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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

Cuidemos la democracia

febrero 14, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Soledad Alvear

Exministra y exDC

Hay libros que no solo valen por sí mismos, sino también por la trayectoria de quien los escribe. Es el caso de “La democracia necesita defensores”, de Sergio Muñoz Riveros. Su autor es un profesor universitario, columnista y analista político con varios libros a su haber. Su pasado es notable. Fue comunista hasta los años ochenta y sufrió la experiencia de ser prisionero político en 1975 y 1976, para después partir al exilio a Holanda. Fueron años dolorosos, en los que hizo una reflexión profunda, que lo llevó a descubrir esa democracia de la que una vez fue adversario en nombre de una utopía que causó millones de víctimas en todo el mundo.

Con esos antecedentes y con su preparación intelectual, Muñoz Riveros constituye un observador privilegiado del acontecer político chileno, alguien que nos puede dar una respuesta a la inquietante pregunta: “¿qué nos ocurrió el 18 de octubre pasado?”

Su respuesta es clara, aunque incomodará a muchos. Lo que sucedió ese día no fue la manifestación de un anhelo de justicia social. La genuina justicia impone exigencias, ciertas fronteras que una persona con convicciones democráticas y un mínimo sentido de la dignidad humana jamás puede transgredir. Ese día, la democracia misma fue atacada; se cuestionó la capacidad de convivir pacíficamente entre personas en una sociedad.

En efecto, resulta imprescindible distinguir nítidamente entre las manifestaciones de malestar -legítimas en una democracia-, y la agresión político-delictiva que hemos presenciado en estos meses. Ella consiste en una combinación entre diversas fuerzas anárquicas, delincuentes y bandas ligadas al narcotráfico que solo busca empujar al país hacia el desgobierno y provocar un quiebre institucional. No tener en cuenta esas dos realidades tan diferentes lleva a realizar análisis parciales, que no dan cuenta a cabalidad de los problemas que enfrentamos.

En este contexto, resulta muy inquietante el desapego de amplios sectores juveniles respecto de los fundamentos institucionales de una vida en libertad, y las exigencias que ella trae consigo. Parte importante de la responsabilidad en este estado de cosas está en la actitud demagógica de algunos políticos, académicos y periodistas. De manera frívola e inmadura, buscan congraciarse a toda costa con los jóvenes y celebran sus actuaciones independientemente de su contenido.

Las consecuencias son graves: hoy Chile es un país más pobre, menos cohesionado y mucho más inestable. Asimismo, hemos presenciado graves violaciones tanto a los derechos humanos de miembros de Carabineros como también de manifestantes. Esto es inaceptable.

¿Cuál es la conclusión más importante de la lectura de estas páginas? Lealtad a la democracia. Sin ella, no podremos enfrentar el plebiscito de abril ni responder responsablemente a tantas demandas sociales que piden una solución. La obra de Muñoz Riveros y su propio ejemplo de vida constituyen un valioso aporte en esta dirección.

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Voto obligatorio: aprender y corregir

febrero 13, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

La ciudadanía pide acuerdos a sus representantes, no discusiones de sordos. Más aún, la estabilidad de las decisiones constitucionales que tomemos desde abril, la confianza que podrán poner los ciudadanos en nuestra futura institucionalidad legal, está relacionada con la calidad del debate y con la participación equitativa de las comunas en este proceso. Impedirlo será para algunos, como ya lo fue en el pasado, pan para hoy y hambre para mañana.

Por Claudio Orrego

DC exintendente Metropolitano 

El 21 de enero un porcentaje de parlamentarios de Chile Vamos y de algunos otros partidos, fue suficiente para rechazar la propuesta apoyada transversalmente por 88 diputados para que el voto fuera nuevamente obligatorio, ya que no se logró alcanzar el quorum de 3/5. La propuesta buscaba dar mayor legitimidad al plebiscito nacional del 26 de abril y, por extensión, al proceso constitucional.

En 2011, el Gobierno de la época fomentó el voto voluntario y, en ese entonces, 106 de los 120 diputados respaldaron la propuesta. Hubo, sin embargo, expertos, académicos y algunos actores políticos –entre los que me cuento– que nos opusimos a la idea.

La más evidente entre las razones esgrimidas a favor del voto obligatorio es que este hace crecer la participación y favorece así la legitimidad de los procesos electorales, reforzando una de las principales debilidades actuales de nuestra institucionalidad: la desconfianza transversal en nuestras autoridades.

Han pasado casi nueve años, apenas dos ciclos electorales y, lamentablemente, todos estos efectos han sido confirmados en nuestra historia reciente. En las elecciones del 2017, cinco de las diez comunas con mayor participación en Chile estuvieron en Santiago Oriente, cuatro de estas en un solo distrito con los mayores índices de nivel económico, sobrepasando todas 60% de participación de sus votantes. Mientras tanto, comunas más vulnerables en la misma región tuvieron cerca o incluso menos del 40% de representación. Los jóvenes, por su lado, tan activos en el debate político actual, a la hora de votar e institucionalizar sus posturas han engrosado aún más la abstención electoral.

El voto obligatorio tiende, además, a favorecer un debate en las campañas más centrado y racional, menos llevado por los discursos extremistas que, como hemos visto en anteriores campañas con voto voluntario –“Chilezuela”, en Estados Unidos y en la votación del Brexit–, incentivan que las candidaturas gatillen miedos y odios entre las posturas políticas, con tal de asegurar su presencia frente a las urnas.

En términos de representación democrática, es fundamental subrayar que el voto obligatorio potencia la voz de los más vulnerables. Estudios ya advertían el 2011 que los jóvenes estaban votando cada vez menos desde 1990 y, asimismo, con el voto voluntario sectores discriminados, los grupos más vulnerables, las minorías, y los territorios en que habitan, expresarían menos su voz electoral, por lo que la inequidad entre las comunas encontraría una nueva expresión, reforzada por una ley cuyos efectos se advirtieron.

Han pasado casi nueve años, apenas dos ciclos electorales y, lamentablemente, todos estos efectos han sido confirmados en nuestra historia reciente. En las elecciones del 2017, cinco de las diez comunas con mayor participación en Chile estuvieron en Santiago Oriente, cuatro de estas en un solo distrito con los mayores índices de nivel económico, sobrepasando todas 60% de participación de sus votantes. Mientras tanto, comunas más vulnerables en la misma región tuvieron cerca o incluso menos del 40% de representación. Los jóvenes, por su lado, tan activos en el debate político actual, a la hora de votar e institucionalizar sus posturas han engrosado aún más la abstención electoral.

Mientras escribía estas líneas, los diputados anunciaban que volverán a proponer el voto obligatorio. Todos quienes creemos en lo fundamental para la convivencia nacional de las elecciones que tendremos desde abril de este año, debemos también adelantar nuestro apoyo. No podemos permitir que un sistema que favorece discursos extremos y que refuerza una ya inaguantable inequidad entre los territorios, sea una dificultad más para el proceso constitucional.

La ciudadanía pide acuerdos a sus representantes, no discusiones de sordos. Más aún, la estabilidad de las decisiones constitucionales que tomemos desde abril, la confianza que podrán poner los ciudadanos en nuestra futura institucionalidad legal, está relacionada con la calidad del debate y con la participación equitativa de las comunas en este proceso. Impedirlo será para algunos, como ya lo fue en el pasado, pan para hoy y hambre para mañana.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: Claudio Orrego, columna, Columnista, Intendente Metropolitano, voto obligatorio

El desplome

enero 24, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Myriam Verdugo

Consejera Nacional de la Democracia Cristiana 

El 18 de octubre no sólo se aparece en las peores pesadillas de Sebastián Piñera, sino en las de toda la clase política y empresarial en general, además de en las de otros integrantes del club que manda Chile desde tiempos inmemoriales: fuerzas armadas, poder judicial, carabineros, medios de comunicación, iglesia.

Para la elite fue tan brutal lo seguido a la acción de evadir, iniciada por estudiantes del Instituto Nacional y Liceo 1 de Niñas, que estos días sólo se ha consolidado con los duros porcentajes dados a conocer por lo que la clase política denomina, “la biblia”: la encuesta del Centro de estudios públicos, CEP.

Un seis por ciento de aprobación para Piñera, un tres por ciento para el parlamento y un dos por ciento para los partidos políticos, mismos actores que por estos días nos prodigan con una danza de acuerdos, leyes, proyectos, interpelaciones en las que parecen no darse cuenta que se hablan entre ellos y para ellos, no para el pueblo que desde el 18 de octubre los mantiene arrinconados y en estado de perplejidad.

Los primeros días, después del estallido, hubo un reconocimiento de las deudas que el país tiene con la gente. El 25 de octubre vimos y participamos de una de las más masivas manifestaciones en las calles de casi todo el país. Algunos dijeron “entendimos el mensaje”, otros se parapetaron en sus creencias y miedos, otros avalaron la represión brutal contra el pueblo organizado.

Los medios de comunicación descubrieron que el chileno/a medio/a piensa y sabe hablar de corrido.

Se movió levemente el cerco de la desinformación, de la protección mediática del sistema económico, social y cultural que se nos impuso en dictadura y que se “amononó” en la democracia representativa.

Pudimos oír a ciudadano/as que ya no contestaban con monosílabos; que no entregaban la repuesta políticamente correcta, sino que se atrevían a formular opiniones, elaborar argumentaciones claras contra el gobierno y la clase política; respecto del sistema previsional, de los bajos sueldos, de los costos abusivos de los telepeajes, de las deudas del CAE, de la mala atención en hospitales públicos, del precio de los medicamentos, de una justicia nada ciega que ve muy bien cómo está vestido y cuán rebosante es la billetera del acusado y de un largo etc.

Tan desconcertados estaban, que los medios de comunicación hicieron paneles con invitados más diversos, y, a la vez, más representativos del malestar ciudadano, de soluciones y respuestas alternativas; de personas que, ante la ausencia del Estado, idean, crean para salir adelante. En resumen, la pantalla se refrescó.

Pero la intensidad de las movilizaciones bajó en diciembre; se mantienen así en enero y, probablemente, desaparezcan en febrero: “ciclo”, que le llaman. Y eso fue suficiente para regresar a lo mismo.

Y la clase política y la élite volvieron a caminar a su ritmo, debatiéndose entre la mediocridad, la ignorancia, la estupidez.

Volvieron a las pantallas los mismos de siempre, en su mismo tono entre prepotente y agresivo, replicando de alguna manera el escenario vivido tras el triunfo del NO en 1988: “Chicos (estudiantes, sindicalistas, organizaciones sociales), gracias, ya hicieron lo suyo; ahora nos encargamos nosotros, los que sabemos, los ilustrados, los doctorados, los iluminados”. No entendieron nada y parece que se les olvidó el miedo que los impulsó al acuerdo del 15 de noviembre. Se les olvidó que, como a todo el mundo se nos “aparecerá marzo”.

Vivimos un desplome total de las instituciones, de la política, de la religión, de las fuerzas de resguardo del orden público, mientras esta clase dirigente sigue ebria de un poder y autoridad que ya no tiene, caminando, viviendo, respirando como si nada, hasta la estocada final, o hasta el hundimiento de la nave.

¿Qué queda?… Quiero creer que la esperanza. Esperanza de que seamos capaces de construir algo mejor. Pero esa esperanza sólo se sostendrá en la medida que, esta vez, la ciudadanía no se vaya para la casa; que esta vez nos mantengamos alertas, informados, pendientes de recordarle a una nueva clase política cuál es el origen de su autoridad y poder. Nosotros.

Publicado en: Columnas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, expresidenta de la DC, Myriam Verdugo

La hora del populismo

enero 19, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala 

El populismo es inevitable. La única pregunta es: ¿qué forma de populismo?”. Eso escribía en 2012 el economista de la Universidad de Chicago Luigi Zingales. Y, con el ojo afinado por su experiencia como italiano, ya anticipaba quién se convertiría en el Berlusconi estadounidense: Donald Trump.

Invitado por CNN Chile y Chilevisión, Zingales estaba en Santiago este jueves, cuando la encuesta CEP le puso números a lo obvio: también en Chile llegó la hora del populismo.

Los números son demoledores. La adhesión al Presidente Piñera es un mínimo en la historia de las encuestas, no sólo de Chile, sino de Sudamérica. Ni De la Rúa cuando escapó en helicóptero de la Casa Rosada, ni Abdalá Bucaram cuando fue destituido por incapacidad mental, habían llegado tan bajo. El Congreso (3%) y los partidos (2%) están en el margen de error. Todos los políticos caen, y no se salva ninguna institución de poder: ni las iglesias, ni la televisión, ni las empresas privadas.

El 72% no se identifica con la izquierda, el centro ni la derecha. La única división relevante hoy es entre un pueblo que se define a sí mismo como virtuoso y una élite a la que considera corrupta: populismo en estado puro.

Es una revuelta de los ciudadanos contra la clase dirigente completa. Hoy en Chile, el populismo es inevitable. La única pregunta es: ¿qué forma de populismo?

La respuesta en parte depende de esa élite hasta ahora ciega, sorda y muda. Para Zingales, Chile no se ve como un “country” (país), sino como un “country club”. El club de los nueve colegios que acaparan los puestos de poder, la concentración de los mercados y el “capitalismo de amigotes”, como lo llama en oposición al capitalismo competitivo, abierto y “popular” que defiende.

En una de sus actividades con políticos y empresarios, se le rebatió que en Chile el capitalismo sí funciona para todos. “¿Cuántos grandes empresarios están presos por delitos de cuello y corbata?”, retrucó. La respuesta es obvia: si eres miembro del “country club”, no vas a la cárcel.

“El problema no es el populismo, es el elitismo”, dice Zingales. “Si no hubiera una élite que discrimina al resto, entonces no habría un pueblo que se sienta opuesto a esa élite”.

Pero la misma CEP plantea soluciones. El “Apruebo” a la nueva Constitución llega al 67%. Crece de 52% a 64% la cantidad de chilenos que prefiere siempre la democracia, y aumenta de 58% a 78% la proporción que pide a los líderes políticos priorizar los acuerdos por sobre sus propias posiciones.

Los que sueñan con salidas autoritarias reciben un mazazo, y los políticos más castigados son los que apuestan por la confrontación: Teillier, Cubillos, Piñera y Van Rysselberghe cierran el ranking. El único que tiene cifras azules (37% de apoyo y 32% de rechazo) es Joaquín Lavín, quien esta semana golpeó la mesa proponiendo “un nuevo modelo”, que nos acerque “más a Suecia u Holanda que a los Estados Unidos”, “romper el club cerrado que clasifica a las personas por el colegio en que estudiaron”, y “pasar de la exportación de materias primas a una economía más compleja”.

Palabras opuestas a las de Piñera, para quien un cambio de modelo es sinónimo de Venezuela. “Eso es completamente equivocado”, retruca Zingales. “Es al no cambiar nada, que Venezuela se transforma en la única alternativa”.

La mesa está servida para que un outsider se sirva el plato principal. El menú es conocido. Puede ser un comediante más o menos inofensivo, como Zelensky en Ucrania, Morales en Guatemala y Trump en Estados Unidos; un fascista como Bolsonaro en Brasil y Orban en Hungría; un tecnócrata aspirante a dictador como Fujimori en Perú; o un militar golpista como Chávez en Venezuela. “Chile tiene que elegir si quiere permanecer como una democracia, y para eso tiene que cambiar. Si no, un Chávez puede parece el salvador”, advierte Zingales.

Pero la clase dirigente no reacciona. El gobierno propone que la convención constituyente se elija con listas cerradas en que no se vote por personas, sino por partidos políticos. Nótese el absurdo: el Presidente del 6% quiere que la única alternativa sea votar por los partidos del 2%. La franja electoral excluye al 98% de los chilenos que rechazan a esos partidos. Y siguen en el aire fórmulas para que los independientes puedan ser candidatos.

Hay urgencias políticas y sociales. Pensiones, salud, educación y sueldos son los temas más importantes para los chilenos. Zingales advierte que la redistribución vía impuestos tiene un límite: “es un juego de suma cero. En cambio, la verdadera competencia dentro del capitalismo genera crecimiento, reduce precios y redistribuye”.

¿Cómo? Con medidas audaces para romper la concentración económica que permite extraer rentas cobrando altos precios a los consumidores: separar el sector industrial del financiero, gravar con impuestos cada capa de las cascadas para romper los conglomerados, dividir a empresas dominantes cuando no hay suficientes actores en el mercado, transparentar los dueños finales de las empresas. “Competencia, competencia, competencia”, resume Zingales. ¿De eso no se trataba el capitalismo, a fin de cuentas?

¿Qué forma de populismo, entonces? La historia de Estados Unidos tiene el ejemplo virtuoso del movimiento populista de Theodore Roosevelt, un político de la élite que rompió los monopolios, liberó la energía del capitalismo y fortaleció la democracia.

Es eso, o un outsider impredecible. Ya se acabó el tiempo. Como advierte Zingales: “lo que no se dobla, se rompe”.

 

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El Presidente ciego y sordo: Respondiendo a Piñera y su reforma previsional

enero 16, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal 

Abogado experto en temas de previsión social, y camarada DC. 

 

Sebastián Piñera no escucha al país ni ve la realidad de los pensionados. Este miércoles, en una cadena de radio y televisión dio a conocer la reforma previsional que él y su Gobierno, creen que es «la ideal» para los chilenos y chilenas.

Más del 80% rechaza el fracasado sistema de las AFP y las Compañías de Seguros y el insiste, inútilmente, en palabras vacías para engañar al pais:

1. Habla de aporte patronal del 6% pero dice de manera gradual, sin explicar el plazo. El proyecto actual en el Congreso establece una gradualidad de 8 años. Falsa solución.

2. La mitad de ese aporte será para las AFP, 180 millones de dólares mensuales. Más plata para sus dueños peores pensiones para los trabajadores.

Otros 180 millones serian para un nuevo órgano ,que se crearía por ley,lo que implica más de un año de debate, por lo menos.

3. Ofrece incrementos de 2 o 2,5 UF para quienes tengan cotizaciones por un número de años que la gran mayoría no tiene hoy y que será más difícil de alcanzar en el futuro.

4. No modifica las abusivas expectativas de vida que llegan a 110 años y que no reflejan la realidad, la gran mayoría no vive más de 85 años.

5.Hablar de nuevas empresas, como cooperativas, para ingresar al sistema, es demagogia pura. El sistema de AFP es el malo y por la otra , no puede cualquier empresa competir con gigantes de seguros internacionales;

HAY SOLUCIONES APROPIADAS REALES

Llegar a pensiones promedio superiores a 400 mil mensuales es posible con ese 6%, ya que con 1% se financia un seguro de longevidad a partir de los 85 años.

También alcanza ese 6% para crear Pensión Universal Básica para todos, actuales pensionados y futuros de un monto de $ 150.000 base.

Esa suma se agregaría los fondos que la persona afiliada reúna.

Piñera tampoco reconoce el derecho de los afiliados a decidir si se quedan en una AFP o cotizan en el IPS.

Piñera nada hace para eliminar la expropiación de un millón de dólares diarios que hacen las AFP de nuestros fondos.

En síntesis, los saqueadores de cuello y corbata son premiados por el gobierno.

Espero que la mayoría del Congreso, especialmente los que dicen ser oposición, rechacen estas pésimas opciones y apoyen la movilización pacífica en contra del sistema abusivo y fracasado.

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, Reforma a las pensiones, Ricardo Hormazábal

Herramientas de fiscalización parlamentaria

enero 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Iván Flores 

Diputado DC

Presidente de la Cámara de Diputados 

En los últimos días se ha criticado el uso de herramientas que dispone la Constitución para que la Cámara de Diputados pueda ejercer su rol fiscalizador. Algunos han señalado que es abuso, otros han dicho que se pierde tiempo legislativo en un momento en que Chile necesita cumplir con su tarea de manera eficiente, otros más avezados han dicho que con el uso de estas herramientas se le niega «la sal y el agua» al Gobierno y tal vez otros pensarán que no sirve para nada. Lo concreto es que la Constitución política de la República le permite a la Cámara ser la única institución que puede fiscalizar los actos de Gobierno realizados por sus funcionarios.

Primera instancia son los oficios de fiscalización utilizados con mayor frecuencia por parlamentarios. La interpelación, que no es otra cosa que convocar a una autoridad para que conteste preguntas relacionadas con su cartera que anticipadamente le hacen llegar los parlamentarios interpeladores. Es así como la autoridad citada tiene la obligación de contestar estas materias y otras que quisiera informar, y este escenario lo considero de alta utilidad, ya que permite informar a la comunidad y a los parlamentarios.

Nuestra Cámara de Diputados tiene una de las más altas proporciones en Latinoamérica de parlamentarios profesionales expertos en las 25 distintas áreas de comisiones técnicas especializadas. Por tanto, no hay que tener miedo a las interpelaciones, es una práctica frecuente para que los Ministros informen a la Cámara y a Chile asuntos de su cartera.

Existe también – más esporádico- como herramienta ultima de fiscalización y censura, la Acusación Constitucional y esto ocurre cuando una alta autoridad comete faltas a las obligaciones que la propia Constitución exige. Así un grupo de parlamentarios puede concurrir a la realización de una Acusación Constitucional.

En este escenario, si bien no es un acontecimiento frecuente, las cuatro interpelaciones que van a ser desarrolladas en los próximos días no deberían ser vistas como una pérdida de tiempo del trabajo legislativo, sino que como oportunidad para que los ministros informen de lo que se está haciendo como respuesta a la demanda social.

Por otro lado, hemos tomado la precaución que estas sesiones especiales sean realizadas en un horario distinto al que ocupa el debate legislativo…Así, no hay que tener miedo a la fiscalización ni a las herramientas que la propia Constitución establece, decir lo contrario es manifestar una molestia por temores infundados.

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