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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

Lucidez y generosidad

agosto 16, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Expresidente del PS

Si la oposición se divide, las fuerzas de derecha y ultraderecha que hoy se atrincheran en los mecanismos coercitivos de la Constitución del 80, volverán a sacar ventaja a su reagrupamiento y optimizarán su representación. Por tanto, es clave un genuino esfuerzo de unidad que garantice que las fuerzas democráticas por el cambio obtengan la mayoría necesaria para abordar la redacción de aspectos fundamentales de la nueva Constitución. Se debe asegurar la paridad y diversidad necesarias, de género, intergeneracional, de creencias culturales, postulados ideológicos, proyectos políticos y sociales. Esto es lo más difícil. La meta óptima debiese ser una lista común de todos y todas las colectividades y liderazgos que aspiran a una nueva Constitución que avance a la justicia social en democracia. Si no se llega a lo óptimo habrá otras opciones, pero debe haber unidad en la diversidad.

Las multitudinarias movilizaciones sociales llamadas mediáticamente “estallido social” -cuyo mayor vigor, amplitud e impacto fue en los meses de octubre y noviembre recién pasados- generaron una situación nacional inédita, tanto de un rechazo abierto y mayoritario al Gobierno como de un profundo cuestionamiento al tramado institucional prevaleciente, creando las condiciones para el acuerdo político del 15 de noviembre, que permitió establecer la realización de un plebiscito vinculante para avanzar hacia una nueva Constitución, nacida en democracia.

La paralización producida en la marcha del país y la impotencia del Gobierno para retomar el control de la situación, crearon un caótico desbarajuste que provocó la caída del gabinete organizado en base a un liderazgo presidencial ultra personalista y un “consigliere” -el primo del Presidente- con un rol de primer ministro de facto, para el caso que el gobernante estuviera ausente o dedicado a arreglar el mundo como lo intentó en Cúcuta, Colombia, donde llegó engatusado por los halcones de ultraderecha de la Casa Blanca, pensando que con su brillante presencia bastaba para que cayera Nicolás Maduro, en Venezuela.

Todo ese libreto de retórica vacía, tantas veces pensado, aprendido, leído y repetido, se deshizo como pompa de jabón ante la potencia de la movilización ciudadana. El gabinete de los grandes amigos del Presidente se desplomó estrepitosamente. Surgió una nueva realidad política, el discurso de “guerra” de Sebastián Piñera no tuvo cabida y, en medio del recrudecimiento de las movilizaciones populares, el 15 de noviembre se firmó el compromiso de dar vida al proceso constituyente para resolver el descrédito y deslegitimación de la institucionalidad levantada sobre la base de la fraudulenta Constitución de 1980.

El logro del propósito del conjunto del arco democrático debe imperar por sobre el objetivo o aspiración de cada sector o figura por separado. No habrá otra situación como la que se configuró por la masividad y extensión del estallido social. Evitar un protagonismo que divida será la gran prueba de esta etapa, como también cuanta será la fortaleza de la voluntad reformista y de la capacidad de efectiva unidad, para que el proceso constituyente sea fecundo y la futura Constitución se afiance en una gran y amplia construcción democrática que la transforme, realmente, en la Carta Magna de las próximas décadas.

El punto de partida es el plebiscito en que la ciudadanía decida si se avanza o no hacia una nueva Constitución. Esa es la clave esencial que motiva a la opción Apruebo, al confirmarse su mayoría se deberá además verificar si la Convención Constitucional posterior, se elige en su totalidad o si sólo en un 50% y el otro 50% lo nomina el actual Parlamento. Luego, corresponde la elección del órgano constituyente, esperamos que electo por la ciudadanía en su totalidad y de acuerdo a lo establecido en el acuerdo de noviembre, esa elección se hará con el sistema electoral que rigió para la conformación de la Cámara de Diputados en los últimos comicios, es decir, con esa organización distrital y el mismo número de personas electas.

Por eso, si la oposición se divide, las fuerzas de derecha y ultraderecha que hoy se atrincheran en los mecanismos coercitivos de la Constitución del 80, volverán a sacar ventaja a su reagrupamiento y optimizarán su representación. Por tanto, es clave un genuino esfuerzo de unidad que garantice que las fuerzas democráticas por el cambio obtengan la mayoría necesaria para abordar la redacción de aspectos fundamentales de la nueva Constitución.

La lucidez y generosidad debe asegurar la paridad y diversidad necesarias, de género, intergeneracional, de creencias culturales, postulados ideológicos, proyectos políticos y sociales. Esto es lo más difícil. La meta óptima debiese ser una lista común de todos y todas las colectividades y liderazgos que aspiran a una nueva Constitución que avance a la justicia social en democracia. Si no se llega a lo óptimo habrá otras opciones, pero debe haber unidad en la diversidad.

Hay quienes pensamos que el descalabro económico y social que dejará el Gobierno de la derecha reducirá la irradiación de su candidatura, generando condiciones para la rearticulación de una mayoría democrática sólida, de amplísima convocatoria y sin exclusiones, con la gran misión de proponer y abrir paso al proceso de cambio en los próximos comicios presidenciales.

Esa perspectiva exige madurez y no forzar la disyuntiva de las distintas opciones presidenciales antes de tiempo. Lo primero es lo primero, una amplia victoria democrática en el plebiscito del 25 de octubre que haga posible la materialización del sueño de una nueva Constitución para Chile, erradicando el texto impuesto por el pinochetismo. Nadie sobra en la brega para alcanzar ese objetivo histórico.

El logro del propósito del conjunto del arco democrático debe imperar por sobre el objetivo o aspiración de cada sector o figura por separado. No habrá otra situación como la que se configuró por la masividad y extensión del estallido social. Evitar un protagonismo que divida será la gran prueba de esta etapa, como también cuanta será la fortaleza de la voluntad reformista y de la capacidad de efectiva unidad, para que el proceso constituyente sea fecundo y la futura Constitución se afiance en una gran y amplia construcción democrática que la transforme, realmente, en la Carta Magna de las próximas décadas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Unidad Social

La DC en la centroizquierda

agosto 13, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rodolfo Fortunatti

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología 

No es posible entender el Estallido y el malestar social que lo alienta, sin tomarle el peso al daño que ha ocasionado a la centroizquierda, en términos de credibilidad y de resultados políticos y electorales, la proverbial actitud de los autocomplacientes. De cara al cambio de época, parece haber llegado la hora de procesarla.

En vísperas del aniversario 63° de la fundación de la Democracia Cristiana, el 28 de julio pasado, el senador Francisco Huenchumilla envió una carta a la militancia del partido. En ella el exintendente de La Araucanía formula una propuesta que, en lo sustantivo, exhorta a la conformación de una directiva nacional «unitaria», término que alude a la concurrencia de la vasta diversidad de visiones políticas y estratégicas de la colectividad. Mesa «ampliada», además, a un consejo de presidentes regionales con facultades ejecutivas generales.

El exministro ofrece cuatro argumentos para sustentar esta propuesta. De entrada, señala que se precisa un cambio, a la luz del desgaste electoral y orgánico que viene exhibiendo el partido. Seguidamente, que la actual mesa tiene su mandato vencido, y que no corresponde que éste se prolongue por la vía de los hechos consumados. Luego, que se requiere integrar y representar a los distintos sectores para que todos se sientan reflejados en la nueva conducción. Por último, que una elección interna no es solución, porque se convertiría en una lucha de poder que postergaría el debate esencial sobre las definiciones de fondo.

Autocomplacencia: el freno al progreso

Cada una de estas razones tiene elementos a favor y en contra, que es conveniente aquilatar en su mérito —que lo tienen—, para formarse un juicio político ajustado a la realidad y actuar en consecuencia.

La preocupación del senador Huenchumilla por el declive de la DC es un hecho concreto que puede ser demostrado a la luz de las estadísticas electorales de la transición. Solo que este descenso no se inicia el año 2000, como sugiere el autor, sino en la segunda mitad del gobierno de Aylwin. Y si bien la promesa Para Los Nuevos Tiempos de Frei, consiguió atenuar esta caída, hacia el año 1997 la pendiente se hizo demasiado evidente como para desconocerla. Y no fue ignorada. O, mejor dicho, nadie quedó indiferente al debate que, por entonces, protagonizaron los calificados de modo peyorativo como autocomplacientes y autoflagelantes, y que ya daba cuenta de las insatisfacciones que empezaban a despertar en la población tanto la negociación como los límites de la democratización. No es posible entender el Estallido y el malestar social que lo alienta, sin tomarle el peso al daño que ha ocasionado a la centroizquierda, en términos de credibilidad y de resultados políticos y electorales, la proverbial actitud de los autocomplacientes. De cara al cambio de época, parece haber llegado la hora de procesarla.

«Esperaría que los hombres y mujeres que siguen añorando el pasado, dejen la conducción de esta transición —ha emplazado la senadora Yasna Provoste―. Tuvieron su tiempo, deben dejar paso para que la DC se fortalezca en una alianza para las transformaciones».

La mesa conducida por el exdiputado Fuad Chahín se instaló hace más de dos años gracias a la alianza mayoritaria y representativa de las principales facciones de poder interno. Lo hizo con el sugestivo propósito de emprender «la revolución de la dignidad» y de poner al PDC en la primera línea del debate nacional. El Estallido del 18 de Octubre puso la revolución de la dignidad en primera línea, y empujó al PDC a firmar una salida institucional, que no otra cosa fue el acuerdo del 15 de noviembre por el cual se fijó un plebiscito para reformar la Constitución. El mandato de la actual mesa está vencido desde el Estallido, como superados y agotados están los programas y adhesivos de los grupos que le brindaron apoyo. De ahí la urgencia de la sucesión.

Es deseable, como indica el senador, que una nueva mesa refleje la diversidad interna, pero es también una aspiración muy sentida que no haya facultad de veto de ninguno de sus miembros sobre la gestión política, lo cual hoy se ve como un requisito difícil de satisfacer. Porque ha surgido una diversidad distinta, como la destacada por seis presidentes regionales, que no es conciliable con las antiguas fórmulas que llevaron al fracaso, y que debe abrirse paso para gobernar.

Otra diversidad, mayoritaria y unitaria

Aquella diversidad es la que se expresa en el cambio de la Constitución, a diferencia de su pura enmienda. Se manifiesta también, en una Convención Constituyente, enteramente elegida por la ciudadanía, a diferencia de una Convención Mixta, donde una parte de la asamblea esté compuesta por actuales parlamentarios, como se recordará era el camino aconsejado por los resabios autocomplacientes. Se revela en el retiro del diez por ciento de las AFPs, a diferencia del dogma liberal que considera intocable la herencia económica del régimen civil militar. Se expone en el deseo de construir una mayoría de centroizquierda para gobernar, a diferencia de quienes quisieran mantenerse en el confinamiento político y en un «virtual pacto por omisión», que permite a la derecha conquistar el poder y conservarlo. Se muestra en el futuro que nace después de esta crisis social, sanitaria, económica y política, a diferencia del pasado que muere con ella.

Esta nueva conducción debería clausurar la experiencia neoliberal y, por eso, su misión debería ser representar la identidad de vanguardia, reformadora y popular que ha encarnado en sus momentos estelares la Democracia Cristiana. Hoy por hoy, es perentorio para todos marcar estas diferencias.

Por último, el senador Huenchumilla ha planteado que no es conveniente realizar una elección interna que mantendría las cosas como están. Convengamos que siempre ha existido el riesgo de que la lucha por los cargos desatienda la renovación de las ideas. Sin embargo, admitamos que nada mantendría mejor las cosas como están que una mesa de integración que detuviera el tiempo en los equilibrios de poder —y en las ideas que le dieron origen— anteriores al Estallido. Sería un anacronismo a la luz de la actual coyuntura.

La elección de una nueva dirección política es imperativa para el aggiornamento de la centroizquierda, y lo es para un partido que aspira a ser parte de la historia política y constitucional que se abrió con el Estallido.

No hay nada que impida la renovación de la mesa de la Democracia Cristiana y, sí muchos desafíos futuros que la justifican.

Si el Plebiscito del 25 de octubre se realiza, y no hay comuna del territorio nacional en estado de cuarentena, entonces debería ser el momento de concretar dicho proceso, aun cuando no se haya efectuado la junta nacional pendiente.

Desde luego, el senador Francisco Huenchumilla, cuya misiva ha justificado estos párrafos, es una de las mejores opciones que posee la Democracia Cristiana para encabezar este desafío.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: camarada DC, columna, Columnista, Democracia Cristiana, doctor, PDC, Rodolfo Fortunatti, sociólogo

Tres parábolas de elefantes

agosto 10, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma

Economista del Foro de Desarrollo Justo y Sostenible

Buscando información sobre la Economía del Donut o de la Rosquilla, que promueve la economista Kate Raworth, me encontré con el blog de la Asociación Autonomía y Bienvivir, que recordaba las clásicas tres parábolas de elefantes y me resultaron muy aplicables a nuestra realidad.

La primera, “los ciegos y el elefante”, es una parábola con origen en la India, y trata sobre un grupo de hombres ciegos que tocan el cuerpo de un elefante para comprender como es. Cada uno de ellos toca una parte distinta, pero solo una parte, tal como su costado, su cola o su trompa. Luego ellos comparan sus observaciones y se dan cuenta que no coinciden en nada.

En una sociedad desintegrada, como la nuestra, las distintas visiones parciales dificultan el comprender la realidad que vivimos. Se ve distinto Chile desde sus regiones del Sur, que desde La Chimba en Antofagasta, o del set televisivo que muestra sólo un país sin problemas. Es distinto el elefante de los conventillos que el de la Clínica Las Condes y que el de la villa controlada por los narcos.

La segunda parábola es “no pienses en un elefante”. Basta que te digan que no pienses en un elefante para que comiences a pensar en el paquidermo. Es una forma de construir realidades desde el lenguaje y de imponer una visión desde una ideología, tal como ocurre hoy con los mensajes subliminales desde la televisión y las redes sociales.

Desde La Moneda nos dicen permanentemente que no pensemos en elefantes. Por ejemplo, cuando dicen que hay que reducir el número de parlamentarios, lo que disminuiría fuertemente la representación social, y sólo marginalmente el gasto público, y al mismo tiempo se aumentan Ministerios y subsecretarías que, en algunos casos, tiene las mismas funciones.

Pero, también, antes de llegar al gobierno lo hicieron. Nadie creía que Chile podía llegar a estar como la Venezuela de Maduro si ganaba un candidato o candidata de centroizquierda, pero hablar de Chilezuela les permitió triunfar en la segunda vuelta.

Así también construyen el escenario Jadue versus Lavín, y tienen éxito en que, con ingenuidad política que no corresponde a sus años y trayectorias, ex ministros y dirigentes afirmen que el problema de Chile es el comunismo.

“Hay un elefante en la habitación”, es la tercera parábola. Expresa la idea que hay verdades evidentes que no vemos o no queremos ver.

Nadie vio venir el 17.O, pero el elefante estaba en la habitación. Tampoco entendieron que entregar migajas y a cuentagotas llevaría al retiro del 10%. Es que, al parecer, mientras más grande es el elefante, menos lo vemos. Así, también, estamos cayendo en manos del negociado de la seguridad y del narcotráfico.

Las parábolas también son aplicables al proceso que vive el país. Es evidente que la mayoría rechaza la actual conducción y no está conforme con la sociedad como está hoy, pero los partidarios del cambio, teniendo al elefante en la habitación, unos le ven la trompa, otros la cola y uno que otro su enorme magnitud, pero quedan ciegos ante el desafío de entender que hay que entenderse.

Los ciudadanos y ciudadanas quieren que haya cambios de manera ordenada, como cuando salimos de la dictadura, pero unos agudizan la violencia al negarse a reconocer los derechos vulnerados de otros, mientras otros, por querer acelerarlo todo, dan la razón a los que dicen, no pienses en un elefante.

Tenemos la necesidad de tener una misma visión del elefante que tenemos en la habitación. No podemos no pensar en el.

El proceso constituyente, con su hoja en blanco y sus dos tercios, es la oportunidad de construir esa visión común.//ELF

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Andrés Palma, Chilezuela, columna, Columnista, Foro para el Desarrollo Justo y Sostenible

La pobreza y el paro, el legado de Piñera

agosto 10, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Ex presidente del PS

La ministra preocupada de la compra de “plasmas” tendría que prestar atención a la catástrofe social y económica que dejará este gobierno como “legado”, una huella nefasta de inhumanidad marcando la convivencia nacional en los próximos años.

En efecto, en el trimestre móvil abril-junio de este año 2020 se registraron 997 mil personas que no lograron encontrar trabajo, es decir, hay 299 mil cesantes más en relación al mismo período del 2019, en que fueron 698 mil. Pero, lo más grave es que la fuerza de trabajo bajó de 9 millones 621 mil a 8 millones 139 mil, es decir, un millón y medio de personas que, aunque tienen la necesidad de un empleo, al no conseguirlo dejaron de buscarlo. Eso significa 2 millones y medio de personas en paro, que no tienen un empleo aunque lo quieran y lo necesitan.

Además, la cifra de hombres y mujeres que por su empleo suspendido reciben un pago gracias a su propio subsidio de cesantía son 801 mil personas. En suma, sumados a los anteriores son 3 millones 300 mil compatriotas en una angustiosa situación socioeconómica que, cuando concluya la cuarentena requerirán con urgencia un empleo para sobrevivir.

Se trata del 40% de la fuerza laboral sin ingresos estables y suficientes para sostener dignamente el hogar. El resultado práctico de esa cifra tremenda es el empobrecimiento y las penurias, como el alcoholismo, la violencia intrafamiliar, la drogadicción, la prostitución y la delincuencia en más de una tercera parte de la población.

Este es el verdadero resultado de las erradas decisiones de Piñera, Briones y el gobierno, de su estrategia de darwinismo social al negar los recursos que las familias requerían durante la cuarentena para mantener su vida en mínimas condiciones, porque la palanca principal para evitar el descalabro social que hoy duele en el alma nacional era la entrega de un Ingreso Familiar Universal, a lo menos desde mayo, de modo que todos los hogares pudieran financiar sus necesidades fundamentales.

Cuando la ministra del Trabajo señala en forma peyorativa que espera no se vea salir a la gente con plasmas de las tiendas no sólo está ofendiendo a las personas que han sufrido por la ineptitud con que Piñera y su gabinete han ejercido su responsabilidad de gobernantes.

Asimismo, está colocando de manifiesto su total ignorancia respecto de la debacle que la mezquindad del régimen imperante ha generado, porque las familias necesitan cubrir deudas y un alivio para comer y abrigarse como corresponde.

Así, sin quererlo está expresando el centro nervioso del error del piñerismo, creer que la gente podría sobrevivir durante tres, cuatro, hasta cinco meses sin ingresos monetarios, que iban a comer aire, esa es la inhumanidad y su error profundo, que revela su absoluto divorcio de la vida cotidiana y su descompromiso con las familias que de ninguna manera podrían resistir la crisis sin ingresos.

El narcisismo del gobernante que se creyó infalible no tuvo la mínima lucidez para advertir esta cuestión esencial.

Por eso, la necesidad de una Renta Básica Universal ante la emergencia continúa siendo esencial.

Lo central de esta demanda y propuesta a la vez es que debe ser auténticamente universal y llegar a todos los hogares. De lo contrario la catástrofe social será inmanejable. En lugar de ironizar con los plasmas, la ministra debiese tomar nota de la terrible crisis social que está delante de sus ojos y que el gobierno del cual forma parte se niega a admitir con soberbia increíble.

La encuesta Ipsos de esta semana no se equivoca, el 84% de los encuestados cree que el país está siendo dirigido en una dirección errada y se definen pesimistas ante el futuro próximo, la intuición de la ciudadanía acierta, con la ceguera reinante, día a día, crece la incertidumbre. Con un pésimo gobierno el horizonte de la nación chilena se ve incierto.

El panorama nacional tendría un inmediato repunte positivo de aprobarse el impuesto al patrimonio de los súper ricos. Se trata de una tasa del 2,5% por una vez.

En Chile, los antecedentes existentes indican qué hay cerca de 9000 contribuyentes con haberes superiores a los 5 millones, pero sólo 263 que tienen más de 100 millones de dólares.

La información disponible señala que serían recaudados 6 mil millones de dólares. Esos recursos podrían financiar una Renta Básica Universal en medio de la crisis y los súper ricos no dejarían de serlo ni quebrarían y, como ya lo indica lo sucedido con el retiro del 10% de las AFP, sería también un fuerte estímulo de reactivación de la economía.

Pero salieron al tiro los obsecuentes a rechazar la idea y cuidarle el bolsillo a su jefecito, el gobernante. Un súper rico o mega millonario, cuyas inversiones se arrastran por el conjunto del sistema financiero.

Es la desgracia de un país cuando tiene instalado el conflicto de interés en la jefatura del Estado. Los funcionarios públicos que con obsecuencia rechazan este impuesto al patrimonio y que, sin decirlo o admitirlo, defienden a Piñera violan claramente los principios básicos de probidad en el ejercicio de sus cargos.

En efecto, consultoras internacionales, como Forbes, calculan la fortuna personal de Piñera en alrededor de 3.000 millones de dólares, un impuesto de 2,5% le significan unos 75 millones de dólares que a todas luces no tiene previsto dentro de sus objetivos “altruistas”. Queda claro la médula de profunda mezquindad que encierra la conducta del gobierno.

Mayor es la importancia de la unidad y el entendimiento de los demócratas chilenos, con el propósito que se levante una opción que de verdad pueda dirigir al país, sacarlo de la crisis y gobernar de acuerdo al interés de las mayorías nacionales hoy postergadas.//ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Camilo Escalona, columna, Columnista, Partido Socialista, PS

¿Por qué homicidio y no femicidio?

agosto 8, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Waleska Castillo López

Asistente social, ex directora Sernameg Región de Valparaíso

La violencia de género en nuestra sociedad es estructural, las brechas, barreras y violencias que vivimos las mujeres a lo largo de nuestras vidas y en todos los espacios, se normalizan en la cotidianidad y se visibilizan en la violencia extrema, como es el día de hoy con el feminicidio de Ámbar. Nos impactamos decimos cómo es posible que esto ocurra nuevamente, salimos a la calle a tocar cacerolas prender velas a pedir justicia, hoy por Ámbar ayer por Antonia, expresamos la rabia y nuestra desesperación porque sabemos que mañana será otra niña, otra mujer con el mismo destino, el feminicidio.

El 3 de enero de 1991 se crea el Servicio Nacional de la Mujer, luego que la década anterior movimientos de mujeres y feministas exigíamos “democracia en el país y la casa”, se puso énfasis el vínculo entre lo “privado” y lo “público” de aquella época, donde existía una separación entre la familia y la política, hoy imposible pensar en esta diferencia.

El avance de la legislación en materia de equidad de género y violencia contra las mujeres en estos 29 años ha sido así, mujeres luchando por sus derechos sumando sororamente a otras mujeres logrando un despertar masivo el 8 de marzo del 2018 bajo la convocatoria de la coordinadora 8 Marzo con la huelga feminista más masiva de la historia de Chile, los lemas #niunamenos #metoo son parte del lenguaje de las mujeres y de una sociedad que dice basta las queremos vivas.

Hugo Bustamante fue condenado por homicidio de su ex pareja y no femicido, porque en aquella época no estaba en vigencia la ley 20.480 que fue promulgada el 14 diciembre del 2010 y sus últimas modificaciones con la ley Gabriela, de haber estado en vigencia no podría haber accedido a solicitar libertad condicional antes de los 40 años de privación de libertad efectiva.

Desde el 5 de enero del 2017 se despacha desde el Ejecutivo al Congreso un proyecto de Ley denominado ´Vivir una vida libre de violencia´, legislación integral que muestra a la violencia de género de manera amplia, que deja en claro las responsabilidades de los distintos órganos del Estado, dando atribuciones en materia de promoción, prevención, investigación y sanción de la violencia, junto con ello entrega recursos frescos a estos organismos en el presupuesto de la nación.

Necesitamos voluntad política de todos y todas para promulgar con urgencia esta ley integral que permita cumplir con los compromisos internacionales firmado por nuestro país en materia de violencia de género, para transformar esta cultura de la violencia hacia las mujeres es elemental que los organismos del Estado tengan recursos y atribuciones para cumplir con su función, porque no queremos olvidar a Verónica y su hijo asesinados por el mismo agresor de Ámbar.

En Chile, aún no se reconoce la figura de feminicidio, este último delito sería caratulado como homicidio nuevamente, a menos que en el proceso investigativo se encuentren más pruebas. Sin miedo y con más fuerza, las mujeres decimos “si tocan a una respondemos todas”. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: asistente social, Caso Ambar, columna, femicidio, Homicidio, Homicidio calificado, Ley Gabriela

Cómplices

agosto 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

 

 

 

Por David Pellizzari Ossa

Muchos creen que los extremos políticos, particularmente aquellos que radicalizan sus posiciones, incluso hasta el uso de la violencia, son diametralmente distintos entre sí, antagónicos, opuestos, sin embargo, la historia nos demuestra recurrentemente, que el espectro político mas que lineal es casi circular, con extremos que se acercan peligrosamente hasta casi fundirse, se necesitan, justifican la existencia del otro, son los principales causantes de la polarización y degradación del debate político, son los padres de la intolerancia, y son también los responsables finales del reinado del populismo, son, en definitiva, cómplices, lo quieran o no.

Los grupos fundamentalistas islámicos justifican su accionar con las decisiones de Presidentes estadounidenses como George W. Bush o Trump, y estos, a su vez, justifican sus políticas en la existencia de los grupos fundamentalistas… La Derecha justifica la represión con la violencia de grupos radicalizados de izquierda, y ésta justifica sus acciones con esa misma represión… es decir, un perfecto circulo vicioso, y una patente demostración de que ambos extremos son perfectamente complementarios y, de hecho, subsisten gracias al otro, construyendo una curiosa simbiosis política.

Por todo el mundo y en toda época podemos encontrar ejemplos de extremos políticos que se enfrentan en ácidas polémicas, que confrontan visiones del mundo teóricamente opuestas, que incluso llegan a la violencia, pero que comparten una metodología, un dogmatismo, y un discurso que divide el mundo artificialmente entre buenos y malos, y que termina por hacer que se definan en relación u oposición a un otro mas que en base a una doctrina especifica, lo que termina en una complicidad implícita.

Los recientes hechos de violencia en la Región de la Araucanía nos recuerdan esta paradoja política y social de un modo trágico y preocupante, mientras grupos radicalizados de mapuches intentan reivindicar legitimas aspiraciones mediante actos de fuerza, el Estado, que lleva casi dos siglos abusando de la violencia institucionalizada como única respuesta al problema, se ve completamente superado por el problema, y, finalmente, civiles organizados decidieron terciar en el conflicto extremando aún mas la discusión y dificultando una eventual solución transformándose en cómplices de una espiral de violencia de sombrío pronóstico.

Los extremos, nuevamente, alimentan y justifican mutuamente su existencia, y un Estado culposo e impotente, solo atina a ser testigo privilegiado de los odios desatados y la violencia larvada en décadas de un enfrentamiento escasamente contenido.

La tentación de los extremos es atractiva, ofrece un culpable, un némesis que da sentido a la existencia de una organización para resistir, para oponerse a aquello que se odia o que se teme, los “fachos”, los comunistas, los migrantes, el Estado, los ricos, los mapuches, los empresarios, los sindicalistas y un largo etcétera de enemigos a quienes enfrentar dan sentido a la vida política de grupos que buscan entregar respuestas integrales que no admiten oposición o discrepancia.

El riesgo de los extremos es que nos tratan de arrastrar a un mundo artificialmente binario, en que, primero el lenguaje, y luego las acciones, llama a la confrontación y, con el tiempo, a la violencia. Sus dogmatismos pueden disfrazarse electoralmente, pero mas temprano que tarde, se evidencian en sus acciones. Si algo tienen en común Izquierdas y Derechas es su concepción utilitaria de la democracia, a la que no le asignan un valor en si misma, sino solo como instrumento para conseguir sus fines, por lo que, tarde o temprano, cuando la democracia se transforma en una traba para sus aspiraciones, es desechada y reemplazada por autoritarismo sin el menor remordimiento, y, en ese proceso, no importa cual de los dos ejerza el poder, son irremediablemente cómplices. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, conflicto mapuche, Contingencia, David Pellizzari Ossa, Región de La Araucanía, Tierras mapuches

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