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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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columna

Una ley insuficiente frente a un horizonte oscuro

abril 6, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

Académico Usach y miembro Fundación Chile 21

La ley aprobada el 31 de marzo se denomina de “protección del empleo”, pero hace muy poco para protegerlo y mantenerlo. Los empleadores que suspendan el empleo a sus trabajadores los derivarán a una remuneración de 70% en el primer mes, 55% en el segundo, 45% en el tercero y montos decrecientes hasta completar siete meses (con apoyo del fondo solidario de cesantía si los fondos acumulados no alcanzan) o extinción del saldo acumulado, utilizando la mecánica y los recursos del fondo del seguro de cesantía creado en 2002 en caso de pérdida o cambio de empleo.

Se consumirá primero el fondo individual acumulado antes que activar de inmediato el fondo solidario de cesantía con financiamiento fiscal. Solo se exceptuarán de esta escala de disminución de ingreso los que reciben menos de 500 mil pesos, que podrán mantener el 70% del salario por tres meses. Se autorizó también reducir la jornada laboral hasta por diez meses, con compensación parcial del salario pleno por el seguro de cesantía.

Es lo que la oposición ha obtenido del Gobierno en el Parlamento, donde sin embargo tiene mayoría. En suma, no hay oposición en Chile. Este tipo de relación gobierno-oposición en un régimen presidencial cuando el jefe de Estado no tiene mayoría en una o varias cámaras contrasta con lo que la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes en Estados Unidos obtuvo del gobierno ultraderechista de Trump, con un plan de apoyo a la salud y a la economía que alcanza el 10% del PIB. Descontando los descalces de pagos, el plan de Piñera-Briones no es muy superior al 1% del PIB. Muchísimo menos que el plan de 2009 frente a la gran recesión, año en el que se pasó de un superávit fiscal de 4% a un déficit de -4% del PIB.

El despido por “necesidades de la empresa” no sufrió cambio alguno. Recuérdese que en muchos países con economías competitivas se requiere al menos de planes de reinserción a cargo de la empresa y con apoyo público cuando se trata de despidos colectivos. Ya desde marzo muchas empresas en Chile han despedido personas ante el desplome o caída parcial de sus ventas. Al producirse muchos despidos que debieran al menos retrasarse, salvo casos muy justificados, y no mantenerse al menos por un trimestre la remuneración de los trabajadores despedidos, con jornada parcial o con suspensión de actividades –la que debiera ser subsidiada total o parcialmente por el Gobierno usando su capacidad de endeudamiento– caerá gravemente la demanda de consumo de los hogares. Por tanto, aumentará aún más el desempleo, en una espiral recesiva que el Gobierno no logrará detener mientras permanezca prisionero de su ideología. Aunque el país se caiga a pedazos.

La rápida y adecuada disminución de la tasa de interés de política monetaria decidida por el Banco Central no ha impedido que los bancos estén restringiendo el crédito a las empresas cuyos riesgos de impagos han aumentado, es decir, muchas. Esta ausencia de regulación del funcionamiento del sistema bancario en situaciones de crisis –no basta con suspender por un año la aplicación de las nuevas “normas de Basilea” de manejo de riesgos– empujará a muchas empresas a la quiebra.

La banca debiera ser obligada a aumentar su crédito a las empresas que lo requieran, de modo de impedir su cese definitivo de actividades, con un subsidio fiscal temporal al pago de salarios y de los costos fijos de operación. Este se podrá recuperar una vez pasada la emergencia sanitaria que paraliza a la economía. No otra cosa se está haciendo en Estados Unidos y diversos países de Europa.

El Gobierno no está impulsando nada de esto. El ministro de Salud declara, como guinda de la torta, “inconstitucional”, sin considerar las facultades que le otorga el estado de emergencia, fijar los precios de los planes de Isapres. Y así sucesivamente. La pérdida de ingresos de la mayoría de las familias y el colapso del sustento para varios millones de personas que viven al día provocará su sufrimiento y una marginalizacion adicional, como si no se hubiera producido recientemente una gran rebelión social en el país.

La pandemia y la inacción gubernamental llevarán a la ampliación de la fractura social en Chile. Ojalá uno se equivoque, pero no hay ningún elemento en el escenario o en los actores de la esfera pública que indique lo contrario.

Publicado en: Columnas Etiquetado como: columna, Columnista, Coronavirus, Gonzalo Martner

No perdamos esta nueva oportunidad de reformas para el desarrollo con inclusión social y económica

abril 4, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Ricardo Ffrench-Davis M.
Académico del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2005.

Las necesidades de crecientes recursos son notables, y es ingenuo creer que ellos se lograran sin un PIB que crezca más rápidamente. Pero tan ingenuo es también creer que, en democracia, es posible crecer, sostenidamente y en paz, sin dos condiciones: 1. compartir a través de un sistema tributario claramente progresivo, que financia mayor gasto social, más y mejores bienes públicos, inversión en investigación y desarrollo, mayor inversión pública en general, un Estado más eficaz e innovador, oportuno, con liderazgo. […] 2. Resulta imprescindible recuperar un crecimiento económico elevado, con nuestra plena convicción de que el crecimiento logra ser sostenible solo si es efectivamente incluyente.

La sociedad y la economía chilena han experimentado tres “shocks” en tiempos recientes. Uno muy positivo es el despertar masivo de la población exigiendo, pacíficamente, avanzar hacia el desarrollo integral: incluyente para mujeres y hombres de diversas generaciones, social (entre otros, implica participación) y económico (entre otros, implica empleos de calidad), con dignidad. Emergiendo del grave aletargamiento de un país, sus autoridades y líderes, en el que ya menos de la mitad de los electores emitía su voto para elegir a sus representantes. Junto a ese shock positivo, han explotado dos shocks negativos, uno después del otro.

Uno, la violencia, delincuencia, ataques a derechos humanos de muchos ciudadanos (tanto por autoridades incompetentes o titubeantes incapaces de distinguir entre manifestantes democráticos pidiendo progreso y delincuentes o saqueadores o inconscientes abusadores de ciudadanos inocentes de las injusticias que puedan haber sufrido en sus vidas). La segunda es el Covid-19 que está en plena expansión y que también nos hará retroceder, y muy fuertemente, en capacidad de responder a las necesidades de bienestar nacional.

Ambos shocks negativos destruyen patrimonio social, bienes y servicios públicos, capacidad de generar ingresos y empleo. Cuando se logre superar ambos, habrán dejado a Chile más lejos del desarrollo y habrán conspirado contra el gran desafío de avanzar en el largo camino hacia el desarrollo integral. Esos retrocesos deben ser mayor razón para reforzar, y no para debilitar, un proceso de profundas transformaciones constitucionales, sociales y económicas que Chile debe iniciar cuanto antes. En este proceso no podemos ignorar los aciertos que hemos tenido y los costosos errores que hemos cometido.

Hoy día tenemos el ingreso por habitante más elevado de la región (en 1990 heredamos un país que estaba bajo el promedio), pero el gran progreso se conquistó principalmente en los primeros años de democracia, debilitándose luego el impulso transformador inicial, económico y social. Es un error creer que hemos tenido progreso sostenido; también es grave error creer que estamos en pleno modelo de la dictadura.

El saber y reconocer que hoy estamos, la gran mayoría de los chilenos, con un nivel de bienestar económico y derechos sociales notablemente superior al vigente al final de la dictadura va de la mano con constatar que estamos muy lejos del desarrollo económico y social. Aún persiste enorme desigualdad, con problemas graves en salud y educación, pensiones, salarios, empleo precario y otras múltiples expresiones de subdesarrollo; y también hay que derribar el mito de que estamos cerca del desarrollo económico: nuestro ingreso por habitante es inferior a menos de la mitad de los naciones más desarrolladas, nuestra desigualdad es notablemente mayor y nuestro estado es muy débil. A ello se agrega que el acelerado crecimiento económico y social de los primeros años se ha reducido notablemente.

Las necesidades de crecientes recursos son notables, y es ingenuo creer que ellos se lograran sin un PIB que crezca más rápidamente. Pero tan ingenuo es también creer que, en democracia, es posible crecer, sostenidamente y en paz, sin dos condiciones:

1. compartir a través de un sistema tributario claramente progresivo, que financia mayor gasto social, más y mejores bienes públicos, inversión en investigación y desarrollo, mayor inversión pública en general, un Estado más eficaz e innovador, oportuno, con liderazgo.

2. los casos de desarrollo sostenido corresponden a países en los que el crecimiento se mantuvo por muchos años, fue definidamente incluyente, elevando más rápido el nivel de los sectores bajos y medios. En consecuencia, entre los muchos desafíos de nuestra sociedad, resulta imprescindible recuperar un crecimiento económico elevado, con nuestra plena convicción de que el crecimiento logra ser sostenible solo si es efectivamente incluyente. Esto es, si persistentemente se elevan más rápido los ingresos y oportunidades de los sectores medios y de menores ingresos que los de altos ingresos y el sistema tributario se torna claramente progresivo. Es lo posible, y los países actualmente desarrollados lo hicieron. Es un error creer que el neoliberalismo logra crecimiento sostenido, sino aceleradas y caídas como en la dictadura.

Todo esto exige profundas reformas de las políticas públicas y del rol conductor y transformador del ESTADO. La situación crítica actual da una oportunidad. Los enemigos del desarrollo están debilitados o algunos han aprendido que esta desigualdad destruye nuestro futuro.

El desarrollo es complejo, me concentro brevemente en solo en cuatro de sus numerosas áreas relevantes. 1. Desarrollo social. 2. Desarrollo productivo. 3. Correcciones macroeconómicas; 4. Reformas tributarias.

1. Desarrollo social. Este desafío ha surgido con fuerza, con diversas propuestas. Hay urgencias como las actuales pensiones, recursos para los hospitales y reducción de listas de espera, seguridad en las comunas pobres, infraestructura de escuelas, calidad de la enseñanza, entre otros. Se requieren recursos fiscales reales para financiarlo. Y esto es solo la superficie, como ser en la grave falta de calidad en la educación. Hay desequilibrios profundos que requieren acciones persistentes por años, y financiamiento adicional por años. Reforma tributaria en serio.

2. Políticas de desarrollo productivo. Reformas microeconómicas eficientes en corregir y acortar brechas regresivas, especialmente en el sector financiero (capital de riesgo y crédito de largo plazo pro-PYMEs y emprendedores sin patrimonio, con tasas moderadas, no abusivas como hoy), capacitación laboral (tan deficiente y limitada actualmente), y tecnológico e inversión en innovación (las brechas entre el nivel tecnológico de cientos de miles de firmas y el conocimiento existente es enorme, dejando gran espacio para elevar productividad promedia y nivel de sueldos). Entre otros, hay reflexión y acción avanzadas en apoyar el desarrollo de clúster de productores intermedios, alrededor de exportaciones que ya se han hecho espacio en los mercados internacionales. Pero siempre hay que tener presente que tres cuartos del PIB se produce y queda adentro de nuestras fronteras, y aquí están casi todos los trabajadores más precarios y el 99% de las PYMES (sí, 99%).

La debilidad en la política de desarrollo científico, para la innovación y el progreso al servicio del crecimiento económico, de la integración social, y de la calidad de las políticas públicas es evidente. Hay esfuerzos dispersos, sin coordinación y con financiamiento notablemente escaso (o,4% del PIB).

La tarea de reforma o creación de mercados debe focalizarse particularmente en las PYMEs, reduciendo las brechas de productividad y concentrar en ellos el apoyo público. Así se viabiliza el crecimiento incluyente en las estructuras productivas. Si ello no se logra (como si lo lograron europeos occidentales en la postguerra, los decretos y leyes son letra muerta).

3. Políticas macroeconómicas para el desarrollo. Es un muy positivo logro el de una inflación baja. Pero, ha estado acompañada ya por muchos años de crecimiento bajo, con la economía operando frecuentemente bajo su potencial (esto es un evidente desequilibrio de la macroeconomía real); esta brecha entre PIB efectivo y potencial y la inestabilidad del tipo de cambio desalientan la inversión productiva, la calidad del empleo y, grave, en un país supuestamente con “una estrategia exportadora”, llevamos un decenio de exportaciones que crecen menos de 1% anual.

Chile necesita mejorar sus contradictorias políticas contra-cíclicas, con políticas fiscales y monetarias consistentes entre sí, que logren mantener una brecha entre PIB efectivo y potencial reducida; y avanzar a un régimen cambiario de flexibilidad regulada por el Banco Central que evite altibajos cambiarios tan negativos para las exportaciones y su generación de valor agregado (y para las PYMEs que compiten con importaciones).

4. Reforma tributaria que recaude más y progresivamente. Tardó en retirarse el proyecto del gobierno sobre reintegración tan regresivo (el 90% de la pérdida de ingreso fiscal beneficiaba a contribuyentes de los más altos ingresos). A cambio, algo se ha avanzado en la dirección de aumentar la recaudación y de manera progresiva. Ahora corresponde abrir paso a un impuesto al patrimonio y a la reforma profunda del impuesto a las herencias para que resulte efectivo. Vayamos emparejando con ello –y con el mejor cuidado de los infantes y educación de calidad- el punto de partida de las nuevas generaciones laborales y de ciudadanos. En cuanto a impuestos a la renta, cabe desintegrar más el impuesto a la renta (no tiene sentido premiar la distribución de utilidades salvo para pequeños accionistas); es imprescindible gravar las ganancias especulativas que actualmente pagan menos que las rentas productivas (cuanta contradicción, impuesta por el lobby financierista y la ideología neoliberal), corregir el “royalty” actual, avanzar en los impuestos verdes, y acentuar la acción frente a los paraísos fiscales, la elusión y evasión. Todo gradualmente para que los contribuyentes se vayan adaptando a pagar más y el estado desarrolle capacidad de control y de mejor, mucho mejor, uso de los fondos en inversión pública y en educación, salud, gasto social e integración nacional.

Chile está atrasado en carga tributaria, en progresividad y en construcción de futuro. En la próxima campaña presidencial el conjunto de propuestas, pendientes de aprobación o ejecución debieran estar presentes en el debate, apostando que el próximo gobierno, progresista si impera la unión, inicie la marcha hacia un Chile incluyente. Ahora avancemos todo lo posible, pero es ingenuo creer que se pueda lograr con la actual constitución y gobierno.

Tenemos la gran oportunidad, parcialmente antes de contar con la Nueva Constitución y el nuevo gobierno, y mucho más ya con ambos. Con la Nueva Constitución se eliminarán los duros amarres y restricciones al crecimiento incluyente que impuso la constitución de la dictadura y que, no obstante numerosos esfuerzos insuficientemente coordinados, no se logró eliminar plenamente en tres decenios de democracia. Con el nuevo gobierno podrá contarse con la voluntad de cambio estructural, persistente, coherente, participativo. Para ello, debemos unir fuerzas pro cambio, elegir bien a nuestras autoridades y representantes diseñar canales para controlar cumplimiento de los compromisos adquiridos en sus campañas.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, economista, Ricardo French-Davis

El neoliberalismo avasallador: Rememorando el cuento de «Los Viajes de Gulliver»

abril 3, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Lindemann S.
Profesor de Estado
Militante DC

Dentro de mi cuarentena y rescatando el legítimo un derecho al ocio le he dado vuelta al cuento de «Los viajes de Gulliver», historia de un médico viajero que naufraga (primera sutileza del autor), y sobrevive a orillas de una isla, esto me ayuda a pensar un poquito.

Para no dar mucha lata quiero detenerme en una parte del cuento, en el momento en que el gigante (que en ese contexto de realidad lo era sin serlo, segunda sutileza del autor) despertó de un agotador esfuerzo atado de fuertes cuerdas, por unos seres diminutos y frágiles, en la isla de los liliputienses (llamados hombrecillos por el autor, tercera sutileza). Recuerden, los que están al tanto del cuento, que este pueblo tenía como preocupación existencial su guerra permanente con un enemigo común de otra isla, cuyo motivo de la histórica disputa era que para los liliputienses esos eran un pueblo muy malo (textual), pues se comían los huevos pasados por agua haciéndole un hoyo por el lado redondo de este y no por la punta como ellos, esto lo encontraban un asco, siendo que su pueblo lo hacía a la inversa, cuestión que gigante Gulliver encontraba una ridiculez y absurdo. Bueno, este astutamente se transforma en aliado de esta intrascendente causa para él, pero muy relevante para ese pueblo, esto hace que dejen de temerle y cultiva empatía, genera certezas, proyectándose para ser su gran protector y a la vez ser protegido por el emperador (cuarta sutileza del autor); y aquí me detengo; pues deseo hacer una analogía con nuestra propia historia que no es tan lejana a la fantasía de un cuento.

La llegada del neoliberalismo avasallador, gigante y temerario en los años 60`, fue contenido con ideologías fuertes, cuerdas, firmes, con un pueblo culto, (aunque de élites), con luchas nobles, que luego fueron debilitándose en las sombras, transformándose en escuálidos lazos con dosis de entreguismos y trueques blandos, por el dorado y los espejismos, soltando las amarras del gigante, que pronto se transforma en un generoso garantista del bien, constructor de magias y sueños, superior al bien y el mal, dueño de todos los eros. El cuento relata que solicita al emperador del pueblo barras metálicas con las cuales construye anzuelos, con los que le ayudará combatir a esos enemigos que pensaban distinto y arrebatarles sus poderes de guerra (quinta sutileza del autor). Camina de villano a héroe, al poder sobre la corte real, sus mentes y planes, de su presente y futuro.

Todos sabemos el significado literario y mítico de los metales y anzuelos, son armas, símbolos de milicia para el poder, espadas para conquistarlo, dominarlo o arrebatarlo.
Así, entonces, este gigante arrastra 50 barcos de guerra para gloria del emperador (sexta sutileza del autor), empoderándose en este reino de nuestro cuento y de la realidad.

Ahora bien, ¿Qué habría ocurrido si en el cuento se hubiesen incorporado otros elementos y personajes? ¿Si un grupo de jóvenes liliputienses (hombrecillos), vestidos de estudiantes se hubiesen revelado frente al poderoso gigante y desnudado su omnímodo poder?, ¿si este acto se hubiese transformado en un despertar del imaginario de los liliputienses?, ¿Qué este despabilamiento hubiese significado el darse cuenta de estar divididos por un huevo y sometidos a un poderoso aparentemente indestructible?, ¿Qué dormían distraídos por la presencia de un gigante real y endiosado por el imaginario colectivo, además de una corte real obsecuente, dependiente y cohabitada?.

Si hubiese mutado así el cuento, ¿Cuál hubiese sido el epílogo de este?, ¿Qué hacer con este personaje de Gulliver? ¡¡¡¡Esa es la cuestión!!!!, …gran problema…

Pues era tan potente e incuestionada su presencia, el temor por sus garras y poder ya arraigado y legitimado, su doctrina penetrada en todas las raíces de un pueblo, su organización y estructura dominante que llenaría de incertidumbre el desenlace de este cuento.

Un final que se esperaba que nos liberara de un invasor con tanto poder y maquiavélico encanto, era un sueño.

Pero en todo cuento siempre aparece una inesperada salida a un desenlace encantado. Agreguémosle un factor, que cuando Jonathan Seift lo escribió a comienzos del S.XVIII, en ese tiempo no estaba en su pluma el incluir en su relato una plaga mortal, invisible, cruel y despiadada, que amenazaba toda la historia presente y futura, que destruye toda la cordura de realidad, que viene a poner todo este relato en la crisis más inesperada e inimaginable de todo el cuento. Un fin que desarmaría juicios y paradigmas, debilitaría todos los poderes, cuestionaría los saberes, esfumaría la autoridad, pulverizaría la soberbia, los gigantes se transformarían en enanos, los enemigos dejarían de serlo, los superlativos arrogantes, clasistas y discriminadores sucumbirían frente a la fragilidad de la existencia.

El cuento original termina cuando Gulliver huye al ser acusado de traicionero. Le perdonaron la vida porque les era útil, solo le arrancarían los ojos (importante séptima sutileza del autor), se lanza al mar adentro de un vetusto bergantín del emperador (octava sutileza), es encontrado flotando en este galeón robado, que para su tamaño parecía que estaba dentro un barril.

Bueno, concluyo, que esto ya sucedió en mi imaginación y reescribiría el cuento.

La naturaleza, aunque a veces cruel y despiadada siempre rescata la esencia pura de la vida, lo más profundo de cada ser. Se burla de lo humano, satiriza lo absoluto y rescate cósmico del universo. //ELF

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El amor en los tiempos de coronavirus

marzo 30, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Mario Peñailillo Acevedo

No nos toquemos, no nos besemos, no nos abracemos, no nos sintamos. Esta es la forma de estar sanos y cuidar nuestras vidas hoy, cuando el virus del COVID19 recorre la faz de la tierra matando a miles y miles de personas cada hora, cada día.

Frente a esta nueva forma de socialización y producto de la emergencia sanitaria tenemos que recluirnos en nuestros hogares. Unos, con recursos y comodidades que les permiten enfrentar con cierta tranquilidad el presente; la gran mayoría sumidos en la incertidumbre del no tener las condiciones mínimas de subsistencia para hacer frente a esta crisis planetaria.

El capital retrocede asustado, invocando a los deprimidos Estados, que él mismo debilito; su ayuda y apoyo para seguir explotando y generando riquezas para unos pocos con el objetivo de seguir perpetuando el orden de las cosas.
El trabajo sigue precarizándose, ahora se tiene que trabajar en los hogares, colocando el propio trabajador en la gran mayoría de los casos los recursos necesarios para esa situación. Mientras otros son enviados como carne de cañón a las calles, los informales y aquellos con menos calificación, a ser infectados hoy o mañana frente a la necesidad de seguir sosteniendo un sistema que se cae a pedazos.

La humanidad se ve expuesta a una hora crítica. Pareciese que la naturaleza tiene sus formas de recordarnos que nosotros no somos dueños de ella y que aún peor, lo que nos ha prestado lo hemos malgastado, exprimido y explotado hasta un límite demasiado peligroso; por lo cual ante el principio de acción-reacción; ella, toma sus propias decisiones para recordarnos que vivimos en una casa que no es nuestra y que se encuentra demasiado deteriorada y extenuada.

Saldremos de esto. Si, claro que sí. La humanidad puede y tiene que hacerlo. El punto será hacia dónde saldremos y qué mundo querremos construir.

Está claro que el impacto del virus es profundo y amplio, en vidas humanas en primer lugar, en cambios radicales en nuestras conductas y en hacer que el mundo en unos pocos meses se vuelva más pobre y precario. Vendrán días, meses y años difíciles donde la lección tiene que ser que ya no podemos seguir viviendo como lo hacíamos hasta hace poco tiempo. Nos veremos obligados a elegir de una vez por todas: o individualismo o comunitarismo como forma de convivencia, de orden social y de formas de producción. Ese será nuestro dilema, ese será nuestro aprendizaje de este tiempo de confinamiento y de transformación.

El camino que elijamos determinará nuestro futuro, en un caso el desenlace será pronto, desastroso y perjudicial para las grandes mayorías. En el otro, la solidaridad y la convivencia justa nos permitirá volver a abrazarnos, a sentirnos, a besarnos y demostrar que podemos ser una mejor especie en estos tiempos del COVID19. //ELF

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Carne de cañon

marzo 29, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Daniel Matamala

Periodista de CNN Chile 

En Enrique IV, William Shakespeare cuenta cómo el frívolo Falstaff maneja la economía de las guerras reales, cobrando a quienes quieren evadir el servicio militar, y reclutando en cambio a los “miserables bribones” que se pondrán en primera fila de combate.

“Carne de cañón, carne de cañón. Llenarán una fosa tan bien como los mejores”, es la célebre frase de Falstaff. Alguien tendrá que caer en la guerra, y la carne de cañón que llene esas fosas -la historia humana lo demuestra- será siempre la del pobre, el vulnerable, el desposeído.

Hoy, el mundo usa la terminología de la guerra. “Estamos en guerra sanitaria”, anuncia el francés Macron. Incluso mandatarios que hace poco le bajaban el perfil a la amenaza, ahora declaran hostilidades. “Soy un presidente en tiempo de guerra”, dice el estadounidense Trump. “Este es un gobierno en guerra”, proclama el británico, y ahora contagiado, Boris Johnson.

Es una guerra que no solo llena las morgues en Italia, España y Estados Unidos. Además tiene un efecto económico y social devastador. ¿Quiénes serán la carne de cañón y quiénes, en cambio, podrán instalarse en la retaguardia?

Desde este viernes, miles de chilenos tienen legalmente prohibido llegar a sus puestos de trabajo, dentro de siete comunas en cuarentena en la Región Metropolitana (luego se sumaron dos en La Araucanía). Un día antes, la Dirección del Trabajo (DT) autorizó a los empleadores a dejar de pagar sus sueldos.

Es razonable pensar que un pequeño café o restorán, que vive al día y debió cerrar sus puertas, no tendrá cómo seguir pagando. Pero el dictamen apunta de chincol a jote: es una carta blanca para que todas las empresas, desde la precaria pyme hasta la gran multinacional, dejen de pagar. Y eso es exactamente lo que empezó a suceder: empresas como Moller & Pérez Cotapos y Microplay, ya notificaron a sus empleados que, “tomando en consideración el dictamen de la DT”, suspenden el pago de sueldos.

Los representantes del empresariado llamaron a los empleadores a usar esta carta blanca con “autorregulación” y “responsabilidad”, y la vocera de gobierno destacó que “hay bastantes casos de relación simétrica entre empleador y trabajador, de cariño”. Los derechos de los trabajadores quedan así en manos del cariño de quienes a lo mejor sí deciden pagarles el sueldo. O a lo mejor no.

Según su sitio web, la Dirección del Trabajo tiene el fin de “promover relaciones laborales justas, disminuyendo las desigualdades y así contribuir a la justicia social”. El chiste -trágico para miles de trabajadores- se cuenta solo.

En paralelo, el gobierno impulsa un proyecto de ley que permitirá a quienes se queden sin sueldo cobrar su seguro de desempleo, manteniendo una parte menguante de su salario anterior (70% el primer mes, 55% el segundo, 45% el tercero…) Eso es mejor que nada, por supuesto. Pero es incomprensible que el gobierno al mismo tiempo invite a los empleadores que sí podrían pagar a dejar de hacerlo, con el gentil auspicio de la DT.

Eso, para los que hasta ahora tenían empleo. Peor es el panorama de quienes salían cada día a la calle a ganarse el pan como jardineros, transportistas escolares, gásfiters, vendedores en carritos fuera del metro, y un largo etcétera. En Chile hay cerca de 2 millones y medio de informales. Uno de cada tres trabajadores chilenos no tiene contrato, previsión, ni seguro de desempleo.

Ellos requieren ayuda directa, un “puente” de dinero que les permita sobrevivir durante la emergencia. Y este viernes, casi simultáneamente, los Congresos de dos países aprobaron la entrega de esos puentes para enfrentar la crisis.

En Chile, el bono es de 50 mil pesos por familia o por carga. En Estados Unidos, de 1 millón de pesos (1.200 dólares) por persona, más 400 mil pesos (500 dólares) adicionales por hijo.

Nuestras economías son muy diferentes, se dirá. Sí: el ingreso per cápita en Estados Unidos, por paridad de compra, es 2,47 veces mayor que el de Chile. El bono, para una familia de dos adultos y dos niños, es 19 veces mayor.

Mientras, las grandes empresas preparan el terreno para pedir el rescate del Estado, mediante la entrega de ese mismo “puente” de dinero, ya no sólo para las aerolíneas, sino también para industrias como “la hotelería, los restaurantes y la entretención”, según la Sofofa. “El Estado tiene que tomar un rol, porque debe tener compañías estratégicas”, dice el presidente de la CPC.

Ya lo sabía Falstaff. En la guerra no todos son iguales: algunos son carne de cañón y otros pueden refugiarse en la retaguardia. No es difícil pispar quiénes van quedando de cada lado.

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Los trabajadores una vez más desprotegidos por el gobierno: Es la hora del parlamento

marzo 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Gonzalo Martner

Economista y político

Ex militante PS

Académico de la Usach

El dictamen de la Dirección del Trabajo -que establece la continuidad del vínculo laboral pero no de las remuneraciones en caso de cuarentena y toque de queda- plantea de lleno el tema de la protección de los trabajadores en esta crisis. Los que prestan servicios a personas bajo cuarentena no podrán ir al trabajo y no recibirán remuneración, salvo que el empleador acceda a hacerlo. Solución: legislar a la brevedad la obligación del contratante de servicios personales de mantener la remuneración mientras dure una cuarentena que impida asistir al trabajo.

En el caso de las empresas que han disminuido total o parcialmente su actividad y sus ventas, insisto en que el parlamento legisle y lleve al gobierno a aprobar mantener el pago de salarios financiado en la proporción de la disminución de las ventas por el fondo solidario del seguro de cesantía por tres meses, sin disminución de las remuneraciones. Ejemplo: si las ventas caen a la mitad, se debiera pagar la mitad del salario por el fondo solidario de cesantía y la otra mitad por la empresa. Y que cabe subsidiar aquellos costos fijos empresariales que ayuden a evitar las quiebras y la explosión del desempleo.

En el caso de los trabajadores por cuenta propia y los sin contrato, cabe un subsidio por tres meses equivalente al ingreso mínimo y no los 50 mil pesos por una vez que plantea el gobierno. Esto cuesta mucho menos que la suspensión del pago del PPM a las grandes empresas que no están siendo afectadas (supermercados y sectores exportadores, por ejemplo). Es un tema de justicia social y también de buena gestión macroeconómica.

Es hora que la oposición en el parlamento haga su trabajo y no acepte las medidas del gobierno que protegen a la gran empresa no afectada y oriente los recursos hacia la mantencion de las remuneraciones y asegurar la continuidad del funcionamiento económico y del empleo. Chile puede hacer otra cosa que lo de siempre: favorecer a la gran empresa a costa de los trabajadores y precipitar crisis económicas y explosiones de cesantía por incompetencia y dogmatismo de las autoridades económicas. Ah, y los que se niegan a tomar medidas como las mencionadas por favor que después no se quejen sorprendidos por las rebeliones sociales que se produzcan por la inacción pública y/o por gobernar para los privilegiados y dejar en el abandono a la mayoría social. Es lo menos que se les puede pedir.

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