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Medio Ambiente

¿Transición justa en Chile?

julio 14, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Una mirada desde la Secretaría de Medio Ambiente y Transición Justa de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT CHILE)

Por Alejandro Ochoa Gaboardi, Secreatario General Federación de Contratista ENAP Concón.

Teniendo en cuenta que la inclusión del término Transición Justa (TJ) en el Preámbulo del Acuerdo de París (AP) implicó un reconocimiento al mundo del trabajo y sentó precedentes dando impulso a iniciativas para el abordaje de la crisis climática. Sin embargo, el concepto está siendo adoptado y reinterpretado por diferentes espacios, tan diversos como antagónicos, convirtiéndose en un término camaleónico, modificando su contenido en función de los intereses del interlocutor. En este contexto, en la COP 26 en Glasgow, los sindicatos plantearon la preocupación por la reinterpretación que gobiernos y empresas estaban haciendo del término “Transición Justa” como forma de legitimar las promesas de crecimiento y de prosperidad económica basados en la economía verde y las emisiones cero netos.

Sin embargo, con la retórica no basta y la realidad muestra que, a pesar de los distintos pactos, acuerdos e instrumentos (vinculantes o no) que los países y empresas han firmado, los trabajadores seguimos sufriendo las consecuencias del cambio climático y continuamos expuestos a procesos de transición que han omitido sistemáticamente la “justicia”.

En este contexto de auge de las transiciones, donde en muchos casos, la transición justa se utiliza como equivalente a la transición energética, en Chile se están dando tanto procesos de transición energética corporativa como de expansión energética que no son más que Caballos de Troya que intentan perpetuar un modelo anacrónico que pretende ser pintado de verde.

Como ya ha expresado esta Secretaría de la CUT de CHILE, la Transición Justa es más que una transición energética y la transición energética justa es mucho más que un cambio de fuentes de energía. Apunta a garantizar el acceso a la energía como derecho y la democratización de esta.

Por esta razón, resaltamos las experiencias de países como Honduras, que buscan apostar a una transformación del sistema energético pensado en el acceso a la energía como derecho, y se encuentran con diversos obstáculos que reflejan las estructuras de poder que permanecen intactas detrás de los sistemas energéticos en los países. El control privado y transnacional de los sistemas energéticos, sumado a los mecanismos que permiten a las empresas acudir al CIADI, son los principales obstáculos a la hora de diseñar e implementar políticas de transición justa en los países de la región.

En este sentido la Transición Justa, debe formar parte de los procesos de implementación de los acuerdos asumidos, dentro de las NDC, de los Planes Nacionales de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático y de los planes de descarbonización a largo plazo reconociendo a la TJ como un derecho de los/as trabajadores/as y de las comunidades afectadas a contar con un trabajo decente con garantías de protección social que contemple a todos y todas las afectadas por las políticas climáticas y aquello que están padeciendo los impactos de manera más severa para no dejar a nadie atrás.

Por lo tanto, demandan el diseño e implementación de planes de transición justa dentro de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas de los países de la región con diálogo social, trabajo decente y respeto de los derechos fundamentales del trabajo y de los derechos de las comunidades en sus territorios.

Chile es uno de los países donde la transición estaría respaldada por una “Estrategia de Transición Justa en el Sector de la Energía” promovida por el Ministerio de Energía que prevé el cierre de sus termoeléctricas a carbón, pero, que, en la práctica, ha demostrado la falta de previsión y garantías para asegurar el sustento a los/as trabajadores/as directos, subcontratados e indirectos de sectores dependientes de esa actividad.

Sobre esta base, la CUT ha desarrollado una postura para sus diálogos con las autoridades que hasta el momento sigue en desarrollo y se expresa en las páginas siguientes.

Plan de Estrategia de transición justa y sustentable CUT – Chile (expuesto en espacios internacionales)

Para instalar una TJ efectiva en el país con los trabajadores se debe primero que todo, tener una base de antecedentes referidas a:

u Retiro de centrales a carbón, existiendo una primera fase de cierre acordada al 2024, con tal de cumplir la meta de cese de generación eléctrica en base a carbón antes del año 2040.

u El sector energético es el responsable del 78% de las emisiones de GEI del país.

u Resultados de este plan actualmente:

1. Beneficios: socios ambientales a través de la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y reducción de contaminantes atmosféricos locales: NOx, SO2, MP10..

2. Consecuencias: Pérdidas de empleos directos, subcontratados e indirectos.

PRINCIPIOS de una TRANSICIÓN JUSTA en CHILE (según CUT)

1. Justicia Social y Buen Vivir.

2. Trabajo digno y significativo.

3. Distribución equitativa de los recursos y el poder.

4. Economías Ecológicas regenerativas.

5. Conservar y proteger la cultura y las tradiciones históricas.

6. Impulsar acciones a nivel local, regional, nacional e internacional.

7. Tener tolerancia y abrazar la diversidad en todos sus sentidos.

8. Solidaridad

9. Equidad e igualdad de género

10. Cruzar las fronteras del Clima.

11. DEMOCRACIA en plenitud de su definición.

Malas experiencias de transición en Chile:

CASO DEL CARBÓN DE LOTA:

En la década del 90 se Intento construir estrategias de desarrollo más permanentes para la deprimida zona carbonífera (ciudad de Lota) Pero no se consideró la complejidad de los factores territoriales y culturales en juego, tampoco se le asignó valor a la historia y patrimonio minero de dichas comunas.

La capacitación para la reconversión de la mano de obra local tampoco estuvo asociada a la instalación de nuevas actividades productivas para lo cual no se realizaron estudios de empleabilidad, ni planes de empleo, en resumen, todos los análisis de dicha transición coinciden en que sus consecuencias fueron lamentables.

Por lo que las conclusiones al respecto es que no existen programas de reconversión exitosos en el país, no existen diagnósticos y propuestas de política pública, no hay una mesa Nacional Tripartita, (Gobierno, Empresarios, Trabajadores); Solo hay un programa de descarbonización, un cronograma de desactivación de industria carbonera. Y hoy no hay intenciones de una transición justa -más allá de este Cronograma- con mediciones a corto, mediano y largo plazo.

Por lo tanto, a nuestro parecer se han omitidos elementos importantes en las zonas donde se instalan físicamente as industrias extractivas, (zonas de Sacrificio), como por ejemplo los Impactos en salud y desafíos de reparación para las comunidades y trabajadores/as expuestos, sobre todo subcontratados e indirectos. La reparación de los daños a la salud, la remediación ambiental y la restauración de los pasivos ambientales. Lo importantes de realizar estudios epidemiológicos que establezcan los daños sobre la salud de la población local y trabajadores propios y subcontratados e indirectos.

Las Comunidades están expuestas a tasas de mortalidad más altas que en otras zonas, con Hospitales sin la clasificación para enfrentar estas realidades. Se niegan aplicar justicia si las industrias contaminantes dejan de operar y se retiran de un territorio, sin remediación. Incluso el proceso no contempla programa público ni privado de reconversión laboral y restauración ambiental, asociada al cierre de centrales, incluso invisibilizando el mundo subcontratado y la relación del trabajo indirecto.

Reconversión Laboral y Protección Social:

Para poder cumplir con estos parámetros importantes en una Transición Justa hay que por lo menos contener los siguientes elementos, debe haber fundamentalmente una transformación de estas industrias y los empleos asociados a ella, y para ello, diseñar, financiar e implementar programas de transición con generación de capacidades laborales, productivas, organizativas y culturales, tendientes a aprovechar las oportunidades que existen en cada comuna. También debe haber un trabajo de identificación de oportunidades y priorización de acciones para la reconversión económica local debe tener carácter participativo, inclusivo y contar con financiamiento, comunicación y promoción para su adecuada apropiación por parte de la comuna y la población local, además de su visibilidad a nivel nacional.

Comentarios finales

Por lo tanto, en Chile, el plan de descarbonización no cumple y no tiene principios de transición justa, pues desconoce factores sociales, políticos, culturales, laborales, etc. No considera la reconversión laboral de TODOS los sectores laborales. El cronograma no considera evaluación de la crisis ambiental, no establece matrices productivas social y ecológicamente sustentables.

Sumando a esto, la omisión deliberada del Gobierno anterior de considerar a los sindicatos y a la ciudadanía está estrechamente ligado a una concepción restringida del concepto cortoplacista de transición justa, y de evitar a entrar a temas de fondo como la autodeterminación de las comunidades sobre el territorio.

Tratando de generar aportes como Central Unitaria de Trabajadores, hemos creado la SECRETARIA DE MEDIO AMBIENTE, para apoyar en la construcción de una política pública de TJ, y hemos también solicitado al Gobierno actual, una MESA TRIPARTITA NACIONAL.

Por lo tanto, ¿Chile se dirige hacia una transición energética democrática y justa?

Aún no, ya que:

Actualmente tenemos una democracia de baja intensidad que afecta la gobernanza ambiental y energética con deficientes mecanismos de participación ciudadana dentro de un País extremadamente centralizado que posee mucha debilidad de instrumentos de planificación territorial.

Ni siquiera actualmente se ha iniciado un levantamiento serio sobre el daño real que han causado estas industrias en la salud, en lo social, en lo ambiental, etc. En las Zonas de sacrificios, incluso en los niños y niñas, aún hay intoxicaciones en los colegios de Quintero y Puchuncavi.

La Soberbia y lentitud de los Ministerios del gobierno para regular y establecer medidas en políticas públicas para el desarrollo ordenado de transición justa. Todo muy a criterio de las Empresas trasnacionales implicadas.

Institucionalidad ambiental. El Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental

En relación con la institucionalidad ambiental y el SEIA (servicio de evaluación de impacto ambiental), tras el anuncio por parte del MMA (Ministerio Medio Ambiente) de que se reforzará su funcionamiento, aún vemos que es urgente que se aborden puntos y que urge resolverlos a la brevedad para fortalecerla, como, por ejemplo, Permisividad al fraccionamiento de proyectos para que no sea evaluado el impacto de un proyecto en su totalidad, existe deficiente evaluación de los efectos sinérgicos entre proyectos emplazados en un mismo territorio, en tema de Participación ciudadana SEIA, no sólo no es vinculante, sino que tampoco posee una influencia relevante en la toma de decisión final sobre los proyectos y esta participación en la EIA (evaluación de impacto Ambiental). Lamentablemente en la actualidad la ley considera procesos participativos sólo para aquellos proyectos que requieren un estudio de impacto ambiental.

El poder de las grandes Corporaciones y el rol de los tratados internacionales

Aún está al debe abordare de manera efectiva la influencia de las grandes corporaciones y el rol de los tratados internacionales para lograr un real resguardo de los derechos de los trabajadores ante las grandes inversiones,

Inversión extranjera en sector energético. Estatal china State Grid que a principios de 2021 adquirió la distribuidora eléctrica CGE, con lo que pasó a dominar el 57% del mercado de distribución eléctrica chilena.
Poder de las corporaciones. Caso Campiche.
Tratados internacionales de última generación. TPP11 y Tratado sobre la Carta de la Energía (TCE)
Impacto de las leyes y políticas laborales

-Actualmente la Legislación laboral que propicia la precarización de las condiciones de trabajo a través de la subcontratación, límites a la negociación colectiva y acción sindical.

Por ejemplo, las Termoeléctricas. 4.390 empleos directos (37% contratados y 63% subcontratados). En el sector laboral, de acuerdo con sindicatos, los servicios subcontratados representan cerca de un 80% y ha sido utilizado por las empresas principales como un mecanismo para abaratar costos a costa de los trabajadores. Por lo que no se cumple lo planteado por la OIT para un proceso de Transición justa en cuanto a un proceso mediante diálogo social significativo que tenga como resultado el trabajo decente para todos y todas.

La Constitución: Elementos en debate

– Cuestionar el rol subsidiario del Estado y propiedad privada como derecho supremo

– Constitución y modelo de desarrollo

– Constitución como marco de organización social en tiempos de múltiples crisis

– Necesidad de internalizar crisis climática, límites y desigualdades

– Constitución que des mercantilice, que fortalezca lo público, lo común

– Frente a la lógica estado privado privilegiar las comunidades, la democratización y la descentralización.

Finalmente ¿Transición Justa en Chile? Aun NO.

Bibliografía:

Central Sindical de las Américas https://csa-csi.org/. https://csa-csi.org/2022/11/04/cop-27-posicionamiento-del-movimiento-sindical-de-las-americas-frente-a-la-conferencia-de-las-naciones-unidas-sobre-el-cambio-climatico/

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Planes de acción climática, una alternativa comunal para afrontar el desafío ambiental

marzo 12, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Nicolás Delpin

A partir de datos de Conaf, el 99,7% de los incendios se inician ya sea por descuidos o negligencias humanas en la manipulación de fuentes de calor, o por intencionalidad. Un hecho de amplio conocimiento hace décadas.

El diagnóstico está, lo que falta son políticas públicas de manos a la obra y afrontar el gran desafío que tiene la humanidad, el cambio climático.

En los recientes megaincendios del sur de nuestro país, tuvimos la combinación para una tormenta perfecta: alta presión, vientos desde la cordillera, uso de suelo propensos a incendiarse, acción humana, sequía y onda de calor extrema producto del cambio climático. ¿Quiénes pagaron las consecuencias? La población expuesta. Lamentablemente, los incendios forestales y este escenario llegaron para quedarse, no hay vuelta atrás y será cada vez más peligroso para la ciudadanía. Esto está respaldado por inteligencia artificial e investigaciones científicas.

Es por esto que el proceso de adaptación y mitigación al cambio climático es clave y es parte de una estrategia en curso que requiere de la voluntad de todos los tomadores de decisión, tanto públicos como privados. Nadie puede quedar indiferentes respecto a lo que está pasando. Palabra clave: prevención. En este contexto, la Ley Marco de Cambio Climático, promulgada en 2022, tiene como meta establecer acciones concretas para que el país sea carbono neutral al 2050, también obligando a los municipios a elaborar Planes de Acción Comunal a más tardar al 2025, caracterizando la vulnerabilidad al cambio climático y potenciales impactos comunales, medidas de mitigación y adaptación, descripción de medidas con plazos y responsabilidades, e indicadores de monitoreos y verificación, entre otros. La institucionalidad está en marcha.

Así como la estructura de la construcción chilena evita una catástrofe cuando hay terremotos, los Planes de Acción Comunal serán lo mismo para incendios y desastres naturales. La responsabilidad de los jefes comunales es tremenda.

Los incendios destruyen hogares, se llevan bienes materiales, pero también escuelas, plazas y espacios en donde las comunidades se reúnen a realizar su vida. Disminuye nuestro desarrollo humano y destruye años de progreso y organización, debiendo las comunidades volver a levantarse con menos recursos y con el desgaste que implica. El momento de actuar es hoy. De todos y todas depende lograrlo. //ELF

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Preocupante estancamiento de la agenda legislativa ambiental

febrero 23, 2022 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Jorge Andrés Cash

Abogado ambiental

En una década, nuestro país ha aprobado solo una ley ambiental cuyo origen ha provenido del Ejecutivo. La Ley Nº 20.920 que establece la Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje, denominada “Ley REP”, publicada en junio del año 2016 durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet

Por tal razón, no sorprende que ninguna de las prioridades legislativas que se propuso el gobierno en materia ambiental pudiera cristalizarse en ley. Ni la reforma al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental ni el proyecto que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. Del mismo modo, tampoco llama la atención que las tres leyes ambientales aprobadas en esta administración hayan surgido de mociones parlamentarias. La ley 21.202 que crea Humedales Urbanos, originada, en moción del Senador Alfondo de Urresti, la ley 21.368 que regula la entrega de plástico de un solo uso, de iniciativa del Senador Alejandro Navarro y la denominada ley “chao colillas”, originada en moción de la diputada Carolina Marzán.

Por otra parte, el proyecto que fija una Ley Marco para el Cambio Climático, boletín 13191-12, – que adolece de problemas estructurales para su financiamiento-, recién será conocido por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados en su segundo trámite constitucional. Como también, el proyecto ingresado a tramitación el 22 de enero de 2019, que crea los delitos penales ambientales, boletín 12.398-12 no registra movimiento desde noviembre del mismo año. Ambos ingresados por el Ejecutivo.

De este modo, el resultado legislativo en materia ambiental del gobierno confirma al menos dos lecciones conocidas. Primero, que medio ambiente es una cartera eminentemente política y que precisa de autoridades con trayectoria política y conocimientos ambientales para construir acuerdos. Segundo, las leyes ambientales son especialmente complejas de tramitar y requieren de niveles de consenso mayores al común de las leyes.

Con todo, la truncada agenda legislativa en materia ambiental, tiene la virtud de servir al mismo tiempo de guía y ruta para el próximo gobierno y el Congreso, toda vez que en los pendientes se encuentran precisamente las prioridades que se deben afrontar.

En el cumplimiento de tales objetivos, ni la administración entrante ni el Congreso deberían distraer su atención ni supeditar su acción a las deliberaciones de la Comisión de Medio Ambiente y Modelo Económico de la Convención, por cuanto las urgencias ambientales de Chile, no se compadecen con el largo tiempo que todavía parece quedarle a la Convención Constitucional habida consideración del creciente descrédito de sus conclusiones sobre éstas y otras materias. //ELF

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Presupuesto: El abandono del financiamiento público para áreas protegidas

noviembre 4, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

Según datos recopilados por Fundación Terram, los aportes fiscales para áreas protegidas terrestres y marinas disminuyen notablemente en el Presupuesto asignado para 2021.

Chile posee un vasto y largo territorio con diversidad de paisajes y ecosistemas, que le permiten albergar una rica biodiversidad terrestre y marina. Para conservar las riquezas continentales, existe el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), el cual posee un total de 105 áreas bajo protección oficial, abordando una superficie de 18,6 millones de hectáreas, que corresponden al 21,3% del territorio continental del país. Para el caso de la protección de los ecosistemas marinos, el país cuenta con varias categorías de conservación, dependientes de distintos ministerios las cuales se agrupan en la figura de Áreas Marinas Protegidas (AMP), las cuales abordan un 42,3% (146.942.281,8 hectáreas) de las 200 millas marinas que comprenden la Zona Económica Exclusiva de costa nacional.

Sin embargo, a pesar de contar con una gran extensión del territorio terrestre y marino protegido, nuestro país fue identificado como uno de los “top ten” que invierten menos en conservación a nivel global en 2019, situación que queda claramente reflejada en el presupuesto estatal otorgado para las tareas de conservación terrestre y marina en los últimos años y, especialmente, en el que se destinará para 2021.

Según datos publicados recientemente por Fundación Terram, para el año entrante la propuesta de aporte fiscal para el SNASPE tiene una disminución de casi $550 millones, 9,5% menos que el de 2020. Además, se debe considerar que este presupuesto está conformado por aporte fiscal e ingresos de operación, estos últimos son producto de la recaudación por pago de entradas a las áreas protegidas.

Asimismo, los datos demuestran que el aporte fiscal ha ido disminuyendo cada año desde 2017, y la baja es aún más reveladora si se compara con el aporte que se realizaba hace una década: “en 2010, el Estado invirtió $372 por hectárea. Si el cálculo se realiza con el aporte fiscal presupuestado para el 2021, con una superficie actual de 18.616.767 há, el Estado pretende invertir $279; es decir $93 por hectárea menos que en 2010”, señala esta minuta de la organización.

La problemática relacionada con el financiamiento público para la administración y gestión de áreas protegidas terrestres y marinas, está lejos de tener una solución. Para las áreas protegidas terrestres el aporte fiscal ni siquiera garantiza un piso mínimo como seria cubrir los sueldos de los trabajadores del SNASPE, estos dependen de los ingresos de operación, es decir, de las visitas que podrían recibir las áreas protegidas.

“Si uno considera el contexto de la pandemia que podría extenderse para 2021, es evidente que existe la posibilidad que recaudación no ocurran como está presupuestado. Allí recae la necesidad de aumentar el aporte fiscal, además de todas las necesidades propias que requiere la mantención y gestión de estas áreas”, señala Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram.

La realidad de las Áreas Marinas Protegidas (AMP):

El panorama de las AMP no es muy distinto, a pesar que en 2018 Chile se convirtió en uno de los países con más superficie marina protegida. Sin embargo, el financiamiento sigue siendo sumamente deficiente.

Una parte del problema es que, actualmente, no existe un órgano centralizado que se encargue de la gestión de este tipo de áreas de conservación. El presupuesto fiscal considera aportes al Ministerio de Medio Ambiente (MMA), al Ministerio de Relaciones Exteriores a través del Instituto Antártico Chileno, al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA), y al Ministerio del Interior y Seguridad Pública, a través de los Gobiernos Regionales.

“La brecha financiera operacional para implementar, gestionar y administrar efectivamente las AMP existentes es de tal magnitud, que invita a reflexionar si, en estricto rigor, las actuales AMP constituyen áreas de protección. Se requiere con urgencia aumentar los niveles de conocimiento e información sobre AMP y desarrollar una planificación financiera que permita cumplir con los acuerdos internacionales y las políticas públicas y normativas vigentes en Chile sobre la materia”, señala Fundación Terram en esta minuta sobre el tema.

Según los datos que se pudieron reconocer por la ONG ambiental, el presupuesto total destinado por parte del Estado para 2021 al MMA, es de $0,9 por hectárea, y presenta una disminución de 31,7 % respecto a 2020. “Según un estudio realizado en 2018, el financiamiento sólo cubre un 1,7% del monto estimado como necesario para un funcionamiento apropiado de las áreas existentes”, señala la organización en su documento.

Similar es la situación de los aportes estatales destinados para AMP en el Ministerio de Relaciones Exteriores, institución en que el presupuesto para 2021 disminuyó en 29,4% ($ 61.620.000) respecto del 2020 (cuyo presupuesto aprobado fue de $ 209.455.000).

Analizando los datos sobre el aporte fiscal tanto a las áreas de conservación marina como terrestre, resulta evidente que es urgente un aumento sustantivo del aporte fiscal de las áreas protegidas en general.

“El compromiso del Gobierno con la conservación tiene que ver con la declaración de zonas protegidas, pero esto debe ir acompañado de los recursos públicos que permitan garantizar acciones de conservación efectiva. En la actualidad, observamos que tal compromiso no existe, lo cual obviamente deja en una situación de vulnerabilidad a valiosos ecosistemas ante actividades extractivas como la minería, la extracción de turba, la salmonicultura o la pesca ilegal como recientemente se ha denunciado en el país. Es necesario que el Estado de Chile, tome un rol más activo en la protección y conservación de la naturaleza”, concluye Liberona.

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Flavia Liberona, Fundación Terram, Medio Ambiente

Diálogo ambiental de partidos de oposición: «Sin escusas, Chile debe firmar el Acuerdo de Escazú»

septiembre 9, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

*En La Fontana publicamos declaración pública de las comisiones ambientales de los partidos políticos. Las que abajo firmantes exigen al gobierno firmar el Acuerdo de Escazú, o Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, antes del 26 de septiembre, plazo final para que entre en vigencia.

«Con este Acuerdo, los países firmantes se comprometen a:

🔴Asegurar el derecho a acceder a la información ambiental;

🔴Velar por el derecho ciudadano de participar en la toma de decisiones ambientales; y

🔴Dar protección a las defensoras y los defensores del medio ambiente y la tierra.

Este compromiso, es una respuesta a la situación que enfrenta la población de las zonas de sacrificio. La larga lucha de las organizaciones de Puchuncaví-Quintero sería distinta si pudieran contar con toda la información de manera transparente. Es una respuesta básica a un país que no quiere ser objeto, sino actor de las decisiones y su futuro. La omisión de la participación cuando corresponde, sólo lleva a la acumulación de tensiones y a procesos más complejos, largos, dolorosos y muchas veces insolubles.

El Acuerdo de Escazú viene a saldar una deuda de justicia con la ciudadanía que cuida del medio ambiente, a protegerla y a garantizar sus derechos. Es imperativo que Chile suscriba el Acuerdo de Escazú, como la última oportunidad que tiene este gobierno de demostrar su compromiso en la defensa de los derechos a la participación de la ciudadanía y liderazgo internacional en la crisis climática y ecológica.

Los abusos, e incluso los asesinatos de defensores ambientales son una realidad que ha ido creciendo en América Latina, la región más peligrosa del mundo para ser activista ambiental, donde más de 200 personas fueron asesinadas el año 2019; y también en Chile, como lo muestra el caso del crimen de la defensora ambiental Macarena Valdés. El Acuerdo de Escazú, impulsado por Chile desde el año 2012, durante el primer mandato de Sebastián Piñera, reforzará la protección de los dirigentes sociales y ambientales, la autonomía y participación de la ciudadanía; lo que para nada es contradictorio con la legislación nacional.

El Acuerdo de Escazú, liderado y negociado por nuestro país, es un hito ambiental inédito para los países de América Latina y el Caribe, que tienen la oportunidad histórica de situarse a la vanguardia de un desarrollo sostenible con más democracia, protección del medio ambiente y de los derechos humanos.

El período para la firma del Acuerdo cerrará el 26 de septiembre de 2020 y hasta ahora el gobierno no ha entregado ninguna razón plausible para restarse, sólo excusas, haciendo tambalear la entrada en vigencia del mismo. Es vergonzosa la estrategia con que el gobierno evita la firma del Acuerdo de Escazú, eludiendo su responsabilidad y el cumplimiento de acuerdos, tan distante de la política exterior que ha caracterizado a Chile.

De no firmar el Acuerdo, el gobierno debe hacerse cargo de las consecuencias que traería la falta de seriedad en sus políticas multilaterales. Chile habrá faltado a su compromiso con nuestros países vecinos y fallado en el deber de proteger y dar garantías a los derechos de las y los ciudadanos chilenos.

Hoy el Acuerdo de Escazú necesita a Chile y Chile necesita el Acuerdo de Escazú. Sin excusas. ¡Que Chile firme Escazú ahora!»

Atte.,

DIÁLOGO AMBIENTAL PARTIDOS DE OPOSICIÓN

*Ver declaración👇

[pdf-embedder url=»https://diarioenlafontana.cl/wp-content/uploads/2020/09/Declaración-Escazú-pp-07092020-final.pdf» title=»Declaración Escazú pp 07092020 final»]

Publicado en: Notas, Politica, Sin categoría Etiquetado como: Acuerdo de Escazú, bancadas de oposición, Comisión Medio Ambiente, Medio Ambiente, partidos de oposición

Partidos de oposición piden una «reactivación ecológica, democrática y justa» de la economía

julio 29, 2020 by Admin Istrador Deja un comentario

*En La Fontana publicamos declaración pública de comisiones de medio ambiente de paridos de oposición, respecto de que se reactive la economía de Chile de forma sustentable.

«A días de la cuenta pública del Presidente Piñera, las comisiones de medio ambiente de los partidos de oposición, señalamos lo siguiente:

La pandemia del coronavirus que azota a nuestro país es una catástrofe sanitaria, económica y social, de consecuencias aún no dimensionadas y derivada de la relación destructiva del ser humano con el medio ambiente. Un fenómeno que trastoca profundamente nuestra forma de vivir e interpela nuestro vínculo con la naturaleza. De manera lamentable, esta pandemia ha hecho evidente las enormes desigualdades que persisten en Chile y nos arrastra a la peor crisis económica y social desde los años 80.

Sin embargo, nuestra respuesta a esta crisis, en conjunto con el proceso constituyente que se avecina, es también una oportunidad para realizar los cambios urgentes e indispensables para replantear nuestro modelo de desarrollo. Es el momento de reconocer los límites planetarios, el irrestricto respeto por los Derechos Humanos y poner en el centro el bienestar de todas las personas y la solidaridad entre generaciones.

Actualmente, se discuten propuestas de reactivación económica para enfrentar la crisis que son insuficientes y mantienen el modelo neoliberal de explotación de recursos naturales. Estas propuestas desconocen que la estrategia de desarrollo de Chile ya mostraba claros indicios de agotamiento antes de la pandemia, como puso en evidencia el estallido social de octubre del año pasado.

Chile requiere un nuevo modelo de desarrollo, y el primer paso es asegurar propuestas de reactivación cuyos principios se anclen en la sustentabilidad. En la perspectiva de impulsar un cambio que lleve a Chile a un desarrollo sustentable, más justo, democrático e inclusivo, las comisiones de medio ambiente de los partidos firmantes, proponemos abordar las siguientes acciones en un plazo no mayor a tres años.

¿Cómo lo haremos?

Primero, la reactivación económica debe respetar más que nunca los avances normativos nacionales e internacionales de protección ambiental que tanto hemos tardado en construir. Se debe asegurar que las propuestas de reactivación, y los recursos adicionales que se inviertan, cumplan la regulación ambiental vigente. Ello requiere de un fortalecimiento de la capacidad de respuesta, de la fiscalización y de la institucionalidad ambiental.
Además, el Estado debe participar y ser garante de la inversión, velando por el bien común. Deberá priorizar a los proyectos y sectores productivos que empujen decididamente al país hacia una transición ecológica, evitando aquellos que no permiten avanzar en dicha dirección.

Del mismo modo, la ciudadanía no puede estar ausente. La participación ciudadana, en especial de nuestros pueblos originarios, debe ser promovida y garantizada, como eje esencial de la democracia y el desarrollo económico. Debemos asegurar que la economía esté al servicio del bienestar de las personas y las futuras generaciones, así como también del cuidado y conservación de la naturaleza y su biodiversidad.

¿Qué proponemos?

Proponemos la creación de un fondo nacional para la sustentabilidad de al menos US$10 mil millones, lo que equivale a aproximadamente el 3% del PIB anual, distribuido a lo largo de tres años. Este fondo complementaría los recursos ya comprometidos para la reactivación, pero con el objetivo explícito de promover la transformación de nuestra actual estructura productiva hacia una realmente sustentable que facilite la transición ecológica, fundada en la protección y restauración ambiental.

Los recursos serán financiados a través de recursos internacionales, procurados a través de la emisión de bonos verdes (para inversión en proyectos sustentables). Asimismo, los recursos invertidos serán cubiertos con los ingresos futuros del desarrollo de industrias sustentables, los ahorros asociados a los menores costos ambientales del desarrollo, así como eventuales reformas tributarias centradas en actividades contaminantes.

Esta propuesta busca reimpulsar los esfuerzos para garantizar el derecho humano al agua para toda la población, avanzar de manera decisiva en las medidas de mitigación y adaptación a la crisis climática, reducir drásticamente los niveles de contaminación, dar un fuerte impulso inicial a la necesaria diversificación de la matriz productiva y energética nacional, y con ellos también aportar al cambio cultural y de educación que necesitamos para incorporar la sustentabilidad en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.

¿Dónde invertir?

Tenemos que dejar atrás la exportación de materias primas de bajo valor agregado y contradictoria con los objetivos de la sustentabilidad, y potenciar nuevas actividades económicas coherentes con los principios de la economía circular y la creación de nuevos empleos con enfoque ecológico.

Asegurar agua potable para el consumo humano y la protección de ecosistemas. La grave sequía que nos afecta y los escenarios hídricos que se avecinan, hacen imperativo que el Estado cuente con las atribuciones para gestionar el agua frente a las crisis en forma justa y velando por el bienestar social y el patrimonio ambiental, en particular asegurando la disponibilidad de agua potable y el tratamiento de aguas servidas en los sectores rurales. Entre los instrumentos del Estado, debe considerarse la generación de infraestructura hídrica sustentable, para beneficio público y gestionada descentralizadamente.

Avanzar en la mitigación y adaptación a la crisis climática, impulsando con urgencia la carbono neutralidad. Generar una nueva matriz energética sustentable, no dependiente de combustibles fósiles y libre de carbón, que asegure a todos los chilenos el acceso a energía; promoviendo los proyectos de energía renovable no convencionales, generación continua, distribuida, la electromovilidad -­‐priorizando el transporte público-­‐, el uso de ciclos y el diseño urbano para un transporte sustentable. Además, dar protección a los sumideros naturales de carbono, promover la reforestación con árboles nativos, y fomentar la transición energética y resiliencia en ciudades y territorios.
Generar condiciones para una importante disminución en emisiones y contaminación atmosférica. Aumentar el subsidio para el revestimiento térmico de viviendas y la sustitución de sistemas de calefacción por aquellos no contaminantes.

Implementar medidas para disminuir la pobreza energética de la población, especialmente de los más vulnerables, que garanticen asequibilidad económica, calidad y continuidad del suministro energético.
Invertir y generar las condiciones para un desarrollo del turismo de naturaleza, apoyando la protección de ecosistemas valiosos y la participación de las comunidades.

El turismo sustentable y respetuoso con la naturaleza, que ha sido golpeado fuertemente por la pandemia, representa una actividad económica de rápido crecimiento e inclusiva, que permite la participación de las comunidades locales, pequeños emprendimientos o grandes industrias. Así mismo, es necesaria la creación de nuevas áreas protegidas, tanto de ecosistemas terrestres como marinos.
Abordar con urgencia la gestión sustentable de residuos.

Disminuir en un 50% la generación de residuos al año 2025, promulgando la ley que regula el uso de “plásticos desechables de un solo uso”, junto con implementar con urgencia y mayor cobertura la Ley de Residuos y de Responsabilidad Extendida del Productor, además de buscar soluciones innovadoras y coordinadas con la gestión local.

Aumentar la inversión en I+D+i para la generación de conocimiento nacional, involucrando de manera efectiva a las universidades y centros de estudio del país en la generación de conocimiento para la toma de decisiones. El conocimiento debe transformarse en innovación ecológica que permita diversificar la matriz productiva nacional hacia la sustentabilidad.

Para lograr esto Chile debe llegar a invertir, al menos, el 1% del PIB en I+D+i.
Impulsar la soberanía y seguridad agroalimentaria del país desde los territorios, fomentando el desarrollo de una agricultura sustentable, de la agricultura familiar campesina, que proteja y potencie la biodiversidad en los agroecosistemas y permita la restauración de los suelos degradados o contaminados.

Por último, hacemos un llamado a terminar con los territorios de sacrificio y con urgencia focalizar esfuerzos en mayor descentralización, enfrentando la deuda ambiental con los territorios donde se emplazan buena parte de las industrias más contaminantes y que afectan con dureza a los más pobres de Chile.

Esta propuesta no es exhaustiva, es un mínimo de inversión y cambios a abordar para dar un impulso concreto hacia una transición ecológica de nuestro modelo de desarrollo. A las crisis ambientales, del calentamiento global y la extinción masiva de especies, se suman ahora las crisis sanitaria, económica, y social, todas vinculadas y que deben ser abordadas en conjunto.

Chile necesita urgente esta transición ecológica y un nuevo modelo de desarrollo, que de respuesta inmediata a las crisis ambientales locales y globales. Esto debe permear y plasmarse en las leyes e instrumentos de la nación, y ser un reflejo del quehacer, la cultura e identidad de sus habitantes. El espacio de diálogo nacional, generado por el proceso constituyente, es una oportunidad histórica para consolidar y generar las condiciones de una transición ecológica efectiva, estructural, sustentable, participativa, justa y democrática».

Publicado en: Notas, Politica Etiquetado como: Desarrollo sostenible, Dirigentas de oposición, Medio Ambiente, partidos de oposición

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