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En la Fontana

A reconstruir la centroizquierda

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Columnas

El 18 de octubre de 2019: Un balance provisional

septiembre 26, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Álvaro Ramis
Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC)

Viene siendo hora de reconocer, sin ambigüedades ni relativizaciones, que el país venía arrastrando largas y profundas tensiones sociales, acumuladas por décadas de disfuncionalidad política y graves carencias institucionales. Se fue agotando una ecuación en la que el esfuerzo no se percibe acorde con el ingreso, y la promesa de la integración vía crédito y consumo no expresa equivalencia con los mecanismos de reconocimiento y representación. No se puede proponer un balance consistente sin establecer como línea de base el carácter magmático y agregativo de esos antecedentes.

Los cuatro años que han transcurrido desde octubre de 2019 parecen haber sido necesarios para poder empezar a establecer un balance, aunque sea provisorio, respecto de uno de los acontecimientos más controvertidos y de difícil interpretación que hemos vivido en nuestro pasado reciente. Cabe la necesidad de objetivar la mirada, para que el conjunto de los actores políticos y sociales involucrados podamos remitirnos a un análisis que nos permita navegar en tiempos de polarización. Comparto algunos criterios que creo que son ineludibles.

Viene siendo hora de reconocer, sin ambigüedades ni relativizaciones, que el país venía arrastrando largas y profundas tensiones sociales, acumuladas por décadas de disfuncionalidad política y graves carencias institucionales. Se fue agotando una ecuación en la que el esfuerzo no se percibe acorde con el ingreso, y la promesa de la integración vía crédito y consumo no expresa equivalencia con los mecanismos de reconocimiento y representación. No se puede proponer un balance consistente sin establecer como línea de base el carácter magmático y agregativo de esos antecedentes.

Sin ese diagnóstico de entrada, respaldado por los más sólidos estudios académicos y el consenso entrecruzado en las ciencias sociales, la causa misma del estallido se denigra, entre las más estrafalarias teorías del complot o los intentos exculpatorios, como la hipótesis del “golpe de Estado no convencional” que nos propone el expresidente Piñera.

Si bien ese es el punto de partida necesario, no basta para valorar todo el fenómeno. No cabe ninguna forma de debate esencialista. Se debe revisar la distinción entre “entender” –explicar problemas o cuestiones ajenas a sí– y “comprender” –interpretar dinámicas en las que se es parte interesada–. Si bien octubre no se puede entender sin la subjetividad de las carencias y el sentido de abuso acumulado, ello no basta para comprender todas las dinámicas que se desataron.

Una simplificación monocausal del diagnóstico puede llevar a ocultar otras variables, motivaciones y fuerzas que jugaron un papel relevante: el rol del narco entre bastidores, la fetichización y estetización de la violencia social, el carácter gregario y abigarrado de las multitudes, el sentido irreflexivo de las pulsiones generadas a partir de los discursos emotivistas e impulsivos que acompañaron las manifestaciones.

Por supuesto, ese diagnóstico no queda completo sin establecer la ineludible responsabilidad del Gobierno de Sebastián Piñera, al que cabe reprochar incontables errores en la gestación política de la crisis. Equivocaciones que llevaron a encender la chispa del proceso, luego condujeron a escalar el conflicto y, finalmente, lo cronificaron. En el fondo de esa dinámica latía un intento por evadir sus crecientes fallos, negar su confusión y, por qué no decirlo, una evidente mala fe al tratar de resolver por la vía represiva un proceso que exigía autocrítica y prudencia.

Esos errores de juicio inicial se convirtieron a poco andar en crímenes de Estado, en tanto se masificó el uso excesivo, irregular e indiscriminado de la fuerza policial, desconociendo los límites en contención del orden público y la persecución del delito. Estos actos generalizados se realizaron contra una gran cantidad de víctimas civiles a las que se identificó como un “enemigo interno” y fueron realizados de forma sistemática, ya que presupusieron un acuerdo, un plan o una política preconcebida, que permitió su reiteración a escala masiva bajo distintas formas de violación a los derechos humanos. Además del empleo arbitrario o abusivo de la fuerza, incluyendo armas de fuego, se deben recordar los procesos de ensañamiento judicial, estigmatización pública y abuso sexual constatados en el período.

Es innegable que las manifestaciones de octubre fueron mucho más que tumultos callejeros, disturbios o saqueos. Implicaron también a cientos de miles de personas en manifestaciones pacíficas, mediante expresiones performáticas plenamente legítimas, pero el componente vandálico sin duda fue muy intenso y persistente. Cabía la necesidad de control y acción policial de forma ineludible.

Lo que no se puede aceptar es que, en razón de ese deber, se haya buscado limitar gravemente o prohibir el ejercicio del derecho a la movilización, a la protesta, a la libertad de expresión y organización, entre otros derechos afectados en el momento. Esa dinámica prohibitiva, expresada en el recurso al Estado de Emergencia y su consecuente militarización, lejos de disminuir las dinámicas vandálicas las incentivó y acrecentó de forma exponencial.

Ello tampoco puede ser razón para avalar o legitimar el vandalismo irracional que se desató en ese momento, ni ver en su despliegue un mero recurso de autodefensa. A la vez que existen límites y criterios de proporcionalidad en la persecución del delito para las policías, también es innegable que el derecho de manifestación debe adecuarse a criterios de protección del derecho a la vida, la libertad y la seguridad de las personas. Esta dinámica exige que el conjunto de la sociedad evite confundir la manifestación de la discrepancia con formas de violencia instigada por líderes que carecen de escrúpulos y que apelan oportunistamente a los peores instintos. Es fundamental asumir que nunca se puede permitir la banalización de comportamientos incívicos e inaceptables, por más “populares” que sean.

La experiencia de octubre debería a ayudarnos a entender que no se debe despreciar la ley en nombre de la democracia, ni tampoco a despreciar la democracia en nombre de la ley. Esta dinámica es la que de alguna forma fracturó la sociedad, expulsando de la calle a quienes buscaban masificar demandas sociales altamente legítimas y dejando en ella a quienes naturalizaron el uso de la fuerza de forma patológica.

Las más excluidas fueron las mujeres y sus organizaciones, proscritas entre la hostilidad policial y la brutalidad de una masa callejera cada vez más testosterónica. La forma en que se generó esa dialéctica perversa debería ser objeto de serias investigaciones y análisis, tanto desde la academia como desde los organismos a cargo del orden público, para construir garantías de no repetición y prevenir nuevas formas de conflicto.

Es evidente que las causas de octubre siguen abiertas. No se ha logrado relegitimar el Estado de derecho establecido por la Constitución, la debilidad de sus instituciones y la falta de efectividad de sus procedimientos. La frágil calma que se vive en el Chile actual ha sido fruto de un enorme esfuerzo, que debe mucho a la acción conjunta de fuerzas sociales, políticas e institucionales muy diversas.

Pero nos engañaríamos si concluyéramos que se han modificado las variables de entrada que nos condujeron a octubre. Y lo más grave, todo indica que, tal como van las cosas en el Consejo Constitucional, no tendremos en breve plazo una Constitución que logre responder a estos desafíos. Lo único que queda es seguir apelando a la responsabilidad compartida para administrar la contingencia. Pobre balance y preocupante vaticinio. //ELF

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Testimonios de dignidad

septiembre 19, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Elena Alfaro 

Académica de la Escuela de Diseño de la Pontifica Universidad Católica de Chile y directora del Programa de Artesanía y la Muestra Internacional de Artesanía UC, nacida en 1973.

En 1975, profesionales del Comité de Cooperación por la Paz, luego Vicaría de la Solidaridad, buscaron nuevas formas de apoyar a las personas que en cárceles y campos de concentración sufrían graves atropellos a los DD.HH., en medio del horror desatado por el golpe de Estado de 1973. Junto al apoyo legal, social y acompañamiento, este organismo de la Iglesia Católica se encontró con una nueva necesidad: los encarcelados quieren trabajar con las manos.

Paralelamente, las mujeres cuyos familiares están privados de libertad o se desconoce su paradero, crean pequeñas escenas bordadas donde cuentan parte de las angustias que viven. Reunidas en talleres bordan arpilleras, pero también encuentran apoyo y contención.

Desde el dolor surge un caudal de artesanías que la vicaría acoge, para el cual hay que buscar una estrategia que permita a las personas no sólo expresarse y denunciar, sino también obtener una retribución económica por su trabajo.

A través de su Programa de Talleres, el organismo llevó adelante esta misión hasta 1990, cuando junto con la recuperación de la democracia se crea la Fundación Solidaridad, para seguir esta labor con artesanas y artesanos que viven en situación de vulnerabilidad social hasta 2011, cuando la organización cierra definitivamente.

Winnie Lira, desde la vicaría y luego como directora de la Fundación Solidaridad, junto a profesionales, trabajadores y voluntarios; circuló, visibilizó, llevó al extranjero y comercializó las obras de los encarcelados, sus familiares y otras muchas personas que buscan -hasta hoy- justicia para sus seres queridos muertos o desaparecidos, así como las obras realizadas por artesanos urbanos que retrataban ollas comunes, comedores solidarios y también paisajes campestres.

Parte del trabajo que desempeñó durante 37 años queda plasmado en su colección de artesanía que, como Programa de Artesanía UC, en colaboración con el Centro de Patrimonio y la Escuela de Diseño, mostramos en la exposición «Artesanías de la Fundación Solidaridad, a 50 años del golpe de Estado en Chile», en una pequeña galería en el Edificio de Diseño de la Universidad Católica, justo en un espacio de alta circulación de jóvenes estudiantes que no vivieron la dictadura.

Se trata de 6 obras que cuentan una parte de la historia de nuestro país y evidencian la importancia de la artesanía como manifestación cultural y su rol social en los procesos históricos y la dignidad de las personas y los pueblos.

Una colección de miniaturas de herramientas hechas en hueso de la sopa, por diferentes presos en el Campo de Concentración de Puchuncaví, de quienes desconocemos sus nombres, sobrecoge por su perfección y detalle. En el libro «Dignidad hecha a mano», que en 2005 celebraba 30 años de la fundación (cuyos textos acompañan la exposición a la que nos referimos), se explica: «Desde el Campo de Prisioneros de Puchuncaví (1973-1976), comenzaron a llegar decenas de herramientas en miniaturas talladas en hueso, material que a veces les quedaba de la sopa. Simbolizaban en éstas lo que ellos añoraban: el trabajo.»

De Victoria Díaz se expone una arpillera con el mensaje «larga es tu ausencia y por toda la tierra pido conciencia», verso de la Cueca Sola, pieza musical escrita por Gala Torres, ya fallecida. Palabras bordadas en la obra que con retazos de tela muestra a una bailarina sin pareja, acompañada por sus compañeras: sobre el pecho, todas llevan una imagen del ausente. Al lado de la anterior, se encuentra la arpillera que Sara «Charito» Henríquez, bordó especialmente para la exposición, emulando otra que hizo hace varios años atrás, a fines de los ’80. En ella un grupo de mujeres sostiene el letrero «Bienvenida Democracia».

Junto estas y otras obras, encontrará el visitante recortes del extenso archivo de Winnie, que guarda notas de prensa, que en la época hablaban de las arpilleras como «tapetes subversivos» en diarios de circulación nacional, mientras en semanarios de otros países se titulaban reportajes sobre estas obras con la frase «bordar por la vida».

Como Artesanía UC, presentamos esta muestra desde la admiración que nos produce la iniciativa y las personas que la llevaron adelante con la finalidad de reflexionar en torno al rol de la artesanía durante la dictadura, como un discurso de dignificación y denuncia que se ha proyectado en el tiempo. Porque la historia la hacen los pueblos. Aunque a veces también la tallan, la bordan y la modelan.

La exposición puede se visitar hasta el 31 de diciembre en el Comendador 1916, Providencia. Entre 10:00 y 17:00 horas. //ELF

Publicado en: Columnas, Notas, Politica, Slider Etiquetado como: columna, Columnas, Vicaría de la Solidaridad

¿Y la prensa cuándo?: Las necesarias disculpas por su rol cómplice en la dictadura de Pinochet

septiembre 13, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por Nathalie Castillo

Diputada del PC

Hace 50 años, las Fuerzas Armadas y de Orden en complicidad con civiles y el financiamiento de la CIA, interrumpieron violentamente el gobierno de la Unidad Popular con Salvador Allende en la presidencia, a través de un Golpe de Estado y la consecuente dictadura de 17 años.

Esa historia es conocida pese a los vestigios discursivos de la derecha conservadora que intenta justificar el bombardeo a La Moneda y el atropello sistemático a los derechos fundamentales.

Pese a toda la información, datos y archivos que hemos conocido los últimos años sobre el Golpe, su gesta y desarrollo, lo que no es tan visible en el debate público es el cuestionable rol que asumió la prensa derechista en la desestabilización del proyecto popular y en la complicidad con las violaciones a los derechos humanos que en las sombras torturaba y desaparecía a militantes de izquierda, trabajadores, trabajadoras y campesinos.

Aquí la discusión puede diluirse en el amparo de la libertad de expresión que, por cierto, es un derecho fundamental para las sociedades democráticas. Pero cuando los militares asumen un gobierno de facto, sin elecciones democráticas y sin prensa opositora -al hallarse fuera de la ley- ¿Qué ocurre con ese derecho? ¿Qué discurso debieron asumir los medios de comunicación en ese contexto?

En retrospectiva, es posible establecer que existieron a lo menos dos caminos: aliarse al gobierno, con todo lo que ello implicaba desde el aspecto ideológico y político y económico, o bien cuestionar al poder autoritario haciendo un periodismo de resistencia desde la clandestinidad, con menos recursos y asumiendo los riesgos que implicaba luchar contra la dictadura desde la esfera de la comunicación y la contra información.

En la segunda opción la historia ha identificado la encomiable labor de diversos medios de comunicación como Revista Cauce, Fortín Mapocho, La Época, Análisis, APSI, Hoy y otros medios, que asumieron un rol activo en la recuperación de la democracia, informando desde los subterfugios de la legalidad dictatorial para hacer llegar a las familias chilenas la cruenta realidad del país e informar al mundo sobre lo que pasaba en estas lejanas tierras. Pero el papel asumido por El Mercurio, La Segunda, La Tercera, Las Últimas Noticias, TVN o Canal 13, ¿Ha sido suficientemente cuestionado? O incluso, yendo más allá: ¿Cuándo pedirán perdón por ser los sostenedores ideológicos de una dictadura que asesinó y desapareció a más de tres mil personas y torturó a otros miles?

Las dictaduras y los regímenes totalitarios utilizan a los medios de comunicación -los que no han sido cerrados por la fuerza, claro está- para propaganda y difundir el discurso oficial. Eso no es novedad, pero ¿No es tiempo de que los medios de comunicación -ante todos los montajes informativos comprobados- sean capaces de pedir perdón al país por haber incurrido en acciones opuestas a la ética periodística durante los años de la dictadura? Si los responsables y seguidores de la dictadura quieren “olvidar” lo ocurrido en esos 17 años, aludiendo que genera divisiones y odiosidades, ¿Por qué entonces la prensa no se disculpa con las familias chilenas para “cerrar” esa grieta que sigue presente porque no hay justicia ni acciones de reparación?

“Al Descubierto el Plan Z”, “”No hay tales desaparecidos”, “Seis miristas muertos en enfrentamiento”, “Exterminados como ratones”, “Estrangulan a hermosa joven”, “Destruiremos todo intento del marxismo”, “General Pinochet: El Mercurio, trinchera contra el totalitarismo”, el Operativo de Calle Rivadavia , la Matanza de Corpus Christi, el caso Conferencia, la tortura a Karin Eitel, son algunos de los titulares y casos donde la prensa nacional mintió sobre los hechos reales y ocultó información periodística pasando a llevar los principios de la ética y la verdad, avalando la mentira y los montajes.

A 50 años del Golpe de Estado que destruyó la vida de millones de chilenas y chilenos, se requiere una reflexión como país, pero también la exigencia de justicia y perdón. La dictadura militar se sostuvo por casi dos décadas porque, entre otros factores, la prensa omitió su compromiso con la información pública y la transparencia, acogiéndose a las mentiras y directrices de la DINACOS.

A medio siglo del fatídico 11 de septiembre de 1973, los medios de comunicación que avalaron la dictadura, esa misma prensa que fue directamente a Estados Unidos para hablar con Kissinger sobre cómo derrocar a Allende, ese mismo duopolio que sobrevivió por la ayuda monetaria de la dictadura, debe pedir perdón, como una ofrenda necesaria para que el Nunca Más no sea una simple consigna sino que una acción clara de compromiso con la democracia y la verdad. //ELF

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A 50 años del Golpe: La política en un mundo paralelo

septiembre 11, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

Por David Morales Nordetti

Exsecretario nacional del PDC

Viendo los distintos programas de televisión y los debates que se están dando a propósito de los 50 años del Golpe Militar, estaba reflexionando y quiero compartirlo para un debate entre nosotros.

Tengo la sensación de que la ciudadanía no está particularmente interesada en esta conmemoración y si damos por cierta esta afirmación quiere decir que la polarización que se comenta en todos los medios y conversaciones es más bien la polarización de las élites, una gran diferencia con septiembre de 1973 en que la polarización era de la sociedad chilena, en que incluso las posiciones encontradas al interior de una misma familia hacía que no se hablaran.

Lo decía el jueves pasado Genaro Arriagada en la presentación de la reedición de su libro “De la vía chilena a la vía insurreccional”: “En septiembre del 73 estábamos polarizados por ideologías enfrentadas, por un lado el socialismo y por otro el no socialismo. Hoy día estamos polarizados y lo peor es que no sabemos por qué”.

El Gobierno tomó una decisión política muy importante que fue transformar la conmemoración de los 50 años del Golpe en el hito político del año y probablemente de todo su periodo de Gobierno, decisión legítima, pero en mi opinión equivocada a la luz de los acontecimientos.

Si como Gobierno tomo esa decisión, debo realizar todas las acciones para que ese “hito” me catapulte como una autoridad de Estado y me muestre cómo un liderazgo convocante y de tal magnitud que transforme las críticas de los propios como las de la oposición en críticas mezquinas y que no están a la altura de lo que debe ser un actor político que pretenda ser relevante para el país.

Lamentablemente el Presidente Boric ha dejado pasar una gran oportunidad, porque ha estado lejos de hacer todos los esfuerzos necesarios para convocar y liderar ese necesario reencuentro.

Por su lado, la derecha chilena (en todas sus vertientes) también ha perdido una oportunidad de liberarse del lastre que significa la dictadura, la violación a los Derechos Humanos y la reinvindicación constante lo que los ha condenado a una inferioridad moral por al menos los últimos 30 años y se muestra en su gran mayoría como la misma fuerza política cavernaria con argumentos aberrantes y provocadores como si estuviéramos en los debates previos al plebiscito del 88. Es decir después de 35 años vuelven al mismo lugar.

Por último, y para los que hemos desarrollado posiciones desde la centro izquierda, estamos en una situación aún más grave, porque después de ser llamados durante muchísimo tiempo a ser grandes articuladores de los acuerdos, hoy estamos sumidos en la más absoluta intrascendencia, lo que ayuda a que falsos debates y falsas polarizaciones se tomen la agenda de la élite, mientras la ciudadanía transita por caminos muy distintos, como si la política viviera en un mundo paralelo y después en cada votación tratamos de buscar explicaciones de porque en esta elección arrasan las posiciones octubristas y en la siguiente las de la ultra derecha, ojalá que en las próximas elecciones seamos capaces de adelantarnos a lo que la ciudadanía está demandándonos y no sigamos buscando explicaciones a lo que ocurrió, porque sino nos habremos transformado en comentaristas de la política y no en sus protagonistas. //ELF

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A 50 años de los 13

septiembre 11, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

 

Por Eduardo Reveco y Carmen María Del Picó

Consejeros nacionales del PDC

🔊Lectura, a viva voz, de la Carta de lo 13 en la voz de Jorge Donoso uno de los 13 camaradas firmante👇🏿

A cincuenta años del golpe militar, se levanta sólida e inclaudicable la voz y el testimonio certero de los trece de la Democracia Cristiana que no trepidaron en plasmar en un histórico documento, su condena categórica al derrocamiento del presidente Constitucional de Chile, Salvador Allende, marcando, con convicción, su oposición al quiebre de la democracia chilena representando a una mayoría de los militantes del partido.

Esta carta fue firmada al mediodía del día trece de septiembre de 1973, superando el control militar para poder llegar a la casa del camarada Ignacio Palma en donde se realizó la firma. Muchísimos más camaradas quisieron sumarse a esta carta, pero la premura y las condiciones de represión no lo hicieron posible.

Sus certezas, han iluminado desde entonces un camino de cincuenta años que nos determina en la acción para no permitir a aquellos que, con inaceptable desacierto, pretenden dar vuelta la página de la historia dejando en el olvido la búsqueda de verdad y justicia para las familias de los compatriotas que permanecen desaparecidos.

La carta de los trece consigna con acierto indesmentible y de plena vigencia, su crítica a los sectores extremos, que en términos contemporáneos, alienan a la opinión pública creando, como en ese entonces, una percepción falsa de que la única salida a los conflictos políticos es el enfrentamiento armado o la anulación de la libertad democrática y de pensamiento so pretexto de enfrentar la inseguridad, castigando los derechos fundamentales.

La histórica carta marcó para siempre en nuestro recuerdo el temple y fortaleza política y democrática de quienes la suscribieron. Entre ellos surge el liderazgo y estatura moral de Bernardo Leighton con su convocatoria a este gesto trascendente o de Andrés Aylwin y su profundo compromiso humanista cristiano que los llevó a encauzar su lucha a la defensa de los detenidos, ejecutados y desaparecidos de la dictadura, liderando el Comité Pro Paz en el caso de Andrés Aylwin y en la Vicaría de la Solidaridad junto a tantos y tantas.

Ver columna anterior de Eduardo Reveco: Estado Social Democrático de Derecho I

Esta carta constituye un pilar moral fundamental no solo para la democracia cristiana sino para todos los partidos de oposición a la dictadura que abrió el camino hacia el encuentro de los demócratas en las movilizaciones de los 80, en la cruzada electoral y la capacidad de unirse en lo que fuera la exitosa constitución de la concertación por la democracia y su proyección.

De la carta de los trece se desprende “sólo en libertad, sustentada por la mayoría del pueblo y no por minorías excluyentes, se puede aspirar a la transformación humanista y democrática de Chile que constituye nuestra meta y fortalece nuestra voluntad”

En la perspectiva del tiempo, la Democracia Cristiana como partido histórico se reencuentra hoy, a cincuenta años del golpe y a la luz de los trece, con su espíritu fundacional y desde la vanguardia busca en los tiempos contemporáneos las claves y fundamentos de su actuar, nuevamente, y como siempre, en la búsqueda de la justicia social, la democracia, la libertad y el progreso sustentable que permita heredar a las próximas generaciones la certeza de que no hay verdad sin justicia ni avances sin libertad humana; para que nunca más la fuerza de las ideas sea aplastada por las armas ni los derechos de las personas conculcados. No queremos que la impunidad de las violaciones a los Derecho Humanos se instale, por lo mismo seguiremos exigiendo justicia para al Presidente Frei Montalva asesinado por la dictadura. //ELF

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50 años del Golpe: Los ecos de La Moneda bombardeada

septiembre 10, 2023 by Admin Istrador Deja un comentario

EDITORIAL

Cincuenta años.

Los ecos de La Moneda bombardeada, aún, con el paso de las décadas y el tiempo, siguen resonando. La bandera que flameó, entre el humo y los escombros, sigue siendo una señal de que la fractura que nuestra sociedad vivía a inicio de los años setenta es una que nos acompaña hasta hoy.

Podría haber sido este un momento donde la distancia, el análisis, la humanidad y el bien común nos hubiesen llevado a dar cuenta que el «Nunca más» era una definición escrita en la piel de cada chileno y chilena. Y que el, ¿Dónde están? Fuera una pegunta ya respondida por el Estado y toda la sociedad civil para dar algo de tranquilidad a familiares de detenidos desaparecidos, junto con verdad y justicia. Pero no fue así. Los errores del Gobierno del actual Presidente Gabriel Boric, una derecha “incapaz de desprenderse de la dictadura”, como lo señala Carlos Peña (rector de la UDP), y la falta de humildad de todos y cada uno de los sectores políticos del país nos han retraído a sentir que el Golpe de Estado solo hubiese ocurrido algunos años atrás.

Se nos olvida el horror que miles y miles de compatriotas vivieron:

  • 1102 personas desaparecidas.
  • 2125 muertas en ejecuciones políticas.
  • 28459 torturadas de forma inhumana por agencias del Estado.
  • 200000 exiliados.

En esas cifras hay mujeres y hombres, niños y adolescentes, familias e historias, dolores y rabia, muerte y heridas. Esto nos pasó a todos. A un país entero.

Si algo teneos que aprender como sociedad, es que necesitamos ser capaces de enfrentar nuestras miserias y quiebres de una vez por todas. Necesitamos memoria y justicia, reparación y verdad.

Y para eso, no podemos esperar cincuenta años más. //ELF.

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