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A reconstruir la centroizquierda

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El País

Noam Titelman, académico del FA: “El progresismo chileno abandonó al sujeto popular de identidad cristiana”

mayo 22, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

En La Fontana reproducimos entrevista aparecida en El País de España, donde Titelman cuenta sobre su libro ‘La nueva izquierda chilena: desde las marchas estudiantiles a La Moneda’ y analiza la irrupción de su generación y la del presidente Boric, con el que fueron dirigentes universitarios en las protestas de 2011 y 2012.

El académico chileno Noam Titelman fue presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, FEUC, cuando Gabriel Boric lideraba la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECh, en medio de las protestas universitarias de 2011-2012. Mientras Boric siguió la carrera política –fue por ocho años diputado y luego presidente de la República–, Titelman se dedicó a lo que siempre le gustó, la academia: “Siempre fui nerd de corazón y lo que más me gustaba hacer era leer y estudiar. Antes de 2011 pensé que mi camino era literatura, pero 2011 me sacudió la cabeza y me dediqué a la ciencia política”, dice en entrevista con El País realiza en las oficinas de la editora de su primer libro, La nueva izquierda chilena. De las marchas estudiantiles a La Moneda, donde aborda sobre todo la experiencia del Frente Amplio, sus errores y principales desafíos. Conoce de cerca esta fuerza política porque, junto a Boric y otros, Titelman fue uno de sus fundadores.

Militante de Revolución Democrática, uno de los partidos del Frente Amplio, máster y doctor en ciencia política en la London School of Economics, se considera un intelectual secular, como define Edward Said al pensador que está entre el intelectual orgánico y el que está encerrado en la academia: “El secular es el que está claramente en una acera política, pero puede tener un juicio crítico sobre las posiciones de su sector”, explica Titelman, que pronto se radicará en París para su posdoctorado. Considerado una de las plumas más agudas de la nueva generación de la izquierda chilena, lo suyo no está en la trinchera. “Los políticos son optimistas empedernidos, porque siempre creen que puede ganar. Yo, en cambio, tengo una tendencia más pesimista. Nunca podría ser político”, asegura en esta conversación donde aborda el nuevo panorama chileno tras las elecciones del Consejo Constitucional de hace dos semanas, donde el Partido Republicano de la extrema derecha alcanzó un 35% de los votos y se convirtió en la principal fuerza política.

-Estará también pesimista con los resultados de las elecciones del 7 de mayo.

-El pesimismo permite no sorprenderse cuando pasan cosas malas. Pero había varios elementos para prever lo que sucedió en esas elecciones. Las encuestas no estuvieron tan alejadas de los resultados. Lo que sí resultó sorprendente fue que le fuera tan mal al Partido de la Gente [populista de derecha] y que a Republicanos le fuera mucho mejor de lo que tal vez ellos mismos esperaban. En algún sentido, les fue demasiado bien para lo que ellos querían que resultara de este proceso constitucional.

-¿A qué se refiere?

-Les fue tan bien que, en la práctica, ellos van a llevar la voz cantante del proceso y se van a tener que hacer cargo de los resultados que salgan de allí. Y en ese sentido, puede ser que, más temprano o más tarde, les toque la maldición del vencedor. Porque en Chile, en los últimos 10 años, el voto ha estado marcado por lo anti establishment y anti política y, como dice el académico Juan Pablo Luna, la forma más rápida de perder el poder es ganar una elección.

-¿Qué más hay que tener en cuenta para entender la irrupción de la extrema derecha?

-En la última década, solo un 50% del padrón ha estado participando de las elecciones. Y en estas dos últimas elecciones, la del plebiscito de septiembre de 2022 y la del Consejo Constitucional del 7 de mayo pasado, se sumaron alrededor de cinco millones de votantes. Y nos falta mucho por conocer de esos votantes. Pero hay un estudio reciente del COES que desmitifica que los que no votaban se parecían mucho a los que votan. Ya parece bastante claro que los que no votan tienen una distribución de preferencias distinta.

-¿Y cómo son esos nuevos votantes que han entrado con el voto obligatorio?

-Tienen aún menos identificación en el eje izquierda-derecha y una posición más crítica de los abusos y de las élites. Pero, por ejemplo, en temas valóricos –aborto, diversidad sexual, combate a la delincuencia, inmigración– parece que tienen posiciones más tradicionalistas y conservadoras. En cambio, en temas económicos, se parecen bastante a los votantes habituales e, incluso, en algunos temas como la educación, parecen como más estatistas. Es un cuadrante de la política chilena que hoy está bastante desierto: son, por decirlo así, de la derecha en temas valóricos y de la izquierda en temas económicos.

-¿Y qué piensa de los Republicanos? 

-Hay algo medio eufemístico, porque no son más conservadores porque admiren a Edmund Burke, sino porque tienen una identidad específica, cristiana. Hay una encuesta, la Bicentenario, que muestra que pese a que ha caído bastante la confianza en la Iglesia católica, todavía la enorme mayoría de los chilenos se define como creyente. Y no solo eso, sino que el 48% dice que su religión es muy o bastante importante para su identidad. O sea, hay una identidad cristiana que hasta ahora parecía que no era relevante en el debate político, pero encontró una salida en el voto del Partido Republicano.

-¿Podría tener otra expresión, a través de otro partido?

-No necesariamente puede tener una salida solo a través de Republicanos, porque, de hecho, en los temas económicos, el nuevo votante no compartiría su ideario. En la última elección en Chile se dio una paradoja: la Democracia Cristiana apostó a un revivir de la identidad de centro, cuando en realidad el ambiente estaba mucho más propicio para mostrar su identidad socialcristiana. En ese sentido, la Democracia Cristiana chilena tiene una oportunidad.

-Lo que dice sobre la vigencia del socialcristianismo derriba la idea de que la sociedad chilena había caminado fuertemente hacia posiciones más liberales.

-Se puede estar polarizando la sociedad con un grupo que sigue manteniendo una identidad cristiana importante, probablemente muy distinta a la que teníamos hace 30 años, con menos confianza en la institucionalidad de la Iglesia, pero que sigue manteniendo una visión de la política y de la sociedad teñida por esa identidad. Y, al mismo tiempo, otro grupo importante de la sociedad chilena, cada vez mayor, con posiciones más liberales y que busca más autonomía individual. Ambas pueden coexistir y es una de las dificultades que enfrenta Chile, entre tantas otras.

-El avance de la extrema derecha en Chile, ¿es una derrota cultural, aparte de electoral, de la nueva izquierda chilena?

-Hay un número de la revista Jacobin –la principal de los socialistas democráticos de América– que se llama La izquierda en el purgatorio. Y en la editorial de esa revista explican por qué ocupan esta imagen cristiana: y es que a las nuevas izquierdas lo que les ha ocurrido en el último tiempo es que han alcanzado un nivel de fuerza como pocas veces se ha visto en la historia, con Bernie Sanders y Ocasio-Cortez en Estados Unidos, por ejemplo. Y que esa fuerza ha estado anclada en un votante joven, de clase media, con educación superior. Y esa concepción de la nueva izquierda como una red de diversas luchas –la económica, feminista, medioambientalista, regionalista, indigenista– logró convocar a ese mundo de manera potente. Pero el problema es que con ese discurso se fue alejando de la clase trabajadora blanca –en el caso de Estados Unidos–, semi rural, rural y religiosa.

-¿Y en el caso chileno?

-En el caso chileno puede pensarse de la siguiente manera. En la primera vuelta presidencial de 2021, esta nueva izquierda, en su versión pura, obtuvo un 25% [el porcentaje de Boric]. Y es un porcentaje enorme para lo que había conseguido esta izquierda pero, a la vez, quedó muy lejos de ser un proyecto de mayoría. Y tras el plebiscito constitucional del 4 de septiembre pasado, se enfrenta a los demonios de esa tensión: cómo expandir la base de apoyo sin perder ese apoyo original.

-¿El Gobierno de Boric se moderó?

-Se habla mucho de la moderación, pero lo primero que se debe moderar es el ego y yo creo que ha habido una creciente moderación del ego. Y eso ha permitido dar una discusión de una manera distinta, que significa escuchar al otro en su mejor versión.

-¿Qué ha hecho mal esta nueva izquierda chilena para haberle abierto el camino al Partido Republicano?

-Confrontar a la ultraderecha implica tomarse en serio lo que están diciendo sus votantes. Y las izquierdas en Chile tienen que encontrar una manera de hablarle a ese votante de identidad cristiana. El progresismo chileno abandonó al sujeto popular de identidad cristiana y tiene que volver a hablarle a ese mundo. En ese sentido, una coalición diversa tiene que existir una fuerza que represente al socialcristianismo. ¿Cómo se refleja a ese sujeto que se siente orgulloso de tener religión, que es parte de su identidad, y que hoy mira el espectro político y solo ve una fuerza en esta línea, el Partido Republicano?

-¿Usted habla de una mayoría social compuesta desde la Democracia Cristiana a la izquierda?

-Sí, y creo que la Nueva Mayoría [el conglomerado de partidos que respaldó el segundo Gobierno de Michelle Bachelet, entre 2014 y 2018, desde la Democracia Cristiana al Partido Comunista] fue un anticipo, una tesis correcta: un proyecto progresista necesita incluir por lo menos una matriz socialcristiana. Para construir mayorías debería conformarse una alianza desde el socialcristianismo hasta el Partido Comunista, incluido todo lo que está en el medio.

–Pero la Nueva Mayoría no resultó.

-No resultó, principalmente, por un debate intoxicado por las identidades generacionales y por una serie de disputas que están agotadas. Para la mayoría de los chilenos, importa bastante poco el año en que nació cada dirigente.

–¿No sería al menos desconcertante que fuerzas como el Frente Amplio, tan poco tradicionales, apelen ahora un votante socialcristiano?

-Es probable que el Frente Amplio nunca pueda apelar a esa identidad socialcristiana como lo hace la Democracia Cristiana, o como lo hacía históricamente la Izquierda Cristiana. Por eso, si el progresismo quiere ser proyecto de mayorías necesitará de coaliciones amplias que incluyan al socialcristianismo. Por otro lado, la Nueva Izquierda del Frente Amplio puede generar un relato convocante en que se reconozca el valor de la comunidad, las familias en todas sus formas y la solidaridad. Un relato en que se ponga el foco en lo que George Orwell denominó la common decency y que se parece bastante a la idea de progresismo económico con respeto a la tradición. Hasta el propio presidente Boric, cuando era candidato, hablaba del valor que le daba al don de la fe. Y es algo que muchos chilenos sienten de la misma manera. Un relato como ese podría ser el sustento de una coalición suficientemente amplia para incluir a partidos que sí pueden apelar con su acervo histórico a las identidades populares socialcristianas. //ELF

*Entrevista aparecida en El País. 

Publicado en: Entrevista, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: El País, Noam

¿Giro hacia la (ultra)derecha? Tres tesis y una advertencia

mayo 9, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Cristóbal Rovira Kaltwasser 

Profesor de la Universidad Diego Portales (UDP) e Investigador del Centro de Estudio de Conflicto y Cohesión Social (COES)

Existe un claro ganador en las elecciones de este domingo: el Partido Republicano. Se trata de una fuerza política nueva de ultraderecha, aunque parte importante de sus dirigentes provienen de la derecha tradicional. En cierto sentido, el Partido Republicano es una escisión de la derecha convencional que lenta y difícilmente fue moderando sus posturas políticas desde inicios de los años 1990 en adelante. Si bien es cierto que José Antonio Kast tiene un estilo de liderazgo diferente al de Donald Trump, no cabe duda de que sus propuestas programáticas son similares a las que levanta la derecha radical a nivel global y que tiene a la democracia en una situación crítica en el mundo entero. En efecto, los vínculos internacionales de Kast no son con la derecha convencional, sino que con la ultraderecha. Abundan las fotos de Kast con figuras como Jair Bolsonaro y Santiago Abascal, pero no existen fotos de él con líderes como Angela Merkel o Emmanuel Macron.

¿Cómo explicar que la derecha radical obtuvo 35% de los votos y que la derecha convencional logró movilizar al 21% del electorado? ¿Experimentó el país un giro hacia la (ultra)derecha? Para responder esta pregunta es necesario contar con información empírica más sólida y realizar así un análisis detallado. Por lo pronto, tan solo me atrevo a levantar tres tesis y plantear una advertencia.

Primera tesis. Esta elección fue muy peculiar, porque existió escasa información sobre el proceso y además rigió el voto obligatorio, de modo que una parte importante del electorado fueron personas que por lo general no han votado en el pasado. La evidencia demuestra que estos son sujetos más bien apolíticos, quienes toman su decisión muy tardíamente y con escaso conocimiento. Particularmente llamativo es que si bien la participación fue muy alta (85%), los votos nulos y blancos equivalen al 18%. Esto quiere decir que el Partido Republicano obtuvo en realidad el 35% de los 10 millones de votos válidamente emitidos, lo cual equivale aproximadamente a 23% del total del padrón electoral. Sin duda alguna que es un número muy alto, pero no hay que pasar por alto que un 18% del electorado nacional votó blanco o nulo. No sabemos bien cuáles son sus preferencias y, por tanto, hay que indagar más al respecto para pensar cómo podrían votar el día de mañana.

Segunda tesis. La elección de este domingo fue para escoger quienes van a redactar una nueva Carta Magna, pero lo que primó en el debate público no fue la cuestión constitucional, sino que otros dos temas: inmigración y seguridad ciudadana. Todos los actores políticos – desde el Gobierno hasta la oposición – se dedicaron a hablar profusamente sobre estos dos temas, los cuales son justamente las banderas de lucha de la ultraderecha. Tal como sucede en Europa, si todos hablan sobre los temas que comulga la ultraderecha, no debemos extrañarnos que su peso electoral aumente. Cabe recordar que el mismo presidente Boric dijo hace poco “vamos a ser unos perros en la persecución de la delincuencia”, mientras que la derecha convencional no escatimó esfuerzo en defender políticas de mano dura con vehemencia. Es verdad que el país está experimentado una situación crítica en inmigración y seguridad ciudadana, pero el nivel de alarmismo que generan los medios de comunicación y la clase política no se condice del todo con las cifras.

Tercera tesis. La ultraderecha obtuvo 23 miembros en el consejo constitucional que está compuesto por 51 personas y esto le da poder de veto para bloquear cualquier iniciativa que se intente materializar en la nueva Constitución. Las palabras iniciales del candidato del Partido Republicano electo por Santiago muestran una disposición al diálogo para escribir un texto que represente a todas y todos.

Sin embargo, esto dependerá sobre todo del talante de los consejeros constitucionales de ultraderecha. Por ejemplo, una mayoría de ellos está en contra de la legislación vigente para la interrupción del embarazo, la cual tiene un amplio apoyo ciudadano. A su vez, líderes del Partido Republicano en la Cámara de Diputados han postulado ideas que son rechazadas masivamente (basta pensar en el cuestionamiento al derecho a voto de las mujeres por Johannes Kaiser o las constantes actitudes violentas de Gonzalo de la Carrera).

Mientras más radicales se muestren los consejeros constitucionales de la ultraderecha, más difícil se tornará el debate y mayores serán las chances de que el texto propuesto sea rechazado en el plebiscito de diciembre. Esto sería un problema serio para el país, pero sobre todo para la misma ultraderecha, ya que afectaría gravemente su posibilidad de crecimiento electoral y potencial capacidad para gobernar.

En resumen, lo que sucedió no necesariamente es extrapolable a lo que pueda acontecer el día de mañana en una elección municipal, parlamentaria o presidencial.

Hay que tener entonces mucho cuidado con sacar conclusiones apresuradas, pero no pocos actores y partidos políticos van a caer en la tentación de leer los resultados de este domingo como una suerte de termómetro de sus propios proyectos políticos. Decir esto no le da esperanzas a un Partido como la Democracia Cristiana (es un paciente terminal) y otras fuerzas políticas, sino que más bien es una invitación a estudiar los resultados de esta elección con calma.

Por último, cierro con una advertencia. Aun cuando es cierto que los aires parecen soplar a favor de la ultraderecha, la consolidación de este proyecto político depende no solo de su propio actuar, sino que también y sobre todo de la derecha convencional.

La evidencia comparada demuestra que cuando se produce una simbiosis entre derecha convencional y la ultraderecha, quien gana es esta última y quien pierde es la primera.

Si entonces quienes hoy lideran Evópoli, RN y UDI están dispuestos a negociar, pactar y gobernar con el Partido Republicano, no deberíamos extrañarnos que estos mismos líderes se sientan huérfanos el día de mañana y estén obligados o bien a retirarse de la política o terminar siendo los actores de reparto en una película titulada cómo murió la democracia chilena. //ELF

➡️Fuente: El País de España👇

https://elpais.com/chile/2023-05-09/giro-hacia-la-ultraderecha-tres-tesis-y-una-advertencia.html

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, El País

Octavio Avendaño, politólogo: “En cualquier momento vamos a tener un autoritarismo de izquierda o de derecha en Chile”

mayo 2, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

En La Fontana reproducimos fielmente, entrevista aparecida en El País de España.

Chile está en la cuenta regresiva para elegir a los 50 miembros que redactarán la segunda propuesta constitucional para enterrar la Carta Magna heredada de la dictadura de Augusto Pinochet, sometida a decenas de reformas en democracia.

El proceso anterior acabó con el 62% de la ciudadanía rechazando el texto, en septiembre pasado. Este segundo intento, marcado por la desafección de los chilenos y el control de los partidos, llega en medio de una crisis de seguridad y económica.

La campaña se ha volcado en el tema del orden público en un intento por vincular la Constitución a la principal preocupación de la ciudadanía, que acudirá este domingo a las urnas.

“Es políticamente incorrecto insistir en el tema constitucional cuando las personas están en otra sintonía”, sostiene el politólogo y académico de la Universidad de Chile Octavio Avendaño, experto en antipartidismo, en esta entrevista que se realiza en una cafetería de Providencia, en la zona oriente de Santiago de Chile.

Es una elección con votos obligatorio difícil de predecir, aunque los pronósticos revelan que el péndulo ha girado desde la izquierda hacia la derecha. Del padrón de 15,1 millones de electores, existen casi cinco millones que no han votado en una elección con representantes de partidos políticos en los últimos años, un asunto clave para el académico.

-¿Qué se juega Chile en las elecciones del 7 de mayo?

-Se juega la proyección de algunos de los bloques políticos que se han configurado entre 2017 y 2021. Compiten cinco listas. Si a la de Gobierno le va muy mal, por ejemplo, tal vez sus socios del Partido Socialista se replanteen si seguir dentro de la lista oficialista integrada por el Partido Comunista (PC), el Frente Amplio (FA) y el resto de Apruebo Dignidad (AD) y busque fortalecer el Socialismo Democrático en las próximas municipales y parlamentarias de manera independiente. Por el lado de la derecha, está en juego la consolidación del proyecto desde [la extrema derecha del] Partido Republicano (PR). Podríamos hablar de un terremoto político si es que el PR obtiene mayor presentación que Chile Vamos [los partidos tradicionales de derecha].

-¿Cuáles son sus proyecciones?

-Está la incógnita del electorado que se incorpora por primera vez a una elección partidaria con varias alternativas. Pero las proyecciones indican que la primera opción será Chile Vamos de la derecha tradicional, después la oficialista (los comunistas, el Frente Amplio y los socialistas), pero básicamente por el peso electoral que aportarían los socialistas, no porque se consolide un proyecto de izquierda. Pero sería un fracaso rotundo para el Gobierno que la lista vinculada al presidente quedara en un tercer lugar, tras las dos derechas.

-¿Qué es el Partido de la Gente?

-Una fuerza política a la que se le dio poca importancia, pero que en 2021 logró construir una base, mayoritariamente de tuiteros y espectadores de programas de redes sociales. Se apropiaron de un discurso que hasta entonces había asumido el Frente Amplio: antipartidos, anti-elites, anti-privilegios. El PDG lo arrebata y logra representar al electorado que no se había movilizado en todos estos años. Sintoniza con un perfil que no cree mucho en las soluciones del Estado, sino en el emprendimiento. Es una nueva derecha, más al centro.

-¿Cuánto se proyecta para el PDG?

-La sorpresa positiva para el PDG sería quedar en cuarto lugar. Estamos hablando de más de un 20%. Los consolidaría como una fuerza alternativa.

-¿En qué pie quedarían los partidos tradicionales si le va muy bien al Partido Republicano o al PDG?

-Sería el inicio de la descomposición. Podríamos hablar ahí de que han vivido una muerte lenta, pero que se acelera a partir de ese momento.

-¿Cuán presente está el apartidismo en esta elección?

-Muy presente. El apartidismo está arraigado desde hace muchos años. En 1989 Francisco Javier Errázuriz irrumpió con un discurso anti-partido y obtuvo un 15% en la primera elección post dictadura. Los fenómenos se fueron acentuando y surgió a fines de los noventa Joaquín Lavín, que prometía solucionar los problemas de la gente dejando de lado los temas de carácter político. Lo que observamos después es una proliferación de caudillismos anti-partidos como el de Franco Parisi -líder del PDG-, o el Partido Republicano que trata de canalizar a los sectores más pinochetistas.

-¿Cómo se explica que el apartidismo esté tan presente?

-Por la presencia de un electorado muy desafectado, que ahora adquiere fuerza y relevancia. También por la invisibilidad de los partidos. Están ausentes, a diferencia del plebiscito del 88, cuando eran ellos los que estaban detrás. La ausencia obedece sobre todo al debilitamiento organizativo de los partidos. En los años noventa, un 86% se identificaba con un partido y hoy es menos de un 20%. Ya no tienen la fuerza de estar presentes en todo el territorio. Existe un descrédito, porque no hay compromiso programático. El vínculo tradicionalmente no era solamente de tipo clientelar, sino también programático.

-Su próximo libro aborda el apartidismo. 

-El foco es la antipolítica y el antipartidismo, planteando que estamos en un escenario de la diversificación del antipartidismo que es pura denostación hacia el sistema democrático, las instituciones y eso va a tener enormes repercusiones en el futuro. El sistema democrático en Chile no está garantizado. En cualquier momento vamos a tener un autoritarismo de izquierda o de derecha.

-¿Cómo se puede evitar eso?

-Apostando por mayor solidez institucional. Por eso es importante el fortalecimiento de los partidos, porque son los únicos que pueden negociar o llegar a acuerdo. Y aprovechar el proceso constituyente para establecer unas normas que impidan atenúan a sectores antidemocráticos o derechamente que plantean opciones autoritarias. De ahí la importancia que tiene la elección. No es lo mismo que gane Chile Vamos a que gane el Partido Republicano, incluso simbólicamente es una señal muy negativa.

-En esta campaña los partidos han estado bastante ocultos… 

-Aquí nadie está pensando en la convención. Ni siquiera la campaña. La contingencia se apropió del proceso. De partida, no hay ambiente electoral. Hay comunas completas sin propaganda. No hay presencia territorial de los partidos, gráfica o simbólica. No se ven los logos. Los temas que están en juego no se están discutiendo. Tampoco se ha informado. Hay personas que no saben que el voto es obligatorio o cuáles son las listas. No hay un bombardeo comunicacional, en parte, por la frustración que dejó el proceso anterior. Hay una suerte de temor a chocar con la realidad. El tema de la seguridad es real, pero está sobredimensionado. Es políticamente incorrecto insistir en el tema constitucional cuando las personas están en otra sintonía.

-¿Cuáles son las grandes diferencias de propuestas entre las cinco listas?

-En el proceso anterior estaba muy fuerte la idea de la Constitución de Pinochet versus una en democracia. Ahora eso pierde relevancia. La fractura es más Estado y mercado. Se habla de instalar el Estado social de derecho, un mayor papel del Estado en la protección de los recursos naturales, a propósito del litio. El oficialismo versus derecha, incluyendo el PDG. Desde la derecha buscan mantener un Estado subsidiario, que no está explícito en la Constitución del 80 y ahora podría quedar consagrado.

-¿Por qué pasó a segundo plano enterrar la Constitución de Pinochet?

-El tema constitucional pierde fuerza después del plebiscito de septiembre. Y pierde fuerza el principal relato. En parte porque los sectores que asumieron ese discurso se sintieron derrotados y no han logrado procesarlo de manera adecuada. Pero también hay puntos de acuerdo. Una de las principales fuentes de crisis en los últimos 15 años es el presidencialismo, que termina formando gobiernos de minoría. Lo vemos en el resto de América Latina, donde deviene en semi autoritarismo o genera crisis de gobernabilidad. Estamos frente a dos problemas: un presidencialismo sin liderazgos para mantener el respaldo en el Congreso y el de la representación parlamentaria, que hoy son caudillos, no obedecen. Ponen en riesgo concretar una agenda legislativa y más aún en un contexto de fragmentación con 21 partidos representados.

-¿La reforma al sistema político va bien encaminada en el borrador constitucional?

-A mí me seduce el tema de los umbrales para los partidos. Ahora hay parlamentarios que se eligen con menos del 1%. Algunos figuras nacionales fueron electos con menos del 2%. A lo mejor el umbral del 5% es muy elevado, pero no menos de un 3%. De otra manera es inducir a la fragmentación.

-¿Cree que el proyecto puede canalizar las problemáticas que se manifestaron en el estallido en 2019?

-La gran pregunta es si logra resolver la crisis política. Si se agudiza, no va permitir enfrentar nada de los demás. La propuesta constitucional anterior no la solucionaba y, por ende, se rechazó. Esta todavía no sabemos, pero por lo que se ha anunciado hasta el momento, no.

-¿Qué pasa si se rechaza?

-En el corto plazo, nada. Pero veremos fenómenos que nos van a impactar mucho más que ahora: comportamientos anímicos, acciones de tipo nihilistas, el descrédito hacia todo se va a acrecentar. También la violencia. No solo la criminalidad, sino la violencia cotidiana, la que hay en el mundo laboral, en los espacios públicos, porque de alguna forma la energía se tiene que canalizar.

-¿A quién le sirve que se rechace?

-Desde luego a la derecha, principalmente a los republicanos. Para ellos no es una problemática la solución de tipo autoritaria. También te diría que le sirve a sectores del Frente Amplio y del PC que están buscando una nueva oportunidad a partir de la agudización de la crisis.

-¿Cómo podría afectar el resultado al Gobierno, pensando que ha tomado distancia versus el primer proceso?

-Una enormidad. Sería una derrota aunque tomen distancia del resultado porque llegan al Gobierno prometiendo una nueva Constitución y sería un fracaso rotundo si no se logra.

-¿Cuánto va a importar la participación?

-Mucho. Hay proyecciones que hablan de un 75%, lo que bajo las actuales circunstancias sería un éxito. La participación en este momento está indicando quién gana. Si es alta, el triunfo de la derecha está anunciado. Si la participación baja del 60%, las condiciones son distintas y ahí puede pasar cualquier cosa.

Publicado en: Entrevista, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: El País, Entrevista, Osvaldo Avendaño

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