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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

Los límites y el sentido de la Convención Constitucional

febrero 15, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Francisco Huenchumilla

Senador y militante DC

En las últimas semanas, se ha ido creando un cierto clima en la opinión pública, respecto del alcance y resultado final de la Convención, alimentado-y difundido por distintos intereses-por variadas y discutibles proposiciones
todavía en fase de Comisiones, pero que generan interrogantes e incertidumbres respecto de si responden exactamente a las expectativas implícitas en el contundente resultado del plebiscito que sancionó este proceso constitucional.

Creo que nadie debería sorprenderse por cuanto la composición de ese órgano responde a una realidad social que refleja lo que es el Chile real, ajeno históricamente al espacio público que dio lugar a la conformación del estado y emanado de la voluntad de la soberanía popular.

Se equivocó si alguien esperaba una cosa distinta. Todo aquí nació como una hoja en blanco, partiendo por su instalación, como tuvimos la oportunidad de verlo en vivo y en directo. No es de extrañar, entonces, que todo se escriba en tiempo real y con ello surjan proposiciones que aparecen como políticamente incorrectas o derechamente extravagantes.

El problema es si los convencionales están conscientes de los límites y del sentido estratégico que tiene su tarea y por ende de la responsabilidad en el éxito del plebiscito de salida que debería coronar su trabajo.

Cuando hemos escuchado algunas voces que reclaman para sí -a la Convención me refiero- una autonomía sin límites, basada en la soberanía popular, admitamos que esto da para una pertinente y seria discusión académica ,pero la cruda realidad nos dice que más allá de esas disquisiciones existen limitaciones en ciertas materias específicas que emanan de la legislación que está en la base de su legitimación, y que se expresan en detalle en los artículos 135,136 , 137 y 138 de la actual Carta Fundamental que se presente sustituir.

Estos podríamos llamarlos límites jurídicos.

Sin embargo, creo que los límites más importantes, relevantes y determinantes son aquellos que podríamos denominar “políticos”; el primero de ellos sería la posibilidad de una nueva prórroga del plazo para cumplir su cometido (más allá de los 9 meses y de la auto prórroga por otros 3) que requeriría de una reforma constitucional , lo que implica la participación de otro actor institucional- como sería el Congreso- que sería el llamado a emitir un juicio de valor respecto del trabajo de la Convención en orden a si dicha petición de un nuevo plazo cumpliría con el mérito necesario como para
darle una nueva oportunidad para completar su cometido. Yo personalmente no me cierro a eso, si existen buenas razones sustantivas que privilegien el cumplir adecuadamente su cometido.

Sin embargo, a mi juicio, el nudo central del proceso dice relaciòn con el sentido estratégico que tiene la existencia de la Convención, en cuanto su razón de existir no es solo dictar un nuevo texto constitucional, sino que -la Constitución-pueda dar cuenta y respuesta no solo a los hechos fácticos que le dieron el impulso inicial, al respaldo contundente de la gente en el plebiscito de entrada, sino al “porqué” y “para qué” el país necesitaría nuevas reglas del juego en su organización y que ellas, al mismo tiempo, lainmensa mayoría las sienta como propias.

Está claro que el país se pronunció de la manera que conocemos en el plebiscito, para que dichas reglas fueran distintas a las contenidas en la Carta del 80, es decir para cambiar el tipo y modelo de sociedad que habíamos construido. Pero, además, la virtuosidad de estos cambios, para cerrar el círculo, es que la gente sienta que estas
nuevas reglas la interpretan adecuadamente y se muestre, entonces, con disposición de apoyar el plebiscito de salida.

Entonces, la pregunta política que surge es, ¿cuáles son los límites de estos cambios y que logren contar al mismo tiempo con el respaldo de la ciudadanía? ¿qué tan reales y efectivos deben ser estos cambios para no ser acusados de gatopardezcos? ¿pueden estos cambios ser tan en 180 grados que se vuelvan un bumerán y conciten el rechazo de la mayoría?

La sabiduría entonces de los convencionales es encontrar en punto de encuentro, en los 2/3 del quorum, que conjugue los cambios sustanciales y pertinentes demandados con la viabilidad del plebiscito de salida. Para ello es
fundamental dejar de lado los subjetivismos y los voluntarismos que no permiten objetivar el escenario en que se mueve hoy la sociedad chilena y, recurrir, como siempre lo ha sido, a la vieja, pero siempre presente arma de
la política que es el diálogo racional y el libre debate de las ideas. La peor retribución que pudiera recibir la Convención es que el fruto de su trabajo fuera rechazado por la ciudadanía. El país y la historia se los demandaría.

Para esto, es también muy importante que la derecha y el empresariado entiendan que cambiar el modelo neoliberal no es terminar con el capitalismo ni con la economía de mercado; existen, por supuesto, varios modelos de capitalismo. Y el gobierno del presidente electo Gabriel Boric y los partidos de su coalición ampliada, también entiendan que un rechazo en
el plebiscito sería un golpe a la línea de flotación del proyecto que él encarna y que nos llevaría a un complejo escenario.

Por lo tanto, tiene la obligación de hacerse cargo del tema y asumir la responsabilidad de que el destino de su gobierno está ligado indefectiblemente al éxito de la Convención y, en consecuencia, asumir esto como uno de sus objetivos estratégicos.

Por ello postulo, lo que han dicho distinguidos Profesores, en orden a que la tarea que tenemos como país es tener una Constitución que sea La Casa Común o La Casa de todas y todos.//ELF

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Un verdadero legado

enero 18, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma

Economista del Foro para el Desarrollo Justo y Sostenible

Como Foro para el Desarrollo Justo y Sostenible hemos propuesto un cambio de enfoque económico, para transitar hacia una economía verde y con empleos de calidad, como una forma de abordar los dos grandes desafíos que tenemos como país para que todas y todos alcancemos un nivel de vida digno.

Ello requiere un importante cambio de mirada en lo que ha sido tradicional del sector privado y del gobierno, lo que, como es lógico, tarda tiempo y demanda recursos.

Es necesario ese cambio de mirada porque, para ser exitoso, ese tránsito debe ser colaborativo, con un liderazgo claro desde las políticas públicas y con un fuerte compromiso de mediano y largo plazo. En otras palabras, se requiere que ese cambio provenga de un compromiso nacional, no sectario.

El Foro afirma que «la estrategia de desarrollo seguida en las últimas décadas sustentada en la explotación de recursos naturales hasta alcanzar, y en ocasiones superar, sus límites materiales, si bien permitió un alto dinamismo agregado no generó las condiciones para continuar ampliando la generación de empleos de alta productividad», y por eso se propone y se necesita un cambio de enfoque.

Dicho cambio debe provenir del impulso en tres líneas principales: un fuerte incremento en los recursos disponibles para apoyar a las empresa e instituciones innovadoras, lo que en la jerga económica se denomina I+D; un cambio sustantivo en el enfoque y uso de los recursos de capacitación laboral, para que se adecúe a las condiciones de empleabilidad y a los empleos que vienen y que serán distintos a lo que conocemos; y un conjunto de programas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas vinculadas a la explotación de los recursos naturales que posibiliten incrementar su productividad y empleabilidad en base a la difusión de los avances tecnológicos.

Estas iniciativas no pueden esperar, aunque su resultado tarde en observarse.

Pero, mientras tanto, el país debe ocuparse de ciertas urgencias: el incremento de las pensiones que ya se tramita en el Congreso; reducir sustancialmente -porque terminar con ellas no es posible- las listas de espera en los sistemas de salud; recuperar lo perdido por el sistema educacional a causa del Covid-19; y terminar con los campamentos que hoy existen a lo largo y ancho del país.

El proyecto de pensiones que se tramita en el Congreso contribuye parcialmente a dar solución a la demanda de gran parte de la población, especialmente a quienes les subirá la pensión en $185 mil, pero enfrenta el problema de su financiamiento. Este año, y tal vez otro más, habrá recursos disponibles siempre y cuando la pandemia se mantenga bajo control, pero de manera permanente requiere recursos por un monto cercano a los US$ 2.500 millones (casi un 1% del PIB).

No son pocos tampoco los recursos que se requieren para reducir sustancialmente las listas de espera. Si se pudiera ejecutar un programa de solución inmediata su costo sería del orden de los US$ 1.100 millones, pero eso no es posible por las limitaciones de capacidades del sector público y por la demanda nueva que cada año se genera. Por eso resulta necesario aprovechar la capacidad del sector público y del privado, tal como se aplicó ante la emergencia del Covid-19 y entendiendo que las listas de espera también son una emergencia sanitaria y social. Ello tal vez podría disminuir las listas entre un cuarto y un tercio anualmente.

Recuperar lo perdido en educación tiene un costo incalculable, pero se puede realizar una inversión para que, aprovechando las nuevas tecnologías, todos los estudiantes puedan acceder a un sistema de apoyo al aprendizaje en línea, utilizando un teléfono celular, tal como lo utilizan establecimientos particulares pagados y algunos subvencionados privados y públicos con buenos resultados. El costo de una política de estas características no superaría los U$100 millones al año, más la inversión en equipos y capacitaciones.

Mucho mayor es el costo de terminar con los campamentos. Sin considerar los «campamentos de ladrillo», es decir aquellas viviendas construidas principalmente después del terremoto de 1985 y hasta 1995, que no se corresponden al nivel que hoy demandamos, resolver los campamentos actuales demanda recursos por entre US$ 2.200 millones, si se les sigue radicando en los arrabales, y US$ 2.900 millones si se les radica en terrenos ya urbanizados. Lógicamente esta inversión se realiza por una vez y en un período de tres a cinco años.

Sumadas estas demandas urgentes, representan del orden de 1,5% del PIB anualmente, unos US$ 4.000 millones anuales. Si a ellas agregamos la necesidad del esfuerzo en I+D, capacitación y productividad en las pequeñas y medianas empresas, ya mencionados, que en conjunto alcanzarían un esfuerzo fiscal adicional de por lo menos un 1% del PIB, tendremos una necesidad de recursos adicionales por alrededor de un 2,5% del PIB, es decir, unos US$ 6.750 anuales.

Hay que tener claridad que en estos montos no se consideran otros gastos en los que, normalmente, es necesario incurrir, asociados al crecimiento de la población, deudas históricas, emergencias, otras iniciativas de desarrollo como créditos agrícolas, inversión en infraestructura digital y física, ni otros compromisos tan importantes como los relacionados a la seguridad de las personas o el control de la inflación.

Pero, situada la demanda urgente e imprescindible en estos montos, la pregunta es si se tiene los recursos para financiarla sin endeudarnos más ni empobrecernos más. Con motivo del proyecto de mejoramiento de pensiones, el Gobierno ha enviado un proyecto de cambios en la recaudación tributaria que generaría del orden de 0,25% del PIB, en promedio los próximos cuatro años, y 0,35% en adelante. Faltaría recaudar 2,15% del PIB cada año entre 2022 y 2025.

¿Será posible un acuerdo de la sociedad civil para comprometerse a este mínimo esfuerzo? El Presidente electo Boric ha manifestado su intención de impulsar una reforma tributaria que recaude un 5% adicional del PIB hacia fines de su mandato. La iniciativa en esta materia la tiene el gobierno, pero el actual está terminando. Entregar un incremento por este 2,15% como herencia del actual gobierno sería un verdadero legado.

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«Presidencialismo», un sistema equivocado

diciembre 18, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Genaro Arriagada

Es cierto que el sistema puede funcionar bien cuando el Presidente cuenta además con mayoría en ambas cámaras; pero esa es una posibilidad que en Chile se mostró imposible.

Se ha hecho frecuente decir que el presidencialismo asegura una mayor estabilidad en los gobiernos. No es lo que indica la república del 25. Entre 1932 y 1973 hubo ocho Presidentes cuyas administraciones las caracterizó una extrema inestabilidad al punto que esos 41 años registran 45 ministros de Hacienda y 60 de Interior; vale decir secretarios de Estado que duraron, en promedio, 11 y ocho meses, respectivamente.

Es cierto que el sistema puede funcionar bien cuando el Presidente cuenta además con mayoría en ambas cámaras; pero esa es una posibilidad que en Chile se mostró imposible. En esas cuatro décadas (A. Valenzuela) solo en tres años (1961-63) el Presidente encontró una coalición mayoritaria y con la excepción de Jorge Alessandri y Eduardo Frei, todos los Presidentes entre 1932 y 1973 tuvieron gabinetes que duraron menos de un año y cuatro de ellos menos de siete meses. Un presidencialismo de minoría, donde el gobernante, enfrenta a una oposición que es mayoría en el Congreso, es un mal sistema político que arriesga la polarización e incluso la parálisis del Estado.

Cuando el país enfrenta problemas gravísimos —el orden público, el reclamo de justicia social, la sequía, La Araucanía— no deja de sorprender que se postule un sistema que de acuerdo a nuestra historia ha conducido a gobiernos débiles e inestables.

Pero además de evitar la inestabilidad, la nueva Constitución debe procurar aminorar —porque es utópico pensar que una buena norma pueda terminar con ellos— tres males que han perseguido a los gobiernos de este país por un siglo.

Uno, buscar un mecanismo institucional que habilite una salida a un mal gobierno, asunto ocurrido en el pasado pero cuya posibilidad se acrecienta en el mundo de constantes crisis en que vivimos. Otro, que trate de morigerar los excesos de un Parlamento que tenga una conducta irresponsable y desaforada. Y tres, que busque superar la pugna que de modo invariable ha existido entre el Presidente y el Parlamento.

De los sistemas políticos el que peor responde a estos tres desafíos es el presidencial pues en él tanto el Presidente como el Parlamento duran un término fijo, ni un día más ni un día menos, aunque el gobierno se vaya a los perros, el Parlamento se haga irresponsable y el conflicto entre poderes escale hasta arriesgar un quiebre constitucional. Se cumple el plazo…¡aunque perezca el mundo!

Los sistemas parlamentario y semipresidencial, en cambio, procuran enfrentar estos tres temas. En cuanto al primero, establecen un modo no traumático de poner fin a un gobierno que no da para más, a través de su censura por el Parlamento lo que obliga a su sustitución por uno nuevo. Dicho con sorna, permiten acortar un mal gobierno… «antes que perezca el mundo».

En lo que respecta a los excesos e irresponsabilidades del Parlamento no se conoce mecanismo más eficaz que, primero la amenaza, y luego su efectiva disolución por decisión del Ejecutivo, lo que se ha mostrado como un enérgico mecanismo para imponer su moderación. Finalmente, el conflicto entre Ejecutivo y Parlamento, que acompaña como una peste al presidencialismo, lo resuelven los sistemas semipresidencial y parlamentario de un modo indubitadamente democrático, mediante el recurso, disponible para ambos poderes, de forzar un llamado anticipado de elecciones, con lo cual es el pueblo —el soberano— el que decide quién ha de predominar.

Por supuesto no hay gobierno —ni presidencial, semipresidencial, ni parlamentario— que pueda funcionar con un sistema de partidos altamente fragmentado y con una legislación electoral que ayuda a esa multiplicidad. Tampoco con un Parlamento que alcance los niveles de mal funcionamiento e irresponsabilidad (y desprestigio) que registra nuestro actual Congreso y en especial su Cámara de Diputados. Pero pretender que la reforma de la legislación electoral basta para que el sistema presidencial funcione es un error tal vez mayor.

La Convención debe enfrentar la reforma o revisión no de uno sino de todos los elementos que componen “la sala de máquinas”. No hacerlo sería avanzar hacia un inevitable fracaso.

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No son treinta años son treinta pesos

diciembre 16, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma

Economista del Foro para el Desarrollo Justo y Sostenible

Hay distintas maneras de medir los “pesos” y de valorar los “años”, habitualmente se mide más con la emoción que con la razón. Así se hace la política y se estructura la sociedad.

Este martes se cumplieron 33 años desde el triunfo del NO en el plebiscito convocado por la dictadura cívico-militar que rigió en Chile desde 1973 hasta 1990, para ratificar o no, la continuidad del mando de su líder, Pinochet, por ocho años más.

Hace tres años, con motivo del 30 aniversario de ese momento decisivo para nuestra patria, convocamos a un acto público en Santiago. La convocatoria resultó masiva, pero el proceso de convocar fue dificultoso, unos queríamos celebrar y otros solamente conmemorar.

La discusión no era semántica, sino tenía un trasfondo de gran profundidad, tal como se reflejó en el acto mismo y, con mucha mayor energía en los acontecimientos que el país vivió a partir del octubre siguiente. El tema era si los treinta años siguientes al plebiscito habían sido positivos para el país o si habían sido frustrantes.

Tal vez, si analizamos con un intento de objetividad, ambas posiciones tienen razón, pero una de ellas niega la otra.

Me explico, se puede afirmar que los treinta años transcurridos desde el fin de la dictadura han sido positivos para el país, lo que se refleja en múltiples indicadores políticos, sociales y económicos, pero al mismo tiempo reconocer que simultáneamente hay cosas que no se hicieron y que se cometieron errores.

Pero si afirmo, apelando a las frustraciones, que “no son 30 pesos son 30 años”, estoy negando los avances e, implícitamente, asimilando la democracia a la dictadura, lo que no es real.

Porque no es lo mismo que todas las autoridades nacionales, locales y regionales sean designadas por un autócrata, que poder elegirlas.

No es lo mismo privilegiar con impunidad y cargos públicos a los violadores de derechos humanos, que someterlos a juicio y encarcelarlos.

Porque hay una ley de medio ambiente y una legislación que protege los derechos de los pueblos indígenas, cuando antes no las había.

Porque la pobreza se redujo de ser la condición de vida de más de un 60% de las familias a menos de una sexta parte, antes de la crisis de la pandemia.

También es un cambio que hermanos de otros países de América quieran venir a nuestro país, cuando en la dictadura éramos nosotros los que emigrábamos.

Pero, al mismo tiempo hay grandes frustraciones, algunas que tienen explicación en las expectativas no cumplidas, y otras que son producto de los mismos avances.

Las pensiones entregadas por un sistema que concentra la riqueza, las AFP, no corresponden a lo prometido y los cambios en el sistema no han sido suficientes para resolverlo.

El acceso, inimaginable en su volumen, a la educación superior no tiene relación con los limitados campos ocupacionales ni con las expectativas de mejoras de remuneraciones.

Aunque ya no hay que llevar sábanas para hospitalizarse, no se resuelven las listas de espera y sigue habiendo proporcionalmente más recursos para la salud privada que para la pública.

Puede que no se haya cambiado lo suficiente, porque sigue existiendo más de un país en este mismo territorio, un país en que muchos se acostumbraron a la segregación y a no respetar al otro. En que sigue siendo mejor saltarse la fila acudiendo a un amigo, adelantar por la berma en la carretera o no pagando el pasaje de la locomoción colectiva, porque hay gente que lo hace y le va bien, o no tiene sanción.

Entonces cabe la pregunta, ¿son 30 pesos o son 30 años?

De alguna manera son 30 pesos.

Son los pesos que acumulan los hiper ricos, aún en período de pandemia, pérdidas de empleo y recesión.

Son los pesos asociados a los casos Penta, Soquimich y Dominga. Y a las municipalidades de Coquimbo, Vitacura, San Ramón y varias otras.

Son el peso de los Milico gate y Paco gate, el abuso en el uso de recursos por un ex director de la PDI y los contratos de obra con los hermanos del exintendente.

Son los pesos que te cobran por atrasarte un día en tus pagos, asociados a amenazas de embargos y cárcel.

Son el peso de la arbitrariedad con que cualquiera se siente tratado por quienes detentan algún grado de autoridad, desde carabineros hasta jueces, pasando por periodistas y opinólogos.

Son el ser discriminado.

Son treinta pesos y no treinta años porque en muchos aspectos la alegría sí llegó, pero también son treinta años y no treinta pesos porque sigue siendo cierto el que “basta ya de abusos, es el tiempo de cambiar”.

Pero son treinta pesos porque, a fin de cuentas, hay democracia, y la democracia es el espacio para el cambio permanente.

Y lo que no cambió ayer, tendrá que cambiar mañana.// ELF

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Salud y nuevo Gobierno: ¿Más urgencias o menos enfermos?

diciembre 13, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Osvaldo Artaza

Exministro de Salud

El Banco Mundial publicó un oportuno documento que debe llamar a la reflexión a quienes gobiernen a nuestro país: Piezas para El Desarrollo: Notas de Política para Chile. World Bank WDC 2021.

En salud, plantea la desigualdad en el financiamiento, que es casi el doble para quienes están en isapre en relación con los beneficiarios de Fonasa; en el acceso oportuno a servicios de atención de calidad y, en las inequitativas diferencias en las enfermedades con fuertes determinantes sociales y factores de riesgo evitables, que por su naturaleza requieren de un abordaje intersectorial.

Por ello, propone 5 medidas: fortalecer la universalidad (mancomunar el financiamiento en un fondo único) y reducir la fragmentación del sistema; aumentar y mejorar la calidad del gasto público en salud, para así reducir el gasto de bolsillo de las personas y familias; ajustar el modelo de atención y organización de los servicios de salud, a objeto de que la atención primaria (APS) pueda prevenir daño y evitar hospitalizaciones; modernizar la autoridad sanitaria, para un mejor ejercicio de la rectoría sobre todo el sistema sanitario; y, expandir las políticas intersectoriales para enfrentar los principales factores de riesgo de la población. Esta última propuesta cobra particular importancia, ya que Chile ocupa el primer lugar dentro de los países de la OCDE en sobrepeso/obesidad en la población mayor de 15 años, siendo una prioridad para la salud pública y el desarrollo del país, que podría resolverse con acciones intersectoriales efectivas, que posibilitaran el acceso a una alimentación y a estilos de vida saludables, especialmente para las familias de más bajos ingresos.

El consumo de tabaco y alcohol (Chile es el segundo país con mayor consumo de alcohol en Latinoamérica), siguen siendo muy altos, generando impacto en salud y costos económicos, que podrían evitarse mediante políticas de reducción de consumo que privilegien la salud y no los intereses de la industria. Chile resolvió hace varias décadas, líder en Latinoamérica, los principales causas de morbimortalidad de la infancia con medidas tales como vacunas, agua potable y saneamiento, control de niño sano y alimentación complementaria en APS, y aumento del nivel instruccional de la madre, todas acciones y políticas preventivas exitosas de carácter intersectorial. En los adultos, con los padecimientos metabólicos y los derivados del envejecimiento, se debe actuar de la misma forma.

Desafortunadamente, desde el paradigma biomédico y desde los intereses de la industria se reduce la mirada a lo curativo. El tema no es solo más urgencias, siempre al borde del colapso con personas “hospitalizadas” en sillas, sino menos enfermos. Invertir en salud y no solo en la enfermedad, dar poder a las personas y las comunidades para resolver las causas raíz de los padecimientos pareciera ser mal negocio, ya que se sigue insistiendo porfiadamente en más de lo mismo. //ELF

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Discrepo de mi gran amigo Belisario Velasco y no olvido ni olvidaré su testimonio arriesgando su vida en dictadura

diciembre 9, 2021 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal 

Exsenador DC y abogado 

Parto por señalar con cariño que discrepo de una opinión de mi gran amigo, Belisario Velasco, quién en un whatsApp privado, que fue filtrado al diario la Segunda dió su opinión sobre la elección presidencial.

Belisario contó que no votaría en la segunda vuelta, ya que no apoyaba los extremos y también recordó que no había votado por nadie en la última elección interna de la DC, pero concurrió y dibujo en el voto una flecha roja, el símbolo que nos une, que apunta al infinito , con fe en el futuro de una sociedad más justa, rechazando el materialismo liberal capitalista y el marxismo leninismo, que tanto daño han hecho en Chile y el mundo.

Es razonable la visión crítica de Belisario, ya que la derecha nos ha demostrado en el pasado dictatorial y ahora en democracia, su falta de sensibilidad para el dolor de la mayoría. Asimismo, conoce muy bien los riesgos que representa el candidato Kast. Belisario fue clave para que el gobierno de Patricio Aylwin le quitara la personalidad jurídica a Colonia Dignidad, defendida por la derecha y la familia Kast a brazo partido. Mi amigo sabe de eso.

Por su parte, la izquierda , formada por el PC y otras fuerzas del Frente Amplio han desconocido aportes notables de lo que la Concertación, especialmente y en la Nueva Mayoría hicieron para un Chile más justo. También mantuvieron un apoyo irresponsable e instaron movilizaciones violentas que se convirtieron en dañinas para las víctimas de la injusticia y que favorecieron la recuperación de la derecha.

Esa arrogancia, en parte típica de algunos jóvenes y por la otra, el desconocimiento consciente de los hechos históricos, los hace atacarnos por una supuesta transición pactada, entre cuatro paredes a espaldas del pueblo. Esta nueva clase política olvidó estudiar el pasado.

Los que arriesgamos nuestras vidas y nuestra libertad en dictadura, como Belisario Velasco, fuimos los que reconstruimos el tejido social chileno en los jóvenes, trabajadores, profesionales, en las poblaciones y en las calles. ¿La base de nuestro accionar? La más amplia unidad basada en los derechos humanos, la lucha pacífica y la resistencia civil al dictador.

Hicimos protestas multitudinarias y reuniones masivas, sin que hubiera una sola víctima entre los pequeños comerciantes, los bienes públicos que sirven a los más pobres ni en las fuerzas represivas, aunque sí, muchas de nuestro lado, tal como ahora.

Luego, reaccionaron los grandes líderes, cómo Patricio Aylwin, Renán Fuentealba, Gabriel Valdés, Clodomiro Almeyda, Aniceto Rodríguez, Enrique Silva Cimma y otros, conduciendo a la oposición a la inscripción en los registros electorales para derrotar al tirano en el No, en su propia cancha, pero con apoderados y franja electoral, que ganamos con las movilizaciones y el apoyo de países amigos.

Muchos del FA no nacían, pero el PC sí existía, con los cuadros de dirigentes actuales , entonces volcado a una lucha armada contra el especialista en armas, lo que no sólo favorecía el miedo a la democracia, sino que se negaba a la unidad por el NO. Afortunadamente, la presión de sus bases , como lo reconoció Luis Corvalán, el PC se sumó a la hora muy última. Y hace poco, qué triste espectáculo el del PC y partidos del FA al negarse a apoyar el acuerdo político de noviembre del 2019, con la excepción relevante de Gabriel Boric.

Se olvidaron que en 1989, el 92% de los ciudadanos concurrió a un plebiscito para apoyar las 54 reformas acordadas con la dictadura. Ignoran que el principal líder de ese movimiento (Patricio Aylwin) ganó las elecciones con más del 50% de los votos y entregó el mando a un sucesor obteniendo más votos aún (Eduardo Frei). ¿De que 4 paredes hablan? ¿De que acuerdos a espaldas del pueblo nos acusan?

En estos días, los tribunales siguen enviando a la cárcel a los asesinos y torturadores de la época dictatorial, luego de juicios largos pero justos. ¿Dónde se afirman para acusarnos de pactar impunidad a cambio del poder?

Los que defienden la dictadura en Nicaragua, algunos que fueron militares en el Frente Sandinista, nada dijeron cuando Ortega pactó con los somocistas. Amnistía total para crímenes tan horribles como los de Pinochet, pero como era para acceder ellos al poder , siguen apoyando una dictadura familiar, al igual que Corea del Norte y Cuba, a la muerte de Fidel.

Yo entiendo la desconfianza de mi amigo Belisario y de otros camaradas, que constatan en las redes sociales o en contactos personales, que en esta coalición donde está Boric, hay sectores que nos ven con desprecio, y que parecen creer que la decisión de apoyarlos era casi obligatoria para nosotros. Me recuerda la posición de la UP que sólo buscaba nuestra división. Se lograron llevar una pequeña minoría, la Izquierda Cristiana, pero la DC, con ideas claras, líderes honorables logramos seguir existiendo, para después ser la oposición democrática a Allende y la fuerza que lideró la reconquista de la democracia durante la dictadura.

No hemos apoyado estas opciones por conveniencia partidaria ni ahora ni en 1970. Sólo tuvimos la madurez de examinar, primero, lo más relevante para Chile. Esperamos que si el candidato Boric triunfa, no cometa los errores de entonces y su coalición madure.

Llamo a apoyar a Gabriel Boric, porque aunque lidera una izquierda con errores, es distinta a de 1970. En esa época había partidos de izquierda que tenían la dictadura del proletariado como objetivo central y grupos armados con apoyo externo, para ganar hasta una guerra civil. Pinochet era uno de sus aliados militares, hasta que los traicionó.

Los DC, la primera fuerza de entonces en el Congreso, teníamos claro, al igual que analistas serios, que Allende tenía tres opciones: 1.- Avanzar en un programa de cambios democráticos, opción que tendría nuestro respaldo; 2.- Respaldar las fuerzas que estaban por la dictadura del proletariado o 3.- Mantener un gobierno sin optar. En los casos 2 y 3, su gobierno terminaría en un Golpe de Estado. Así consta en un documento de la JDC, redactado por un dirigente que llegó a ser Ministro de Allende después.

Optamos por Allende porque la derecha estaba herida en sus intereses y buscaría derrocar a cualquier gobierno con el apoyo de la CIA. La derecha con la CIA apoyó un Golpe contra Eduardo Frei Montalva, en 1969, que fracasó por la unidad interna y el apoyo de países amigos. La izquierda, con vacilaciones, estuvieron con nuestro gobierno. Escogimos a Allende, para no fortalecer la vía armada de la izquierda y poder frenarla democráticamente. Los DC fuimos la oposición más madura y derrotamos a la UP en el mundo social. Intentamos durante 3 años evitar un golpe que estaba anunciado y que llegaría de todas maneras. La derecha tuvo éxito en 1973, pero la principal responsabilidad fue de la UP, cómo lo he descrito en libros y artículos.

Hoy la izquierda tiene posiciones equivocadas pero no es un peligro para la democracia. Es un error abstenerse frente al peligro de una derecha fortalecida en el Congreso, por culpa de las debilidades de la DC, PS, PPD, PR , la conducta torpe del PC y los que alentaron y siguen alimentando actos violentos.

Estos sectores olvidaron una lección básica. «El miedo es la mejor anestesia para calmar los dolores de la injusticia». Tampoco me preocupa su mirada despreciativa. Me preocupa Chile y ellos, como nosotros somos pasajeros que debemos convertirnos en servidores.

Esta equivocación de mi amigo Belisario, me la explico pero no la comparto. No me hace olvidar su valentía y testimonio en tiempos muy duros que los jóvenes del FA ni se imaginan. Firmó la declaración de los Trece DC a horas del Golpe, mantuvo la Radio Balmaceda como una bocanada de aire fresco en un medio corrompido por el horror, fue detenido, relegado, amenazado de muerte por los militares y se mantuvo firme en sus ideales.

Creo que no podemos vacilar en nuestra decisión de votar por Boric, ante el riesgo de una derecha fuerte en el Congreso, con apoyo empresarial y militar, debemos evitar que siga imponiendo un modelo injusto y usando la violencia para eliminar legítimas protestas pacíficas.

Hay que votar Boric, y, desde la oposición democrática, corregir sus excesos y errores.

Hay que cambiar de actitud en la DC para recuperar la confianza ciudadana y poder cumplir nuestro rol de oposición democrática. Hay que aprender de los errores que casi nos hacen desaparecer del mapa político. Nuestra doctrina está vigente. Más del 50% de los chilenos espera un mensaje distinto. Dejemos de lado las pequeñeces y a recuperar el cuerpo nacional y el alma popular de la DC.

Por Chile, a pesar de los gestos inamistosos, soberbios y algunas veces prepotentes, hay que votar por Boric, no abstenerse, ya que ello favorece a la derecha.

Ya nos encargaremos de los soberbios y prepotentes si no cambian, con una DC fortalecida.

En cambio, si no gana Boris, seremos todos Kastigados. Y Chile y los chilenos perderemos…//ELF

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