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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Pedrito y el lobo

julio 26, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile y columnista de La Tercera 

“Un buen Presidente debe comportarse como un buen padre de familia y preocuparse de todos sus hijos”, decía el Presidente Piñera al anunciar una más de la serie de medidas con que intentó frenar el retiro de fondos de pensiones. Es una imagen que los políticos chilenos suelen usar. El mismo Piñera dijo en 2016 que “urge fortalecer el principio del respeto y la autoridad. Respeto de los hijos a sus padres, de los alumnos a sus profesores, de los ciudadanos a sus autoridades”.

Ciudadanos infantilizados, reducidos a la obediencia hacia sus autoridades, que les reparten protección y correctivos.

Y a esos niños -creen algunos padres- a veces hay que contarles mentiras piadosas por su propio bien. Si no quiere comer, no sirve explicarle los beneficios de la alimentación saludable. Él no lo entenderá. Mejor decirle que si no deja limpio el plato, se lo llevará el viejo del saco. Tampoco basta con enfatizar cuántas horas de sueño necesita cada noche. Más efectivo es cantarle “Duérmete niño / duérmete ya / que viene el cuco / y te comerá”.

Los políticos chilenos tienen una larga tradición de apelar a cucos y viejos del saco cada vez que los niños se insubordinan. Si ganaba el No, “volveremos al 10 de septiembre de 1973” (general Pinochet, 1987). Si se despenalizaba la homosexualidad, nos caería “el castigo que Dios ha impuesto” (diputado García, 1995). Si no se construía HidroAysén, “estamos condenando a nuestro país a un apagón” (presidente Piñera, 2011). Si se aprobaba el aborto terapéutico, “se acabó la Teletón, se acabaron los niños con discapacidad” (diputado Hasbún, 2016).

Pese a todos estos ridículos históricos, en el proyecto del 10% la carta del cuco se usó otra vez a destajo, exagerando hasta el absurdo las legítimas preocupaciones y ocultando los posibles beneficios.

El 10% era una medida “suicida” (Pablo Echeverría) y “estúpida” (José Luis Daza), que “pone en riesgo la estabilidad democrática, social y económica del país” (carta de líderes empresariales) y “busca destruir el sistema previsional” (AFP Habitat).

Basta poner un poco de distancia para ver un escenario mucho más matizado.

Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestra que Australia, Estados Unidos y Perú ya han permitido retirar fondos de pensiones, sumándose a países como Dinamarca, Nueva Zelanda, Suiza, México, Singapur o el Reino Unido, que permiten retiros permanentes en algunas circunstancias. El BID concluye que “corresponde a cada país ponderar el dilema”, con sus pros y contras.

La economista jefa del Banco Mundial opina que el retiro del 10% es “un debate pertinente”, y que “hay que discutir todas las opciones”. La Tercera entrevistó a cinco economistas extranjeros al respecto. Sus opiniones fueron diversas, desde “no es lo óptimo” y “está mal orientada”, hasta “es una medida razonable” y “a nivel político pareciera ser correcta”.

Un informe del Scotiabank prevé que la reforma significará un gigantesco impulso económico. Estima que U$10.000 millones se gastarán en consumo, lo que hará crecer la economía entre 1,5 y 5,3 puntos del PIB, reduciendo en cerca de la mitad la caída del producto por la pandemia en 2020, además de entregar miles de millones de dólares al Fisco por IVA.

Lejos de las estimaciones catastrofistas, este viernes la Bolsa de Santiago fue una de las pocas en el mundo que subió “ante expectativas de mayor consumo por retiro de fondos”, según destaca La Tercera.

Se dijo también que este proyecto era inaceptable por ser “regresivo” (ministro Briones) y “beneficiar a los más ricos” (diputado Melero). Es cierto que es regresivo, porque permite a personas de altos ingresos retirar hasta $4,3 millones sin pagar impuestos. Pero, ¿desde cuándo eso les importa tanto?

Chile es el país de la OCDE con mayor desequilibrio entre lo que recauda por IVA, un tributo regresivo que golpea más a los más pobres (41%), y por impuesto a la renta de los más ricos (10%). Sí, 41% versus 10%. El promedio de la OCDE es 20% contra 24%.

Los gobiernos de la Concertación subieron el IVA, de 16% a 18% con Aylwin, y luego a 19% con Lagos. Mientras, se negaban a establecer un royalty minero real (sólo tenemos un impuesto específico), lo que, según el economista Ramón López, significó regalar U$120 mil millones a las multinacionales que explotan el cobre, sólo entre 2005 y 2015.

Este mismo gobierno tuvo como su proyecto estrella una reforma tributaria que bajaba la tasa de los dueños de empresas, entregándoles un recorte de US$833 millones en sus impuestos personales.

Y ni hablar de los perdonazos tributarios, las empresas zombi o la compraventa bursátil libre de impuestos. ¿De verdad los que han construido todos esos gigantescos forados, ahora se escandalizan por el pequeño agujero que permite sacar $4,3 millones libres de impuestos?

El otro cuco es el riesgo para la democracia, que se subvirtió porque se legisló “bajo amenaza” (senadora Muñoz). Por cierto, las amenazas y los actos de violencia son delitos, y deben ser perseguidos y castigados como tales. Pero una democracia es más fuerte cuando los ciudadanos se involucran en el debate legislativo, hacen valer su opinión, y exigen explicaciones a sus representantes.

Esto no fue una “pataleta”, como dijo el exministro Velasco. Fue la reacción de una ciudadanía harta de ser infantilizada, que, como en el cuento, ya dejó de creerle a Pedrito cada vez que grita que viene el lobo.

Es una sociedad que cree en la democracia, y por eso hace saber a los políticos que ellos son nuestros mandatarios, no nuestros padres. Y que los ciudadanos somos sus mandantes, no sus hijos

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, combate del coronavirus, Coronavirus, Daniel Matamala, Gobierno de Chile

Escuelas públicas: Principal soporte de alimentación en tiempos de pandemia

julio 25, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Rabanal Bustos

Magister en Educación
Profesor, Historiador y Cronista

La verdadera ayuda, la que se ha sostenido por si sola en los pilares de la ética y la corrección en el tiempo actual de pandemia y en la memoria histórica y colectiva que permanece anclada en generaciones y generaciones de estudiantes en una imagen nacional que ha traspasado la barrera del tiempo y la reminiscencia, es la alimentación que recibíamos en la escuela pública sin más trámite que nuestra propia niñez y la precariedad de niños y niñas de un Chile más humilde.

Para los cientos y cientos de educadores, en todo época y a lo largo del tiempo y del país, participar en la entrega de este beneficio, más que una obligación o responsabilidad, es un deber moral a cumplir y dar acción a un derecho de nuestros alumnos y alumnas, de sus apoderados y familias que por años lo han recibido con agradecimiento, de las manos de los maestros que son los llamados a cumplir éticamente con la entrega de este beneficio.

Hoy en día, este auxilio en víveres de primera necesidad entregados en los colegios de la nación, en esta calamidad mundial, ha pasado la prueba del día a día y las dificultades propias de cuarentenas, contagios y fundados temores de salud y durante meses a llegado silenciosa y verdadera a los más pobres entre los pobres, sin la parafernalia mediática de las cámaras de televisión, las notas de prensa gubernamentales y la marea interminable de chaquetas rojas tratando de aprovechar el minuto exacto en que estas cajas de alimento mitigan las necesidades alimenticias de los niños, niñas y ancianos más necesitados.

Son entonces las canastas familiares que licitadas por la JUNAEB, armadas y distribuidas por un equipo de personas de buen corazón y vocación por sus estudiantes, con un sentido humanista de la responsabilidad, entendiendo plenamente que esta labor hacen algo más que solo distribuir alimentos, Sino que dan dignidad a todos los alumnos que semana a semana desde el inicio de la pandemia se han acercado a la escuela pública chilena a recibir una caja de suministros, guías pedagógicas preparadas por sus profesores y textos escolares.

Allí en sus comedores y cocinas, las señoras manipuladoras de alimentos dependientes las varias empresas concesionarias de la JUNAEB, en forma valerosa, miles de mujeres vestidas de blanco de todo el país, a riesgo de sus vidas y en extensa horas de trabajo manual arman y preparan con amor y compromiso las cajas que en las próximas horas serán entregadas a los estudiantes y a sus familias en cada escuela pública del país cada quince días.

También para los educadores, asistentes de la educación y diversos profesionales de la enseñanza, no bastaría ser suficiente que desde los primeros días de la pandemia y por iniciativa propia primero, con sus oportunos medios y recursos hasta hoy, no abandonaron la formación y educación de sus alumnos. Logrando con éxito y poco reconocimiento, llegar a ellos por diferentes medios online, a sus padres y apoderados, a sus familias… en definitiva a sus hogares con las materias y contenidos que los estudiantes deben aprender para continuar con su educación. Pero y tal vez lo más importante, con una palabra de aliento, comprensión y apoyo emocional en los tiempos más difíciles y extraños que vive la educación chilena y mundial desde épocas inmemoriales.

A la hora del reparto de alimentos, cada maestro y maestra de Chile se arma de valor y vocación cada cierto tiempo y llega a su escuela para ser el servidor humilde y correcto que entregue las canastas familiares a las familias que vienen a retirarlas con ansias y necesidad verdadera en las zonas de mayor pobreza en el país. Silenciosos, austeros, íntegros, correctos….sin luces ni espectáculo alguno, cumplen su ética misión de educadores en beneficio de sus chiquillos.

Es hoy junto al hospital público y sus esforzados funcionarios cuya noble tarea está al borde de la abnegación y valentía. La escuela pública se alza como un segundo baluarte histórico y democrático de respeto a la dignidad de nuestros educandos. Pero a veces pareciera que el Ministerio de Educación buscara precisamente todo lo contrario al promediar el pago de la ya cuestionada, por décadas, subvención escolar por asistencia, a la asistencia promedio del mes de marzo del presente año, donde cientos de colegios y liceos permanecieron “tomados” a lo largo de todo el país productos del estallido social y donde cientos de padres y apoderado, por seguridad, decidieron no mandar a sus hijos a los colegios que seguían funcionando, por justificado temor a la inseguridad y posibles peligros, producto de las protestas callejeras que se desarrollan en sus inmediaciones.

Condena así el Ministerio de Educación a la enseñanza pública que dice tiene el deber constitucional de defender, a un desfinanciamiento evidente y sostenido, una vez más, ahora en tiempos de pandemia y calamidad pública. Carencia de recursos que se ira incrementado con el paso de los meses, sometiendo a los profesores, profesoras y personal administrativo y de servicios a un periodo de incertidumbre innecesario, maquiavélico y sin propósito aparente más que un concepto de dura ideología de “pago por servicios” que pretende debilitara y reducirla lo que más sea posible a la escuela pública de todos.

O será el motivo de esta negación de aportes deliberado, una especie de estrategia inconsciente y arriesgada para el bienestar de todos los funcionarios educacionales que pretende hacer trabajar a como dé lugar nuevamente a la escuela pública, en una nueva aparente normalidad que nos puede traer consecuencia de salud y de vida insospechadas para los alumnos, apoderados y funcionarios.

Finalmente, en este tiempo, cuando precisamente esta pandemia ha demostrado el valor de lo publico, lo colectivo, lo solidario y lo social que han sido valores fundamentales de la república en antaño, para mantener con vida y esperanza a la humanidad, se disminuye notablemente los presupuestos de una de las organizaciones más poderosas, reconocidas y valederas del estado para dar dignidad a todos los chilenos sin excepción, la Escuela Pública Chilena.//ELF

 

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: alimentos, colegios, columna, Columnista, combate del coronavirus, Coronavirus, escuelas públicas, Junaeb

Por el amor de Dios ¡Únanse!…a construir una patria mejor

julio 24, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Reinaldo Sapag Chain
Presidente Corporación Cardenal del Pueblo

Es muy importante que por fin un obispo inteligente nos entregue un mensaje lleno de verdad y esperanza; que haya sido capaz de sacar la voz de una Iglesia que ha callado y guardado tanto silencio ante una crisis de tan hondas repercusiones dejando así de ser Madre y Maestra.

En su carta titulada «Las Tres Crisis», aparecida el 19 de julio, el arzobispo de Concepción don Fernando Chomali, nos dice con coraje y con autoridad moral, lo que está ocurriendo en el Chile de hoy invitándonos a meditar su mensaje luminoso y profundo en momentos que las dirigencias políticas se encuentran entrampadas en sus propias rencillas y en sus egoístas cálculos electorales.

Es cierto que la crisis de la política conlleva un clima de ingobernabilidad. La ciudadanía observa con estupor como las dirigencias políticas están enfrascadas en sus propias discusiones internas ignorando y olvidando que fueron elegidos para conducir y servir de manera responsable buscando el bien del país.

Con ocasión de cumplir 80 años, en septiembre de 1987, se organizó una celebración en honor al cardenal Raúl Silva Henríquez, en el Círculo español de Santiago, en momentos que el país estaba también sumido en una crisis política donde cada partido sacaba sus propios cálculos y miraba sus propios intereses.

En esa oportunidad, Chile mediante sus dirigentes le rendía un merecido homenaje de gratitud a un Cardenal que había alzado su voz en dictadura transformándose en la voz de los sin voz. A ese evento don Raúl pensaba que irían unas 50, tal vez unas cien de esas personas a las que tanto quería y debía, y que tendría una velada de camaradería, algo íntima y algo melancólica. Llegaron 1.200.

Viendo el Cardenal esa muchedumbre, donde se mezclaban hombres de todas las ideologías, de todos los partidos políticos, de varias religiones, de todas las clases sociales y de los más diversos ámbitos de la cultura, levantó su vigorosa voz para expresar:

«Yo creo que es posible construir la patria y además es posible no renunciar a nuestras diversas maneras de pensar, porque cada uno de nosotros debe aportar algo a esta construcción tan bella que se llama Chile”. Agregando después:
“Por el amor de Dios ¡ÚNANSE ! Chile vale más que cada uno de nosotros».

Hoy, como ayer debemos saber exigir de quienes nos gobiernan que asuman responsablemente el mandato que el pueblo les entregó, que dejen de lado sus rencillas y ambiciones de poder y miren el bien de Chile.

En su carta el obispo Chomali nos advierte «No hay fuente de violencia más grande que el hambre, la desesperación y la sensación de sentirse debajo de la mesa».

Chile añora los tiempos de una Iglesia cercana a sus ovejas, predicando el mensaje de Jesús con valentía y con la certeza que así se estaba cumpliendo con el mandato de amar al prójimo, puesto que a don Raúl la caridad de Cristo lo urgía, como decía su lema episcopal.

¡Gracias don Raúl! //ELF

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De un Chile que atiende, a uno que defiende

julio 24, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

Los bancos, las compañías de seguros, las multitiendas y las empresas privadas en general tienen mesones de “atención” al cliente, y, en Chile, el Estado también.

ChileAtiende es un programa gubernamental que busca centralizar la información sobre beneficios y otros programas estatales para la ciudadanía, en el papel, muy buena idea, sin embargo, su nombre, no es solo una mala elección de palabras que hoy suenan “poco adecuadas”, refleja una concepción social y del rol del Estado anacrónica, indolente y fracasada.

Una interpretación neoliberal y dogmática del Principio de Subsidiaridad contenido en la Constitución vigente, así como, el reinado de la falacia de la especialización, han hecho de nuestro Estado un triste remedo de sí mismo.

Compartimentado en estancos de intervención que no “conversan” entre sí, celosos de la información que obtienen de la ciudadanía lo que redunda en ineficiencia y absurdos trámites que cada chileno ha debido enfrentar como un calvario en que recorre diversas oficinas publicas que le exigen datos y certificados que paradójicamente el propio Estado debe entregar, sin una mirada integral de las políticas publicas y su efecto en la comunidad, su especialización y división extrema ha fallado rotundamente.

Espectador privilegiado del quehacer social y económico nuestro Estado descansa en la “autorregulación” y el supuesto funcionamiento del mercado, la competencia y sus instituciones, como defensa natural contra los abusos, sin embargo, esta quimera idealizada ha fracasado por completo, tenemos superintendencias cuyo “cliente” son las empresas teóricamente reguladas y no los ciudadanos que deben ser protegidos, una ambigua y limitada Ley de Derechos del Consumidor, en perfecta armonía con un SERNAC “desdentado” e impotente. En cada repartición Estatal que observemos con detenimiento, sus falencias, en cuanto a regulación y fiscalización, son tan evidentes que no pueden ser entendidas como una casualidad, sino como el resultado de un diseño preciso, una verdadera deconstrucción del concepto y función del Estado.

El dogma neoliberal es tan omnipresente en este diseño que no sorprende que haya permeado a la administración pública en su conjunto, no solo en su estructura, sino en su cultura organizacional y funcional también, lo que explica las décadas de una brutal dictadura de la DIPRES (Dirección de Presupuesto), que tiene la última palabra en todo proyecto gubernamental, sometiendo a los programas e iniciativas a cuestionables criterios economicistas, que buscan mantener a cualquier costo los sacrosantos equilibrios macroeconómicos, dejando en un muy lejano segundo plano las necesidades y Derechos de la ciudadanía.

En este modelo, que el Estado “atienda” a sus ciudadanos es perfectamente coherente, o, al menos lo era.

Así, a partir de la llamada revolución de la dignidad, muchos han despertado a la realidad, y, la normalidad que vivían antes del estallido social, ya no parece tan normal…

Los chilenos no necesitan un Estado que los “atienda”, sino mas bien, uno que asuma un rol de garante de sus Derechos, uno que en sus decisiones tenga en vista, en un muy claro primer lugar, a la persona humana, su dignidad, Derechos y necesidades, un Estado que entienda a la economía como un instrumento al servicio de sus funciones y responsabilidades, y no como una suerte de religión fundamentalista e incuestionable, necesitan un Estado que redefina su presupuesto y la forma de invertir sus recursos, donde los números adquieran sentido a la luz de los objetivos… y no al revés, necesitan los chilenos un nuevo pacto social, político y económico que dé cuenta de este nuevo estado de conciencia social y colectiva.

En concreto, y sin menospreciar la utilidad de una herramienta estatal que concentre la información para la población, Chile necesita un “ChileDefiende”, que más allá de slgans o frases hechas, que cambie el rostro de nuestro Estado, desde la ausente figura paterna irresponsable que abandona a sus hijos a su suerte, como buen corolario del modelo patriarcal que nos rige opresivo, a una cercana y diligente, que le devuelva la confianza de la ciudadanía.

Como programa podría estar construido a partir de las, hoy limitadas, Corporaciones de Asistencia Judicial, y todos los programas y Servicios públicos teóricamente orientados a la defensa de los Derechos de las personas en sus distintas dimensiones, que hoy hacen intervenciones parciales, descoordinadas y hasta superpuestas, para que, con una mirada integral, apoyen a los ciudadanos, los respalden y defiendan en sus Derechos contra quien intente abusar de ellos. //ELF

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Los peligros de un Estado ausente

julio 20, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Pellizzari Ossa

¿Dónde está el Estado? La pregunta parece algo absurda, pero cuando miles de chilenos se sienten desamparados ante una pandemia implacable, la falta o ausencia del Estado se hace tan evidente como apremiante. Sin embargo, incluso sin pandemia o estallido social, el Estado chileno simplemente no existe para miles de compatriotas que terminan buscando en la solidaridad, la caridad, la organización social, pero también en el narcotráfico y la delincuencia, un sentido de pertenencia y protección.

¿Dónde estaba el Estado cuando se planificaron ciudades segregadas y desiguales?, ¿Dónde estaba el Estado cuando los chilenos se sentían estafados y abusados en casi cada área de la economía y la vida en sociedad?…¿Dónde?

En salud, quizás una de las mas sensibles áreas para la población, la incapacidad del Estado para responder a los requerimientos mínimos de los chilenos es dolorosamente patente en estos tiempos de calamidad sanitaria, y, es también, la oportunidad para el heroísmo de funcionarios y profesionales de la salud que hacen mucho mas de lo humanamente exigible, es la oportunidad de la solidaridad de un pueblo acostumbrado a hacer frente a la adversidad apoyándose mutuamente, pero, también es la zona gris en que se mueven quienes buscan sacar provecho personal de las carencias de los demás.

No faltan, ni faltaran, quienes ante la impotencia del Estado construyan una imagen de solidaridad como estrategia política, o peor, quienes se aprovechen de los mas necesitados para su provecho material.

La carencia de un Estado presente en la vida de los chilenos hace aparecer “viejos pascueros” de barrio, cumplidores de sueños infantiles, “doctores del pueblo” y un sin fin de figuras “alternativas” que buscan suplir precisamente esas falencias. A priori, no parece negativo, sin embargo, aunque se trate de iniciativas bien intencionadas, todo este sucedáneo de tejido social termina por empobrecer la organización real y subvencionar al verdadero responsable de satisfacer las necesidades de la población, o, al menos, generar las condiciones para ello: El Estado.

Cuando vemos en televisión a un médico, autodenominado “doctor del pueblo”, realizar atenciones aparentemente gratuitas, la nota periodística nos lo presenta como un desinteresado ejercicio de la profesión basado en la vocación, sin embargo, durante el “publireportaje” se distingue en la “clínica móvil” que el galeno promociona (un microbús acondicionado al efecto), una foto del profesional y su nombre con una tipografía propia de una campaña política, y descubrimos, desencantados, que se trata de un concejal de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, y, entonces, su actividad, y particularmente la publicidad de ésta, deja de parecer tan desinteresada.

El mismo personaje aparece luego, en otro reportaje televisivo, emitiendo órdenes para atenciones kinesiológicas, con profesionales que el propio concejal lleva a un centro comunitario al efecto, las que luego de atender efectivamente gratis a los vecinos, con sus datos compran centenares de bonos de atención en FONASA, en circunstancias que las atenciones no superan la decena, realizando así, a la luz del informe de la televisora estatal, y los testimonios de los afectados, un fraude por varios millones de pesos, lo que está siendo investigado por el Fondo Nacional de Salud.

En resumen, una carencia social y sanitaria de un Estado indolente y burocrático, termina siendo un peligroso vacío legal y ético que puede perjudicar doblemente a una ciudadanía ávida de soluciones y atención digna.

¿Es ético que un médico use su profesión y la necesidad de las personas como plataforma política?, ¿Es recomendable que la salud de las personas dependa de la caridad de personas bien o mal intencionadas?

El Estado deconstruído que nos legó la dictadura cívico militar parece ser solo una cáscara de autoridad y funcionalidad, en cada área que sea observada con detenimiento nos encontramos con falencias caricaturescas, fiscalizadores sin atribuciones o recursos para su labor, regulación de mercados centradas en que las empresas que prestan servicios tengan menos trabas, pero no en los ciudadanos que son abusados por éstas, y un larguísimo y patético etc. //ELF

 

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El precio de la incapacidad de gobernar

julio 20, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Reinaldo Sapag

Presidente de la Corporación Cardenal del Pueblo

Cuando recién se empezó a discutir la posibilidad de que un 10% del ahorro previsional se pudiese retirar de las AFP, me pareció una mala idea.

Había que pensar en el futuro sobre la base de la lógica que se nos enseñaba en la Escuela de Economía de la Universidad de Chile: Ahorro presente para el bienestar futuro.

Sin embargo, a medida que fueron pasando los días y al constatar los estragos que la pandemia ha generado en la clase media y en los estratos más vulnerables de la población, ha quedado claramente de manifiesto la incapacidad política del gobierno de liderar con eficacia su deber de gobernar, he cambiado de opinión. Tal como se han dado los hechos de angustia y terrible necesidad de millones de chilenos se cumplen a cabalidad las enseñanzas del querido y recordado Cardenal Silva cuando nos predicaba que «los pobres no pueden esperar».

El gobierno no fue capaz de generar condiciones humanas y sociales de resolver con eficacia y en la oportunidad requerida el drama de los más pobres. Era más importante mantener el dogmatismo de un modelo de pensiones fracasado que la miseria en que se debaten tantos chilenos desamparados. Si, efectivamente, como nos enseñaba el Cardenal Silva, los pobres no pueden esperar.

Cuando en un hogar se producen situaciones de emergencia, toda la familia se une solidariamente y utiliza todos los recursos a que pueda echar mano para enfrentar la emergencia . No hacerlo significa traicionar y dar la espalda a quien está sufriendo las consecuencias de una desgracia.

Es seguro que los más ricos y que los propios parlamentarios no retiren sus recursos ahorrados. Ellos no están pasando hambre ni frío y el bienestar que han logrado se debe precisamente por el esfuerzo de aquellos que hoy sufren una situación que hiere el alma.

Los chilenos más pobres destinarán esos recursos ahorrados a aminorar los efectos catastróficos de una pandemia que a la clase política no los perjudica. Cuando destinen esos recursos a la adquisición de bienes necesarios para vivir, le estarán al mismo tiempo pagando al Estado el 19% de esos recursos por concepto de IVA, el que en parte se usará en pagar los altos sueldos de la clase política quienes han demostrado que han sido incapaces de encontrar y liderar una solución a un drama humano imposible de soslayar..

El desprestigio de la clase gobernante es una consecuencia de que tanto el ejecutivo como el parlamento han demostrado su ineficacia y su absoluta falta de capacidad para compenetrarse con las necesidades de un pueblo que requiere líderes capaces de interpretar al alma nacional.

El dilema de aprobar o rechazar el 10% por parte del Senado, con la amenaza de un nuevo estallido social, no es un chantaje. El caos, el vandalismo, los saqueos, el pillaje y la destrucción será el precio que pagaremos todos los chilenos como consecuencia de haber elegido un gobierno que ha demostrado su incapacidad de gobernar y sin solucionar el problema que aqueja hoy a los más pobres y desamparados

Tanto por razones morales, éticas, como también políticas y de solidaridad humana los senadores tienen en sus manos el poder mitigar las necesidades impostergables de miles de chilenos. Dios quiera que ellos no sucumban ante el dogmatismo de intentar mantener un sistema fracasado y así no seguir privilegiando a los más ricos.

Superada la crisis ya encontraremos mecanismos justos y razonables para que preocupándonos de los más necesitados seamos capaces de generar un sistema de pensiones que permita a los chilenos mirar el futuro con fe y optimismo.//ELF

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