Marcio Villouta Alvarado Presidente Regional PDC Aysén
Por estos días, en todos los medios de comunicación social de carácter nacional, regional y local se conversa de lo relevante que es la seguridad y que las estadísticas sobre delitos de carácter grave y con violencia bajen, a fin de lograr que la ciudadanía mejore su sensación de seguridad y recuperemos el control sobre aquellas situaciones que nos rodean, ¿será que nuestro país y nuestras ciudades tanto han cambiado? ¿o algo no hemos hecho bien y el camino se ha equivocado? Estas preguntas, seguramente, son parte de muchas conversaciones que a diario se dan en cada familia.
En mi opinión, es algo de ambas, sin duda, que el crecimiento poblacional y la modernidad han hecho cambiar nuestras localidades y esto ha venido acompañado de beneficios tan visibles como los problemas y complicaciones que acompañan la instalación de un modelo neoliberal que se caracteriza por destacar la competencia y el éxito por cuanto se logra en términos económicos.
Es decir, privilegiar el materialismo económico por sobre otros atributos relativos a la vida familiar, la felicidad o el desarrollo personal. Un síntoma -de esa visión que se contrapone al modelo social que busca resaltar la dignidad humana- es lo que en las últimas semanas anunció el Gobierno como proyecto de ley para disminuir la delincuencia y aumentar las atribuciones a Carabineros de Chile, entregándoles potestad absoluta de controlar la identidad de menores de edad.
Son variadas las opiniones conocidas a nivel público y quisiera destacar la de expertos y quienes cuentan con reconocida experiencia y trabajo en el área, como el jefe regional de la Fiscalía Oriente, Manuel Guerra, quien señaló que “los robos no se aclaran registrando a la gente sin motivo alguno”, y agregó además que “si lo que se quiere es elevar el porcentaje de descubrimiento de delitos de robo, la vía no es andar registrando gente sin expresión de causa, sin motivo alguno”.
En el mismo sentido, el ex fiscal Carlos Gajardo, señaló en redes sociales que «en los últimos 20 años se han aumentado las facultades de las policías y las reclusiones, pero los números indican que la delincuencia aumentó.
Estamos ignorando el problema: los niños que han desertado de la educación». Desde Chile Vamos, leemos a personeros como Gonzalo Fuenzalida (RN), caricaturizando esta situación y sosteniendo que no todos los jóvenes son “blancas palomas”, lo que obliga a preguntarnos ¿quién es una blanca paloma”, o cuál es el parámetro para ser visto como una “blanca paloma”?
Es aquí donde vemos que aumentar las atribuciones en Carabineros y permitir el control de identidad en menores de edad puede ser una política pública que incentive controles sin sentido y la vulneración de derechos de los jóvenes, porque cuando vemos materializar este tipo de políticas de seguridad, es muy probable que los controles no sean aleatorios y se tienda a estigmatizar a cierta parte de la población juvenil: los de pelo largo, los jóvenes con tatuajes, los con aros, los inmigrantes y un largo etc.
En lo que a mí respecta, éste es un camino errado en el cual debemos evitar avanzar, nuestro país necesita tener la certeza que nuestros hijos puedan transitar por la calle de forma libre, sin temer que una patrulla simplemente los aborde, los fiscalice, le revise bolsos, carteras o mochilas, sin motivo fundamentado.
A esto, se suma un estudio dado a conocer durante el fin de semana de la Universidad Diego Portales, el cual reveló que Carabineros aplicó control preventivo de identidad a más de 70 mil menores de edad, entre 2017 y 2018, pese a que hoy esta práctica está prohibida por ley. Ante esto, la institución policial explicó que se realiza un control a una persona, sin tener dudas respecto de su edad, hasta que el sistema arroja lo contrario.
Por último, llama la atención el esfuerzo de algunos medios de prensa para generar opinión pública favorable por un mayor “control social”, y lo clave es que debemos ser capaces como ciudadanos de debatir y evitar que Chile se tropiece, nuevamente, con la misma piedra, dejando la balanza de la justicia e igualdad desbalanceada.
