Por Fernando Araya, abogado y socio de Estudio Lewin
Si durante los próximos años en Chile seremos testigos de una industria de medios de pago con tarjeta con cambios cosméticos, o bien de un ecosistema moderno de soluciones de pagos minoristas, es algo que está en manos tanto de los reguladores de libre competencia como financieros.
A mediados de noviembre, diversos intervinientes expusieron ante el TDLC (Tribunal de Libre Competencia) en la audiencia pública relativa al procedimiento de consulta de Transbank sobre un sistema de autorregulación tarifaria para el margen adquirente, uno de los elementos –pero no el más importante– que pagan los comercios (y los consumidores) por la utilización de tarjetas como medios de pago.
Esta semana, adicionalmente, el TDLC dio inicio a un procedimiento para la dictación de instrucciones de carácter general que deberán considerar las empresas al determinar las tasas de intercambio en el mercado de medios de pago con tarjetas, hasta que las mismas se regulen por ley.
Una cuestión tan importante para el bolsillo de todos los consumidores está siendo resuelta por lo más sofisticado del conocimiento técnico del país, al margen de un control democrático. En buena hora, dada la profunda crisis que afecta a gran parte de nuestra clase política.
El operador dominante, la FNE (Fiscalía Nacional Económica), grandes comercios, recaudadores, proveedores de servicios de pago, desafiantes en adquirencia, marcas de tarjetas, consumidores, son todos parte de un debate que nos mantendrá en un juego de suma cero –con meras distribuciones de excedentes entre los participantes- o bien nos llevará a un incremento de la torta, es decir a soluciones de pago innovadoras y que estén a disposición de más comercios y más consumidores. Sin embargo, éstos son sólo nuevos capítulos de debates que se estarán verificando en los próximos meses.
La falta de control democrático en gran parte del esquema regulatorio a ser diseñado, implementado y -luego de un tiempo- evaluado, impone a los reguladores los más elevados estándares de accountability y calidad normativa en las decisiones que adopten en los próximos meses. Muy probablemente, implique recomendaciones de cambios en el diseño institucional con un hipotético nuevo órgano regulador a cargo de sistemas de pago minoristas.
El dinero plástico, el dinero digital, el dinero móvil, hacen posible el e-commerce. El período de pandemia ha mostrado que el futuro va hacia allá: hacia un ecosistema moderno de soluciones de pagos minoristas. Los reguladores vuelven a tener la llave. //ELF







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