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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

Es urgente impulsar un plan para reactivar la economía

septiembre 9, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Yasna Provoste 

Senadora DC

Este miércoles se conoció la decisión del Consejo del Banco Central de elevar la TPM a 10,75% alcanzando un peak, que busca bajar la inflación anual que ha subido persistentemente en los últimos meses.

Combatir la alta inflación es una tarea que debemos respaldar para que recuperemos los niveles inflacionarios de 3% en 24 meses más como proyecta el Banco Central.

La inflación especialmente de alimentos afecta principalmente a las familias vulnerables y de clase media; por tanto reducirla en el mediano plazo requiere prudencia con el manejo de la TPM (Tasa de Política Monetaria).

Estamos ya en los niveles máximos y nuevos aumentos probablemente pueden provocar efectos negativos en la recuperación de la economía. Aquí una elevada tasa de la TPM puede generar efectos perversos en la economía y ralentizar en demasía la necesaria reactivación.

El panorama para 2023 es muy preocupante porque las proyecciones de hoy son más negativas que las de junio y el Banco nos informa que para el próximo año proyecta una caída de -1% del PIB.

O sea los próximos 18 meses tendremos números rojos en materia de crecimiento, subsistirá una alta inflación y es necesario entonces impulsar un plan que apunte a la reactivación de la economía de manera sostenible.

Hace ya varios años que nuestra economía está estancada, ha ido perdiendo capacidad de crecimiento, no hay nuevos motores de desarrollo, la inversión en Innovación Productiva y Ciencias sigue en apenas 0,34% del PIB, no hay apoyos productivos a las PYMES, no hay planes de mediano plazo para dar valor agregado a lo que producimos y exportamos, la estrategia de apertura comercial y abrir nuevos mercados está paralizada y pareciera que solo importara el equilibrio de las cuentas fiscales.

La responsabilidad fiscal es una condición necesaria, pero se requiere más, el país requiere una estrategia de crecimiento sostenible en el tiempo que sustente los avances sociales, en materia de derechos sociales.

 

Algunos dirán primero superemos esta crisis inflacionaria y después veamos estos otros temas.

Soy de las que pienso que en las crisis hay oportunidades para salir del atolladero, con políticas de mediano plazo. Es hora de elevar la mirada y buscar consensos que mejoren las capacidades del país a mediano plazo.

Estoy convencida de que estos meses de crisis económica aguda requiere debatir una hoja de ruta común para los próximos meses donde se combinen las medidas de estímulo fiscal con estrategias de crecimiento sectorial que apunten a recuperar la capacidad de Crear empleos que se ha perdido en los últimos meses producto del ajuste provocado por las alzas de la TPM (tasa Política monetaria).

Requerimos para 2023 una política fiscal expansiva, anti cíclica, un presupuesto fiscal contra cíclico con un importante incremento en la inversión pública, pero superemos los problemas de gestión que nos tienen con bajas ejecuciones en regiones, en el MOP, en Salud; pero también se requieren políticas sectoriales que aceleren la recuperación de sectores económicos importantes en turismo, en fortalecer la industria de alimentos, en la minería de cobre y de litio.

Hace algunas semanas CODELCO informó que su producción anual caería en 100.000 a 150.000 toneladas de cobre, eso es una mala noticia para la recuperación económica, pero debiéramos conocer porque está caída de producción y cuales son las medidas remediales que está impulsando la minera estatal.

Debemos exigir para 2023 una potente inversión pública en Innovación productiva para desarrollar nuevos sectores productivos y espero que nueva ministra de Ciencias traiga a este Parlamento esas señales de recuperación productiva.

Esta en nosotras y nosotros como actores políticos transformar ese estancamiento económico de años en progreso sostenible, que sustente el desarrollo con equidad que hace décadas estamos buscando y que avanza tan lentamente.

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¿Y después qué? Escenarios posplebiscito

septiembre 2, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Christian Torres Castro

Director de la Corporación de Promoción Universitaria

El Gobierno debe transformarse con rapidez en el articulador de la continuidad del proceso constituyente, con Rechazo o con Apruebo. De ser el Rechazo, debe articular una nueva fórmula que dé cauce a la construcción de una nueva propuesta constitucional. De ser el Apruebo deberá conducir, primero, las reformas a la nueva Constitución y, en paralelo y después, la legislación de bajada.

Nada de esto es posible sin un gabinete empoderado y capaz de actuar ordenadamente. Se ven tareas difíciles, más aún para un Gobierno que no ha demostrado particular destreza política ni de gestión.

Conforme se acerca el 4 de septiembre, se afianza la idea de que el resultado del plebiscito será estrecho, sin que todavía sea posible prefigurar con plena certeza ese resultado.

Aun así, es posible proyectar algunos escenarios posplebiscito:

De triunfar la opción del Rechazo, una alternativa es avanzar en reformas a la Constitución del 80. Esta idea, sin duda favorita en amplios sectores de la derecha, es lo más parecido al aquí no ha pasado nada. Pareció instalarse con la propuesta de Rincón-Walker de modificar el quórum de reformas a 4/7, pero el peso de la realidad la va enterrando cada día más. Esta opción ya no parece viable, pues generaría un alto nivel de conflicto político y social difícil de canalizar institucionalmente.

Una segunda alternativa es que el Presidente Boric convoque a una nueva elección de convencionales y defina un calendario constitucional sobre la base de la reforma que dio origen al actual proceso. Esta alternativa acotaría los tiempos. Sin embargo, más allá de los deseos del Mandatario, también parece inviable, pues sería fuertemente cuestionada, probablemente objeto de recursos ante el TC y con un Gobierno tratando de imponerla desde una posición de derrota.

La tercera alternativa, que parece la más realista, es que el Gobierno convoque a un plebiscito para resolver el mecanismo de elaboración de una nueva propuesta. Asumiendo que se da por hecho que la decisión de una nueva Constitución es caso cerrado.

Sin embargo, vale consignar que esta alternativa significa embarcarnos en un nuevo proceso desde cero y que implica al menos: plebiscito inicial, 3 a 6 meses; elección de constituyentes, 3 a 6 meses; construcción del nuevo texto, 12 a 18 meses; plebiscito de salida, 2 meses. Para los que han hecho de la incertidumbre el principal fantasma del país, este camino implica al menos casi dos años más de incertidumbre hasta contar con un nuevo texto.

De imponerse el Rechazo, veremos con rapidez cómo desaparece el egótico protagonismo de algunos expersoneros de centro y centroizquierda, utilitariamente cedido por la derecha y que ingenuamente ven en ese resultado la posibilidad de capitalizar el triunfo y de conducir un nuevo proceso político. Nadie más que la derecha capitalizará un eventual triunfo del Rechazo.

De imponerse el Apruebo, creemos que se abren las siguientes alternativas. La primera, consiste en no realizar reformas al nuevo texto y comenzar inmediatamente su implementación y legislación de bajada. Esta alternativa, aunque deseada por algunos enamorados del texto, no parece tener ninguna viabilidad, dados los públicos y transversales compromisos de reforma a la propuesta.

Un segundo escenario es que se inicie un proceso desordenado de intentos de reformas a partir de iniciativas parlamentarias. Esto solo trabaría la posibilidad de hacer las reformas necesarias de manera ordenada y con acuerdos más amplios. Sin embargo, es probable que el protagonismo que algunos parlamentarios puedan buscar, los haga optar por esta alternativa.

Finalmente, la alternativa sensata consiste en que se concuerde una primera etapa de construcción de acuerdos de carácter prelegislativo que permita presentar una batería de proyectos desde el Ejecutivo o desde los propios parlamentarios (pero concordados en lo sustancial), para realizar las reformas tanto al texto permanente como transitorio.

 

Esta alternativa probablemente tenga, como consecuencias, posibles quiebres en la coalición de gobierno y división en la derecha. Por lo mismo, será una oportunidad para ver el liderazgo y la decisión del Presidente para definir finalmente la “hegemonía política” al interior del Gobierno; y al mismo tiempo la vocación que dominará en la derecha en los próximos años.

Un escenario adicional, que esperemos no se dé, es aquel en que cualquiera de las dos opciones se impusiera por un margen amplio, de más de 10 o 15 puntos. En este caso, nos encontraremos con el fortalecimiento de la tendencia más radical dentro de la opción que triunfe.

De ser el Rechazo, aquellos que no quieren un nuevo proceso ni nueva Constitución, sino solo reformas a la actual, intentarán imponer esta postura. Por el contrario, en el caso del Apruebo, serán los puritanos del nuevo texto quienes se verán fortalecidos. Ambas posibilidades apuntan a mayor polarización y conflicto.

En cualquiera de los escenarios probables de Apruebo o Rechazo, este tendrá efectos sobre el Gobierno, que probablemente deberá hacer ajustes a los pocos días del plebiscito.

Lo primero será ordenar la base de apoyo. La o las coaliciones deben concordar un diseño común, de lo contrario, desaprovecharán rápidamente el aire de un triunfo del Apruebo, o se hundirán con mayor profundidad y rapidez que el efecto propio de un triunfo del Rechazo.

En segundo lugar, deberá realizar un cambio en el gabinete, fundamentalmente en el equipo político, además de otros sectoriales evidentemente débiles. Postergar el cambio de gabinete tendrá el mismo resultado que señalamos en el punto anterior.

Finalmente, el Gobierno debe transformarse con rapidez en el articulador de la continuidad del proceso constituyente, con Rechazo o con Apruebo. De ser el Rechazo, debe articular una nueva fórmula que dé cauce a la construcción de una nueva propuesta constitucional. De ser el Apruebo, deberá conducir, primero, las reformas a la nueva Constitución y, en paralelo y después, la legislación de bajada.

Nada de esto es posible sin un gabinete empoderado y capaz de actuar ordenadamente. Se ven tareas difíciles, más aún para un Gobierno que no ha demostrado particular destreza política ni de gestión. //ELF

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El 5 de septiembre

agosto 30, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador DC

Como se ha escuchado y leído, algunos actores, de lado y lado, han puesto sus ojos en cambiar las normas relativas a los independientes y a los escaños reservados. Creo que esto no solo sería un grave error político, sino que demostraría que los partidos no han sacado las lecciones del proceso que se fue gestando, lenta y subterráneamente, hasta emerger con violencia el 18 de octubre y que tiene, como una de sus causas, el desprestigio total del Congreso y del sistema de representación.

¿Habrá recuperado este sector su prestigio, como para convencer a la opinión pública de que ahora sí son dignos de confianza, y que con un acuerdo cupular entre cuatro paredes pueden dejar fuera a los independientes, o colocarles trabas y/o exigencias de tal naturaleza que en el hecho se anule o minimice su participación? Todo ello se haría, además, sin comprender que una de las razones para el éxito de los independientes no solo fue su mecanismo electoral, sino que un voto de castigo de la gente a los desprestigiados partidos políticos.

El día 5 de septiembre tendremos un nuevo escenario político. Si gana el Apruebo, independientemente de los gustos personales, tendremos certeza en las nuevas reglas del juego, y la política podrá desarrollarse en toda su amplitud. Si gana el Rechazo, las reglas serán las de la vieja Constitución del 80, y la política tendrá que exigirse al máximo, para ver cómo continuamos.

En el primer caso, tendremos certezas. En el segundo, incertidumbre.

La primera incertidumbre será resolver –interpretar– cuál es el alcance del art. 142, inciso final, de la actual Constitución. Este artículo está dentro de las normas permanentes, en el epígrafe “Del procedimiento para elaborar una Nueva Constitución” en el capítulo XV; o sea, dentro de las normas que, según el inciso final del citado artículo, continúan vigentes, de ganar el Rechazo.

Este es el primer problema que tendrá que resolver la política; pero es evidente que, más allá de toda interpretación posible, el sentido del epígrafe ya referido fue establecer, como norma permanente, un “procedimiento para elaborar una nueva Constitución”. Es decir, el procedimiento está ya establecido. Pero, como ese procedimiento ya se realizó y se agotó, en este escenario hipotético del Rechazo, la pregunta es qué queda vigente en la repetición de ese procedimiento, y cómo se materializa esta segunda oportunidad constituyente.

Las que se agotaron, parece obvio, son las normas contingentes –como las fechas y los plazos–, pero las que permanecen son aquellas que confieren legitimidad al proceso que regula el epígrafe, tales como el pronunciamiento del plebiscito de entrada, en virtud del cual se optó por una Convención, íntegramente elegida como el órgano que debe elaborar la nueva Carta Fundamental. Su composición, por otra parte, igualmente está en las normas transitorias –que forman parte de la Constitución– y también forman parte del principio de legitimidad: la paridad de género, los escaños reservados y la participación de los independientes y los discapacitados.

Aquí se abren varias alternativas que son factibles desde el punto de vista jurídico, pero que deberán procesarse y ponderarse políticamente por los distintos actores, tanto del Gobierno, de la oposición y del resto, que están en posiciones distintas.

Una primera posibilidad –a título de enunciación, no de prioridades– es que a sectores del Parlamento “se les ocurra” presentar reformas parciales a la Constitución –bajo el amparo del nuevo quórum de los 4/7, establecido por la Ley 21.481 del 23 de agosto del 2022, que modificó el art. 127– e irse por ese camino, soslayando de esa manera “el procedimiento para elaborar una nueva Constitución”. La modificación y posterior aprobación de ese quórum de los 4/7 fue presentada por sus autores como una forma de facilitar los acuerdos, en caso de que ganara el Rechazo; me opuse solitariamente a ese proyecto porque estimaba que era una estrategia encubierta a favor del Rechazo, pero, además, porque puestos en ese escenario, el único sector que puede actualmente juntar ese quórum de los 4/7 es la derecha y sus actuales aliados, no necesitando a los sectores de Apruebo Dignidad ni del Socialismo Democrático.

En otras palabras, ese quórum puede ser una tentación para la derecha y sus aliados que, baipaseándose a la izquierda, tendrán los votos necesarios en el Senado –los tienen– y en la actual Cámara de Diputados –seguramente también los tendrán– para hacer reformas parciales, presentándolas a la opinión pública como justas, necesarias y que cumplan el objetivo de reformar la Constitución. El problema que tendrían esas reformas parciales es si eventualmente logran tener legitimidad frente a la opinión pública, en lugar de ser vistas como una maniobra cupular no solo para eludir la soberanía popular; y el peor escenario sería, además, que el propio contenido de las mismas fuera rechazado.

El mismo peligro podría ocurrir si la vía de usar reformas parciales fuera concordada por el conjunto de los actores políticos del Gobierno y del Parlamento; a menos que fueran de tal entidad que la opinión pública las aceptara como suficientes en su contenido, cuestión, a mi juicio, no de fácil despacho.

Otra alternativa es que se acepte la Convención como el órgano válido para redactar la nueva Constitución, en su segunda oportunidad; y que en dicha instancia sectores de la derecha, ya sea ella misma y sus aliados, o con la concurrencia de la centroizquierda, quieran alterar su composición, ya sea en todos, o en alguno de sus componentes –probablemente los escaños reservados y la participación de los independientes–. Claramente aquí tendríamos un cuestionamiento de legitimidad, por parte de los sectores afectados, con efectos políticos que afectarían al conjunto del proceso; dejando además una puerta abierta a la protesta social, con dimensiones difíciles de prever.

Una tercera alternativa es que se quiera iniciar un nuevo proceso desde cero, donde la derecha y sus aliados, o con la concurrencia de toda o parte de la centroizquierda, traten de revivir las alternativas a la Convención –como podría ser el actual Congreso, un grupo de expertos, o alguna fórmula mixta; y, por supuesto, una nueva composición, si tuviera lugar alguno de los casos–.

En resumen, el triunfo del Rechazo significará un escenario de incertidumbre jurídica y política, donde la derecha no solo recupera su poder de veto, sino que ahora lo hace con el plus de que también recupera la iniciativa, puesto que, con la rebaja del quórum a los 4/7, es el único sector, más sus aliados, que pueden cambiar no solo las reglas del juego del procedimiento constitucional, sino el contenido mismo por sí solos, sin necesitar los votos de la centroizquierda. ¿Usarán este camino la derecha y sus aliados? Es una pregunta sin respuesta. Pura incertidumbre.

Los actores políticos de gobierno, y de la oposición, deben entender que el proceso político y social que el país comenzó a vivir a partir del mismo 18 de octubre del 2019, en caso de triunfar el Rechazo, quedará abierto; sin cerrar las heridas que allí se produjeron; sin dar respuesta a las expectativas, demandas y esperanzas que se generaron y, por lo tanto, con un escenario de incertidumbres acerca de cuál será la respuesta de los diversos actores que gatillaron uno de los conflictos sociales más intensos y graves que ha tenido el país.

Como se ha escuchado y leído, algunos actores, de lado y lado, han puesto sus ojos en cambiar las normas relativas a los independientes y a los escaños reservados. Creo que esto no solo sería un grave error político, sino que demostraría que los partidos no han sacado las lecciones del proceso que se fue gestando, lenta y subterráneamente, hasta emerger con violencia el 18 de octubre y que tiene, como una de sus causas, el desprestigio total del Congreso y del sistema de representación. ¿Habrá recuperado este sector su prestigio, como para convencer a la opinión pública de que ahora sí son dignos de confianza, y que con un acuerdo cupular entre cuatro paredes pueden dejar fuera a los independientes, o colocarles trabas y/o exigencias de tal naturaleza que en el hecho se anule o minimice su participación? Todo ello se haría, además, sin comprender que una de las razones para el éxito de los independientes no solo fue su mecanismo electoral, sino que un voto de castigo de la gente a los desprestigiados partidos políticos.

Respecto de los escaños reservados, también se ha escuchado y leído que algunos, de lado y lado, están propugnando la idea de dejarlos fuera del proceso, o de elegirlos de acuerdo con el número de electores que concurran a votar. Este planteamiento es de dudosa constitucionalidad –de acuerdo con las normas de la vieja Constitución, respecto del principio de igualdad–: ¿por qué a ese sector se le aplicaría dicha norma, mientras los partidos políticos elegirían sus candidatos sin importar los votos emitidos?

Estos sectores olvidan, y/o ignoran, la naturaleza del conflicto que tiene el Estado en el sur del país, donde se juegan distintas estrategias en el mundo mapuche, entre la violencia política y la vía institucional; empujando a estos últimos, en caso de dejarlos fuera o reducir su participación, a perder la poca credibilidad que todavía tienen en el valor de las reglas políticas de la democracia, con lo cual aquel conflicto se potencia. Todo, por la falta de visión de Estado de los sectores que propugnan estas alternativas.

La derecha, y los grandes empresarios, tienen una enorme responsabilidad en este escenario, no solo por la incertidumbre que se generaría con el triunfo del Rechazo, sino por haber contribuido al financiamiento de la campaña, y al desprestigio y las mentiras que se han instalado respecto del texto constitucional propuesto. Lo han hecho sin dar la cara en lo que representan, utilizando con mano mora a otros sectores, descolgados de la centroizquierda que se prestaron, ingenua o sibilinamente, para hacer el trabajo sucio. Ahora, tendrían una nueva oportunidad para entender que un Estado democrático y social de derecho, que recoja nuestra realidad sociológica y con descentralización del poder, no se opone para nada a los pilares fundamentales de una sana convivencia, en democracia y con una economía social y ecológica de mercado.

Si gana el Rechazo, tendremos un escenario de incertidumbres en las reglas del juego, y en la forma como el mundo político, empresarial y social moverán sus cartas y se movilizarán. Nada será fácil.

Pero si gana el Apruebo tendremos certezas en las reglas del juego. Corresponderá a la política la implementación de las mismas, y el Presidente de la República tendrá un rol fundamental para conducir este proceso, cuyo norte deberá ser que tales reglas del juego adquieran plena legitimidad y nos guíen, como país, por muchos años, para construir una sociedad democrática con justicia y dignidad para todos y todas.// ELF

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Salud pública: Sin claridad, fecha ni esperanza

agosto 27, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Iván Flores

Senador DC

Esperar.

Sin claridad, fecha ni esperanza. 

Lo saben muy bien miles de chilenos y chilenas que forman parte de la interminable lista de espera para ser atendidos en el sector público, tanto en patologías GES, como en otras. 

Según el informe entregado por el subsecretario de Redes Asistenciales a la comisión de Salud del Senado, que integro, 1.764.937 personas esperan una consulta con un especialista; 294.632 aguardan una cirugía y otras 67.417 una atención GES; ello, sólo en el primer semestre de este año. 

En Chile, un paciente del sistema público debe esperar 574 días para acceder a una cirugía electiva no incluida en el AUGE, pero esto varía a nivel nacional. En Valdivia se registra el mayor tiempo promedio de espera, con 906 días, equivalentes a dos años y medio.

Es lapidario y doloroso; porque además los principales afectados son adultos mayores y mujeres. 

Se han entregado explicaciones vinculadas al impacto que ha tenido la pandemia por Covid, con las suspensiones de intervenciones electivas y consultas a especialistas. Ello es cierto, en algún porcentaje; pero, en ningún caso puede servir como justificación porque el estado no puede permitir que esto ocurra. Se trata de personas que terminan muriendo porque no recibieron una atención.

Entre los tratamientos con más espera se encuentran los vinculados a cataratas (14.940), seguido por vicios de refracción (8.687); órtesis (5.484), retinopatía diabética (3.500) y colecistectomía preventiva (3.381).

En la región de Los Ríos hay un total de 4.581 casos de retrasos y el promedio de días es de 181 días de retraso en patologías GES. En patologías no GES, hay más de 41 mil personas esperando. Por operaciones, en la región hay más de 5.200 personas esperando desde hace tres años. 

El año pasado en la Ley de Presupuesto dispusimos millonarios recursos para disminuir las listas de espera; estamos pidiendo que se nos informe qué ocurrió con la ejecución respectiva. Aquí se requiere un esfuerzo extraordinario y con total dedicación. Esto no puede seguir ocurriendo y debe ser prioridad para el Gobierno. 

 Cuando las listas de espera se transforman en espacio y tiempos sin esperanza, muchos y muchas no alcanzan a contarlo y, ello, es inexcusable. //ELF

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Iridiscencia

agosto 18, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Joaquín Orellana

¿El problema? Twitter es más rápido que la democracia y sus demostraciones están desterritorializadas, encontrando representaciones reales en otros espacios, por ejemplo, las escuelas, las familias, la vía pública, los grupos de WhatsApp, entre otros. Aquí es donde la política tiene un rol.

Hace un par de días, navegando por las aguas turbulentas de Twitter, me encontré con una publicación que hablaba sobre las “10 palabras más lindas del español”, entre las que destacaba “iridiscencia”. Dicho concepto se remite a un fenómeno óptico donde el tono de la luz varía creando pequeños arcoíris. Lindo, ¿no? Más aún cuando no es el contenido al cual estamos acostumbrados en la batalla campal de 280 caracteres.

Los tonos y las emociones volcadas en la red social del pajarito azul representan en buena parte los sentimientos que contiene la contienda electoral a la cual nos enfrentamos este 4 de septiembre. Por un lado, rabia, miedo, revancha e incertidumbre; por otro, esperanza y optimismo. ¿El mínimo común? El reconocimiento de una otredad que debe ser superada políticamente. Puro agonismo. La dimensión del conflicto exacerbada en la anulación de un otro. Preocupante.

¿El problema? Twitter es más rápido que la democracia y sus demostraciones están desterritorializadas, encontrando representaciones reales en otros espacios, por ejemplo, las escuelas, las familias, la vía pública, los grupos de WhatsApp, entre otros. Aquí es donde la política tiene un rol.

Desde hace un tiempo, en agendas sensibles para la ciudadanía, como la seguridad, pareciera que la política se ha vuelto impotente, incapaz de resolver los problemas que aquejan a los ciudadanos. ¿Por qué? Mi tesis se apoya en las lecturas de Peter Mair (2013), Steven Levitsky y Daniel Ziblatt (2015), y Daniel Innerarity (2021), quienes en sus obras desprenden como fundamental para el funcionamiento complejo de la política y, especialmente, de las democracias: el rol de los partidos políticos.

Los partidos políticos se constituyen como los guardianes de la democracia y, en este sentido, como los acreedores de soluciones robustas a los problemas públicos. ¿Qué ha pasado en Chile? El sistema de partidos y los partidos políticos como tal se han debilitado. Para muestra, un botón: la centro izquierda se disputa en el apruebo y el rechazo. Cuestión inédita, en tanto se utiliza un mismo referente para dos visiones de mundo contrapuestas. A lo menos raro o, como diría Giovanni Sartori, alguien está haciendo uso de un “estiramiento conceptual” inadecuado. En definitiva, por la crisis de este espacio político, planteado como progresista y democrático en sus orígenes, algunos buscan capturar su esencia, distorsionándolo a su conveniencia, como lo hicieron con la imagen del “No”, e incluso dotándolo de características y colores, el amarillo por ejemplo.

La política tiene un rol y este tiene que ver con concretar el camino iniciado, una vía sin retorno de transformaciones responsables, que le hagan sentido a la población y que por sobre todo le brinden certezas en su cotidianidad. Este rol necesariamente pasa por los partidos políticos. Y más allá de los resultados, el 5 de septiembre no habrá caos, porque la democracia nunca será el caos.

Sí, habrá una tarea y está tiene que ver con mejorar nuestro ánimo societal. Volver a transitar el camino del diálogo y del bien común, reconociendo al adversario y respetándole en la disputa de las ideas. De esta manera, dejaremos atrás el odio, la manipulación de la verdad y la desconfianza.//ELF

Fuente: Freepik

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La última oportunidad

agosto 12, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

David Suazo Guastavino

Vicepresidente PDC Viña del Mar

En estos días hemos visto -algunos con espantosa alegría y otros con franca tristeza- cómo una organización política que engendró cientos de escenas de justicia social con estabilidad política ha sido capaz de arriesgarse a ser carcomida por dentro, desde sus propios interiores. Ese es el menesteroso e indignante estado en el que se encuentra el Partido Demócrata Cristiano de Chile.

Y, con honesta humildad, me he atrevido a bucear en algunas de las causas de este coma, sin buscar exponer culpas personales ni responsabilidades de lotes (para quienes no son de la DC, equipos), sino más bien, como un deber ético y político ante la catástrofe de identidad, estrategia y proyección de un partido que logró lo que otros han anhelado, pero no han podido alcanzar: Gobernar con paz en medio de caos. Debo agregar que, en la justa proporción, todas y todos (me incluyo primero en el listado) somos parte de este problema profundo, ya que este austero análisis intenta abordar la implosión que se avizora y NO las causas externas de esta complicada situación, cuestión que en su dimensión electoral, política y cultural revisaremos en otra oportunidad. Por último, luego de cada razón dada, planteo una solución posible y verosímil ante la crisis vigente.

1. Ausencia de UN SOLO PROYECTO entre sus huestes.

Cada vez que le preguntamos a nuestros amigos o familia cual es su opinión de la DC, la respuesta se repite infinitamente: “ambiguos”, “dos caras”, o –gracias a la cultura popular- “ni chicha ni limoná”. Omití intencionalmente el típico “amarillos” porque ha surgido un grupo que, sin pudor alguno, ha hecho de ese término una tendencia política, abrazando desvergonzadamente la tibieza y neutralidad como una causa por la cual luchar.
Lo anterior, no debería sorprendernos tanto.

Nuestra colectividad ha tenido históricamente dos almas, si es que muchas más. Y no me refiero a equipos, sensibilidades o lotes ya que siempre podemos agruparnos con quienes hay afinidad o posturas coyunturales comunes, sino que a una convicción diferente de la visión y de la misión, y su consecuente exteriorización dicotómica. Un partido en donde tienes a fulano creyendo A y a zutano creyendo Z debe examinarse con urgencia, no tan solo por la evidente confusión que se ventila en la comunidad política. Debe hacerlo más allá de todo, por su propia supervivencia.

Los tiempos presentes, aun más con la caída de las ideologías y la primacía de la política de las identidades parecieran no admitir que un órgano que se supone unánime, tenga dos versiones. Probablemente, algunos dirán que esto se arrastra desde las décadas de la Falange, mas cuando los “puristas” con Tomic o Jaime Castillo a la cabeza se distinguían de los “populares cristianos” (liderados por Frei, Leighton y Gumucio) lo hacían en base a tesis doctrinarias, con un nítido fervor espiritual-social y con la elocuencia que la honestidad intelectual entrega.
Nuestros camaradas fundadores no se anclaban a una corriente filosófica a partir de componendas electorales internas, de liderazgos melifluos, ni de protagonismos mediáticos. Al final de la tarde, eran demócratas cristianos sin apellidos.

La doble faz del partido ha provocado incertidumbre y una baja notable de credibilidad, sumado a la desafección del militante que a ratos no sabe a qué partido pertenece. Algunos predican de la DC entendiéndola como de vanguardia, revolucionaria, atrevida y no neutral y otros, muy por el contrario, hablan de ella como una fuerza política llamada a moderar la balanza, centrista a más no poder, ubicada justo ahí, en el medio de la línea. Este claroscuro debe acabar.
Sin embargo, como dije antes, creo que hay una posible salida de este túnel fatigoso y es el VI Congreso Ideológico y Programático que iniciará la DC y que felizmente está liderado por jóvenes.

De ese evento, debe emanar el marco en que el partido puede desenvolverse, cuáles son sus verdaderas creencias en base a lo que nos hemos dado como doctrina a lo largo de la historia, pero con la necesaria actualización de conceptos y alcances. En ese importante evento, los y las demócratas cristianos debemos salir con un alma en el cuerpo. Y, una vez definida la línea editorial por la vía democrática y con la mayor participación posible, quienes planteen una tesis distinta, deben abandonar la casa.

Lo antes dicho puede sonar traumático, pero es sanador. No deben lanzarse al vacío a quienes pierdan en su postura (ni a través de leguleyadas en los tribunales internos ni por medio de la odiosa ocasión que dan la prensa y las redes sociales), sino que con madurez y prudencia, comprender que no somos todos lo mismo y que no creemos en lo mismo. Incluso, es interesante elucubrar una alianza electoral entre estas dos entidades a futuro, como se hacen los pactos en una democracia saludable. Algunos ya han planteado esa idea y es digna de ser analizada. En otras palabras, una escisión pactada, amigable e inteligente.

2. Necesidad de comprensión del sentido y utilidad del instrumento.

Tomic decía “nadie es más grande en el partido que el partido mismo”. Esta no es una frase que tenía por propósito modelar un partido omnipotente, alzado en la colina encima de todos y de todo. Lo que busca demostrar esta oración es la consigna que debiera inspirar a quien sea que milita en un partido político: la concepción del partido como un instrumento. Aunque esto parezca contradictorio, no lo es, ya que si logramos dilucidar el sentido de un partido, entenderemos de inmediato su utilidad, su razón de ser, y donde radica su grandeza.
Ingresamos a un partido político por motivaciones profundas, así como lo hace quien adscribe a una religión o como quien se inscribe en una agrupación de defensa o promoción de causas.

En este caso específico lo hacemos por una motivación política, esto es, de alcanzar el poder. Suena sencillo, pero no lo es tanto cuando reparamos en que hacernos del poder no es una tarea que se logre con facilidad individualmente. No es eficaz buscar el poder en soledad, a menos que seamos unos despóticos o caigamos en el populismo más vil. La política es por excelencia un acto colectivo, un acontecer gregario, una experiencia que debe ser vivida con otros y para otros. Pero además, para hacer de la práctica política un hecho impactante y no inocuo, debemos asegurar que esta tenga un brazo, una herramienta que permita la acción coordinada y que no perdamos de vista la utilidad que esta tiene para conseguir ciertos fines.

Entonces, cabe preguntarnos lo siguiente: si queremos mejorar nuestra comunidad política, ¿Podemos hacerlo solos o solas? La respuesta es no. Por eso optamos voluntariamente por adherir a una vía específica para experimentar la política, asumiendo sus errores, sus caídas y las vicisitudes que enfrentaremos. He aquí el sentido de un partido, una comunión en donde doblegamos nuestros propios instrumentos personales ante aquel instrumento colectivo que nos parece más eficiente para la consecución del poder.

Pero, los humanistas cristianos adicionalmente tenemos otra regla de oro, que es el sueño final o –si se quiere- la utopía que nos impulsa en el camino público: El bien común. El bienestar de la comunidad, su realización más plena o lo que Jaime Castillo llamaba “la comunidad de hombres libres”. Aquel paraíso de libertad y justicia, de igualdad y hermandad en esta tierra. Ese Reino de Dios en la Tierra que señala Maritain no es posible sin orgánica, no logra su fin sin reglas, sin ritos, sin posiciones. En definitiva, sin partido, nuestra misión queda inconclusa. Esta es la utilidad más exquisita del instrumento: mejorar la vida de la comunidad que amamos a través de un dispositivo llamado partido político.

Sin embargo, como todo utensilio, cuando pierde efectividad y se oxidan sus piezas, debemos tratarlo. Si nuestros artefactos eléctricos ya no encienden, los llevamos donde un especialista que los repara. Y si nuestro instrumento político (El PDC) ya está agotado, debemos arreglarlo.

Creo que frente a la hecatombe que atravesamos, es necesaria una catarsis. Decirnos las cosas a la cara, con la mirada fija en el que está al frente nuestro. Sin ambages, sin miedos, desprovistos de toda deshonestidad. Sin embargo, debe ser respetuoso, con el afecto y la confianza que se traduce en la fraternidad. El VI Congreso, en sus etapas preliminares, puede ser la perfecta ocasión para sincerar posturas y confrontar ideas, asumiendo que cada uno y una tenemos trayectorias de vida radicalmente distintas y que nuestras experiencias son únicas e irrepetibles. Aquel – en mi modesta opinión – es el inicio de un camino de salida del pantanoso escenario de las rencillas, las venganzas, los recados por los medios y las incesantes declaraciones públicas que se van desmintiendo entre sí. Un partido político de raíz cristiana tiene que actuar a la altura de la vocación con la que fue llamado. Es esta una tarea de extrema urgencia.

3. La obligación moral de consecuencia.

He querido terminar este pequeño aporte al debate interno, asumiendo con franqueza que estamos en estado terminal. Y no lo digo echando mano a las estadísticas electorales ni a los datos cuantitativos. Otros son mejores en esas dimensiones de análisis que yo. Lo digo con los lentes de la realidad, de esa realidad que azota día a día a los que menos tienen en sus mesas, de los que transitan errantes en un mundo que les da la espalda, de los que no le encuentran significado a sus vidas. Ese bajo mundo alejado de las sedes partidarias existe y a veces no lo vemos. Soy testigo de los cientos de demócratas cristianos que se sumergen en el dolor del otro para ayudar a ese otro desde la fe, desde la iglesia, desde una ONG, desde la organización de barrio o desde sus puestos de trabajo. No obstante, es un deber moral de un partido cuya piedra angular es la filosofía social de Cristo, adentrase institucionalmente en los intersticios de injusticia que el capitalismo, en sus versiones más furiosas, produce.

La sola existencia de sufrimiento debería estremecernos. Porque ¿Qué sentido tienen las sedes, las comisiones, las juntas nacionales, los congresos y los discursos si estos no inciden en el bienestar de las personas? Ya dijimos que este instrumento llamado PDC no es una guitarra hueca, sin cuerdas o sin retorno. No somos un mero grupo de gente que tiene ideas en común, ni menos un ramillete de activistas de propaganda política que se dedica a entregar volantes para las campañas. Somos cristianos en política.

Tendremos que actuar con consecuencia si queremos volver a ver a las personas jurando por la DC. Y la consecuencia es un acto de respeto, de empatía, de demostración de preocupación por el prójimo. Es decirle “esto creemos y esto hacemos”.

Los accesorios de la política (o los pasillos del poder) no deben hacernos perder el norte, que es servir y vivir por el otro, aquel “sacerdocio público” que nos enseñaba Alberto Hurtado y que compartía con Frei Montalva. Las personas deben volver a creer que la política es tal vez la más bella y noble de las maneras de amor al prójimo.

En días aciagos, de desorden y perplejidades, tal vez sea esta la última oportunidad que tenemos de honrar nuestra historia y de enmendar el rumbo. Chile necesita una Democracia Cristiana a la altura de los tiempos que corren. Y la Democracia Cristiana requiere de sus hombres y mujeres dispuestos a dar lo mejor de sí para renacer. De nosotras y nosotros depende. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, Columnista, David Suazo

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