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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnista

El abuso de poder

junio 20, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Camilo Escalona

Ex presidente del PS

Habitualmente se identifica la agresión criminal desde el poder con la política y a la corrupción, con prácticas realizadas por personeros investidos de autoridad, sea en jefaturas de gobierno, cargos ministeriales, castrenses, parlamentarios, judiciales o municipales.

Pero, hechos crimínales y corruptos están conectados también con agentes empresariales que pagan altas sumas para obtener licitaciones o contratos, apropiarse de concesiones diversas, ignorar colusiones u otras decisiones que engrosan voluminosas propiedades y favorecen sus enormes negocios. También en la vergonzosa lista de las agresiones están numerosos pederastas camuflados y emboscados en su condición de religiosos o familiares de las víctimas.

Ahora en la sociedad global aparece otra especie de delincuente, famoso y millonario, ídolo de multitudes, que cree puede hacer lo que le viene en gana. Un caso reciente es una rutilante estrella de fútbol encarcelada en Barcelona, por una brutal agresión sexual en contra de una ciudadana española. Es el caso de quien piensa que la fama y el dinero le permiten, a quien los posee, hacer lo que le viene en gana. Lamentablemente no es el primero, ya ha habido denuncias similares en Italia, Reino Unido y otros países.

Se trata de atroces agresiones sexuales, sin duda provocadas por el convencimiento de tener impunidad, que el poder de una enorme fortuna o el glamour de la fama conllevan impunidad, que la mujer violada y humillada o el niño o niña violentados, no tendrán más alternativa que someterse ante el brutal ataque sufrido y guardar silencio.

De hombres bestiales están llenas las páginas de la historia de Chile, por eso, los Tribunales de Justicia siguen investigando, casi medio siglo después, terribles acciones criminales como la Caravana de la Muerte, las ejecuciones en Pisagua, los fusilamientos en el Estadio Nacional, aberraciones como las realizadas en la llamada Colonia Dignidad o en los centros de tormentos como Villa Grimaldi, hoy el Parque por la Paz, el triple degollamiento de tres profesionales comunistas, o el caso quemados, hechos atroces cometidas por agentes de la DINA y otras estructuras criminales, bajo el pretexto de ser los «aparatos de seguridad», cuyo objetivo era asegurar la permanencia de Pinochet en el poder para lo cual ejecutaron acciones de terrorismo de Estado, definidas por el Derecho Internacional Humanitario como crímenes de lesa humanidad.

Esta estremecedora realidad fue también vívida amargamente en Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, los que se asociaron con la tiranía pinochetista en la llamada «Operación Cóndor», cuyo fin fue apresar, secuestrar y asesinar a jóvenes de izquierda, «peligrosos» para la supervivencia de las brutales dictaduras entonces imperantes.

No es casual que el prototipo de ese tipo de individuos, repulsivos y bestiales, haciendo apología de machismo y homofobia se involucren en la contingencia política apoyando a la ultraderecha y sus fines fascistoides.

Así se confirma que el dinero en sí mismo no es garantía civilizadora, por el contrario, incita aberraciones increíbles. Son los valores de una cultura democrática y humanista los que deben lograr que el hombre respete a la mujer y a la infancia en su condición de tales, hay que perseverar para conseguir que la dignidad del ser humano sea una realidad y que cada persona sea respetada en el diario vivir.

En suma, como pidió Jack London, la visión humanista aspira a que el hombre deje de ser el lobo del hombre y se convierta en su hermano. Sin la ciudadanía alerta el poder económico o político, incluso la fama, se convierten en un arma mortífera en contra del ser humano. //ELF

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Valparaíso: ¿Joya del Pacífico o casa ocupa?

junio 15, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Santiago Jara Franco

Valparaíso entero se ha convertido en una “casa ocupa”.

Por cierto, está ocupado por comercio ambulante; ocupado por delincuentes que roban a destajo; ocupado por antisociales que rayan, destruyen, orinan y defecan por doquier.

Pero los porteños nos hemos acostumbrado o simplemente resignado. Hemos perdido el olfato para pasar por algunas calles y no sucumbir ante los olores nauseabundos. Hemos perdido la vista, para que no nos moleste la picantería que algunos llaman “arte”.

Hemos perdido el sentido del buen gusto para no sorprendernos de tanta destrucción y afeamiento de nuestra ciudad, que algunos insisten en confundir con “suciedad”.

Pareciera que hace tiempo tenemos perdida esta batalla.

Para que cambie esta situación, tenemos que recuperar el amor por este “puerto que amarra como el hambre”, como cantaba el Gitano Rodríguez.

Hay que querer, hay que amar el lugar donde nacimos, crecimos y vivimos.

Hay que amar cada calle, cada monumento, cada recóndito pasaje y quebrada por los cuales se encaminan nuestros pasos.

Hay que amar la tierra que pisaron nuestros antepasados y que pisarán nuestros hijos.

Hay que amar y, por ende, cuidar cada piedra, cada muralla, no porque sean patrimonio de la humanidad, sino porque son nuestro patrimonio y el de las futuras generaciones.

Sólo cuidamos lo que amamos.

En Valparaíso, urge ordenar y limpiar la casa, para que podamos sentirnos orgullosos de vivir en “la joya de Pacífico”…//ELF

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Colo Colo ‘73: El equipo que postergó el golpe de Estado

mayo 31, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Aldo Schiappacasse

Periodista deportivo de radio y TV

Para Carlos Caszely, el notable goleador de aquel Colo Colo, no hay dudas: “Ese 29 de mayo el juez brasileño Arppi Filho nos robó la final”. “El gol que anoté para ganarle a Independiente en el Estadio Nacional no debió ser anulado. No hubo posición de adelanto”.

Cincuenta años después, y analizando la jugada con los medios digitales hoy disponibles, Caszely tiene razón: no hubo posición de adelanto y, por lo tanto, Colo Colo se habría coronado esa noche del 29 de mayo de 1973 como campeón de América. El empate, sin embargo, los obligó a jugar un partido de definición en Montevideo, que el cuadro de Avellaneda ganó para levantar su segunda Libertadores, consolidando un ciclo que lo llevaría a obtener cuatro trofeos consecutivos.

Fue un año político convulsionado aquel 1973 en Chile. En marzo, justo cuando se iniciaba la disputa de la Copa, las elecciones parlamentarias demostraron la polarización de fuerzas entre el Gobierno encabezado por Salvador Allende y la oposición. Mientras el conglomerado oficialista de la Unidad Popular obtenía el 43% de los votos, la fuerza opositora que comprendía a los partidos de centro y derecha se quedaba con el 53%, consiguiendo mayoría, pero no determinante, en el Parlamento. La inflación estaba desatada, había desabastecimiento, violencia y una planificación internacional para desestabilizar al mandatario.

De inmediato se alzaron voces, en medio de la creciente crispación del debate, para buscar una salida militar al primer Gobierno socialista elegido en las urnas. Luis Urrutia, autor del libro El equipo que retrasó el golpe, asegura que antes de los partidos importantes, el presidente Allende llamaba al entrenador del equipo, Luis Alamos –conocido como El Zorro… para decirle que “Colo Colo es lo único que mantiene unido al país”.

Entre marzo y abril las noticias del fútbol dominaron en la actualidad nacional. Colo Colo, el cuadro más popular, bajó el tono del debate político al ganar su grupo ante los ecuatorianos de Emelec y El Nacional, más la Unión Española de Chile. Ya en semifinales, superó a Botafogo (con la primera victoria de un cuadro chileno en Maracaná incluida) y a Cerro Porteño de Paraguay. El camino a la final estaba allanado, aunque al frente estaba Independiente de Avellaneda, campeón defensor del certamen y que tenía en sus filas a Santoro, Pavoni, Francisco Sá, Daniel Bertoni y un crack que recién comenzaba a despuntar, Ricardo Bochini.

Transmisiones televisivas y un público jamás inferior a las 70.000 personas en el Estadio Nacional fueron generando un clima de fiesta permanente, semana a semana. Hasta que llegó la gran final, marcada siempre por las polémicas arbitrales que favorecían a los equipos poderosos del Atlántico (Argentina, Uruguay y Brasil).

Leonel Herrera, uno de los defensores de aquella escuadra, recuerda que hablaron con Héctor Gálvez, el presidente del club, para que trataran de compensar lo que creían era un factor decisivo. “Don Aladino (le decían así porque tenía una fábrica de lámparas) nos contestó que no había dinero para comprar a los jueces. Y así nos fue”. Herrera fue expulsado en el tercer partido de definición por tirarle los bigotes al uruguayo Pavoni. El triunfo fue para los argentinos por 2 a 1, lo que no impidió un recibimiento triunfal para Colo Colo en Santiago.

En su documental Sabor a victoria, el periodista Víctor Gómez también levanta la teoría de la postergación del golpe. De hecho, el 29 de junio, una vez jugada la final de la Copa, se produce el primer levantamiento militar, conocido como El Tanquetazo, donde se testeó la capacidad de movilización del ejército, esa vez neutralizada por las fuerzas de Gobierno.

Axel Pickett, en su libro Leyenda hay una sola, cita a Elson Beyruth, un brasileño goleador llegado a Colo Colo a finales de la década del sesenta: “Chile en ese momento vivía problemas políticos tremendos y cuando Colo Colo ganaba había mucho entusiasmo y era una semana de tranquilidad para las autoridades”.

Pero la Copa había terminado y sólo quedaba un apéndice futbolístico que podía retardar el asalto de los militares al poder. Los jugadores de Colo Colo eran el grueso de la selección chilena que disputaría la clasificación a Alemania 74, dirigida también por Luis Álamos. Ambos equipos habían jugado en mayo, ganando cada uno en condición de local. El partido definitorio fue fijado para el 5 de agosto de 1973 en Montevideo y el triunfo de Chile obligó a ir a un repechaje con la Unión Soviética.

El golpe llegó, finalmente, el 11 de septiembre, lo que apresuró la decisión de Carlos Caszely de marcharse al Levante español. Los principales jugadores chilenos –como Elías Figueroa, Carlos Reinoso o Alberto Quintano– jugaban en el exterior. Colo Colo ya hacía planes para habilitar su estadio en Pedrero, por lo que debería desprenderse de varias de sus principales figuras para recaudar fondos. Cuando la Junta entraba a La Moneda, se anticipaba el final de un ciclo brillante para El cacique.

En ese clima, el primer avión que despegó desde Santiago tras el ascenso de Pinochet al poder fue el que llevaba a la selección chilena a enfrentar el duelo con la Unión Soviética en Moscú, que terminó empatado sin goles. El duelo de revancha jamás llegó a disputarse pues el Kremlin no quiso presentar a su equipo en Santiago, señalando que pese al visado de la FIFA y la Cruz Roja, el Estadio Nacional era campo de detención y tortura, como lo demuestra el documental Estadio Nacional de Carmen Luz Parot.

Terminaba el año y, como lo habían dicho los mismos protagonistas, ese plantel de Colo Colo fue lo único que logró unir al país. Pero no llegó a impedir la fractura más feroz y sangrienta de la historia. Quizás, apenas, la retrasó un poco. //ELF

*Columna publicada en El País de España:

https://elpais.com/chile/2023-05-29/las-paradojas-del-cambio-constitucional-chileno.html

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Las paradojas del cambio constitucional chileno

mayo 29, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Alfredo Joignant

 Sociólogo y cientista político 

El proceso de cambio constitucional en Chile es de esos procesos, complejos y accidentados, en el que tienden a predominar las paradojas, de esas cosas impensadas y resultados improbables (efectos no deseados, consecuencias inesperadas y todo ese abanico de fenómenos políticos y sociales que no responden a un diseño intencional).

Tras un primer proceso que supuso elegir, como modo institucional de salida del estallido social de 2019, una Convención Constitucional de 155 miembros en mayo de 2021 (en el que predominaban convencionales provenientes del mundo de los independientes y de los movimientos sociales) propuso un largo texto de nueva Constitución, en el que se combinaban elementos de un programa de Gobierno, aspiraciones doctrinarias y un lenguaje woke que nombraba la realidad de un modo extraño.

Era como si lo que es críticamente analizado por Susan Neiman en su libro Left is not woke hubiese dado pie a un intento de constitucionalización de los dolores que sufren innumerables grupos sociales marginados, a modo de reparación histórica. Este texto fue rechazado por una abrumadora mayoría en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022, cuyas consecuencias políticas y electorales aún se hacen sentir.

Meses después se inicia un segundo proceso de cambio constitucional, completamente encapsulado por 12 bases constitucionales aprobadas por la casi totalidad de los partidos con representación parlamentaria. Es sobre esas bases, resguardadas por un comité técnico de admisibilidad (compuesto por 14 juristas), que fue establecido un comité de 24 expertos (21 juristas, un sociólogo, una economista y una periodista nombrados por los partidos) con el fin de formular una propuesta de texto constitucional sobre la cual trabajarán 50 consejeros constitucionales recientemente electos al sufragio universal (descartando la posibilidad de que fueran electos candidatos independientes en listas propias, lo que constituye la gran diferencia con la primera elección de convencionales en 2021).

Este comité de expertos ha sorprendido a moros y cristianos, ya que desde un inicio se propusieron poner por escrito aquello sobre lo cual estaban de acuerdo, y solo en seguida abordar las discrepancias. El resultado ha sido un texto constitucional minimalista, en extensión y contenidos, en el que la gran mayoría de los artículos han sido aprobados a la unanimidad.

Pues bien, es en este contexto de consensos que irrumpe una primera gran paradoja. Los expertos decidieron constitucionalizar lo que, en regla general y comparada, forma parte de lo que la ley establece y no una Constitución: los fundamentos del sistema electoral. Constataron que la enorme fragmentación de la Cámara de Diputados (21 partidos representados y 39 diputados independientes, lo que hace de esta cámara un espacio literalmente ingobernable) no sería enfrentada por quienes se han beneficiado de ella (a menos de creer en la posibilidad del suicidio colectivo a través de la elevación auto-letal de las exigencias para salir electos), los expertos optaron por fortalecer a los agentes institucionales más detestados por los chilenos: los partidos políticos. Vaya paradoja. Para alcanzar esa meta, y de ese modo entregar estabilidad al funcionamiento del Congreso bicameral chileno, los expertos propusieron elevar el umbral de acceso al escaño para todos los partidos, exigiéndoles el 5% de la votación nacional (o, en su defecto, ocho diputados y senadores electos), independientemente de si en un par de distritos el candidato del partido alcanza una votación local considerable. Esta norma permanente generaría un efecto brutal: la drástica reducción del número de partidos en la cámara baja y la eliminación de decenas de diputados elegidos con el 1% o el 2% de los votos (una votación tan escuálida que es un predictor de conductas payasescas para sobresalir y existir). La reacción de los partidos chicos no se hizo esperar y lograron que, por una sola vez, el umbral sea del 4%, además de sugerir la posibilidad de que existan federaciones de partidos (una idea que fue rechazada por los expertos, por constituir un modo desesperado y tramposo de disfrazar el enanismo partidario mediante la unión electoral de varios partidos enanos).

Una segunda paradoja es que, tras los expertos, comenzará a actuar el Consejo Constitucional recién electo, ampliamente dominado por los partidos de derecha y hegemonizado por Republicanos, un partido que mantiene semejanzas y simpatías con Vox en España. El éxito de Republicanos fue tal (35% de los votos) que ha llevado a olvidar que se trata de un partido hostil al cambio de Constitución (por considerarlo innecesario), lo que se tradujo en su no concurrencia a la adopción de las 12 bases constitucionales cuyos contenidos, de suyo evidentes, son asombrosos: Chile es una República democrática (base 1), Chile tiene tres poderes separados e independientes (base 7), exceptuando el caso controversial de la quinta base: Chile es un Estado social y democrático de derecho (aunque en esa misma base se garantiza la provisión de derechos sociales “a través de instituciones estatales y privadas”). En tal sentido, el no haber concurrido a la doxa democrática hace de Republicanos un partido ambiguo, en donde la segunda paradoja reside en su hegemonía en el Consejo Constitucional (tienen fuerza suficiente para bloquear por sí solos cualquier decisión de sus pares) y en si serán exitosos en liderar las deliberaciones en nombre de una moderación interesada para, eventualmente, ganar las elecciones presidenciales de 2025.

En lo inmediato, es altamente probable que sea un consejero republicano quien presida el órgano (probablemente Luis Silva, un numerario de tomo y lomo del Opus Dei, con uso del cilicio “en algún momento del día”, lo que compromete al partido con el desarrollo del proceso (para bien o para mal). El texto que emanará del comité de expertos es lo suficientemente minimalista y razonable para elevar los costos (sociales y electorales) de su rechazo por el flamante Consejo Constitucional. Controversias habrán, qué duda cabe. No sería sorprendente que la hegemonía de Republicanos se traduzca en una conducta de moderación estratégica que tardó décadas en instalarse en el Frente Nacional francés (hoy Rassemblement National) de papá e hija Le Pen, y que bien podría llevar un puñado de meses en Chile. //ELF

*COLUMNA aparecida en El País de España:

https://elpais.com/chile/2023-05-29/las-paradojas-del-cambio-constitucional-chileno.html

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Los baches de la realidad

mayo 26, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Rafael Gumucio

Escritor chileno

¿Quiénes son los monos peludos? Esta es la pregunta que muchos de los que observamos de demasiado cerca el debate político chileno nos hemos hecho esta última semana. La presidenta del PPD Natalia Piergentili –un partido de centroizquierda que forma parte del Gobierno de Boric– se refirió así a un sector indeterminado del electorado a la que la nueva izquierda buscaría satisfacer antes que al pueblo (al que, al juzgar por los resultados electorales, tampoco parece haber llegado ella). A no ser que –sus palabras eran ambiguas al respecto– los monos peludos sean la propia nueva izquierda que se caracteriza por el uso y abuso de barbas y pelos por todos los rincones de sus generalmente armónicos rostros.

En su respuesta aprovechaba de lanzar un desprecio por las agendas “sexogenéricas” y les compañeres, generalización salvaje por la que debió disculparse abundantemente. No podía hacer otra cosa. Lo cierto es que los monos peludos y su Gobierno lo dirige una histórica del PPD, Carolina Tohá, actual ministra del Interior. Acompañada está en todos los grados de la administración pública por toda suerte de militantes del socialismo democrático, es decir, de la ex Nueva Mayoría, la coalición de Gobierno que permitió que Piergentili fuera subsecretaria en el segundo Gobierno de Michelle Bachelet, ideológicamente casi idéntico a este de Gabriel Boric.

Es del todo injusto decir que el Gobierno y su coalición no hayan aprendido las lecciones del 4 de septiembre pasado, cuando un 62% de los chilenos rechazó la propuesta de nueva Constitución hecha por una convención. Se le podría criticar justamente de lo contrario: de lo rápido que arriaron las banderas de las convicciones que estaban al centro de su programa. Lo cierto que los consejeros más cercanos al Gobierno, como algunos de sus ministros y subsecretarios, no pertenecen siquiera al sector autoflagelante de la Concertación (los que pensábamos que se podía haber hecho más y más rápido), sino del sector autocomplaciente de la misma (es decir, los que pensaban que había una continuidad más que secreta entre las reformas económicas y políticas de los finales de la dictadura con las transformaciones que consiguió la primera coalición que gobernó Chile entre 1990 y 2010).

Así, la crítica de Piergentili repite en el espejo quizás lo que es el principal defecto de la nueva izquierda en Chile como en España: la pasión que Freud llamó el narcisismo de las pequeñas diferencias. Lo que más espantaba de la nueva izquierda cuando empezó era, justamente, la forma ruidosa y polémica con que planteaba como nuevas y peligrosas ideas que eran parte de la herencia común de toda la centroizquierda hace más o menos un siglo. Feminista era mi mamá y mi abuela, el cuidado de la naturaleza y el antirracismo están en los programas escolares y preescolares desde mi infancia.

Es cierto: el patriarcado no murió, ni el racismo, después de mayo del 68, pero muchas de las formas más visibles y odiosas de estas se han convertido en vergonzosas y vergonzantes. Lo podría confirmar cualquier pareja homosexual, cualquier hijo fuera del matrimonio, cualquier mapuche o aymara que haya vivido los últimos 30 años en Chile. Esto era así al menos hasta que la nueva izquierda tomó el poder y la palabra. Porque la principal crítica que se le puede hacer a la nueva izquierda en Chile como en España no es intelectual sino fáctica. O más bien la debilidad intelectual de su entramado teórico ha conseguido en la práctica legitimar, hacer atendible, hacer razonable, hacer gobernable, justamente el racismo más evidente, la homofobia más visible, la justificación sin filtro de las diferencias sociales amparadas en el deseo por un mercado más desregulado que nunca.

Sin Podemos no habría habido VOX, y sin el Frente Amplio no habría Republicanos. Es la idea de que la “izquierda miente”, es decir, se contradice lo que les da alas a los que dicen “la verdad que nadie se atreve a decir”. La nueva derecha encuentra en la nueva izquierda una continuidad más que contradicción. Porque lo que separa a las feministas clásicas de la izquierda española de las nuevas feministas a lo Irene Montero, es que estas últimas no son ni feministas, ni de izquierdas. Lo que separa a los antirracistas clásicos de los plurinacionales etnocéntricos es que estos últimos son racistas. Lo que separa al ecologista tradicional del vegano es que este último no es ecologista, sino milenaristas.

La idea de que nacemos libres e iguales es el centro de cualquier izquierda de ayer, de hoy o de mañana. Cometemos siempre el error de pensar que esta es una intuición común ya asumida de alguna manera por todos. Lo cierto es que esta es una idea no solo compleja sino contraintuitiva, porque es fácil observar en la práctica que no nacemos ni libres ni iguales nunca. La derecha siempre ha hablado por los que no creen que sea ni bueno ni verdadero repetir esa ficción sin la que los de izquierda pensamos que no hay civilización posible. El problema moral e intelectual de la nueva izquierda es que opina en esto lo mismo que la derecha. Solo piensa que al hacer más iguales a los que son oprimidos, o al dejarlo elegir su opresión, puede terminar con los baches de la realidad. La manera en que cada cual supera este bache, define el peso y el alcance de los que lo enfrentan esos monos peludos, que somos finalmente todos los seres humanos. //ELF

*Columna publicada en El País de España, que como medio de comunicación En La Fontana compartimos, dado que es atingente a lo que ocurre actualmente con el PPD, las críticas de su presidenta a Apruebo Dignidad y a la realidad del Gobierno de Gabriel Boric. 

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Consideraciones para la Constitución de un Chile sostenible

abril 27, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Andrés Palma Irarrázaval

Podemos mencionar dos aspectos, entre muchos, que el texto constitucional debe resolver. Uno, las limitaciones a la propiedad y cómo, en una futura Constitución, hacemos más viables y consistentes sus limitaciones en base a su función social. Hoy día el Estado puede poner límites, pero es necesario hacerlo mucho más concreto y operativo. Dos, la inapropiabilidad de los bienes comunes, que lleva a preguntarse cuáles son esos bienes comunes. Hoy día, en Chile, el agua es un bien nacional de uso público, pero es apropiable desde el punto de vista de los derechos. No es lo mismo que yo le entregue a una comunidad la facilidad para que desarrolle una sociedad sobre la base de ciertos bienes comunes, a que el derecho solo sirva para ser transado.

De manera general, las constituciones no son solo un marco jurídico que rige al Estado sino que, sobre todo, deben reflejar ese acuerdo social por el cual, en este caso la sociedad chilena, quiere construirse hacia el futuro.

En ese sentido, hay que tomar en cuenta algo que nos dice Naciones Unidas sobre esta triple crisis que estamos viviendo a nivel global: la crisis climática, la crisis de pérdida de diversidad y la crisis de contaminación. Tres crisis que han sido, sin duda, ocasionadas por la acción humana, así como no cabe duda de que somos nosotros los que podríamos revertirlas o al menos detenerlas, tal como refleja, por ejemplo, el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés).

¿Cómo reaccionamos a eso desde nuestra Constitución? La actual Carta Magna solo estaría actuando, o potencialmente tiene la facultad de actuar, a través del artículo 19 Nº 8, que dice: “La Constitución asegura a todas las personas el derecho de vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza”. Desde ahí se ha construido el actual marco normativo y legal para poder generar una Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente y para poder introducir ciertos elementos de carácter precautorio y preventivo respecto de las intervenciones humanas. Pero el diagnóstico también es bastante coincidente en que esto no es suficiente, porque los desafíos que nos plantea la triple crisis son mucho mayores. En esta columna solo abordaremos algunos que deben tener cabida en la Constitución.

En primer lugar, es necesario reconocer la crisis climática. Eso es bien importante en un país tan vulnerable a los efectos del cambio climático, porque situar en la Constitución este reconocimiento va a permitir que el marco normativo que se despliegue después (por ejemplo, la Ley Marco de Cambio Climático existente), pueda hacerse cargo de lo que somos responsables, de lo que podemos aportar y cómo podemos mitigar y adaptarnos a ese proceso, tanto en lo físico como en el financiamiento para ello, también desde el punto de vista cultural.

En segundo lugar, reconocer que hay un derecho humano al medio ambiente y también un deber de protección, transitando desde el derecho de vivir en un medio ambiente libre de contaminación hacia el derecho a un medio ambiente sano, que es mucho más integral que solo habitar sin contaminación. Este derecho, a diferencia de lo que dice la actual Constitución, podría no ser solo deber del Estado. Hay otras constituciones en el mundo (España, por ejemplo) que también ponen como parte de los deberes del individuo e, interesantemente, de las comunidades, el que este derecho se cumpla y que el medio ambiente esté sano.

En tercer lugar, es importante potenciar el tema de la función social tanto de los ecosistemas como de la propiedad, y también la función ecológica de la propiedad. En este orden podemos mencionar dos aspectos, entre muchos, que el texto constitucional debe resolver. Uno, las limitaciones a la propiedad y cómo, en una futura Constitución, hacemos más viables y consistentes sus limitaciones en base a su función social. Hoy día el Estado puede poner límites, pero es necesario hacerlo mucho más concreto y operativo. Dos, la inapropiabilidad de los bienes comunes, que lleva a preguntarse cuáles son esos bienes comunes. Hoy día, en Chile, el agua es un bien nacional de uso público, pero es apropiable desde el punto de vista de los derechos. No es lo mismo que yo le entregue a una comunidad la facilidad para que desarrolle una sociedad sobre la base de ciertos bienes comunes, a que el derecho solo sirva para ser transado.

Un cuarto punto importante para alcanzar el desarrollo sostenible, es que la sociedad –que es este tercer factor dentro del desarrollo sostenible– también pueda formar parte de él. Y para eso es muy importante potenciar el derecho a la participación: a una participación oportuna, informada (comunidades educadas ambientalmente) y, ojalá, vinculante desde el punto de vista de que la opinión de esas comunidades se tome en cuenta en la legislación. Una participación temprana e informada reduce la cantidad de conflictos socioambientales y permite que los Estados y los gobiernos reaccionen de mejor forma ante el contexto cambiante pero, por sobre todo, permite que las comunidades sean parte de las soluciones y puedan tener un desarrollo mucho más sostenible, porque incorpora a la sociedad no solo en las ganancias sino que también en la producción de ese desarrollo.

Por último, es vital el reconocimiento de la diversidad del país. No podemos generar y tener solo legislación que trata este territorio uniforme y homogéneamente. La Constitución del 80 es una hecha para un país que pareciera paisajísticamente homogéneo, donde todos los territorios son iguales y donde todas las comunidades son iguales a pesar de que en la realidad no es así. No podemos tratar, por ejemplo, el tema del agua en la Región de Aysén del mismo modo que en la Región de Atacama. La Constitución debe reconocer la diversidad que existe tanto en los ecosistemas como en la manera en que estos han sido modeladores de las comunidades que los habitan y que, por lo tanto, son comunidades también muy diversas, cada una con sus particularidades culturales.

En consecuencia, es central que la nueva Constitución, junto con reconocer la crisis climática y establecer un desafío de desarrollo sostenible como meta, reconozca la diversidad de territorio y que, por lo tanto, la legislación que se derive de ella también sea capaz de establecer las distinciones correspondientes. //ELF

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