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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

Simbolizar el aislamiento social

abril 8, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gregorio Valenzuela Gambi

Psicólogo Clínico
www.saludmanquehue.cl

Navegamos en aguas turbulentas… no sabemos cuándo pasara la tormenta. Algunos piensan en abril, otros mayo, septiembre, dos años… van fijando plazos para ir evaluando paulatinamente las variables que – aparentemente- podemos controlar en ésta pandemia sanitaria multisectorial, con impacto estructural global y particular; económico, habitacional, laboral, educacional, sanitario, tecnológico, ambiental, entre muchas otras dimensiones.

Pienso que visualizar el escenario en su amplitud facilita manejar y elaborar la carga emocional que llevamos. Al levantar la mirada y visualizar el horizonte vemos solidaridad, comunidad, organización, prevención, sincronización. Aspectos positivos de esta situación en lo social “sin tocarnos”.

En lo individual, vemos: templanza, calma, paciencia, disciplina, organización, creatividad, sabiduría. También podemos observar: ansiedad, temor, obsesión, angustia, hipocondrías, egocentrismo, falta de empatía, soledad, desorientación, insomnio, desborde, impulsividad, falta de contención, ausencia de redes de apoyo. Como nos hacemos cargo? En quien apoyamos nuestro mundo interno? Es momento de replantarse nuestros pilares, más allá de nuestra fundación centrada en bienes materiales.

Es momento de volver a lo espiritual, a la disciplina, a la autobservación de nuestra mente, como se encadenan nuestros pensamientos? Que nos guía en éste camino? Las relaciones, los vínculos, los lazos emociónenles son capaces de sobrepasar este aislamiento concreto, el mundo abstracto de las interacciones afianza la continuidad del sistema.
La red emocional a la cual pertenecemos nos sostiene en éste aislamiento.

La expresión afectiva, se vuelve fundamental la capacidad de poner en palabras las emociones, permite simbolizar y tramitar las vivencias. Por contrario, la ausencia de herramientas discursivas que permitan elaborar la “tensión” desequilibra el sistema, sobrecarga los aspectos emocionales y facilita la ocurrencia de conductas desadaptativas.

Dentro de estos, están efectos de postergar la expresión de temores, ansiedad y angustias. No poder comentarle al otro para no sobrecargarlo, la inhabilidad de expresar en palabras las emociones. Alexitima (incapacidad de expresar lo que estoy sintiendo y pensando) como dicen los expertos, “no quiero molestar” es una de las frases que viene de la mano, no puedo pedir apoyo, porque no tuve las redes de apoyo a quienes expresarle mi necesidad, no me supieron apoyar, no quisieron, no pudieron…

Expresa tus pensamientos, compártelos con tus seres queridos… todos estamos viviendo cosas parecidas, todos estamos pasando por la misma situación. Cómo nos sostenemos? Quienes nos sostienen? La fuerza de los lazos invisibles, se hacen evidentes. Los vínculos emocionales se tornan centrales en la capacidad de mantener el equilibrio.//ELF

Publicado en: Columnas Etiquetado como: aislamiento social, columna, Columnista, Coronavirus, COVID19, Gregorio Valenzuela Gambi, psicólogo

Semana Santa de rodillas frente al espejo: Un reencuentro con la fe

abril 7, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Lindemann S.

Profesor de Estado
Militante DC

La Semana Santa es, para nosotros los golpeados y avergonzados católicos y para todos los amigos y amigas fraternales, un espacio de tiempo de reposo e introspección y la acción. Primero, el de continuar siendo agentes de cambios y testimonio de humanidad viva, no solo con los que comparto este poco prestigiado dogma de fe, sino para todas las personas de buena voluntad que son y viven con nuestro prójimo o nuestros » legítimos otros».

En este tiempo de pandemia o pestes democráticas, es tiempo que debe servir más que nunca, para hacer revisión del vivir y el actuar, siendo partícipes y promotores de grandes liberaciones del pueblo y de perversiones sociales, que según la historia son momentos de nacimiento de una gran fuerza revolucionaria, para toda la sociedad, las culturas, los dogmas petreos y nuestras conductas, como lo fueron en su época la Peste Bubónica y la Gripe Española; en que se generaron grandes y profundos cambios, radicales movimientis sociales y que permitió a la humanidad y las estructuras societarias de la época reconocer la de una vez la dignidad humana, la urgente cuestión social, la evangélica caridad, el desarrollo de vivencia más justas y consideradas frente al dolor, la condición y miserias humana y la ignorancia.

Esas plagas hicieron que la dominante y omnipotente iglesia católica pierdiera su imágen monárquica, mágica, culpadora y poderosa. El pueblo cristiano se reveló frente a la ausencia de ese Dios castigador, culpable de los signos de muerte y dolor. Los aterrorizó los jinetes del mal, el miedo a lo desconocido y al horror del fin.

Se derrumbó toda la estructura social, sus verdades absolutas, «la tierra prometida» y sus paradigmas absolutistas.

Pasaron los años y nuevamente nos sorprende la fragilidad, la insignificancia de la realidad, el dolor, el miedo y pavor de una pandemia que nos paraliza, y una sociedad que se desafía a sí misma y se muestra impávida, en que se desnuda la injusticia, la discriminación, los poderes fácticos absolutos y que termina por dejar a la iglesia católica en una vergonzosa evidencia de lo lejana que ha estado de su doctrina y por ende del ser humano.

En las antiguas pandemias la rebelión social puso todos los sistemas de gobierno y absolutismos en jaque, en desvaríos, y en una evidente desconfianza en los autodefinidos poderes protectores contra el bien y el mal, una rebeldía que sublima y desahoga en la quema de palacios, castillos y templos religiosos. Su conciencia oculta explotaba buscando el origen de las maldiciones apocalípticas. Huyen como ratas estás curas y monjes; se deconstruye el poder de lo absoluto, la colusión, el desprecio al pacto iglesia-Estado, poder y miedo fundido en un solo verbo.

El remesón de la iglesia católica fue enorme y fuerte, los Papas de los años siguientes se obligan a un proceso de inflexión culposa, de recuperar las verdades y profundidades del evangelio, leer con el alma las profesias reveladas; hasta hoy tratan de descubren lo que siempre fue La Verdad, leyeron las entrelineas de los evangelios, ven el mensaje de la doctrina que ocultaron, del compromiso social, laboral, de los derechos humanos, de la encarnación de la fe en la propuesta de Dios para la justicia, derechos, bienaventuranzas, la amigabilidad con lo natural, de los humanos como obra divina de las artes y toda la cultura, y el conocimiento humano al servicio de todos y no de algunos.

Se inicia un reencuentro con la auténtica fe, la del amor.

En chile recién en los años cincuenta nace un movimiento que recoge los grandes propósitos de está iglesia con propuestas renovadoras, junto a los cambios nace la doctrina demócrata cristiana, con una fuerza social de grandes esperanzas, proyectos liberadores y muchos sueños, en la que le me uní con convicciones que aún mantengo; pero como condición humana también, me sostengo en dudas de pertenencia. Abandonamos principios fundamentales en el camino y caimos en el » lugar común» de los tiempos, en los acomodados pensamientos post modernos, del individualismo, de una cautivadora confianza en un capitalismo desbordado y deshumanizante. Tranzamos la fe por un estado de bienestar impersonal y anónimo, nos olvidamos de la verdadera caridad, la del sermón de la montaña, el anuncio de la buena nueva en comunidad y optamos por el egoísmo del propio confort y la ceguera.

Espero que con esta nueva y no última prueba de la fragilidad del todo, con mucha humildad podamos rehacernos y recuperar nuestra doctrina e influencia clerical que aún nos traiciona.
La DC no cae en su propuesta social solo por si misma, sino que matrimoniada con la iglesia formada por humanos y sus grandes y eternas debilidades.

Nuevamente está humanidad pseudocristiana sucumbió a la atracción mágica del poder, la soberbia, el egoísmo, el legitimado y enmascarado abuso esclavizante de las personas y su vida familiar y su trabajo; en los privilegios y placeres materiales, en las complicidades con la maldad y con la injusticia.

Para los que hemos recibido el mensaje del evangelio y el estar realizando un esfuerzo por comprenderlo, escuchamos y sabemos que es “Él”, Jesús, quien nos llama siempre como obreros, nos convoca a la denuncia, la renuncia y a la acción. Nos lo dice de forma majadera permanentemente. Nos llama al compromiso de ser cristiano como militante de una verdad revolucionaria como la de muchos que nos ha dado la historia del hombre, que siendo agnósticos y ateos o de otras opciones y religiosas repiten y gritan el mismo llamado.

Sabemos que la debilidad es parte nuestra condición humana, que el uso de la fe para manipular y usar al mundo para el beneficio propio y de su elite ha nublado el humanismo.
En esta Semana Santa viviremos nuevamente la pasión, junto con hermanos y hermanas no creyentes, con la más grande fraternidad que podamos construir. Esta vez más dolorosa que otros años; recordaremos los atropellos a la dignidad humana, el calvario de la pobreza, de los presos, los cesantes, los migrantes, los enfermos, etc… Nuevamente veremos a los autonominados «cristianos», los privilegiados de los bienes y los poderes, los que se sienten escogidos a ser invitados a la mesa de Dios según F.Cabral, verán pasar, con su habitual conducta indolente a su cristo de yeso, a adorar sus muchos cristos de fantasía romántica o histórica o de dramaturgias sangrientas y penosas, lacrimosa y chocolateras. Ahora, sin viajes ni turismo, ni misas en la playa, sin banquetes marinos, sin retiros en el barrio alto salvando culpas.

Nosotros, el pueblo de Cristo, viviremos el Cristo vivo, sabemos que hay Pascua (como dicen, saldremos de esta).

No esperemos que los obispos y muchos curas se desvistan de príncipes, ni que se arrepientan de haber gastado fortunas en construir templos ahora vacíos, en vez de hogares de ancianos, ni casas para mujeres agredidas, ni policlínica en sectores populares, ni equipos salvavidas, pues ahí está el Cristo que resusitará, entre el dolor y la esperanza. No hay que esperar que los médicos «católicos» de clínicas privadas colaboren en hospitales públicos, ni que un farmacéutico » católico» no abuse con los precios. No, no será, pero nuevamente renace la ESPERANZA, con todos, nadie queda fuera, para todos y todas.

Que el miedo y la incertidumbre de ahora, el derrumbe de lo seguro, y el desnudo del sistema nos haga rescatar lo bueno. Con es cardad que nace los rincones más profundos de la voluntad humana, no esa que te sacan artificialmente con las mismas herramientas que te la apagaron, la esa » caridad de mercado», rebelate con lo hermoso y bueno que llevamos cada uno de nosotros y nosotras dentro.

¡Felices Pascuas!

Publicado en: Columnas, Notas, Politica Etiquetado como: artículo, columna, Columnista, Jorge Lindemann, Opinión, profesor

Una ley insuficiente frente a un horizonte oscuro

abril 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

Académico Usach y miembro Fundación Chile 21

La ley aprobada el 31 de marzo se denomina de “protección del empleo”, pero hace muy poco para protegerlo y mantenerlo. Los empleadores que suspendan el empleo a sus trabajadores los derivarán a una remuneración de 70% en el primer mes, 55% en el segundo, 45% en el tercero y montos decrecientes hasta completar siete meses (con apoyo del fondo solidario de cesantía si los fondos acumulados no alcanzan) o extinción del saldo acumulado, utilizando la mecánica y los recursos del fondo del seguro de cesantía creado en 2002 en caso de pérdida o cambio de empleo.

Se consumirá primero el fondo individual acumulado antes que activar de inmediato el fondo solidario de cesantía con financiamiento fiscal. Solo se exceptuarán de esta escala de disminución de ingreso los que reciben menos de 500 mil pesos, que podrán mantener el 70% del salario por tres meses. Se autorizó también reducir la jornada laboral hasta por diez meses, con compensación parcial del salario pleno por el seguro de cesantía.

Es lo que la oposición ha obtenido del Gobierno en el Parlamento, donde sin embargo tiene mayoría. En suma, no hay oposición en Chile. Este tipo de relación gobierno-oposición en un régimen presidencial cuando el jefe de Estado no tiene mayoría en una o varias cámaras contrasta con lo que la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes en Estados Unidos obtuvo del gobierno ultraderechista de Trump, con un plan de apoyo a la salud y a la economía que alcanza el 10% del PIB. Descontando los descalces de pagos, el plan de Piñera-Briones no es muy superior al 1% del PIB. Muchísimo menos que el plan de 2009 frente a la gran recesión, año en el que se pasó de un superávit fiscal de 4% a un déficit de -4% del PIB.

El despido por “necesidades de la empresa” no sufrió cambio alguno. Recuérdese que en muchos países con economías competitivas se requiere al menos de planes de reinserción a cargo de la empresa y con apoyo público cuando se trata de despidos colectivos. Ya desde marzo muchas empresas en Chile han despedido personas ante el desplome o caída parcial de sus ventas. Al producirse muchos despidos que debieran al menos retrasarse, salvo casos muy justificados, y no mantenerse al menos por un trimestre la remuneración de los trabajadores despedidos, con jornada parcial o con suspensión de actividades –la que debiera ser subsidiada total o parcialmente por el Gobierno usando su capacidad de endeudamiento– caerá gravemente la demanda de consumo de los hogares. Por tanto, aumentará aún más el desempleo, en una espiral recesiva que el Gobierno no logrará detener mientras permanezca prisionero de su ideología. Aunque el país se caiga a pedazos.

La rápida y adecuada disminución de la tasa de interés de política monetaria decidida por el Banco Central no ha impedido que los bancos estén restringiendo el crédito a las empresas cuyos riesgos de impagos han aumentado, es decir, muchas. Esta ausencia de regulación del funcionamiento del sistema bancario en situaciones de crisis –no basta con suspender por un año la aplicación de las nuevas “normas de Basilea” de manejo de riesgos– empujará a muchas empresas a la quiebra.

La banca debiera ser obligada a aumentar su crédito a las empresas que lo requieran, de modo de impedir su cese definitivo de actividades, con un subsidio fiscal temporal al pago de salarios y de los costos fijos de operación. Este se podrá recuperar una vez pasada la emergencia sanitaria que paraliza a la economía. No otra cosa se está haciendo en Estados Unidos y diversos países de Europa.

El Gobierno no está impulsando nada de esto. El ministro de Salud declara, como guinda de la torta, “inconstitucional”, sin considerar las facultades que le otorga el estado de emergencia, fijar los precios de los planes de Isapres. Y así sucesivamente. La pérdida de ingresos de la mayoría de las familias y el colapso del sustento para varios millones de personas que viven al día provocará su sufrimiento y una marginalizacion adicional, como si no se hubiera producido recientemente una gran rebelión social en el país.

La pandemia y la inacción gubernamental llevarán a la ampliación de la fractura social en Chile. Ojalá uno se equivoque, pero no hay ningún elemento en el escenario o en los actores de la esfera pública que indique lo contrario.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Coronavirus, Gonzalo Martner

No perdamos esta nueva oportunidad de reformas para el desarrollo con inclusión social y económica

abril 4, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Ffrench-Davis M.
Académico del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2005.

Las necesidades de crecientes recursos son notables, y es ingenuo creer que ellos se lograran sin un PIB que crezca más rápidamente. Pero tan ingenuo es también creer que, en democracia, es posible crecer, sostenidamente y en paz, sin dos condiciones: 1. compartir a través de un sistema tributario claramente progresivo, que financia mayor gasto social, más y mejores bienes públicos, inversión en investigación y desarrollo, mayor inversión pública en general, un Estado más eficaz e innovador, oportuno, con liderazgo. […] 2. Resulta imprescindible recuperar un crecimiento económico elevado, con nuestra plena convicción de que el crecimiento logra ser sostenible solo si es efectivamente incluyente.

La sociedad y la economía chilena han experimentado tres “shocks” en tiempos recientes. Uno muy positivo es el despertar masivo de la población exigiendo, pacíficamente, avanzar hacia el desarrollo integral: incluyente para mujeres y hombres de diversas generaciones, social (entre otros, implica participación) y económico (entre otros, implica empleos de calidad), con dignidad. Emergiendo del grave aletargamiento de un país, sus autoridades y líderes, en el que ya menos de la mitad de los electores emitía su voto para elegir a sus representantes. Junto a ese shock positivo, han explotado dos shocks negativos, uno después del otro.

Uno, la violencia, delincuencia, ataques a derechos humanos de muchos ciudadanos (tanto por autoridades incompetentes o titubeantes incapaces de distinguir entre manifestantes democráticos pidiendo progreso y delincuentes o saqueadores o inconscientes abusadores de ciudadanos inocentes de las injusticias que puedan haber sufrido en sus vidas). La segunda es el Covid-19 que está en plena expansión y que también nos hará retroceder, y muy fuertemente, en capacidad de responder a las necesidades de bienestar nacional.

Ambos shocks negativos destruyen patrimonio social, bienes y servicios públicos, capacidad de generar ingresos y empleo. Cuando se logre superar ambos, habrán dejado a Chile más lejos del desarrollo y habrán conspirado contra el gran desafío de avanzar en el largo camino hacia el desarrollo integral. Esos retrocesos deben ser mayor razón para reforzar, y no para debilitar, un proceso de profundas transformaciones constitucionales, sociales y económicas que Chile debe iniciar cuanto antes. En este proceso no podemos ignorar los aciertos que hemos tenido y los costosos errores que hemos cometido.

Hoy día tenemos el ingreso por habitante más elevado de la región (en 1990 heredamos un país que estaba bajo el promedio), pero el gran progreso se conquistó principalmente en los primeros años de democracia, debilitándose luego el impulso transformador inicial, económico y social. Es un error creer que hemos tenido progreso sostenido; también es grave error creer que estamos en pleno modelo de la dictadura.

El saber y reconocer que hoy estamos, la gran mayoría de los chilenos, con un nivel de bienestar económico y derechos sociales notablemente superior al vigente al final de la dictadura va de la mano con constatar que estamos muy lejos del desarrollo económico y social. Aún persiste enorme desigualdad, con problemas graves en salud y educación, pensiones, salarios, empleo precario y otras múltiples expresiones de subdesarrollo; y también hay que derribar el mito de que estamos cerca del desarrollo económico: nuestro ingreso por habitante es inferior a menos de la mitad de los naciones más desarrolladas, nuestra desigualdad es notablemente mayor y nuestro estado es muy débil. A ello se agrega que el acelerado crecimiento económico y social de los primeros años se ha reducido notablemente.

Las necesidades de crecientes recursos son notables, y es ingenuo creer que ellos se lograran sin un PIB que crezca más rápidamente. Pero tan ingenuo es también creer que, en democracia, es posible crecer, sostenidamente y en paz, sin dos condiciones:

1. compartir a través de un sistema tributario claramente progresivo, que financia mayor gasto social, más y mejores bienes públicos, inversión en investigación y desarrollo, mayor inversión pública en general, un Estado más eficaz e innovador, oportuno, con liderazgo.

2. los casos de desarrollo sostenido corresponden a países en los que el crecimiento se mantuvo por muchos años, fue definidamente incluyente, elevando más rápido el nivel de los sectores bajos y medios. En consecuencia, entre los muchos desafíos de nuestra sociedad, resulta imprescindible recuperar un crecimiento económico elevado, con nuestra plena convicción de que el crecimiento logra ser sostenible solo si es efectivamente incluyente. Esto es, si persistentemente se elevan más rápido los ingresos y oportunidades de los sectores medios y de menores ingresos que los de altos ingresos y el sistema tributario se torna claramente progresivo. Es lo posible, y los países actualmente desarrollados lo hicieron. Es un error creer que el neoliberalismo logra crecimiento sostenido, sino aceleradas y caídas como en la dictadura.

Todo esto exige profundas reformas de las políticas públicas y del rol conductor y transformador del ESTADO. La situación crítica actual da una oportunidad. Los enemigos del desarrollo están debilitados o algunos han aprendido que esta desigualdad destruye nuestro futuro.

El desarrollo es complejo, me concentro brevemente en solo en cuatro de sus numerosas áreas relevantes. 1. Desarrollo social. 2. Desarrollo productivo. 3. Correcciones macroeconómicas; 4. Reformas tributarias.

1. Desarrollo social. Este desafío ha surgido con fuerza, con diversas propuestas. Hay urgencias como las actuales pensiones, recursos para los hospitales y reducción de listas de espera, seguridad en las comunas pobres, infraestructura de escuelas, calidad de la enseñanza, entre otros. Se requieren recursos fiscales reales para financiarlo. Y esto es solo la superficie, como ser en la grave falta de calidad en la educación. Hay desequilibrios profundos que requieren acciones persistentes por años, y financiamiento adicional por años. Reforma tributaria en serio.

2. Políticas de desarrollo productivo. Reformas microeconómicas eficientes en corregir y acortar brechas regresivas, especialmente en el sector financiero (capital de riesgo y crédito de largo plazo pro-PYMEs y emprendedores sin patrimonio, con tasas moderadas, no abusivas como hoy), capacitación laboral (tan deficiente y limitada actualmente), y tecnológico e inversión en innovación (las brechas entre el nivel tecnológico de cientos de miles de firmas y el conocimiento existente es enorme, dejando gran espacio para elevar productividad promedia y nivel de sueldos). Entre otros, hay reflexión y acción avanzadas en apoyar el desarrollo de clúster de productores intermedios, alrededor de exportaciones que ya se han hecho espacio en los mercados internacionales. Pero siempre hay que tener presente que tres cuartos del PIB se produce y queda adentro de nuestras fronteras, y aquí están casi todos los trabajadores más precarios y el 99% de las PYMES (sí, 99%).

La debilidad en la política de desarrollo científico, para la innovación y el progreso al servicio del crecimiento económico, de la integración social, y de la calidad de las políticas públicas es evidente. Hay esfuerzos dispersos, sin coordinación y con financiamiento notablemente escaso (o,4% del PIB).

La tarea de reforma o creación de mercados debe focalizarse particularmente en las PYMEs, reduciendo las brechas de productividad y concentrar en ellos el apoyo público. Así se viabiliza el crecimiento incluyente en las estructuras productivas. Si ello no se logra (como si lo lograron europeos occidentales en la postguerra, los decretos y leyes son letra muerta).

3. Políticas macroeconómicas para el desarrollo. Es un muy positivo logro el de una inflación baja. Pero, ha estado acompañada ya por muchos años de crecimiento bajo, con la economía operando frecuentemente bajo su potencial (esto es un evidente desequilibrio de la macroeconomía real); esta brecha entre PIB efectivo y potencial y la inestabilidad del tipo de cambio desalientan la inversión productiva, la calidad del empleo y, grave, en un país supuestamente con “una estrategia exportadora”, llevamos un decenio de exportaciones que crecen menos de 1% anual.

Chile necesita mejorar sus contradictorias políticas contra-cíclicas, con políticas fiscales y monetarias consistentes entre sí, que logren mantener una brecha entre PIB efectivo y potencial reducida; y avanzar a un régimen cambiario de flexibilidad regulada por el Banco Central que evite altibajos cambiarios tan negativos para las exportaciones y su generación de valor agregado (y para las PYMEs que compiten con importaciones).

4. Reforma tributaria que recaude más y progresivamente. Tardó en retirarse el proyecto del gobierno sobre reintegración tan regresivo (el 90% de la pérdida de ingreso fiscal beneficiaba a contribuyentes de los más altos ingresos). A cambio, algo se ha avanzado en la dirección de aumentar la recaudación y de manera progresiva. Ahora corresponde abrir paso a un impuesto al patrimonio y a la reforma profunda del impuesto a las herencias para que resulte efectivo. Vayamos emparejando con ello –y con el mejor cuidado de los infantes y educación de calidad- el punto de partida de las nuevas generaciones laborales y de ciudadanos. En cuanto a impuestos a la renta, cabe desintegrar más el impuesto a la renta (no tiene sentido premiar la distribución de utilidades salvo para pequeños accionistas); es imprescindible gravar las ganancias especulativas que actualmente pagan menos que las rentas productivas (cuanta contradicción, impuesta por el lobby financierista y la ideología neoliberal), corregir el “royalty” actual, avanzar en los impuestos verdes, y acentuar la acción frente a los paraísos fiscales, la elusión y evasión. Todo gradualmente para que los contribuyentes se vayan adaptando a pagar más y el estado desarrolle capacidad de control y de mejor, mucho mejor, uso de los fondos en inversión pública y en educación, salud, gasto social e integración nacional.

Chile está atrasado en carga tributaria, en progresividad y en construcción de futuro. En la próxima campaña presidencial el conjunto de propuestas, pendientes de aprobación o ejecución debieran estar presentes en el debate, apostando que el próximo gobierno, progresista si impera la unión, inicie la marcha hacia un Chile incluyente. Ahora avancemos todo lo posible, pero es ingenuo creer que se pueda lograr con la actual constitución y gobierno.

Tenemos la gran oportunidad, parcialmente antes de contar con la Nueva Constitución y el nuevo gobierno, y mucho más ya con ambos. Con la Nueva Constitución se eliminarán los duros amarres y restricciones al crecimiento incluyente que impuso la constitución de la dictadura y que, no obstante numerosos esfuerzos insuficientemente coordinados, no se logró eliminar plenamente en tres decenios de democracia. Con el nuevo gobierno podrá contarse con la voluntad de cambio estructural, persistente, coherente, participativo. Para ello, debemos unir fuerzas pro cambio, elegir bien a nuestras autoridades y representantes diseñar canales para controlar cumplimiento de los compromisos adquiridos en sus campañas.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, economista, Ricardo French-Davis

Post coronavirus: O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilizacion humana

abril 4, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por editorial The Washington Post

Traducido al español por Desmond Brown

Texto traducido del periódico estadounidense The Washington Post, que En La Fontana publicamos a modo de editorial, dado que compartimos esta visión del diario gringo en nuestro medio.

Empezaré aclarando que no soy comunista; los reaccionarios, ultraconservadores le tienen mucho terror a estos títulos; y casi siempre ante la falta de argumentos sólidos, terminan repitiendo y adjudicándonos calificativos que solo han escuchado, pero que en la mayoría de los casos, desconocen su significado.

Soy un Demócrata con ideas Republicanas.

Todo el mundo habla del libro “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, el escoses que logro articular con sus ideas, los pilares de la Economía Moderna que le dio paso al Capitalismo Moderno; sin embargo muy pocos hablan sobre el otro libro del mismo autor, “Teoría de los sentimientos morales”; que hace una crítica muy puntual a la conducta de la avaricia humana. Conociendo ya la historia desde la Secundaria, vemos que el prólogo de la misma, tuvo su origen cuando el feudalismo fue sustituido por este nuevo modelo económico.

La configuración Social, de la “Teoría de los sentimientos morales”; y “la armonía del mercado” de las riquezas de las naciones; es en sí una dicotomía que se concatena con la sociedad; esto sin olvidar la famosa “mano invisible” que mueve ese mercado.
El 20 de enero del año 2009, Barack Obama es juramentado Presidente número 44 de Estados Unidos; recuerdo muy bien su discurso.

Obama recibía un país en bancarrota, epicentro de una gran recesión mundial; he aquí un pequeño fragmento de su gran discurso: “Pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede salirse de control; y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando solo favorece a los que ya son prósperos”. Más que un discurso, fue una gran reflexión; el mercado había quedado a las sanchas de los hombres que no tienen sentimientos morales, ni empatía por la Humanidad; el mundo entero fue estremecido por el flagelo de la avaricia humana; y la economía mundial cayó de rodillas ante una dura recesión.

La obsesión del oro negro, llevo a George W. Bush invadir y a atacar medio oriente, la zona donde se encuentran las mayores reservas de petróleo; el mundo jamás olvida la causa barata por la que justificaron la invasión a Irak; aseguraban que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva; la ONU, de forma deliberada avalo la invasión. Sin embargo, en el 2010, Julian Assange, fundador de Wiki Leaks, revelo la verdad de lo sucedido; y dejo al desnudo la colosal mentira tarifada que los medios de comunicación le habían contado y hecho creer al mundo; en los archivos que se filtraron, registraba la muerte de más de 100 mil personas, de los cuales el 70% eran civiles. Jamás olvidare las palabras de Assange: “La primera víctima de la guerra es la verdad”. Ese 22 de octubre de 2010, se caía ante el mundo la muralla de la mentira tarifada.

En los últimos doscientos años, nos hemos consumido la energía fósil concentrada de nuestro planeta desde sus orígenes. La danza del capitalismo salvaje va dejando por su paso, la destrucción acelerada de los recursos naturales del planeta; la explotación inhumana del hombre; y la manipulación de la mente humana para que este de forma sistemática se convirtiera en un rehén de las sociedades de consumo, que sin darse cuenta se convierta en el arma de su propia autodestrucción.

La nueva pandemia ha quitado el velo ilusionista, y el maquillaje hipócrita de la Civilización; la Italia de Rómulo y Remo, de los Cesares, de Marco Polo, de Leonardo Da Vinci, de Galileo Galilei, de Luciano Pavarotti, de Benito Mussolini, de Silvio Berlusconi, de Andrea Bocceli, de Roberto Baggio, de Paolo Maldini, de Gennaro Gattuso; la Italia que pago el fichaje más caro de su historia por el portugués Cristiano Ronaldo, 122 millones de euros; si esa misma Italia que tuvo que desconectar la respiración artificial de sus ancianos, para luego verlos morir; y que no pudo responder de la misma forma como cuando organizaron el mundial de Italia 90; porque su sistema de salud expiro en los brazos del capital privado, haciendo de salud una mercancía; lo mismo está sucediendo con España, un país que presume de una monarquía; que se ha convertido en un adorno costoso para un país que no tiene camas para atender a sus pacientes.

La pandemia ya llego a la gran nación del Norte; pero en los 100 primeros días de Gobierno, el Presidente número 45 de Estados Unidos, Donald J. Trump, destruyo el sistema de salud que había dejado su antecesor. Las consecuencias ya se están sintiendo; los arrebatos de un líder que anda por el vecindario de la aldea global, ufanándose de su “hegemonía o supremacía”; así como se llama el libro de Noam Chomsky, están llevando a la gran nación del Norte, como lo expreso hace unos días el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman: “A que su Democracia y Economía estén amenazadas por un segundo periodo presidencial de Trump en la Casa Blanca”. La crisis del coronavirus ha puesto en aprietos a Trump, ya que el haber minimizado esta pandemia le está pasando una factura en la encomia, porque la bolsa de valores se ha desplomado en estas dos últimas semanas; y existe un alto riesgo que la factura se extienda al mes de noviembre, en las elecciones.

La pandemia quito el antifaz del modelo económico de las naciones más poderosas del Planeta (Estados Unidos y China); y en el caso de Italia y España; ambos países miembros de la OTAN, que maneja un presupuesto de casi 2mil millones de dólares, se vieron como los más pobres del barrio, que fingían ser ricos, pero no tenían ni donde caer muertos. La realidad ha quitado el efecto de la anestesia del capitalismo salvaje; y ha tirado sus cartas sobre la mesa. Ha llegado la hora de replantear y de humanizar este modelo económico; y hacernos el siguiente planteamiento: ¡O muere el Capitalismo Salvaje, o muere la Civilización Humana! Como decía Albert Einstein: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes”. No podemos seguir viviendo en un planeta donde más del 80% de la riqueza, está concentrada en un 1% de la población.

Me resisto a defender con mi silencio un indefendible y despiadado statu quo que concentra la riqueza de nuestros recursos naturales, y medios de producción en pocas manos, capaces de derramar sangre inocente por mantener intacto ese statu quo. Yo no puedo defender este statu quo que privatiza el agua, la salud, la educación, el viento, el sol; Derechos Humanos Universales que se han convertido en mercancías, que se encuentran solo al alcance de una minoría rapaz, voraz e insaciable; mientras las grandes mayorías invisibles; solo son visibles en los procesos electorales, disfrazados de Democracia. Una gran realidad de todo lo que pasa a nivel mundial que nos quieren tener controlados a losas vulnerables del planeta tierra porque la avaricia y la ambición y ancias de poder los tiene enfermos

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: Editorial, The Washintong Post

El neoliberalismo avasallador: Rememorando el cuento de «Los Viajes de Gulliver»

abril 3, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Lindemann S.
Profesor de Estado
Militante DC

Dentro de mi cuarentena y rescatando el legítimo un derecho al ocio le he dado vuelta al cuento de «Los viajes de Gulliver», historia de un médico viajero que naufraga (primera sutileza del autor), y sobrevive a orillas de una isla, esto me ayuda a pensar un poquito.

Para no dar mucha lata quiero detenerme en una parte del cuento, en el momento en que el gigante (que en ese contexto de realidad lo era sin serlo, segunda sutileza del autor) despertó de un agotador esfuerzo atado de fuertes cuerdas, por unos seres diminutos y frágiles, en la isla de los liliputienses (llamados hombrecillos por el autor, tercera sutileza). Recuerden, los que están al tanto del cuento, que este pueblo tenía como preocupación existencial su guerra permanente con un enemigo común de otra isla, cuyo motivo de la histórica disputa era que para los liliputienses esos eran un pueblo muy malo (textual), pues se comían los huevos pasados por agua haciéndole un hoyo por el lado redondo de este y no por la punta como ellos, esto lo encontraban un asco, siendo que su pueblo lo hacía a la inversa, cuestión que gigante Gulliver encontraba una ridiculez y absurdo. Bueno, este astutamente se transforma en aliado de esta intrascendente causa para él, pero muy relevante para ese pueblo, esto hace que dejen de temerle y cultiva empatía, genera certezas, proyectándose para ser su gran protector y a la vez ser protegido por el emperador (cuarta sutileza del autor); y aquí me detengo; pues deseo hacer una analogía con nuestra propia historia que no es tan lejana a la fantasía de un cuento.

La llegada del neoliberalismo avasallador, gigante y temerario en los años 60`, fue contenido con ideologías fuertes, cuerdas, firmes, con un pueblo culto, (aunque de élites), con luchas nobles, que luego fueron debilitándose en las sombras, transformándose en escuálidos lazos con dosis de entreguismos y trueques blandos, por el dorado y los espejismos, soltando las amarras del gigante, que pronto se transforma en un generoso garantista del bien, constructor de magias y sueños, superior al bien y el mal, dueño de todos los eros. El cuento relata que solicita al emperador del pueblo barras metálicas con las cuales construye anzuelos, con los que le ayudará combatir a esos enemigos que pensaban distinto y arrebatarles sus poderes de guerra (quinta sutileza del autor). Camina de villano a héroe, al poder sobre la corte real, sus mentes y planes, de su presente y futuro.

Todos sabemos el significado literario y mítico de los metales y anzuelos, son armas, símbolos de milicia para el poder, espadas para conquistarlo, dominarlo o arrebatarlo.
Así, entonces, este gigante arrastra 50 barcos de guerra para gloria del emperador (sexta sutileza del autor), empoderándose en este reino de nuestro cuento y de la realidad.

Ahora bien, ¿Qué habría ocurrido si en el cuento se hubiesen incorporado otros elementos y personajes? ¿Si un grupo de jóvenes liliputienses (hombrecillos), vestidos de estudiantes se hubiesen revelado frente al poderoso gigante y desnudado su omnímodo poder?, ¿si este acto se hubiese transformado en un despertar del imaginario de los liliputienses?, ¿Qué este despabilamiento hubiese significado el darse cuenta de estar divididos por un huevo y sometidos a un poderoso aparentemente indestructible?, ¿Qué dormían distraídos por la presencia de un gigante real y endiosado por el imaginario colectivo, además de una corte real obsecuente, dependiente y cohabitada?.

Si hubiese mutado así el cuento, ¿Cuál hubiese sido el epílogo de este?, ¿Qué hacer con este personaje de Gulliver? ¡¡¡¡Esa es la cuestión!!!!, …gran problema…

Pues era tan potente e incuestionada su presencia, el temor por sus garras y poder ya arraigado y legitimado, su doctrina penetrada en todas las raíces de un pueblo, su organización y estructura dominante que llenaría de incertidumbre el desenlace de este cuento.

Un final que se esperaba que nos liberara de un invasor con tanto poder y maquiavélico encanto, era un sueño.

Pero en todo cuento siempre aparece una inesperada salida a un desenlace encantado. Agreguémosle un factor, que cuando Jonathan Seift lo escribió a comienzos del S.XVIII, en ese tiempo no estaba en su pluma el incluir en su relato una plaga mortal, invisible, cruel y despiadada, que amenazaba toda la historia presente y futura, que destruye toda la cordura de realidad, que viene a poner todo este relato en la crisis más inesperada e inimaginable de todo el cuento. Un fin que desarmaría juicios y paradigmas, debilitaría todos los poderes, cuestionaría los saberes, esfumaría la autoridad, pulverizaría la soberbia, los gigantes se transformarían en enanos, los enemigos dejarían de serlo, los superlativos arrogantes, clasistas y discriminadores sucumbirían frente a la fragilidad de la existencia.

El cuento original termina cuando Gulliver huye al ser acusado de traicionero. Le perdonaron la vida porque les era útil, solo le arrancarían los ojos (importante séptima sutileza del autor), se lanza al mar adentro de un vetusto bergantín del emperador (octava sutileza), es encontrado flotando en este galeón robado, que para su tamaño parecía que estaba dentro un barril.

Bueno, concluyo, que esto ya sucedió en mi imaginación y reescribiría el cuento.

La naturaleza, aunque a veces cruel y despiadada siempre rescata la esencia pura de la vida, lo más profundo de cada ser. Se burla de lo humano, satiriza lo absoluto y rescate cósmico del universo. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Contingencia, Coronavirus, Jorge Lindemann, Los Viajes de Gulliver, neoliberalismo

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