En La Fontana publicamos recordatorio A 21 AÑOS DE LA PASCUA DEL +CARDENAL RAÚL SILVA HENRIQUEZ+ ODB. (Talca 1907- 1999, La Florida).
Por Fernando Silva
Recordar al Pastor, a Don Raúl, al Cardenal del Pueblo, es volver sobre la historia de Chile y nuestra propia historia.
Con humilde agradecimiento por lo recibido y vivido junto a él y por la Gracia de haberlo tenido junto a nosotros, en nuestro Chile profundo…Ya llegará el tiempo en que lo podamos honrar en los Altares, como hoy lo honran hombre y mujeres de buena voluntad de nuestro país.
Recordar al Cardenal hoy en su Pascua es también compartir lo que ya algunos han dicho sobre él.
El Profesor Gabriel Castillo Inzulza, dijo en el Centenario de su nacimiento:
“Hay tiempos en que la gente pasa ante estos grandes seres humanos sin reparar en su estatura, pero hay otros tiempos en que las personas sufren de tal manera y se ven obligados a pasar por túneles tan largos y oscuros, que sin esperar más se dirigen a los maestros para encontrar con ellos una salida que les permita encontrarse con el aire y la luz de nuevo. […] hubo un momento en que la razón de vivir se oscureció, la dulce patria vio caer sobre ella la violencia, la muerte, el miedo, la sinrazón y la gente buscó una luz, buscó a un hombre que fuese testigo de los viejos sueños, de la alta dignidad de toda persona. La gente buscó un maestro. Cuando a él llegaron el maestro ya estaba en la tarea y con su ayuda la patria volvió a ser la casa de todos. Y un día el maestro murió y no lloraron sólo sus más cercanos amigos, el pueblo chileno entero gritó en las calles Raúl amigo el pueblo está contigo. Éste parece ser el gran legado del cardenal, hablar por los que no pueden hablar, cuidar la vida de quienes no tienen más expectativa que la muerte, levantar la esperanza en quienes ya nada esperan”.
Y en el Homenaje en la Cámara de Diputados, Juan Carlos Latorre hablando a nombre de la Bancada de los Diputados del PDC, señaló:
“Raúl Silva Henríquez nos dijo: “Tenemos que luchar todos para que en Chile cada uno tenga lo que corresponde. Sólo con la justicia y con la verdad existe la real grandeza de los pueblos. Quizás la dignidad humana debiera ser el norte definitivo de la vida social, por lo cual la violación de los derechos fundamentales es inaceptable. Por lo mismo, el régimen democrático de gobierno vale, y que sin una mínima amistad cívica entre los políticos éste se derrumba; que frente a la modernización capitalista que vivimos se requieren muchas pequeñas vicarías de la solidaridad, distintas a la pura filantropía que acogen a los numerosos perdedores, víctimas del sistema; que si las fuerzas espirituales de un país no están dirigidas por fanáticos, se constituye en una reserva invaluable de moral y decencia para su sociedad; que, contra lo que muchas veces podemos creer, los titulares de los diarios y los programas televisivos no cambian la historia, menos aún, la borran”.
Y la propia palabra del Cardenal Raúl Silva Henríquez, en su Testamento espiritual en 1992,en el que nos señaló:
“Mi palabra es una palabra de amor.
Mi palabra es una palabra de amor a Chile. He amado intensamente a mi país. Es un país hermoso en su geografía y en su historia. Hermoso por sus montañas y sus mares, pero mucho más hermoso por su gente. El pueblo chileno es un pueblo muy noble, muy generoso y muy leal. Se merece lo mejor. A quienes tienen vocación o responsabilidad de servicio público les pido que sirvan a Chile, en sus hombres y mujeres, con especial dedicación. Cada ciudadano debe dar lo mejor de sí para que Chile no pierda nunca su vocación de justicia y libertad.”
Gracias Cardenal Raúl Silva Henríquez, tu mensaje y enseñanza de vida nos interpelan y comprometen todos los días.//ELF.

