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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

La década dorada

enero 5, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile 

Es difícil recordarlo hoy, escribiendo en enero de 2030. Pero la que terminaría siendo la década dorada de Chile comenzó en una enorme incertidumbre. En ese verano caliente de 2020, todo parecía a punto de desmoronarse.

La extrema derecha intentaba descarrilar el proceso constituyente apelando a los instintos primarios: el miedo y la rabia. La extrema izquierda coqueteaba con la violencia: revolucionarios de cuneta juraban que estaban a punto de asaltar el Palacio de Invierno. Las fuerzas democráticas se paralizaban, acobardadas por la presión de las funas callejeras y las redes sociales. Líderes de opinión y columnistas de los diarios hacían una lectura histérica de manifestaciones culturales que no comprendían. Olvidaban el consejo del héroe de su generación, Bob Dylan: “Don’t criticize what you can’t understand”.

Pero nunca está más oscuro que justo antes del amanecer. Y el sol salió con una movilización masiva. A la marcha más grande de la historia, de octubre de 2019, siguió la votación más grande de la historia, en el plebiscito de abril de 2020.

Envalentonados por el éxito, los políticos democráticos se sacudieron de sus traumas, aislaron a los extremos y, obligados por el quórum de dos tercios, dialogaron y buscaron consensos. El resultado no fue una Constitución de derecha ni de izquierda, sino una carta con consensos mínimos que dejó la puerta abierta para el debate político.

El proceso fue más importante que el resultado: se organizaron cabildos por todo Chile sobre la discusión constituyente. El ejercicio de levantar la vista del teléfono para reconectarse con los vecinos tuvo un efecto notable; se fortalecieron las organizaciones de base, que cooperaron entre ellas para formar coordinadoras con influencia nacional.

Eso fue fundamental en la primera crisis de la nueva República. Cuando se descubrió que políticos y empresarios habían conspirado para asegurar leyes a la carta, la máquina de impunidad comenzó a trabajar tal como lo había hecho en el escándalo de las platas políticas de 2015.

Pero esta vez, dos millones de chilenos salieron a la calle exigiendo justicia… Tanto sobornadores como sobornados terminaron en la cárcel: parlamentarios, gerentes generales, un ministro y hasta el líder de un importante grupo económico. El aviso fue claro: el balance de poder entre la clase dirigente y la ciudadanía había cambiado para siempre.

La oligarquía ya no podría obstaculizar el cambio. Las rentas de los recursos naturales, capturadas por ella desde la conquista de Chile, ahora serían un motor de desarrollo. El royalty minero y la licitación de las pesquerías (se anuló la corrupta ley de pesca), financiaron centros de innovación instalados en las capitales regionales, que unieron el trabajo de empresas, universidades y el Estado. Los retornados de Becas Chile al fin pudieron desarrollar su potencial. Si hasta 2019 Crystal Lagoons o Cornershop eran excepciones, en nuestros locos años 20 se multiplicaron los emprendimientos exitosos a escala internacional.

La reforma de las AFP también ayudó: los fondos de las pensiones se redestinaron a inversión pública a largo plazo, financiando, con buenas rentabilidades, ferrocarriles, embalses y puertos.

Todo esto ocurrió justo a tiempo. Como sabemos, el gran frenazo de la economía china en 2029 derrumbó el precio del cobre. 100 años antes, el colapso del salitre hizo que Chile fuera el país más golpeado por la crisis de 1929. Pero ahora ya no teníamos todos los huevos en la misma canasta.

Tras recuperar el litio de la captura de SQM, nos convertimos en productores de baterías para autos eléctricos. Nuestro predominio mundial en energía limpia nos llevó a liderar en celdas de hidrógeno verde, indispensables para los vehículos a hidrógeno japoneses. Aprovechamos la radiación solar para vender esa energía a Argentina, Perú y Brasil, y el know how sobre generación eléctrica, a todo el mundo. Cuando la carbono neutralidad se volvió norma, las principales multinacionales movieron sus operaciones a Chile para aprovechar la energía limpia.

De ser la capital de la astronomía mundial, pasamos a la astroinformática. En conjunto con gigantes como Google y Amazon convertimos Antofagasta y La Serena en los Silicon Valley del Big Data: un concepto que al principio de la década era un chiste, por un chapucero informe del gobierno de la época, terminó convertido en un negocio de miles de millones de dólares que nos tiene en la frontera del conocimiento.

¿Cuál fue la clave? El rebalance de poder que soltó los frenos de un modelo oligárquico, rentista y extractivista. La élite pasó a ser parte de la solución, cuando entendió que, por su propia sobrevivencia, debía abrir puertas y ventanas, y reparar la fractura con el resto de la sociedad. Hoy tenemos paridad de género en los directorios de las grandes empresas, políticas de meritocracia en las carreras gerenciales y una relación horizontal con las comunidades.

¡Y pensar que hace solo 10 años se repetía, como una verdad revelada, que el único fin de la empresa era “maximizar las utilidades”!

En 2020, todo esto habría sonado muy cándido. Y sin duda, lo habría sido. Eran demasiadas las trampas y las amenazas. En ningún caso era un destino probable. Pero tampoco imposible.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Daniel Matamala

2020, el paraíso soñado

diciembre 29, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile 

Se acabó el tiempo del paraíso soñado”, cantó alguna vez Aparato Raro. Una frase que calza perfecto con el año que comienza. Porque 2020 alguna vez fue ese paraíso soñado.

En 2020, Chile sería un país desarrollado, nos dijo el entonces ministro de Hacienda Andrés Velasco en 2007. En 2020, los chilenos se pensionarían con el 100% de su sueldo, nos explicó la Asociación de AFP en 2000.

Examinemos esas promesas, a solo horas de que se puedan declarar oficialmente fallidas.

El pronóstico de Velasco fue uno más de una larga serie. Ya en 1984, la dictadura proclamaba que estábamos a las puertas del desarrollo. Luego, ministros y presidentes movieron el paraíso soñado para 2000, 2010, 2015, 2018, 2020, 2025 y por última vez -lo dijo el Presidente Piñera el año pasado- para 2030.

“Si seguimos creciendo a esta velocidad, el año 2020 alcanzaremos los ingresos de un país, por ejemplo, como Portugal. Entonces podremos decir que somos desarrollados”, decía Velasco.

La Asociación de AFP basaba su cálculo en que los fondos tendrían una rentabilidad de entre 6 y 7%, “que es la pronosticada por expertos del sistema para Chile”, decían.

Las trampas son parecidas. Primero, suponer que el futuro se mueve en línea recta, y que tanto el crecimiento gracias al modelo extractivista como las altas rentabilidades de los 80 y 90 podían proyectarse hasta el infinito sin reformas profundas.

Y segundo, reducir la compleja realidad a un solo número, sin entender que un sistema previsional moderno depende de una serie de factores más allá de la rentabilidad (tasas de cotización, esperanza de vida, ahorro colectivo, solidaridad).

Menos, que el desarrollo no es solo un asunto de “ingresos”, sino también de otras variables, como la igualdad, la cohesión social o la complejidad de la economía.

Sí, el PIB per cápita de Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait es mayor que el de Suecia, Suiza, Canadá o Alemania, pero sería absurdo sostener que son por ello sociedades más desarrolladas. Tener un país desigual que vende materias primas no es sinónimo de desarrollo.

Nuestro 2020 tiene su espejo histórico, hace justo un siglo. Estas trampas no son nuevas; estas cegueras sobre el futuro son apenas el eco de otras.

La república parlamentaria nació en 1891, tras el trauma de la Guerra Civil. Nuestra república contemporánea nació en 1990, tras el trauma de la dictadura. Ambas crecieron al abrigo de una economía monoexportadora (salitre antes; cobre ahora) que deja enormes rentas en manos de unos pocos. Cómodas en ese arreglo, ambas oligarquías se resistieron a evolucionar junto a las sociedades que gobernaban, permaneciendo como circuitos de poder cerrados, con relaciones espurias entre el poder político y económico.

“El presente no es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen la intranquilidad. En una palabra: ¿Progresamos?”, se preguntaba hace 100 años Enrique Mac Iver, una de las voces lúcidas que interpelaban a una dirigencia autocomplaciente.

La irrupción de la clase obrera, presa de la miseria y la insalubridad, pero cada vez más organizada en ciudades y salitreras, fue enfrentada con indiferencia por la oligarquía. “De problemas sociales no se hablaba”, advertía el historiador Guillermo Subercaseux.

La respuesta a la agitación social fue la represión, como en la huelga de la carne y la matanza de la Escuela Santa María. La tensión subió hasta 1920, con la elección del populista Arturo Alessandri, quien proponía impuestos directos y reformas sociales. Pero la institucionalidad fue incapaz de canalizar el cambio, desatando una larga crisis: la caída de la república parlamentaria, golpes y revueltas militares, la Constitución de 1925, la dictadura de Ibáñez, experimentos exóticos como los 12 días de “República Socialista”, el regreso de Alessandri y la Masacre del Seguro Obrero.

Un siglo después, nuestra “cuestión social” es distinta: ahora se trata de la irrupción de una clase media con acceso al consumo y a la educación superior, organizada espontáneamente en torno a redes virtuales. Pero el quid del asunto se repite: una clase dirigente demasiado cerrada en su composición, demasiado estrecha en su mirada del país, demasiado cómoda en la repartición de rentas que dependen de la extracción y no de la innovación.

Y por eso su respuesta ante el desafío social que se incubó por años fue, de nuevo, una mezcla de impericia, frivolidad y represión.

“Los poderosos siempre buscan el control total del gobierno, menoscabando el progreso social en favor de su codicia”, advierte el execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional Simon Johnson. “Contrólelos mediante una democracia efectiva o verá cómo fracasa su país”, concluye.

Ahora que llegamos a 2020 y constatamos que ese paraíso soñado ya no existe, es el momento: o construimos esa democracia efectiva o vemos cómo la advertencia de Johnson se convierte en realidad.

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¿La guerra o la paz?

diciembre 23, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

Por Gabriel Ascencio

Jefe de bancada de diputados DC

Nunca es posible caminar en direcciones completamente opuestas. El Intendente de la Región Metropolitana ha escogido transitar por el camino de la guerra, tal vez el único funcionario del gobierno que siguió rigurosamente al Presidente, que le declaró la guerra al país, hace casi dos meses.

El intento de homicidio, cometido por el Cabo de Carabineros, Mauricio Carrillo, es de la completa responsabilidad del Intendente Guevara, que preparó, durante toda la semana, el escenario para este desenlace.

De acuerdo a información no desmentida, ordenó el copamiento de más de 1000 carabineros, de una plaza pública, donde todos los ciudadanos tienen derecho constitucional de ingresar. El Intendente se sintió que tenía autoridad para restringir ese derecho, lo que no corresponde.

Tal vez el intendente, conocido por su vocación agresiva, encontró, en una condición de desgobierno, su oportunidad para lucirse, no importándole las consecuencias, en este caso, un joven, Oscar Pérez que, como cualquier otro ciudadano, intentó hacer uso de una plaza pública, fue arrollado por un carro de carabineros.

Toda la prensa anunció, durante varios días que el Intendente había declarado “tolerancia cero”, para quienes acudieran a la Plaza Italia, especialmente este pasado día viernes. Eso incluyó, como también ha sido informado, el reunir a una cantidad completamente desproporcionada de carabineros y vehículos, a los cuales se les transmitió, como obligatoriedad, la decisión del Intendente, “tolerancia cero”, en el marco de su propia guerra.

Oscar Pérez se encuentra hoy sometido a múltiples operaciones, permaneciendo en estado grave, mientras el Intendente habla de “fractura de pelvis” (son 4). Además, este joven tiene la uretra diseccionada, subsiste con sonda directa a la vejiga y fractura de sacro y rodilla, permaneciendo en estado grave, según la información médica. Por cierto, respecto a este intento de homicidio, no se ha escuchado opinión, ni del Director General de Carabineros, no del Ministro del Interior.

La permanencia del Intendente Guevara es un atentado a la seguridad de los habitantes de la Región Metropolitana y, si el gobierno insiste en mantener este tipo de funcionarios (al igual que al General Rozas), los diputados estamos obligados a hacer uso de la facultad constitucional que nos corresponde, en este caso, a favor de devolver la tranquilidad a quienes están amenazados por el irresponsable actuar del Intendente Guevara.

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De qué estamos hablando

diciembre 22, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala 

Periodista de CNN Chile

Bastó que, en una entrevista radial, la periodista Verónica Franco preguntara al Presidente Piñera por un “cambio de modelo” para provocar este monólogo:

Si usted cuando me habla de cambio de modelo está pensando en el modelo venezolano…

No…

… donde destruyeron la democracia…

-No…

-… donde atropellan los derechos humanos todos los santos días, donde tienen al pueblo entero condenado a la muerte por hambre o por falta de medicamentos…

-… Es que no es dicotómico, Presidente…

-Entonces cuando hablamos de cambio de modelo, yo quiero decir, ¿de qué estamos hablando?

Le dicen “cambio de modelo” y él escucha “Venezuela”. El abismo entre la burbuja presidencial y el resto del país es enorme.

Entonces, ¿de qué estamos hablando?

Ni en las protestas abundan las banderas venezolanas, ni en la consulta de los municipios los ciudadanos votaron por un régimen chavista, ni en ninguna encuesta seria los chilenos piden convertirse en Chilezuela. Esa fantasía sólo existe en las mentes de un puñado de extremistas de izquierda y derecha (algunos, lamentablemente, muy escuchados en La Moneda).

Lo que los chilenos exigen se parece mucho más a cualquier informe de organismos internacionales capitalistas que a alguna asamblea revolucionaria.

La calle y la OCDE hablan a coro. Veamos.

Más del 94% de los 2 millones y medio de votantes de la consulta ciudadana está a favor de un IVA menor para productos de primera necesidad. Coinciden en ello con una de las principales críticas de la OCDE a nuestro país: que nuestro sistema tributario está patas para arriba. Se basa en impuestos al consumo, que golpean a los más pobres, y no en los tributos a la riqueza. Chile recauda el 41% de sus impuestos a través del IVA, contra apenas el 20% de promedio en la OCDE. Por eso, el organismo nos recomienda “incrementar impuestos ambientales, sobre la propiedad y a la renta para aumentar la equidad y estimular el crecimiento”.

Un modelo en que paguen más, no los que compran pan o leche, sino los que más contaminan, más ganan y más tienen. De eso estamos hablando.

La calle también exige frenar la destrucción del medio ambiente y los efectos de la privatización del agua. En la consulta municipal de Coquimbo, 90% apoyó que el agua sea pública.

Pues bien, según la Cepal, somos el país OCDE que menos invierte en proteger el medio ambiente: 0,1% del PIB. Y la OCDE advierte que en Chile “la contaminación atmosférica de las zonas urbanas es permanentemente alta, el agua es escasa y está contaminada, se está perdiendo hábitat y existe gran vulnerabilidad al cambio climático”. Por eso, el club de los países desarrollados nos exige tipificar el delito ambiental, con penas de cárcel efectiva.

Un modelo que cuide medio ambiente y castigue a los que lo destruyen. De eso estamos hablando.

“Mejorar las pensiones” es la primera prioridad de los chilenos según la consulta municipal. Nuestra tasa de reemplazo (la jubilación comparada con los últimos sueldos) es de 33,5% en los hombres y de 30,3% en las mujeres, la mitad del promedio OCDE (63%).

El Centro Internacional para la Gestión de Pensiones advierte que “la crisis de las pensiones chilenas no se puede resolver dentro de los límites del sistema actual” y que es necesario crear un “tercer pilar” (junto al ahorro individual y las pensiones solidarias) que “incluya elementos colectivos para mitigar riesgos entre generaciones”.

Un modelo de pensiones mixto y sustentable. De eso estamos hablando.

El 97,4% de los votantes en la consulta apoya sanciones más duras para la corrupción. Un informe de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), recomienda lo mismo: la pena máxima para el uso de información privilegiada hoy es una multa de hasta $420 millones, sin cárcel efectiva. En Estados Unidos o Corea del Sur, esos delitos suponen hasta 20 años de prisión.

Un modelo que se tome la libre competencia en serio y, por lo tanto, castigue a quienes hacen trampa. De eso estamos hablando.

La crítica al sistema extractivista se da por igual en cabildos, organizaciones sociales y en la academia. “Chile debe diversificar su economía hacia actividades no relacionadas con los recursos naturales. La economía sigue siendo muy dependiente del cobre (…) los bajos niveles de inversión en innovación e investigación y desarrollo (I+D) frenan la productividad”, dice la OCDE.

Un modelo que no se base en extraer piedras, sino en generar conocimiento e innovación, saliendo de nuestro vergonzoso puesto de colistas de la OCDE en I+D. De eso estamos hablando.

Quien mejor resume el desafío de Chile es el físico César Hidalgo, cocreador del Índice de Complejidad Económica, un ranking en que llevamos 40 años estancados (en 1980 éramos 61º; hoy somos 60º). Los datos del índice demuestran que crecimiento e igualdad no son metas contradictorias: ambas dependen de que Chile se vuelva más complejo y deje atrás “una economía primitiva y estática”, dice Hidalgo.

Ya lo hicieron en su momento países que eran más pobres que nosotros, como Corea o Singapur: pasar de un modelo básico, extractivista y vertical, que ya dio todo lo que podía dar, a uno basado en la innovación y el conocimiento.

Presidente: de eso estamos hablando.

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El desafío de los Derechos Humanos en Chile

diciembre 16, 2019 by Admin Istrador 1 comentario

La firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, se ha transformado en un gran paso para la humanidad, al establecer los principios base del respeto a las personas, acordado entre las naciones firmantes en el contexto de las masacres de millones de seres humanos que dejaron las dos guerras mundiales y las dictaduras totalitarias.

Por Eduardo Reveco, ingeniero, ex director del Centro de Integración y Desarrollo Social

Para nuestra Nación es un tema tremendamente sensible, luego de las violaciones a los DDHH ocurridas en la dictadura de Pinochet y cuyo fantasma revive con fuerza al ver la represión al pueblo mapuche, el asesinato de Camilo Catrillanca y la durísima represión ejercida en las movilizaciones sociales que se han dado a partir del 18 de Octubre que dejó a 240 jóvenes con lesiones oculares y algunos con perdida de la visión completa, represión que significó muertes, violaciones, torturas y seguimientos.

En este terrible escenario se puso a prueba al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH, que cimplió, vosibilizando esos delitos con una labor encomiable y valiente.

A más de un mes del estallido social, nos queda claro que las isntituciones tienen mucho por mejorar. No puede ser, ver declaraciones deliberantes de las FFAA y de Orden frente a las querellas y denuncias que se le imputan, no puede ser, las fuerzas de orden deben mejorar o reformularse urgentemente.

En este esfuerzo el INDH debe involucrarse con un firme rol fiscalizador para detectar debilidades y faltas e ir ajustando preventivamente el proceder de las policías. No podemos esperar encontrarnos en las manifestaciones legitimas y pacíficas con jóvenes con graves lesiones oculares y perdidas de visión, producto de balines que eran más acero que caucho y desligar responsabilidades en los proveedores, y que decir del uso en los guanacos de agua con químicos que queman la piel. Además, nos encontramos con el incumplimiento de los protocolos y la tremenda falta de criterio al reprimir durante las marchas pacíficas, lo peor, estaba escrito y eran de público conocimiento.

El INDH hace la diferencia de cuando luchabamos contra la dictadura, en donde no existía institución estatal que velara por el respeto nuestros derechos fundamentales, por lo que esperamos de esta institución acciones proactivas y no sólo reactivas, partiendo por la revisión permanente de los protocolos de las fuerzas de orden detectando falencias, corrigiéndolas y redefiniendo el rol de estas hasta tener un ente policial realmente ajustado a las exigencias democráticas.

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La importancia de las Acusaciones Constitucionales en democracia

diciembre 13, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal

Abogado y expresidente de la DC

La Cámara de Diputados rechazó una Acusación Constitucional contra el Presidente Piñera gracias a 8 diputados de oposición y el Senado aprobó, por 23 votos a favor y 17 en contra, la Acusación Constitucional contra el ex Ministro del Interior, Andrés Chadwick. Ambos estaban acusados por su responsabilidad en las graves violaciones a los Derechos Humanos producidas a partir del 18 de noviembre de 2019.

Me parece injusto atacar a la DC y al PR por la decisión de una minoría de sus parlamentarios de sumarse a la derecha. En todo caso, es otro reflejo de la crisis de los partidos, pero debemos distinguir para no polarizar todo sin bases serias.

Tampoco comparto los argumentos respecto que estas acciones le hacen mal a la democracia. La institucionalidad democrática no se debilita por hacer uso de sus mecanismos ni por las opiniones personales dadas con respeto y argumentos. El Senador Andrés Allamand tenía la misma opinión el 2008: “En primer lugar, estimo fundamental dejar sentado que es una falacia sostener que una acusación constitucional pone en riesgo la estabilidad institucional del país” (voto por destituir a la Ministra Yasna Provoste).

Con las decisiones adoptadas sólo nos queda como salida a la crisis institucional, la posibilidad de participar en dos plebiscitos y a una elección de una Convención Constituyente para abril del 2019. Por ello quiero aportar algunas reflexiones sobre diversos aspectos humanos, jurídicos y políticos para facilitar un dialogo creativo y para aprender en conjunto cómo funciona el sistema político y que cambios se harían indispensables.

El factor humano

A mis 73 años tengo claro que las personas debemos ser respetadas en nuestros derechos y compelidas a cumplir con nuestros deberes para preservar y fortalecer una sociedad democrática, solidaria, participativa y pluralista. Sin ser muy beato, me guio por enseñanzas evangélicas como “amar al prójimo como a mí mismo” y “odiar el pecado no al pecador”. Los que me conocen saben que defiendo con pasión y argumentos mis ideas, pero que también, escucho con mente abierta lo que promueven otros y que soy respetuoso de los acuerdos mayoritarios.

Me enseñaron que así se podía construir un país para todos. Lo aprendí en mi familia, en la DC y en las organizaciones estudiantiles, sindicales y culturales en que he participado. Con ese espíritu participo en debates y lo seguiré haciendo cuando el tema constitucional esté en las prioridades.

La crisis política, moral y económica actual

He sido muy crítico de mi partido y los aliados, incluyendo al PC, fuerza política que debería pagar honorarios al Presidente Piñera y a los poderosos, porque los colocan detrás de todas las legítimas demandas sociales. Es un anticomunismo viejo, alejado de la realidad, pero potenciado por conductas ambiguas de ese partido, que no se condicen con la madura respuesta social de muchos de sus militantes. Pero esas consignas aún le sirven a la derecha.

Por mis posiciones y la destrucción de la militancia en los partidos, no represento en la actualidad fuerza política alguna, aunque sigo militando en la DC, pero sin participar en sus instancias. Desde hace casi 18 años no ocupo cargo político alguno, pero sí en el mundo social, al que pertenezco. Son los costos de decir lo que se piensa y tratar de vivir como se cree. Los he pagado con gusto y los seguiré pagando.

Desde 1990 hasta 1998, integré el primer Senado post dictadura y tuve una relación muy cordial en lo humano y muy franca y frontal en las posiciones políticas, con el entonces senador Sebastián Piñera. Votamos casi siempre distinto, juntos muy pocas veces.

Más allá de sus innegables condiciones intelectuales, creo que el Presidente Piñera no ha estado a la altura de su cargo. No basta ser inteligente, se requiere usarla al servicio del país, con vocación de servicio público, privilegiando el Bien Común y, lamentablemente, el Presidente no cree en esos conceptos. Decide supuestamente por algoritmos en muchos ámbitos y se olvida de las exigencias éticas. Penosamente, hoy es posible liderar en nuestro país y ser sancionado por uso de información privilegiada o por no pagar los impuestos o llevar su fortuna fuera de Chile.

Espero que el Presidente no siga proclamando guerras y rechace convertirse en instrumento de autoritarismos uniformados o civiles. Si se da cuenta que ya el país ya no le reconoce “la autoritas”, el fermento moral de la autoridad, requisito indispensable para gobernar, espero que no se tiente por la fuerza. Bordaberry sirvió a los uniformados en Uruguay y luego lo echaron.

Si no acepta adelantar las elecciones de parlamentarios y de su cargo, lo entiendo y acepto, pero debe apoyar el acuerdo para modificar la Constitución y dar respuestas nuevas a problemas viejos. Los chilenos de clase media no nos merecemos el sistema de AFP, ISAPRES, Colusiones, Finanzas y la cultura de corrupción que nos han impuesto transversalmente.

Incluso si quiere postular de nuevo al cargo, que lo haga. Yo defiendo el derecho del pueblo a decidir. En todo caso, jamás me sumaré a maniobras que desconozcan la institucionalidad elegida, a pesar de su creciente pérdida de legitimidad. Las salidas al margen de la institucionalidad son las peores.

El ex ministro acusado

No soy amigo de Andrés Chadwick. Podría decirse que siempre hemos estado en posiciones distintas. El integró el MAPU, definido entonces como marxista leninista y yo me mantuve en la DC. Él sirvió a la dictadura cívico militar y yo la combatí pacíficamente, sin embargo, mantuvimos una relación mutuamente respetuosa en los años en que fui Senador y Embajador y él Diputado.

Creo que su conducta en dictadura fue muy reprochable, con excesos de distinto tipo incluso contra autoridades religiosas, contra Obispos a quiénes los atacó violentamente con objetos contundentes, luego que éstos asistieran a una reunión internacional donde se decía en un informe…que en Chile se violaban los derechos humanos en dictadura. En democracia ha sido injusto, arrogante, incluso agresivo con adversarios e incluso con sacerdotes como el querido Alfonso Baeza, Vicario de la Pastoral Obrera y Social, a quién acusó injustamente de ser protector de terroristas.

El doble estándar político

El ex Ministro advirtió al Senado, el martes 10 de diciembre, que “se puede estar causando un grave daño a una persona o a su familia sobre las cuales ustedes no tendrán responsabilidades ni controles” Por su experiencia personal Andrés Chadwick sabe que hay graves daños a las personas y a sus familias.

Lo sabía entre 1973 y 1989, pero no le importaba, él defendía y promovía la dictadura de Pinochet. También conocía el tema por su experiencia en democracia como diputado y especialmente como Senador. En este último cargo, votó a favor la Acusación Constitucional contra la entonces Ministra de Educación, hoy Senadora, Yasna Provoste.

Para él, hoy el Senado debía considerar el daño a su persona y a su familia, pero nada de eso era válido para la Ministra acusada el 2008. Dijo el acusado, en esa ocasión como Senador: “Estamos convocados a cumplir el deber constitucional de pronunciarnos única y exclusivamente, y actuando como jurado y en Derecho, acerca de si la Ministra de Educación es o no responsable de haber infringido la causal del artículo 52, número 2), letra b), de la Carta Fundamental, única por la cual la acusa la Cámara de Diputados. O sea, debemos determinar si cometió o no una infracción constitucional por haber dejado sin ejecución el Texto Fundamental o la ley.”

Me molesta esa conducta del acusado, por injusta. Una mujer chilena, honesta y capaz, educadora de corazón, descendiente de uno de nuestros pueblos originarios y acusada por un tema administrativo realizado por terceros, no merecía ese trato y ese castigo. Ah, y un tema no menor. Él fue acusado por violar los Derechos Humanos, Yasna Provoste, jamás.

Los 5 años de prohibición de desempeñar un cargo público, afectaron gravemente la vida familiar y profesional de la ex Ministra y actual Senadora, situación que no ocurrirá con el señor Chadwick, vinculado política, familiar y socialmente con gente de mucho poder económico. Incluso es de mal gusto que la defensa del señor Chadwick haga uso de la fundada presentación que Yasna hizo ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por cuanto el acusado, cuando tuvo la oportunidad, se negó a respaldar los cambios legales que permitirían eliminar esa muerte cívica de 5 años para todos. Este es un tema a revisar en la nueva constitución.

Como jurado el señor Chadwick razonaba: “Los hechos expuestos dan cuenta de la existencia de un importantísimo desorden administrativo, contable y financiero al interior de la Secretaría Ministerial de Educación de la Región Metropolitana, que ha impedido hasta la fecha la consolidación de las cuentas corrientes bancarias -elemento básico de la administración de un organismo público- a lo menos durante 2004 y 2005”.

¿Culpable la Ministra por actos de subalternos, administrativos y contables? ¿Y las violaciones a los derechos humanos ejecutados por algunos de los subalternos del ex Ministro no merecen esa sanción?

Las normas constitucionales, legales y administrativas fueron latamente citadas en el debate del Senado. No hay duda alguna, el Ministro del Interior tenía el mando de las fuerzas policiales y no actúo para impedir esos abusos. Hasta un militar, Jefe de Plaza, declara que él nunca tuvo a Carabineros bajo su mando, ya que por norma legal le correspondía al Ministro del Interior.

La conducta doble inaceptable

El año 2008, el Senador Chadwick hizo tres preguntas al fundar su voto: 1.- ¿Cuáles son la gravedad y relevancia de los hechos?

“Nos hallamos en presencia de la Secretaría de Educación de la Región Metropolitana, repartición pública que tiene a su cargo y bajo su responsabilidad la distribución de la mayor cantidad de recursos públicos que el Estado entrega a particulares, a través de la subvención escolar, para llevar a cabo una de las más importantes y significativas acciones dentro de la sociedad: la educación”.

¿Y los excesos de la fuerza policial en buena parte del país con miles de víctimas, no revisten seriedad o no son graves? 2.- ¿Puede alguien en este Senado negar los hechos? ¿Puede alguien en este Senado negar la gravedad de ellos?

El señor Chadwick no pudo negar los hechos y su gravedad. Estaban los informes del INDH, de las postas, de las entidades internacionales como AI y HRW, y ahora, el informe de la ONU en Derechos Humanos, cuyos informes críticos contra el gobierno venezolano han sido usados profusamente por este gobierno; las grabaciones de celulares y algunos informes serios de la TV. Vidas humanas, ojos de jóvenes y viejos, denuncias de las propias instituciones contra los que se excedieron. Y el dolor de miles de familias afectadas por los excesos, también de uniformados, cuya integridad física y mental debe ser respetada.

¿Estaban los hechos en conocimiento oportuno de la Ministra acusada? La defensa del señor Chadwick no pudo negar que sabía lo que pasaba. La evidencia era abrumadora. Y se probó que nada apropiado hizo para corregir esos excesos. Hoy su sucesor anuncia reestructuración en Carabineros. Esa acción es positiva y contrasta con la falta de soluciones del ex Ministro. Estaba acostumbrado a la impunidad.

Tampoco pudo negar el ex ministro su participación en el descabezamiento del Alto mando de Carabineros. 51 generales expulsados en menos de dos años. ¿Todos por actos de corrupción que venían sucediendo hace años? No. Sacaron mandos honorables y experimentados para poner a un amigo en el cargo. Al que había sido Edecán del Presidente Piñera en su primer gobierno.

¿Va a negar este gobierno que esa salida masiva afectó la moral interna de la institución, la calidad de los aportes y la experiencia de los mandos superiores? No puede. Los decretos llevan sus firmas. ¿Los corruptos para fuera, por cierto, pero eliminar la experiencia? Este gobierno tiene el nepotismo como bandera, al costo que sea. Total, paga el país.

Finalmente, si el Ministro no era responsable de nada, ¿Por qué su primo Presidente le aceptó la renuncia? No lo hizo en la oportunidad vergonzosa en que se manipularon los hechos y los medios de prueba para encubrir el cobarde asesinato del señor Catrillanca.

El máximo reconocimiento de su responsabilidad política fue la decisión del Presidente de sacarlo del cargo. El entonces Senador Chadwick predicaba el 2008: “los deberes constitucionales tienen que ser cumplidos en conciencia y, en este caso, de acuerdo a Derecho. Y si algún Senador siente cinismo frente al ejercicio de sus funciones o hipocresía ante el juramento que prestó, resulta difícil comprender por qué tanto esfuerzo en ser parte de esta Corporación. Yo no lo siento”.

La Cámara de Diputados y el Senado sólo cumplieron con su deber constitucional.

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