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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Mario Peñailillo Acevedo

Los caminos de la vida recorridos por la DC

abril 8, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Editorial

Anoche, asumió la nueva directiva de la Democracia Cristiana que encabeza el alcalde de La Granja, Felipe Delpin.

Asume después de un proceso marcado por la agudización de las tensiones internas de dicha colectividad y en el contexto de un declive electoral que ha significado una mínima expresión en la Convención Constituyente y su caída libre en lo que respecta a la fuerza electoral en diputados y senadores, situación que se viene arrastrando desde ya varios años.

¿Es el fin de la Democracia Cristiana? Si y no.

Claramente, es el fin de ciclo de un momento de la historia del país después del retorno a la democracia en el año 1988. Es el fin de un proceso que, marcado por el estallido social como punto culmen, arrastro consigo legitimas demandas sociales comprimidas por mucho tiempo bajo el alero de la estabilidad y el crecimiento que ofrecieron los gobiernos de la Concertación, la derecha y la Nueva Mayoría al país.

Y también es el ingreso a un nuevo momento de la vida nacional determinado por la elaboración de una nueva constitución y por el ascenso al poder de una coalición de gobierno que nunca había estado en dicha situación. Sumado a eso, una ciudadanía mas volátil, un mundo cada vez mas incierto, una democracia liberal más cuestionada y nuevos requerimientos y demandas de los y las ciudadanas a la cuales la clase política tradicional no estaba preparada para aceptar y sintonizar con ellas. Es un nuevo tiempo. Y para los nuevos tiempos se requieren nuevas respuesta y soluciones. Ese es el gran desafío no solo para los demócratas cristianos, sino para todo el espectro político nacional.

Las soluciones que alguna vez se ofrecieron ya no son suficientes para contener y canalizar las múltiples expresiones y necesidades que hoy en pleno siglo XXI están presentes.

Si la Democracia Cristiana sigue mirando por el espejo retrovisor buscando en su historia pasada como responder a este momento será el fin de ella, pues es necesario entender que esas respuestas estuvieron acordes con el momento histórico que les toco vivir.

Si la Democracia Cristiana logra sintonizar con los dolores y esperanzas de las nuevas mayorías nacionales, escuchando con claridad sus peticiones y voces, podrá construir un nuevo relato de cara a los actuales tiempos en la búsqueda de seguir siendo un instrumento de cambio social y de justicia humana.

Habrá que ver por qué senderos el partido de la falange optará. En esa decisión se juega su fin o su continuidad. //ELF

Por Mario Peñailillo

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: Columnas, DC, Editorial, Mario Peñailillo Acevedo, Opinión

Mario, semilla de libertad

agosto 4, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Mario Penailillo Acevedo

Pete.

Mi muy querido y cristiano amigo, me robaron la agenda y no tengo tu dirección. Pero en términos prácticos, como hay estado, escribe hueón mal agradecido de universidad rural para saber cómo estás.

Acá la situación es difícil, a lo mejor en breve, me vas a ver en los diarios. La represión se ha concentrado en la UTE. Rechazaron las solicitudes de retiro temporal, 5 sumarios, intervención del ministerio del Interior, Rengifo requerido, Cristian lo mismo, 7 detenidos por fiscalía militar, eliminados académicamente, entrada de carabineros prácticamente día por medio, vigilancia a los dirigentes y el lunes hay una acción donde voy a estar.

La asociación académica fue desconocida con tutti. La Mónica Reyes se fue hoy domingo a Argentina a trabajar.
El Burotto y la demás gente puede ser relegada. En el centro y poblaciones queda la cagá. El miércoles tuvimos que salir a rayar y lanzar material de lectura y desinflar neumáticos con presencia militar, casi nos pescan.
Cuídate Pete (me contaron que un mitin se pegaron y ponte la pilas)».

Cuando Mario término de escribir la misiva volvió a leerla una y otra vez. Quería ser claro con su amigo Pedro en poder explicarle de la mejor forma posible como estaban las cosas en Santiago ese año 1986, pero además buscaba tener información de como el movimiento estudiantil se organizaba en Concepción para seguir enfrentando a la dictadura que encabezaba el General Augusto Pinochet.

El país vivía momentos decisivos, los sectores de mas duros de la izquierda habían definido ese año como “el decisivo” mientras que el gobierno autoritario endurecía la mano en las universidades y en las poblaciones y el joven dirigente democratacristiano de 24 años tenia absoluta claridad que se jugaban días y horas cruciales.

Su vida transcurría entre las salas de la carrera de Ingeniería industrial en la llamada Universidad de Santiago, pero que para los estudiantes de oposición seguía siendo la Universidad Técnica del Estado, aquella desde donde Victor Jara y tantos otros habían sido detenidos, torturados y eliminados a manos de los organismos de seguridad del régimen; y su rol de dirigente político y estudiantil como Secretario Ejecutivo de su federación de estudiantes y Secretario de finanzas de la incipiente Confederación de estudiantes de Chile, la CONFECH. Aun así, Mario mantenía su gusto por escribir y leer, hábitos que había conocido y aprendido al alero de su familia donde su madre, Lindaura era su máxima impulsora.

Eran tiempos difíciles y ya Mario conocía el rigor de la lucha que se daba contra la dictadura cívico militar. Durante septiembre del año 1985 ya había sido detenido al organizar y participar en una protesta y vigilia por el asesinato de Julio Santibáñez, estudiante de su misma universidad. Ante la posibilidad de ser relegado, escribió una carta a su familia por si se daban tales situaciones; en ella señalaba entre otras cosas: “Nosotros tenemos la certeza de una relegación, estamos preparando las cosas. Sería bueno que mandaran la mayor cantidad de galletas “baratieri”. Porque uno tiene que tener el paquete hecho.

Le dan cinco minutos para arreglar e irse. Lo otro es el tramite de congelamiento del semestre. Para eso saquen la tarjeta de pago y mis datos anotados en un papel. Saludos a Jorge, que se ponga a estudiar, a la Ana, la María Teresa, señora Sonia y Don Juan. A los compadres ya ustedes, papá y mamá, por supuesto. No se preocupen, estoy más que contento.” Mas que contento, así era Mario, pues pese al miedo y el horror de los asesinatos y las diarias violaciones a los derechos humanos que se producían incesantemente, el mantenía el optimismo y la fe en que las cosas cambiarían y que un nuevo amanecer llegaría a Chile.

Ese sábado 2 de agosto, salió cerca de mediodía. Tenia como objetivo devolver algunos libros a un amigo. En sus pensamientos estaba el construir la forma y el funcionamiento de los sistemas de seguridad que operaban al interior de su Universidad, sabía que ahí había un nudo que era necesario explorar y exponer a la luz pública. En estos espacios represivos funcionaban verdaderas estructuras de espionaje y de información sobre la vida de las organizaciones estudiantiles que alimentaban a los aparatos de seguridad y que posibilitaban exponer la vida de muchos de los y las dirigentes que reconstruían el tejido social y que movilizaban a estudiantes en la búsqueda de derrocar al régimen militar.

Cuando vio el vehículo con los hombres de gafas negras supo lo que venía.
Que no llegara a su hogar ese día, no fue algo que preocupara a sus padres, su vida de dirigente estudiantil hacia que en muchas ocasiones se quedara en otras casas si la noche lo pillaba. Fue recién el domingo 3 cuando las alarmas se activaron, llamados por teléfono alertaron la ausencia de Mario y comenzaron las llamadas a hospitales y comisarias en una búsqueda que cada vez fue siendo más frenética y desesperada.

El lunes 4 la urgencia de la desaparición del joven democratacristiano llego a la ex UTE y los dirigentes y estudiantes comenzaron a movilizarse de forma rauda y unitaria, el clamor era claro y fuerte: ¡¡Queremos a Mario vivo!!!
Al pasar las horas todos comenzaron a sentir el miedo bajo la oscura mano de la dictadura y su oscuro organismo de inteligencia: la Central Nacional de Informaciones. Los dirigentes de su partido hacían infructuosas diligencias en distintos niveles buscando dar con el joven de pelo frondoso y gafas, pero los esfuerzos solo se perdían en el silencio y la indiferencia.

En la extensa playa grande de las Rocas de Santo Domingo el frio calaba hasta el alma, en la orilla, entre algunos roqueríos el cuerpo de un joven sin anteojos y con una mochila azul a su lado yacía. Era un día miércoles y el calendario marcaba 6 de agosto.

Aquel sábado 9 de agosto la Iglesia Recoleta Dominica estaba repleta, miles habían llegado a la cita. Sus camaradas de siempre, los compañeros de izquierda que respetaban su liderazgo e inteligencia, jóvenes que sin militar en ninguna organización querían entregar su última oración y plegaria. Las banderas llenas de colores flameando al viento, los gritos de siempre marcados por el dolor, pero también por un profundo deseo de justicia y esperanza. En el cerro colindante las fuerzas de seguridad observaban expectantes, buscando intimidar a todos y cada uno de los asistentes.

Cuando las puertas de la iglesia se abrieron de par en par, las voces se hicieron más fuertes y claras: camarada Mario Martínez, presente ¡¡¡¡¡¡ ahora y siempre ¡¡¡¡¡¡. El sol, tibio y generoso asomo entre las nubes de esa fría mañana para también despedirse del joven dirigente.

Nosotros, los que estábamos ahí entonces asumimos que nunca olvidaríamos, que nunca dejaríamos que tu sonrisa, tus gafas y tu pelo se nos olvidara, que siempre estarían nuestras voces, nuestras risas, nuestros pensamientos y emociones para tenerte vivo aquí, más que nunca, pues ese joven militante democratacristiano llamado Mario Daniel Martinez Rodríguez se había transformado en semilla de libertad. //ELF

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Camarada, Confech, Mario Martínez, Mario Peñailillo Acevedo, recordatorio

El amor en los tiempos de coronavirus

marzo 30, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Mario Peñailillo Acevedo

No nos toquemos, no nos besemos, no nos abracemos, no nos sintamos. Esta es la forma de estar sanos y cuidar nuestras vidas hoy, cuando el virus del COVID19 recorre la faz de la tierra matando a miles y miles de personas cada hora, cada día.

Frente a esta nueva forma de socialización y producto de la emergencia sanitaria tenemos que recluirnos en nuestros hogares. Unos, con recursos y comodidades que les permiten enfrentar con cierta tranquilidad el presente; la gran mayoría sumidos en la incertidumbre del no tener las condiciones mínimas de subsistencia para hacer frente a esta crisis planetaria.

El capital retrocede asustado, invocando a los deprimidos Estados, que él mismo debilito; su ayuda y apoyo para seguir explotando y generando riquezas para unos pocos con el objetivo de seguir perpetuando el orden de las cosas.
El trabajo sigue precarizándose, ahora se tiene que trabajar en los hogares, colocando el propio trabajador en la gran mayoría de los casos los recursos necesarios para esa situación. Mientras otros son enviados como carne de cañón a las calles, los informales y aquellos con menos calificación, a ser infectados hoy o mañana frente a la necesidad de seguir sosteniendo un sistema que se cae a pedazos.

La humanidad se ve expuesta a una hora crítica. Pareciese que la naturaleza tiene sus formas de recordarnos que nosotros no somos dueños de ella y que aún peor, lo que nos ha prestado lo hemos malgastado, exprimido y explotado hasta un límite demasiado peligroso; por lo cual ante el principio de acción-reacción; ella, toma sus propias decisiones para recordarnos que vivimos en una casa que no es nuestra y que se encuentra demasiado deteriorada y extenuada.

Saldremos de esto. Si, claro que sí. La humanidad puede y tiene que hacerlo. El punto será hacia dónde saldremos y qué mundo querremos construir.

Está claro que el impacto del virus es profundo y amplio, en vidas humanas en primer lugar, en cambios radicales en nuestras conductas y en hacer que el mundo en unos pocos meses se vuelva más pobre y precario. Vendrán días, meses y años difíciles donde la lección tiene que ser que ya no podemos seguir viviendo como lo hacíamos hasta hace poco tiempo. Nos veremos obligados a elegir de una vez por todas: o individualismo o comunitarismo como forma de convivencia, de orden social y de formas de producción. Ese será nuestro dilema, ese será nuestro aprendizaje de este tiempo de confinamiento y de transformación.

El camino que elijamos determinará nuestro futuro, en un caso el desenlace será pronto, desastroso y perjudicial para las grandes mayorías. En el otro, la solidaridad y la convivencia justa nos permitirá volver a abrazarnos, a sentirnos, a besarnos y demostrar que podemos ser una mejor especie en estos tiempos del COVID19. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: amor, columna, Columnista, Coronavirus, COVID19, Crisis, Mario Peñailillo Acevedo

Entre acuerdos nacionales y humoristas llorones

febrero 27, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

«Ellos están preparando

una fiesta a su retorno

ya nos dieron un suspiro

pero ahora han de quitarlo

No los dejes gobernar

no le entregues el poder

Tras su rostro de bondad

un infierno has de encontrar de seguro» .

(Tata Barahona-No le entregues el poder)

Por Mario Peñaillo Acevedo 

Hay gente a la cual le gusta figurar.

Algunos van a llorar a un festival mediocre y venido a menos, otros hacen cartas donde pretenden hablar desde un púlpito al pueblo de Chile como si fueran dueños de la verdad y cuidadores de las tablas de la ley.

Hablan y escriben con arrogancia y ceguera. Se ponen del lado de un Gobierno que no escucha, que viola sistemáticamente los derechos humanos y que no ha sido capaz después de tres meses de hacer los cambios profundos y amplios que la ciudadanía pide.

Hablan y escriben desde sus cómodas oficinas con grandes ventanales, con aire acondicionado en verano y calefacción en invierno, mientras en las poblaciones el pan sigue subiendo, el invierno se enfrenta a punta de parafina y las pensiones de las viejas y los viejos apenas alcanzan para remedios.

Hablan y escriben fijando posición de al lado de aquellos que no quieren cambios ni respuestas al pueblo chileno, que temen la movilización social, la organización popular, los colores, las palabras al viento, los murales y rallados. Prefieren el orden de los cementerios y la calma que no resuelve nada.

Hablan y escriben siendo benevolentes con los grandes intereses del capital, con aquellos que explotan y abusan del trabajador y trabajadora chilena. Que van a entender lo que es andar horas y horas en una micro o que se tiene que vivir con trescientos mil pesos al mes, o que hay que levantarse a las seis de la mañana para ir a buscar una hora al consultorio.

Ni una palabra a los abusos, violencia y muerte vividos por tantos y tantos estos meses. Ni una condena, ni una miserable expresión de “empatía” con quienes han sufrido el dolor y la tortura.

Para que decir si hay una palabra para el momento histórico que vive Chile, los chilenos, la patria que tanto dicen cuidar. No dicen nada. No rechazan, ni aprueban, solo buscan que el orden y los consensos vuelvan a reinar. Su silencio es demoledor y deja clara las cosas. Temen a la violencia, pero sólo a un tipo de ella. Nada que decir de lo violento que es la colusión, la falta de justicia o la desigualdad.

Así están las cosas. Son ellos y nosotros.

En distintas veredas, en distintos mundos.

Una carta que sólo es escuchada por un gobierno desgastado, sin conducción, con un claro problema de legitimidad y con una condena internacional por las violaciones a los derechos humanos que miles de chilenos y chilenas han vivido este último tiempo.

Una carta que nada tiene que ver con Kramer o Mon Laferte o incluso con Javiera Contador, y que mas se acerca al humorista machista y patriarcal que a punta de llantos fingidos y arrepentimientos de media tinta consiguió salir ileso de las fauces del monstruo de Viña.

Una carta, que solo es para ellos.

Mientras ellos seguirán anhelando “Morande con Compañía” o “Sábados gigantes” nosotros seguiremos bailando en las calles, llevando banderas y pañuelos, saltando y cantando “El baile de los que sobran” y “Mi buen amor”.

Publicado en: Columnas, Notas Etiquetado como: columna, Columnista, Mario Peñailillo Acevedo

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