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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

La hora del populismo

enero 19, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala 

El populismo es inevitable. La única pregunta es: ¿qué forma de populismo?”. Eso escribía en 2012 el economista de la Universidad de Chicago Luigi Zingales. Y, con el ojo afinado por su experiencia como italiano, ya anticipaba quién se convertiría en el Berlusconi estadounidense: Donald Trump.

Invitado por CNN Chile y Chilevisión, Zingales estaba en Santiago este jueves, cuando la encuesta CEP le puso números a lo obvio: también en Chile llegó la hora del populismo.

Los números son demoledores. La adhesión al Presidente Piñera es un mínimo en la historia de las encuestas, no sólo de Chile, sino de Sudamérica. Ni De la Rúa cuando escapó en helicóptero de la Casa Rosada, ni Abdalá Bucaram cuando fue destituido por incapacidad mental, habían llegado tan bajo. El Congreso (3%) y los partidos (2%) están en el margen de error. Todos los políticos caen, y no se salva ninguna institución de poder: ni las iglesias, ni la televisión, ni las empresas privadas.

El 72% no se identifica con la izquierda, el centro ni la derecha. La única división relevante hoy es entre un pueblo que se define a sí mismo como virtuoso y una élite a la que considera corrupta: populismo en estado puro.

Es una revuelta de los ciudadanos contra la clase dirigente completa. Hoy en Chile, el populismo es inevitable. La única pregunta es: ¿qué forma de populismo?

La respuesta en parte depende de esa élite hasta ahora ciega, sorda y muda. Para Zingales, Chile no se ve como un “country” (país), sino como un “country club”. El club de los nueve colegios que acaparan los puestos de poder, la concentración de los mercados y el “capitalismo de amigotes”, como lo llama en oposición al capitalismo competitivo, abierto y “popular” que defiende.

En una de sus actividades con políticos y empresarios, se le rebatió que en Chile el capitalismo sí funciona para todos. “¿Cuántos grandes empresarios están presos por delitos de cuello y corbata?”, retrucó. La respuesta es obvia: si eres miembro del “country club”, no vas a la cárcel.

“El problema no es el populismo, es el elitismo”, dice Zingales. “Si no hubiera una élite que discrimina al resto, entonces no habría un pueblo que se sienta opuesto a esa élite”.

Pero la misma CEP plantea soluciones. El “Apruebo” a la nueva Constitución llega al 67%. Crece de 52% a 64% la cantidad de chilenos que prefiere siempre la democracia, y aumenta de 58% a 78% la proporción que pide a los líderes políticos priorizar los acuerdos por sobre sus propias posiciones.

Los que sueñan con salidas autoritarias reciben un mazazo, y los políticos más castigados son los que apuestan por la confrontación: Teillier, Cubillos, Piñera y Van Rysselberghe cierran el ranking. El único que tiene cifras azules (37% de apoyo y 32% de rechazo) es Joaquín Lavín, quien esta semana golpeó la mesa proponiendo “un nuevo modelo”, que nos acerque “más a Suecia u Holanda que a los Estados Unidos”, “romper el club cerrado que clasifica a las personas por el colegio en que estudiaron”, y “pasar de la exportación de materias primas a una economía más compleja”.

Palabras opuestas a las de Piñera, para quien un cambio de modelo es sinónimo de Venezuela. “Eso es completamente equivocado”, retruca Zingales. “Es al no cambiar nada, que Venezuela se transforma en la única alternativa”.

La mesa está servida para que un outsider se sirva el plato principal. El menú es conocido. Puede ser un comediante más o menos inofensivo, como Zelensky en Ucrania, Morales en Guatemala y Trump en Estados Unidos; un fascista como Bolsonaro en Brasil y Orban en Hungría; un tecnócrata aspirante a dictador como Fujimori en Perú; o un militar golpista como Chávez en Venezuela. “Chile tiene que elegir si quiere permanecer como una democracia, y para eso tiene que cambiar. Si no, un Chávez puede parece el salvador”, advierte Zingales.

Pero la clase dirigente no reacciona. El gobierno propone que la convención constituyente se elija con listas cerradas en que no se vote por personas, sino por partidos políticos. Nótese el absurdo: el Presidente del 6% quiere que la única alternativa sea votar por los partidos del 2%. La franja electoral excluye al 98% de los chilenos que rechazan a esos partidos. Y siguen en el aire fórmulas para que los independientes puedan ser candidatos.

Hay urgencias políticas y sociales. Pensiones, salud, educación y sueldos son los temas más importantes para los chilenos. Zingales advierte que la redistribución vía impuestos tiene un límite: “es un juego de suma cero. En cambio, la verdadera competencia dentro del capitalismo genera crecimiento, reduce precios y redistribuye”.

¿Cómo? Con medidas audaces para romper la concentración económica que permite extraer rentas cobrando altos precios a los consumidores: separar el sector industrial del financiero, gravar con impuestos cada capa de las cascadas para romper los conglomerados, dividir a empresas dominantes cuando no hay suficientes actores en el mercado, transparentar los dueños finales de las empresas. “Competencia, competencia, competencia”, resume Zingales. ¿De eso no se trataba el capitalismo, a fin de cuentas?

¿Qué forma de populismo, entonces? La historia de Estados Unidos tiene el ejemplo virtuoso del movimiento populista de Theodore Roosevelt, un político de la élite que rompió los monopolios, liberó la energía del capitalismo y fortaleció la democracia.

Es eso, o un outsider impredecible. Ya se acabó el tiempo. Como advierte Zingales: “lo que no se dobla, se rompe”.

 

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Daniel Matamala, Periodista

El abismo de la encuesta CEP: Hay que tener un plan

enero 17, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Editorial

Puede ser que estos días las conversaciones sobre la política, los políticos, el país, los ciudadanos y todas esas cosas logran que muchos tengan una mejor sensibilidad de lo que está ocurriendo, de los deseos de las personas comunes y corrientes, de las necesidades de la mayoría, que son las de nuestras propias familias.

Asi es que la encuesta CEP, no es tanta novedad.

Pero los líderes, los políticos profesionales, los dirigentes de los Partidos, esos que no salen mucho a la calle por temor y que solo «interpretan» a la gente, están tan desenchufados, muy desconectados, solo se miran así mismos. Con algunos instintos de sobrevivencia bien ubicados y aportando un poco de racionalidad.

Tener UN PLAN, una PROPUESTA, es lo mínimo que se les pide a los dirigentes, que ese PLAN o PROPUESTA haya sido elaborado con su inteligencia y experiencia, pero conversando con las personas, sintiendo la democracia en la sangre, la participación y la educación cívica y política.

UN PLAN, que aporte al objetivo, que sea con los pies y las manos puestos en la tierra, desde las personas y desde la diversidad de nuestra historia.

UN PLAN que tenga una estrategia coherente con los valores y principios comunitarios, donde la generosidad, el respeto y la participación sean los pilares.

A esto se suma la acción política contingente, LA CAMPAÑA DEL PLEBISCITO.

Algunas ideas para ese plan, se podría haber constituido Comandos de Campaña Unitarios, liderados por Independientes y Paritarios, solo nosotros podríamos conformarlos, no hay espacio para el individualismo político que reina en el Parlamento y el Partido.

La campaña debe tener en el centro la educación política, basada en miles de cabildos, asambleas o reuniones de conversación, orientadora y que de contenido. Principalmente el lo que significa una CONVENCIÓN CONSTITUYENTE v/s CONVENCIÓN MIXTA.

Cuales son las tres razones por las que la Mamá debería votar por la Constituyente?, cuales las cuatro razones por las que el Almacenero debiera votar por la Constituyente?, cuales las cinco por las que deben votar los de la cancha por la constituyente?, todos tenemos buenas razones para votar por la Constituyente. Hay mil razones para elegir la Constituyente y no la Mixta. Una campaña que aporte ideas a los diferentes grupos en los que convivimos a diario. Ideas para mi grupo de ex-compañeros, ideas para el whatsapp de la familia, razones para el grupo de amigos de la oficina, y muchos etcéteras.

Luego de la CEP, podemos decir que no importan los liderazgos, tal vez en esta oportunidad las personas valorarán más el contenido que se le entregue y luego al «cartero», eso invierte cualquier liderazgo narciso e individualista.

La votación sobre el cambio constitucional recibirá ataques, que la violencia, que la protesta y tendrá grupos que actuarán en favor de la derecha extrema, les facilitará el trabajo a todos los que no están por el cambio, que la cesantía, que la falta de crecimiento, que el miedo. Esto obliga a aumentar la participación, la conversación, recorrer los colegios, las canchas, las reuniones, la plaza, las reuniones de apoderados, los grupos de amigos, las familias, ahí nuestra mejor herramienta, el diálogo educativo, bajar el temor que sembrarán y la agresividad que ya vemos. Entonces, nuestra campaña debe tener presente el medio en que nos movemos. Comandos paritarios, dirigidos o con vocerías locales de independientes, una campaña que genere espacios de diálogo, que aporte con contenidos, aliente la participación informada.

Un PLAN, una Estrategia, con las manos y pies en la tierra y en la comunidad.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: #EnLaFontana, Editorial, Opinión del medio

El Presidente ciego y sordo: Respondiendo a Piñera y su reforma previsional

enero 16, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Hormazábal 

Abogado experto en temas de previsión social, y camarada DC. 

 

Sebastián Piñera no escucha al país ni ve la realidad de los pensionados. Este miércoles, en una cadena de radio y televisión dio a conocer la reforma previsional que él y su Gobierno, creen que es «la ideal» para los chilenos y chilenas.

Más del 80% rechaza el fracasado sistema de las AFP y las Compañías de Seguros y el insiste, inútilmente, en palabras vacías para engañar al pais:

1. Habla de aporte patronal del 6% pero dice de manera gradual, sin explicar el plazo. El proyecto actual en el Congreso establece una gradualidad de 8 años. Falsa solución.

2. La mitad de ese aporte será para las AFP, 180 millones de dólares mensuales. Más plata para sus dueños peores pensiones para los trabajadores.

Otros 180 millones serian para un nuevo órgano ,que se crearía por ley,lo que implica más de un año de debate, por lo menos.

3. Ofrece incrementos de 2 o 2,5 UF para quienes tengan cotizaciones por un número de años que la gran mayoría no tiene hoy y que será más difícil de alcanzar en el futuro.

4. No modifica las abusivas expectativas de vida que llegan a 110 años y que no reflejan la realidad, la gran mayoría no vive más de 85 años.

5.Hablar de nuevas empresas, como cooperativas, para ingresar al sistema, es demagogia pura. El sistema de AFP es el malo y por la otra , no puede cualquier empresa competir con gigantes de seguros internacionales;

HAY SOLUCIONES APROPIADAS REALES

Llegar a pensiones promedio superiores a 400 mil mensuales es posible con ese 6%, ya que con 1% se financia un seguro de longevidad a partir de los 85 años.

También alcanza ese 6% para crear Pensión Universal Básica para todos, actuales pensionados y futuros de un monto de $ 150.000 base.

Esa suma se agregaría los fondos que la persona afiliada reúna.

Piñera tampoco reconoce el derecho de los afiliados a decidir si se quedan en una AFP o cotizan en el IPS.

Piñera nada hace para eliminar la expropiación de un millón de dólares diarios que hacen las AFP de nuestros fondos.

En síntesis, los saqueadores de cuello y corbata son premiados por el gobierno.

Espero que la mayoría del Congreso, especialmente los que dicen ser oposición, rechacen estas pésimas opciones y apoyen la movilización pacífica en contra del sistema abusivo y fracasado.

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, Reforma a las pensiones, Ricardo Hormazábal

Herramientas de fiscalización parlamentaria

enero 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Iván Flores 

Diputado DC

Presidente de la Cámara de Diputados 

En los últimos días se ha criticado el uso de herramientas que dispone la Constitución para que la Cámara de Diputados pueda ejercer su rol fiscalizador. Algunos han señalado que es abuso, otros han dicho que se pierde tiempo legislativo en un momento en que Chile necesita cumplir con su tarea de manera eficiente, otros más avezados han dicho que con el uso de estas herramientas se le niega «la sal y el agua» al Gobierno y tal vez otros pensarán que no sirve para nada. Lo concreto es que la Constitución política de la República le permite a la Cámara ser la única institución que puede fiscalizar los actos de Gobierno realizados por sus funcionarios.

Primera instancia son los oficios de fiscalización utilizados con mayor frecuencia por parlamentarios. La interpelación, que no es otra cosa que convocar a una autoridad para que conteste preguntas relacionadas con su cartera que anticipadamente le hacen llegar los parlamentarios interpeladores. Es así como la autoridad citada tiene la obligación de contestar estas materias y otras que quisiera informar, y este escenario lo considero de alta utilidad, ya que permite informar a la comunidad y a los parlamentarios.

Nuestra Cámara de Diputados tiene una de las más altas proporciones en Latinoamérica de parlamentarios profesionales expertos en las 25 distintas áreas de comisiones técnicas especializadas. Por tanto, no hay que tener miedo a las interpelaciones, es una práctica frecuente para que los Ministros informen a la Cámara y a Chile asuntos de su cartera.

Existe también – más esporádico- como herramienta ultima de fiscalización y censura, la Acusación Constitucional y esto ocurre cuando una alta autoridad comete faltas a las obligaciones que la propia Constitución exige. Así un grupo de parlamentarios puede concurrir a la realización de una Acusación Constitucional.

En este escenario, si bien no es un acontecimiento frecuente, las cuatro interpelaciones que van a ser desarrolladas en los próximos días no deberían ser vistas como una pérdida de tiempo del trabajo legislativo, sino que como oportunidad para que los ministros informen de lo que se está haciendo como respuesta a la demanda social.

Por otro lado, hemos tomado la precaución que estas sesiones especiales sean realizadas en un horario distinto al que ocupa el debate legislativo…Así, no hay que tener miedo a la fiscalización ni a las herramientas que la propia Constitución establece, decir lo contrario es manifestar una molestia por temores infundados.

Publicado en: Columnas, Politica Etiquetado como: columna, Columnista, diputado, Iván Flores, legislador, Presidente de la Cámara

La década dorada

enero 5, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile 

Es difícil recordarlo hoy, escribiendo en enero de 2030. Pero la que terminaría siendo la década dorada de Chile comenzó en una enorme incertidumbre. En ese verano caliente de 2020, todo parecía a punto de desmoronarse.

La extrema derecha intentaba descarrilar el proceso constituyente apelando a los instintos primarios: el miedo y la rabia. La extrema izquierda coqueteaba con la violencia: revolucionarios de cuneta juraban que estaban a punto de asaltar el Palacio de Invierno. Las fuerzas democráticas se paralizaban, acobardadas por la presión de las funas callejeras y las redes sociales. Líderes de opinión y columnistas de los diarios hacían una lectura histérica de manifestaciones culturales que no comprendían. Olvidaban el consejo del héroe de su generación, Bob Dylan: “Don’t criticize what you can’t understand”.

Pero nunca está más oscuro que justo antes del amanecer. Y el sol salió con una movilización masiva. A la marcha más grande de la historia, de octubre de 2019, siguió la votación más grande de la historia, en el plebiscito de abril de 2020.

Envalentonados por el éxito, los políticos democráticos se sacudieron de sus traumas, aislaron a los extremos y, obligados por el quórum de dos tercios, dialogaron y buscaron consensos. El resultado no fue una Constitución de derecha ni de izquierda, sino una carta con consensos mínimos que dejó la puerta abierta para el debate político.

El proceso fue más importante que el resultado: se organizaron cabildos por todo Chile sobre la discusión constituyente. El ejercicio de levantar la vista del teléfono para reconectarse con los vecinos tuvo un efecto notable; se fortalecieron las organizaciones de base, que cooperaron entre ellas para formar coordinadoras con influencia nacional.

Eso fue fundamental en la primera crisis de la nueva República. Cuando se descubrió que políticos y empresarios habían conspirado para asegurar leyes a la carta, la máquina de impunidad comenzó a trabajar tal como lo había hecho en el escándalo de las platas políticas de 2015.

Pero esta vez, dos millones de chilenos salieron a la calle exigiendo justicia… Tanto sobornadores como sobornados terminaron en la cárcel: parlamentarios, gerentes generales, un ministro y hasta el líder de un importante grupo económico. El aviso fue claro: el balance de poder entre la clase dirigente y la ciudadanía había cambiado para siempre.

La oligarquía ya no podría obstaculizar el cambio. Las rentas de los recursos naturales, capturadas por ella desde la conquista de Chile, ahora serían un motor de desarrollo. El royalty minero y la licitación de las pesquerías (se anuló la corrupta ley de pesca), financiaron centros de innovación instalados en las capitales regionales, que unieron el trabajo de empresas, universidades y el Estado. Los retornados de Becas Chile al fin pudieron desarrollar su potencial. Si hasta 2019 Crystal Lagoons o Cornershop eran excepciones, en nuestros locos años 20 se multiplicaron los emprendimientos exitosos a escala internacional.

La reforma de las AFP también ayudó: los fondos de las pensiones se redestinaron a inversión pública a largo plazo, financiando, con buenas rentabilidades, ferrocarriles, embalses y puertos.

Todo esto ocurrió justo a tiempo. Como sabemos, el gran frenazo de la economía china en 2029 derrumbó el precio del cobre. 100 años antes, el colapso del salitre hizo que Chile fuera el país más golpeado por la crisis de 1929. Pero ahora ya no teníamos todos los huevos en la misma canasta.

Tras recuperar el litio de la captura de SQM, nos convertimos en productores de baterías para autos eléctricos. Nuestro predominio mundial en energía limpia nos llevó a liderar en celdas de hidrógeno verde, indispensables para los vehículos a hidrógeno japoneses. Aprovechamos la radiación solar para vender esa energía a Argentina, Perú y Brasil, y el know how sobre generación eléctrica, a todo el mundo. Cuando la carbono neutralidad se volvió norma, las principales multinacionales movieron sus operaciones a Chile para aprovechar la energía limpia.

De ser la capital de la astronomía mundial, pasamos a la astroinformática. En conjunto con gigantes como Google y Amazon convertimos Antofagasta y La Serena en los Silicon Valley del Big Data: un concepto que al principio de la década era un chiste, por un chapucero informe del gobierno de la época, terminó convertido en un negocio de miles de millones de dólares que nos tiene en la frontera del conocimiento.

¿Cuál fue la clave? El rebalance de poder que soltó los frenos de un modelo oligárquico, rentista y extractivista. La élite pasó a ser parte de la solución, cuando entendió que, por su propia sobrevivencia, debía abrir puertas y ventanas, y reparar la fractura con el resto de la sociedad. Hoy tenemos paridad de género en los directorios de las grandes empresas, políticas de meritocracia en las carreras gerenciales y una relación horizontal con las comunidades.

¡Y pensar que hace solo 10 años se repetía, como una verdad revelada, que el único fin de la empresa era “maximizar las utilidades”!

En 2020, todo esto habría sonado muy cándido. Y sin duda, lo habría sido. Eran demasiadas las trampas y las amenazas. En ningún caso era un destino probable. Pero tampoco imposible.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Daniel Matamala

2020, el paraíso soñado

diciembre 29, 2019 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile 

Se acabó el tiempo del paraíso soñado”, cantó alguna vez Aparato Raro. Una frase que calza perfecto con el año que comienza. Porque 2020 alguna vez fue ese paraíso soñado.

En 2020, Chile sería un país desarrollado, nos dijo el entonces ministro de Hacienda Andrés Velasco en 2007. En 2020, los chilenos se pensionarían con el 100% de su sueldo, nos explicó la Asociación de AFP en 2000.

Examinemos esas promesas, a solo horas de que se puedan declarar oficialmente fallidas.

El pronóstico de Velasco fue uno más de una larga serie. Ya en 1984, la dictadura proclamaba que estábamos a las puertas del desarrollo. Luego, ministros y presidentes movieron el paraíso soñado para 2000, 2010, 2015, 2018, 2020, 2025 y por última vez -lo dijo el Presidente Piñera el año pasado- para 2030.

“Si seguimos creciendo a esta velocidad, el año 2020 alcanzaremos los ingresos de un país, por ejemplo, como Portugal. Entonces podremos decir que somos desarrollados”, decía Velasco.

La Asociación de AFP basaba su cálculo en que los fondos tendrían una rentabilidad de entre 6 y 7%, “que es la pronosticada por expertos del sistema para Chile”, decían.

Las trampas son parecidas. Primero, suponer que el futuro se mueve en línea recta, y que tanto el crecimiento gracias al modelo extractivista como las altas rentabilidades de los 80 y 90 podían proyectarse hasta el infinito sin reformas profundas.

Y segundo, reducir la compleja realidad a un solo número, sin entender que un sistema previsional moderno depende de una serie de factores más allá de la rentabilidad (tasas de cotización, esperanza de vida, ahorro colectivo, solidaridad).

Menos, que el desarrollo no es solo un asunto de “ingresos”, sino también de otras variables, como la igualdad, la cohesión social o la complejidad de la economía.

Sí, el PIB per cápita de Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait es mayor que el de Suecia, Suiza, Canadá o Alemania, pero sería absurdo sostener que son por ello sociedades más desarrolladas. Tener un país desigual que vende materias primas no es sinónimo de desarrollo.

Nuestro 2020 tiene su espejo histórico, hace justo un siglo. Estas trampas no son nuevas; estas cegueras sobre el futuro son apenas el eco de otras.

La república parlamentaria nació en 1891, tras el trauma de la Guerra Civil. Nuestra república contemporánea nació en 1990, tras el trauma de la dictadura. Ambas crecieron al abrigo de una economía monoexportadora (salitre antes; cobre ahora) que deja enormes rentas en manos de unos pocos. Cómodas en ese arreglo, ambas oligarquías se resistieron a evolucionar junto a las sociedades que gobernaban, permaneciendo como circuitos de poder cerrados, con relaciones espurias entre el poder político y económico.

“El presente no es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen la intranquilidad. En una palabra: ¿Progresamos?”, se preguntaba hace 100 años Enrique Mac Iver, una de las voces lúcidas que interpelaban a una dirigencia autocomplaciente.

La irrupción de la clase obrera, presa de la miseria y la insalubridad, pero cada vez más organizada en ciudades y salitreras, fue enfrentada con indiferencia por la oligarquía. “De problemas sociales no se hablaba”, advertía el historiador Guillermo Subercaseux.

La respuesta a la agitación social fue la represión, como en la huelga de la carne y la matanza de la Escuela Santa María. La tensión subió hasta 1920, con la elección del populista Arturo Alessandri, quien proponía impuestos directos y reformas sociales. Pero la institucionalidad fue incapaz de canalizar el cambio, desatando una larga crisis: la caída de la república parlamentaria, golpes y revueltas militares, la Constitución de 1925, la dictadura de Ibáñez, experimentos exóticos como los 12 días de “República Socialista”, el regreso de Alessandri y la Masacre del Seguro Obrero.

Un siglo después, nuestra “cuestión social” es distinta: ahora se trata de la irrupción de una clase media con acceso al consumo y a la educación superior, organizada espontáneamente en torno a redes virtuales. Pero el quid del asunto se repite: una clase dirigente demasiado cerrada en su composición, demasiado estrecha en su mirada del país, demasiado cómoda en la repartición de rentas que dependen de la extracción y no de la innovación.

Y por eso su respuesta ante el desafío social que se incubó por años fue, de nuevo, una mezcla de impericia, frivolidad y represión.

“Los poderosos siempre buscan el control total del gobierno, menoscabando el progreso social en favor de su codicia”, advierte el execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional Simon Johnson. “Contrólelos mediante una democracia efectiva o verá cómo fracasa su país”, concluye.

Ahora que llegamos a 2020 y constatamos que ese paraíso soñado ya no existe, es el momento: o construimos esa democracia efectiva o vemos cómo la advertencia de Johnson se convierte en realidad.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Crisis social, Daniel Matamala, Manifestaciones sociales, Movilizaciones

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