitución no sea letra muerta

diciembre 29, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Cecilia Valdés

Vicepresidenta nacional de la Democracia Cristiana (DC)

Asustada esta la oligarquía que piensa que puede perder poder con el despertar, sin tener conciencia de que perdió hace ya un tiempo el poder que le dio el propio pueblo una y otra vez, con la secreta esperanza, cada vez, de que fueran considerados en esa nueva patria que siempre anunciaban. Este mundo mezquino que hace que los privilegios se concentren en unos pocos, que se engañe al pobre con caridad, no pudo sostenerse y las calles se rebelaron y nacieron nuevos niños y niñas de la esperanza.

Escalofrío da pensar que por primera vez en la historia de Chile, y por única vez en nuestras vidas, se podrá construir una nueva Carta Magna con participación popular.

El temor que inunda los corazones de todos los que sacrificaron vidas, piernas, brazos y ojos es que la clase política traicione al pueblo, le vuelva a dar la espalda, vuelva hacerse el sordo y negocie todo por pequeños y miserables espacios que les rindan votos carroñeros y que no permitan avances. Eso por lo que los jóvenes entregaron todo por la revolución hermosa que nos hizo despertar, nos gritaron “no son 30 pesos, son 30 años”, juegos de palabras más o menos, lejos de preguntarnos el porqué de esa frase, nos ofendimos. Un genuino sentimiento que emana de la soberbia que cree que todos le deben gratitud, eternamente.

Lejos de la Violeta Parra que con su canto nos dijo “que vivan los estudiantes”, los ignoramos, no hicimos esfuerzo alguno por comprender su desgarrador grito.

Asustada está la oligarquía que piensa que puede perder poder con el despertar, sin tener conciencia de que perdió hace ya un tiempo el poder que le dio el propio pueblo una y otra vez, con la secreta esperanza, cada vez, de que fueran considerados en esa nueva patria que siempre anunciaban.

Este mundo mezquino que hace que los privilegios se concentren en unos pocos, que se engañe al pobre con caridad, no pudo sostenerse y las calles se rebelaron y nacieron nuevos niños y niñas de la esperanza.

Ahora está en manos de algunos que la Constitución no sea letra muerta; no es aceptable que se valoren más los cupos que los principios que necesitamos plasmar en este nuevo trato. No puede ser que cada feudo partidario prefiera tener un resultado pequeño, aunque mayor que el resto y que sacrifique por ello los sueños, las esperanzas de nuestros hijos, hijas, nietos y nietas.

Frases como “la gente no sabe”, pese a que el pueblo ha demostrado ser más sensato que las autoridades, una y otra vez. O como “esto será el caos”, no lo fue y no lo será, por lo menos por los que reclamamos justicia social.

Los que creen ser los salvadores en forma arrogante solo se han convertido en un lastre que no permite la evolución. Es de esperar que se deje el espectáculo simple, el que ya no es creíble aunque lo maquillen con una intensa retórica, porque ya sabemos que es solo eso: re-tó-ri-ca.

Hay que dejar que el pueblo busque su propio destino, confiar en la sabiduría que siempre ha tenido, no se puede manipular más con palabras lindas pero vacías, frases sin espíritu y grandilocuencia inútil para la gran mayoría de los que esperan que algo de este país les pertenezca, pues hoy solo unos pocos lo poseen.

Señores y señoras, ustedes que nunca escucharon, no nos hagan creer que ahora sí lo harán, pues el pueblo es paciente, mas no estúpido.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Cecilia Valdés, columna, Columnista, estallido social, Nueva Constitución

El Imperio del Mall

diciembre 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile y columnista de La Tercera 

En los primeros días del estallido social, cuando la clase dirigente usaba el “no lo vimos venir” como expresión a la vez de perplejidad y sospecha, el Presidente de la República solía citar un dato que a él le parecía clave. El consumo, comentaba Piñera, había sido alto en las semanas previas. Las compras dieciocheras y los viajes por Fiestas Patrias habían crecido. Y poco antes del estallido, el CyberMonday había batido récords con más de dos millones de transacciones.

“¿Quién podía anticipar esto?”, se preguntaba Piñera. O realmente las multitudinarias protestas eran obra de “alienígenas”, o había una profunda contradicción en esas masas que gozaban de las bondades del mercado un día, para luego protestar contra el modelo al siguiente.

Esa misma lógica se repitió esta semana. Las largas filas a la entrada de los malls para hacer compras navideñas parecieron prueba de inconsistencia y frivolidad. El presidente del consejo asesor de Libertad y Desarrollo, Luis Larraín, se quejó de estas “multitudes en los malls los últimos días, horrorizadas por la posibilidad de que las tiendas cerraran, dejándolas sin poder gastar su dinero”.

“Cuando la dignidad murió en un mall”, “el mall es la nueva Iglesia de Chile”, “después de pedir dignidad terminan en el mall”, “después (de las marchas) acabaron en el mall validando la sociedad de consumo”, fueron algunas de las viralizadas quejas, muchas de ellas desde la izquierda.

Quejas, todas, que demuestran cómo algunos siguen sin entender nada sobre la protesta que estalló hace ya 14 meses.

Porque una cosa es que ciertos exaltados hayan querido atacar centros comerciales. Pero, en su expresión masiva, este nunca fue un reclamo contra el consumo, el capitalismo o el mercado, sino contra los contornos extremos que esos fenómenos, bases de la modernidad, han tomado en Chile.

El primer mall del país abrió en 1982, en el cénit del poder de los Chicago Boys, cuando, como recuerda la doctora en Estudios Urbanos Liliana De Simone, “para los defensores del régimen militar, la llegada de Parque Arauco fue el símbolo perfecto del triunfo del modelo neoliberal”.

En su libro propagandístico de 1987, La revolución silenciosa, Joaquín Lavín celebraba cómo malls y supermercados “se han transformado, para la familia, en un verdadero paseo. Lejanos están los días en que compraba la empleada doméstica o sólo la dueña de casa”.

Por contraste, esta “catedral del consumo”, como la llamó Tomás Moulian, se convirtió en un símbolo repelente para cierta élite socialcristiana y de izquierda, admiradora de la cultura europea. “Nunca he ido ni pondré un pie en un mall”, dijo el entonces Presidente Patricio Aylwin, como forma de “repudio hacia ese mall (que es) una ostentación del consumismo”.

Pese a ese desprecio en la élite, múltiples investigaciones muestran cómo la clase media y los sectores populares resignificaron el mall, convirtiéndolo en parte de su vida cotidiana. Ante el abandono del Estado, graficado en la falta de áreas verdes y zonas de encuentro social, “muchos usuarios asumen al mall como un espacio público más, tal como lo es la plaza o la calle”, destacan De Simone y Rodrigo Salcedo.

El malestar de la sociedad chilena no rechaza al consumo ni al mall, ni pide el regreso a un pasado más austero. Lo que exige es un capitalismo que lime sus tres características más indignantes: la deuda, el abuso y la mercantilización de lo social.

La deuda es la espada de Damocles que ahoga a los chilenos. El retail se ha especializado en vender dinero antes que productos, con un incesante bombardeo de ofertas exclusivas para tarjetas e intereses usureros disfrazados de comisiones. Esto, en un país con ingresos medianos de 401 mil pesos y jubilaciones miserables, en que alimentos y medicamentos se compran masivamente a crédito. El resultado es que, en los 16 años previos al estallido, la deuda de los hogares pasó del 36,5% de sus ingresos a un máximo histórico de 74,5%.

El abuso es una experiencia cotidiana, que no sólo engloba robos como los de las farmacias, los pollos o el confort, sino también el cotidiano desprecio de empresas que parecen tener por lema “el cliente nunca tiene la razón”. Es una consecuencia de mercados oligopólicos, en que los clientes están cautivos, la competencia es la excepción y no la regla, y los organismos de defensa de los consumidores son gatitos amaestrados antes que leones con dientes.

Finalmente, está la pregunta por los límites del mercado. Como plantea el famoso ensayo de Michael Sandel Lo que el dinero no puede comprar, es el dilema entre tener una economía de mercado o ser una sociedad de mercado, en que el dinero desplaza cualquier otra forma de construcción de comunidad.

Y los chilenos han repetido una y otra vez, tanto en las encuestas como en las calles, que hay ciertos aspectos de nuestra sociedad, como la educación, la salud y las pensiones, que no deben quedar librados sólo al poder del dinero. Que no deben ser, como dijo Piñera sobre la educación, “un bien de consumo”.

No es casualidad que la gran ola de protesta haya partido en 2011 por la educación superior, un ámbito en que explotaron simultáneamente la conciencia de la deuda (el castigo del CAE), el abuso (por las coimas en la acreditación y el engaño de la Universidad del Mar), y la mercantilización de un derecho social.

Los chilenos entienden que el consumo es parte fundamental de la vida moderna, y que no hace menos dignas a las personas, como creen algunos nostálgicos del marxismo. Tampoco los convierte en cómplices de los abusos, como sugieren ciertos propagandistas neoliberales.

Entienden que sus ideales y esperanzas no se consumen en el consumo.

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¿Cuántos pobres se necesitan para hacer un rico?

diciembre 26, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Alejandro Marcó del Pont

Lic. en Economía y Magíster en Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de La Plata).

La pregunta con la que abre este texto es un tanto complicada. Responderla no es lineal como fue el caso de otro artículo, ‘Las dimensiones del infierno’. En ese momento equiparé el mundo y sus pobres con el averno, por lo que las dimensiones se limitaban a la tierra. Un poco más complejo le resultó a Galileo, debo reconocer, cuando la Iglesia le solicitó las magnitudes del inframundo para precisar cuántos demonios podía albergar.

La solución es compleja, decía, porque más allá de la estrechez de los datos hay que tomarlos con gran cautela. Por ejemplo, si lo restringimos a las personas que viven con menos de un U$S 1 por día habría 1.000 millones de pobres en el mundo; con menos de U$S 2, unas 2.800 millones y con menos de U$S 2.5, sería pobre la mitad de la población mundial, 3.700 millones. Así que, acompañando el último dato, necesitaríamos 1.687.853 personas sentenciadas a la miseria para producir un rico en el mundo. Para entrar en la lista de 2208 multimillonarios de Forbes es necesarios tener al menos U$S 1.000 Millones.

Pero no todos los países son homogéneos en su producción de opulencia. Consideremos a Brasil. El gigante sudamericano tiene 41 multimillonarios (con unos U$S 175 MM) y gracias a las gestiones del gobierno golpista de M. Temer, los pobres rondan los 52 millones, el 25.4% de su población. Es decir, que para generar un rico en Brasil necesitan condenar a la pobreza a 1.238.095 personas.

Si el caso fuera la Argentina, que según Forbes tiene 9 multimillonarios (U$S 15.6 MM), las cifras difundidas por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) nos dicen que hay 13.2 millones de personas en condición de pobreza, el 33.6% de la población. Estos números nos llevan a constatar que el índice productor de opulencia (IPO) es de 1.466.666 personas, relación que, intuitivamente, nos conduce a pensar que la distribución del ingreso en la Argentina es más conveniente que en Brasil, porque se necesitan sacrificar más personas a la miseria para crear un rico (¿o somos menos productivos?).

Unos 600 millones de jóvenes en el mundo actualmente no trabajan, no estudian ni participa en ningún programa de formación. De los mil millones de jóvenes que entrarán en el mercado laboral en la próxima década, se prevé que sólo 40 por ciento logrará encontrar un empleo disponible. Pero, extrañamente, 218 millones de niños de 5 a 17 años están ocupados en la producción económica mundial, en África uno de cada cinco, en América uno de cada diecinueve. Aparentemente el problema necesita otro abordaje.

Si vemos los datos de Forbes acerca del crecimiento de multimillonarios a los largo de los últimos dieciocho años notaremos que la mayor aceleración se encuentra después del colapso económico del 2008. Y sorprende el reparto sectorial del incremento de riqueza. Por ejemplo, en Brasil, de los 41 multimillonarios que tiene, hay once que guardan relación con las finanzas (U$S 57.6MM). Es decir, que en la distribución de riqueza casi el 40% de los ricos de Brasil son banqueros o cerveceros (productores de cerveza U$S 56.6MM).

Al parecer el contrato social de la posguerra se rompió, “se sabía que unos, los más favorecidos, se quedarían con la parte más grande de la torta, pero a cambio los otros, la mayoría, tendrían trabajo asegurado, cobrarían salarios crecientes, estarían protegidos frente a la adversidad y la debilidad, e irían poco a poco hacia arriba en la escala social. Un porcentaje de esa mayoría, incluso, traspasaría la frontera social imaginaria y llegaría a formar parte de los de arriba: la clase media ascendente” (https://goo.gl/9j9WhP).

La prosperidad económica desde los ochenta ha aumentado, pero el bienestar de la mayoría no, al menos así se expresa en las encuestas mundiales (https://goo.gl/v3mFwp). La ruptura del contrato social generó mayor desigualdad, se fracturó el pacto generacional, lo que se dio en llamar la curva del Gran Gatsby, que explica que las oportunidades de los descendientes de una persona dependen mucho más de la situación socio­económica de sus antecesores que del esfuerzo personal propio. Y la democracia es instrumental, es buena si me soluciona los problemas, cualquiera de estas realidades no fueron siempre así.

 

Tenemos una gran capacidad para innovar los nombres de lo que no podemos modificar, o refinarla, como el insumo pobreza para generar un rico. La pobreza es multidimensional, está ligada con la salud, la educación, las condiciones de vida (gas, luz, agua potable, cloacas, transporte, etc), según la definición del Índice Multidimensional de Pobreza del PNUD, que contiene, a su vez, la desigualdad del ingreso, indicador que ha dejado pasmado al mundo por su concentración durante los últimos 10 años.

 

De igual modo, no nos olvidamos que hemos innovado, ya que según el Banco Mundial la pobreza extrema se mide con U$S 1.90 por día, otra cifra por encima de esta produciría pobres, pero menos extremos. Lo cierto es que si tomáramos este dato para Argentina, y para un integrante de la canasta básica alimentaria (CBA), daría unos U$S 2.20 por día, los datos serían ostensiblemente mayores a los BM (https://goo.gl/6xfj6K).

 

Es cierto que ante el crecimiento de la población mundial, la pobreza ha disminuido, pero también es cierto que vivimos peor. En el año 2005, la ONG Oxfam en su informe anual, y dando cuenta de la gravedad de la desigualdad mundial, anunciaba que el 1% de los más ricos del planeta se quedaba con el 48% de la riqueza mundial. Vaticinaba con profunda preocupación predicciones siniestras donde en el año 2016 el 1% de los ricos se almacenarían el 50% de la riqueza y el 2019 podrían llegar a la impensable cifra de 54%. Las peores profecías se quedaron cortas, en el 2017 el 1% de los más ricos se apoderó del 82% de la riqueza mundial.

 

No crean que es el peor de los datos, la mitad de la población mundial, 3.700 millones de personas, no se benefició en nada, “0”, de la riqueza generada. Desde el 2010 las ganancias de los ricos aumentaron a una tasa del 13%, mientras que los sueldos lo hacen al 2%. Sólo en el 2017 la riqueza de los multimillonarios se incrementó en U$S 762.000 millones, cifra que sería suficiente para terminar seis veces con la pobreza extrema.

 

Sólo ocho personas poseen la misma riqueza que la mitad más pobre del mundo, 3.700 millones; la relación aquí sería 462.500.000 de miserables para generar un rico. No es sólo la diferencia desmedida de la riqueza lo que ha provocado esta perpetua degradación, sino el empobrecimiento colectivo, ciudades arruinadas, pueblos abnegados, escuelas destruidas, hospitales destrozados, desempleo juvenil, fracaso colectivo de la voluntad, y todo es austeridad, ahorro, abstinencia, privación debido ¿a qué? Desde mucho antes convivimos con la sobriedad y lo único que generamos fue una mayor tasa de crecimiento de la riqueza para los más ricos.

 

Toleramos sumisamente aumentos de los combustibles, de los servicios, aceptamos tener una mala salud, una pésima educación, que se interrumpa la movilidad intergeneracional, la depresión, el alcoholismo, el juego, la falta de futuro. Y en el mismo rumbo, admiramos a los ricos, naturalizamos la desigualdad. “Esta disposición a admirar, y casi a idolatrar, a los ricos y poderosos, y a despreciar o, como mínimo, ignorar a las personas pobres y de condición humilde [… ] [es] la principal y más extendida causa de corrupción de nuestros sentimientos morales” (Adam Smith; Teoría de los Sentimientos Morales).

 

Nos hemos vuelto insensibles a los costes humanos de políticas sociales en apariencia racionales. Ser receptor de asistencia pública, tanto en forma de ayuda para los hijos, bolsas de alimento, seguro de desempleo, o de cualquier otro tipo se transformó en una marca de Caín: un signo de fracaso personal, la muestra de que, de alguna forma, esa persona se había escurrido por las grietas de la sociedad. Se equiparan a políticas de caridad del siglo XIX que, durante 150 años, la humanidad trató de abolir por degradantes y hoy estamos en el mismo punto.

 

Devolver el orgullo y la autoestima a los perdedores de la sociedad fue una plataforma central de las reformas sociales que marcaron el progreso del siglo XX. Hoy las hemos perdido por poco. No importa la cantidad de pobres para crear un rico, importa que estamos llenos de pobres con lentes de opulencia.

 

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE LA RAZÓN

 

Por Alejandro Marcó del Pont – Lic. en Economía y Magíster en Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de La Plata). Analista de economía. Columnista y comentarista en varios periódicos, radios y televisiones internacionales. Bloguero en El Tábano Economista.

 

 

 

 

 

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¿El dinero no importa? Accountability de la técnica

diciembre 16, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Fernando Araya, abogado y socio de Estudio Lewin

Si durante los próximos años en Chile seremos testigos de una industria de medios de pago con tarjeta con cambios cosméticos, o bien de un ecosistema moderno de soluciones de pagos minoristas, es algo que está en manos tanto de los reguladores de libre competencia como financieros.

A mediados de noviembre, diversos intervinientes expusieron ante el TDLC (Tribunal de Libre Competencia) en la audiencia pública relativa al procedimiento de consulta de Transbank sobre un sistema de autorregulación tarifaria para el margen adquirente, uno de los elementos –pero no el más importante– que pagan los comercios (y los consumidores) por la utilización de tarjetas como medios de pago.

Esta semana, adicionalmente, el TDLC dio inicio a un procedimiento para la dictación de instrucciones de carácter general que deberán considerar las empresas al determinar las tasas de intercambio en el mercado de medios de pago con tarjetas, hasta que las mismas se regulen por ley.

Una cuestión tan importante para el bolsillo de todos los consumidores está siendo resuelta por lo más sofisticado del conocimiento técnico del país, al margen de un control democrático. En buena hora, dada la profunda crisis que afecta a gran parte de nuestra clase política.

El operador dominante, la FNE (Fiscalía Nacional Económica), grandes comercios, recaudadores, proveedores de servicios de pago, desafiantes en adquirencia, marcas de tarjetas, consumidores, son todos parte de un debate que nos mantendrá en un juego de suma cero –con meras distribuciones de excedentes entre los participantes- o bien nos llevará a un incremento de la torta, es decir a soluciones de pago innovadoras y que estén a disposición de más comercios y más consumidores. Sin embargo, éstos son sólo nuevos capítulos de debates que se estarán verificando en los próximos meses.

La falta de control democrático en gran parte del esquema regulatorio a ser diseñado, implementado y -luego de un tiempo- evaluado, impone a los reguladores los más elevados estándares de accountability y calidad normativa en las decisiones que adopten en los próximos meses. Muy probablemente, implique recomendaciones de cambios en el diseño institucional con un hipotético nuevo órgano regulador a cargo de sistemas de pago minoristas.

El dinero plástico, el dinero digital, el dinero móvil, hacen posible el e-commerce. El período de pandemia ha mostrado que el futuro va hacia allá: hacia un ecosistema moderno de soluciones de pagos minoristas. Los reguladores vuelven a tener la llave. //ELF

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Medio Ambiente y Nueva Constitución

noviembre 23, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

 
Por Gabriela Simonetti Grez, Sociedad Civil por la Acción Climática Magallanes y
Víctor Silva Gallardo, Sociedad Civil por la Acción Climática Antofagasta

Chile ha hablado claro, de norte a sur y de cerro a mar, sobre lo que deseamos como sociedad: una nueva Constitución Política que fije las reglas del juego para el país. Creemos desde el ambientalismo que la naturaleza y la biodiversidad necesitan ser consideradas como elemento central porque un pueblo no existe si no tiene un soporte físico sobre el cual habitar. Nuestro bienestar depende de la salud de los ecosistemas. Todas nuestras necesidades, desde la alimentación hasta la salud mental dependen de un entorno natural sano.

Un Chile que desea mejor seguridad social, dignidad en la habitabilidad, la salud, educación y el medio ambiente son temas importantes que desde el estallido social del 2019 han cobrado fuerza pues hemos logrado entender que hay un desequilibrio y una mochila cargada de inequidades desde hace varios años. No es baladí considerar que el cuidado, protección y conservación de nuestro entorno es un asunto central puesto que la postura es clara: este modelo económico actual no resiste seguir sacrificando zonas de nuestro país y a su gente. Un modelo extractivista irresponsable con la biodiversidad y que nos deja a merced del mercado en el acceso a bienes comunes como el agua, no hacen más que reforzar que la crisis social del 2019 es también ambiental. Si seguimos depredando la naturaleza como lo hemos hecho hasta ahora, estamos poniendo en jaque nuestro bienestar y el de las generaciones que vendrán, amenazando incluso la consecución nuestros Derechos Humanos.

Creemos que la Nueva Constitución, en un capítulo sobre Principios Ordenadores del Estado, debiera considerar al medio ambiente como un elemento central, tal como lo son la nación, la soberanía, la población, los individuos, el territorio e -inclusive- la separación de poderes. Esta consideración es un gran avance en el modo en que nos vemos y reconocemos como nación respetuosa de nuestro entorno y sería, sin dudas, algo que marcaría precedentes.

En cuanto al capítulo de los Derechos Fundamentales es necesario comprender en una visión amplia a nuestro medio ambiente, como lo efectúan en Constituciones latinoamericanas como la ecuatoriana. Chile ha replicado un modelo de desarrollo que entiende la biodiversidad como un recurso ilimitado para ser explotado, sin comprenderlo como un eje clave para el buen vivir. Manifestación clara es que el país es quinto en el ranking de conflictos socioambientales per cápita según el Atlas de Justicia Ambiental, basta observar los 117 conflictos registrados en el Mapa de Conflictos del Instituto Nacional de Derechos Humanos que, a pesar de no estar actualizado, refleja una realidad transversal: los territorios -incluyendo las comunidades, la biodiversidad que los habitan y sus interacciones-, están fuertemente amenazados por sistemas de desarrollo que no contemplan que la sostenibilidad tiene como uno de sus pilares fundamentales la conservación de la naturaleza.

La Sociedad Civil por la Acción Climática en Chile, con eco regional en Antofagasta y Magallanes, exige que se garantice el acceso al agua como un derecho humano, con prioridad para la conservación de los ecosistemas y el fin de las zonas de sacrificio que existen hoy en Chile, asegurando a cada persona el derecho a la vida digna, a la salud y la mayor protección del medio ambiente para que nunca más en el país se exploten indiscriminadamente recursos ni dañen ecosistemas, así como el justo reconocimiento a nuestros pueblos originarios, es decir, una Constitución de cuidados, protección, recuperación y valoración.

La conversación debe ser descentralizada, levantando las voces de líderes y lideresas ambientales de todo Chile que dan a conocer cómo la actividad portuaria ha determinado el comportamiento de aves en Mejillones donde éstas construyen sus nidos con fibras de sacos plásticos, o una minería que ha hecho desaparecer lugares como Chuquicamata o las termoeléctricas que degradan la vida en Tocopilla o Huasco. En el sur los bosques han sido arrasados por monocultivos, los mares donde habitan especies únicas del país como el delfín chileno, se han infectado de jaulas de cultivo para salmones y sus pampas, turberas, árboles y lagunas desaparecen en rajos mineros para extraer carbón.

Los dolores son de norte a sur, pero tenemos la esperanza puesta en que, como sociedad, entendamos que afectar la naturaleza también degrada la calidad de vida de las comunidades locales y, aunque no lo veamos a simple vista, a la humanidad en su totalidad. Por ello, la justicia ambiental es -además- justicia social.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, Gabriela Simonetti Grez

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