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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

Crisis y Modernización de la DC: Bases para un acuerdo

octubre 29, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Alberto Undurraga 

Diputado DC, distrito 8

El PDC enfrenta una grave crisis, que tiene varias dimensiones que están interrelacionadas. Una crisis de identidad, toda vez que el PDC dejó de tener un mensaje nítido y distintivo.

Lo primero por desacuerdos al interior de la colectividad, y no procesar las diferencias entre las distintas visiones del partido, visiones distintas que para muchos constituía una fortaleza del PDC, por cuanto una adecuada síntesis ha permitido en el pasado avanzar en transformaciones sociales.

Lo segundo se produce aun cuando superemos lo anterior, por el cambio de contexto de la sociedad. Partidos con inspiraciones distintas tienen la misma oferta política que nosotros, que hace que nuestro mensaje sea muy similar, y por lo tanto poco diferenciador. A ello se suma la caída de la Iglesia Católica en la sociedad, lo que afecta el arraigo cultural del PDC, que aunque no es un partido confesional, ha estado ligado desde los principios a la Doctrina Social de la Iglesia Católica en Chile.

Una crisis de convivencia, toda vez que las diferencias de visiones y/o espacios de poder y representación han derivado en peleas irreconciliables, así como descalificaciones en público y en privado. Todo lo anterior deriva en una crisis de confianza y en la pérdida del “afecto societatis”. Un ejemplo de lo anterior es que la Bancada de Senadores, que no se reúne ni trabaja en conjunto.

Una crisis administrativa, en parte por la disminución de ingresos producto de la baja electoral y en parte por observaciones del SERVEL, y sus efectos jurídicos y políticos, respecto al manejo administrativo de recursos y bienes del Partido.

Una crisis política, a partir de los resultados del plebiscito y las tensiones a partir de los roles jugados por diferentes camaradas.

Si bien el PDC definió legítimamente y conforme a sus estatutos y organización interna una posición para el plebiscito, quienes se rebelaron de esta decisión estuvieron más conectadas con el pueblo de Chile, y con toda seguridad con nuestro electorado.

El problema se genera por un lado porque entre quienes supieron conectar mejor con el pueblo de Chile pasaron a llevar los acuerdos y han sido pasados al Tribunal de Disciplina – no todos los pasados al TS pasaron a llevar los acuerdos, que incluían libertad de conciencia – y porque, por otro lado, quienes estuvieron por la opción ganadora quieren cambiar la directiva actual, la que se niega argumentando que fue electa legítimamente por los militantes, y tiene razón en ello.

El conjunto de estas crisis hacen que muchos militantes hayan renunciado al partido, agravando con ello la crisis, lo que tiene mayor efecto cuando se trata de militantes reconocidos y con representación ciudadana, como es la reciente renuncia del Gobernador Claudio Orrego.

Asimismo, el no abordar la crisis sólo la acrecentará, por lo que es imperativo hacer una propuesta de solución integral, la que debe tener un horizonte conocido, de manera de señalarle a los militantes vigentes y a quienes desde fuera del PDC esperan una solución, que estamos trabajando en ella y con plazos acotados.

Las propuestas que no son solución

En diversos ambientes partidarios se han planteado diversas propuestas de solución a la crisis que en realidad no son la solución:

El llamado “divorcio pactado”, que consiste en separar el partido en dos, en función de visiones distintas que existirían. Esto no es solución, porque muchos valoramos las co- existencia de visiones diferentes al interior del humanismo cristiano y en el PDC, y por tanto el desafío es procesar bien dichas diferencias, para con ello enriquecer el mensaje y ampliar el alcance de éste.

Adicionalmente, muchos en algunos aspectos tenemos una mirada coincidente con un sector, y en otros aspectos con el otro sector, y si este fuera el camino, nuestro camino no estaría en ninguna de esas alternativas.

La expulsión de quienes participaron en la franja del rechazo contraviniendo los acuerdos partidarios. Ello no es solución y sólo agravaría a crisis, toda vez que los problemas políticos no se deben resolver de forma administrativa.

El choque de posiciones en la junta nacional próxima. Ello puede derivar en la caída de la Mesa actual, o bien en la renuncia importante de un sector de los militantes y dirigentes. No es claro qué sector tenga más apoyo, toda vez que hay un amplio espectro que quiere una solución de acuerdo.

Negarse a las discusiones de fondo, resolviendo sólo el corto plazo. Entre los nudos importantes a discutir y por ningún motivo evitar, están los aspectos doctrinarios e ideológicos a resolver, así como la discusión respecto del instrumento partidario, ya sea su modernización, cambio de nombre y/o superación positiva del instrumento partidario, similar al tránsito que se hizo desde Falange a Democracia Cristiana, sumando actores nuevos en el proceso.

No hacer nada. Esto es esperar que sólo el tiempo tempere las cosas, lo que es un error, porque la inacción de algunos no significa la inacción de otros, que siguen algunas de las salidas señaladas arriba. Asimismo, la inacción acrecienta el riesgo de nuevas renuncias.

Criterios para salir de la crisis

Es importante reflexionar acerca de cuáles son los criterios necesarios para salir de la crisis, se proponen los siguientes:

Un criterio básico es que de la crisis del PDC se sale con acuerdos. Ello implica reconocer que el partido no le pertenece a ningún militante en particular, ni a ningún grupo, sino que a todos por igual. Asimismo, el implícito en ello es que es deseable que existan visiones diferentes en el partido, en la medida que ellas se procesan de buena forma, y de esta forma se enriquece el mensaje y se amplía el alcance.

Un segundo criterio importante es acordar un proceso de resolución de los nudos centrales del PDC en un horizonte relativamente corto. Ello es necesario por varias razones: es necesario hacerse cargo de los nudos centrales para salir de la crisis; es importante abordarlo a través de un proceso que garantice una reflexión amplia, y; el horizonte relativamente corto permite contener algunas de las renuncias de militantes que no ven cambios en el PDC.

Un tercer criterio es respetar la institucionalidad del PDC en la búsqueda de soluciones. En ese sentido, las soluciones deben considerar las instancias formales del partido. La Junta Nacional, el Consejo Nacional, la Mesa Nacional, y las estructuras regionales y comunales son importantes, y cada una tiene la validez que le dan los estatutos. Esto significa que los acuerdos antes señalados deben darse en esos espacios, y las modificaciones que se requieran o acuerden deben ser validadas por las instancias partidarias.

Un cuarto criterio es enfrentar las distintas dimensiones de la crisis de manera institucional, todas. La dimensión de identidad (falta de nitidez y de diferenciación en el mensaje), la crisis de convivencia, la crisis administrativa y la crisis política derivada de las distintas posiciones en el plebiscito.

Un quinto criterio, de carácter político, es que el PDC no es un partido de gobierno, ni pretende serlo. Ello es relevante porque nos da la autonomía para apoyar aquellas materias que son positivas para Chile, y oponernos y criticar en aquellos aspectos que consideramos que el Gobierno no lo hace bien, hoy seguridad pública y manejo económico, por ejemplo.

Algunas expresiones prácticas de un acuerdo para salir de la crisis.

Si se comparten los criterios, es tarea compartida el acordar una hoja de ruta, para lo cual se proponen algunas materias:

Integración de la mesa actual, conforme a los estatutos. En ello, es importante incorporar a los jefes de bancada de forma permanente y considerar otras incorporaciones que generen acuerdo.

Acordar hacer la reflexión partidaria acerca del instrumento partidario y los contenidos doctrinarios e ideológicos institucionalmente y en un plazo acotado, comprometiendo tener en marzo el proceso terminado. Esto es posible porque hay un trabajo del anterior Congreso Ideológico y ya está constituida y funcionando la nueva comisión Congreso, y a la vez es necesario porque compromete soluciones en nudos importantes en un horizonte relativamente corto, lo que permite que muchos y muchas militantes puedan recuperar la esperanza en la solución y nueva épica en el humanismo cristiano.

Fortalecimiento – en el caso que existan – o creación – en caso que no existan – de instancias partidarias ad hoc para abordar la necesaria modernización en la gestión política y comunicacional, así como para abordar la crisis administrativa y ajustar el PDC a su realidad económica. //ELF

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Después del plebiscito: ¿Ahora qué en salud?

octubre 27, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Osvaldo Artaza

Exministro de Salud

La propuesta de nueva Constitución en el ámbito del derecho a la salud tenía la gran virtud (y por ella la promoví y defendí en diversos foros) de romper un empate político, que nos tiene por décadas imposibilitados de superar la actual ineficiente e inequitativa fragmentación y segmentación de nuestro sistema de salud. De haberse aprobado la propuesta, estaríamos de alguna manera forzados a negociar sobre la estructura y forma de funcionamiento de un órgano público encargado de mancomunar los fondos vía impuestos generales y cotizaciones, junto a democráticamente debatir y resolver la forma en que participaría el sector privado a nivel del aseguramiento y de la prestación. La cancha y sus reglas serían distintas y el debate tendría que ceñirse a cómo los diversos actores se acomodan a un sistema universal, con un modelo de atención común y con clara rectoría del Estado.

Eso ya no fue, la propuesta fue rechazada y estamos donde mismo. Lo triste es que tenemos ya a 2 millones de compatriotas esperando un promedio de 2 años por una consulta de especialidad y a varios centenares de miles por una cirugía. En el sector privado, los problemas no son menores, las isapres, además de seguir discriminando y dando insuficiente protección financiera, están quejándose de problemas de sostenibilidad y los tribunales de justicia en la práctica están supliendo la incapacidad de los legisladores de resolver los problemas del sector.

A su vez, los prestadores privados no tienen ningún incentivo a controlar el gasto, ya que transfieren todo el riesgo al usuario y los prestadores públicos hospitalarios, ningún incentivo a aumentar la producción y satisfacción usuaria, pues igual les transfieren más y más recursos, hagan o no hagan.

Lo curioso es que en el diagnóstico prácticamente todos están de acuerdo, pero no hemos logrado consensos básicos en el tratamiento, por lo que probablemente el enfermo seguirá agravándose. ¿Cuáles son los nudos para viabilizar transformaciones?

El primer nudo, es que a todos nos gustaría mancomunar fondos por razones de eficiencia, pero se paraliza la posibilidad de avanzar, sea ante la disyuntiva de que exista un solo seguro público o que los seguros privados, sobre todo lucrativos, puedan participar de un sistema de seguridad social en salud. Dado lo anterior, uno podría entonces plantearse solo mejorar lo que hay: hacer cambios legislativos para que el Ministerio de Salud defina un plan universal en salud basado en las recomendaciones de una sólida institución de evaluación de tecnologías (ETESA), donde el Fonasa tenga más autonomía y mejores capacidades para responsabilizarse de dicho plan y resolviendo los gruesos fallos de las isapres, de modo que estas otorguen el plan de salud universal, idealmente con el mismo modelo de atención (redes basadas en atención primaria), sin preexistencias, ni discriminación por sexo, edad o riesgo (tarifa plana) y relacionándose con los prestadores a través de mecanismos de pago que contengan costo e incentiven eficiencia e impacto sanitario. Pero tampoco hay disposición a mejorar lo que hay, ya que o se hace la “verdadera gran reforma” (la que yo quiero) o, si no, prefiero que todo siga igual.

El segundo nudo, guarda relación con la prestación pública. Hay ya varios informes independientes sobre los problemas de eficiencia del sector, guardados en los cajones del Parlamento o de la academia. Resolverlos implicaría sacar el gobierno de los hospitales del Ministerio de Salud y dar una gobernanza a las redes públicas diferente a la actual; hacer modificaciones legales que faciliten una mejor gestión y generar una relación salarial con los médicos que apunte a resultados e impacto (hoy se les paga por tiempo, independientemente de lo que hagan); aumentar de manera significativa el financiamiento y el rol de la atención primaria; y asumir que los usuarios y sus comunidades deben ejercer protagonismo y responsabilidad real. En la teoría parece haber acuerdos, pero a la hora de decidir e implementar, todos temen tocar los enormes intereses en juego y se escoge al cómodo statu quo.

El tercer nudo, no menos complejo, es el incentivo permanente que los prestadores privados tienen a inducir más prestaciones y de mayor costo, junto al nulo incentivo para evitar que las personas enfermen. En el discurso todos declaran la importancia de la prevención y el fomento de la salud, pero en la práctica el negocio está en la enfermedad.

Entonces, ¿Qué hacer? Luego de la derrota del 4S, del actual balance de poder en el Parlamento y de que probablemente una eventual nueva Constitución sea bastante más neutra y ligera en el ámbito de la salud, pareciera que el escenario más cómodo es que no pase nada. Esto, sería de una gravedad sin nombre e implicaría no comprender que la ciudadanía espera mejoras desde el diálogo y el acuerdo.

Quizás la única alternativa, nada de fácil, es intentar concordar un itinerario, como política de Estado, desde pasos intermedios en lo que genera mayor consenso y más alto impacto y que en un futuro posibiliten resolver los nudos de mayor disenso. ¿Será posible? Espero una respuesta afirmativa, en la medida que la ciudadanía lo exija cada vez con mayor fuerza. //ELF

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La crisis de la Democracia Cristiana: ¿Qué nos dirían Frei, Leighton y Tomic?

octubre 19, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Luis Ruz Olivares

Licenciado en Ciencias Políticas, Administrador Público de la Universidad de Concepción

La Democracia Cristiana nació 1957 a la vida política como una fuerza transformadora que vino a romper la lógica tradicional de derecha e izquierda. Fue precedida por la ruptura de la Falange Nacional con el mundo conservador. Aquello demostró en un puñado de jóvenes una profunda convicción de cambio. Por ello, el presidente Eduardo Frei Montalva siempre pensó en un partido nacional y popular.

Esa impronta ha marcado el derrotero durante más de 60 años. Junto con otros grandes prohombres, como Leighton y Tomic, configuraron un partido que desde su nacimiento ha impulsado cambios sociales, pero siempre desde el principio de la libertad, el respeto a la persona y la promoción de la democracia.

Muy pocos partidos políticos pueden lucir un accionar tan fecundo. La historia del PDC tiene a su haber a tres grandes presidentes de la República, una destacada y variopinta lista de parlamentarios/as y Ministros/as de Estado, insignes dirigentes sindicales, estudiantiles e intelectuales, alcaldes y concejales de gran valer y numerosos hombres y mujeres líderes a lo largo del país. En distintos momentos de la historia republicana de las últimas décadas, el PDC ha sido un actor protagónico en importantes pasajes históricos para los chilenos. Ahí está la “Revolución en Libertad”, el testimonio por la recuperación de la democracia en plena dictadura y también la capacidad de conducir la transición política con eficacia, garantizando estabilidad social y también crecimiento y progreso económico. Es una historia prodigiosa en ideas, acciones y personas que está gravada en la historia grande de Chile.

Sin embargo, debemos reconocer que el presente del PDC es más bien la de un partido fatigado, con escasas ideas y pocos sueños de futuro. Es un presente donde parece primar más los proyectos políticos individuales, más que la fuerza movilizadora de una comunidad política que va más allá de un liderazgo específico. Por cierto, es una responsabilidad compartida que implica una autocrítica que nos debemos hacer todos.

Por esta y otras razones, hoy muchos sostienen que la hora de la Democracia Cristiana llegó a su fin. Que la validez de un partido que nació en una época dominada por la Guerra Fría y la lucha ideológica entre los proyectos capitalistas y marxistas hoy ya no tiene justificación y cabida. Que este partido tradicional de la política chilena ya cumplió su ciclo y que dejó de ser un proyecto de futuro. A esta mirada crítica, se suma una profunda crisis de convivencia interna.

¿Debe morir la Democracia Cristiana? ¿Sus múltiples crisis son insalvables? ¿Debe transformarse como Partido, para dar vida a uno nuevo? Son preguntas que todos nos hemos hecho en estos días de bruma. Pero como cristianos en política, miramos la vida desde la esperanza. En palabras de Charles Péguy, es “nuestra pequeña esperanza que se levanta todos los días”. Aquello nos impele a reflexionar y actuar desde la convicción que una comunidad que le ha dado prosperidad económica, estabilidad social y gobernabilidad política a Chile durante las últimas seis décadas, no puede desaparecer como cualquier instrumento funcional. Esa cultura de lo desechable no aplica a una tradición que se sostiene sobre el valor de la comunidad y la persona que trasciende hasta lo imperecedero.

Por lo dicho, pensamos que la Democracia Cristiana tiene una oportunidad si hace bien, a lo menos, dos cosas: la primera es escudriñar bien la actual composición social de Chile. Es fundamental conocer a este nuevo Chile que anhela cambios, pero en paz y progreso. La segunda es de orden interno. Esta significa revisar un conjunto de ámbitos de su estructura. Son cuestiones que van desde lo organizacional hasta los asuntos estratégicos. Pero existe una cuestión más importante que todas. Y esta tiene que ver con la convivencia y la capacidad de volver a ser comunidad política. Se trata de encontrar la manera de resolver las diferencias desde la fraternidad y lograr actuar en unidad de propósitos. La Democracia Cristiana tiene que recordar que la política es, por sobre todo, una tarea comunitaria y nunca un ejercicio individual. Más aún en un partido que defiende la idea del valor de la comunidad. Como nos enseñó Hannah Arendt al definir que “la política trata del estar juntos y los unos con los otros…”

Si existe real voluntad de superar este momento, cabe la pregunta que todos los democratascristianos debemos ayudar a responder ¿Qué hacer para superar esta crisis y volver a poner a la Democracia Cristiana en el debate sobre el Chile de las próximas décadas? La respuesta es muy simple, pero compleja a la vez. Y tiene que ver con responder, con toda honestidad y convicción, si la Democracia Cristiana sigue siendo un partido necesario para servir a los sueños de los chilenos y chilenas de esta época.

Termino esta reflexión realizada en medio de la tempestad que azota al PDC acudiendo a las raíces, particularmente de aquellos que dieron forma a este movimiento político hace varias décadas. Son tres lecciones que vale la pena recordar.

Primero, Tomic y el valor de la sencillez de los militantes y hombres de Estado. En 1969 Tomic, hizo la siguiente reflexión: “Por lo que toca a mí, declaro con sencillez que todo lo que he sido en la vida pública – diputado, senador, embajador, presidente del partido – se lo debo a mi condición de democratacristiano”.

Segundo, Frei y el valor de la lealtad partidaria frente a las tareas comunes. En 1970 Frei Montalva, al despedirse del gobierno, refiriéndose a sus camaradas parlamentarios, señaló: “Quiero expresar también mi gratitud al Partido Demócrata Cristiano, sin cuyo apoyo no habría podido gobernar. Como entidad política joven ha sufrido el duro choque de la responsabilidad del Poder; y muchas veces el país ha visto más sus fallas que sus virtudes. En los hechos ha demostrado mayor disciplina y unidad para asumir las responsabilidades que muchos de los que lo critican; y, en definitiva, ha sido siempre leal al país, al pueblo y a su gobierno”.

Tercero, Leighton y el valor del esfuerzo y la construcción comunitaria. En 1971 Don Bernardo Leigthon, cuando algunos se retiraron del partido, señaló que: “… Cuando los que se fueron sostienen que el Partido es un instrumento que no sirve, no saben, parece, lo que ha costado formar este instrumento. Años y años; miles y miles de hombres y mujeres; viejos y jóvenes sacrificándolo todo, desde el tiempo restado a sus labores o a su hogar, a su mujer o a sus hijos, a sus padres, hasta bienes materiales que se perdían, sentimientos que se callaban, esfuerzos que se aunaban. Para formar un partido de esta magnitud, amigos míos, ha habido mucho esfuerzo humano acumulado…”

Tomic, Frei y Leighton vuelven a resonar con notable vigencia en medio de la crisis del partido que ayudaron a construir. Ojalá los democratascristianos volvamos a escuchar sus voces para enmendar el rumbo. Aún estamos a tiempo. //ELF

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Una década de cambios: El proceso hacia lograr una nueva constitución para Chile

octubre 3, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Eduardo Reyes

Administrador Público, con estudios de Magíster en Ciencias Políticas y Educación.

Es necesario convertir literalmente a la última década, en el verdadero “hecho político”, el clivaje real que marca la transición hacia una nueva democracia

Es la razón que da épica política al sentido del cambio, porque es la década en que se quebraron los pactos que permitieron dar gobernabilidad al país del 90 hacia acá, quebrando también con ello el sistema político institucional que de ahí surgió, dejando políticamente a la chilenidad sin referentes claros que seguir, quitando esperanzas y poniendo la confianza social en los niveles históricos más bajos que se conozcan

Por tanto, asumir una tesis de mayor anchura histórica se hace necesario, ya no como la certeza de lo que es, a la vieja usanza de las ideología en la “guerra fría”, pero sí como la convicción de una época, para hacer nacer una idea de futuro que sustente la confianza país, para que la paz social sea una realidad necesaria, buscada por todos.

Yo esto lo entiendo así, pues sé que a mí y a otros nos ha dado vuelta la idea, en la necesidad de crear una línea de fuga o de inicio, que permita ver el “big bang” de la estructura socio política chilena del futuro

Hay ventajas de esto y más de una, incluyendo el hecho de construir una visión de país, lo cual es una base firme por sí misma. Pero es que además permita hacer convivir el milagro de supervivencia de la institucionalidad de Pinochet, cosa que no tiene sentido seguir discutiéndole, en su “chapa” de inmortal, porque si algo dijo el 62% y dejó bien claro, es que prefiere el empate a una texto mal hecho y que la confianza no está en las instituciones

Esto es algo que no se puede explicar, diciendo que “caímos en una borrachera octubrista”, haciendo una apelación simplista y básica (bien fascista y espantosa), pues lo que necesitamos es un marco de análisis de mayor calado histórico y explicativo. Siguiendo esta línea se permiten hacer eficaces lo llamados políticos, apuntando a los miedos y a la inseguridad que está asociada siempre a los cambios

Es necesario hacer presente el punto histórico del inicio del cambio, como proceso social, con puntos y datos a la vista, sin dañar los eventos de la década, como mera circunstancia desconexa de otros eventos, sino como una completitud, que da aviso de que está ocurriendo dentro del presente continuo del andar de la nación, que se reveló iniciáticamente, con toda su magnificencia y gracia el 2011

Por tanto, los chilenos han dicho claramente el 4 de septiembre:

“la alternativa que me ofreciste fue mala y pa` juera no má”,

Pero no dijeron que no quieren cambios, no dijeron que le gusta la “C80”, no dijeron “nos gusta vivir así”, éste es un punto que hay que hacer con denuedo y voluntad, porque es inteligente, le da mérito a la nueva generación, pues se les reconoce haber entendido la necesidad de la mayoría que quiere cambios y que la política de hoy es hacer esos cambios.

Lo que estamos proponiendo entonces, es ampliar la tesis del malestar, como factor político, de una generación, de una década, cuyos avances políticos son evidentes, esa es, creo yo, la tesis que hay que sostener

Es importante y necesario, porque es un punto que lo podemos convertir en hito y como si eso fuera poco, también libera a la generación concertacionista de sentirse maltratados, porque esta tesis prueba que los “pisos” que puso la Concertación fueron buenos y justamente es el éxito de esta generación, lo que lo demuestra.

Para ver la línea histórica que permita hacer la trazabilidad de la demanda social hacia la política, es necesario relevar todos los levantamientos juveniles, incluso los anteriores al 2011, como los del 2001 y 2006, hasta el 2011, puesto que los serios y grandes levantamientos populares del 2019, no son entendibles sin éstas agitaciones anteriores, que nos permiten reconocerlo como partes de un proceso político social y que fueron el final espaldarazo de todos los chilenos a la acción de los estudiantes, primero desde las organizaciones de mujeres hasta llegar a todas las fuerzas sociales orgánicas de la comunidad, que nos pusimos detrás de esta nueva generación de líderes y la llevamos hasta donde están hoy, gobernándonos ni más ni menos, pues como haya sido y es hoy, hay que reconocer que quienes nos gobiernan, tuvieron el talento y la fuerza para ganar la tesis, la calle y los votos

Entonces, ¿Qué es lo que el 62% significa? En mi opinión, dice algo que al parecer está en pocos cálculos, esto es la reafirmación y la convicción de los chilenos, en la conciencia social de que posee el poder originario, como que es cada chileno, el legítimo poseedor de la soberanía, de poder darla y de poder quitar la “representación” aunque eso sea quedar en el “status quo” (como ocurrió), lo que demuestra que los chilenos somos más conservadores de lo que verdaderamente estamos dispuestos a confesar

Finalmente, al gobierno le corresponde administrar la política contingente y en esto, me parece que lo que se releva hoy es el Senado (el cual estuvo para desaparecer) como interlocutor válido junto a la Cámara, pues son quienes disponen de la legitimidad en la “C80”, para encauzar la forma que de origen una nueva constitución, surgida del mandato ciudadano original, el cual quedó suspendido en razón del rechazo del 4 de septiembre.//ELF

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Los cuestionamientos a la democracia representativa de la Democracia Cristiana

septiembre 13, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Javier Igor Ascencio

En una democracia representativa como la que tenemos, nuestra participación en la toma de decisiones es indirecta. Se limita a elegir a alguien para que nos represente en las instancias de poder. Y cada cierto periodo, podemos renovar o revocar a ese representante. Pero nunca participamos directamente en la toma de decisiones. En él otro extremo tenemos una democracia directa, donde todos participamos siempre en todas las decisiones. Parece una democracia ideal, pero es poco práctico. Y tenemos la democracia participativa, que es la democracia en la que los ciudadanos tienen mayor participación en la toma de las decisiones políticas que la que les otorga tradicionalmente la democracia representativa.

En estos tiempos la democracia representativa está quedando obsoleta, solo pongamos por ejemplo la decisión tomada por la última junta nacional, en relación al apruebo o al rechazo, donde la decisión tomada por nuestro órgano representativo, la junta nacional, fue fuertemente cuestionada. De fondo y de forma se cuestionó que hubiese sido una decisión representativa y no una participativa.

La junta nacional lo integraban 405 camaradas, si consideramos que en la segunda vuelta de la mesa nacional votaron 11.539 militantes, la junta nacional representa el 3.5% de los militantes activos.
Por otro lado el consejo nacional está integrado en total por 51 camaradas, o sea representan el 0,4% de los militantes activos. Entre estos miembros, la junta elige a 18 consejeros (as) nacionales de libre elección, que son electos por la junta nacional, que se transforman en la práctica en representantes de los representantes. Además el 81,2% de estos consejeros (as) son de la Región Metropolitana.

La democracia representativa del PDC va en directa relación con los bolsones de votantes, por ejemplo la región metropolitana tiene el 25% de los integrantes de la junta nacional y diez regiones suman entre todas los mismos 25% de representantes en la junta nacional. (Arica y Parinacota 1,75%; Antofagasta 1,75%; Magallanes 1,75%; Aysén 2,00; Atacama 2,75%; Tarapacá 3,25%; Los Ríos 3,25%; O’Higgins 4,0%;
Ñuble 4,5% y Coquimbo 5,0%)

La Ley Orgánica de Partidos Políticos, exige que exista un órgano ejecutivo, que en nuestro caso es la directiva nacional, un órgano intermedio, que en nuestro caso es la junta nacional. La figura del consejo nacional es solo una definición nuestra.

En resumen creo debemos al menos reflexionar sobre nuestra democracia representativa principalmente nuestras estructuras partidaria, composición y elección de nuestros órganos representativos.
Y definir con claridad los temas donde participara directamente la militancia.

Los tiempos han cambiado, somos pocos los militantes activos y la tecnología vigente permite una participación real y efectiva. No insistamos en la democracia representativa, sino los militantes seguirán exigiendo libertar de conciencia y acción. //ELF

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Recuperación ambiental y social

septiembre 12, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Canals

Exsubsecretario del Medio Ambiente

Entre las primeras reacciones a los resultados del plebiscito del 4 de septiembre, llama la atención el debate en torno al 56,11% de votos que obtuvo la opción Rechazo en la comuna de Petorca. Una paradoja para un sector de nuestro país que ha padecido la escasez hídrica por años y que, supuestamente, el pasado domingo perdió una gran oportunidad, ya que el nuevo texto constitucional garantizaba el derecho de acceso al agua de todos los habitantes del país, y un nuevo estatuto constitucional que priorizaba el consumo humano por sobre los usos productivos. Una comuna símbolo de aquello que una nueva Constitución podía cambiar.

Probablemente las razones del resultado sean múltiples. Algunos hablan de miedo, falta de información, o derechamente de un intento consciente de difusión de fake news. Más allá de las estimaciones de los expertos electorales, es indudable que, desde el prisma medioambiental, las temáticas relativas al cuidado de los elementos de la naturaleza (de “recursos naturales”, en un lenguaje más convencional) exigen, más que nunca, una mirada multidimensional, que aliente una discusión intelectualmente honesta por parte de todos los actores involucrados. Esa discusión debe ser ahora.

Este necesario espíritu cobra aún mayor relevancia en el contexto posplebiscitario y el reciente ajuste ministerial. Si en semanas previas vimos al Presidente Boric y al ministro de Hacienda con una nutrida agenda pro inversiones, los esfuerzos ahora deben redoblarse con foco en la reactivación de nuestra economía, en un contexto internacional y local adverso. Si hasta hace unos meses las definiciones sobre proyectos medioambientales en evaluación podían esperar, hoy no parece adecuado dilatar esas decisiones.

Hace unos días, se esperaba la sesión del comité de ministros para abordar dos proyectos: el de saneamiento ambiental de un paño en Las Salinas, Viña del Mar, y una central hidroeléctrica de pasada en La Araucanía. La coyuntura del cambio de gabinete, que incluyó dos nuevos ministros integrantes de dicho comité, obligó a su postergación. En adelante, el comité tiene otros proyectos por abordar y, si bien se espera de las autoridades un alto nivel técnico en sus definiciones, también se les pide oportunidad y sentido político en su accionar. Cual sea su pronunciamiento de las iniciativas que deba evaluar, el país, las comunidades, los especialistas y académicos, los inversionistas y titulares, esperan señales concretas, que junto con la aplicación de estándares ambientales, permitan despejar las dudas e incertezas instaladas en estos primeros meses. Ello exige claridad de los actores, honestidad en su legítima defensa de los intereses de sus representados y derribar los mitos instalados, para, a partir de los antecedentes científicos y técnicos, avanzar a una nueva y mejor institucionalidad de evaluación ambiental de proyectos.

En el caso de Las Salinas, por ejemplo, se cuestiona la decisión de la institucionalidad ambiental que aprobó la aplicación de un método de biorremediación seguro, validado por científicos regionales y la experiencia internacional de más de 40 años, por una controversia asociada más bien por el destino del terreno luego de su limpieza. Con la evidencia que se encuentra en el propio expediente de tramitación ambiental, no hace sentido mantener un terreno contaminado cuando la solución para su saneamiento puede comenzar ahora.

Esta necesidad de poder avanzar debería ser el propósito de la institucionalidad, frente a la eterna pausa en que se encuentran muchas zonas de sacrificio o comunidades injustamente expuestas a los riesgos ambientales, donde el tironeo sostenido entre algunos activismos y empresas redunda en seguir desperdiciando territorios que podemos y debemos recuperar ambiental y socialmente.

Podemos seguir avanzando en estos desafíos robusteciendo nuestra institucionalidad ambiental, profundizando la participación ciudadana al alero del Acuerdo de Escazú, para transitar hacia un desarrollo sustentable, con participación de la comunidad con transparencia y visión crítica. En definitiva, que no minimice ni olvide los dolores y miedos de la gente de Petorca y de tantos otros en Chile. //ELF

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