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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

El mazazo

mayo 10, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

EDITORIAL

Lo del domingo  7-M fue el último mazazo.

El primero fue el 4 de septiembre del año pasado. El que vivimos hace algunas horas es el ultimo mazazo para cerrar un ciclo político que salto a nuestras vidas con el estallido social de octubre del 2019.

Para algunos es una forma pendular de movernos como ciudadanos, desde las expresiones libertarias y rebeldes de millones en las calles hasta el triunfo aplastante del Partido Republicano, un partido extremadamente conservador, que fue capaz de leer los miedos que la inseguridad y las crisis migratorias provocan en la gran mayoría de chilenos.

Así como para el segundo gobierno de Bachelet, el fin político estuvo amarrado a las estupideces de su hijo. Así como el gobierno de Piñera dos, finalizo entre quemas de metros, saqueos y la revuelta popular; así, el gobierno de Boric finaliza con la derrota de plebiscito de un nuevo texto constitucional. Los últimos tres gobiernos, digámoslo con claridad, no han tenido capacidad política para terminar sus periodos.

Entramos en tierras oscuras e inciertas, donde lo más probable es que nos encontremos a fin de año con un nuevo proyecto constitucional, nuevamente, rechazado y con un país donde las grandes mayorías políticas son la nueva extrema derecha y el Frente Amplio gobernando ya sin gobernar.

Y donde la paradoja más increíble de todas es que terminemos teniendo como constitución, aquel texto originado en la dictadura cívico militar que apostamos durante décadas de nuestra historia nacional borrar de la faz de este territorio.

Mazazo. No hay otra distinción que lo pueda expresar mejor. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: Editorial, Opinión del medio

¿Giro hacia la (ultra)derecha? Tres tesis y una advertencia

mayo 9, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Cristóbal Rovira Kaltwasser 

Profesor de la Universidad Diego Portales (UDP) e Investigador del Centro de Estudio de Conflicto y Cohesión Social (COES)

Existe un claro ganador en las elecciones de este domingo: el Partido Republicano. Se trata de una fuerza política nueva de ultraderecha, aunque parte importante de sus dirigentes provienen de la derecha tradicional. En cierto sentido, el Partido Republicano es una escisión de la derecha convencional que lenta y difícilmente fue moderando sus posturas políticas desde inicios de los años 1990 en adelante. Si bien es cierto que José Antonio Kast tiene un estilo de liderazgo diferente al de Donald Trump, no cabe duda de que sus propuestas programáticas son similares a las que levanta la derecha radical a nivel global y que tiene a la democracia en una situación crítica en el mundo entero. En efecto, los vínculos internacionales de Kast no son con la derecha convencional, sino que con la ultraderecha. Abundan las fotos de Kast con figuras como Jair Bolsonaro y Santiago Abascal, pero no existen fotos de él con líderes como Angela Merkel o Emmanuel Macron.

¿Cómo explicar que la derecha radical obtuvo 35% de los votos y que la derecha convencional logró movilizar al 21% del electorado? ¿Experimentó el país un giro hacia la (ultra)derecha? Para responder esta pregunta es necesario contar con información empírica más sólida y realizar así un análisis detallado. Por lo pronto, tan solo me atrevo a levantar tres tesis y plantear una advertencia.

Primera tesis. Esta elección fue muy peculiar, porque existió escasa información sobre el proceso y además rigió el voto obligatorio, de modo que una parte importante del electorado fueron personas que por lo general no han votado en el pasado. La evidencia demuestra que estos son sujetos más bien apolíticos, quienes toman su decisión muy tardíamente y con escaso conocimiento. Particularmente llamativo es que si bien la participación fue muy alta (85%), los votos nulos y blancos equivalen al 18%. Esto quiere decir que el Partido Republicano obtuvo en realidad el 35% de los 10 millones de votos válidamente emitidos, lo cual equivale aproximadamente a 23% del total del padrón electoral. Sin duda alguna que es un número muy alto, pero no hay que pasar por alto que un 18% del electorado nacional votó blanco o nulo. No sabemos bien cuáles son sus preferencias y, por tanto, hay que indagar más al respecto para pensar cómo podrían votar el día de mañana.

Segunda tesis. La elección de este domingo fue para escoger quienes van a redactar una nueva Carta Magna, pero lo que primó en el debate público no fue la cuestión constitucional, sino que otros dos temas: inmigración y seguridad ciudadana. Todos los actores políticos – desde el Gobierno hasta la oposición – se dedicaron a hablar profusamente sobre estos dos temas, los cuales son justamente las banderas de lucha de la ultraderecha. Tal como sucede en Europa, si todos hablan sobre los temas que comulga la ultraderecha, no debemos extrañarnos que su peso electoral aumente. Cabe recordar que el mismo presidente Boric dijo hace poco “vamos a ser unos perros en la persecución de la delincuencia”, mientras que la derecha convencional no escatimó esfuerzo en defender políticas de mano dura con vehemencia. Es verdad que el país está experimentado una situación crítica en inmigración y seguridad ciudadana, pero el nivel de alarmismo que generan los medios de comunicación y la clase política no se condice del todo con las cifras.

Tercera tesis. La ultraderecha obtuvo 23 miembros en el consejo constitucional que está compuesto por 51 personas y esto le da poder de veto para bloquear cualquier iniciativa que se intente materializar en la nueva Constitución. Las palabras iniciales del candidato del Partido Republicano electo por Santiago muestran una disposición al diálogo para escribir un texto que represente a todas y todos.

Sin embargo, esto dependerá sobre todo del talante de los consejeros constitucionales de ultraderecha. Por ejemplo, una mayoría de ellos está en contra de la legislación vigente para la interrupción del embarazo, la cual tiene un amplio apoyo ciudadano. A su vez, líderes del Partido Republicano en la Cámara de Diputados han postulado ideas que son rechazadas masivamente (basta pensar en el cuestionamiento al derecho a voto de las mujeres por Johannes Kaiser o las constantes actitudes violentas de Gonzalo de la Carrera).

Mientras más radicales se muestren los consejeros constitucionales de la ultraderecha, más difícil se tornará el debate y mayores serán las chances de que el texto propuesto sea rechazado en el plebiscito de diciembre. Esto sería un problema serio para el país, pero sobre todo para la misma ultraderecha, ya que afectaría gravemente su posibilidad de crecimiento electoral y potencial capacidad para gobernar.

En resumen, lo que sucedió no necesariamente es extrapolable a lo que pueda acontecer el día de mañana en una elección municipal, parlamentaria o presidencial.

Hay que tener entonces mucho cuidado con sacar conclusiones apresuradas, pero no pocos actores y partidos políticos van a caer en la tentación de leer los resultados de este domingo como una suerte de termómetro de sus propios proyectos políticos. Decir esto no le da esperanzas a un Partido como la Democracia Cristiana (es un paciente terminal) y otras fuerzas políticas, sino que más bien es una invitación a estudiar los resultados de esta elección con calma.

Por último, cierro con una advertencia. Aun cuando es cierto que los aires parecen soplar a favor de la ultraderecha, la consolidación de este proyecto político depende no solo de su propio actuar, sino que también y sobre todo de la derecha convencional.

La evidencia comparada demuestra que cuando se produce una simbiosis entre derecha convencional y la ultraderecha, quien gana es esta última y quien pierde es la primera.

Si entonces quienes hoy lideran Evópoli, RN y UDI están dispuestos a negociar, pactar y gobernar con el Partido Republicano, no deberíamos extrañarnos que estos mismos líderes se sientan huérfanos el día de mañana y estén obligados o bien a retirarse de la política o terminar siendo los actores de reparto en una película titulada cómo murió la democracia chilena. //ELF

➡️Fuente: El País de España👇

https://elpais.com/chile/2023-05-09/giro-hacia-la-ultraderecha-tres-tesis-y-una-advertencia.html

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Una vez más se comprueba que una izquierda soberbia favorece a la derecha extrema

mayo 8, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal

El Partido Republicano alcanzó un resultado muy favorable, 35,86% en la reciente elección, que sólo es la confirmación de los resultados de la primera vuelta electoral presidencial.

Algunos olvidaron que en esa elección el candidato Kast derrotó a los candidatos de la derecha tradicional y que el presidente Boric fue elegido en segunda vuelta, solo cuando hizo declaraciones que implicaban un cambio en las posiciones políticas tan agresivas que sus fuerzas defienden.

La actitud asumida por las fuerzas de gobierno en la Convención y su apoyo categórico a un proyecto que la mayoría abrumadora Rechazó, son responsables en parte importante del triunfo del rechazo y la alta votación que obtuvo el partido de la extrema derecha en esta elección.

Una vez más se comprueba que una izquierda soberbia e incapaz de leer adecuadamente la realidad, favorece a la derecha extrema. Después de esta elección, el partido Republicano se convierte en el principal del país, superando ampliamente a la alianza de la derecha y a las coaliciones que apoyan al gobierno, y sin duda, colocan a su líder como seguro candidato presidencial con reales posibilidades de éxito electoral.

¿Qué programa resultó tan atractivo, qué ideas para una nueva Constitución fueron explicitadas?

La verdad es que sólo percibí una campaña que sembró temores, sobre dimensionando los problemas reales y demostrando una incapacidad manifiesta para presentar soluciones.

Aprovecharon muy bien los errores de las fuerzas de gobierno y cosecharon la siembra de odio y violencia de los grupos extremistas.

La derecha presentó esta elección como un plebiscito sobre el Gobierno. Si esto se aceptara, cerca del 58% de los votos válidos reflejarían un rechazo al gobierno y sólo un 37% de los votantes lo respaldaría.

Pero esta no era una elección plebiscitaria y una parte del voto nulo y blanco fue promovido por sectores que supuestamente apoyaban al gobierno.

Un 20% de los votantes que hicieron esto, podrían acortar la distancia entre ambos sectores, pero también podría ser leída como una expresión adicional de la desinformación o molestia de muchos electores.

Las discrepancias entre las fuerzas políticas oficialistas y la falta de apoyo del propio partido del presidente ayudaron a esta derrota electoral tan clara.

No sabemos qué ocurrirá en la Convención, dónde la derecha obtendrá una clara mayoría si actúa unida. No sería extraño que las controversias se agudicen entre las candidaturas presidenciales y se llegue con al menos dos candidaturas.

Por su parte, las fuerzas oficialistas se dividirán entre los que le nieguen legitimidad a la Convención, usando el 20% de los votos nulos y blancos. Bueno sería que los sectores oficialistas que promovieron el voto Nulo, asuman su responsabilidad en estos resultados y no jueguen a desprestigiar esa nueva Convención.

Creo que sería un grave error, ya que ello sólo debilitará aún más las instituciones democráticas y favorecerá la polarización. No soy tan ingenuo como para creer que los que vienen buscando el derrumbe democrático dejen su errónea visión, pero respaldo al presidente Boric, que habló anoche, y llamó al partido Republicano a no repetir los mismos errores que cometieron él y sus fuerzas aliadas.

Espero que sea escuchado y que él recoja primero que nadie la lección.

Existe el peligro real que la derecha más dura arrastre a otros sectores a una conducta más obstructiva, ese peligro existe, pero se puede reducir si se buscan acuerdos que recojan parte de las posiciones que fuerzas más maduras pueden ofrecer.

Hay cambios en pensiones e Isapres que no pueden seguir pendientes.

Urge una actitud más responsable de los partidos que apoyan al gobierno y la colaboración de las nuevas fuerzas que buscan un espacio. No cabe duda que la atomización y los personalismos tendrán que aportar positivamente a la creación de un clima más apropiado a los acuerdos.

La nueva Convención debe ganar apoyo para cumplir su importante tarea, para ello, sus integrantes deben estar disponibles a escuchar, dialogar con respeto y tener una gran disposición a buscar acuerdos.

Chile espera mucho de ellos. Ante el clima de odiosidad que los extremistas de ambos lados buscarán crear, las instituciones democráticas, los partidos políticos, las fuerzas uniformadas, las entidades culturales, los gremios y las iglesias deben apoyar un gran reencuentro en torno a la justicia social, base indispensable de la disciplina social. //ELF

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¿‘Sorpasso’ en el Nuevo Mundo?

mayo 5, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jaime Bellolio

Académico de la Universidad Andrés Bello, exdiputado UDI y exministro vocero de Gobierno

De no mediar un resultado que favorezca la cooperación y el acuerdo, se daría el que caso descrito por nuestro célebre Nicanor Parra. Esto es, parafraseando, que la (extrema) izquierda y la (extrema) derecha unidas, jamás serán vencidas.

El domingo Chile enfrenta una nueva elección, para escoger por segunda vez en dos años representantes que escriban un nuevo proyecto de Constitución, que será plebiscitado en diciembre. Los resultados pueden sorprender.

El contexto, de usual, no tiene nada. Esta será la séptima vez que los chilenos van a las urnas en tan solo 36 meses, para elegir a ocho diferentes tipos de autoridades y votar en dos plebiscitos nacionales.

Esta fiebre de elecciones ha sido, en parte, la manera de canalizar institucionalmente los hechos gatillados a partir del 18 de octubre de 2019 – el estallido social, violento y abrumador para las instituciones y autoridades políticas. En ellas se han advertido los vaivenes de humor político. La aprobación por un 78% para escribir una nueva Constitución con 7,5 millones de votantes –y un escuálido 22% para los representantes de derecha– parecía anunciar un ciclo que entregaba una mayoría social y política a las ideas de la nueva coalición de izquierdas.

Pero aquello fue frenado en seco con el apabullante triunfo del rechazo en el plebiscito constitucional de septiembre pasado, cuando un demoledor 62% desrieló el proyecto refundacional impulsado por las izquierdas. Hubo una participación previamente inimaginable de 13 millones de personas.

Este mazazo a la propuesta constitucional izquierdista se explica, en parte, por la radicalidad identitaria que primó en su proceso, a la exclusión y cancelación de las derechas por parte de una izquierda hipermoralizante, la lejanía de las propuestas con los problemas cotidianos de las personas y el desprecio que se mostró –en forma y fondo– con la tradición chilena.

Por cierto, aún quedan quienes no reconocen la derrota y culpan a todo salvo a sí mismos, tratando a los votantes de ignorantes, de atrasados frente a lo progresista de los cambios, dando un espectáculo de élite patético como pocos.

Dado que la cuestión constitucional estaba lejos de haberse terminado, la centroderecha cumplió su compromiso: “Con esta no, pero con una buena Constitución, sí”. Y firmó un acuerdo con las izquierdas y el Gobierno para un segundo proceso constituyente. A diferencia del proceso anterior, el Partido Comunista sí se sumó y votó a favor en el Congreso, empujado por el propio presidente Gabriel Boric y el Gabinete del que forman parte. En tanto, el derechista Partido Republicano volvió a votar en contra de cambiar la Constitución actual.

Así, llegaremos a este 7 de mayo a una elección con desinterés generalizado en el tema propiamente constitucional –donde ni el Gobierno ha sido especialmente proactivo en llamar a votar–, pero que, dado que será una elección con voto obligatorio, seguramente representará la segunda más alta participación electoral de nuestra historia.

Hay muchas razones que explican este desinterés: el cansancio ciudadano derivado de la larga y pésima experiencia del proceso anterior, la seguidilla de elecciones, la lejanía con que se percibe hoy el tema constitucional versus la crisis de seguridad y los malos datos económicos.

Sin embargo, existe una causa que, si bien no es especial únicamente a Chile, tiene componentes idiosincráticos que la han agudizado. Me refiero al efecto que tiene en las personas y la sociedad en su conjunto la permanente incertidumbre en que nos encontramos, que podríamos denominar como repliegue y presentismo.

Ya lo decíamos: el estallido social, la pandemia, un proceso constitucional fracasado, inestabilidad de las reglas institucionales, múltiples elecciones, la percepción de que la inseguridad pública y la inmigración irregular que están fuera de control, realidades económicas complejas (como el aumento del costo de vida, la baja en salarios reales, aumento del desempleo), cambios tecnológicos que generan incertidumbre y un largo etcétera, hacen que nuestra sociedad esté, de forma tácita, en punto de ebullición.

El repliegue implica que las personas se vuelcan a sí mismos, a espacios que le son más seguros y controlables, como el propio hogar, su familia y su pasado, incluyendo sus tradiciones o costumbres, así como la pertenencia a una idea de país. Mientras, el presentismo es el vivir en el aquí y ahora, como en un ciclo interminable que se repite una y otra vez y donde el futuro percibido se expresa en unos pocos meses, donde sólo cabe lo urgente que invade todas las esferas de la vida cotidiana.

En este escenario de sobrevivencia –sumado a la frustración de expectativas y descrédito de la política para entregar una solución esperanzadora– hay un mínimo espacio para las preocupaciones de largo plazo, a la vez que se hacen populares las medidas efectistas de la inmediatez. Es un escenario que alimenta un potencial populismo.

Las encuestas muestran que la oposición –y más bien las fuerzas del rechazo del plebiscito anterior– están cerca de obtener los tres quintos del consejo constitucional que será elegido este domingo. Es decir, conseguiría el quórum necesario para escribir normas en el borrador constitucional. El Gobierno, en tanto, ratificaría su minoría social y política con cerca de un 40% de los escaños.

Una de las posibles sorpresas es que, dentro de la oposición, sea el Partido Republicano el que obtenga casi la misma cantidad de consejeros que la centroderecha. Incluso, algunos se entusiasman con la idea de un sorpasso en la derecha, que reconfiguraría la discusión política inmediata.

Al mismo tiempo, ya hay varios intelectuales y grupos políticos de una izquierda radical que, advirtiendo el viento en contra, han comenzado a desembarcarse del proceso, a poner en cuestión su legitimidad, por tener demasiados contornos predefinidos como para ser la base de un proceso refundacional (refundación que, está de sobra recordar, no es lo que quieren los chilenos).

Finalmente, mirando hacia la otra punta, algunos temen que se repitan los mismos excesos de la izquierda del proceso pasado, pero ahora con signo contrario, llevando inevitablemente a que haya una alta posibilidad de un nuevo rechazo en el plebiscito de salida de diciembre.

De no mediar un resultado que favorezca la cooperación y el acuerdo, se daría el que caso descrito por nuestro célebre Nicanor Parra. Esto es, parafraseando, que la (extrema) izquierda y la (extrema) derecha unidas, jamás serán vencidas. //ELF

*Fuente: El País de España https://elpais.com/chile/2023-05-05/sorpasso-en-el-nuevo-mundo.html

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Anular el voto en elecciones es debilitar aún más la democracia y favorecer a la derecha

mayo 3, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal
Abogado y exsenador

El 28 de abril de 1973, falleció Jacques Maritain, uno de los filósofos que más influyó en mi formación política. Ese año, medio siglo atrás, los chilenos vimos desplomarse una democracia con deficiencias, pero que fue reemplazada por 17 años de horror.

Al releer textos de Maritain, recordar la etapa previa al Golpe Cívico militar, me siento obligado a dar una opinión personal, ya que, aun cuando no renunciaré nunca a la DC, me he alejado de la vida política partidista, de las redes sociales, pero estoy muy preocupado por el presente y futuro de nuestro país y no entregaré el poder mínimo de mi voto para incrementar el caos. Iré a votar y lo haré por una persona DC que votó Apruebo, no como yo, que voté Rechazo, pero que es una persona honesta, preparada y con capacidad para dialogar.

Entiendo la angustia de amigos o desconocidos que no ven salidas, pero anular el voto es una respuesta equivocada, a lo menos precipitada. Yo no sé qué propuesta se nos hará, pero, espero que sea una que recoja las experiencias y los valores que non permitan una mejor convivencia y tenga mecanismos apropiados para resolver las legítimas diferencias que se dan en una democracia.

Por eso, estudiaré la propuesta y analizaré mi conducta en el Plebiscito correspondiente, pero anticipar un voto nulo ahora es perderse la oportunidad de ejercer plenamente este derecho que toda teoría democrática defiende: Voto secreto, universal e informado. Es cierto que la publicidad que hemos visto es claramente inadecuada, pero el documento final deberá ser difundido de mejor manera.

Si se construye una Constitución que represente a los sectores más retrógrados, tengo la oportunidad de rechazarla. Pero si hoy anulo el voto fortalezco a la DERECHA. me hago cómplice de esos sectores, ya que ellos tienen mucha capacidad para acarrear votantes y están usando el miedo que han creado las minorías violentistas y los delincuentes para obtener apoyo. La historia de Chile lo demuestra, la Derecha no trae Paz ni Justicia.

Jacques Maritain en “C1ristianismo y Democracia”, escrito en 1942, sostenía “La tragedia de las democracias modernas consiste en que ellas mismas no han logrado aún realizar la democracia.” Como causa de este fracaso marcaba que “los enemigos del ideal democrático no se han desarmado nunca” y que “los antagonismos irreductibles, inherentes a una economía fundada en la fecundidad del dinero; el egoísmo de las clases acomodadas y la separación del proletariado erigido por el marxismo en principio místico de la Revolución, han impedido que las afirmaciones democráticas pasen a la vida social; y la impotencia de las sociedades modernas ante la miseria y ante la deshumanización del trabajo, su imposibilidad de sobrepasar la explotación del hombre por el hombre, fueron para ellas una amarga derrota.”

“La guerra ha despertado trágicamente a los hombres. Si las democracias ganan la paz después de haber ganado la guerra, será a condición de que la inspiración cristiana y la inspiración democrática se reconozcan y reconcilien”.

http://www.profesorgentile.com/n/la-democracia-en-jacques-maritain.html

Europa vivió una atapa de profundas transformaciones en las que los partidos de inspiración cristiana tuvieron el liderazgo en la construcción de sociedades más justas y democráticas, hasta que el Cambio de Época que se vive desde algunas décadas, no encuentra liderazgos que lo puedan entregar. En Chile, el papel activo de la DC chilena logró dar algunas respuestas positivas previas al Golpe y, especialmente en el proceso de lucha contra el Dictador, en la construcción de acuerdos políticos amplios, tanto en la creación de coaliciones de gobierno cómo en relaciones con las oposiciones de izquierda y derecha.

Lamentablemente, las contradicciones internas, tanto de nivel doctrinario como de luchas de facciones y personalismos excesivos la han debilitado de una manera muy seria. Por cierto, este es un proceso que ha afectado a la mayoría de las fuerzas políticas chilenas, reforzado por la impresionante pérdida de influencia de las iglesias, otras entidades culturales, del Poder Judicial, las instituciones uniformadas y los medios de comunicación.

Esta situación de ausencia de respuestas justas a las injusticias existentes ha provocado un distanciamiento muy profundo entre la ciudadanía y las entidades políticas. Las crisis que se viven en países de nuestro continente, han provocado una situación migratoria de grandes proporciones, sin que se puedan establecer las indispensables coordinaciones de políticas que enfrenten los temas de fondo y encuentren soluciones transitorias apropiadas para los temas más urgentes.

Hoy los chilenos estamos expuestos a una situación de falta de seguridad, en lo laboral, económico y una delincuencia más violenta. Adicionalmente, la pandemia sanitaria y el delirio convencionalista nos produjeron un tremendo impacto con secuelas muy dañinas. Me ha impactado un trabajo realizado por tres académicos en que se constata que más del 40% de los encuestados que votaron por el Apruebo o el Rechazo, consideran a los discrepantes malas personas. Eso es muy grave porque no hay comunidad que resista un encono tan fuerte.

Estuvimos por proyectos muy distintos en ese plebiscito, pero es posible superar esa distancia, como ya lo hicimos antes. En 1973 algunos promovían la Dictadura del Proletariado, otros un Golpe de Estado y algunos pedimos nuevas elecciones. Pero luego, una gran mayoría aprendimos y fuimos capaces de darle justicia a las víctimas de violaciones a los derechos humanos, cómo se comprueba con los fallos de los tribunales que mandan a la cárcel a muchos de los asesinos y torturadores, después de casi 50 años. La justicia tardó, pero llegó. Un Chile más justo que en la dictadura no comenzó con este gobierno, como se comprueba cada día, partió con Patricio Aylwin.

Yo insisto en que votaré por una persona que estuvo por el Apruebo, pero es una de las buenas opciones existentes. Los errores le cuestan caro a los pueblos. Si desde ya se habla de un próximo gobierno de la derecha más dura, no es un dogma. Es un desafío que todas las fuerzas por el cambio democrático deben responder adecuadamente para ello. Todavía hay tiempo.

No represento a nadie, ni aspiro a hacerlo. Sólo me encantaría coincidir con muchos para, sin odio ni violencia, usar nuestro instrumento del voto para hacer realidad la Esperanza de una Patria más justa y buena para todos, eligiendo buenos convencionales ahora y mejores representantes en el futuro. //ELF

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Consideraciones para la Constitución de un Chile sostenible

abril 27, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma Irarrázaval

Podemos mencionar dos aspectos, entre muchos, que el texto constitucional debe resolver. Uno, las limitaciones a la propiedad y cómo, en una futura Constitución, hacemos más viables y consistentes sus limitaciones en base a su función social. Hoy día el Estado puede poner límites, pero es necesario hacerlo mucho más concreto y operativo. Dos, la inapropiabilidad de los bienes comunes, que lleva a preguntarse cuáles son esos bienes comunes. Hoy día, en Chile, el agua es un bien nacional de uso público, pero es apropiable desde el punto de vista de los derechos. No es lo mismo que yo le entregue a una comunidad la facilidad para que desarrolle una sociedad sobre la base de ciertos bienes comunes, a que el derecho solo sirva para ser transado.

De manera general, las constituciones no son solo un marco jurídico que rige al Estado sino que, sobre todo, deben reflejar ese acuerdo social por el cual, en este caso la sociedad chilena, quiere construirse hacia el futuro.

En ese sentido, hay que tomar en cuenta algo que nos dice Naciones Unidas sobre esta triple crisis que estamos viviendo a nivel global: la crisis climática, la crisis de pérdida de diversidad y la crisis de contaminación. Tres crisis que han sido, sin duda, ocasionadas por la acción humana, así como no cabe duda de que somos nosotros los que podríamos revertirlas o al menos detenerlas, tal como refleja, por ejemplo, el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).

¿Cómo reaccionamos a eso desde nuestra Constitución? La actual Carta Magna solo estaría actuando, o potencialmente tiene la facultad de actuar, a través del artículo 19 Nº 8, que dice: “La Constitución asegura a todas las personas el derecho de vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza”. Desde ahí se ha construido el actual marco normativo y legal para poder generar una Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente y para poder introducir ciertos elementos de carácter precautorio y preventivo respecto de las intervenciones humanas. Pero el diagnóstico también es bastante coincidente en que esto no es suficiente, porque los desafíos que nos plantea la triple crisis son mucho mayores. En esta columna solo abordaremos algunos que deben tener cabida en la Constitución.

En primer lugar, es necesario reconocer la crisis climática. Eso es bien importante en un país tan vulnerable a los efectos del cambio climático, porque situar en la Constitución este reconocimiento va a permitir que el marco normativo que se despliegue después (por ejemplo, la Ley Marco de Cambio Climático existente), pueda hacerse cargo de lo que somos responsables, de lo que podemos aportar y cómo podemos mitigar y adaptarnos a ese proceso, tanto en lo físico como en el financiamiento para ello, también desde el punto de vista cultural.

En segundo lugar, reconocer que hay un derecho humano al medio ambiente y también un deber de protección, transitando desde el derecho de vivir en un medio ambiente libre de contaminación hacia el derecho a un medio ambiente sano, que es mucho más integral que solo habitar sin contaminación. Este derecho, a diferencia de lo que dice la actual Constitución, podría no ser solo deber del Estado. Hay otras constituciones en el mundo (España, por ejemplo) que también ponen como parte de los deberes del individuo e, interesantemente, de las comunidades, el que este derecho se cumpla y que el medio ambiente esté sano.

En tercer lugar, es importante potenciar el tema de la función social tanto de los ecosistemas como de la propiedad, y también la función ecológica de la propiedad. En este orden podemos mencionar dos aspectos, entre muchos, que el texto constitucional debe resolver. Uno, las limitaciones a la propiedad y cómo, en una futura Constitución, hacemos más viables y consistentes sus limitaciones en base a su función social. Hoy día el Estado puede poner límites, pero es necesario hacerlo mucho más concreto y operativo. Dos, la inapropiabilidad de los bienes comunes, que lleva a preguntarse cuáles son esos bienes comunes. Hoy día, en Chile, el agua es un bien nacional de uso público, pero es apropiable desde el punto de vista de los derechos. No es lo mismo que yo le entregue a una comunidad la facilidad para que desarrolle una sociedad sobre la base de ciertos bienes comunes, a que el derecho solo sirva para ser transado.

Un cuarto punto importante para alcanzar el desarrollo sostenible, es que la sociedad –que es este tercer factor dentro del desarrollo sostenible– también pueda formar parte de él. Y para eso es muy importante potenciar el derecho a la participación: a una participación oportuna, informada (comunidades educadas ambientalmente) y, ojalá, vinculante desde el punto de vista de que la opinión de esas comunidades se tome en cuenta en la legislación. Una participación temprana e informada reduce la cantidad de conflictos socioambientales y permite que los Estados y los gobiernos reaccionen de mejor forma ante el contexto cambiante pero, por sobre todo, permite que las comunidades sean parte de las soluciones y puedan tener un desarrollo mucho más sostenible, porque incorpora a la sociedad no solo en las ganancias sino que también en la producción de ese desarrollo.

Por último, es vital el reconocimiento de la diversidad del país. No podemos generar y tener solo legislación que trata este territorio uniforme y homogéneamente. La Constitución del 80 es una hecha para un país que pareciera paisajísticamente homogéneo, donde todos los territorios son iguales y donde todas las comunidades son iguales a pesar de que en la realidad no es así. No podemos tratar, por ejemplo, el tema del agua en la Región de Aysén del mismo modo que en la Región de Atacama. La Constitución debe reconocer la diversidad que existe tanto en los ecosistemas como en la manera en que estos han sido modeladores de las comunidades que los habitan y que, por lo tanto, son comunidades también muy diversas, cada una con sus particularidades culturales.

En consecuencia, es central que la nueva Constitución, junto con reconocer la crisis climática y establecer un desafío de desarrollo sostenible como meta, reconozca la diversidad de territorio y que, por lo tanto, la legislación que se derive de ella también sea capaz de establecer las distinciones correspondientes. //ELF

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