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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Mega edificios, silencio culpable

junio 14, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Felipe Muñoz 

Alcalde de Estación Central 

Estación Central atraviesa por un tiempo de extrema complejidad. El explosivo crecimiento de su población, que pasó de 120 mil a por lo menos 200 mil personas en siete años, ha provocado una crisis de sostenibilidad sin precedentes en la historia local.

Todo se origina en la construcción desmesurada y abusiva de mega edificios que han plagado el territorio, arruinando la calidad de vida de los entornos y produciendo una urgencia de seguridad casi incontrolable. Edificios cuya construcción, así lo dictaminaron diversos procesos judiciales y la Contraloría, fueron levantados de manera ilegal, amparados en vacíos administrativos y apuntalados por la corrupción.

En Estación Central se ubican tres terminales de buses, la principal estación de trenes del país, el campus de la Usach, hospitales y clínicas, la sede principal de la Teletón y extensas zonas comerciales. Por esta comuna transitan tres millones y medio de personas cada mes.

Dadas estas circunstancias, hoy carecemos de la infraestructura mínima para atender a la población. Cálculos conservadores nos indican que necesitamos, por lo menos, tres nuevos Cesfam, múltiples salas cunas, otra comisaría y un cuartel de la PDI, aparte de tecnologías que permitan hacer un mejor control de seguridad.

Nuestra gestión ha trabajado sin pausa, por ejemplo hemos triplicado la flota de vehículos e inspectores de seguridad y estamos avanzando para tener el primer Cesfam municipal. Sería muy largo enumerar todo lo que estamos haciendo para paliar una situación de bordes casi imposibles. Es el Estado de Chile quien tiene una deuda con los vecinos y las vecinas de nuestra comuna, y su obligación es pagarla con hechos concretos. Eso hemos demandado permanentemente y, hasta ahora, las respuestas han sido débiles.

Hoy, nos piden que se haga entrega de los permisos para otras 9 grandes construcciones, que significaría agregar, al menos, otras 25 mil personas al territorio comunal. Nos hemos resistido, y lo seguiremos haciendo dentro de los difíciles márgenes de la legislación vigente, para impedir que se profundice en la zona de sacrificio urbano.

¿Qué dicen los responsables principales de esta verdadera tragedia? ¿Dónde está la voz de las inmobiliarias que construyeron sin planificación ni conciencia? ¿Qué palabras han señalado las autoridades que permitieron que esto ocurriera?

De ellos sólo hemos sentido el silencio. Un silencio pesado y espeso, que se parece demasiado a la culpa no asumida. No hemos visto un comunicado que se haga cargo de la aberración cometida o una entrevista que pida explicaciones; dicho sea de paso, que poco se interroga en los medios a los grandes poderes económicos.

De vez en cuando, aparecen en paneles de radio y tv «voceros espontáneos u oficiosos», que recuerdan el déficit habitacional y las «necesarias certezas jurídicas» para defender el interés de los que callan, aunque sea a costo de un nuevo sacrificio urbano. Pero los verdaderos responsables, esos que consiguieron las decisiones espurias e «hicieron el negocio», callan. Porfiadamente callan.

El silencio es, habitualmente, signo de acatamiento, de culpa y de vergüenza. La sabiduría popular lo dice con toda claridad: «el que calla otorga». Por nuestra parte, seguiremos levantando la voz, porque defender a las vecinas y vecinos de Estación Central es nuestra principal obligación. //ELF

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Interculturalidad en el espacio comunitario

junio 8, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Leonel Sánchez
Por Leonel Sánchez
Abogado. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Diplomado en Diseño, Evaluación y Gestión de Proyectos de Interés Público, Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile. Con estudios en Introducción a la Teología, Departamento de Extensión, Facultad de Teología, Universidad Católica de Chile.

Hay que reconocer y visibilizar diversas experiencias locales, comunitarias o municipales, que se están desarrollando en diferentes partes del país, y poder compartir dichas experiencias de trabajo comunitario sobre interculturalidad de manera tal que pueda servir de piloto o experiencia motivante para otras comunas, permitiendo generar redes de colaboración y de sensibilización de un tema que en Chile se hace cada vez más prioritario y urgente de abordar.

Vivimos tiempos de clasismo, xenofobia y racismo incentivados por los que quieren instalar una agenda de seguridad pública, la cual no se condice con el derecho internacional de los derechos humanos. En lo referente al proceso migratorio y su criminalización, el desafío debe ser claro en evitar dicho proceso criminalizador desde las leyes que actualmente están en discusión y desde la instalación comunicacional de ciertos intereses políticos de sectores reaccionarios de la sociedad chilena.

Una de las formas de enfrentar el desafío planteado dice relación con considerar ciertos aspectos vinculados a la interculturalidad, sus aportes, componentes y definición, en una sociedad inserta en un proceso cada vez de mayor globalización, superando la mirada multiculturalista eurocentrista y colonizadora, entendida como aquella visión homogeneizadora asociada a los conceptos de Estado y de Nación desarrollados a la medida de los países del primer mundo. En tal sentido, plantear el desafío de avanzar hacia un auténtico diálogo intercultural desde el espacio comunitario.

Se debe desarrollar un trabajo de interculturalidad que recoja e impregne las miradas y visiones que tienen dichas comunidades de inmigrantes a nivel local, y se comparta e integre con el trabajo que realizan otras personas y organizaciones locales, superando el actual modelo que ha tendido a oscurecer las demandas de grupos étnicos minoritarios, influyendo en los debates sobre los derechos de estas comunidades, de manera que se pueda ir cuestionamiento el modelo de Estado-Nación, donde el multiculturalismo neoliberal ha emergido como una estrategia de legitimación para el mantenimiento de estructuras de poder que no reconocen adecuadamente la diversidad (Figueroa, 2017).

Es un imperativo desarrollar una estrategia para incorporar la interculturalidad entre las acciones a desarrollar en dicho espacio comunitario. Debe ser una estrategia definida en forma participativa, comunitaria, flexible y dinámica, que recoja, especialmente en el caso particular de las comunas urbanas y populares de Chile, la diversidad de migrantes o minorías. Comunas donde ha sido la marginación la que ha caracterizado el proceso de toma de decisiones de política pública, no queriéndose incorporar aquellos elementos que pueden favorecer procesos respetuosos que promuevan su desarrollo y que desde un espacio comunitario se podría aportar en una construcción de políticas públicas “desde abajo”.

En estos espacios comunitarios es donde podemos ir generando conciencia en la construcción de un modelo de trabajo intercultural y formarnos, como actores sociales y culturales, aportando hacia una mayor interculturalidad, entendida como una filosofía que se esfuerza por crear una diversidad cultural, tratando de comprender las diferencias culturales, ayudando a la gente a apreciar y gozar las contribuciones hechas por distintas culturas en sus vidas, así como asegurar la completa participación de cualquier ciudadano para derribar las barreras culturales (Figueroa, 2017).

Se pueden plantear iniciativas detonantes, generando “conversatorios sobre Interculturalidad”, convocando a diversos actores locales y personas comprometidas, consolidando agentes sociales y culturales para abordar dicha temática, desde la perspectiva comunitaria de los espacios vinculados a los Derechos Humanos, participando personas de los más variados perfiles, nacionalidades, edades y sectores de las respectivas comunas, para darle la riqueza de la diversidad local, con un trabajo comunitario paciente y persistente, que convoque a superar desconfianzas y a realizar aportes, considerando las dificultades de tiempo que siempre son un obstáculo en la incorporación de la vida comunitaria.

Por último, hay que reconocer y visibilizar diversas experiencias locales, comunitarias o municipales, que se están desarrollando en diferentes partes del país, y poder compartir dichas experiencias de trabajo comunitario sobre interculturalidad de manera tal que pueda servir de piloto o experiencia motivante para otras comunas, permitiendo generar redes de colaboración y de sensibilización de un tema que en Chile se hace cada vez más prioritario y urgente de abordar. //ELF

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Hemos abandonado a nuestros periodistas

junio 8, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Juan Gabriel Valdés

Escritor colombiano

El primero de marzo de 2018, pocas semanas antes del estallido social que sacudió la dictadura de Ortega en Nicaragua, un puñado de hombres y mujeres tomaron como pretexto la celebración del Día del Periodista para reflexionar sobre el difícil momento que atravesaba el oficio en su país destruido. Entre ellos estaba Gioconda Belli, que por entonces presidía el PEN nicaragüense, y Carlos Fernando Chamorro, una de las personas más autorizadas del mundo para hablar de periodismo perseguido: no sólo es hijo de Joaquín Chamorro Cardenal, el antiguo director de La prensa, que fue asesinado en 1978 por la dictadura de Anastasio Somoza, sino que hoy vive una vida de exiliado en Costa Rica, pues hace varios años los militares de Ortega ocuparon las instalaciones de los medios que él dirige con valentía —Confidencial y Esta semana— y lo despojaron de su nacionalidad. Igual que hicieron, como lo sabe ya todo el mundo, con Gioconda Belli, Sergio Ramírez y otras decenas de personas que le han plantado cara a esa dictadura asesina.

Pues bien: ahí estaban Chamorro y compañía en el Día del Periodista, intercambiando ideas sobre qué hacer acerca del deterioro de la libertad de prensa en su país. Y una de las cosas que se les ocurrieron, tal como lo contó Chamorro en público recientemente, fue convocar a Carlos Dada y a José Rubén Zamora. El primero era el fundador de El Faro, el periódico digital salvadoreño que fue el primer medio de comunicación del internet latinoamericano; el segundo había fundado en Guatemala varios medios, pero uno en especial, El Periódico, se había convertido recientemente en un dolor de cabeza para los corruptos del régimen de Alejandro Giammattei. A pesar de las presiones y de los hostigamientos de sus gobiernos respectivos, Dada y Zamora seguían trabajando y sus medios seguían haciendo lo que los medios hacen: obligar a los poderosos a rendir cuentas. Chamorro pensó que llamarlos para que contaran su experiencia era una buena manera de celebrar el Día del Periodista: pues eran la prueba de que, a pesar del caso de Nicaragua, no todo en Centroamérica eran historias de desconsuelo.

Cinco años después, eso ha cambiado. El Faro denunció los pactos obscenos que Bukele hizo con la Mara Salvatrucha, prometiéndoles trato de preferencia en las cárceles a cambio de que dejaran de matar, y ha seguido denunciado los excesos judiciales y las violaciones al debido proceso que tienen a El Salvador convertido en un estado carcelario (y a su presidente en el hombre más popular del país). El resultado es que Carlos Dada está —como Carlos Fernando Chamorro— exiliado en Costa Rica, pues el régimen de Bukele se ha dedicado a perseguir a sus periodistas y a asfixiar económicamente a su medio. El Periódico, por su parte, ha denunciado 144 casos de corrupción en las primeras 144 semanas del Gobierno de Giammattei, y la persecución de sus periodistas acabó (pero no ha acabado: por supuesto que no ha acabado) con el arresto y el encarcelamiento de José Rubén Zamora, que hoy lleva 11 meses en prisión, muchos de ellos en solitario. La persecución ha dado resultado: a mediados de mayo, después de cerrar su edición impresa, El Periódico publicó su última edición digital. El medio ya no existe.

La hostilidad que los gobiernos centroamericanos le han declarado al periodismo no es nueva, ni es sólo centroamericana. En ciertos casos, además, se ha instalado en las sociedades. Alma Guillermoprieto, maestra de generaciones de periodistas latinoamericanos, recordaba el otro día que México es uno de los países del mundo donde más periodistas mueren en ejercicio de su profesión, y se lamentaba de que la violencia contra los periodistas no parece ya conmover a la sociedad: “Cuando asesinan a un colega”, recuerdo que dijo, “los únicos que salen a marchar son los otros colegas”. Es verdad: mil huellas distintas nos comunican la triste impresión de que el periodismo profesional, por lo menos en ciertos lugares del planeta, ha dejado de convocar la solidaridad de nuestras sociedades. Por eso es tan fácil o tan rentable perseguir a los periodistas como se hace en El Salvador, encarcelarlos como en Guatemala, expropiar sus medios como en Nicaragua, o desprestigiarlos por Twitter como en medio mundo. La sociedad ya no protege a sus periodistas. Y no se me ocurre nada más grave que pueda pasarle a una democracia, excepto, por supuesto, el dejar de serlo.

¿Cuáles son las causas o las raíces de esta desafección? ¿Se trata de la demasiada información que nos agobia, y que provoca en muchos ciudadanos una suerte de hastío, y a veces un hastío infantil, que los lleva a refugiarse en los mundos más agradables y frívolos y coloridos de algunas redes sociales? O tal vez se trate de las nuevas mentalidades que las revoluciones tecnológicas han producido a conciencia, y que ya se han estudiado hasta el cansancio (aunque muchos no se den todavía por enterados): esas mentalidades constantemente enrabietadas, contaminadas de emociones destructivas, cuyo único interés al informarse no es informarse, sino confirmar un prejuicio o alimentar un odio. El periodismo profesional, que no se hace para excitar emociones y así secuestrar nuestra atención y nuestro tiempo, que propone reflexiones menos nerviosas y más serenas que un video o un meme o los 280 caracteres, se ha vuelto incómodo para muchos. En los peores casos, de incómodo ha pasado a ser detestable. La información ha sido sustituida por los discursos de odio, que a nuestras redes les gustan más: más tráfico, más bilis, más clics, más likes, más indignación virtuosa, más tribalismo.

Es como si la sociedad civil, sin cuyo apoyo no puede sobrevivir el periodismo profesional, lo hubiera dejado en situación de abandono. Es acaso por eso por lo que se puede atacar a los periodistas impunemente, como hace todos los días López Obrador en México: amparado en un ejercicio aparentemente democrático —presentarse todas las mañanas ante la prensa para responder preguntas—, usa su púlpito para hostigar con nombre propio a los periodistas o intelectuales que lo critican, y las víctimas de sus hostigamientos van desde Emiliano Monge a Juan Villoro, y desde Enrique Krauze a este periódico. En Colombia, la Fundación para la Libertad de Prensa ha tenido varias veces que llamarle la atención al presidente Petro, que se ha enfrentado de mala manera con los periodistas críticos, y no sólo con los que son tendenciosos o incompetentes (que los hay). Esas descalificaciones, aun cuando no sean agresivas, crean un clima donde las agresiones por parte de otros se facilitan o se favorecen; y así sucede que una periodista colombiana recibe mensajes incómodos que incluyen imágenes de ella misma paseando con su hija, y otro periodista, conocido por su sátira política, se ha visto obligado desde hace tiempo a llevar guardaespaldas, y ni siquiera así se ha acostumbrado a que lo hayan amenazado de muerte desde las dos orillas políticas.

Está muy mal una sociedad que no entiende los peligros profundos de condonar esas agresiones, o de mirar para otro lado cuando se producen, o de sentir una satisfacción secreta cuando el periodista atacado pertenece (cuando creemos que pertenece) a la esquina política que no nos gusta. La relación entre la prensa y los poderosos ha sido tensa siempre, y así debe ser, y nos interesa a los ciudadanos que así sea. Pero una cosa es que a veces nos incomode esa tensión necesaria y otra, muy distinta, que toleremos la hostilidad y aun la violencia. Ese camino no lleva a ninguna parte, salvo a la destrucción de las democracias. //ELF

*Publicamos esta columna publicada en el diario español 👉El País.

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Inicio del Consejo Constitucional: Una oportunidad democrática de contrarrestar la primacía republicana

junio 7, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

EDITORIAL

Hoy, comienza oficialmente una nueva posibilidad democrática. Un episodio republicano en la historia de Chile, como segundo proceso constituyente, tras rechazo de texto surgido de la primera convención. Y por «episodio republicano» no apuntamos al hecho de que el Partido Republicano tenga mayoría de escaños (con 22 consejeros), sino que el Estado, con la sociedad civil organizada en la República de Chile escogió a un grupo de personas para redactar la nueva Constitución, superándola del dictador -y jamás estadista, como lo hizo ver el opus dei, patriota-republicano, Luis Silva, que integrará de hecho esta instancia-, nos referimos al ya vapuleado tantas veces, y que sigue generando discordia en la población, Augusto Pinochet Ugarte.

La segunda puede ser la vencida, siempre y cuando, la centroizquierda y la izquierda tengan voz. Hoy reducida. La DC no tienen ningún consejero electo. Este nuevo órgano estará integrado por 22 consejeros del Partido Republicano, 16 de Unidad para Chile, 11 de Chile Seguro, más el escaño indígena habitado por Alihuén Antileo.

Al comienzo de semana, el Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel), proclamó a los 51 representantes electos el 7 de mayo, que hoy habitarán el cargo. Ayer, los consejeros concurrieron al exCongreso de la capital para recibir materiales de trabajo, computadores y el reglamento del Consejo.

Hoy, durante esta mañana, se efectuará la sesión de instalación del Consejo Constitucional, en el hemiciclo de la Cámara de Diputad@a, del exCongreso Nacional. Instancia deberá discutir y aprobar la propuesta de nueva Carta Magna, que será votada en diciembre. Los Consejeros se deberán pronunciar también respecto del anteproyecto que elaboró la Comisión Experta la que resultó de un acuerdo desde el Partido Republicano hasta el PC.

¿Imperará ese mismo ánimo democrático? Los ciudadanos tendrás la oportunidad de evaluar aquello a partir de hoy. Las sesiones serán públicas y transparentes, tanto en sala como en comisiones. ¿Serán tan transparentes como sucedió en la pasada Convención? Porque ahí se revelaron situaciones vergonzosas, como que un convencional no pudo votar porque se estaba duchando, otro con guitarra, otros disfrazados insultos, manifestaciones, ideologías exacerbas y discusiones vagas, etc. Lo que derivó en desconfianza y posterior Rechazo el pasado 04 de septiembre, del texto propuesto.

Pero hoy estamos ante un nuevo escenario político, en el que la derecha -y la más conservadora, la «ultra- tiene la batuta. Poseen, literalmente, el sartén por el mango con mayoría que supera dos tercios. La única manera de romper esta barrera infranqueable, es que prime el diálogo para llegar a consensos y acuerdos. Pasar de un Estado subsidiario a un Estado social de derechos, será el núcleo de toda la discusión. Hasta qué punto, ¿el Estado garantiza derechos sociales como la educación, salud, vivienda y medio ambiente, incluido la seguridad pública y social?

Los republicanos querrán mantener el Estado subsidiario, con pocos derechos garantizados. La mixtura público-privada sería, entonces, la receta para cumplir aquello. El Estado solo no podría, porque se argumentará siempre la falta de recursos para proveer derechos por parte de la derecha. Se reivindicaría, por ende, el sistema de concesiones, pero con contratos no tan abusivos –ni a 20 años-, que perjudique a usuarios y beneficien a privados.

Los republicanos, y la derecha conservadora, están en situación de «win-win», porque si se rechaza el texto que se elaborará nos quedamos con la actual constitución pinochetista, pues no habría ánimo social ni político para un nuevo proceso constituyente, al menos, en el corto plazo. Hemos de esperar, en consecuencia, que la cordura prevalezca y que los que hoy tienen mayoría no bloqueen ni neutralicen al resto de la clase política, sino que escuchen e integren propuestas antagónicas, dado que la constitución debe ser, realmente, la casa común de todos, representarnos a todos – o a la gran mayoría- y tener una vigencia prolongada de mínimo 40 años. Ideal que se busca alcanzar. Hoy, partió lo que en diciembre termina. Finalmente, la gente decide. //ELF

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Asesinatos de carabineros: ¿De dónde salen las armas?

junio 6, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Consales

Ha transcurrido un tiempo desde los sucesivos asesinatos de Carabineros, que provocaron un generalizado rechazo e indignación de la ciudadanía y también cesó la presión mediática, sensacionalista (casi morbosa) de los canales de TV, que cubrieron estos hechos, por semanas enteras y programas especiales, al igual, que connotados personeros de derecha, que utilizaron políticamente la conmoción pública que estos lamentables hechos provocan y el dolor de las familias afectadas.

Sin perjuicio del imperativo de encontrar a todos los culpables, aplicando a éstos el rigor de la ley, hay una arista que las autoridades y organismos policiales, al parecer, han dejado de lado o no han investigado lo suficiente: ¿CÓMO Y DE DÓNDE, estas bandas criminales obtienen esas armas con alto poder de fuego y sus municiones?

La tasa de homicidios en Chile subió desde 2,6 hasta 5,7 asesinatos cada 100 mil habitantes y existen serios indicios que este incremento, se debería en gran parte a la existencia de bandas criminales organizadas que tienen incorporado el asesinato en su modo de operar y lo asumen como un costo de sus acciones delictivas. Dichas bandas, además están preparadas para enfrentarse con la policía.

No es baladí relacionar el aumento de los asesinatos y las armas utilizadas en estos hechos de sangre, con el incremento de los casos de sustracción y tráfico de armamento y municiones que se han denunciado, muchos de ellos, perpetrados en los propios recintos policiales y militares. Una investigación de CIPER(*) analizó 38 casos de robos a  Carabineros, Ejército, Armada y Fuerza Aérea, contabilizando 54 funcionarios implicados en estos robos, a la vez la PDI, reportó la desaparición de 56 armas de sus dependencias en sólo un año.

Estos datos demuestran que es necesario, un mayor control del número de armas en las instituciones policiales y FFAA., modernizar los procedimientos de uso y entrega a los funcionarios, el registro de armas que se extravían o son robadas a éstos y la forma en que se desecha o reemplaza dicho armamento. Además, que es urgente fiscalizar como funciona el comercio legal de armas y su eventual participación en un mercado negro que arroja millonarias ganancias. Al mismo tiempo, urge continuar restringiendo al máximo, la tenencia de armas por parte de particulares, perfeccionando la normativa actual sobre la materia.

Una investigación profunda y exhaustiva sobre la ruta de las armas perdidas, sustraídas y robadas que finalmente son adquiridas por los delincuentes, debería ser abordada por las autoridades e implementada por los equipos de inteligencia policial, ya que sus resultados, permitirían la implementación de políticas y medidas de fondo, si se quiere enfrentar el flagelo de la delincuencia de manera eficaz. Esto, porque tan o más importante que reprimir el delito, es prevenirlo, y una buena forma para ello, es impedir que las armas lleguen a las manos de los delincuentes. //ELF

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Colo Colo ‘73: El equipo que postergó el golpe de Estado

mayo 31, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Aldo Schiappacasse

Periodista deportivo de radio y TV

Para Carlos Caszely, el notable goleador de aquel Colo Colo, no hay dudas: “Ese 29 de mayo el juez brasileño Arppi Filho nos robó la final”. “El gol que anoté para ganarle a Independiente en el Estadio Nacional no debió ser anulado. No hubo posición de adelanto”.

Cincuenta años después, y analizando la jugada con los medios digitales hoy disponibles, Caszely tiene razón: no hubo posición de adelanto y, por lo tanto, Colo Colo se habría coronado esa noche del 29 de mayo de 1973 como campeón de América. El empate, sin embargo, los obligó a jugar un partido de definición en Montevideo, que el cuadro de Avellaneda ganó para levantar su segunda Libertadores, consolidando un ciclo que lo llevaría a obtener cuatro trofeos consecutivos.

Fue un año político convulsionado aquel 1973 en Chile. En marzo, justo cuando se iniciaba la disputa de la Copa, las elecciones parlamentarias demostraron la polarización de fuerzas entre el Gobierno encabezado por Salvador Allende y la oposición. Mientras el conglomerado oficialista de la Unidad Popular obtenía el 43% de los votos, la fuerza opositora que comprendía a los partidos de centro y derecha se quedaba con el 53%, consiguiendo mayoría, pero no determinante, en el Parlamento. La inflación estaba desatada, había desabastecimiento, violencia y una planificación internacional para desestabilizar al mandatario.

De inmediato se alzaron voces, en medio de la creciente crispación del debate, para buscar una salida militar al primer Gobierno socialista elegido en las urnas. Luis Urrutia, autor del libro El equipo que retrasó el golpe, asegura que antes de los partidos importantes, el presidente Allende llamaba al entrenador del equipo, Luis Alamos –conocido como El Zorro… para decirle que “Colo Colo es lo único que mantiene unido al país”.

Entre marzo y abril las noticias del fútbol dominaron en la actualidad nacional. Colo Colo, el cuadro más popular, bajó el tono del debate político al ganar su grupo ante los ecuatorianos de Emelec y El Nacional, más la Unión Española de Chile. Ya en semifinales, superó a Botafogo (con la primera victoria de un cuadro chileno en Maracaná incluida) y a Cerro Porteño de Paraguay. El camino a la final estaba allanado, aunque al frente estaba Independiente de Avellaneda, campeón defensor del certamen y que tenía en sus filas a Santoro, Pavoni, Francisco Sá, Daniel Bertoni y un crack que recién comenzaba a despuntar, Ricardo Bochini.

Transmisiones televisivas y un público jamás inferior a las 70.000 personas en el Estadio Nacional fueron generando un clima de fiesta permanente, semana a semana. Hasta que llegó la gran final, marcada siempre por las polémicas arbitrales que favorecían a los equipos poderosos del Atlántico (Argentina, Uruguay y Brasil).

Leonel Herrera, uno de los defensores de aquella escuadra, recuerda que hablaron con Héctor Gálvez, el presidente del club, para que trataran de compensar lo que creían era un factor decisivo. “Don Aladino (le decían así porque tenía una fábrica de lámparas) nos contestó que no había dinero para comprar a los jueces. Y así nos fue”. Herrera fue expulsado en el tercer partido de definición por tirarle los bigotes al uruguayo Pavoni. El triunfo fue para los argentinos por 2 a 1, lo que no impidió un recibimiento triunfal para Colo Colo en Santiago.

En su documental Sabor a victoria, el periodista Víctor Gómez también levanta la teoría de la postergación del golpe. De hecho, el 29 de junio, una vez jugada la final de la Copa, se produce el primer levantamiento militar, conocido como El Tanquetazo, donde se testeó la capacidad de movilización del ejército, esa vez neutralizada por las fuerzas de Gobierno.

Axel Pickett, en su libro Leyenda hay una sola, cita a Elson Beyruth, un brasileño goleador llegado a Colo Colo a finales de la década del sesenta: “Chile en ese momento vivía problemas políticos tremendos y cuando Colo Colo ganaba había mucho entusiasmo y era una semana de tranquilidad para las autoridades”.

Pero la Copa había terminado y sólo quedaba un apéndice futbolístico que podía retardar el asalto de los militares al poder. Los jugadores de Colo Colo eran el grueso de la selección chilena que disputaría la clasificación a Alemania 74, dirigida también por Luis Álamos. Ambos equipos habían jugado en mayo, ganando cada uno en condición de local. El partido definitorio fue fijado para el 5 de agosto de 1973 en Montevideo y el triunfo de Chile obligó a ir a un repechaje con la Unión Soviética.

El golpe llegó, finalmente, el 11 de septiembre, lo que apresuró la decisión de Carlos Caszely de marcharse al Levante español. Los principales jugadores chilenos –como Elías Figueroa, Carlos Reinoso o Alberto Quintano– jugaban en el exterior. Colo Colo ya hacía planes para habilitar su estadio en Pedrero, por lo que debería desprenderse de varias de sus principales figuras para recaudar fondos. Cuando la Junta entraba a La Moneda, se anticipaba el final de un ciclo brillante para El cacique.

En ese clima, el primer avión que despegó desde Santiago tras el ascenso de Pinochet al poder fue el que llevaba a la selección chilena a enfrentar el duelo con la Unión Soviética en Moscú, que terminó empatado sin goles. El duelo de revancha jamás llegó a disputarse pues el Kremlin no quiso presentar a su equipo en Santiago, señalando que pese al visado de la FIFA y la Cruz Roja, el Estadio Nacional era campo de detención y tortura, como lo demuestra el documental Estadio Nacional de Carmen Luz Parot.

Terminaba el año y, como lo habían dicho los mismos protagonistas, ese plantel de Colo Colo fue lo único que logró unir al país. Pero no llegó a impedir la fractura más feroz y sangrienta de la historia. Quizás, apenas, la retrasó un poco. //ELF

*Columna publicada en El País de España:

https://elpais.com/chile/2023-05-29/las-paradojas-del-cambio-constitucional-chileno.html

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